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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 50

 

CAPÍTULO 50

 

 

 

Temprano en la mañana al comienzo del otoño, Risai y Taiki tomaron sus permisos de las habitaciones del Taishi.

Después de discutirlo a fondo juntos, decidieron no plantearle el asunto a la Reina de Kei. Si lo hicieran, sin duda se culparía a sí misma por el incidente con el Naisai. E incluso si la hubieran convencido de lo contrario, la habrían puesto en una posición difícil.

De cualquier modo, manteniéndolos ahí era similar a tener una carga de Tai sobre su propia cabeza, y diciéndoles que se fueran se vería como dejar a Tai de lado. Risai no dudaba que la joven emperatriz lo vería de ese modo.

Además, Risai suspiraba en su corazón, si una Emperatriz como Youko desearía que ella se quedase, no estaba segura de que pudiese negarse. Incluso ahora, Risai no podía sacar los pensamientos de su mente, que estaba actuando con una imperdonable incivilidad. Sin embargo, ella entendía los razonamientos de Taiki para regresar a Tai y concordó con ello.

No había duda en su mente de que debía regresar a Tai con él, tanto como estaba segura de que Taiki era un símbolo de esperanza que Tai no podía darse el lujo de perder. Excepto que ella no tenía confianza en sus habilidades para protegerlo. Inimaginables peligros los aguardaban. Si de alguna forma pudiera disuadirlo, no podría negra que lo intentaría.

La persona común dentro de ella le decía que debían volver. La general que ahora servía al Taiho le decía que no. Su corazón combatía consigo mismo, y finalmente cedió a la fuerza de resolución de Taiki.

—Risai, ¿te quedarás atrás? —le preguntó Taiki, claramente viendo a través de su rostro.

Risai sacudió la cabeza enérgicamente.

—No diga cosas tan absurdas.

—No despedirse de la Reina de Kei… —dijo empáticamente—. Después de todo lo que ha hecho por ti, dejarlos así debe ser doloroso.

Risai trató de reírse de eso.

—Para nada. Solo un lamento prolongado. La Reina de Kei y todos han hecho mucho para salvar a Tai. Por eso no tengo el coraje de verlos a la cara.

Todo fue hecho por el bien de Tai. Risai llegó a Gyouten como un ciudadano de Tai. Para escapar de una vida de comodidad y dejar Tai de lado debería dejar de todo lo que era atención y consideración. Para comportarse tan vilmente estaría tomando a todas las personas de Tai por sentado. Eso es lo que significaba para ella ser parte de un todo como ciudadana de Tai.

Risai suspiró nuevamente y abrió la puerta a los establos detrás de las habitaciones del Taishi. Solo un puesto estaba ocupado. Reconociéndola, Hien llegó a sus pies, brillante y ansioso.

—Hien —Taiki corrió. Hien se negó al principio, pero pronto se dio cuenta quién era y se inclinó hacia adelante—. Recuerdas quien soy —dijo Taiki, acariciando su pelaje. Hien cerró los ojos y ronroneó suavemente.

Observándolo con una sonrisa en su rostro, Risai tomó la montura y la colocó en orden. Gentilmente tomando las riendas, sacó a Hien de los establos. Miró al cielo de la mañana.

—Regresando por el Mar de Nubes, deberíamos llegar a uno de los palacios provinciales en buen tiempo. No hay forma de decir cuán lejos habrá llegado Asen para esta hora, pero los youma nos desgarrarían en pedazo bajo el Mar de Nubes. En cualquier caso, si estamos decididos a dejar todos los obstáculos de lado y seguir adelante, no importará qué camino elijamos.

Taiki asintió. Hien ronroneó suavemente y frotó su cabeza contra el hombro de Taiki.

—¿Qué están haciendo ustedes dos a esta hora? —de repente sonó una voz.

Risai giró. Rokuta emergió de las sombras que rodeaban los jardines. La gran sombra detrás de él era Koshou. Risai y Taiki se quedaron inmóviles.

—En Taiho… ¿cómo…?

Rokuta dijo con una indolente mirada.

—Oh, sucede que estuve espiando el otro día… —sonrió—. Lo siento. Pero dejé un shirei para que los observara. Así que llegó a avisarme.

—En Taiho, yo…

Rokuta levantó la mano, silenciándolo.

—No te preocupes. Dejé a Youko fuera de la lazada. Aunque saliendo de esta forma causará algunos problemas. ¿Te olvidas de que aún eres mi Taishi?

—Eso es…

—El Taishi de En yéndose a visitar Tai levantará más que unas pocas cejas. Sin mencionar que va allí para pelearse con los poderes como están. Eso será aún peor.

Risai y Taiki se quedaron en silencio. Rokuta suspiró y luego sonrió.

—En ese caso, tendré que removerte del Registro de Inmortales. Francamente, temo que su periodo sabático está haciendo que nuestro Taishi pierda la cabeza. Pero aquí está indemnización por el despido.

Le lanzó un objeto blanco. Risai por reflejo se estiró para agarrarlo antes de darse cuenta de que su brazo derecho no estaba ahí para atraparlo. Con una adusta sonrisa se arrodilló y lo levantó. Ella no estaba muy segura por la oscuridad, pero parecía ser un pasaporte.

