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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 13 de abril de 2023

Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 11

 

CAPÍTULO 11

 

 

 

Taiki se sostuvo de la mano de Seirai y caminaron más lejos por el complejo. Atravesaron dos patios y entraron a un templo, pero lo encontraron vacío. El templo no podía estar simplemente deshabitado. Parecía estar cuidadosamente mantenido, con flores e incienso fresco recientemente colocados en los estantes memoriales.

Sin razón particular en mente, Taiki fijó su atención en una dirección hacia el oeste y después se dirigió hacia el palacio norte. Cruzaron un pasillo y entraron en otro patio, miraron a su alrededor, yendo hacia el jardín en el palacio norte se detuvieron.

Taiki se quedó mirando la vista rural ante él. Miró a Seirai.

—¡Es una granja!

—Al parecer, lo es.

—No hay granjas en el Palacio Hakkei. ¿O solo se encuentra en el Koukyuu?

—Normalmente, no, no creo.

—Dijeron que hubo una especie de guerra civil. Me pregunto si las cosas fueron tan mal que decidieron sembrar dentro del Palacio.

—Es difícil de decir.

Con Taiki aferrándose a la mano de Seirai, hicieron su camino por un sendero de tierra entre los magníficos jardines, vegetales de frondosas hojas verdes prácticamente formaban una alfombra bajo sus pies. Rodearon la esquina de un galpón. Aquel paisaje rural se extendía por delante de ellos. Siguiendo los caminos limpios y ordenados, se encontraron con un cercado de pequeños árboles dispuestos en hileras, muy parecidos a un huerto.

—Seirai —dijo Taiki, apuntando.

Por fin habían aparecido signos de vida humana. Un solo agricultor con un par de tijeras de podar estaba trabajando debajo de un árbol con algún tipo de fruta roja.

—Hey —llamó Taiki. Soltando la mano de Seirai y corriendo hacia el bosquecillo de árboles brillantes—. Disculpe…

Un granjero vestido con ropa de trabajo de los campesinos se dio la vuelta. Sus ojos enfocados en Taiki y Seirai detrás de él. Sonrió y limpió su frente con la manga. Agregó la rama a una pequeña pila que yacía a sus pies y levantó su rostro juvenil.

—Lo siento por entrar sin aviso. No había nadie en la puerta y no pudimos encontrar a nadie.

Esto parecía tomar al joven un poco por sorpresa.

—¿No había nadie allí? Todos deben estar tomando una siesta.

—Odiamos interrumpir su trabajo, pero ¿cree que haya alguien que nos podría guiar? Yo… um… vengo de Tai. Mi nombre es Taiki.

—Ah —dijo el hombre, una sonrisa en su cara—. Ya veo. Así que tú eres Tai Taiho. Oí que eras un pequeño amiguito. Parece que los informes dieron justo en el blanco.

—¿Y usted es?

—Mi nombre es Ou[1]. Ou Seitaku[2].

—Este es un gran jardín.

El joven sonrió.

—¿En verdad lo crees?

—¿Cómo se llama esa fruta roja?

Kashou[3] rojo. Mira, toma uno… —Seitaku casualmente alcanzó y arrancó una fruta roja brillante de una rama. La sumergió en una cubeta de agua y la limpió con un pañuelo—. Aquí tienes, Tai Taiho. Hay semillas en su interior, así que ten cuidado.

—Seguro —Taiki lo miró—. ¿Está seguro de que esto es correcto? ¿No le pertenece todo esto al rey?

—Yo las cultivé, así que no veo el problema.

—¿Pero el rey no se enojará contigo?

Una expresión un poco perpleja vino a la cara de Seitaku.

—Bueno, yo soy el rey, por lo que no creo que sea probable —puso la fruta roja en la palma de Taiki.

Taiki lo miró boquiabierto.

—¿Usted es el Rey de Ren?

—Ese soy yo.

No estaba seguro de cómo proceder con esta información. Taiki miró por encima de su hombro a Seirai. Seirai estaba plantado en su sitio, con los ojos abiertos. Confundido, Taiki dirigió su atención hacia el sonriente Seitaku. Él había estudiado el protocolo adecuado para aceptar una audiencia con el rey en el Seiden. Nada de lo que había aprendido cubría situaciones como esta.

Como si no notara el desconcierto de Taiki, Seitaku recogió otro fruto del árbol y dijo, señalando a Seirai con una mirada.

