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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 6

 

CAPÍTULO 6

 

 

 

Sintiéndose ella misma caer en el sueño, Risai centró sus esfuerzos en sus párpados, reunió su energía y abrió los ojos. Se encontró al lado de la cara de un hombre. Él sacó su oreja de cerca de su boca.

—Estabas murmurando algo… —se echó para atrás y sonrió—. Ah, se despertó.

Ella pensó haber reconocido al hombre, pero no podía decir de dónde. Sobre su hombro, una chica se abalanzó y la miró. De nuevo, Risai sentía que la conocía de algún lugar.

¿Qué está haciendo esta gente en el Palacio Hakkei?

Trataba de recordar, pero sus pensamientos solo encontraban vértigo y su cuerpo se quedaba corto en la respiración. Estaba siendo consumida por una fiebre atroz. Le dolía absolutamente todo.

—¿Te encuentras bien? —preguntó la chica con gran preocupación—. ¿Me entiendes?

La realidad de su situación finalmente la golpeó. No se encontraba en Tai. Esto era Kei. Ella se había ido a Kei.

El hombre dijo:

—Soy Koshou, ¿me recuerdas?

Risai asintió. Gradualmente sus ojos se abrieron y todo se volvió claro. Ella estaba en una habitación con un alto y ancho cielo raso. Al lado de la cama había una mesita de luz de laca. El hombre se sentó en el borde de la mesita y examinó su rostro.

—Señor Koshou.

—Se. Soy yo. Eres una luchadora, ¿sabes? —Él le dio un guiño tranquilizador, obviamente encantados por la mejoría de su situación. La chica de pie detrás de Koshou secó sus ojos con su manga.

Risai estaba viva. El hecho la sorprendió a ella también.

Débilmente levantó sus brazos sobre su cabeza. Su brazo izquierdo cumplió y apareció frente a ella. Su brazo derecho no. Su mirada trazó un arco a través de su cuerpo al lugar donde la manga derecha de su camisón yacía vacía en el edredón.

Por alguna razón, una expresión de disculpa ascendió al rostro de Koshou.

—Llegada la hora de la verdad, no pudimos salvar tu brazo derecho. No podría decirte si quedaba algo de vida en él. Sé que es doloroso, pero no desesperes.

Risai asintió. Había perdido su brazo derecho. Sufrió severos ataques de los youma y lo ató con un torniquete para frenar la pérdida de sangre. Se había formado gangrena. Por supuesto no podía esperarse que sobreviviese. Para el momento en el que llegó a Gyouten sentía que se iba a caer. Se preguntaba si saldría solo o tendrían que amputarlo.

Y, sin embargo, ella no se había desmoronado por la pérdida. Perder su mejor brazo era el fin de su carrera como soldado. Pero ¿qué general, incapaz de salvar a su señor, merece ser llamado general? Ella podía vivir sin él.

Koshou tomó la cabeza de Risai en sus manos y la levantó. La muchacha le puso un vaso caliente en la boca. El líquido que goteaba en su boca era dulce y más delicioso que cualquier cosa que hubiera probado antes. Pero entonces como su lengua se acostumbró, se dio cuenta que tan solo era agua.

La chica retiró el vaso. El hombre sonrió.

—Sí, vas a estar bien.

—Yo…

—Ya sé por qué has hecho algo tan loco e imprudente. Dijiste todo lo que debías antes de colapsar. Youko ha venido muchas veces para verte.

—La Reina de Kei…

—Avisaré a los médicos y luego iré a buscarla. —Risai asintió. Liberó su mano y se paró—. Suzu, hazte cargo de ella. Tan pronto como llame a los doctores tendré una charla con Youko.

—Sí. Apresúrate.

Risai siguió a Koshou con la mirada hasta la puerta y luego la enfocó en el techo.

—¿Cuánto tiempo he estado aquí sin hacer nada?

—Oh, por favor. No digas eso. Necesitabas un muy buen descanso. Han sido tres días desde que abriste los ojos. Desde que colapsaste fueron diez días aproximadamente.