—Aunque no sabemos si realmente lo necesitarán, lo tenía hecho por si acaso. El sello colocado les garantizará el acceso a fondos de una unión de crédito comercial. No hay forma de saber si funcionará en Tai, pero cubrirá los gastos del viaje.

Esta vez, Risai tomó el bolso que le arrojó.

—En Taiho…

—Un equipaje para sus necesidades. Está en la espalda de Tiger. Él los acompañará.

Risai abrió los ojos por la sorpresa.

—Sería demasiado pedir que ese tenba cargara todo el mismo. Cuando llegaran a donde debieran ir, apreciaría que lo enviaran de regreso. Tama se entristece sin él, entiendes.

Risai aceptó el pasaporte con agradecimiento.

—Sí. Definitivamente lo haré.

—De acuerdo —dijo Rokuta con un guiño. Puso sus manos en sus caderas, y los inspeccionó a ambos—. No queremos realmente que se vayan. Ténganlo en cuenta.

—Nunca olvidaremos lo que hicieron por nosotros.

—Estaremos esperando buenas noticias.

Con eso, Rokuta se dio vuelta y regresó a la sombra del bosque. Casi como de paso, le dio una palmada a la silueta humana que estaba parada. Koshou emergió de las frondosas sombras.

Una mezcla de emociones cruzó su rostro mientras señalaba la dirección a la Puerta Prohibida.

—El kijuu los espera allá.

—Koshou, has sido de gran ayuda para nosotros.

—Oh, no fue nada —dijo, aunque sin gran convicción.

Sus hombros se caían mientras se dirigían hacia las copas de los árboles. Su corazón parecía estar ahí. Durante el camino desde las habitaciones del Taishi en el Naiden hasta la Puerta Prohibida nadie dijo nada. Caminaron mirando sus pies.

Casi habían llegado a la Puerta Prohibida cuando Koshou de dio la vuelta y dijo:

—Si es posible, me gustaría ir con ustedes. No sé en qué podría ayudar, pero soy oficial de la Corte Imperial.

Dijo todo eso con una conflictiva mirada en su rostro. Risai respondió:

—Creo que la Reina de Kei lo necesita a su lado.

—Sí, es cierto.

—Me gustaría que le comunicara nuestro más profundos agradecimientos y gratitud. No quisiera que nada de esto le provocara algún malestar.

Koshou asintió. Caminaron hasta la puerta. Los oficiales que los esperaban dentro les abrieron la puerta para que así cruzaran al otro lado. Una pálida luz de luna brillaba y el Mar de Nubes llegó hasta ellos.

La puerta del Naiden a la Puerta Prohibida se abrió.

Toshin observó cómo dos sombras humanas y de un kijuu aparecieron. Parado a su lado, Gaishi tomó las riendas del suguu y se acercó. Toshin lo siguió.

Los dos viajaban terriblemente ligeros. Gaishi le dio las riendas a la mujer general.

—Se me pidió que me asegurara que usted se hiciera cargo de él.

—Le estoy muy agradecida.

—Cuídese ahora —dijo Gaishi y se inclinó.

La mujer respondió con una amable inclinación de su parte. Toshin se adelantó y le entregó los objetos que sostenía. Ella lo miró sorprendida.

—Esta es la espada que una vez me dio para que me hiciera cargo de ella. Puede ser presuntuoso de mi parte, pero la afilé.

—Gracias —dijo la mujer, tomando posesión de la espada con su mano izquierda. Su brazo derecho, que Toshin recordaba tan malherido, ya no estaba allí.

—Muchísimas gracias.

—No fue nada.

—No recuerdo tu rostro, pero si la voz. ¿No eres tú quien intercedió por mí cuando me caí en el Roshin?

—Bueno, mmm, sí, fui yo —dijo Toshin con un guiño.

Risai sonrió y se inclinó profundamente.

—Como resultado pude conocer a la Reina de Kei y recibir la asistencia que requería. Todo lo bueno que siguió fue gracias a ti. Estoy profundamente agradecida.

Toshin sacudió la cabeza. Él habría tenido que averiguar de Gaishi, donde ella y su compañero estaban yendo y qué harían después de eso.

—Por favor, cuídese. Voy a orar por su regreso seguro.

  

 

La mesita de piedra parecía flotar en la luz de la luna. Miraban como los dos kijuu doblaban la cornisa.

Youko observaba la escena desde una torre cercana.

—¿No crees que deberíamos haber dicho adiós? —le preguntó a su compañero.

—No sé qué les habría dicho.

—Sí, tienes razón. No habríamos podido hacer otra cosa que retenerlos, a Risai y a Taiki.

—Espero que estén bien a dondequiera que vayan.

—Irán a la provincia capital de alguna manera. Viajando sobre el Mar de Nubes evitarán a los youma.

—Encontrarse con sus verdaderos retos será más tarde. Al final de todo, me hubiera gustado haber podido enviar mis shirei con ellos.

