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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 50

 

CAPÍTULO 50

 

 

 

Temprano en la mañana al comienzo del otoño, Risai y Taiki tomaron sus permisos de las habitaciones del Taishi.

Después de discutirlo a fondo juntos, decidieron no plantearle el asunto a la Reina de Kei. Si lo hicieran, sin duda se culparía a sí misma por el incidente con el Naisai. E incluso si la hubieran convencido de lo contrario, la habrían puesto en una posición difícil.

De cualquier modo, manteniéndolos ahí era similar a tener una carga de Tai sobre su propia cabeza, y diciéndoles que se fueran se vería como dejar a Tai de lado. Risai no dudaba que la joven emperatriz lo vería de ese modo.

Además, Risai suspiraba en su corazón, si una Emperatriz como Youko desearía que ella se quedase, no estaba segura de que pudiese negarse. Incluso ahora, Risai no podía sacar los pensamientos de su mente, que estaba actuando con una imperdonable incivilidad. Sin embargo, ella entendía los razonamientos de Taiki para regresar a Tai y concordó con ello.

No había duda en su mente de que debía regresar a Tai con él, tanto como estaba segura de que Taiki era un símbolo de esperanza que Tai no podía darse el lujo de perder. Excepto que ella no tenía confianza en sus habilidades para protegerlo. Inimaginables peligros los aguardaban. Si de alguna forma pudiera disuadirlo, no podría negra que lo intentaría.

La persona común dentro de ella le decía que debían volver. La general que ahora servía al Taiho le decía que no. Su corazón combatía consigo mismo, y finalmente cedió a la fuerza de resolución de Taiki.

—Risai, ¿te quedarás atrás? —le preguntó Taiki, claramente viendo a través de su rostro.

Risai sacudió la cabeza enérgicamente.

—No diga cosas tan absurdas.

—No despedirse de la Reina de Kei… —dijo empáticamente—. Después de todo lo que ha hecho por ti, dejarlos así debe ser doloroso.

Risai trató de reírse de eso.

—Para nada. Solo un lamento prolongado. La Reina de Kei y todos han hecho mucho para salvar a Tai. Por eso no tengo el coraje de verlos a la cara.

Todo fue hecho por el bien de Tai. Risai llegó a Gyouten como un ciudadano de Tai. Para escapar de una vida de comodidad y dejar Tai de lado debería dejar de todo lo que era atención y consideración. Para comportarse tan vilmente estaría tomando a todas las personas de Tai por sentado. Eso es lo que significaba para ella ser parte de un todo como ciudadana de Tai.

Risai suspiró nuevamente y abrió la puerta a los establos detrás de las habitaciones del Taishi. Solo un puesto estaba ocupado. Reconociéndola, Hien llegó a sus pies, brillante y ansioso.

—Hien —Taiki corrió. Hien se negó al principio, pero pronto se dio cuenta quién era y se inclinó hacia adelante—. Recuerdas quien soy —dijo Taiki, acariciando su pelaje. Hien cerró los ojos y ronroneó suavemente.

Observándolo con una sonrisa en su rostro, Risai tomó la montura y la colocó en orden. Gentilmente tomando las riendas, sacó a Hien de los establos. Miró al cielo de la mañana.

—Regresando por el Mar de Nubes, deberíamos llegar a uno de los palacios provinciales en buen tiempo. No hay forma de decir cuán lejos habrá llegado Asen para esta hora, pero los youma nos desgarrarían en pedazo bajo el Mar de Nubes. En cualquier caso, si estamos decididos a dejar todos los obstáculos de lado y seguir adelante, no importará qué camino elijamos.

Taiki asintió. Hien ronroneó suavemente y frotó su cabeza contra el hombro de Taiki.

—¿Qué están haciendo ustedes dos a esta hora? —de repente sonó una voz.

Risai giró. Rokuta emergió de las sombras que rodeaban los jardines. La gran sombra detrás de él era Koshou. Risai y Taiki se quedaron inmóviles.

—En Taiho… ¿cómo…?

Rokuta dijo con una indolente mirada.

—Oh, sucede que estuve espiando el otro día… —sonrió—. Lo siento. Pero dejé un shirei para que los observara. Así que llegó a avisarme.

—En Taiho, yo…

Rokuta levantó la mano, silenciándolo.

—No te preocupes. Dejé a Youko fuera de la lazada. Aunque saliendo de esta forma causará algunos problemas. ¿Te olvidas de que aún eres mi Taishi?

