CAPÍTULO 6
Hirose fue despertado por el sonido de un ruidoso despertador.
Cuando abrió los ojos, vio que Takasato ya se había levantado y estaba sentado
junto a la ventana, mirando el camino de cemento.
—Buenos días… —dijo Hirose y Takasato sonrió y respondió con un “Buenos
días” —. Realmente te despertaste temprano. ¿Cuándo te levantaste?
—Recién.
Su cuerpo se sentía pesado, Hirose se incorporó lentamente.
—¿Dormiste bien? —preguntó Hirose mientras se levantaba.
Takasato asintió y dijo:
—Sí.
—Probablemente no estés acostumbrado a dormir en la casa de otros,
¿eh? —preguntó Hirose.
Takasato ladeó la cabeza diciendo:
—De hecho, fue mejor que dormir en casa.
—¿De verdad?
—Podía oír el sonido de las olas
—Hirose asintió y Takasato sonrió—. Me dormí oyendo las olas.
—Ya veo —dijo Hirose mientras se levantaba para lavarse la cara.
Con la mente confundida como si estuviera envuelta por una delgada niebla,
intentó decidir si los eventos de la noche anterior habían sido reales o un
sueño.
…no había sido un sueño.
Llegó
a esa conclusión mientras se limpiaba la cara con una toalla, y cuando volvió a
la habitación de seis tatamis de ancho, Takasato ya había terminado de
doblar el futón.
—Siento molestarte.
—En lo absoluto —Takasato sonrió mientras estiraba su mano para
tomar el uniforme que estaba colgado en el dintel.
—Takasato —lo llamó Hirose. Takasato se detuvo y lo miró—. Creo
que por ahora sería mejor que no volvieras a la escuela.
Takasato lo miró, Hirose sonrió secamente.
—Siento que es lo mejor esperar hasta que esos idiotas se hayan
calmado.
Pensó que el agitado estado de ánimo de los estudiantes debería
haberse calmado un poco por el incidente de ayer. No sería gran cosa si el
resentimiento que se levantó por el horrible final de Iwaki y las otras muertes
asociadas con Takasato fueran puramente una excepción, o si esto solo agregara
otro negativo rumor, pero el shock de haber matado personalmente a uno de sus
compañeros causó que perdieran el control de sus emociones. Utilizaron la
posibilidad de colgar a Takasato para disminuir el shock en sus mentes. El
pasar de una noche debería ser suficiente tiempo para calmarlos, y deberían
tener tiempo más que suficiente ahora considerando si lo que habían hecho
estaba bien o mal.
…y entonces, entenderían lo horrible que fue.
Seguramente comprenderían que, si
lastimaban a Takasato, verían los resultados de la venganza. Seguramente se
darían cuenta que no podrían salir bien de haber empujado a Takasato por la
ventana.
Quizás por detectar el punto de vista de Hirose, Takasato asintió,
y mientras él lo hacía, suspiró levemente.
Dando vueltas por delante de las puertas de la escuela había dos o
tres personas que probablemente tuvieran algo que ver con la radio o la
televisión, pero en comparación con ayer, el número obviamente había
disminuido. Aún faltaba un poco para que comenzaran las clases, y el patio
interior antes de que los estudiantes asistieran a clases estaba en silencio.
La reunión matutina de todos los días comenzó treinta minutos
antes de lo usual. Los rostros de los miembros del comité tenían un color
bastante extraño. El director transmitió con severidad que tenían que calmar la
agitación en la mente de los estudiantes lo más pronto posible y reacomodar el
horario de la escuela como pudiesen. En cuanto al accidente de anteayer, se
había producido simplemente debido a los errores de los directamente
involucrados, y, por lo tanto, prohibió la transmisión de rumores
irresponsables.
La formación como educador de Hirose terminarían pasado mañana. El
día siguiente, un viernes, y en el día siguiente a ese, un sábado, se
ajustarían los plantes establecidos y procederían con la publicación de la
investigación. Después de la reunión de esa mañana, los futuros docentes se
reunieron en la sala de descanso, y los directivos de la escuela pidieron
firmemente que, aunque el período de entrenamiento hubiese terminado, no se
hablaría inapropiadamente.
En su regreso al salón de química luego de escuchar el anuncio, un
miembro del comité lo llamó frente a la oficina.
—¿Es usted el maestro Hirose? —Era un miembro del comité femenino
ya pasada la adultez. Su rostro lleno de pómulos transmitía una mirada de
angustia intensa—. ¿Puedo pedirle que le transmita esto al maestro Gotou? Son
las notificaciones faltantes.
El tutor de segundo año estaba en medio de una reunión. Hirose
asintió y tomó el memo. En el pequeño pedazo de papel figuraban seis nombres.
Había nombres solo en la parte superior, sin razón de sus ausencias. Entre
ellos seguramente estaban aquellos que temían volver a la escuela y se
reportaron enfermos, pero no se podía asumir que este era el caso para todos
ellos.
Hirose regresó al salón de química y esperó a Gotou. Le entregó el
papel una vez que regresó de la reunión. Gotou frunció el ceño, pero no dijo
nada en particular.
—También voy a dejar que Takasato se tome algunos días libres.
Respecto a eso, Gotou tampoco dijo nada, y se limitó a asentir
débilmente.
Hirose caminó con Gotou al aula.
—Está tan tranquilo —aunque el primer timbre ya había sonado, la
escuela estaba sorprendentemente calma. Gotou se detuvo y miró a su alrededor.
El clamor de los estudiantes no se oía en la escuela. En la
quietud, más allá de donde los ojos podían ver, parecía haber ruidos de conmoción.
Era un ruido de olas, como si crearan un sinnúmero de tenues voces.
—Parece que todos están extremadamente nerviosos…
—Quizás.
Por alguna razón, Hirose y Gotou también hablaban en voz baja. La
ansiedad permanecía en la escuela y presionaba fuertemente sobre la gente. No
había forma de romper de manera casual este tipo de silencio.
En toda la escuela, la clase 2-6 estaba aún más solitaria e
inmóvil. Todos los estudiantes debían estar en el aula, y además, cada uno de
ellos parecía estar conteniendo la respiración, sin hacer sonido alguno.
