—¿Una insurrección en la
provincia de Bun? —fueron las primeras palabras de Risai.
Cuando
entró en el Palacio Interior, el jefe con anticipo había llegado ahí.
Respondiendo a la llamada de la asamblea, Risai entró corriendo al Palacio Interior.
Daishiba
Haboku[1] del Ministerio de Verano dijo en respuesta:
—Desde el
principio la provincia de Bun ha sido un territorio enconado con un problema u
otro. —Señaló con su mano a través de su barba de sal y pimienta.
Situada
directamente al norte de la provincia de Zui en el norte de Tai, la provincia
de Bun era una tierra acosada por los duros inviernos. La provincia de Jou[2] se
dispersó en toda la esquina noreste de la isla. Los inviernos eran igual de
malos, pero Jou era bendecida con tierras cultivables y extensos bosques.
El
escarpado terreno en la provincia de Bun, en cambio, se hizo pobre para la
agricultura y los escasos bosques. Sus ocupantes apenas encontraban con la
minería las piedras preciosas que salpicaban la tierra. Sin embargo, aquellas
fuentes de gemas habían sido explotadas por tantos que se estaban agotando. La
provincia de Bun era fría y pobre, el gobierno estaba en ruinas y los corazones
de su gente se hicieron salvajes.
O así
decían los rumores.
Hoy en día,
la provincia de Bun es acosada por rebeliones y luchas civiles. Las vidas de
las personas se vieron frustradas y más allá de la indulgencia, la revuelta fue
el recurso común. Naturalmente, las fuentes de gemas y las minas eran
controladas por rebeldes e insurrectos en el área, y las luchas por el poder
llevaron a conflagraciones más grandes y a menudo alimentaron las insurgencias.
—El
derrocamiento del señor provincial quitó algunas de las presiones. En cualquier
caso, el marqués era tan feroz como cualquiera de los dirigentes rebeldes.
Cuando aplicó la brutalidad a sus acciones, superó a cualquier insurrecto.
Mantuvo el lugar bajo un estricto control.
Risai
asintió. El marqués anterior fue un cruel y astuto individuo. En el mejor de
los tiempos, era un depredador que a la cual, la empobrecida provincia de Bun,
servía cada vez más como presa. Pero incluso un hombre como él tenía sus buenas
cualidades.
—Con el
cambio de líder provincial, la presión se fue, y las fracciones rebeldes han
crecido aún más descaradas. Más que fomentar un desorden general, los rebeldes
han estado revolviendo el tipo de problemas con los funcionarios, que
amenazaban con una guerra civil. En cualquier caso, hablar con ellos de las
provincias que ocupan los palacios y distritos vecinos bajo sus pulgares, a estos
perros no se les podía permitir dormir donde estaban.
—No podemos
agregar más leña al fuego. No sin primero impresionarlos con la disciplina que
el Imperio impone.
El hombre
que hablaba en una voz grave era el General Ganchou[3], de la Guardia de la Izquierda
del Palacio. Él era un gran luchador, lleno de vitalidad y vigor. Pero él no
parecía particularmente lleno de pánico. Eso era la verdad de todos allí.
Ellos
entendían la naturaleza de la situación desde el principio.
Desde el
comienzo de año, una amplia política de purga se había esparcido por Tai. Una
limpia barrida de los oficiales más maquiavélicos con las preparaciones para
atraer a los villanos oportunos a su tiempo bajo el manto de la oscuridad.
Marginando al infame señor provincial de Bun, quitando la presión sobre la
tapa. El elemento criminal en la olla había empezado a hervir. Un giro de
acontecimientos así había sido previsto desde el principio.
—Si
actuamos con moderación, nunca tomarán en serio al reino. Un resultado así es
intolerable. Deberíamos viajar de una vez por todas y dar el golpe decisivo.
Debemos golpearlos con toda la majestuosidad y el terror del Ejército Imperial.
