CAPÍTULO
17
Ese mismo día, el doctor le permitió a Risai moverse a habitaciones más
separadas. Ella aún no podía pararse por sí misma y tenía que ser trasportada
en tablas. Con Koshou guiando el camino, tenía que aguantar una habitación que enfrentaba
un jardín en una de las solariegas casas contiguas al Palacio Interior.
Una vez que fue instalada en el otomano, un niño
salió de un dormitorio cercano.
—¡Bienvenida a casa! Hemos enderezado todo para ti.
¡Me aseguré de que todo estuviera hecho yo mismo!
—¿Es así? —rio Koshou, colocando su mano en el
hombro del niño—. Este de aquí es Keikei. Piensa en él como mi hermanito.
Keikei, esta señorita va a vivir con nosotros. Quizá la tenga para que cuide de
ti. Ella es una general de Tai. Su nombre es señorita Risai.
El chico miró a Risai con una gran sonrisa.
—¿Te heriste mucho? ¿Te duele?
—Estoy bien. Debo disculparme por colocar una
molestia para usted, señorito Keikei.
—Oh, no tienes que llamarme así. Puedes tratarme
como tu mayordomo. —El niño miró a Koshou—. Ah —dijo—, algunos del Ministerio
de Verano vinieron y dejaron al kijuu en los establos. ¿Puedo cuidarlo?
—Si Risai dice que sí. Es el kijuu de Risai.
—Vaya —dijo Keikei, apelando a Risai con una mirada
de asombro y esperanza en su rostro.
—¿Kijuu? —preguntó Risai, girando hacia
Koshou—. ¿Eh?
—Sí, tu kijuu está bien. Quería que lo
vieras por ti misma, pero el ministro del Cielo se negó ante mi deseo de
traerlo al palacio.
—Desearía que hubiera alguna forma de
agradecérselo.
—No, no hay nada que agradecer. Pero aparte de eso,
¿crees que está bien que Keikei lo cuide? No ha cuidado jamás a un kijuu.
¡Tendrás que explicarlo en detalles para él!
—Pero por supuesto —dijo Risai, y Keikei reaccionó
con un tranquilo grito de triunfo.
—Mientras tanto, ¿quisiera nuestra invitada una
taza de té? —sugirió Koshou.
Keikei brincó a sus pies.
—Oh, lo olvidé —dijo, su voz resonaba en las
paredes mientras salía corriendo de la habitación.
—No quisiera curiosear —dijo Risai—, pero ¿el niño
es suyo?
—Ah, no. No estamos relacionados en lo más mínimo.
Todos sus parientes fueron asesinados y Youko lo tomó bajo su cuidado.
—Youko… ¿se refiere a la Reina de Kei?
—Sí. Aunque no tiene tiempo para cuidar de él, por
lo que me pidió a mí.
—Entonces, es su casa, supongo.
—Mmm… es difícil decir de quién es.
Risai parpadeó.
—Probablemente sería mejor llamarla la residencia
del Taishi, creo. Tenemos una esquina del fondo de la oficina del Taishi,
vivimos acá gracias a la gentileza de Enho. O quizá debería decir que nos está
dejando ocupar unas pocas de sus habitaciones.
—Entonces, ¿Koshou y el Taishi están relacionados?
—Ah, no, para nada.
—Perdone que siga preguntando, es que yo solo me
preguntaba…
Risai estaba pensando en ello cuando Keikei regresó
a la habitación, llevando un juego de té.
—Hey, Koshou. Youko está viniendo.
—¿Lo está?
—Se. Ella dijo que quería hablar con Risai.
Preguntó si estaba bien entrar.
—Sí, por favor.
Koshou y Keikei asintieron y se retiraron. Después
de que se fueron, cinco personas entraron a la habitación. La Reina de Kei a la
cabeza. Keiki y el Chousai, a quienes ella había conocido el otro día. Y
entonces un hombre que nunca había conocido y un niño rubio.
—Él es el Rey de En y el Taiho de En.