—¿Crees que este caballero quisiera una?

—Sí. Es decir, no —Seirai se tropezó.

—Ah, no es cortés de mi parte mantenerlos de pie ahí. Hay un gazebo no lejos de aquí. Vamos allí.

      Taiki asintió con la cabeza, porque no podía pensar en cualquier otra forma de responder.


Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 10

 

CAPÍTULO 10

 

 

 

El Koukyuu estaba tranquilo y aparentemente desocupado. No se encontraron con un solo funcionario o un ministro, pero continuaron por los adoquines y alcanzaron el otro lado de la puerta del complejo. No había nadie allí tampoco, ni siquiera los guardias que estaban generalmente vigilando en cada puerta. Y nada que se asemejara a un comité de saludo.

—¿Dónde está todo el mundo? —preguntó Taiki, asomándose desde el marco de la puerta abierta. Los edificios de los dormitorios llegaban más allá de un exuberante jardín, pero si había personas allí, él no podía sentirlas. Dio la vuelta a los adultos a su alrededor—. ¿Qué hacemos?

Se veían igual de confundidos que él.

—¿Seirai?

—Me temo que no puedo ayudarlo con esto.

—Nunca he estado en el Koukyuu antes. ¿Qué tal tú, Seirai?

—Umm, si estamos hablando de estar dentro de las puertas, muchas veces. El Koukyuu del Palacio Hakkei está cerrado, pero he estado allí. Está completamente vacío, aunque, en cuanto al Koukyuu en otros reinos, no.

A juzgar por su expresión pálida, era los mismo para Sougen y Asen. Los ministros menores parecían fantasmas.

Taiki dio un paso más dentro del complejo. Mirando alrededor del patio, se había cerciorado de que nadie estuviera allí. Se encogió de hombros y cruzó el patio del jardín para ver mejor los demás edificios.

—Taiho.

Taiki trepó una base de piedra y espió a otro patio más allá entre los edificios. Con cuidado, levantó su voz:

—Umm, disculpe…

—T… Taiho…

Taiki miró sobre su hombro.

—Pero no hay nadie alrededor. Creo que nuestra única opción es levantar la voz un poco.

—Sí, pero.

—¿Hey, hay alguien en casa? ¿Hola[1]? —dijo Taiki con una valentía inusual.

Sus compañeros abrieron sus ojos con sorpresa. Pero Taiki solo estaba haciendo lo que siempre hacía cuando visitaba a los vecinos en Japón.

—¿Disculpen? —Taiki levantó su voz.

No hubo respuesta.

—No parece que haya nadie en casa. ¿Qué hacemos?

—¿Cómo se supone que lo sepa? —se quejó Seirai.

—¿Por qué no solo seguimos por estos jardines hasta que nos encontremos con alguien?

—No puede estar hablando en serio.

—No podemos solo dar la vuelta y volver, ¿o sí?

—Tiene un punto allí.

—Creo que la única cosa aceptable es entrar. Déjenmelo a mí.

—Espere… —comenzó a decir Seirai. Apretó su puño con determinación—. Iré con usted. Sougen y Asen, esperen aquí.

—Pero…

—Puedo no ser mucho, pero al menos tengo el papel del Taiho. Por lo que me imagino que no me castigarán demasiado. Deséenme suerte.

—Yo voy también —dijo Tansui.

Seirai lo detuvo.

—Con las cosas como están, no hagamos nada precipitado. El Taiho tiene sus shirei, y yo estaré con él.


Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 9

 

CAPÍTULO 9

 

 

 

A la mañana siguiente, Taiki vistió su atuendo ceremonial. Fueron a la parte norte de Juurei, pasando por la Puerta de las Tierras Altas en el Complejo Imperial, y luego al Palacio Urou[1], la residencia del Rey.

El grupo se encontró con el Daikoujin[2] y sus ayudantes del Ministerio del Cielo, que les servirían de guías. Pasaron debajo de las cinco puertas, una por una. Con cada puerta, a través de cada túnel y el tramo de escaleras los conducía profundamente más y más arriba, llegaron a la tercera estación de la gigantesca montaña, que atravesaba las nubes, y luego a la quinta estación y entonces a la séptima.