Mientras Hirose se preguntaba si abrir la puerta o no, Gotou levantó la mano.
Suspiró y abrió la puerta, poniendo cara de que no pasaba nada. Repentinamente,
la atmósfera de la habitación cambió, y los ojos de los estudiantes lo miraron.
—¿Qué pasa? ¿Por qué están tan tranquilos? —Gotou miró a toda la
clase. Alrededor de un tercio de los asientos estaban vacíos—. Pocos ausentes.
Hirose, pasa lista.
Gotou
dijo aquello con su usual fuerte y claro tono de voz, y Hirose asintió a
regañadientes. Se acercó al podio y llamó los nombres. Cuando llegó al nombre
de Tsuiki, obtuvo una respuesta y no pudo evitar mirar. Vio ese rostro que no
había visto en mucho tiempo.
Después de que terminó, descubrió que un total de once alumnos
estaban ausentes. Aquellos con notificaciones de ausencia, incluyendo a
Takasato, eran siete. Los restantes cuatro no habían contactado a la escuela
por sus propios medios.
—Hirose —lo llamó Gotou. Hirose
asintió y bajó del podio. Gotou se paró junto al podio y encuestó a la clase—.
La escuela no los va a castigar. Sin embargo, no ser castigado no significa que
lo que hicieron simplemente desaparecerá. Este asunto está concluyendo como un
accidente.
El aula entera se llenó de una atmósfera de alivio.
—Takasato admitió que se cayó por no haber sido cuidadoso…
Ustedes, piensen bien en eso.
Al oír eso, los estudiantes apartaron conscientemente la vista.
Gotou suspiró levemente. El ambiente del aula no cambió en absoluto. No había
forma de que las palabras de Gotou hubieran aliviado la ansiedad en los
corazones de los estudiantes.
“Por supuesto”, pensó Hirose. “Los corazones de
los estudiantes estaban acurrucados por el miedo extremo. El nerviosismo en el
aula surgió de manera natural por el miedo. A lo que le temían no era el
castigo de los directivos de la escuela, sino de la venganza directa por haber
herido a Takasato. Eso es a lo único a lo que le tienen miedo”.
Gotou dijo que tenía que ir a la oficina a hacer algunas llamadas,
por lo que Hirose volvió al salón de química por su cuenta. No tenía clases en
el primer período. Miró distraídamente la libreta de entrenamiento en la que
había escrito, y después de un rato, Gotou regresó. Cuando entró en el salón de
química, se desplomó sobre la silla como si estuviera paralizado y Hirose le
entregó una taza de café que había preparado.
—¿Cómo fue? ¿No hiciste llamadas a las casas de los estudiantes
ausentes? —preguntó Hirose. Gotou exhaló un profundo suspiro.
—Tres de ellos fueron lastimados en accidentes. Cuatro están
tomando el día por enfermedad, dijeron tener dolores de cabeza o de estómago.
Los otros tres no dieron detalles.
“De manera que algo sucedió”,
reflexionó Hirose para sí.
—¿Cuál es la situación de los que resultaron lastimados?
—Uno de ellos cayó del balcón de su casa y solo sufrió heridas
menores, por lo que no fue nada serio. Otro se cayó en el espacio entre la
plataforma y el tren, obteniendo solo unos pocos rasguños. El otro se cayó por
las escaleras y está en el hospital por fracturas de huesos complejas.
Todos ellos habían caído desde algún lugar, al igual que
Takasato por la ventana. Hirose tuvo una profunda reacción por esto.
—Hirose, ¿cómo lo ves?
Al oír la pregunta de Gotou, Hirose lo miró.
—¿Crees que es la maldición de Takasato?
A Hirose lo tomó desprevenido. Dudó por un rato, y luego respondió
honestamente.
—Creo que si fueron por accidente…
Gotou sacó una sonrisa burlona.
—Si lo dices así parece que no
creyeras que fueron solo accidentes.
Hirose asintió.
—Mi intuición natural me dice que Takasato es inocente. Él no es
ese tipo de persona, incluso habiendo sufrido tanto.
—A veces quienes sufren tanto, arremeten violentamente por un
instante —interrumpió Gotou.
—Entiendo eso. Pero no usaría ese tipo de métodos violentos.
Pienso que no es la clase de persona que desearía la muerte o el sufrimiento de
las personas.
—¿Por qué?
Hirose habló en un tono tranquilo y confiado.
—Porque él es así.
Gotou levantó las cejas mientras miraba a Hirose.
—Señor
Gotou, usted dijo que yo sería capaz de entender a Takasato, y estoy bastante
seguro de que puedo. Takasato es alguien que perdió su tierra natal.
—¿Perdió… su tierra natal?
—Takasato no recuerda qué pasó cuando desapareció misteriosamente.
Pero se dice a sí mismo que ese lugar lo hizo sentir muy feliz. Igual que yo.
Las ilusiones se apoderaron de nosotros por igual.
Gotou permaneció en silencio e instó a Hirose a que continuara,
sin decir una palabra.
—Nuestras ilusiones son que en este mundo no deberíamos existir.
Cuando estoy en desacuerdo con el mundo, no hay forma de que odie al mundo… al
menos, es algo que no me atrevo a hacer. Anteriormente pensé: “¿Por qué es
así? ¿Por qué las cosas no son más suaves y fáciles para mí?”. Me dije a mí
mismo que debía ser porque no era de este mundo, así que no me puedo mezclar en
este mundo. Esto siempre estuvo muy forzado.
—Hmm.
—Solo hay una cosa que deseo y esa es regresar a mi hogar. Desde
que era un niño, siempre he discutido con mi madre, pero nunca deseé su muerte.
Simplemente pensé: “quiero volver”, y eso es todo.
—¿No crees que es algo que todo el mundo haya pensado antes?
—preguntó Gotou—. No son solo ustedes. Cuando era joven pensé lo mismo. Aunque,
para ser honesto, antes, realmente odiaba a la gente. En silencio, llamé a los
otros bastardos, tantas veces, incontables.
Hirose suspiró.