Keiki asintió silenciosamente. Rokuta había dejado en claro que separar a un shirei de un rey… más específicamente de un kirin… y enviarlo a otro reino no era diferente a enviar tropas. Youko y Keiki tuvieron que renunciar a la idea.

Los dos kijuu se alejaron más y más, dos dolorosamente desamparadas manchitas sobre el Mar de Nubes. Mientras miraba, escuchó el sonido de pasos subiendo las escaleras.

—¿Se fueron? —apareció la cara de Rokuta.

—Sí —dijo Youko, y regresó su atención al Mar de Nubes. Los dos puntos parecían mezclarse con las crestas de las olas.

—Les di los pasaportes. Dije que fui yo quien los preparó y los tomaron sin pensarlo dos veces. Suerte que no preguntaron cuando tuve la oportunidad de pensar tan a futuro.

—Cuando se trata de En Taiho, creo que todos se preguntan lo mismo.

—Hey, ¿qué hay con esa actitud? Aunque cuando haya luz suficiente para ellos y lean la letra pequeña en el reverso, se llevarán una gran sorpresa.

Youko sonrió. Cualquier ayuda extra que pudieran adicionar, no importa cuán pequeña, valdría la pena. Era fácil calmar sus pensamientos con tales razonamientos, pero al final era solo un bálsamo para sus propios sentimientos de pena. No para Tai en sí, sino por aquellos corazones rotos en la perspectiva de una Tai insalvable.

Si solo Kei se hubiera hecho un poco más próspera y la Corte Imperial un poco más sana. No sería fácil relajarse, confiar y buscar refugio en una corte donde la discordia pudiera levantarse sin previo aviso. En cuestión del hecho, no había forma de que ella pudiera continuar reteniéndolos y de alguna manera que no se sintieran culpables de todo el caos.

No tenía opción sino vivir con el doloroso pensamiento de verlos ir a sus muertes.

—Debo estar en mis propios pies primero.

Rokuta estaba mirando el Mar de Nubes.

—¿Qué es eso? —dijo, mirándola sobre su hombro.

—Debo permanecer de pie antes de que pueda fantasear en poder ayudar a otros.

Rokuta regresó a la ventana.

—No es eso. Ayudando a otros es como te mantienes de pie, en primer lugar.

—¿Eso crees?

—Sin lugar a duda.

Youko asintió. A través del Mar de Nubes, las dos pequeñas siluetas ya habían desaparecido de la vista.

  

 

En el tercer mes del segundo año de Koushi, estalló una insurrección en la provincia de Bun. Agravando que la guerra debió llegar a Tetsui, el Rey de Tai le ordenó al Jefe de la Armada Imperial suprimir la rebelión.

En el lapso de solo un mes, su Majestad desapareció en Rin’u, provincia de Bun, y un meishoku ocurrió dentro del Palacio Imperial. El Saiho desapareció, dejando a los ministros reales confundidos.

Asen engaño a la Corte y se puso el manto de un usurpador. Consintiendo en su autoridad, Jou Asen -cuyo nombre es Boku Kou- hábilmente desplegó la Guardia del Palacio Derecha y ejerció el Arte Negro como es su espada.

Habiendo sometido a las nueve provincias a través de su inhumanidad, usurpó el trono.

 

—De las Crónicas de Tai.




La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 49

 

CAPÍTULO 49

 

 

 

Risai entró a la habitación con la cena.

—¿Cómo se siente?

Taiki estaba levantado mirando fuera de la ventana. Estaban en las habitaciones del Taishi, donde Risai estaba viviendo.

—Estoy bien —dijo, mirando sobre su hombro.

Aunque él tenía una cara valiente afrontando las cosas, seguía viéndose un poco demacrado. Risai sonrió, como si disipara sus dudas.

—Recientemente, cuando estaba dormido, la Reina de Kei amablemente vino a verlo. Quería disculparse por causar más contaminación a su ambiente.

—No fue su culpa.

—No, no lo fue —concordó Risai mientras se sentaba a la mesa—. La Reina de Kei se ocupa ella misma de sus asuntos, y encima algo así ocurre. Realmente me hizo llegar el duro trabajo que debe ser el hecho de ser Emperatriz.

—Verdad. —Taiki permaneció mudo por un tiempo. Entonces dijo—: ¿Regresarás a Tai, Risai?

—¿Qué? —Al principio, Risai no entendió qué estaba preguntando. Ella inclinó su cabeza para verificar lo que había oído.

Taiki la miró, una mirada con gran seriedad en sus ojos.

—No podemos continuar imponiéndonos sobre Kei así.

Risai tomó esas palabras con gran asombro. Cuando finalmente entendió lo que Taiki estaba diciendo, sintió que su rostro palidecía.

—Solo un momento, Taiho…

—No podemos permitir convertirnos en las semillas de grandes calamidades de Kei. Hemos puesto a prueba su paciencia y hemos intervenido sus vidas más que suficiente. Después de esto, creo que debemos irnos a un lugar donde podamos valernos por nosotros mismos.