Subir el pasaje final al Romon[3], la quinta puerta, ya estaban sobre el Mar de Nubes, donde los picos de la montaña flotaban como islas. El amplio interior y exterior del palacio y la disposición del Palacio Urou eran igual al Palacio Hakkei.

El aire sobre el Mar de Nubes era incluso más caliente que en el mundo de abajo. Las laderas superiores de la montaña en Juurei eran menos empinadas que la montaña de Kouki, y la amplia cumbre de la montaña se extendía desde la orilla.

El recinto del Palacio Imperial era más grande que en Tai, los edificios estaban dispuestos en forma amplia y relajada. Los espacios entre los edificios, a pesar de la época del año, estaban llenos de verde. La vista despertó en Taiki un toque de nostalgia.

La mayoría de los grandes palacios y señoríos eran separados entre el lujo y el verde y tenían sus puertas abiertas de par en par. Muchos de los corredores y glorietas no estaban cercados o con paredes. Al poner todo junto, se asemejaba a lo que había visto en el Monte Hou durante su corta estancia allí.

Taiki y su séquito salieron del Romon y se dirigieron al Gaiden. En el centro del fresco, pero clausurado Seiden, había un trono resplandeciente. No había nadie encima o en cualquier lugar cerca de él.

El trono vacío sorprendió a Taiki, y obviamente confundió a Seirai y a los otros. Pero los funcionarios de Ren que los habían guiado parecían aún más desconcertados. Se miraron entre sí e intercambiaron expresiones exasperadas y lanzaron miradas de nerviosismo alrededor de la gran sala.

Un oficial solitario llegó corriendo de las alas desiertas del Seiden. Susurró algo al Daikoujin. Los ojos del Daikoujin se ampliaron con sorpresa. Después de un acalorado ir y venir entre los dos, él se acercó a Taiki con un aire preocupado y se inclinó profundamente.

—Lamento tener que comunicarle algo tan irrespetuoso. Espero que no lo tome como una ofensa, y lamento profundamente tener que darle problemas. Pero si no le importa, me gustaría que fuera un poco más lejos.

—¿Más lejos? —preguntó Seirai.

Asen y Sougen se miraron. Los huéspedes de otro reino típicamente eran recibidos en el pabellón de visitantes, situado en la parte occidental del Gaiden. Llevándolos más lejos, significaría entrar en el Naiden. No importaba cuan cordiales fueran las relaciones, incluso un rey de otro reino pensaría dos veces antes de hacer tal cosa.

—Nos indicaron que escoltáramos a Su Alteza hasta aquí —explicó el Daikoujin, con sudor sobre su frente.

Apresuradamente, fueron convocados los palanquines y Taiki y su comitiva fueron llevados solemnemente en ellos.

Pasando la barrera interior del palacio, entraron en el Naiden y continuaron por ese camino un largo rato. Finalmente, después de pasar muchas paredes altas y gruesas cambiaron de vista.

—Umm, ¿Seirai? —Taiki le susurró a su tutor, sentado en el palanquín junto a él.

—¿Sí?

—¿El edificio que acabamos de ver no era la Jinjuu[4] Manor?

—Hmm —Seirai respondió en un tono de voz perplejo—. De hecho, yo pensé lo mismo.

—Entonces, ¿esto sería el Roshin[5]?

—Bueno, sí, creo que lo sería.

—Si seguimos yendo a través de la puerta al final del Roshin, entonces, ¿estaríamos en las habitaciones imperiales?

—Sí, eso parece. Pero no me puedo imaginar… —Seirai frunció el ceño, su frente estaba perlada de sudor y no solo debido al clima cálido.

En el corazón del Palacio Imperial, cubriendo los picos flotando sobre el Mar de Nubes, las habitaciones imperiales consistían en una serie de bloques pequeños, como una ciudad con mansiones y palacios, accesibles a través de varias paredes y puertas.

En el interior de los edificios comprendidos en el “norte” del palacio estaba la residencia de la reina.

Justo antes estaba la residencia del rey, llamado el Koukyuu[6], o el “Palacio en la Parte Posterior”. Al oeste del Koukyuu estaba el Palacio de “oriente”, incluyendo el Choumei[7] y el Palacio Kaei[8], donde residían los padres del rey.

En el “oeste” estaba el Palacio Godou[9], hogar de las cinco especies de aves santas, incluyendo la Hou’ou y el Hakuchi[10]. El Taibyou donde el rey oraba -concretamente, la Mansión Fukuju[11] y el Roboku[12], donde se oraba para pedir por los niños y los cultivos-, también se encontraban allí.