—Por
supuesto, estos rebeldes deben ser sometidos, pero ¿con cuál rapidez? La
temporada debe tenerse en consideración. Si dejamos las cosas como están por
ahora, los rebeldes en varios distritos de la provincia de Bun intentarán tomar
ventaja, ciertamente llevará a luchas entre los grupos. Si todos siguen,
entonces seremos capaces de rodearlos de una sola vez. Una estrategia así
probaría ser más eficaz para impedir la impresión que los ojos del reino dan
sobre ellos.
Ganchou
miró a Haboku con asombro.
—La sangre
todavía corre por sus frías venas, viejo. Estos bandoleros están controlando
los pueblos y las ciudades de los alrededores de los palacios provinciales.
Tome algunas ideas en cuanto a la disposición de nuestros hombres que viven
allá.
—¿Qué está
diciendo? Ningún hombre con sangre en las venas o lágrimas en sus ojos debería
servir en el Ministerio de Verano o comandar las tropas.
—Puede que
tenga razón en esa —respondió Ganchou. Su gran imagen se sacudió con una
sonrisa indiferente.
—Si un
Rescripto Imperial se publica, cuanto antes, será mejor —intervino la fría voz
de Eishou[4]. Como Ganchou, Eishou había servido una vez bajo las órdenes del
comandante Gyousou. El ejército de Gyousou había producido muchos soldados
famosos, entre los cuales Eishou era el más joven—. Soy de la misma especie que
el viejo, sin sangre en mis venas o lágrimas en mis ojos. Si las tropas serán
enviadas, entonces estoy dispuesto a hacerlo con la debida prisa.
Hablando
con un toque de ironía en su voz, Eishou unió las cejas de su rostro sin
lágrimas ni sangre.
—Una vez
que la nieve comience a derretirse nuestros problemas comenzarán. No solo los
caminos serán inseguros en las pisadas, también la nieve retrocederá en la
cantera de fuga de las montañas. Las montañas de Bun están dotadas de fuentes
de gemas y minas. Sacarlos no será tarea fácil.
Tal era el
caso, otras voces sonaban. En su corazón, Risai sentía lo mismo. Escondiéndose
en la extracción minera resultaría ser un gran obstáculo para poder
capturarlos. Con el objetivo de llevar calor a los bandidos de Bun, no podían
montar una invasión por goteo arrastrándolos por meses. Tomando rápidamente el
territorio -demostrando el poder del Reino- era la forma de juzgar a los
rebeldes. Si no, enviar deliberadamente al Ejército Imperial sería sin sentido.
Como si
buscaran el fallo del asunto, los ojos de la gente allí reunida se dirigieron a
Gyousou.
—Le
confiaré el asunto a Eishou. Envía la Armada del Centro y pon a la provincia de
Bun bajo tu control. —Al mismo tiempo, Gyousou fijó a Ganchou y Haboku -quienes
sostenían una opinión contraria- bajo su mirada—. Esto no quiere decir necesariamente
que estoy apoyando la estrategia de Eishou. El problema actual; el problema de
la dignidad imperial, el problema de ponerles una línea a los rebeldes; estas
son de poca importancia ahora.
—¿De poca
importancia? —respondió Eishou con indignación.
Gyousou
asintió.
—No es la
más apremiante de las cuestiones que tenemos frente a nosotros. El mayor
problema al que nos enfrentamos no son los rebeldes sino la gente. Más que la
subyugación de los rebeldes, la gente debe estar convencida que el reino es capaz
de protegerlos.
Risai saltó
en sorpresa. Juzgando por el modo en el que los otros tomaron aliento, tuvieron
la misma reacción. La habitación cayó en una especia de silencio avergonzado.