—Pero, Taiho, eso es insustentable. No solo su condición, sino… si disculpa mi atrevimiento… su cuerno y sus shirei

La apresurada ansiedad dejó el rostro de Risai rojo. Sintió que era necesario terminar con esa inclinación en el brote. Ella pensó vagamente en regresar a Tai cuando se encontrara con él. Con Taiki a su lado, podían buscar a Gyousou utilizando su “sentido real”. Pero Taiki había perdido su cuerno y su esencia natural como kirin. Ya no tenía sus shirei. Y Tai permanecía infestada de nidos de youma. Y ella había perdido su brazo bueno.

El incidente con el Naisai la había obligado a enfrentar nuevamente la gravedad de sus lesiones. Un grupo de rufianes armados habían entrado a la habitación y amenazado la vida de Taiki y de la Reina de Kei, y apenas había podido mover un dedo para ayudarlos. Ella fue superada con facilidad y derribada por hombres que no se veían como que hubieran tenido entrenamiento militar en su vida.

Incluso teniendo en cuenta el estado de su salud, era bastante inútil como oficial militar. Si regresaban a Tai, ella sería incapaz de protegerlo. Aunque había sido consciente de ello desde hace tiempo, no había llegado a entender qué tan inútil era. Todas sus vagas nociones sobre el asunto se habían señalado claramente en un punto de vista. Aún no se había recuperado de la conmoción.

—No podemos hacerlo, Taiho. Entiendo cómo se siente, pero no puede regresar a Tai. Necesita cuidarse mientras solicito ayuda entre los refugiados. Si podemos convocar un pequeño número de seguidores…

Taiki sacudió la cabeza.

—Es verdad que soy impotente. Sin embargo, el hecho es que somos ciudadanos de Tai.

Risai asintió como si se estuviera congelando.

—Tai es un reino que incluso los dioses pasaron por alto. ¿No es verdad? Tai no tiene rey. La buena voluntad de los otros reinos nunca alcanza los tobillos. Y el Cielo no se dignará a conceder milagros. Es lo mismo que Tai no tenga kirin. Pero Tai aún tiene sus súbditos, como tú y yo.

—Incluso sin un cuerno, el Taiho sigue siendo el kirin de Tai. Y mi esperanza. No algo simplemente sacrificable. Si alguien debe regresar a Tai y buscar a nuestro señor y gente, entonces es algo que yo voy a hacer. Esa era mi verdadera intención después de todo. El Taiho debe ponerse a resguardo en un lugar seguro. Le ruego que deje de lado las ideas peligrosas como regresar a Tai.

Taiki no era la única cosa que Risai había perdido. Otro temor se había apoderado de ella. Después de la catástrofe en Kouki, Risai había sido enviada a la provincia de Jou para sofocar la rebelión. En su camino, había tomado a Nisei-shi bajo su protección. Sus testigos presentaron y revelaron la magnitud de la traición de Asen.

Al mismo tiempo, el incidente fue usado como pretexto para mancillar el honor de Risai. Pero quizá incluso peor era que Asen de alguna manera supiera que había protegido a Nisei-shi. Risai había enviado un comunicado secreto solo a Haboku y a Sougen. Considerando su contexto, tampoco ninguno de ellos habría sin cuidado, filtrado la información a un tercero. Por lo tanto, era como si los súbditos de Gyousou hubieran sido privados de eso. Y ninguno de ellos le hubiera comunicado a Asen.

Ella no podía imaginar que alguno de los súbditos de Gyousou fuera un espía. Tendrían que haberse encontrado a puertas cerradas y tomado todas las precauciones posibles. Sin embargo, Asen fue informado, lo que significa que alguien dentro del grupo hizo el informe.

Un lobo en la propia casa de Gyousou estaba cuidando el gallinero.

Risai miró dentro de los astutos ojos de Taiki. Ella no quería exponerlo a tan desagradables hechos, pero eso solo duplicó el peligro en Tai. Sería necesario establecer líneas de comunicación con los antiguos compañeros de Gyousou y unir tropas. Y aun así, un traidor estaría al acecho en medio de ellos, alguien conocido, que podría parecer en un momento como amigo íntimo. Risai no tendría forma de protegerlo de tal persona. Todo lo que podía hacer era balbucear incoherencias diciendo que mala idea era todo. Taiki le mostró una sonrisa perpleja.

—No has cambiado ni un poco, Risai.

Risai le devolvió una mirada perpleja.

—Te preocupas por mí y haces lo mejor para protegerme de lo que sea espantoso o desagradable. Es la misma forma en la que desapareció Gyousou.

—Taiho…

—Yo estaba realmente preocupado por el señor Gyousou. Pero nadie me daba una respuesta directa. Bueno, lo que me dijiste puede que haya sido verdad. Pero sabía que todos los adultos a mi alrededor estaban ocultando algo desagradable de mis ojos. Así que tuve que recurrir a Asen para averiguar todo lo que no fuera miel y azúcar.

Risai detuvo su aliento.

—Asen me dijo que el señor Gyousou estaba en peligro. Ese día, dijo que había sido víctima de una emboscada y que estaba en una situación desesperada. Después de decir eso había llegado a salvo a la provincia de Bun, y me encontré incapaz de confiar más en ti. Creí en Asen cuando me dijo que un feroz ataque se había llevado a cabo antes de que llegaran, y el resultado era incierto. Deseoso de ayudarlo, envié a mis shirei a ayudar al señor Gyousou. Nunca dudé de Asen ni por un segundo. De hecho, llegué a cuestionar la veracidad de cualquier que me dijera algo que no fueran malas noticias.