—Lo entiendo, pero nuestra situación es un poco diferente. Una vez
estuve al borde de la muerte. En ese momento, estaba seguro de haber visto esas
llanuras. En mi corazón, era definitivamente real. Takasato estuvo perdido un
año de su vida. No importa si realmente hubiera desaparecido por un año o que
ese año hubiera desaparecido de su memoria. Ese pudo ser un tipo de ilusión,
pero esta no es una ilusión sin fundamentos. Y, además, estas ilusiones nos
permiten hacer frente a la realidad, nos permiten primero que nada tener las
intenciones de huir.
Gotou miró fijamente a Hirose e inmediatamente miró hacia otro
lado y murmuró para sí:
—¿Así que esto no es una cuestión de que está en el interior y qué
en el exterior?
—¿Interior y exterior?
—Ah, no importa.
—Incluso si estos accidentes tienen
algo que ver con la caída de Takasato, no tienen nada que ver con su deseo
particular. Tan solo es…
Hirose
hizo una pausa. ¿Cuál sería la mejor forma de abordar el tema? El brazo blanco
que de pronto aparecía alrededor de Takasato. La inusual mujer que vio la noche
anterior. Aunque sabía muy claramente que había estado cara a cara con esa
mujer, no creía que Gotou fuera capaz de entenderlo.
Algo,
que se mantenía junto a Takasato, existía. ¿Era eso lo que administraba los
actos de venganza una y otra vez, y no era Takasato? ¿Era la mano que agarró la
pierna de Tsuiki de la mujer?
Hirose se quedó consumido en la contemplación, esta vez, mirando
al techo. Gotou habló.
—¿Cuántos más crees que serán heridos?
—¿El número de personas o el grado de las lesiones?
—Ambos.
Hirose suspiró. Basándose en ejemplos: Tsuiki solo había sacado a
colación el tema de la desaparición misteriosa y Hashigami solo había incitado
a Takasato. Como resultado, ambos habían sufrido venganza de gran grado.
Incluso sin considerar la muerte de Iwaki, Hirose ya imaginar que el grado de
la venganza, sería incomparablemente extraordinario.
—Creo que quizás todos los que estuvieron ahí en su momento van a
sufrir algún castigo. En términos de gravedad de las heridas, serán
extremadamente brutales.
—¿Cómo la de Iwaki? —Por el tono de
Gotou podía entenderse que no había otra alternativa. Hirose no se atrevió a
responder fácilmente.
—Ellos realmente se sobrepasaron, lo admito. Sin embargo, estaban
muy alterados. Cuando las personas en un grupo comienzan a perder el control,
aquellos involucrados no tienen forma de contenerlo. Digamos que se
contuvieron, entonces a veces se volvería más peligroso. Hirose, probablemente
tú lo entiendes, ¿verdad?
Hirose sacudió la cabeza. Podía entender el análisis de Gotou, pero
no podía aceptarlo. Ese algo que estaba junto a Takasato probablemente
no evaluara todo tan cuidadosamente. Justo como las acciones que se tomaron en
contra de Iwaki, eso no parecía tener misericordia, pena o corazón.
Gotou
miró a Hirose como si estuviera esperando el veredicto. Hirose sacudió la
cabeza nuevamente. Gotou exhaló un profundo suspiro, y luego un largo silencio.
—…temo por Takasato, Hirose —dijo Gotou con voz aislada.
Al oírlo, Hirose levantó apresuradamente la cabeza. Se quedó
mirando al estático Gotou, quien miraba el cielo raso.
—En el salón de química existe una
gran variedad de personas que van y vienen. Incluso si algunas de ellas actúan
extrañas no hay duda de que son humanas. Pero Takasato… no lo sé. Realmente no
puedo analizar el verdadero rostro de Takasato. Es en la medida de que no sé lo
que está pensando. ¿O es que no piensa nada en absoluto? Es demasiado anormal.
Siendo honesto, me hace sentir incómodo.
—Señor Gotou…
—¿Es extraño oírme decir estas cosas?
—Mucho.
Gotou sonrió ligeramente. Después se recostó poco a poco en la
silla y observó el techo.
—Ya veo.
—¿Qué cosa?
—No recuerdo cuando ocurrió. Probablemente fue en el comienzo del
primer período. Después de la escuela, estaba paseando por el patio de la
escuela y pasé junto a la entrada de un aula —Gotou hizo una breve pausa—…el
cielo ya había comenzado a oscurecerse. Alguien permanecía en el aula, y esa
persona era Takasato. Estaba a punto de llamarlo, pero no pude pronunciar
sonido alguno. Fue porque había visto algo extraño.
Hirose sintió su corazón latir más rápidamente.
—Takasato estaba sentado en su propio asiento, y había algo junto
a su mano.
—¿Qué… era?
Gotou asintió, y luego se paró para abrir la taquilla de la cual
sacó un cuaderno de bocetos. Pasó las páginas buscando un dibujo, dejando que
Hirose lo viera.
Las brutas líneas fueron dibujadas a lápiz, y habían sido
coloreadas en acuarela. Sin embargo, no podía decir qué era. Incluso el esquema
tenía varias zonas vacías, no comunicaba ninguna forma.
—Me concentré lo más que pude, pero
aún no sé lo que era. Sabía que debía haber algo ahí, pero no podía decir qué
era. El tamaño de esa cosa era tan grande como el de un perro, y estaba
agachado a los pies de Takasato. Esa es toda la impresión que tengo en la
cabeza.
Hirose miró el dibujo y le hizo pensar en el dibujo que había
hecho Takasato.
—Después de que volví aquí, lo dibujé inmediatamente, pero al
final solo dibujé eso. No puedo captar su forma.
Hirose simplemente se limitó a asentir continuamente.
—Sentí que esa cosa estaba acurrucada junto al pie de Takasato, y
Takasato tan solo miraba por la ventana. Entonces un brazo apareció de las
oscuras zonas del escritorio.
Una vez más, su corazón latió fuertemente como si estuviera a
punto de emerger por su garganta.
—Era el brazo blanco de una mujer, no había duda alguna. Parecía
estar desnudo hasta el antebrazo, el brazo de una mujer tallado en mármol.
Apareció por la parte superior del escritorio. Descansó sobre la mesa mientras
intentaba tomar la mano de Takasato. Sin embargo, tanto bajo la mesa como en el
escritorio no podían verse ninguna forma humana.