—Eishou,
usted comandará el Ejército del Centro, incluyendo la Guardia Provincial de Bun
y perseguirá a los rebeldes. Una victoria militar no es necesaria. Limpie los
palacios provinciales. Después de liberar las sedes provinciales, quédese en la
provincia de Bun por un tiempo. Preste apoyo a la Guardia Provincial y fortalezca
las defensas en la capital. No hay necesidad de tomar medidas irrazonables
persiguiendo a los rebeldes. Más que eso, bajo el encabezamiento de mostrar la
presencia imperial, hará entender a la gente que los rebeldes no son tan
temibles. Calmar la población es la prioridad.
—¡Entendido!
—respondió Eishou, evidentemente impresionado. Y no era el único. Todos los
subordinados de Gyousou tenían la mayor de la fe en sus palabras. No importaba
cuán fieras eran los debates privados del concilio, Risai había llegado a
entender desde que llegó ahí a cuando Gyousou dictó su veredicto una unanimidad
desfilaba rápidamente.
Eishou
movilizó la Armada Central en un corto plazo y salió hacia la provincia de Bun.
Fue un mes antes de la llegada de la palabra que había liberado los palacios
provinciales y para el momento en que se habían pacificado los alrededores. Y
justo como en el plan, llegaron las noticias de que unas insurrecciones se
habían levantado en otra región de la provincia de Bun.
Por lo
menos en tres lugares con un número de pequeñas escaramuzas. En vez de ser
incendiados por casuales chispas del viento, estos repentinos levantamientos
daban la impresión de resistencias organizadas. Dentro de una quincena, la
situación había crecido y se volvió claro que la ocupación inicial de la
provincia estaba relacionada a la rebelión interna de la provincia.
Liderados
por Sougen[5], la Armada Izquierda Provincial de Zui fue enviada a la provincia de
Bun, uniéndose a tres regimientos de la Guardia Derecha del Palacio, comandados
por Gyousou mismo. La esporádica insurrección salía de varios lugares sumando
fuerzas, con los nexos de la actividad rebelde acercándose a los alrededores
del palacio provincial de Tetsui[6].
Tetsui era una ciudad que estaba profundamente conectada a Gyousou.
Tres de las seis divisiones líderes de la Armada Imperial que Gyousou encabezaba podían presumir de ser invencibles en batalla. Eso mismo no podía decirse de la carrera de Gyousou como general.
Él, que fue derrotado por la
profunda lealtad al Rey Kyou, General de la Izquierda estaba en Tetsui. Hacia
el final del reinado del Rey Kyou, Tetsui no podía soportar la explotación del
rey, y había acabado todas las líneas de crédito. Ya no recaudarían el impuesto
imperial. La guardia provincial colaboró en establecer la ley, pero los
ciudadanos de las áreas cercanas acudieron al palacio y continuaron
resistiendo.
Eventualmente,
Gyousou y la Arma Imperial fueron ordenados a enfrentar para calmar la
situación. Cuando llegó a Tetsui, Gyousou rodeó la ciudad con doce mil
quinientos soldados de la armada de derecha y ordenó a toda la Guardia
Provincial en parte trasera.
Los
oficiales que lo acompañaban, comenzando por Ganchou y Eishou, no estaban de
acuerdo con la estrategia. Si dos divisiones de la Guardia Provincial no podían
liberar Tetsui, entonces ¿qué podía una simple división de la Armada Imperial
lograr?
—¡Esto es
inservible! —protestó Ganchou enojado.
Eishou rio
por su nariz.
—¿No eres
tú el humilde? Por supuesto que es inservible. Si no podemos hacerlo con dos
divisiones de la Guardia Provincial, ¿qué se supone que hagamos cuando
enfrentemos el verdadero desafío? En cualquier caso, esto tomará un poco de
tiempo. No espero encontrarme nieve en el regreso.
—De acuerdo
—dijo el ex general de la Guardia de la Derecha de la provincia de Zui, ahora
general Sougen de la Armada Imperial—. Si las montañas a nuestras espaldas
están cerradas por la nieve, ni suministros ni refuerzos atravesarán
satisfactoriamente. No tenemos las provisiones para aguantar hasta la
primavera. Debemos ganar con una victoria decisiva y regresar antes de que
empiece el invierno.
