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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 9

 

CAPÍTULO 9

 

 

 

—¿Una insurrección en la provincia de Bun? —fueron las primeras palabras de Risai.

Cuando entró en el Palacio Interior, el jefe con anticipo había llegado ahí. Respondiendo a la llamada de la asamblea, Risai entró corriendo al Palacio Interior.

Daishiba Haboku[1] del Ministerio de Verano dijo en respuesta:

—Desde el principio la provincia de Bun ha sido un territorio enconado con un problema u otro. —Señaló con su mano a través de su barba de sal y pimienta.

Situada directamente al norte de la provincia de Zui en el norte de Tai, la provincia de Bun era una tierra acosada por los duros inviernos. La provincia de Jou[2] se dispersó en toda la esquina noreste de la isla. Los inviernos eran igual de malos, pero Jou era bendecida con tierras cultivables y extensos bosques.

El escarpado terreno en la provincia de Bun, en cambio, se hizo pobre para la agricultura y los escasos bosques. Sus ocupantes apenas encontraban con la minería las piedras preciosas que salpicaban la tierra. Sin embargo, aquellas fuentes de gemas habían sido explotadas por tantos que se estaban agotando. La provincia de Bun era fría y pobre, el gobierno estaba en ruinas y los corazones de su gente se hicieron salvajes.

O así decían los rumores.

Hoy en día, la provincia de Bun es acosada por rebeliones y luchas civiles. Las vidas de las personas se vieron frustradas y más allá de la indulgencia, la revuelta fue el recurso común. Naturalmente, las fuentes de gemas y las minas eran controladas por rebeldes e insurrectos en el área, y las luchas por el poder llevaron a conflagraciones más grandes y a menudo alimentaron las insurgencias.

—El derrocamiento del señor provincial quitó algunas de las presiones. En cualquier caso, el marqués era tan feroz como cualquiera de los dirigentes rebeldes. Cuando aplicó la brutalidad a sus acciones, superó a cualquier insurrecto. Mantuvo el lugar bajo un estricto control.

Risai asintió. El marqués anterior fue un cruel y astuto individuo. En el mejor de los tiempos, era un depredador que a la cual, la empobrecida provincia de Bun, servía cada vez más como presa. Pero incluso un hombre como él tenía sus buenas cualidades.

—Con el cambio de líder provincial, la presión se fue, y las fracciones rebeldes han crecido aún más descaradas. Más que fomentar un desorden general, los rebeldes han estado revolviendo el tipo de problemas con los funcionarios, que amenazaban con una guerra civil. En cualquier caso, hablar con ellos de las provincias que ocupan los palacios y distritos vecinos bajo sus pulgares, a estos perros no se les podía permitir dormir donde estaban.

—No podemos agregar más leña al fuego. No sin primero impresionarlos con la disciplina que el Imperio impone.

El hombre que hablaba en una voz grave era el General Ganchou[3], de la Guardia de la Izquierda del Palacio. Él era un gran luchador, lleno de vitalidad y vigor. Pero él no parecía particularmente lleno de pánico. Eso era la verdad de todos allí.

Ellos entendían la naturaleza de la situación desde el principio.

Desde el comienzo de año, una amplia política de purga se había esparcido por Tai. Una limpia barrida de los oficiales más maquiavélicos con las preparaciones para atraer a los villanos oportunos a su tiempo bajo el manto de la oscuridad. Marginando al infame señor provincial de Bun, quitando la presión sobre la tapa. El elemento criminal en la olla había empezado a hervir. Un giro de acontecimientos así había sido previsto desde el principio.

—Si actuamos con moderación, nunca tomarán en serio al reino. Un resultado así es intolerable. Deberíamos viajar de una vez por todas y dar el golpe decisivo. Debemos golpearlos con toda la majestuosidad y el terror del Ejército Imperial.

—Por supuesto, estos rebeldes deben ser sometidos, pero ¿con cuál rapidez? La temporada debe tenerse en consideración. Si dejamos las cosas como están por ahora, los rebeldes en varios distritos de la provincia de Bun intentarán tomar ventaja, ciertamente llevará a luchas entre los grupos. Si todos siguen, entonces seremos capaces de rodearlos de una sola vez. Una estrategia así probaría ser más eficaz para impedir la impresión que los ojos del reino dan sobre ellos.

Ganchou miró a Haboku con asombro.

—La sangre todavía corre por sus frías venas, viejo. Estos bandoleros están controlando los pueblos y las ciudades de los alrededores de los palacios provinciales. Tome algunas ideas en cuanto a la disposición de nuestros hombres que viven allá.

—¿Qué está diciendo? Ningún hombre con sangre en las venas o lágrimas en sus ojos debería servir en el Ministerio de Verano o comandar las tropas.