Asustada, Risai miró a ambos lados entre el Rey y
el jefe de sus súbditos.
—Pero ¿por qué sus Majestades…?
—He oído que están relacionados con el Rey de Tai y
el Taiho de Tai. Ahora, Risai, ¿le importaría retomar desde donde lo dejó ayer?
Nos gustaría escuchar su honesta evaluación de la situación actual de Tai.
Risai presionó su mano contra su pecho.
—Tai está en una condición terrible. Lo peor es la
ausencia de su Majestad y el Taiho.
Los verdes ojos de la Emperatriz la miraron con
atención.
—Entre los refugiados de Tai, hay algunos que dicen
que el Rey de Tai y el Taiho fueron asesinados. Y que el asesino fue una
General de la Guardia Provincial de Zui.
Los ojos de Risai se abrieron completamente en
shock.
—¡Eso no es verdad! ¡Se equivocan!
—Necesitamos confirmar la verdad. No te molestes.
Risai intentó levantarse. Youko la sentó.
—No, no es verdad. Sé a qué están apuntando. Fui
etiquetada como traidora y perseguida por mucho tiempo. Pero eso es lo que se
dice.
—Entiendo —Risai la miró y vio un signo de
preocupación en sus ojos. Respiró y suspiró de alivio. Ya sea por el estrés o
el socorro, una fuerte y adormecida sensación de malestar la inundó.
—Innumerables órdenes de captura fueron emitidas
para capturarme en las tierras en las que supuestamente cometí regicidio, o que
alguien detrás de escena me manipuló para hacerlo. Pero todos están
equivocados.
Risai agarró la joya que colgaba contra su pecho
con su mano.
Al mismo tiempo que Gyousou partía a la provincia de Bun, Risai y sus
soldados y el resto de la Armada Imperial restante asumieron sus estaciones en
torno a Kouki. Había innumerables tareas que hacer además de la defensa de la
capital. Tuvieron que hacerse cargo de las obligaciones de la parte de los
soldados que se dirigían a la provincia de Bun también.
En medio de todo, un rumor comenzó a circular
alrededor del Palacio Imperial. Trabajando hasta el agotamiento diario, Risai
fue la última persona en oírlo. Desde temprano en la mañana hasta tarde en la
noche, había atendido los asuntos en Kouki, recogiendo la flojera por los
soldados faltantes.
Regresó exhausta a sus cuarteles en la noche,
encontró a Kaei esperándola con una ansiosa expresión en la cara.
—Espero no haberte hecho esperar mucho —dijo Risai
aprensivamente, entrando en conversación. Un sirviente le dijo que Kaei había
estado esperando su retorno.
La primavera aún estaba cerca y la entrada
principal estaba fría y oscura, por lo que los sirvientes no la habían dejado
allí. Sentada allí completamente sola, Kaei la sorprendió con todos los ánimos
desalentados.
—Deberías haber dejado un mensaje. Lo habría
regresado pronto —dijo Risai.
Kaei comenzó un poco y se rio.
—Oh, no te preocupes. Sé lo ocupada que estás.
Lamento interrumpir.
El ama de llaves aparentemente sintió la necesidad
y buscó algo para comer y tomar, pero no parecía que Kaei lo hubiera tocado. Su
aspecto tenso y la mirada en su rostro cuando sus ojos se cruzaron le dijeron a
Risai que no venía con buenas noticias.
—Risai, ¿has escuchado los extraños rumores que
circulan?
—¿Rumores?
—Sí, no estoy particularmente conectada con los
asuntos militares, así que no estoy muy segura de cómo reaccionar, pero… —Miró
de cerca la cara de Risai—. Hay algunos que dicen que la expedición de su
Majestad a Tetsui en la provincia de Bun es un camino muy largo.
—¿Un camino muy largo?
Kaei asintió, nerviosamente plegando sus manos
juntas.
—Tetsui es una región con la cual su Majestad
comparte una conexión profunda. Resulta difícil de creer que su Majestad iría
él mismo a suprimir una mera rebelión. Él fue ahí expresamente porque es
Tetsui, o es lo que alguna gente dice.
