ESPLENDOR DE INVIERNO[1]
CAPÍTULO 1
Cuando Taiki
salió del edificio, el Palacio Imperial parecía completamente diferente.
Se detuvo en el pasillo, miró a su alrededor y parpadeó varias veces.
El edificio en sí no había cambiado. Tampoco había cambiado la gran variedad de
magníficos pabellones o jardines y patios. Ni las paredes blancas y techos de
teja índigo. Los funcionarios pasaban de ida y vuelta -era la misma escena de
siempre-.
Pero ahora todo parecía brillar con una gran luz interior. Todo estaba
envuelto en un brillo suave, como si una gasa delgada cubriera todo el Mar de
Nubes dejando el cielo inusualmente despejado. El azul se desvaneció, el sol
teñido de blanco, las sombras grises caían a los pies de Taiki.
La escena ante él era aún más brillante de la que había visto al
mediodía.
Esto era diferente a la niebla, era algo así como una niebla difusa de
los alrededores. La luz estaba teñida con algo demasiado débil y pequeño para
ver -o al menos eso es lo que sentía Taiki.
Detrás de él, Seirai preguntó:
—¿Ocurre algo?
Seirai lo había acompañado desde el Palacio Principal. Taiki miró por
encima del hombro. Hizo un gesto hacia los jardines externos como diciendo:
¿Cómo explicas esto?
—¡Ah,
sí! —Seirai sonrió y miró hacia el cielo—. Extraño en verdad. Un sol blanco.
Seirai era el tutor de Taiki. También era el Primer Ministro de la
provincia de Zui, sede de la capital del Reino de Tai. Era una práctica común
asignar un tutor a un joven Saiho como Taiki. El tutor siempre se mantenía
cerca y asistía a todo lo que fuera necesario atender, desde la vida privada
del Saiho, hasta los asuntos del gobierno. Al mismo tiempo, se desempeñaba como
profesor de Taiki.
—¿Un sol blanco?
—Así se llama a un clima como este. Es evidente, como ves. —Taiki no
parecía más iluminado por esta explicación, así que añadió—: Las tormentas bajo
el Mar de las Nubes han disminuido. Por lo tanto, la luz solar es reflejada por
la nieve que cubre el mundo de abajo.
—Wow.
Taiki miró de nuevo el paisaje envuelto con la luz blanca. Parecía
como si los rayos del sol entraran por los cristales de una puerta shōji[2] de
papel. Recordó el despertar de una mañana clara cuando estaba en Japón, un
mundo que le parecía ahora extranjero y distante. No pudo evitar sentir un
breve golpe de nostalgia.
—No puede haber una nube en el cielo y el clima es perfecto. No sucede
muy a menudo, por lo que nos sacamos la lotería hoy.
—¿Crees que el mundo de abajo se ve desde aquí?
—¿Vamos a averiguarlo?
Taiki respondió con un gesto de entusiasmo. El Palacio Imperial
apareció como una isla flotante en medio del océano. El mundo de abajo debería
ser visible a través del envolvente Mar de Nubes, pero llegado el invierno, esa
visión desaparecía, debido a que las nubes de tormenta se reunían y bloqueaban
la vista.
Seirai se rio y le tendió la mano. Taiki la tomó y lo miró fijamente.
—Si no nos apuramos, las nubes probablemente se cerrarán de nuevo.
Al escuchar eso, Seirai sonrió.
—Bueno, conozco un atajo. Vamos.
Taiki asintió entusiasmado. Él tenía una particular debilidad por los
“atajos” de su tutor. Seirai usaba libremente los caminos y callejones
reservados para los funcionarios públicos de menor rango, llegando incluso a
atravesar un palacio cerrado o el patio de un funcionario.
Taiki siempre se sintió impresionado y curioso de que el Palacio
Imperial tuviese esos lugares. Lo más divertido era esconderse en las sombras
cada vez que alguien se cruzaba en su camino, para no atrapar al extraño
burócrata por sorpresa.
Ese día, sosteniendo la mano de Seirai, notaron a través de los
recovecos de las oficinas de gobierno un nuevo “atajo”. Se escabulleron bajo el
balcón de una mansión señorial, para poder salir a un patio. Varias personas
estaban saliendo de un edificio cercano en compañía de varios kijuu.
—Taiho —dijo una voz.
El sorprendido orador se detuvo. Taiki se ocultó rápidamente y se
encontró cara a cara con Seirai.
—¡Hemos sido descubiertos!
