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miércoles, 12 de abril de 2023

Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 4

 

CAPÍTULO 4

 

 

 

Una oleada de comunicados se envió entre las cancillerías de Tai y Ren. Se establecieron horarios y seleccionaron a los miembros de la misión.

Taiki fue designado jefe de la misión. Su séquito incluía a su guardaespaldas Tansui[1] y a su tutor Seirai. Los embajadores adjuntos fueron Sougen de la Guardia Provincial de la Izquierda de Zui y Asen, de la Guardia del Palacio de la Derecha. Y para asistir a esos cuatro iban un puñado de ministros menores, siendo un total solamente de nueve -además de Taiki, Seira y Tansui-.

No eran escoltados por ningún heraldo imperial, y viajaban vestidos de civil. Aunque iban a cumplir una misión diplomática, Taiki viajaba como un emisario personal del Rey de Tai a petición del Rey de Ren.

El Reino de Ren era una isla en el Kyokai, separada del continente principal hacia el sur y oeste. Era un reflejo de Tai, era el reino más alejado. De hecho, Tai y Ren no tenían ninguna relación diplomática formal. Hasta ese momento, no habían intercambiado embajadores ni una sola vez, la necesidad nunca se había presentado.

El único cambio desde entonces y ahora era que Renrin personalmente había ayudado a Taiki. Ella había sido quien había traído a Taiki a este mundo después de que fuera arrastrado al extraño reino de Wa -su país de origen-.

—¿Qué clase de persona es Ren Taiho? —le preguntó Taiki a Seirai poco después que salieron de Kouki.

Usaban kijuu camino a Ren, pero Taiki todavía no podía volar uno por su cuenta. En cambio, viajaba cómodamente en un palanquín atado a las espaldas de dos bueyes kijuu.

Seirai levantó una ceja y dijo en una voz casi asustada:

—Pensé que sería algo que sabría el Taiho.

—No la he conocido bien. Bueno, me encontré con ella, pero ella solo me trajo aquí. Yo estaba realmente asustado en ese momento y solo recuerdo su rostro. —Confesó con un toque de vergüenza—. Para ser sincero, pasé la mayor parte del tiempo llorando. No entendía lo que pasaba. Y cuando no estaba llorando, estaba durmiendo. Cuando desperté, Ren Taiho ya había regresado a Ren.

—Conque así fue como sucedió. Yo tampoco la conozco. Realmente no hay alguien en Tai que esté familiarizado con Ren Taiho o el Rey de Ren.

—Hay solamente doce de nosotros, así que sería bueno si pudiéramos llegar a conocernos.

Seirai sonrió ampliamente.

—Eso es cierto. Aunque debería quedar claro por qué la parte de “conocerse” no es tan simple.

Taiki respondió con una mirada en blanco. Después de pensarlo, no podía discrepar. Ren estaba demasiado lejos de Tai para visitar de forma regular.

Incluso usando los kijuu voladores, dejar el territorio de Tai les había tomado un día y una noche. Otro día y noche para cruzar el Kyokai. Luego ajustar el rumbo hacia una ciudad portuaria en Ryuu, bordear la costa hacia Kyou. En Han, dar la vuelta al sur y entonces otra vez cruzar el océano. Después de dos semanas de vuelo, la costa de Ren finalmente estaba a la vista.

—Sí, lo entiendo ahora —dijo Taiki, mientras aterrizaban en Juurei[2], la ciudad capital de Ren—. Sería difícil conocer a alguien cuando vive tan lejos. El ir y venir no deja mucho tiempo para nada.

—Exactamente —Seirai sonreía—. Fue un viaje duro. ¿Cómo estás?

Se asentaron en un campo abierto a las afueras de Juurei. La ciudad ante ellos había sido adornada con las decoraciones de celebración del Año Nuevo.

—Solo pasamos medio día en el aire hoy.

—Ah, sí —Seirai suspiró con aire de decepción—. Tienes mucha más tenacidad que yo. Un hombre viejo como yo es peso muerto.

Taiki se acercó a Seirai.

—¿Piensas que solo eres peso muerto?

—Lamentablemente, así es. Mi especialidad es agarrar a jóvenes rufianes por el cuello y darles una buena reprimenda. —Hizo una mueca juguetona—. Si no te diera ocasionalmente una zurra por hacer alguna broma ocasional, mi vida estaría completamente desprovista de diversión.

Taiki bromeó.

—Tendré que esforzarme.

—Si no te importa —Seirai se echó a reír.

Dos ministros menores -que habían llegado a Juurei antes que ellos-, surgieron desde la Puerta del Caballo adyacente a la enorme puerta principal. Entre los cuatro ministros menores, dos se adelantaron a organizar el alojamiento de la noche.

—¡Ah! La fiesta de recepción ha llegado. El alojamiento de esta noche debe estar por encima de lo habitual.


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