—Supongo que debe ser así. Pero ni Ganchou, Asen,
Eishou o algún otro general expresó insatisfacción sobre la supresión de la
rebelión local. De hecho, su Majestad primero envió a Eishou. La rebelión
creció, y confirmando que las cosas se ponían demasiado complicadas para que
solo él se encargara, él concluyó que los demás debían ser enviados, pero que
no era necesario que él fuera. E incluso fue demasiado lejos al dividir el
ejército de Asen y enviarlos con los hombres bajo su mando. Yo creo que lo hizo
porque el objetivo era Tetsui.
A medida que hablaba, era como que testificara la
explicación ella misma. Risai tuvo la sensación también que podría ser un
camino bastante largo. Porque el objetivo era Tetsui, ella no pudo recordar
ninguna objeción de su líder de tropas al frente. Pero poniéndolo en palabras,
la explicación tenía un olor extraño al respecto.
Kaei asintió como si indicara que había encontrado
una explicación convincente. Su rostro seguía oscuro.
—Anticipamos que las personas tomarían ventaja del
caos a raíz de la cacería de invierno. Los rebeldes en la provincia de Bun eran
los principales entre ellos. No estamos sorprendidos que la agitación ocurriera
primero en la provincia de Bun. Sin embargo, la rebelión debe haber surgido en Tetsui,
de todos los lugares me parece quizá el más evidente.
—Cuando lo pones de esa manera, no parece extraño.
Estaban la provincia de Bun y Tetsui en el medio, por lo que nadie sospechó que
fuera extraño que su Majestad fuera allí. Eso naturalmente hizo de Tetsui el
cebo para atraer a su Majestad.
Alguno o algunos habían intencionalmente sacado a
su Majestad. Risai miraba a la ansiosa Kaei, a quien sus pensamientos ocupaban
la mente.
—He oído hace un tiempo que podría ser un acto de alta
traición contra su Majestad.
—¿Te parece? Pero hay algunos que dijeron todo lo
contrario de lo que parece.
—¿Lo contrario? ¿Qué sería lo contrario?
—No estoy segura de poder explicarlo lo
suficientemente bien… —Kaei cayó en un silencio mientras buscaba las palabras
adecuadas—. Digamos que había gente en contra de su Alteza. Sería difícil
llegar a él mientras estuviera en el Palacio Imperial. Pero si pudiera salir
del Palacio Imperial, a un lugar devastado por la guerra y el caos, ellos
tendrían en sus manos una oportunidad sin precedentes. Por lo tanto, los
traidores han sembrado el caos y atrajeron a su Alteza. Aún si este caos
simplemente surgió de la nada, su Majestad sin lugar a duda estaría
sospechando. El simple hecho de que la violencia estalle en algún lugar no
significa que su Majestad tenga que encargarse personalmente. Por lo que
explotaron los rebeldes en la provincia de Bun. Desorden esparciéndose allí
sería más de lo mismo. Excepto que Tetsui está en Bun. Sabiendo que Tetsui y su
Alteza comparten un fuerte lazo, si algo ocurriera en Tetsui, su Alteza querría
ir a ayudar. Aquellos quienes planeaban un golpe de Estado debieron estar
seguros de tomar ventajas de la provincia de Bun y Tetsui.
—Eso parece muy probable.
—Pero teniendo en cuenta el punto de vista
contrario, siempre fue probable que, si algo sucedía en Tetsui, su Majestad
viajaría allí. En otras palabras, bajo tales circunstancias, habría sido
perfectamente natural para su Majestad dejar el palacio.
—Realmente no… —Realmente no entiendo,
estaba a punto de decir Risai cuando Kaei la interrumpió.
—En resumen, tengo que preguntar si su Alteza tenía
todo esto en mente. Él tenía alguna razón para dejar el Palacio Imperial. Por
lo que me refiero, la Corte Imperial justo habiéndola puesto en orden, no tenía
ninguna buena razón por la cual vaciar los puestos. Entonces él sería el que
estaría usando Tetsui para ganar ventaja.