—Eso es…

—El Taishi de En yéndose a visitar Tai levantará más que unas pocas cejas. Sin mencionar que va allí para pelearse con los poderes como están. Eso será aún peor.

Risai y Taiki se quedaron en silencio. Rokuta suspiró y luego sonrió.

—En ese caso, tendré que removerte del Registro de Inmortales. Francamente, temo que su periodo sabático está haciendo que nuestro Taishi pierda la cabeza. Pero aquí está indemnización por el despido.

Le lanzó un objeto blanco. Risai por reflejo se estiró para agarrarlo antes de darse cuenta de que su brazo derecho no estaba ahí para atraparlo. Con una adusta sonrisa se arrodilló y lo levantó. Ella no estaba muy segura por la oscuridad, pero parecía ser un pasaporte.

—Aunque no sabemos si realmente lo necesitarán, lo tenía hecho por si acaso. El sello colocado les garantizará el acceso a fondos de una unión de crédito comercial. No hay forma de saber si funcionará en Tai, pero cubrirá los gastos del viaje.

Esta vez, Risai tomó el bolso que le arrojó.

—En Taiho…

—Un equipaje para sus necesidades. Está en la espalda de Tiger. Él los acompañará.

Risai abrió los ojos por la sorpresa.

—Sería demasiado pedir que ese tenba cargara todo el mismo. Cuando llegaran a donde debieran ir, apreciaría que lo enviaran de regreso. Tama se entristece sin él, entiendes.

Risai aceptó el pasaporte con agradecimiento.

—Sí. Definitivamente lo haré.

—De acuerdo —dijo Rokuta con un guiño. Puso sus manos en sus caderas, y los inspeccionó a ambos—. No queremos realmente que se vayan. Ténganlo en cuenta.

—Nunca olvidaremos lo que hicieron por nosotros.

—Estaremos esperando buenas noticias.

Con eso, Rokuta se dio vuelta y regresó a la sombra del bosque. Casi como de paso, le dio una palmada a la silueta humana que estaba parada. Koshou emergió de las frondosas sombras.

Una mezcla de emociones cruzó su rostro mientras señalaba la dirección a la Puerta Prohibida.

—El kijuu los espera allá.

—Koshou, has sido de gran ayuda para nosotros.

—Oh, no fue nada —dijo, aunque sin gran convicción.

Sus hombros se caían mientras se dirigían hacia las copas de los árboles. Su corazón parecía estar ahí. Durante el camino desde las habitaciones del Taishi en el Naiden hasta la Puerta Prohibida nadie dijo nada. Caminaron mirando sus pies.

Casi habían llegado a la Puerta Prohibida cuando Koshou de dio la vuelta y dijo:

—Si es posible, me gustaría ir con ustedes. No sé en qué podría ayudar, pero soy oficial de la Corte Imperial.

Dijo todo eso con una conflictiva mirada en su rostro. Risai respondió:

—Creo que la Reina de Kei lo necesita a su lado.

—Sí, es cierto.

—Me gustaría que le comunicara nuestro más profundos agradecimientos y gratitud. No quisiera que nada de esto le provocara algún malestar.

Koshou asintió. Caminaron hasta la puerta. Los oficiales que los esperaban dentro les abrieron la puerta para que así cruzaran al otro lado. Una pálida luz de luna brillaba y el Mar de Nubes llegó hasta ellos.

La puerta del Naiden a la Puerta Prohibida se abrió.

Toshin observó cómo dos sombras humanas y de un kijuu aparecieron. Parado a su lado, Gaishi tomó las riendas del suguu y se acercó. Toshin lo siguió.

Los dos viajaban terriblemente ligeros. Gaishi le dio las riendas a la mujer general.

—Se me pidió que me asegurara que usted se hiciera cargo de él.

—Le estoy muy agradecida.

—Cuídese ahora —dijo Gaishi y se inclinó.

La mujer respondió con una amable inclinación de su parte. Toshin se adelantó y le entregó los objetos que sostenía. Ella lo miró sorprendida.

—Esta es la espada que una vez me dio para que me hiciera cargo de ella. Puede ser presuntuoso de mi parte, pero la afilé.

—Gracias —dijo la mujer, tomando posesión de la espada con su mano izquierda. Su brazo derecho, que Toshin recordaba tan malherido, ya no estaba allí.

—Muchísimas gracias.

—No fue nada.

—No recuerdo tu rostro, pero si la voz. ¿No eres tú quien intercedió por mí cuando me caí en el Roshin?