Taiki sonrió levemente.

—Realmente era un niño, y muy difícil de complacer. Lo que sea que haya tratado de hacer solo le causaba a Risai y a los demás más problemas, y ahora no es diferente.

—Taiho, no diga cosas así…

—Pero, Risai, yo ya no soy un niño. Hablando respecto a mis habilidades, era mucho más capaz entonces. Puede decirse que soy inútil ahora. Sin embargo, no soy tan inmaduro que podría ser contenido por lamentar mi indefenso estado y garantizar la seguridad del estado en el que estaban las cosas.

—Taiho…

—Alguien debe salvar a Tai. Si no somo nosotros, los ciudadanos de Tai, entonces, ¿quién?

—Pero… entonces… volvamos al Monte Hou y hablemos nuevamente con Genkun, para ver si hay algo que pueda salvar a Tai.

—¿Y qué debería preguntar? ¿Crees que lo hará en nuestro nombre?

Risai no supo cómo responder.

—¿Y puede el Cielo involucrarse tanto? Solo aquellos bajo su cuidado personal y protección pueden descansar en paz sabiendo que la ayuda vendrá. ¿En qué momento se volvió el pueblo de Tai propiedad del Cielo?

—Pero, Taiki…

—Aprendí algo de los pasos a seguir al pedir la asistencia a Kei. Si no lo hubiera hecho así, definitivamente no habría podido volver. No soy tan ingenuo como para creer que nada está más allá de nuestro poder de lograr. Puede que esté más allá del poder de un kirin sin cuerno y de una general sin brazo para salvar a Tai en su estado actual. Pero, Risai…

Taiki tomó la mano restante de Risai.

—Esto no es algo a lo que estábamos destinados a través de la voluntad de nuestras propias fuerzas. Si, incapaz de sacar Tai de la grieta, podemos concluir que no hay nada que podamos hacer jamás y entonces no haremos nada, perderemos el derecho de llamarnos ciudadanos de Tai.

Por supuesto, pensó Risai, mirándolo.

Nunca había entendido por qué tenía tantas ganas de salvar Tai. Al mismo tiempo, no podía recordar que tan rápido había perdido ese sentimiento cuando Taiki estuvo justo en frente de ella. En lo que a ella respecta, si Taiki estaba a salvo… si ella podía garantizar su seguridad… entonces era lo mismo que mantener a Tai segura.

Incluso si esa seguridad venía de residir en Kei y ella misma no contribuyera al mismo… mientras Taiki estuviera a salvo, entonces Tai estaría a salvo dentro de ella. Proteger a Tai se había convertido para ella lo mismo que preservar algo que le perteneciera, su patria. Y si ella no podía y esta era destruida, entonces como extensión de Tai, sería su culpa.

Pero mientras pudiera mantener a Taiki a salvo, Tai nunca estaría perdida para ella.

—Somos ciudadanos de Tai. Si buscamos a otros ciudadanos de Tai, entonces hay tareas y responsabilidades que llevar a cabo como su gente. Si lo dejamos de lado, entonces Tai estará perdida para nosotros.

Perder ese lugar en el que estaban conectados no era diferente que perderse a sí mismos.

Risai había perdido su posición real, sus amigos y conocidos. Kaei se había vuelto un recuerdo lejano. Aparte de su conexión con un llamado Tai, no tenía nada. Tenía que salvarlo o se perdería a sí misma.

Ahora que tenía a Taiki, y mientras lo mantuviera, Tai permanecería vivo dentro de ella. Ahí, en Kei, sabía dónde estaba parada. La idea de irse era aterradora. Pero para Tai, su gente, Gyousou, todos los prisioneros dentro de sus fronteras y todos aquellos que perdieron sus vidas ahí, permanecer aquí no era nada más que una traición.

No tenían otra opción sino dejar su refugio y regresar a Tai.

Ella miró su mano, su visión se nubló por las lágrimas. La mano que la sostenía era indistinguiblemente suya.

—Realmente, ha crecido.


La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 48

 

CAPÍTULO 48

 

 

 

Kantai hizo su reporte mientras regresaba al Palacio Interior.

—Un total de once estuvieron envueltos en la rebelión, todos del Ministerio del Cielo, y el Naisai estuvo a cargo. Parece limitarse solo a ellos. Tres capturados con heridas. Los cinco restantes que trataron de huir fueron detenidos.

Koshou los estaba esperando, mirando como si tratara de reducir su cuerpo a una pequeña pelota. Tan pronto como Youko lo miró, se inclinó profundamente.

—Estoy realmente apenado.

—¿Por qué? —parpadeó Youko, y Kantai no pudo hacer otra cosa que sonreír con la reacción de Youko.

—Debo disculparme. Fue un error estar allí sin ser acompañada por el Daiboku o cualquier de sus súbditos.

—Pero yo los dejé afuera.