“Era esa mujer”, pensó Hirose. ¿Qué
nunca había visto ciertas sombras en el aula? ¿No era eso lo que Gotou estaba
mencionando?
—Takasato no parece ver el brazo. Sin embargo, estaba sonriendo.
En el momento en el que el brazo hizo contacto con él, estaba definitivamente
sonriendo. El brazo inmediatamente retrajo, y al mismo tiempo, lo que estaba
junto a su pie se hundió en el suelo.
Hirose no dijo nada.
—Honestamente, estoy muy contento de que te hayas interesado por
Takasato. Tenía miedo de que, si yo me dejara llevar por todo eso, no podría
soportarlo.
Hirose no respondió, y Gotou sonrió con amargura, diciendo:
—Yo pensé que, si tú
escuchabas la historia de la desaparición misteriosa, ¿te habrías interesado
por Takasato? Yo no puedo entenderlo. Su pasado es demasiado confuso, y eso me
hace sentir incómodo… Pero sentí que tú quizás tendrías un tipo diferente de
respuesta.
Hirose se limitó a asentir.
—¿O también le temes a Takasato? —preguntó. Hirose sacudió la
cabeza.
—No. Nunca pensé en eso —al decir esto, Hirose, por alguna razón,
sonrió—. Takasato y yo pertenecemos al mismo mundo. Creo que de toda la gente
que he encontrado, él es mi única compañía.
Gotou no dijo nada. Excepto que en
el momento en que Hirose dijo esas cosas, su rostro reveló una expresión
extremadamente complicada. Hirose le dedicó una mirada curiosa, pero él negó
con la cabeza. Como si de repente hubiera perdido interés en el tema, se
levantó.
—¿Señor Gotou?
Gotou no lo miró. Se limpió las manos con la toalla a la cintura,
y luego se dirigió silenciosamente al caballete. Cruzó los brazos y miró por
encima del lienzo.
Hirose suspiró, y cuando abrió su libreta de entrenamiento, Gotou
finalmente habló.
—Hirose, ¿puedes hacer algo mal educado por mí?
El segundo período de ese día era de química, y fue en una clase
compartida entre los cursos 2-5 y 2-6. Durante el recreo el representante de la
clase 5 fue a preguntar sobre las instrucciones de la clase. Hirose le informó
que la clase siguiente iban a usar el laboratorio, y al mismo tiempo, le pidió
al representante que se lo comunicara a la clase 6. Luego, él mismo fue al
laboratorio y se paró junto a la ventana, mirando el campo de deportes.
Cerca del campo de deportes había un
pequeño montículo de arena. Los ramos de flores ya no podían verse allí. Iwaki
había tenido química, y antes de que la clase comenzara, Gotou le había pedido
que lo ayudara a dibujar una línea. Dibujó una larga línea en la lista de
asistencia sobre Iwaki. Esto significaba que nunca volvería a asistir a clases.
Hirose usó un bolígrafo y una regla para dibujar la línea, y por alguna razón,
pensó en el toque de esa mano. Al mismo tiempo, pensó que después del período
el entrenamiento terminaría, iría a la casa de Iwaki y prendería un incienso
para él. Debido al lío que se había producido previamente, Hirose no había sido
capaz de asistir al funeral de Iwaki.
Los estudiantes de la clase 5 llegaron un poco después, y con su
ayuda, Hirose comenzó con los preparativos previos a los experimentos. Justo
cuando los utensilios estuvieron listos, la campana de clases sonó, pero
ninguno de la clase 6 se presentó.
Hirose se sintió incómodo.
—Voy a ver lo que está pasando —le dijo Hirose a Gotou.
Pero Gotou le respondió.
—Iré yo mismo.
Y luego salió del laboratorio. Hirose escribió el procedimiento en
la pizarra, pero estaba muy distraído. Después de que terminó de escribir,
Gotou trajo solo a cinco alumnos con él, uno de los cuales era Tsuiki.
—Hirose, ven aquí un minuto —Hirose fue llamado al salón de
química por Gotou.
—¿Qué está pasando? ¿Dónde está el resto de los estudiantes?
—preguntó Hirose en voz baja. Gotou también respondió en voz baja.
—Es un boicot. Dijeron que hay cosas muy peligrosas en el
laboratorio. No quieren venir.
Al escuchar eso, supo que tenían miedo de la venganza.
—Cuando fui, todo lo que vi fue a Tsuiki parado frente del aula,
como si hubiera sido echado de allí. Los sermoneé en voz alta. “¿Realmente
se van a saltear la clase?”. Pero solo pocos salieron. El resto está
boicoteando.
—¿Qué hacemos? —preguntó Hirose. Sin saber qué hacer, Gotou
suspiró.
—Por hoy, ¿por qué no solo lo
dejamos pasar? ...no hay otra forma.
Hirose solo pudo asentir.
Excluyendo a Iwaki, había diecisiete alumnos de la
clase 6 que tenían química. Los otros veintidós habían elegido biología. Cuando
necesitaban utilizar el aula, se había arreglado que biología tomaría lugar en
el aula 5, y química en la 6, por lo que, biología debía de estar teniendo
lugar en el aula de la clase 5 o en el laboratorio de biología. Entre los
dieciocho estudiantes que tenían química, solo cinco se presentaron en el
laboratorio. Luego, teniendo en cuenta que otros cinco habían faltado, un total
de siete estudiantes permanecieron en el aula.
Mientras Hirose procedía con las instrucciones para el
experimento, pensó en ello. Luego, repentinamente, un intenso ruido se escuchó
desde algún lugar. Era el sonido de personas gritando fuertemente. Hirose y
Gotou detuvieron a los alumnos que se levantaban para correr hasta el pasillo.
El gimnasio estaba justo frente a las ventanas del pasillo, y se podía ver a la
derecha del edificio de clases. Puede haber sido la clase de gimnasia. Alumnos
y sus respectivos profesores se habían reunido frente a la puerta del gimnasio.
Todos estaban mirando hacia arriba y gritando continuamente. Cuando Hirose
siguió las líneas de sus miradas, no pudo evitar jadear. Vio varias figuras en
el techo del edificio.
Hirose se sintió mareado e inmediatamente se agarró del marco de
la ventana. Quería apartar la mirada, pero no pudo.