El Koukyuu, junto con el Palacio de Oriente y Occidente, estaban juntos y se designaban con el Enshin[13]. Ya que el Koukyuu estaban en el centro del Enshin, era utilizado a menudo para referirse a todo.

Sin embargo, a excepción del Palacio de Occidente, el Koukyuu en el Palacio Hakkei de Tai casi siempre estaba cerrado. Y aun cuando estuviera abierto, los edificios del Koukyuu aparte del Palacio de Occidente apenas eran lugares donde el Saiho podría deambular con libertad.

Incluso Taiki lo sabía.

Salvo que el Daikoujin y sus escoltas habían parado justo delante de la puerta que lleva a ninguna parte salvo al Koukyuu. Los palanquines descendieron y los sirvientes se inclinaron.

—Ah, lamentamos profundamente tener que decir esto, pero pedimos que continúen el resto del camino por su cuenta. Se nos prohíbe seguir adelante.

—Umm —dijo un nervioso Seirai.

El Daikoujin lo interrumpió.

—Nos indicaron que les hiciéramos la invitación. Por favor, continúen. Estoy seguro de que habrá guardias en la puerta que se encargaran de todo desde aquí.

—¿Significa que debemos continuar nosotros mismos?

El Daikoujin se inclinó y se disculpó profusamente. El sudor se derramaba por su cara en pequeños arroyos. No se ocultaba para nada el estado nervioso del pobre hombre.

Taiki se dirigió a sus compañeros en un tono alentador:

—Él dice que está bien, y fuimos invitados, después de todo.

—Supongo, pero… —Seirai miró hacia adelante y hacia atrás entre el interior y el exterior de la puerta.

—Bueno, entonces —finalmente dijo Asen en una pequeña voz—. Probablemente sería mejor que el resto de nosotros se quedara atrás. Ir todos juntos, sin duda, sería una imposición.

    —Para nada —dijo Daikoujin, levantando la voz—. Todos fueron invitados.—Prácticamente él estaba limpiando su frente sudorosa sobre los adoquines—. Entiendo que esto debe impactar como una grave violación del protocolo, pero por favor, vayan.


Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 8

 

CAPÍTULO 8

 

 

 

Al volver a la posada, se reunieron con Seirai. Incluso después de retirarse a su habitación para prepararse para el día siguiente, era todo lo que Taiki podía pensar.

Si Tai fuera tan cálido como Kyou o Han, o bendecido con el clima cálido de Ren.

Desde que Gyousou lo había llevado más allá de la Puerta Prohibida, un trozo pequeño de hielo había permanecido dentro de su pecho. La gente de Tai vivía dentro de ese frío. De lo que oyó de los ministros, la situación de vida de las personas promedio no era buena. Eso de que la gente se congelara hasta la muerte o muriera de hambre era un buen termómetro.

Tantas personas viviendo en circunstancias tan desesperadas. En medio de aquellos paisajes de un blanco puro.

Y, sin embargo, él no podía hacer nada.

Taiki era un kirin. Alguien hecho por el Cielo para servirle al pueblo. Seguir la Voluntad Divina y escuchar al Mandato Divino. Se decía que era hijo de Tentei y del embajador del Cielo. Pero él no había sido equipado con el poder de salvar a nadie, y mucho menos de poder cambiar el clima.

El kirin elegía al rey. Eso era todo. Taiki eligió a Gyousou y lo convirtió en rey. Taiki sentía que así había utilizado hasta el último de sus milagros.

Realmente me siento impotente.

Incluso lo que debía hacer para él no podía hacerlo. Él tenía sus deberes como Saiho, como Señor Provincial, pero no había forma de que los realizara hasta que no creciera más. De hecho, Seirai y Gyousou hacían su trabajo por él. Él solo hacía lo que le decían. Dependía de Seirai y los otros para que le explicaran el por qué.

¿Habiendo elegido al rey, para qué existe un kirin?

Sabía que la gente tenía grandes expectativas para él. Él entendía al observar a Seirai, Asen y Sougen que ellos lo trataban con deferencia, como a un niño. Como Seirai le explicó, nada más que el respeto que posee un objeto irremplazable.