—Bueno, mmm, sí, fui yo —dijo Toshin con un guiño.

Risai sonrió y se inclinó profundamente.

—Como resultado pude conocer a la Reina de Kei y recibir la asistencia que requería. Todo lo bueno que siguió fue gracias a ti. Estoy profundamente agradecida.

Toshin sacudió la cabeza. Él habría tenido que averiguar de Gaishi, donde ella y su compañero estaban yendo y qué harían después de eso.

—Por favor, cuídese. Voy a orar por su regreso seguro.

  

 

La mesita de piedra parecía flotar en la luz de la luna. Miraban como los dos kijuu doblaban la cornisa.

Youko observaba la escena desde una torre cercana.

—¿No crees que deberíamos haber dicho adiós? —le preguntó a su compañero.

—No sé qué les habría dicho.

—Sí, tienes razón. No habríamos podido hacer otra cosa que retenerlos, a Risai y a Taiki.

—Espero que estén bien a dondequiera que vayan.

—Irán a la provincia capital de alguna manera. Viajando sobre el Mar de Nubes evitarán a los youma.

—Encontrarse con sus verdaderos retos será más tarde. Al final de todo, me hubiera gustado haber podido enviar mis shirei con ellos.

Keiki asintió silenciosamente. Rokuta había dejado en claro que separar a un shirei de un rey… más específicamente de un kirin… y enviarlo a otro reino no era diferente a enviar tropas. Youko y Keiki tuvieron que renunciar a la idea.

Los dos kijuu se alejaron más y más, dos dolorosamente desamparadas manchitas sobre el Mar de Nubes. Mientras miraba, escuchó el sonido de pasos subiendo las escaleras.

—¿Se fueron? —apareció la cara de Rokuta.

—Sí —dijo Youko, y regresó su atención al Mar de Nubes. Los dos puntos parecían mezclarse con las crestas de las olas.

—Les di los pasaportes. Dije que fui yo quien los preparó y los tomaron sin pensarlo dos veces. Suerte que no preguntaron cuando tuve la oportunidad de pensar tan a futuro.

—Cuando se trata de En Taiho, creo que todos se preguntan lo mismo.

—Hey, ¿qué hay con esa actitud? Aunque cuando haya luz suficiente para ellos y lean la letra pequeña en el reverso, se llevarán una gran sorpresa.

Youko sonrió. Cualquier ayuda extra que pudieran adicionar, no importa cuán pequeña, valdría la pena. Era fácil calmar sus pensamientos con tales razonamientos, pero al final era solo un bálsamo para sus propios sentimientos de pena. No para Tai en sí, sino por aquellos corazones rotos en la perspectiva de una Tai insalvable.

Si solo Kei se hubiera hecho un poco más próspera y la Corte Imperial un poco más sana. No sería fácil relajarse, confiar y buscar refugio en una corte donde la discordia pudiera levantarse sin previo aviso. En cuestión del hecho, no había forma de que ella pudiera continuar reteniéndolos y de alguna manera que no se sintieran culpables de todo el caos.

No tenía opción sino vivir con el doloroso pensamiento de verlos ir a sus muertes.

—Debo estar en mis propios pies primero.

Rokuta estaba mirando el Mar de Nubes.

—¿Qué es eso? —dijo, mirándola sobre su hombro.

—Debo permanecer de pie antes de que pueda fantasear en poder ayudar a otros.

Rokuta regresó a la ventana.

—No es eso. Ayudando a otros es como te mantienes de pie, en primer lugar.

—¿Eso crees?

—Sin lugar a duda.

Youko asintió. A través del Mar de Nubes, las dos pequeñas siluetas ya habían desaparecido de la vista.

  

 

En el tercer mes del segundo año de Koushi, estalló una insurrección en la provincia de Bun. Agravando que la guerra debió llegar a Tetsui, el Rey de Tai le ordenó al Jefe de la Armada Imperial suprimir la rebelión.

En el lapso de solo un mes, su Majestad desapareció en Rin’u, provincia de Bun, y un meishoku ocurrió dentro del Palacio Imperial. El Saiho desapareció, dejando a los ministros reales confundidos.

Asen engaño a la Corte y se puso el manto de un usurpador. Consintiendo en su autoridad, Jou Asen -cuyo nombre es Boku Kou- hábilmente desplegó la Guardia del Palacio Derecha y ejerció el Arte Negro como es su espada.

Habiendo sometido a las nueve provincias a través de su inhumanidad, usurpó el trono.

 

—De las Crónicas de Tai.




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