Temprano en la mañana al
comienzo del otoño, Risai y Taiki tomaron sus permisos de las habitaciones del
Taishi.
Después de
discutirlo a fondo juntos, decidieron no plantearle el asunto a la Reina de
Kei. Si lo hicieran, sin duda se culparía a sí misma por el incidente con el
Naisai. E incluso si la hubieran convencido de lo contrario, la habrían puesto
en una posición difícil.
De
cualquier modo, manteniéndolos ahí era similar a tener una carga de Tai sobre
su propia cabeza, y diciéndoles que se fueran se vería como dejar a Tai de
lado. Risai no dudaba que la joven emperatriz lo vería de ese modo.
Además,
Risai suspiraba en su corazón, si una Emperatriz como Youko desearía que ella
se quedase, no estaba segura de que pudiese negarse. Incluso ahora, Risai no
podía sacar los pensamientos de su mente, que estaba actuando con una
imperdonable incivilidad. Sin embargo, ella entendía los razonamientos de Taiki
para regresar a Tai y concordó con ello.
No había
duda en su mente de que debía regresar a Tai con él, tanto como estaba segura
de que Taiki era un símbolo de esperanza que Tai no podía darse el lujo de
perder. Excepto que ella no tenía confianza en sus habilidades para protegerlo.
Inimaginables peligros los aguardaban. Si de alguna forma pudiera disuadirlo,
no podría negra que lo intentaría.
La persona
común dentro de ella le decía que debían volver. La general que ahora servía al
Taiho le decía que no. Su corazón combatía consigo mismo, y finalmente cedió a
la fuerza de resolución de Taiki.
—Risai, ¿te
quedarás atrás? —le preguntó Taiki, claramente viendo a través de su rostro.
Risai
sacudió la cabeza enérgicamente.
—No diga
cosas tan absurdas.
—No
despedirse de la Reina de Kei… —dijo empáticamente—. Después de todo lo que ha
hecho por ti, dejarlos así debe ser doloroso.
Risai trató
de reírse de eso.
—Para nada.
Solo un lamento prolongado. La Reina de Kei y todos han hecho mucho para salvar
a Tai. Por eso no tengo el coraje de verlos a la cara.
Todo fue
hecho por el bien de Tai. Risai llegó a Gyouten como un ciudadano de Tai. Para
escapar de una vida de comodidad y dejar Tai de lado debería dejar de todo lo
que era atención y consideración. Para comportarse tan vilmente estaría tomando
a todas las personas de Tai por sentado. Eso es lo que significaba para ella
ser parte de un todo como ciudadana de Tai.
Risai
suspiró nuevamente y abrió la puerta a los establos detrás de las habitaciones
del Taishi. Solo un puesto estaba ocupado. Reconociéndola, Hien llegó a sus
pies, brillante y ansioso.
—Hien
—Taiki corrió. Hien se negó al principio, pero pronto se dio cuenta quién era y
se inclinó hacia adelante—. Recuerdas quien soy —dijo Taiki, acariciando su
pelaje. Hien cerró los ojos y ronroneó suavemente.
Observándolo
con una sonrisa en su rostro, Risai tomó la montura y la colocó en orden.
Gentilmente tomando las riendas, sacó a Hien de los establos. Miró al cielo de
la mañana.
—Regresando
por el Mar de Nubes, deberíamos llegar a uno de los palacios provinciales en
buen tiempo. No hay forma de decir cuán lejos habrá llegado Asen para esta
hora, pero los youma nos desgarrarían en pedazo bajo el Mar de Nubes. En
cualquier caso, si estamos decididos a dejar todos los obstáculos de lado y
seguir adelante, no importará qué camino elijamos.
Taiki asintió.
Hien ronroneó suavemente y frotó su cabeza contra el hombro de Taiki.
—¿Qué están
haciendo ustedes dos a esta hora? —de repente sonó una voz.
Risai giró.
Rokuta emergió de las sombras que rodeaban los jardines. La gran sombra detrás
de él era Koshou. Risai y Taiki se quedaron inmóviles.
—En Taiho…
¿cómo…?
Rokuta dijo
con una indolente mirada.
—Oh, sucede
que estuve espiando el otro día… —sonrió—. Lo siento. Pero dejé un shirei
para que los observara. Así que llegó a avisarme.
—En Taiho,
yo…
Rokuta levantó
la mano, silenciándolo.
—No te
preocupes. Dejé a Youko fuera de la lazada. Aunque saliendo de esta forma
causará algunos problemas. ¿Te olvidas de que aún eres mi Taishi?