—Bueno, supongo que no tenemos más remedio que rendirnos pacíficamente
y aceptar lo que teníamos en mente.
Sonriendo, Taiki y Seirai salieron de las sombras. Varios soldados
vistiendo armaduras parecían estar esperándolos en los adoquines vecinos. Taiki
reconoció a Ganchou y a Asen de la Guardia del Palacio junto con sus kijuu.
La mujer junto a ellos era Risai, la general de la Guardia Provincial de Zui.
Como siempre, ella esta con Hien, su kijuu.
Debido a que Senkaku del Ministerio de la Tierra estaba con ellos,
probablemente no iban a realizar maniobras militares. Detrás de ellos estaba el
señor de Taiki, con s brillante cabello gris, ojos rubí y una sonrisa
brillante.
—El Taiho tiene la costumbre de aparecerse en los lugares y momentos
más inesperados.
A la cabeza de la tropa, Risai se inclinó hacia él y le sonrió
ampliamente.
Taiki respondió:
—Es por este clima tan extraño. Nos preguntábamos si podríamos ver el
mundo de abajo y nos dirigíamos a ver el Mar de Nubes. ¿Puedo acariciar a Hien?
—Por supuesto —respondió Risai rápidamente—. Siento tener que decirlo,
Taiho, pero tal como está el cielo, dudo mucho que pueda ver algo a través del
Mar de Nubes.
Acariciando el pelaje de Hien, Taiki inclinó
la cabeza hacia un lado.
—Pero no hay nubes, ¿no?
—Sí. Lo que significa que la luz del sol se
refleja en la nieve de abajo e ilumina al cielo, haciendo que no se pueda ver
nada hacia abajo.
Taiki miró a Seirai con una expresión de incredulidad. Seirai desvió
la mirada, mordiéndose los labios para mantener la sonrisa pícara de su boca.
De repente, el enorme Ganchou se estremeció con una carcajada.
—Parece que Seirai disfruta jugar con el Taiho.
Hien gimió en consuelo cuando Taiki le rascó el cogote. Él suspiró:
—Seirai es un malvado. Hace un rato cuando le pregunté qué era un
“Primer Ministro” me dijo que era la persona encargada de cuidar a los niños
dentro del palacio. El señor Gyousou pensó que era una broma muy divertida.
—Teniendo en cuenta la reprimenda que recibió de su Alteza —se rio
Asen—, se podría decir que él fue el único afectado en esta jugada.
Taiki sonrió también. Seirai se rio entre dientes.
Asen había sido durante mucho tiempo un general de la Guardia del
Palacio, al igual que Gyousou antes de su ascensión al trono, ambos eran buenos
amigos.
Risai estaba en buenos términos con Gyousou.
Ganchou y Seirai habían sido la mano derecha de Gyousou. Ese aire especial de
cortesía que acompañaba a cualquier grupo de buenos amigos los rodeaba.
Riendo, Seirai instó a Taiki a avanzar.
—Salgamos de aquí antes de que Su Alteza me hale de las orejas.
Probablemente no seremos capaces de ver el mundo abajo, pero sigue siendo una
vista extraordinaria. El Mar de Nubes se ilumina con una hermosa luz blanca.
—Ya que vamos hacia allí, ¿podemos ir a la Puerta Prohibida y ver cómo
se ve ahí abajo?
Solo habían llegado hasta la parte interna del
Naiden[3].
Pasando por el edificio, Risai y los demás los acompañaron a la Puerta
Prohibida.
Seirai levantó una ceja.
—Es bastante frío ahí abajo. Alguien pequeño como el Taiho se
congelaría en poco tiempo.
—Solo por un rato —dijo Taiki.
Gyousou dio un paso adelante. Él era el Rey de
Tai y el señor de Taiki.
—Iré con ustedes.
Taiki estaba encantado, pero al mismo tiempo, sentía una carga. La
coronación se había llevado a cabo recientemente y el rey era un hombre muy
ocupado. Él realmente no tenía tiempo para pasear como escolta de Taiki.
—Debe de tener otras cosas que hacer.
—Risai y los otros probablemente podrían utilizar el tiempo para
revisar el estado de sus kijuu. Y, de todos modos, tenía que verte.
Alentados por la sonrisa de Gyousou y la cara de Taiki dividida en una
amplia sonrisa, partieron sin prisa hacia su destino. Estar cerca de su
incomparable señor siempre lo hacía muy feliz. Miró por encima del hombro a
Seirai.
Estaré esperando
aquí, la sonrisa y los ojos vueltos hacia
arriba de Seirai le respondieron.


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