—Esa no es excusa para que te quedes fuera de mi vista así —dijo Koshou elevando la cabeza.

—No es tu culpa. Además, no era tu responsabilidad en primer lugar.

Era la tarea del Shajin[1] dentro del Ministerio de Verano, específicamente la responsabilidad de Shiyuu[2]. En público, la tarea de Kofun-shi[3]. En privado, el trabajo del Daiboku. “Privado” significa el Palacio Interior. El Palacio Interior incluye la más aislada parte del Palacio Imperial, los Palacios Este y Oeste, las residencias imperiales y los dormitorios, las habitaciones Jinjuu y el Roshin hasta la Puerta Prohibida, incluyendo el Nadie y el Gaiden.

Todo lo demás constituía el Palacio Exterior. Estrictamente hablando, el Naiden[4] y el Gaiden eran parte del Palacio Exterior. Bajo normales circunstancias, la Emperatriz solo viaja dentro del Palacio Interior donde colinda el Gaiden. Y como regla general, oficiales gubernamentales solo se aventuran hasta el Palacio Exterior donde colinda el Naiden.

—El Daiboku es responsable de mi protección personal dentro del Palacio Interior. Los jardines occidentales son parte del Palacio de Invitados. Y eso es en el Palacio Exterior.

—Bueno, puede que eso sea cierto, pero…

Kantai le dio al desalentado Koshou una amistosa palmada en la espalda.

—Al no aceptar sus disculpas, está poniendo a Koshou en una difícil situación. Los jardines occidentales están definitivamente en el Palacio Exterior, fuera de su jurisdicción. Normalmente la Emperatriz no habría dejado el Palacio Interior excepto para llevar a cabo funciones oficiales. En ese caso, el Kofun-shi la acompañaría. En esta ocasión, sin embargo, su Majestad estaba en los jardines occidentales y no en otras funciones oficiales.

—Eso es cierto. No estaba allí conforme a la ley o ritual, y ningún invitado oficial del reino está instalado en el Palacio de invitados. Incluso desde que traje a Risai al Palacio Interior, he sido bastante caprichosa en gala de la costumbre y los precedentes al respecto. Lo considero mi culpa.

Kantai frunció el ceño en lugar de enojarse frente a las disculpas de Youko.

—Sí, las emperatrices pueden ser criaturas caprichosas. De lo contrario, no habría razones para que un reino temblara y cayera. Ya que eso no fue un asunto oficial, no era asunto del Kofun-shi. Su protección personal no puede mantenerse al margen. Si hay una pregunta de sobre si el Daiboku o el Kofun-shi deberían estar al tanto de su seguridad, la tarea debería recaer en el Daiboku.

Koshou se agarró la cabeza.

—Ese es realmente el caso. Cuando están los reyes y los Taiho de otros reinos, el aire se encarece bastante. Tan solo me pareció que no debería estar por ahí, escuchando lo que la gente dice y hace. Del Palacio Interior, Youko siempre sale para ver a sus amigos. Por eso bajé mi guardia.

Koshou y sus criados la escoltaron hasta los jardines occidentales, y después mantuvieron su distancia. Él no podía negar que hubiera preferido pegarse a ella todo el tiempo desde y hacia los jardines occidentales.

—Ese fue un error por parte de Koshou. La idea de que sea aceptable mantener una seguridad relajada dentro del Palacio Interior que se levanta porque ninguna amenaza peligrosa ocurrió todavía, es demasiado. El Naiden y el Gaiden están considerados dentro del “ojo público” y todos los edificios tienen sus propios guardias asignados. Eso no es el caso de los jardines occidentales. Como en este caso, ningún invitado real estaba presente, así que tampoco lo estaba la guardia habitual. Cualquier con acceso a las Residencias Imperiales podría también acceder a los jardines occidentales, y eso parece que fue lo que pasó aquí.

Koshou asintió. Kantai sonrió extrañamente.

—Como el Daiboku, Koshou debe disculparse por fallar en ese sentido. Además, un reporte oficial va a ser presentado por sus súbditos a su Majestad.

—¿Qué tipo de reporte?

—Para mostrar que la Emperatriz se equivocó, y en formas que deberán ser corregidas. Mientras su falta de voluntad camina por una delgada cuerda y su generosidad con otras son admisibles características, cuando las normas son ostentadas, este es el tipo de daño que puede resultar. Los ministros y los oficiales tienen sus tareas que hacer, y a diferencia de su Majestad, no están en libertad de hacer caso omiso a su propia discreción. Un gobernante que hace caso omiso de las reglas, costumbres y precedentes probablemente atraerá ministros y gobernantes que hagan lo mismo. Por lo tanto, el Daiboku no debería tener que asumir toda la culpa por este incidente.

—¿Así que esa es la versión con la que quieres acabar?

—Sí, pero teniendo en cuenta que no tomar las disculpas de Koshou y dejarlo fuera no son lo mismo. Su Majestad fue poco exigente al hacer esa distinción. Renunciando a la disculpa se puede tomar como un error. Por la misma razón, su Majestad no debería considerarse a sí misma fuera. Aquellos a su alrededor tomarán nota. Si perciben ser desplazados gracias a su amparo, Koshou perderá respeto también.