—Podemos
ser suministrados por la provincia de Saku. Envié órdenes a Seirai para que
abran los almacenes y preparen las provisiones que necesitaríamos hasta el fin
del invierno.
—¡Seguramente
bromea! —exclamó Eishou, poniéndose de pie—. No importa cuánto tiempo nos tome,
no será hasta la primavera. El señor Gyousou no pensaría menos de nosotros.
—Nadie
piensa menos de nadie. Pero en el peor caso, les pido que al menos se preparen
para la posibilidad de que estemos hasta el fin del invierno.
—Si crees
que será tan difícil, vuelve a llamar a la Guardia Provincial y trae a esos
idiotas para que se pongan a trabajar. Aunque resultarían tan útiles como un ancla
de un bote en tierra firme.
—No vamos a
pedir asistencia a la Guardia Provincial. La Guardia Provincial tomó refugio en
las aldeas y ciudades cercanas con los habitantes. No importa que tan grandes
sean los almacenes, tampoco pueden alimentar a la población local. No podemos
ser bien vistos comiendo al lado de los ciudadanos. Al mismo tiempo, no podemos
disminuir las raciones para los soldados. Eso sería igualmente malo para su
salud y moral.
—Cual sea,
debemos tomar Tetsui lo más pronto posible. Quemar la tierra en todas las
direcciones y después podríamos terminar el asunto en tres días. Obtener los
servicios de la Guardia Provincial por quince días y la turba rebelde sería al
menos útil como escudos humanos.
—Eishou,
¿qué crees que vinimos a hacer?
—A juzgar a
los rebeldes.
—¿Y por qué
se revelaron en primer lugar?
Eishou era
presionado por una respuesta. Por supuesto, no era un error que eran rebeldes.
Habían definido decretos Imperiales y no eludían la marca de insurrección. Sin
embargo…
—El verano es
frío y la provincia de Bun enfrenta duros inviernos. Las provisiones necesarias
para el invierno son escasas. Si dispersamos los almacenes en nombre del
Decreto Imperial, la gente morirá de hambre. Esa no es una opción sostenible.
¿Qué otras opciones tenemos?
Eishou
levantó su cabeza.
—Su
Majestad nos ordenó reprimir la rebelión. Aquellos a quienes su Majestad llame
rebeldes, son rebeldes. Eso debería ser suficiente para toda la Guardia del
Palacio, ¿no?
Por
supuesto, Gyousou sonrió un poco.
—Entonces,
¿tú eres el perrito faldero del Rey? Pero ¿qué es un rey en primer lugar?
Eishou
sostuvo su lengua.
—Si los
ciudadanos de Tetsui estuvieran infligiendo daño a otras personas de otros
lugares, deberíamos estar listos para borrarlos para asegurar el bien mayor. Si
los ciudadanos de Tetsui rechazan la forzada servidumbre, los problemas pasarán
a otras ciudades. Consecuentemente deberíamos forzar la apertura de las Puertas
de Tetsui y de las bóvedas del tesoro. Pero ¿hay alguna necesidad de excederse
con las medidas?
Un silencio
descendió al campo.
—El
Rescripto Imperial nos ordena que forcemos nuestro camino a Tetsui y abramos el
tesoro. Sin embargo, no dice nada de dañar personas en Tetsui —declaró
Gyousou—. Los soldados no tienen permitido llevar espadas. Escudos podrían
usar, pero no blandir u otra cosa contra los ciudadanos con la intención de
usarlos como armas.
Los escudos
se formaban a partir de madera resistente. Acero de refuerzo se permitió en el
interior de los escudos, pero no en el exterior. Teniendo en cuenta a sus
opositores civiles cuando en el calor de la batalla, la caliente sangre de los
soldados sería la que azotara contra sus escudos, los escudos estaban cubiertos
por espesa lana de cordero blanco.