Pero ¿cuál era exactamente la naturaleza de ese ser irremplazable? Él quizá la poseyó alguna vez. Y en el futuro, Gyousou podría alejarse del Camino y llegaría el momento de elegir a un nuevo rey, y empezaría todo otra vez. Pero Taiki ahora no era nada más sino un simple niño de once años. Él no podía hacer nada. Él no entendía nada. Él simplemente era equipaje.

En esto radicaba la fuente de su ansiedad.

Sabía lo que se esperaba de él. Pero no tenía idea de cómo cumplir con esas expectativas. Todo lo que podía hacer era prepararse y observar. No podía sacudirse la sensación de que su existencia era inútil. ¿No pensaba eso todo el mundo? ¿No era una conclusión enteramente evidente? ¿Incluso Seirai? ¿Incluso Gyousou?


Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 7

 

CAPÍTULO 7

 

 

 

Como Kouki, Juurei se extendía por debajo de la imponente Montaña Ryou’un. Aunque era la mitad del invierno, las calles estaban llenas de gente. Un ambiente luminoso y abierto parecía abarcar toda la ciudad. Taiki encontró todo muy extraño.

Kouki era muy opuesto. Sus ciudadanos vivían bajo techos cubiertos de nieve y dependían de los gruesos muros de sus casas para calentarse. Las montañas y los valles eran de un sólido manto blanco. Ni el ganado podía dejarse al aire libre. Nadie pensaría por un momento que cualquier cultivo allí esperaría cosecharse.

Solo aquellos que tenían obligatoriamente que aventurarse lejos de casa debían vestirse con un grueso y acolchado abrigo largo con un cuello alto. La cabeza envuelta en una bufanda o piel, agachándose en el viento, moviéndose tan rápido como les fuera posible, presionando con la firme determinación de refugio a refugio, -esa era la clase de reino que era Tai-.

Ren era exactamente lo opuesto. Incluso en esta época del año, gran parte de la ciudad estaba abierta. Las persianas de las ventanas estaban abiertas. Taiki podría ver dentro del edificio. También estaban abiertas las puertas de las tiendas a lo largo de la calle, y grandes multitudes de personas iban y venían. La gente se detenía para charlar en las calles. Los niños corrían hacia adelante y atrás. Y en los campos, el ganado pastaba en el pasto seco que cubría los campos.

—Esto es genial —exclamó Taiki.

—Sí, lo es —Asen asintió con una pequeña sonrisa—. Si los inviernos en Tai fueran la mitad de templados que aquí, la vida de las personas sería totalmente diferente.

Taiki lo pensó demasiado. Este reino no llamaba la atención como uno particularmente rico, Kyou y Han parecían mucho más ricos, pero había un aire despreocupado que de alguna manera parecía llenar las calles y la gente. Ren, al parecer, había sido afligido por caos hasta hace poco, pero ningún signo de la tensión estaba en cualquier lugar para ser visto.

Tai nunca fue así. No había pasado mucho tiempo desde el cambio de la Corte Imperial, y no era extraño que las personas se congelaran hasta la muerte en las calles de ciudades como Kouki. Hubo pueblos que habían agotado sus almacenes y las personas murieron de hambre. Así que, a pesar de los enormes riesgos, grandes grupos de personas podían verse dejando sus pueblos y salir a través de la nieve profunda hacia un pueblo vecino.

A pesar de tener que raspar para cosechar lo que podían de la tierra, todo su tiempo libre y energía era gastado en la minería de gemas, plata y oro. El rey anterior había acumulado todo para sí mismo, poniendo esa pesada carga sobre la espalda del pueblo de Tai durante mucho tiempo. Y aunque se había adherido un nuevo rey al trono, no había cambiado mucho.

—Sería bueno si Dios hubiera bendecido a Tai con un clima cálido —dijo Taiki.

Sougen sonrió.

—Tentei fue lo suficientemente bueno como para darnos a un nuevo rey en su lugar.

—Sí —dijo Taiki, bajando su voz y su mirada.

—Como hay un buen rey, el reino y la gente pueden unirse y superar cualquier dificultad juntos. Es la única bendición que podemos esperar.

—Seguro.

—¿Hay algo más?

Taiki meneó la cabeza y no dijo nada más. Él evitó los escrutadores ojo de Sougen y volvió su mirada hacia los amplios campos verdes, donde los agricultores estaban trabajando con palas y azadas en un relajado ritmo.