—Sí. Ya veo —murmuró Youko.

Koukan entró en la habitación.

—Oh, ahí está —se dirigió a Koshou—. El Daiboku tomará la responsabilidad y servirá tres meses de arresto domiciliario.

Espera un minuto… estuvo a punto de decir.

Koukan continuó en un calmo y recogido tono de voz.

—No obstante, el Taiho nos pidió que reconozcamos que la manera en que su Majestad hizo heno de las normas y reglamentos es difícil para el Daiboku llevar a cabo sus tareas adecuadamente. El Daiboku se distinguió capturando a los traidores, por lo que una debería compensar la otra. Yo creo que eso sería una buena forma de decirlo. Eso debería preservar la integridad de la administración pública, ¿no lo cree? —Le dijo a Youko—: ¿Hay alguna parte con la que no coincida?

—¿Estoy haciendo heno de las normas y reglamentaciones? Cielos, y yo justo tengo la misma boca floja de Kantai.

—¿Entonces?

—Bien —dijo Youko con una sonrisa modesta.

Kantai sonrió también. Después de decirle a Koukan que los sospechosos habían sido entregados al Ministerio de Otoño, le palmeó a Koshou la espalda y ambos salieron.

Koukan los vio salir y le entregó a Youko un documento.

—Aparentemente, el Naisai había sido herido profundamente con el actual estado de las cosas desde hace algún tiempo. Fue previamente un subsecretario en el mismo departamento, sirviendo como Naisai como asistente personal de la Reina y del Saiho. Corrió un angosto buque y fue ascendido a Naisai. Últimamente, sin embargo, sus damas de honor en el Roshin lo han sacado. Desde su tiempo como subsecretario, asumió un gran orgullo sirviendo en el Roshin. Pero al parecer, su orgullo o su paciencia alcanzaron sus límites.

—Oh —dijo Youko. Suspiró.

—Para empeorar, tomó súbditos fuera de la aristocracia, libremente ignorando las normas, y trayendo a completos extraños como de su mayor confianza. Bueno, parece haber entendido. Él tiene un buen punto.

Los participantes del golpe de Estado eran todos del Ministerio del Cielo. El ministro del Cielo no estaba directamente involucrado con la administración del reino. Su cartera era el palacio en sí, y sirviendo a la Emperatriz y al Saiho ahí. Aquellos que no pudieron tomar el orgullo al trabajar tan cerca de la Emperatriz probablemente no fueran aptos para el trabajo.

—Y si usted alberga cualquier simpatía con tales sentimientos, entonces debería librarse de ellos.

Koukan no era alguien que endulzara nada, pero su tono firme de voz la sorprendió un poco. Ella lo miró levantando una ceja.

—La General Ryuu y el Taiho de Tai me contaron qué pasó después de que el Naisai y sus subalternos invadieran los jardines occidentales.

—Te muestras preparado como siempre.

—Una situación tan grave como lo demanda. Me gustaría preguntarle nuevamente, solo para estar seguro, pero, no les dio crédito a sus quejas, ¿verdad?

Youko apartó la mirada.

—Tenían un buen punto. No conocían toda la historia y después de observar mis acciones sin conocer el contexto, no habría sido irrazonable llegar a esas conclusiones. Llámenme la Emperatriz no indicada para el trabajo, y mi respuesta es si eso es lo que piensan, entonces no me molestaré discutiendo con ustedes. Ciertamente no voy a pasearme por ahí declarando que solo puedo salvar a Kei. Eso no me corresponde a mí, juzgar o decidir.

—Entonces permítame explicarle —le respondió Koukan a la vez. Él dejó los documentos sobre el escritorio—. Para empezar, hacer cualquier juicio sobre qué tipo de Emperatriz es depende de quién está observando y cuándo. En cualquier caso, qué tipo de Emperatriz es usted, es ajeno a esta situación en particular. En el momento en el que tomaron las espadas y decidieron atacar, perdieron todo derecho a reclamar la alta moral y pasar juicio a las demás personas.

—Tienes razón ahí.

—La razón por la que manteníamos al Naisai y a sus camaradas fuera del Roshin en primer lugar era porque temíamos la evolución de su naturaleza. Todos los ministros coinciden que personas que no sean de confianza no deben ser ascendidos a cargos de confianza en los que se los coloque en su proximidad inmediata, y que no justifican tal confianza. La decisión se basó en un examen de sus características y temperamentos. No veo errores en dicha sentencia. En primer lugar, eran indicaciones sobre hanjuu y los rebeldes, ¿verdad? —Koukan miró a Youko.