—Entiendo que debió ser difícil y antinatural
separarse de Tetsui para su Alteza con el gin de contrarrestar peligros allí.
Pero, como has señalado, ¿por qué elegiría este momento? ¿Por qué sería
necesario para él dejar su base completamente vacía?
—Quizá la continuación de la cacería de invierno
—dijo Kaei en voz baja.
—Eso no puede ser —rio Risai—. Esta vez su Majestad
va a poner un fin definitivo a la rebelión. Con el palacio vacío, quienes con
traición en su mente podrían empezar algo. Pero no he oído ningún plan así.
—Concuerdo. Esa es la razón de por qué llegué a la
conclusión de que es una especie de prueba. En el peor de los escenarios, una
forma de probar nuestra valía.
—¡Eso es imposible! —dijo Risai, elevando su voz—.
Ni siquiera puedo imaginar…
Risai no albergaba, ni siquiera una mínima segunda
opinión acerca de Gyousou. Ella no quería ningún comentario suyo que pudiera
albergar dudas. Ella había recorrido un largo camino bajo la tutela personal de
Gyousou, y tenía una fuerte conexión con Taiki.
Kaei se encogió un poco, con cara tensa.
—También quiero creer eso. Pero solo estoy
diciendo, mira a la gente que quedó atrás…
—¿La gente que quedó atrás?
—Los señores Ganchou y Asen de la Guardia Imperial.
Tú y el señor Gashin son de la Guardia Provincial de Zui. De estos, Ganchou y
Gashin sirven bajo las órdenes de su Majestad. Durante el reinado del Rey Kyou,
el señor Asen fue general de la Guardia del Palacio de la Derecha mientras tú
eras una general de la Guardia Provincial de Jou. Dos generales que estaban
bajo su comando y dos que no. Su Majestad dividió la mitad del ejército de Asen
y tomó la mitad con él a la provincia de Bun. En resumen, la fuerza combativa
de Asen ha sido reducida a la mitad.
—Esas son meras suposiciones.
—El Ministerio de Verano está más profundamente
involucrado con la subyugación y el caos que nadie. El Ministerio de Invierno
es responsable de armar a las tropas. El señor Haboku es el Daishiba del
Ministerio de Verano. El señor Rousan[1] es el Daishikuu del Ministerio de
Invierno. Naturalmente, ellos eran sus subordinados cuando él era general. Con
su Majestad fuera de ese lugar, el Taiho se quedó atrás por sí mismo. Pero
cercanos eran el viceministro Seirai del gobierno provincial y el señor Kaihaku[2] del Ministerio del Cielo. Y ellos fueron una vez subordinados de su Majestad.
Los únicos que no fueron fuimos yo, del Ministerio de Otoño, el señor Chou’un,
del Ministerio de Primavera, y el señor Senkaku, del Ministerio de la Tierra.
Cuando se trata de subyugar el caos, hemos sido mayormente dejados fuera del
asunto. No hemos sido informados acerca de los detalles. Aparentemente no
existe razón para que sepamos…
—El Chousai está aquí. No hay forma de que las
tropas puedan ser movilizadas sin la participación del Chousai, y él no fue un
subordinado de Gyousou anteriormente. Era el señor provincial de Sui —Risai
sacudió la cabeza—. Creo que tus suposiciones están sacando lo peor de ti. Su
Majestad era originalmente un general, por lo que los primeros en depositar su
confianza en él pertenecían a su ejército. Eso también significa que aquellos
cercanos a él tienen formación militar. Regresa a los orígenes y todo tendrá
sentido, ¿no crees? La gente encargada de acabar con la rebelión son sus
subordinados. Los que no, son recién llegados. Esto no me parece que sea algún
tipo de estratagema, sino el simple hecho de unir las personas correctas con el
puesto correcto. Creo que es la mejor forma de enfocarse.