Las uniformadas figuras estaban perfectamente alineadas en el
borde del techo, como si solo una ráfaga de viento pudiera hacer que perdieran
el equilibrio y hacerlas caer en picada.
La entrada al techo siempre había estado prohibida para todos los
estudiantes, por lo que no había barandilla para que hiciera una separación
allí. En ese agitado momento, ya no era importante cómo habían abierto la serie
de candados para abrir la puerta. Los estudiantes alineados parecían haber sido
atados entre sí con una soga. Aunque viéndolos desde lejos, se puede ver que se
trataba de las corbatas que formaban parte del uniforme. Hirose
inconscientemente contó el número, y cuando llegó a siete, estuvo seguro de que
se trataba de los alumnos de la clase 2-6.
“¡No!”, gritó internamente. “¡Tenemos
que detenerlos! ¡Debemos! ¡Necesitamos pensar una forma de salvarlos! Pero…
¿qué podemos hacer?”. No había tiempo. No había nada que Hirose pudiera
hacer. Incluso si corría hacia allí justo en ese instante, sería demasiado
tarde. “¿Qué hay que hacer? ¿Qué puede hacerse?”.
La ansiedad en su corazón congeló todo su cuerpo. Todo lo que
podía hacer era mirar a esas siete personas. Se sintió mareado, y su corazón
que latía incesantemente le hizo sentir que se ahogaba.
Entre los estudiantes que, como escultura, estaban originalmente
inmóviles, uno, que estaba en la izquierda, de pronto se movió. Los
pensamientos de Hirose dieron un brinco, y luego su mente se puso en blanco.
Ese chico perdió el balance como si hubiera sido empujado desde atrás. Hirose
lo escuchó gritar algo, y el resto de los estudiantes que habían sido atados
con sus corbatas, se balancearon con él como una gran ola que se eleva. “¡Ah!”,
pensó Hirose. Después suspiró, no sabía qué decir. No pudo evitar cerrar los
ojos, y no tenía la intención de cubrirse los oídos, pero todos los gritos a su
alrededor se desvanecieron para él.
Cuando abrió nuevamente los ojos, ya no podía ver figura alguna en
el techo.
Hirose no pudo recordar la conmoción que surgió después del
incidente, mientras pasó ese confuso instante. Cuando regresó en sí, descubrió
que estaba aturdido, sentado en el salón de química.
Sintió como que hubiera soñado despierto y luego despertado
repentinamente. Su sentido de realidad era muy delicado, y lo único que podía
entender era que no estaba soñando.
Además de Hirose, no había nadie más en el salón de química.
¿Dónde había ido Gotou? De pronto recordó que estaba en el medio de preguntar
qué había pasado. Y luego pensó: “¿Por qué no me llamaron hasta allí?”.
Luego recordó que Gotou lo vio a punto de perder el conocimiento, por lo que le
ordenó que se quedara y descansara.
Partes de su memoria continuaron llegando, y contenida entre
ellas, en su mente: siete personas alineadas en el techo, el resto de los
estudiantes mirándolos, sus corbatas grises que ataban sus muñecas, el
laboratorio que se había convertido en un pánico, la ambulancia, la policía,
los estudiantes que habían sido conducidos fuera de las puertas de la escuela,
los gritos, el alboroto, los tres murieron en la escena, los cuatro que estaban
gravemente heridos…
Hirose se tomó la cabeza, y un
sollozo sonido llegó a la parte superior de su garganta. No tenía medios para
detener el alza de dolor que brotaba, debido a que una pregunta repentinamente
llegó a su cabeza.
“¿Cómo podía decirle a Takasato?”.
“¿Cuál era la mejor forma de decirle?”. Takasato mismo debía de saber que algo iba a suceder. Debió
haber tenido una idea de ello. Porque, en ese instante cuando Takasato se cayó
por la ventana, los acontecimientos de hoy ciertamente ya habían ocurrido.
Aunque este fuera el caso, ¿cómo iba a hablarle de la tragedia?
Durante
un tiempo, Hirose buscó en su mente las palabras adecuadas, y luego una risa se
le escapó. Su estado de ánimo estaba totalmente inclinado hacia Takasato,
porque le importaba más Takasato que los otros siete estudiantes, incluso a
pesar de que los siete estudiantes que habían saltado del techo, aún había
cuatro que actualmente se debatían entre la vida y la muerte.
La sonrisa en su rostro se volvió amarga. Todo lo que Hirose podía
hacer era continuar sonriendo amargamente para sí mismo.
Hirose no volvió a casa hasta después de las nueve. Takasato
estaba sentado junto a la ventana con un libro en su regazo. Sin embargo, sus
ojos miraban fuera de la ventana.
—Bienvenido.
El sonido de su saludo era reservado y tieso. Hirose intentó lo
más que pudo pensar en algo apropiado que decir, pero no pudo. Titubeó un rato,
por lo que Takasato habló de nuevo.
—Volviste muy tarde.
—Sí…
—¿Hubo… una reunión? —preguntó Takasato forzadamente. Parecía
pensativo. Hirose pensó: “Él lo sabe. Sabía que la venganza sucedería”.
Hirose asintió y señaló el exterior.
—¿Por qué no vamos a comer? Probablemente estés hambriento.
Se dirigieron a una cafetería abierta hasta tarde y consiguieron
algo para comer. Hirose realmente no tenía apetito y Takasato parecía estar
igual. En el camino de regreso, Hirose le preguntó a Takasato si quería pasear.
Una luna había salido y una fuerte brisa provocaba que las nubes se movieran.
Estaban caminando por el camino junto a la presa, y después de un
rato, llegaron a la amplia boca del río. El río era ancho, pero después de un
largo período de sedimentación, los sedimentos habían hecho que el agua fluyera
solo por la mitad del área del río. Probablemente también tuviera algo que ver
la marea baja ese día. La oscura agua se deslizaba por el barro negro que
parecía tener la mitad del ancho del río. Cerca o lejos, el agua del mar se
veía oscura. La reluciente agua fluía sobre el brillante lodo.
—¿Cuántas personas… murieron? —preguntó Takasato mientras
permanecía de pie en la parte superior de la presa, mirando el mar.
