CAPÍTULO
10
—¿Risai?
Una voz, cuestionando, la trajo de vuelta en sí. La
Reina de Kei la estaba mirando con gran preocupación en su cara. ¿Qué debo
decirle? Buscando las palabras, se encontró decentemente con sus profundos
recuerdos.
—¿No te sientes bien? Porque si no…
Risai sacudió su cabeza.
—Le ruego me perdone. Es que tengo muchas cosas en
mi mente.
Entiendo, dijo Youko con un movimiento de
cabeza.
—Nos informaste de lo que ha estado pasando en Tai.
En resumen, hubo un golpe de Estado. Su Alteza fue sacado de la capital a una
rebelión en una de las provincias y desapareció.
En una forma simple y directa, Risai entendió la
naturaleza del conflicto.
—Incluso yo no estoy al tanto de los pequeños
detalles. Posteriormente me enteré de que logró llegar a las afueras de Tetsui
y establecer un campamento allí. Fueron atacados. En el apogeo de la batalla,
desapareció de la vista de todos. Y ni una palabra se ha oído de él desde
entonces.
—¿Nada más? ¿Ni siquiera una simple palabra?
—Hay más posibilidades de saber. No he sido capaz
de reunirme con gente que estuvo en la provincia de Bun al mismo tiempo y que
tengan información más precisa sobre el incidente. No sé si otros han estado
investigando el asunto más de cerca, o si la búsqueda está en marcha. Es
posible que nada se esté haciendo en absoluto. Cuando fui informada de que su
Majestad había desaparecido, la Corte Imperial era un alboroto. Nada podía
organizarse de forma sistemática. Nada podía lograrse.
—¿Por qué?
—Por el shoku.
El shoku ocurrió quince días después de que Gyousou partió a la
provincia de Bun. El día anterior, los dichos es que llegó a la capital de
Sougen, también se dirigía a la provincia de Bun. Gyousou y compañía habían
cruzado las montañas seguros. Si ese era realmente el caso, entonces Tetsui
estaría a varios días. De hecho, varios días después otra paloma mensajera
llegó. Habían llegado al palacio de la prefectura de Rin’un[1] y establecido un
campamento.
—Parece que llegó a salvo —dijo Senkaku[2], el
ministro de la Tierra, con alivio.
Ella habría corrido a él en el Romon[3], el
levantamiento de la puerta al sur de las viviendas imperiales y de la Corte
Imperial. Era un gran edificio con tres torres al menos, diez veces la altura
de una persona normal. En el centro de un pasillo blanco, situado entre la
puerta norte y la puerta del sur, una larga y blanca descendía al Mar de Nubes.
—Le deseo lo mejor a su Majestad —dijo Senkaku—.
Aunque pensé que expresar estas preocupaciones a un hombre que una vez fue un
general puede ser ofensivo.
—Realmente —Risai concordó con una sonrisa y siguió
su relato.
Fue entonces cuando sucedió. Risai se detuvo en sus
pasos, preocupándose de dónde vendría ese ruido. Aparentemente sordo a ello,
Senkaku la miró curiosamente sobre su hombro.
—¿Qué fue ese ruido ahora?
Ella después recordó que en ese momento las
montañas se sacudieron. El sonido surgió de la tierra de sus pies -desde el
fondo de la montaña Ryou’un un agitando el Palacio Imperial- sacudiendo su
cuerpo. O eso le parecía. El mundo vaciló hacia delante y hacia atrás, el
enorme Romon crujía de ida y vuelta como un conjunto de palos.
Una sombra cayó a través de ella asustándola, con
los ojos abiertos. Ella inclinó su cabeza atrás justo para ver el techo
descascarándose del techo del Romon y en cascada como una avalancha.
En ese momento un terremoto realmente sacudió la
montaña. Observando el Palacio Imperial desde el aire, un observador hubiera
visto una isla flotando en el Mar de las Nubes. Y en el centro de la isla,
grandes y redondas olas se elevaban por los acantilados que formaron una bahía
y entonces formando círculos concéntricos.
La superficie del Mar de Sombras se levantaba y
chocaba con un ala del palacio adyacente a los acantilados. Simultáneamente el
edificio se sacudió y derrumbó con un ruido ensordecedor. Como si alguien
tuviera un martillo gigante para una sección del palacio.
El torbellino se levantó de un golpe en un vendaval
saliendo en todas las direcciones. El sol se atenuó, volviéndose en una sombra
cobriza. Un momento después, el tinte del oxidado cielo comenzó en un remolino,
como algunos volcanes venenosos de miasma.
¿Qué es esto?
Risai se sentó impresionada en el lugar en el que
estaba parada. ¿Qué era ese extraño cielo expandiéndose más allá del velo del
polvo? Espasmos repetidos cruzaron la tierra. El movimiento había cesado, pero
si algún ser se estaba revolviendo en las entrañas de la tierra, los terremotos
se dispararon a través de las palmas de sus manos, plantándose en el suelo.
—Un shoku —gritó una voz cercana casi al
borde de la histeria.
Cuando Risai miró sobre su hombro, Senkaku la miró.
Él estaba tumbado sobre los adoquines, cubierto con suciedad.
El pensamiento fue: Este es un shoku.
¿Por qué? Ella nunca había presenciado un shoku antes. Pero también
había escuchado que un shoku nunca ocurre sobre el Mar de Nubes.
Senkaku se levantó. Los fragmentos del tejado
llovían hasta donde él estaba parado. Otros dos o tres pasos y ambos hubieran
sido enterrados bajo ellos.