»Las personas que piensen que las forma de actuar sea por actos autoritarios impulsivos, no es el tipo de personas a las que quisiera darle autoridad en primer lugar. Nadie debería poner un arma en las manos de gente como esa. Segundo, las personas que no muestras vergüenza al decir tales cosas no pueden esperarse de ellas que conozcan el buen Camino por el malo, y ciertamente no están calificados para contribuir de cualquier forma con el proceso político. Tercero, aquellos que no conozcan la situación en su totalidad no están en posición de juzgar. Cuarto, aquellos quienes, basados en tales especulaciones, traman pecados de los que no saben nada, y luego dictan sentencia basados en esas especulaciones, y no muestran dudas en ningún momento… de ninguna manera deberían dárseles jurisdicción sobre nada. Quinto, ninguna confianza debería colocarse en aquellos que son incapaces de ver sus propias faltas y deficiencias, y en cambio, culpan a otros por su propia mala suerte. Finalmente, no debería tener que agregar que aquellos que van en contra de las leyes y el Camino con el propósito de lograr sus objetivos son peligrosos. Y no podemos tolerar tales riesgos en presencia de su Majestad. Estas son las razones por las que consideramos imprudente avanzar. ¿Usted discrepa de alguno de estos puntos?

Youko lo miró un poco aturdida.

—Observándolos en sus actividades día a día, no nos parecieron dignos de ser ascendidos para servir directamente a su lado. En consecuencia, fueron echados del Roshin. Yo creo que han mostrado inesperadamente la exactitud de esa decisión.

Youko descansó sus codos sobre la mesa y conservó sus dedos juntos.

—Bueno, entonces, permíteme hacerte una pregunta. ¿No crees que quizá si hubieran sido promovidos habrían recurrido a tales acciones?

—Permítame responder con una pregunta personal, entonces. ¿Puede realmente confiar en alguien que tan solo cortaría el buen camino, pero se aparta cuando se frustra?

Youko examinaba a Koukan con los ojos abiertos. Ella puso sus dedos juntos.

—¿Aplicarías esa misma regla para ti mismo? Si, por casualidad, pasaron por alto tus éxitos, y la atención fuera puesta solamente en tus pecados.

Koukan respondió con una sonrisa de piedra.

—¿Debería tomar eso como una crítica personal? Como su Majestad sabe bien, mientras elevemos a esas personas de confianza para servir como ministros principales del reino, también debo asegurarme de que los rangos medios de los funcionarios y subalternos acaten las reglas y hagan sus deberes.

—Sí, lo lamento.

En respuesta a la disculpa de Youko, Koukan suspiró y sonrió.

—En definitiva, el problema es el temperamento y el carácter. Ese es el verdadero reflejo de cómo vivieron y cómo se comportaron. Es allí donde se debe prestar mucha atención. Cualquiera debería ser capaz de echar un vistazo. Si ellos prueban ser dignos de su fe, entonces sus acciones serán felizmente recompensadas. Un examen del ejemplo de la señorita Risai debería probar el punto.

—¿Risai?

—¿Por qué su Majestad le dio una mano en primer lugar?

—No estoy exactamente segura.

—Ella interrumpió en el Palacio Kinpa, y le dio un vistazo al atroz estado en el que ella se encontraba. ¿No es así? La señorita Risai estaba malherida volando a través de los nidos de los youma en la provincia de Zui y se dirigió para acá. ¿Y no son esas medidas suficientes pruebas de que desea salvar Tai?

—Sí. Por supuesto.

—La señorita Risai le rogó que salvara Tai. Excepto que participar en asuntos internos de otro reino es un pecado grave. La señorita Risai probablemente fuera consciente desde el principio de eso.

—Koukan…

—Ella pudo haber venido hasta aquí para apelar a su simpatía y tentarla con pleno conocimiento de las consecuencias. También es posible que no tuviera pleno conocimiento de las consecuencias, o que no las tuviera presentes. E incluso si supiera exactamente qué es lo que estaba haciendo, puede ser que haya sido llevada por la desesperación de su situación. A medida que las cosas salieron bien para Tai al final, no le importaría qué le sucediera a Kei. No hay forma de que podamos saber con certeza que había en su mente. No obstante, su Majestad dedicó una extraordinaria cantidad de tiempo a su causa, y yo, por mi parte, no me opuse.

—Ah…

—Eso fue porque pudimos observar sus palabras y acciones. La manera en la que se relacionaba con usted, con nosotros e incluso con Koshou. Basándome en todo lo que dijo e hizo, no me pareció el tipo de persona que vería felizmente salvarse Tai a expensas de Kei. Carezco aún de la habilidad de leer su mente, pero si realmente vino aquí con la intención de guiarla al pecado, tengo que creer que fue producto de su desesperada situación, y no algo que implicara su conciencia plena.

—Sí —dijo Youko asintiendo.

—En cualquier caso, esto es a lo que se reduce. Cómo la traten los otros es un resultado a largo plazo de cómo se les trató a los otros. Acérqueme de manera que sus palabras y acciones me valoren y yo podría mover Cielo y Tierra para acomodarla. Si el mundo la recompensara en público depende de la persona y las circunstancias. Pero estos seguidores llevados por la ignorancia de tan simple ecuación maldijeron su suerte, y atacaron a su señora en cambio.  Yo creo que volcaron su propio aborrecimiento al exterior.

—Escuché las mismas cosas en Wa.

—Excepto que cuando personas tan rencorosas toman espadas para hacer justicia, no es la razón de sus disputas a las que otra gente escucha. Este es otro ejemplo de un hombre siendo recompensado según su forma de ser, y según el fruto de sus obras.