—Al final, fueron cinco. Los otros dos aún están en coma, aunque
dicen que es solo cuestión de tiempo.
—¿Qué pasó?
—No lo sé.
—¿Fue un accidente? —preguntó Takasato. Hirose
negó con la cabeza.
—No lo sé realmente. Por alguna razón, los alumnos que se habían
negado a ir a las clases de química y se quedaron en el salón, de un momento a
otro, saltaron del techo. La distancia de allí hasta abajo es de cuatro pisos,
probablemente doce metros o incluso más. Tres murieron allí, y el resto quedó
inconsciente, sin siquiera despertar en ningún momento. Uno de ellos murió así,
sin abrir los ojos. Nadie sabe lo que pasó en realidad.
—Se supone que no se puede subir al techo.
—Sí. Pero lo vi yo mismo, y parecía que la puerta estaba abierta.
En cuanto a por qué estaba abierta, eso nadie lo sabe.
—¿Realmente saltaron por su cuenta?
Hirose suspiró. Una brisa sopló y se llevó su aliento,
deslizándose desde la parte superior hacia el barro negro.
—Lo vi con mis propios ojos, Takasato, el momento en el que
saltaron con sus cuerpos en posición vertical. Hubo muchos más que presenciaron
la escena. Parecía como si algo los hubiera empujado, pero no podía verse nadie
más. En cuanto a toda esta situación, solo puede decirse que se trataba de un
suicidio colectivo.
Takasato se quedó en silencio por un momento. La húmeda brisa
pasaba suavemente sobre el mar nocturno. El movimiento del aire era muy rápido,
fue entonces que recordó a alguien diciendo algo acerca de un frente de presión
baja.
—¿Fueron solo siete personas?
—Otros tres salieron heridos, pero no tuvieron heridas serias.
Supongo que fueron solo siete —“Por ahora”. Hirose se tragó esas
palabras con fuerza.
—¿Fue todo culpa mía? —era una voz tranquila y solitaria.
—No fue por tu culpa.
—Si hubiera huido, nada habría pasado.
Hirose lo miró. Takasato estaba mirando más allá de la presa.
—Si me hubiera resistido fuertemente y escapado de ellos, entonces
quizás nada hubiera ocurrido. Si no me hubiera dejado empujar obedientemente,
si hubiera peleado y corrido, entonces nada hubiera sucedido. Si lo hubiera
hecho, entonces al menos podría haber…
—No creo que pudieras haber corrido lejos de ellos.
—Pero…
—Incluso si hubieras escapado, a lo sumo habrías salido golpeado.
Al igual que el maestro estudiante X, quien habría ido y tratado de detenerlos
—dijo Hirose. A Takasato se le escapó una leve sonrisa, la cual inmediatamente
despareció.
—Sin importar qué, la situación no
hubiera cambiado. No fue tu culpa.
Ellos habían dicho que tenían miedo de ir a la
clase en el laboratorio, que había muchísimas cosas peligrosas, por lo que se
negaron a ir a clase. Al igual que los mecheros Bunsen[1] o los químicos, había demasiadas cosas con las que un pequeño error podría
tomarse en accidente.
Cuando Gotou fue a buscar a los estudiantes, vio a Tsuiki de pie,
solo, en el pasillo. Tsuiki ya lo había verificado previamente. Había dicho
que, cuando un alumno de la clase 5 llegó para decirles que la clase sería en
el laboratorio, y se levantó para ir, ninguno de los otros se movió. Se quedó
parado en la puerta mirándolos y preguntando: “¿No van a ir al laboratorio?”.
Entonces fue empujado fuera del aula y le cerraron la puerta. Y así fue como
quedó parado afuera en el pasillo, esperando ver que alguno saliera.
También había dicho que el estudiante que lo empujó fuera del aula
le dijo: “No estabas allí. Considérate afortunado”.
El día en el que empujaron a
Takasato, Tsuiki no estaba allí. El hecho de que le temiera a Takasato y se
hubiera negado a ir a la escuela había salvado la vida de Tsuiki. Pensar en
ello, era irónico. Muy irónico.
Originalmente, Tsuiki había sido el que había hecho la ofensa, y
el resto de ellos los testigos. Fue debido a que Tsuiki lo ofendió
anteriormente, que no había herido a Takasato más cruelmente. Y aquellos que sí
habían herido a Takasato aún más se suponían ser solo testigos. Debido a que
estaban atemorizados, se mantuvieron lejos del laboratorio, pero aquellos que
fueron al laboratorio se salvaron. Fueron aquellos, cuyas mentes estaban llenas
de ansiedad, los que saltaron del techo.
Takasato habló en voz baja.
—Es mi culpa.
—No, no lo es —dijo Hirose.
Takasato descansó sus brazos sobre la presa y llevó el rostro
entre ellos.
—Si tan solo no hubiera vuelto.
—Takasato —Hirose dijo su nombre para confortarlo, pero aun asó
bajó la cabeza.
—Si tan solo me hubiera ido, entonces esto no habría sucedido. Si
no hubiera vuelto, sería mejor para todos, pero yo…
Esa era la verdad, por lo que Hirose no dijo nada en respuesta.
Pensó: “para Takasato hubiera sido mejor si no hubiera vuelto. Para Takasato
‘ese lugar’ era donde sentía que pertenecía. Si hubiera podido permanecer en
‘ese lugar’ por siempre, entonces no tendría que haber sufrido estas
dificultades”.
El viento soplaba fuerte y el sonido del mar se
elevaba con regularidad. Mientras ellos se perdían en sus pensamientos, la luna
y las estrellas habían desaparecido. Sobre el mar oscuro, el cielo de la noche
sin luz se extendía. La noche era profunda y densa, y uno podía oler que la
lluvia se acercaba. Allí, los dos simplemente estaban respirando en silencio.
—…Oye, Takasato —Hirose estaba apoyado contra la columna y sentado
sobre el futón. Takasato estaba sentado junto a la ventana y miraba hacia
afuera entre las cortinas.
Después
de que llegaran a la casa, tomase un baño y extendiese el futón, se preparó
para dormir, pero no tenía sueño en lo más mínimo. Los acontecimientos diarios
estaban ajustando cuentas en Hirose, y su agotamiento mental era peor que el de
su cuerpo. Aunque así era, el sueño no podía acogerlo en absoluto. Tenía muy en
claro que las razones de esto eran que sus nervios estaban alterados y su sueño
estaba inquieto.