Si, en
cambio, un escudo era usado como arma y un ciudadano era herido -incluso una
gota de sangre en el cordero- la orden para ese soldado era que se castigara
severamente.
Individuos
capturados fueron amonestados y liberados. Podían volver a Tetsui si lo
deseaban, o a las aldeas y ciudades en cercanía.
—Yo sé cómo
se deben sentir, gimiendo bajo el peso de tantos impuestos. Pero los edictos
reales se dan por sentado, se perdería toda la fuerza que se les otorgó. Si
cansados por el trabajo duro se dedican a sonar sus dedos, ustedes serán los
que más sufran. Si los manifestantes por los impuestos en Tetsui son
eficientes, esa carga simplemente pasará a otros ciudadanos del lugar. Si
pueden entender este principio, entonces, ¿no debería abrirse el tesoro?
Algunos
regresaron a sus ciudades y aldeas. Algunos hablaron de su voluntad de regresar
a Tetsui. Al principio la gente estaba aferrada a las sospechas. Pero una vez
que discernieron la voluntad de los soldados de Gyousou se quedaron en sus
manos, se dio más prioridad a sus intenciones.
El sitio se
prolongó por cuarenta días. La Armada Imperial repetidamente amenazó con forzar
su camino al palacio provincial y retirarse. Sus escudos seguían blancos,
impecables sin una sola gota de sangre. Como la gente de Tetsui probaba los
límites de las tropas imperiales de liberación, se le comunicó a Kouki, y la
voluntad de Rey continúo siendo evaluada.
Un
compromiso mutuo se volvió inevitable. Los soldados de Gyousou no lo
considerarían “victoria”, pero tampoco que la campaña sea llamada fracaso. Por
un lado, los sitiados ciudadanos de Tetsui tenían que enfrentar la
imposibilidad de seguir manteniendo el tesoro cerrado. Por el otro lado, el Rey
tenía que enfrentar la realidad que su propia Guardia del Palacio estaba en un
sorteo imposible.
Finalmente,
en el cuadragésimo día del sitio, las puertas se abrieron. Pero no como el
resultado de la conquista en un campo de batalla.
Gyousou
pasó a través de las montañas como la primera caída de nieve en el invierno.
Regresó a Kouki y dio un informe de su “derrota”. Sus soldados habían recibido
diez mil golpes sin pegar ninguno. Sin embargo, el tesoro había sido liberado
porque la gente había elegido el camino correcto abriéndola por sí mismo. La
gente de Tetsui preservó el Deseo del Cielo.
Como
resultado, los impuestos fueron recolectados y esta “derrota” fue dejada a un
lado, se dice que el fin justifica los medios.
Subsecuentemente,
una expresión de Un Escudo de Tetsui, se expandió por los distritos del
norte de Tai, también conocido como El Escudo de Lana Blanca. Se utilizó
como signo de buena fe, como “Si quieres que te tomemos en serio, muéstranos un
Escudo Tetsui”.
Gyousou y Tetsui estaban ambos
atados por lazos de buena fe. Cuando Tetsui fue tirada hacia el vórtice de la
guerra, Gyousou no podía desviar su mirada. Junto con Sougen y doce mil
soldados bajo sus órdenes salieron de la provincia de Bun.
Risai
envolvió con sus brazos los hombros de Taiki cuando los veían irse.
—El señor
Gyousou volverá sano, ¿verdad? —El joven kirin la miraba con
preocupación.
Risai
asintió con confianza.
—Todo
estará bien, Taiho.
Mis
garantías se han convertido en mentira, lo sabía cuando lo pensó más tarde.
El caos de la primera había sido cuidadosamente planeado para arrastrar a
Tetsui en medio del conflicto. Y eso no podía haber resultado de un violento
montón de meros rebeldes. Los rebeldes se habían estado organizando y dando
direcciones guiadas desde la oscuridad. La persona parada en la oscuridad había
anticipado que Gyousou no podía dejar Tetsui a su suerte.
La segunda
vez, Gyousou no regresó a Kouki.

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