—Supongo que sí —Kaei con dificultad tocaba sus
dedos con su frente—. Cuando la gente me habla sobre estos rumores, me hacen
temblar. Para ser honesta, siento que estoy sola con esto.
—Kaei.
—No, no me refiero que simpatice con el diablo. Es
solo que no estoy acostumbrada a la forma de pensar de su Majestad. Que todo
ocurra a la vez me ha dejado atrás. Lo siento como un distanciamiento.
Desamparo y abandono que acabo viniendo acá y llorando sobre tus hombros.
—Ahora me acuerdo. Las cosas han estado sucediendo
a una velocidad acelerada. Pero no más rápido de lo necesario. Mis ansiedades
han disminuido también. Tengo razones suficientes para confiar en las acciones
de su Majestad. Una vez tuve dudas de la mía, lo que pudo haber sido evidente
para otros. Ellos podrían bien haber visto el lado malo, pero yo probablemente
he superado reacciones inevitables. Siendo malinterpretada, así es de
esperarse.
—Sí, pero…
—El señor Chou’un del Ministerio de Primavera es como
la razón. Anteriormente era un crítico vocal de su Majestad, y ahora sé que el
Chousai Eichuu también tiene dudas. Asen y Ganchou, también como tú, han sido
el objeto de varios rumores.
—¿Rumores… sobre mí?
—Sí —dijo Kaei, sus labios temblaban—. Mientras
servían en la Guardia del Palacio durante el reinado del Rey Kyou, el señor
Asen y su Majestad eran conocidos como las dos joyas de la corona. Uno se
convirtió en el Rey y el otro en un subordinado. No debería haber nada
extraordinario en eso, pero…
—No lo creo. Y ¿estoy implicada de forma similar?
—Sí. He encontrado esos rumores los más
desagradables, pero tú y su Majestad fueron al Shouzan juntos. La gente dice
que lo envidias porque fue elegido él en vez de ti. Ganchou era originalmente
uno de los comandantes generales de Gyousou, él ganó su fama en la Guardia del
Palacio. Cuando una posición estuvo disponible en la Guardia del Palacio,
Ganchou supuestamente esperaba que se le fuera asignada. Su Majestad fue
elegido en una muy temprana edad. Ganchou sirvió bajo las órdenes del general
Gyousou por un largo tiempo. Pero se dio vuelta duramente y la gente dice que
en realidad Ganchou está en contra de él.
—¡Esto es una locura! Con esta clase de
desconfianza dando vueltas, nadie en el pasado pudo haber estado en su contra.
—Yo también lo creo. No es nada más que amargura.
—Es más que eso. El Taiho eligió a su Majestad en
frente de mis ojos. Nunca he albergado un momento de pesar. Aquellos que digan
que yo debería estar enojada por eso, deben estarlo ellos mismos furiosos e
imperdonables si su honor fue arrebatado así antes sus ojos, entonces insisten
que yo también debería. Están convencidos que todo el mundo debe ser tan
despreciable como ellos. La gente así…
Risai se interrumpió a sí misma en medio de la oración.
Al fin y al cabo, esto equivale a nada más que juzgar a la gente por sus
propias normas. Un tipo de conmiseración que dice que cualquiera que sea herido
debe herir a todo el resto. Esa gente juzgaba a otros por las mismas normas que
ellos era un hecho irrefutable de naturaleza. Un empujón llevaba a otro, no era
un problema que alguien pudiera arreglar.
—Lo siento. Es solo que no hay nada extraño acerca
de gente como esa. Todos miramos a los otros de la misma manera. Pienso que
Asen o Ganchou estarían de acuerdo. Su Majestad no le ha mostrado a Asen nada
más que respeto, y trata a Ganchou al igual que un familiar. No exactamente
como un hermano mayor, pero si como un viejo amigo en el cual tiene gran fe.
Ganchou, a su vez, parece estar orgulloso de sus logros con su Majestad.
—Sí, realmente.