Hirose se sentó inexpresivamente sin comprender. Mirando por la
ventana, Takasato también parecía estar aturdido.
—Takasato, ¿crees en fantasmas o monstruos?
Takasato sacudió la cabeza.
—No. Pero si habla de cosas fuera de lo común, entonces…
—¿Ese brazo que viste cuando desapareciste misteriosamente?
—Sí.
—Entonces, ¿qué hay de la atmósfera?
—Hirose preguntó más. Pronto Takasato frunció el ceño—. ¿Has sentido una
extraña atmósfera?
Takasato miró a Hirose, y luego pareció estar pensando en algo.
—He visto algo extraño antes. Estaba a tu lado —Hirose forzó una
sonrisa—. Era unbrazo blanco. Y además había una sombra extraña. No los vi
claramente, pero creo que hay algo extraño cerca de ti —después de decir esto,
Hirose mostró una sonrisa amarga.
—Qué problemático. Yo nunca habría creído este tipo de cosas
—Hirose miró a Takasato, quien lo observaba con la cabeza ligeramente
inclinada—. Me pregunté si habías sido poseído por algo.
Los ojos de Takasato se abrieron aún más.
—El que está maldito no eres tú, sino esa cosa.
La mano blanca que había sostenido la pierna de Tsuiki, sea lo que
fuere, que había atravesado la palma de Hashigami con un clavo, además, lo que
sea que había sustituido a Iwaki como soporte para la pierna en la pelea de
caballitos y esa extraña mancha que Hirose había visto cuando murió Iwaki. No
importaba qué, todos eran sucesos anormales. Eran cosas que no pertenecían a
este mundo, cuyas existencias no podían explicarse a través del conocimiento
común.
—…hay un grifo —dijo Takasato repentinamente. Hirose lo miró
desconcertado—. No sé muy bien cómo decirlo, pero lo llamo grifo. Es como un
perro grande… o quizás más grande. Es como de este alto y a veces vuela, así
que creo que tiene alas. Es por eso por lo que lo llamo grifo.
—¿Lo has visto antes? —preguntó Hirose. Takasato
sacudió la cabeza.
—A veces siento una presencia junto a mí. Realmente es solo una
sensación. A veces siento que hay una criatura a mi lado que parece un perro.
Ha estado allí desde que era chico, y al principio pensé que solo estaba siendo
paranoico.
Takasato rio suavemente.
—Siempre se agacha cerca de mis pies,
como un perro manso. En algunas ocasiones siento que grita “¡Ah!”. Pero
cuando miro no veo nada. No sé a dónde se va tan de repente. De vez en cuando
siento que veo algo como una sombra, pero la mayoría del tiempo no la veo. ¿…no
estaba allí cuando me encontré con el maestro después de la escuela?
—Sí.
—Cuando usted me estuvo haciendo todas esas preguntas, estuvo
allí. Cuando entró en el aula, miró en dirección a donde había desaparecido,
por lo que pensé que otras personas además de mí podían sentirlo.
La sombra que había desaparecido en algún lugar del salón de
clases.
—Era como mantener un perro en secreto. Incluso había sido
divertido —dijo Takasato con una leve sonrisa, antes de que esa alegre
expresión se le borrara casi inmediatamente—. A veces siento la atmósfera de
una persona. Hay una presencia de persona y es como si quisiera tocarme. El
olor del mar siempre acompaña esos momentos… lo llamo Murgen.
—¿Murgen? —Hirose nunca había oído ese nombre antes.
—¿Sabe algo acerca de las sirenas? En el siglo sexto hubo una
sirena que fue atrapada por los humanos. Más tarde, desde que fue bautizada se
convirtió en una santa. Su nombre era Murgen.
—Oh…
—Cuando me siento triste, Murgen y el grifo aparecen y acarician
gentilmente mis hombros o frotan sus cuerpos contra mis piernas. Creo que me
reconfortan.
Para cuando terminó, su voz era temblorosa.
—Pero ¿por qué? —por primera vez, su voz generalmente tranquila
estaba llena de emoción. Se llevó consigo los fuertes sentimientos de
Takasato—. Estaba agradecido con Iwaki. De verdad.
—Lo sé.
—Pero ¿cómo terminó en eso?
Naturalmente, Hirose no pudo responder a eso.
—¿Por qué hacen algo como eso? Nunca me habían lastimado antes,
solo me habían consolado. Pensé que eran mis compañeros.
Esas palabras no eran dirigidas a Hirose. Takasato se había dado
cuenta de la causa y el efecto de la situación en su totalidad, esa conexión
innegable entre la presencia que aparecía junto a él y los desafortunados
accidentes que se producían con frecuencia.
—¿Por qué lo dejaron morir?
“Al igual que los guardaespaldas”,
pensó Hirose. Pero guardaespaldas bastante maliciosos. Al igual que el amor de
una madre sobreprotectora, usaban esos métodos para proteger a Takasato. Sin
misericordia, eliminaban a aquellos que hubieran herido a Takasato. Lo que les
importaba más no era que Takasato hubiera resultado herido, sino como juzgaban
eso. Habían determinado que Iwaki era el enemigo de Takasato, y por eso se
eliminó a Iwaki.
“Finalmente comprendió la situación real”, pensó Hirose. El verdadero carácter de las cosas a las que
llamaban maldición. Era necesario separarlos de Takasato, o sino
Takasato se vería obligado a enfrentar ese dilema tarde o temprano. No era algo
que estuviera muy lejos. Todavía nada más había ocurrido a la mitad de los
estudiantes que habían empujado a Takasato, pero si Tsuiki y Hashigami, quienes
solo habían sacado a colación un tema desagradable, habían sufrido tal grado de
castigo, entonces no había forma de que dejaran a los otros estudiantes ir en
paz y concluir de esa manera.
…Sin embargo, ¿qué podía hacerse?
Esa noche se levantó un fuerte viento. Las olas retumbaron
incesantemente. Hirose yacía en la habitación a oscuras, dando vueltas sin
poder dormir. Por la atmósfera que sentía, sabía que Takasato, quien dormía
junto a él, también tardó en dormirse.