—Risai, el Taiho…
Oyendo la urgencia de su voz, Risai se levantó en
sus pies. La tierra continuó gimiendo. No un número chico de gente yacía
alrededor de ellos, gimiendo y gritando. Pero ella no tuvo tiempo para ellos.
¿Dónde estaba Taiki? Era muy temprano para
que él sea atendido en las sesiones de la tarde sobre asuntos del gobierno. Él
debería ya haber dejado el Gaiden[4], pero no podía todavía volver a su habitación
en el Seishin. Él debía estar en la Jinjuu Manor.
—Está bien —dijo Risai—. El Daiboku debe estar con
el Taiho…
Senkaku tomó el brazo de Risai. Su cara sucia se
volvió verde.
—Risai, ¿no lo entiendes? Un shoku no ocurre
naturalmente en los cielos. Si un meishoku[5] ha ocurrido, entonces solo
puso haber sido provocado por el Taiho.
El espíritu de Risai se rompió.
—¡Risai!
—¡Senkaku, por favor cuide de los heridos! —ella se
lo dijo sin voltearse. Saltó sobre los escombros y corrió en dirección al
Roshin. Risai no había escuchado de eso antes, que un kirin tan chico
podía causar un shoku llamado meishoku. Pero un kirin
nacido y crecido en Wa no debería de saber cómo hacer un shoku así.
Risai había conocido al Taiho en el Monte Hou.
Honestamente, cuando Gyousou se había instalado en el Shouzan, también ella. El
kirin que conoció no podía transformarse en un unicornio y no tenía shirei.
Un kirin nacido y crecido en Wa no podía realmente entender de qué se
trataba ser un kirin. Esos poderes con los que su instinto despertaron
dentro de él debieron haberlo hecho por necesidad. Si ese era el caso. ¿Qué
pudo haber pasado?
El olor a suciedad y desgarro de madera fresca; la
maduración, un rancio sol; el cielo color óxido; las retorcidas corrientes
rojas en el aire; los continuos y turbulentos ruidos subterráneos. Risai no podía
hacer otra cosa que no fuera dejar ser atrapada por una malvada premonición.
Algo malo había pasado. Algo increíblemente malo.
De hecho, el daño a los edificios creció cuando
ella se acercó al Jinjuu Manor. La puerta frontal de las oficinas provinciales
estaba derriba a un lado. En los lugares en que las paredes se habían caído, y
las lagunas a través de las cuales podía ver que los edificios internos estaban
en mal estado, casi por colapsar. Los adoquines se elevaban como burbujas de
espuma en el agua en todos lados. Las fisuras serpenteaban a través de la
tierra sembrando escombros en todos lados.
La tierra de Jinjuu Manor estuvo a la vista. La
mayoría de los edificios allí se habían reducido a una pila de escombros.
Los ruidos de la tierra misma cesaron. En su lugar,
ella podía oír los gritos y lamentos de la gente. Los tenues rayos del sol
dejaron de brillar. Ella elevó su mirada. Las ominosas bandas rojas en el cielo
estaban desapareciendo.
La gente por fin comenzó a amontonarse. La mayoría
de los soldados se pararon sobre los escombros buscando alguna señal de Taiki.
Pero el pequeño kirin no estaba en algún lugar en el que lo pudiesen
encontrar. En el lado más occidental del Seiden en Jinjuu Manor, no había
rastros de él en el balcón o en los jardines frente al Mar de Nubes.
Los edificios y los árboles habían sido arrancados
desde las raíces. La agitada tierra y fragmentos de azulejos se habían
acumulado en grandes pilas. Entonces las enormes olas golpearon encima de
ellas, barriendo todo el Mar de Nubes, dejando el suelo dañado.
Los buques se pusieron en marcha, dirigiéndose en kijuu,
los jardines excavados, todos buscando señales del pequeño Saiho. Pero desde
ese día su paradero no ha sido descubierto.
Mientras la búsqueda continuaba, un ave mensajera
envió la noticia de la provincia de Bun. Antes de que el ave llegase a la
provincia de Bun informando lo acontecido, un ave de la provincia de Bun llegó
a la capital diciendo que Gyousou había desaparecido repentinamente.
La habitación cayó en un silencio profundo. Risai se aferró a la joya
que colgaba de su cuello como si dependiera su vida.
—No hemos oído nada más de su Alteza. O el Taiho.
—Risai, esto es demasiado duro para ti… —Youko
estaba a punto de terminar la reunión, pero Risai cerró los ojos y movió su
cabeza.
—La Corte Imperial cayó en caos. Nadie era capaz de
organizar un plan para buscar a su Alteza y al Taiho.
Risai se detuvo para respirar. Youko ansiosa tomó
su mano.
—¿Estás bien?
Estoy bien, quiso responder Risai, pero su
voz se perdió en medio de la distancia. Solo el sonido del viento. El sonido
del zumbido en sus orejas. Y en el viento, el sonido de la voz de Kaei.
No.
—Terminaremos por hoy y arrancaremos desde aquí la
próxima. Bueno, entonces…
Risai extendió su brazo en dirección a su voz.
Extendió su brazo y se dio cuenta otra vez que ya no estaba allí. Era demasiado
lo que había perdido. Después de tanto tiempo, la angustia brotó dentro de
ella.
—Por favor, ayúdenos. —Soltando la joya de su mano.
Una cálida mano la tomó—. Le ruego. Salve Tai.
—Entiendo.
Risai oyó al médico en la sala de espera
apresurándose a su lado.
—Suficiente —lo oyó decir, mientras ella se hundía
en la oscuridad y el remordimiento.

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