—Puede que tenga razón en esa —respondió Ganchou. Su gran imagen se sacudió con una sonrisa indiferente.

—Si un Rescripto Imperial se publica, cuanto antes, será mejor —intervino la fría voz de Eishou[4]. Como Ganchou, Eishou había servido una vez bajo las órdenes del comandante Gyousou. El ejército de Gyousou había producido muchos soldados famosos, entre los cuales Eishou era el más joven—. Soy de la misma especie que el viejo, sin sangre en mis venas o lágrimas en mis ojos. Si las tropas serán enviadas, entonces estoy dispuesto a hacerlo con la debida prisa.

Hablando con un toque de ironía en su voz, Eishou unió las cejas de su rostro sin lágrimas ni sangre.

—Una vez que la nieve comience a derretirse nuestros problemas comenzarán. No solo los caminos serán inseguros en las pisadas, también la nieve retrocederá en la cantera de fuga de las montañas. Las montañas de Bun están dotadas de fuentes de gemas y minas. Sacarlos no será tarea fácil.

Tal era el caso, otras voces sonaban. En su corazón, Risai sentía lo mismo. Escondiéndose en la extracción minera resultaría ser un gran obstáculo para poder capturarlos. Con el objetivo de llevar calor a los bandidos de Bun, no podían montar una invasión por goteo arrastrándolos por meses. Tomando rápidamente el territorio -demostrando el poder del Reino- era la forma de juzgar a los rebeldes. Si no, enviar deliberadamente al Ejército Imperial sería sin sentido.

Como si buscaran el fallo del asunto, los ojos de la gente allí reunida se dirigieron a Gyousou.

—Le confiaré el asunto a Eishou. Envía la Armada del Centro y pon a la provincia de Bun bajo tu control. —Al mismo tiempo, Gyousou fijó a Ganchou y Haboku -quienes sostenían una opinión contraria- bajo su mirada—. Esto no quiere decir necesariamente que estoy apoyando la estrategia de Eishou. El problema actual; el problema de la dignidad imperial, el problema de ponerles una línea a los rebeldes; estas son de poca importancia ahora.

—¿De poca importancia? —respondió Eishou con indignación.

Gyousou asintió.

—No es la más apremiante de las cuestiones que tenemos frente a nosotros. El mayor problema al que nos enfrentamos no son los rebeldes sino la gente. Más que la subyugación de los rebeldes, la gente debe estar convencida que el reino es capaz de protegerlos.

Risai saltó en sorpresa. Juzgando por el modo en el que los otros tomaron aliento, tuvieron la misma reacción. La habitación cayó en una especia de silencio avergonzado.

—Eishou, usted comandará el Ejército del Centro, incluyendo la Guardia Provincial de Bun y perseguirá a los rebeldes. Una victoria militar no es necesaria. Limpie los palacios provinciales. Después de liberar las sedes provinciales, quédese en la provincia de Bun por un tiempo. Preste apoyo a la Guardia Provincial y fortalezca las defensas en la capital. No hay necesidad de tomar medidas irrazonables persiguiendo a los rebeldes. Más que eso, bajo el encabezamiento de mostrar la presencia imperial, hará entender a la gente que los rebeldes no son tan temibles. Calmar la población es la prioridad.

—¡Entendido! —respondió Eishou, evidentemente impresionado. Y no era el único. Todos los subordinados de Gyousou tenían la mayor de la fe en sus palabras. No importaba cuán fieras eran los debates privados del concilio, Risai había llegado a entender desde que llegó ahí a cuando Gyousou dictó su veredicto una unanimidad desfilaba rápidamente.

Eishou movilizó la Armada Central en un corto plazo y salió hacia la provincia de Bun. Fue un mes antes de la llegada de la palabra que había liberado los palacios provinciales y para el momento en que se habían pacificado los alrededores. Y justo como en el plan, llegaron las noticias de que unas insurrecciones se habían levantado en otra región de la provincia de Bun.

Por lo menos en tres lugares con un número de pequeñas escaramuzas. En vez de ser incendiados por casuales chispas del viento, estos repentinos levantamientos daban la impresión de resistencias organizadas. Dentro de una quincena, la situación había crecido y se volvió claro que la ocupación inicial de la provincia estaba relacionada a la rebelión interna de la provincia.

Liderados por Sougen[5], la Armada Izquierda Provincial de Zui fue enviada a la provincia de Bun, uniéndose a tres regimientos de la Guardia Derecha del Palacio, comandados por Gyousou mismo. La esporádica insurrección salía de varios lugares sumando fuerzas, con los nexos de la actividad rebelde acercándose a los alrededores del palacio provincial de Tetsui[6].

Tetsui era una ciudad que estaba profundamente conectada a Gyousou.