Avanzada la noche, justo cuando Hirose comenzaba a dormir, oyó lo
que pareció ser la voz de una mujer junto a su oído.
¿…Es usted enemigo del rey?
Hirose respondió algo.
¿Qué respondió? Hirose pensó mucho una y otra vez después de
haberse levantado, pero no podía recordar.
Un hombre y una mujer estaban de pie sobre una presa, contemplando
el mar de noche.
El hombre guardó silencio, y la mujer hablaba para sí misma. Todo
lo que ella decía sonaba a charlatanería, pero en realidad, oculto en sus
palabras había un grado de sarcasmo intenso. Parecía que la mujer intentaba
provocar al hombre, y él no tenía ningún interés en tratar con ella.
Fue entonces que el suave plaf se escuchó de algo
chapoteando en el barro.
Sonaba como un pequeño pez saltando sobre el barro. El hombre
revisó el área bajo la presa, pero solo había lodo pegajoso allí. No pudo ver
al pez en un lugar tan oscuro como ese, pero movido por la curiosidad miró en
varias direcciones. Como era de esperarse, no vio nada en la superficie del
barro. La mujer seguía farfullando. Quizás estaba echando humo por dentro,
mientras su tono se volvía evidentemente sarcástico.
El hombre se aferró a la presa con las manos, y una vez más se oyó
un sonido, glup. Esta vez se oyó como si algo se hundiera en el lodo. La
mujer finalmente se calló.
—¿Un pez? —preguntó ella, mientras observaba el área que estaba
bajo la presa.
—Me pregunto si será una anguila.
“¿Cómo podría ser?”. Antes de que la
mujer pudiera responder, llegó otro glup desde abajo.
Glup, glup, glup. Plaf.
El hombre frunció el ceño. De repente el olor a marea se volvió
muy fuerte. El sonido no se detuvo; continuó hasta oírse el sonido de algo que
se retorcía sobre la superficie del barro. Si los sonidos eran causados por
anguilas, debería haber suficientes de ellas para cubrir toda la superficie del
barro.
—¿Qué es…?
—No lo sé —susurró el hombre mientras agitaba su mano hacia la
mujer para que retrocediera un paso, pero ni una sola vez movió su campo de
visión de la presa. Slrrp, sonido de un sorbido, seguido por el sonido
de alguien lamiéndose los labios. Pequeñas olas se formaron en el lodo
estancado.
Había algo allí.
Había pequeñas e innumerables formas-
El hombre miró fijamente. Un misterioso rayo brilló desde el
barro, y todo comenzó a retorcerse. Un grupo de algo surgió del área debajo de
ellos. Como el hombre inclinó el cuerpo con mucho cuidado para mirar, la mujer
lanzó un grito reprimido.
—¡Mira!
El hombre miró hacia atrás a toda
prisa y vio que el rostro de la mujer estaba congelado mientras se asomaba a la
superficie del mar. Mirando hacia donde ella estaba mirando, él tampoco pudo
apartar sus ojos del mar. En el medio del agua fangosa del mar, algo en el
centro del río se elevó como una isla, como si estuviera siendo rajado.
Ambos no estaban a más de doscientos metros de la masa oscura, que
se veía como el caparazón de una tortuga gigante. Quizás era porque había
flotado debajo de la suciedad o porque la hinchada sombra negra se parecía a un
cerro redondo de barro que el montículo parecía estar en el medio de una rápida
disolución debido al continuo goteo del fango.
—¿Qué es eso?
El olor del mar se volvió más espeso. El sonido bajo sus pies se
volvió más fuerte. Estaba claro que algo se acercaba. El sonido se acercó poco
a poco hasta llegar a estar junto a sus oídos, como si estuviera a punto de
saltar desde debajo de la presa.
Repentinamente, el hombre agarró el brazo de la mujer y empujó su
cuerpo, comenzó a correr como si estuviera rebotando. Empujaba lejos de allí al
cuerpo de la mujer que no podía reaccionar debido al fuerte shock. Miraba
detrás suyo mientras regresaba a la carretera junto a la presa.
Después de correr diez pasos, miró atrás y todo lo que pudo ver
fue algo negro. Podía ver un brillo viscoso como el del barro. Había trepado la
presa y hecho el sonido de plaf, plaf mientras goteaba sobre la
carretera. La mujer se detuvo en seco, y el hombre también se detuvo. Esa cosa
de barro cruzó la carretera haciendo desagradables sonidos y pasó sobre una
pendiente de hormigón. Bajó hacia la casa que estaba debajo de la presa y se
deslizó entre las varillas doradas haciéndose más espesa y creando una marca
negra.
Percibiendo algo diferente, el hombre se dio la vuelta y vio que
la cosa que habían visto en la desembocadura del río estaba a punto de hundirse
en el barro. Todo lo que vio fue que esa cosa se convertía en una ondulación de
lodo, y después desaparecía bajo el fango. Al final, lo único que quedó fue la
tersa superficie del mar de barro.
El hombre miró nuevamente en dirección del camino. El camino
estaba pavimentado con concreto y no asfalto, solo quedaban los trazos que la
cosa de barro dejó atrás mientras se arrastraba.
—¿Qué fue esa cosa de hace un momento? —el hombre quería mirar la
huella de barro en el suelo y seguir caminando, pero la mujer lo agarró del
brazo. Ella negó con la cabeza, indicándole al hombre para que no fuera. El
hombre la miró, luego miró los trazos de lodo, y entonces asintió con la cabeza
suavemente.
Todo a su alrededor era el fuerte olor a mar.
—Regresemos —dijo el hombre con determinación. Era una advertencia
instintiva. Era mejor no acercarse a esa cosa. Si realmente quería darle un
vistazo más de cerca, no sería demasiado tarde esperar hasta el día siguiente.
Sería mejor regresar y confirmar que lo que vieron en la oscuridad se había ido
y que el día estuviera luminoso, donde nada pudiera ocultarse.
Los dos comenzaron a correr rápidamente. El olor a mar los siguió
de cerca como un tentáculo pegado, y con ello incluido el abrumador hedor de la
marea.