—Eso es…
—El Taishi
de En yéndose a visitar Tai levantará más que unas pocas cejas. Sin mencionar
que va allí para pelearse con los poderes como están. Eso será aún peor.
Risai y
Taiki se quedaron en silencio. Rokuta suspiró y luego sonrió.
—En ese
caso, tendré que removerte del Registro de Inmortales. Francamente, temo que su
periodo sabático está haciendo que nuestro Taishi pierda la cabeza. Pero aquí
está indemnización por el despido.
Le lanzó un
objeto blanco. Risai por reflejo se estiró para agarrarlo antes de darse cuenta
de que su brazo derecho no estaba ahí para atraparlo. Con una adusta sonrisa se
arrodilló y lo levantó. Ella no estaba muy segura por la oscuridad, pero
parecía ser un pasaporte.
—Aunque no
sabemos si realmente lo necesitarán, lo tenía hecho por si acaso. El sello
colocado les garantizará el acceso a fondos de una unión de crédito comercial.
No hay forma de saber si funcionará en Tai, pero cubrirá los gastos del viaje.
Esta vez,
Risai tomó el bolso que le arrojó.
—En Taiho…
—Un
equipaje para sus necesidades. Está en la espalda de Tiger. Él los acompañará.
Risai abrió
los ojos por la sorpresa.
—Sería
demasiado pedir que ese tenba cargara todo el mismo. Cuando llegaran a
donde debieran ir, apreciaría que lo enviaran de regreso. Tama se entristece
sin él, entiendes.
Risai
aceptó el pasaporte con agradecimiento.
—Sí.
Definitivamente lo haré.
—De acuerdo
—dijo Rokuta con un guiño. Puso sus manos en sus caderas, y los inspeccionó a
ambos—. No queremos realmente que se vayan. Ténganlo en cuenta.
—Nunca
olvidaremos lo que hicieron por nosotros.
—Estaremos
esperando buenas noticias.
Con eso,
Rokuta se dio vuelta y regresó a la sombra del bosque. Casi como de paso, le
dio una palmada a la silueta humana que estaba parada. Koshou emergió de las
frondosas sombras.
Una mezcla
de emociones cruzó su rostro mientras señalaba la dirección a la Puerta
Prohibida.
—El kijuu
los espera allá.
—Koshou,
has sido de gran ayuda para nosotros.
—Oh, no fue
nada —dijo, aunque sin gran convicción.
Sus hombros
se caían mientras se dirigían hacia las copas de los árboles. Su corazón parecía
estar ahí. Durante el camino desde las habitaciones del Taishi en el Naiden
hasta la Puerta Prohibida nadie dijo nada. Caminaron mirando sus pies.
Casi habían
llegado a la Puerta Prohibida cuando Koshou de dio la vuelta y dijo:
—Si es
posible, me gustaría ir con ustedes. No sé en qué podría ayudar, pero soy
oficial de la Corte Imperial.
Dijo todo
eso con una conflictiva mirada en su rostro. Risai respondió:
—Creo que
la Reina de Kei lo necesita a su lado.
—Sí, es
cierto.
—Me
gustaría que le comunicara nuestro más profundos agradecimientos y gratitud. No
quisiera que nada de esto le provocara algún malestar.
Koshou
asintió. Caminaron hasta la puerta. Los oficiales que los esperaban dentro les
abrieron la puerta para que así cruzaran al otro lado. Una pálida luz de luna
brillaba y el Mar de Nubes llegó hasta ellos.
La puerta
del Naiden a la Puerta Prohibida se abrió.
Toshin
observó cómo dos sombras humanas y de un kijuu aparecieron. Parado a su
lado, Gaishi tomó las riendas del suguu y se acercó. Toshin lo siguió.
Los dos
viajaban terriblemente ligeros. Gaishi le dio las riendas a la mujer general.
—Se me
pidió que me asegurara que usted se hiciera cargo de él.
—Le estoy
muy agradecida.
—Cuídese
ahora —dijo Gaishi y se inclinó.
La mujer
respondió con una amable inclinación de su parte. Toshin se adelantó y le
entregó los objetos que sostenía. Ella lo miró sorprendida.
—Esta es la
espada que una vez me dio para que me hiciera cargo de ella. Puede ser
presuntuoso de mi parte, pero la afilé.
—Gracias
—dijo la mujer, tomando posesión de la espada con su mano izquierda. Su brazo
derecho, que Toshin recordaba tan malherido, ya no estaba allí.
—Muchísimas
gracias.
—No fue
nada.
—No
recuerdo tu rostro, pero si la voz. ¿No eres tú quien intercedió por mí cuando
me caí en el Roshin?