Tres de las seis divisiones líderes de la Armada Imperial que Gyousou encabezaba podían presumir de ser invencibles en batalla. Eso mismo no podía decirse de la carrera de Gyousou como general.

  

 

Él, que fue derrotado por la profunda lealtad al Rey Kyou, General de la Izquierda estaba en Tetsui. Hacia el final del reinado del Rey Kyou, Tetsui no podía soportar la explotación del rey, y había acabado todas las líneas de crédito. Ya no recaudarían el impuesto imperial. La guardia provincial colaboró en establecer la ley, pero los ciudadanos de las áreas cercanas acudieron al palacio y continuaron resistiendo.

Eventualmente, Gyousou y la Arma Imperial fueron ordenados a enfrentar para calmar la situación. Cuando llegó a Tetsui, Gyousou rodeó la ciudad con doce mil quinientos soldados de la armada de derecha y ordenó a toda la Guardia Provincial en parte trasera.

Los oficiales que lo acompañaban, comenzando por Ganchou y Eishou, no estaban de acuerdo con la estrategia. Si dos divisiones de la Guardia Provincial no podían liberar Tetsui, entonces ¿qué podía una simple división de la Armada Imperial lograr?

—¡Esto es inservible! —protestó Ganchou enojado.

Eishou rio por su nariz.

—¿No eres tú el humilde? Por supuesto que es inservible. Si no podemos hacerlo con dos divisiones de la Guardia Provincial, ¿qué se supone que hagamos cuando enfrentemos el verdadero desafío? En cualquier caso, esto tomará un poco de tiempo. No espero encontrarme nieve en el regreso.

—De acuerdo —dijo el ex general de la Guardia de la Derecha de la provincia de Zui, ahora general Sougen de la Armada Imperial—. Si las montañas a nuestras espaldas están cerradas por la nieve, ni suministros ni refuerzos atravesarán satisfactoriamente. No tenemos las provisiones para aguantar hasta la primavera. Debemos ganar con una victoria decisiva y regresar antes de que empiece el invierno.

—Podemos ser suministrados por la provincia de Saku. Envié órdenes a Seirai para que abran los almacenes y preparen las provisiones que necesitaríamos hasta el fin del invierno.

—¡Seguramente bromea! —exclamó Eishou, poniéndose de pie—. No importa cuánto tiempo nos tome, no será hasta la primavera. El señor Gyousou no pensaría menos de nosotros.

—Nadie piensa menos de nadie. Pero en el peor caso, les pido que al menos se preparen para la posibilidad de que estemos hasta el fin del invierno.

—Si crees que será tan difícil, vuelve a llamar a la Guardia Provincial y trae a esos idiotas para que se pongan a trabajar. Aunque resultarían tan útiles como un ancla de un bote en tierra firme.

—No vamos a pedir asistencia a la Guardia Provincial. La Guardia Provincial tomó refugio en las aldeas y ciudades cercanas con los habitantes. No importa que tan grandes sean los almacenes, tampoco pueden alimentar a la población local. No podemos ser bien vistos comiendo al lado de los ciudadanos. Al mismo tiempo, no podemos disminuir las raciones para los soldados. Eso sería igualmente malo para su salud y moral.

—Cual sea, debemos tomar Tetsui lo más pronto posible. Quemar la tierra en todas las direcciones y después podríamos terminar el asunto en tres días. Obtener los servicios de la Guardia Provincial por quince días y la turba rebelde sería al menos útil como escudos humanos.

—Eishou, ¿qué crees que vinimos a hacer?

—A juzgar a los rebeldes.

—¿Y por qué se revelaron en primer lugar?

Eishou era presionado por una respuesta. Por supuesto, no era un error que eran rebeldes. Habían definido decretos Imperiales y no eludían la marca de insurrección. Sin embargo…

—El verano es frío y la provincia de Bun enfrenta duros inviernos. Las provisiones necesarias para el invierno son escasas. Si dispersamos los almacenes en nombre del Decreto Imperial, la gente morirá de hambre. Esa no es una opción sostenible. ¿Qué otras opciones tenemos?

Eishou levantó su cabeza.

—Su Majestad nos ordenó reprimir la rebelión. Aquellos a quienes su Majestad llame rebeldes, son rebeldes. Eso debería ser suficiente para toda la Guardia del Palacio, ¿no?

Por supuesto, Gyousou sonrió un poco.

—Entonces, ¿tú eres el perrito faldero del Rey? Pero ¿qué es un rey en primer lugar?

Eishou sostuvo su lengua.

—Si los ciudadanos de Tetsui estuvieran infligiendo daño a otras personas de otros lugares, deberíamos estar listos para borrarlos para asegurar el bien mayor. Si los ciudadanos de Tetsui rechazan la forzada servidumbre, los problemas pasarán a otras ciudades. Consecuentemente deberíamos forzar la apertura de las Puertas de Tetsui y de las bóvedas del tesoro. Pero ¿hay alguna necesidad de excederse con las medidas?