—Tanto tiempo…

Ella había tenido la intención de cerrar los ojos por un momento en vez de por días. Todo ese tiempo se había perdido. Los días perdidos presionaban dolorosamente en su pecho. Risai levantó su mano a la garganta. Sintió algo suave y redondo en sus dedos. Lo tomó y enfocó su mirada en él. Una joya redonda atada a su cuello.

—Nadie excepto la reina tiene permiso de usarlo. Pero Youko… —Una sabia sonrisa iluminó su rostro—. Pero la Emperatriz torció algunos brazos al Ministerio de Invierno y los forzó a que hicieran una excepción en tu caso.

—¿Por mí?

—Los ropajes imperiales de Kei, normalmente se almacenan en el depósito imperial. Los dioses realmente te han sonreído. Si te hubieras caído en cualquier otro lugar u otro reino no hubieran sido capaces de salvar tu vida.

—Oh —Risai no sabía si debía alegrarse o no con tales noticias.

Kaei.

Cuando cerraba sus ojos no podía oír otra cosa que no fuera el viento. La gema redonda en sus dedos estaba fría. Un frío que traía a su mente el rostro de su amiga.

Kaei. Lo hice.

El cálido rostro de la funcionaria apenas diez años mayor que ella. Tan amable como su mente estaba entusiasmada, y tan discreto que casi parecía timidez. La última vez que Risai la había visto fue en la provincia de Sui[1], al sur de Tai. Ahí tomarían caminos separados, y Risai había puesto sus ojos en Kei.

“¡Nada de eso, Risai!”. Ella quería gritar, su cuerpo temblaba en el viento. Su voz era suave, pero llena de fortaleza. En su rostro y su tono de voz, los resultados de su rechazo se veían. Risai fue superada por su pena. Al menos quería que Kaei la entendiera.

“¿Cómo pudiste hacer algo tan despreciable?”.

  

 

Risai y Kaei huían de sus perseguidores a una colina en la provincia de Sui. Habían ido allá con la intención de encontrarse al Señor Imperial. La montaña Ryou’un de Shisen[2] sobresalía. Era primavera solo de nombre. El fuerte viento las azotaba.

Mirando atrás por donde venían, podían ver una pequeña aldea al pie de la colina. Los campos que rodeaban la colina parecían barbecho. Varios túmulos funerarios se habían construido allí y abandonados sin más que con una oración para los difuntos.

Kaei y Risai caminaron a través de la aldea antes de escalar la colina. Los originales terratenientes habían abandonado ese lugar mucho tiempo atrás. En cambio, un pequeño número de viajantes estaban en busca de calor y refugio en las destartaladas casas. Ellos habían dejado sus hogares atrás, escapando a algún lugar cercano a otro reino.

Risai y Kaei habían suplicado por unas pocas tazas de papilla y escuchado las historias y rumores que los refugiados tenían para contar. Decían que una taika estaba sentada en el trono de Kei.

—Uno de los hijos de mis parientes estaba en la ciudad portuaria. Se dice en las calles que ella es una emperatriz joven. Quizá, incluso de la misma edad que el Taiho. —La mujer hablaba indiferentemente. Estaba gravemente herida. La provincia de Sui estaba infestada por varios youma.

Se decía que los vientos de opresión y subyugación se ampliaban sobre Tai dejando la provincia de Sui sola. Ellos habían abandonado sus hogares y huyeron juntos allí, pero dos semanas después algunos pocos habían sobrevivido. La mujer sostenía a un niño amortajado en sus brazos. Risai no había visto al niño envuelto ni una vez desde que llegó con Kaei.

—La gente dice que si el Taiho estuviera vivo esa sería la edad que tendría.

Risai expresó su agradecimiento por la papilla y dejó la casucha, un nuevo hilo de esperanza a su alcance. Su montura estaba atada al frente.

—Una reina joven. Una taika… —murmuró tomando las riendas de la montura.

Kaei se giró y la miró confundida.