—Bueno,
mmm, sí, fui yo —dijo Toshin con un guiño.
Risai
sonrió y se inclinó profundamente.
—Como
resultado pude conocer a la Reina de Kei y recibir la asistencia que requería.
Todo lo bueno que siguió fue gracias a ti. Estoy profundamente agradecida.
Toshin
sacudió la cabeza. Él habría tenido que averiguar de Gaishi, donde ella y su
compañero estaban yendo y qué harían después de eso.
—Por favor,
cuídese. Voy a orar por su regreso seguro.
La mesita de piedra parecía
flotar en la luz de la luna. Miraban como los dos kijuu doblaban la
cornisa.
Youko
observaba la escena desde una torre cercana.
—¿No crees
que deberíamos haber dicho adiós? —le preguntó a su compañero.
—No sé qué
les habría dicho.
—Sí, tienes
razón. No habríamos podido hacer otra cosa que retenerlos, a Risai y a Taiki.
—Espero que
estén bien a dondequiera que vayan.
—Irán a la
provincia capital de alguna manera. Viajando sobre el Mar de Nubes evitarán a
los youma.
—Encontrarse
con sus verdaderos retos será más tarde. Al final de todo, me hubiera gustado
haber podido enviar mis shirei con ellos.
Keiki
asintió silenciosamente. Rokuta había dejado en claro que separar a un shirei
de un rey… más específicamente de un kirin… y enviarlo a otro reino no
era diferente a enviar tropas. Youko y Keiki tuvieron que renunciar a la idea.
Los dos kijuu
se alejaron más y más, dos dolorosamente desamparadas manchitas sobre el Mar de
Nubes. Mientras miraba, escuchó el sonido de pasos subiendo las escaleras.
—¿Se
fueron? —apareció la cara de Rokuta.
—Sí —dijo
Youko, y regresó su atención al Mar de Nubes. Los dos puntos parecían mezclarse
con las crestas de las olas.
—Les di los
pasaportes. Dije que fui yo quien los preparó y los tomaron sin pensarlo dos
veces. Suerte que no preguntaron cuando tuve la oportunidad de pensar tan a
futuro.
—Cuando se
trata de En Taiho, creo que todos se preguntan lo mismo.
—Hey, ¿qué
hay con esa actitud? Aunque cuando haya luz suficiente para ellos y lean la
letra pequeña en el reverso, se llevarán una gran sorpresa.
Youko
sonrió. Cualquier ayuda extra que pudieran adicionar, no importa cuán pequeña,
valdría la pena. Era fácil calmar sus pensamientos con tales razonamientos,
pero al final era solo un bálsamo para sus propios sentimientos de pena. No
para Tai en sí, sino por aquellos corazones rotos en la perspectiva de una Tai
insalvable.
Si solo Kei
se hubiera hecho un poco más próspera y la Corte Imperial un poco más sana. No
sería fácil relajarse, confiar y buscar refugio en una corte donde la discordia
pudiera levantarse sin previo aviso. En cuestión del hecho, no había forma de
que ella pudiera continuar reteniéndolos y de alguna manera que no se sintieran
culpables de todo el caos.
No tenía
opción sino vivir con el doloroso pensamiento de verlos ir a sus muertes.
—Debo estar
en mis propios pies primero.
Rokuta
estaba mirando el Mar de Nubes.
—¿Qué es
eso? —dijo, mirándola sobre su hombro.
—Debo
permanecer de pie antes de que pueda fantasear en poder ayudar a otros.
Rokuta
regresó a la ventana.
—No es eso.
Ayudando a otros es como te mantienes de pie, en primer lugar.
—¿Eso
crees?
—Sin lugar
a duda.
Youko
asintió. A través del Mar de Nubes, las dos pequeñas siluetas ya habían
desaparecido de la vista.
En el tercer mes del segundo
año de Koushi, estalló una insurrección en la provincia de Bun. Agravando que
la guerra debió llegar a Tetsui, el Rey de Tai le ordenó al Jefe de la Armada
Imperial suprimir la rebelión.
En el
lapso de solo un mes, su Majestad desapareció en Rin’u, provincia de Bun, y un meishoku
ocurrió dentro del Palacio Imperial. El Saiho desapareció, dejando a los
ministros reales confundidos.
Asen
engaño a la Corte y se puso el manto de un usurpador. Consintiendo en su
autoridad, Jou Asen -cuyo nombre es Boku Kou- hábilmente desplegó la Guardia
del Palacio Derecha y ejerció el Arte Negro como es su espada.
Habiendo
sometido a las nueve provincias a través de su inhumanidad, usurpó el trono.
—De las Crónicas de Tai.