Sería bueno si Tai fuera tan cálida como aquí, él no podía dejar de pensar en eso.


miércoles, 12 de abril de 2023

Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 6

 

CAPÍTULO 6

 

 

 

Seirai se fue con dos ministros menores, que también vestían trajes ceremoniales. En su camino, pasaron a Sougen y a Asen que iban a visitar a Taiki. Ellos ya habían cambiado su ropa de viaje.

—Debe de estar bastante agotado —dijo Sougen.

Sougen previamente había servido bajo el mando del General Gyousou. Con el establecimiento de la nueva Corte Imperial, había sido designado a comandante de la crítica Guardia Provincial de la Derecha de Zui. No era un gigante como Ganchou de la Guardia del Palacio de la Izquierda. Pero poseía una estatura imponente y un carácter tranquilo, lo que le recordaba a Taiki a los samuráis de los cuentos de hadas que solía leer en Japón.

—Estoy bien. Mira… —parado cerca de la ventana, Taiki señaló los jardines de la posada. Los dos generales caminaron hasta la ventana y miraron a donde señalaba Taiki—. Hay flores en el jardín.

Gyousou había dicho que Ren era un lugar donde había flores en invierno, pero no parecía posible que tal reino existiera en esta temporada. Sin nieve en el suelo. Incluso estando cerca de la ventana, él no sentía el frío. En Tai, el viento helado que se colaba a través de los rincones y grietas en los travesaños de la ventana siempre lo hicieron temblar.

Sougen entrecerró los ojos contemplativamente.

—Me pregunto qué tipo de flores serán. Parecen estar floreciendo. Yo no hubiera creído que existiera un reino donde no hay nieve cayendo en esta época del año.

—Ni yo —concordó Taiki, presionando su frente contra el vidrio—. Puesto que Tai está cubierto de blanco, pensé que sería así en todas partes aquí.

—¿En todas partes aquí?

—Sí. Solo nevaba de vez en cuando donde vivía en Wa. No era raro que no hubiera nieve en absoluto. Pero nunca era tan cálido. Sin embargo, siendo Tai como es, pensé que todos los reinos aquí eran iguales, porque este es mi primer invierno aquí. Creo que Tai es el único reino tan frío.

—Lo es —Sougen asintió con la cabeza muy cuidadosamente.

—Este mundo debe ser muy grande.

—Los campos fuera de la ciudad todavía están esperando la cosecha.

—En estos reinos del sur, parece que no dejan que los campos estén en barbecho durante los meses de invierno —observó Asen.

—He escuchado que puede crecer una gran variedad de granos.

—Wow —dijo Taiki—. Los cultivos crecen incluso en invierno. Puedes ir a un campo en medio del invierno y cosechar verduras.

—Este sería el caso.

—Sería agradable si pudiéramos hacer eso en Tai —dijo Taiki, sobre todo para sí mismo.

Los dos generales sinceramente estuvieron de acuerdo.

—Los niños pueden correr afuera. Y el ganado salir a pastar.

Justo ahora, estas personas están disfrutando de un clima cálido, Taiki se quedó embelesado por la ventana como si no tuviera suficiente incluso de esa pequeña rebanada de Ren.

—¿Por qué no tomamos un pequeño paseo? —dijo Asen—. Voy a tomar mi segundo aire, por lo que estaría feliz de acompañarte.

—¿De verdad está bien? —dijo Taiki dando un brinco.

Asen sonrió y asintió con la cabeza. Tanto él como Gyousou habían servido en la Guardia del Palacio bajo el mando del rey anterior, y Taiki había oído que se referían a ellos como las dos joyas de la corona. Asen fue reconocido como un experto soldado, y quizás por esa razón también fue comparado en apariencia a Gyousou.

Excepto que ahora y entonces Gyousou era temible en el frente de batalla, poseído de una ambición casi aterradora que Asen nunca tuvo. Así que Taiki nunca se sentía intimidado por la presencia de Asen.

Taiki vio a Sougen expectante. Mientras Sougen analizaba la solicitud, Asen lo interrumpió:

—No puede ser tan malo echar un vistazo a Juurei, ¿verdad? Me parece que ampliar el conocimiento del mundo para el Taiho es algo muy bueno.

Sougen asintió con la cabeza.

—Bien, si van con Tansui y el resto, no veo nada malo en ello.