—¿A qué te refieres?

—¿Qué piensas? ¿Crees que la Reina de Kei siga sintiendo afecto por su tierra natal?

—¿Risai?

—Ella podría extrañar Wa, me refiero. Ella podría por alguna razón tener una conexión de su vida allí. ¿No te parece? —Había una pizca de entusiasmo en su voz.

Por la mirada en la cara de Kaei, claramente no sabía cómo responder.

—El Taiho también es un taika. Ambos son cercanos en edad. Si la Reina de Kei supiera sobre el Taiho, ¿no querría conocerlo y ayudarlo? Sin mencionar que Kei fue apoyado por En.

Kaei la miró boquiabierta.

—¿No pensarás en ir a Kei y rogar por su ayuda?

—¿Por qué no?

—Risai, la reina no puede violar los límites de otro reino. Y hacerlo bajo armas provocaría graves consecuencias inmediatas. El envío de tropas a otro reino es imposible.

—¡Pero lo oíste tú misma! El Rey de En brindó apoyo a Kei. La Reina de Kei fue escoltada a su saqueado reino por las fuerzas de En.

—Esas fueron circunstancias inusuales. La Reina de Kei buscó asilo en En. Estoy muy segura de que no fue el Rey de En quien cruzó la frontera para buscarla. En fin, la Reina de Kei pidió la Armada Imperial de En y la regresaron a su reino. Sin embargo, acá en Tai, su Alteza no está en ningún lugar.

—Pero…

—¿Estás familiarizada con el incidente de Jun Tei en el reino de Sai?

—¿El incidente de Jun Tei?

—Tiempo atrás, Jun Tei, Rey de Sai, apesadumbrado por el caos en el Reino de Han y con el deseo de salvar Han, envió su Ejército Imperial. Como resultado, se encontró con una muerte prematura. Incluso para salvar a la gente de un reino, el Cielo no permitirá a la armada de un reino cruzar la frontera de otro. ¿Piensas que algún monarca quisiera seguir el camino de Jun Tei?

Risai negó con la cabeza. De repente se sobresaltó.

—Eso es. La Reina de Kei es una taika. Quizá no esté familiarizada con el incidente de Jun Tei.

—¡No puedes hablar en serio de algo tan miserable y cobarde! —Kaei estaba pálida, agotada y con la cara retorcida del shock y de repugnancia—. ¿Estás sugiriendo que Kei debería sacrificarse para salvar a Tai? Porque así suena.

—Eso es el…

—No, Risai. ¡Nada de eso!

—Pero ¿qué hay de nuestro reino? —exclamó Risai. Teniendo las riendas en su mano se puso en movimiento—. Mira esta aldea. Viste a las personas que viven aquí. Esto es en lo que Tai se ha convertido. Nadie sabe dónde está su Alteza. Nadie sabe dónde está el Taiho. ¡No queda nadie que pueda salvar nuestro reino!

Ella había buscado. Incluso siendo buscada como traidora lo había estado buscando. Pero no pudo encontrar evidencia de dónde podía estar Taiki o Gyousou. Ninguna pista.

—La primavera se acerca, pero ¿dónde hay un campo en el arado? Si la lluvia no produce una cosecha, la gente seguramente morirá de hambre. Si el grano no es rápidamente almacenado el invierno volverá. Y con cada invierno, tres aldeas más se volverán dos, y dos serán una. Después de que pase este invierno ¿cuántos más de los aldeanos quedarán? ¿Cuántos inviernos más crees que Tai pueda sobrevivir?

—¡Pero el fin no justifica que Kei peque contra el Cielo!

—Alguien tiene que venir a ayudar a Tai.

Kaei apartó sus ojos y movió su cabeza en un no.

—Me voy a Gyouten —dijo Risai.

Kaei se giró a verla, dolor y pena en sus ojos—. Por favor. ¡Nada de eso!