—No creo que su Majestad haya dejado el palacio en
alguna forma para castigarnos. En primer lugar, dejó al Taiho atrás también. Si
él realmente quisiera continuar la cacería de invierno, no hay manera que
dejase al Taiho a su propia suerte.
—Por supuesto —dijo Kaei con una aliviada sonrisa.
—Salvo que es posible que tenga dudas de alguien
entre nosotros y deseara observar los movimientos que haríamos. Esa es la única
posibilidad que no puede llegar a ninguna conclusión definitiva. Dejando al
Taiho aquí en alguna forma me preocupa. Por supuesto, lo pensó para atraer a
alguien…
—De hecho —dijo Kaei con una firme expresión en el
rostro—. ¿No debería su Majestad estar llegando a la provincia de Bun en este
momento? Solo espero que todo vaya bien después de esto.
Risai asintió.
—Ganchou y los otros dicen lo mismo. Hasta que su
Majestad regrese, debemos estar en nuestro lugares y listos para su regreso.
El día siguiente de oír la historia de Risai, Ganchou rio sinceramente.
—La gente parece estar llenándose de todo tipo de
ideas locas.
—Sí. Aquellos con malas intenciones, y aquellos que
insisten en ver malas intenciones en los otros —Asen agregó con una leve
sonrisa.
Gashin suspiró.
—Entonces, ¿por qué fue mi nombre el único que
quedó fuera? Es decepcionante descubrir que no eres lo suficientemente
considerado y algo de poca monta para calificar como lo suficiente envidioso
del señor Gyousou.
Risai rio. Su charla con Kaei la noche anterior la
había dejado en un incómodo estado de ánimo. Pero viendo su relajada actitud,
llegó a la conclusión que era una ansiedad injustificada.
—Bueno, apenas has participado, supongo que eso no
es de ayuda.
—Entonces, ¿realmente es tan malo? —dijo Gashin con
una risa.
Risai pensó, contaba a Gashin como un ejemplo
táctico. Durante las maniobras con la Armada Imperial, el oponente con el que
se enfrentaba siempre demostraba ser el más débil. Contra Ganchou y Sougen,
movió la guerra completamente en una manera propia, el buque del general de
Gashin era astuto e ingenioso. Sus pasos eran difíciles de leer, y nunca era
atrapado desprevenido.
Eishou era muy parecido, pero las artimañas de
Gashin tenían una extraña franqueza en contraste con los movimientos sombríos
de Eishou.
—Si vas a ser el sospechoso de alguien, pienso que
Eishou sería el mayor candidato. Si alguien va a apuñalar al señor Gyousou por
la espalda, tiene que ser Eishou.
—Sin duda. Además, ¿no crees que Eishou y Seirai
son dos guisantes de una misma vaina?
—Viendo que Seirai no posee ningún punto a su
favor, no hay necesidad de sentirse culpable en patear al hombre cuando ha
caído. Eishou lo dijo él mismo.
Risai sonrió.
—Creo que Seirai dice mucho de lo mismo. Eishou es
negro hasta la médula.
—Pero, por supuesto. Como las razas.
Asen soltó una carcajada de risas.
—Bueno, ahora algo de respeto es necesario.
Esperando otra repetición de un secreto sobre Tetsui en le provincia de Bun
está pidiendo mucho más.
Ganchou dejó de sonreír por primera vez y asintió.
Mientras Asen no era uno de los anteriores subordinados de Gyousou, sus
opiniones eran tratadas con el debido respeto. Risai una vez se había
enfrentado a él en un entrenamiento. Su impresión fue que era un general que
tenía un gran conocimiento táctico. Risai nunca había practicado con Gyousou,
pero según lo que había oído, en el campo de batalla, Asen y Gyousou tenían
mucho en común. Habían llegado a ser conocidos como las dos joyas de la corona.
Ganchou se cruzó de brazos firmemente.
—Pareces estar sugiriendo que sería sabio tener a
alguien quien esté en buenos términos con la provincia de Bun para examinar la
cuestión.
—Y sutilmente informar al señor Gyousou. Debemos
enviar una paloma mensajera.


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