Un silencio descendió al campo.

—El Rescripto Imperial nos ordena que forcemos nuestro camino a Tetsui y abramos el tesoro. Sin embargo, no dice nada de dañar personas en Tetsui —declaró Gyousou—. Los soldados no tienen permitido llevar espadas. Escudos podrían usar, pero no blandir u otra cosa contra los ciudadanos con la intención de usarlos como armas.

Los escudos se formaban a partir de madera resistente. Acero de refuerzo se permitió en el interior de los escudos, pero no en el exterior. Teniendo en cuenta a sus opositores civiles cuando en el calor de la batalla, la caliente sangre de los soldados sería la que azotara contra sus escudos, los escudos estaban cubiertos por espesa lana de cordero blanco.

Si, en cambio, un escudo era usado como arma y un ciudadano era herido -incluso una gota de sangre en el cordero- la orden para ese soldado era que se castigara severamente.

Individuos capturados fueron amonestados y liberados. Podían volver a Tetsui si lo deseaban, o a las aldeas y ciudades en cercanía.

—Yo sé cómo se deben sentir, gimiendo bajo el peso de tantos impuestos. Pero los edictos reales se dan por sentado, se perdería toda la fuerza que se les otorgó. Si cansados por el trabajo duro se dedican a sonar sus dedos, ustedes serán los que más sufran. Si los manifestantes por los impuestos en Tetsui son eficientes, esa carga simplemente pasará a otros ciudadanos del lugar. Si pueden entender este principio, entonces, ¿no debería abrirse el tesoro?

Algunos regresaron a sus ciudades y aldeas. Algunos hablaron de su voluntad de regresar a Tetsui. Al principio la gente estaba aferrada a las sospechas. Pero una vez que discernieron la voluntad de los soldados de Gyousou se quedaron en sus manos, se dio más prioridad a sus intenciones.

El sitio se prolongó por cuarenta días. La Armada Imperial repetidamente amenazó con forzar su camino al palacio provincial y retirarse. Sus escudos seguían blancos, impecables sin una sola gota de sangre. Como la gente de Tetsui probaba los límites de las tropas imperiales de liberación, se le comunicó a Kouki, y la voluntad de Rey continúo siendo evaluada.

Un compromiso mutuo se volvió inevitable. Los soldados de Gyousou no lo considerarían “victoria”, pero tampoco que la campaña sea llamada fracaso. Por un lado, los sitiados ciudadanos de Tetsui tenían que enfrentar la imposibilidad de seguir manteniendo el tesoro cerrado. Por el otro lado, el Rey tenía que enfrentar la realidad que su propia Guardia del Palacio estaba en un sorteo imposible.

Finalmente, en el cuadragésimo día del sitio, las puertas se abrieron. Pero no como el resultado de la conquista en un campo de batalla.

Gyousou pasó a través de las montañas como la primera caída de nieve en el invierno. Regresó a Kouki y dio un informe de su “derrota”. Sus soldados habían recibido diez mil golpes sin pegar ninguno. Sin embargo, el tesoro había sido liberado porque la gente había elegido el camino correcto abriéndola por sí mismo. La gente de Tetsui preservó el Deseo del Cielo.

Como resultado, los impuestos fueron recolectados y esta “derrota” fue dejada a un lado, se dice que el fin justifica los medios.

Subsecuentemente, una expresión de Un Escudo de Tetsui, se expandió por los distritos del norte de Tai, también conocido como El Escudo de Lana Blanca. Se utilizó como signo de buena fe, como “Si quieres que te tomemos en serio, muéstranos un Escudo Tetsui”.

  

 

Gyousou y Tetsui estaban ambos atados por lazos de buena fe. Cuando Tetsui fue tirada hacia el vórtice de la guerra, Gyousou no podía desviar su mirada. Junto con Sougen y doce mil soldados bajo sus órdenes salieron de la provincia de Bun.

Risai envolvió con sus brazos los hombros de Taiki cuando los veían irse.

—El señor Gyousou volverá sano, ¿verdad? —El joven kirin la miraba con preocupación.

Risai asintió con confianza.

—Todo estará bien, Taiho.

Mis garantías se han convertido en mentira, lo sabía cuando lo pensó más tarde. El caos de la primera había sido cuidadosamente planeado para arrastrar a Tetsui en medio del conflicto. Y eso no podía haber resultado de un violento montón de meros rebeldes. Los rebeldes se habían estado organizando y dando direcciones guiadas desde la oscuridad. La persona parada en la oscuridad había anticipado que Gyousou no podía dejar Tetsui a su suerte.

La segunda vez, Gyousou no regresó a Kouki.


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