—Huyendo al territorio del señor de la provincia de Sui asegura un poco más nuestra posición. E incluso nuestra propia seguridad es difícil de asegurar. La provincia de Sui probablemente enferme como el resto del reino. Es probable. Entonces todo de lo que seremos capaces será escapar de nuevo.

—Risai.

—No existe otro camino que nos quede.

—Entonces debemos separarnos.

Kaei apretó sus temblorosas manos contra su pecho. Incluso los ojos de su rostro -al borde de las lágrimas- estaban inmóviles. Risai negó.

—Debo hacerlo. No tengo elección.

Risai conoció a Kaei en el Palacio Imperial. Allí forjaron una rápida amistad y juntas fueron echadas de la Capital. Años pasaron. Este invierno, por fin, se habían reunido en Ran, la provincia donde vivía Kaei. Ellas, de alguna forma, habían sobrevivido un invierno antes de que sus perseguidores de nuevo dieran con ellas. Juntas lograron llegar a la colindante provincia meridional de Sui.

Kaei miró por un tiempo severamente a Risai. Luego presionó la manga de su manto a su cara y gimió suavemente.

—La provincia de Sui está infectada con muchos youma. Como te diriges al sur, estos serán más grandes y feroces, en especial cerca de la costa.

—Entiendo.

Kaei cubrió su rostro con sus mangas y bajó la cabeza. Cuando levantó la cabeza, había una expresión decidida en su rostro. Esta era la cara del logro personal de alguien que ha subido desde Ministro en Jefe de la provincia de Ran[3] hasta el tope del Ministerio de Verano en el Rikkan. Se inclinó una vez y le dio la espalda.

Realmente estoy haciendo algo despreciable, pensó Risai.

Todo sería mejor si la Reina de Kei no estuviese familiarizada con el incidente de Jun Tei; y si todavía sentía afecto por su tierra natal; y si pudiera ser incitada por sus emociones para salvar Tai. Si eso ocurre Kei será destruido. Tan pronto como la Armada Imperial cruce la frontea, la Reina de Kei estaría tomando el mismo camino a la destrucción de Jun Tei. Aun así, la Armada Imperial se quedaría. Una sola división bajo su mando es lo que necesita.

Se había decidido a hacer algo terrible.

Como decidida hasta el final, Kaei siguió dándole la espalda mientras descendía de la colina hacia Shinsen. No miró atrás ni disminuyó el paso. Risai la vio irse. Agarró las riendas de su montura, con un duro corazón retiró su mirada de la partida de Kaei y de su pegaso.

—Yo solo he perdido mi mente en la lucha de salvar Tai —dijo acariciando el brillante pelaje en el cuello de la montura—. Te acuerdas de él, ¿no? Presionando su frente contra tu hocico.

Dentro de su cabeza, el alto y alegre sonido de su voz surgió de la oscuridad de sus pensamientos. Risai. Él corriendo hacia ella lo más rápido que podía, como si estuviera a punto de sumergirse precipitadamente en la tierra. No había duda de que él preguntaría si estaba bien acariciar a Hien[4].

—¿Recuerdas esas pequeñas manos? Se que querías al Taiho muchísimo.

Hien arrulló suavemente en respuesta.

—¿Seremos los últimos tontos en dejar Tai juntos, entonces? ¿Deberíamos tomar nuestro camino?

Hien le devolvió la mirada a Risai con esos profundos ojos negros. Sin una palabra se arrodilló y le permitió subir a su espalda. Risai presionó su cara contra su cuello y saltó a la silla. Tomando las riendas dirigió su mirada a Shisen. Ahí una triste y solitaria figura estaba parada, mirándola.

Kaei.

¿Destruirás Kei para salvar Tai?

  

 

Los ojos distraídos permanecieron en el techo de la habitación. Allí, el rostro en los ojos de su mente miraba abajo, nublado con odio y desprecio.

Pero es la razón por la que vine.

Había llegado allí con su vida colgando de un hilo. Había sobrevivido solo porque la Reina de Kei la había salvado.

Risai no podía más que cerrar los ojos. Esto debe ser sin duda lo que estoy destinada a hacer.


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