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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 47

 

CAPÍTULO 47

 

 

 

Varios hombres entraron cargando al dormitorio. Youko frunció el ceño. Guiándolos estaba el Naisai, el viceministro del interior, el oficial en el Ministerio del Cielo específicamente responsable del Palacio Interior. Detrás de él había bastantes guardias que reconoció de la Puerta Prohibida.

—¿Qué sucede? —Apenas tenía que preguntar. Su intención era evidente. Llevaban espadas—. ¿Cuál es el verdadero significado de esto? —dijo, gritando a los intrusos.

Los hombres levantaron sus espadas.

—Usted está trayendo vergüenza a Kei —dijo el Naisai—. Por supuesto, su incompetencia no se iguala con la anterior Emperatriz Yo, pero ha tomado al reino y a los ministros por la ligera. Ha elevado plebeyos de linaje desconocido y sin conexiones, ha pisoteado nuestras costumbres, y desdeñado la dignidad del reino y el honor de los ministros.

—¡Eso es cierto! —gritó uno de los guardias de líneas inferiores, nerviosamente agarrando su espada, agachado en una postura cautelosa—. ¡Tratando a hanjuu como si fuera igual que la gente normal, permitiéndoles la entrada a la corte, incluso haciendo a uno general de la Guardia del Palacio!

Youko sintió un arrebato de ira corriendo por su cabeza.

Hanjuu y los demás, ¿eh? —Su mano llegó a su propia espada, y entonces recordó que no había llevado la Espada del Mono de Agua con ella.

—Arrastrando la reputación de los ministros a través del barro, instalando a hanjuu y rebeldes en el corazón del palacio, contaminando sus raíces sagradas. Haciendo burla a los oficiales de la corte de agosto, elevando a hanjuu y bandoleros por encima de ellos, haciendo que les sirvan. Al fin y al cabo, usted no puede ponerse de pie en su presencia y debe arrastrar a todos con usted. Con hanjuu y los bandidos como sus compañeros, podría desviar su atención de su propia debilidad e insuficiencias. Juntando a reyes y Taiho de otros reinos y quedando atrapada en su compañía, y supongo que ha fantaseado en ser uno de ellos. Su propio respeto debería ser algo. Al menos el Cielo no tolerará su comportamiento por siempre.

Youko se quedó sin palabras. Simplemente lo miró.

El Naisai habló en su lugar.

—Es suficiente —dirigiéndose a Youko, dijo—: Me disculpo por su incivilidad. Pero entienda que no es el único que sostiene esas opiniones. Aunque yo no iría tan lejos como él, ciertamente no puedo tolerar que se traigan reyes y Saiho al Palacio Imperial estando en tan malas bases. Dando asilo a una general de Tai y asistiendo al Saiho de Tai… usted parece haber olvidado que es la Emperatriz de Kei. ¿Qué propósito podría tener para entretener a tantos dignatarios extranjeros? ¿Tiene la intención de dejar a Kei en manos extranjeras?

—Usted está muy equivocado.

—Entonces, ¿por qué se pavonean en el Palacio Interior como si fuera su propio palacio? ¿Por quiénes toma a los súbditos de Kei?

—Tan solo otra emperatriz mujer, después de todo —escupió el guardia de líneas inferiores—. Aparte de destruir al reino por un despecho personal. Si las cosas no regresan pronto a como deberían, tendremos a otra Emperatriz Yo en nuestras manos.

Para ese momento, Youko estaba temblando de ira, sintiendo esa amenaza desbordar de ella. Una profunda sensación de abatimiento manando dentro de ella. Su intención no era dejar al pueblo o al reino por sentado. Pero argumentando que ella solo tenía las mejores intenciones en mente probablemente ni tendría ningún efecto ahí. Ella podría fácilmente echar humo en sus caras de ignorancia. El problema era que, mirando desde el exterior, los hechos habrían sido difíciles de discernir. Incluso Youko no podría haber anticipado que alguno de sus ministros habría estado cargando ese grado de resentimiento.

¿Así que esto es a lo que llegó? Fue todo lo que sintió.

Todo lo que alguien podría haber hecho a base de sus palabras y hazañas era adivinar lo que estaba pasando. Y llegando a cierta apreciación de los hechos, y actuar en consecuencia. Ella no podía ver cómo podía disuadir a alguien que había llegado a esa conclusión con tal certeza.

—Así que, en resume, ¿vinieron a asesinarme? —Cuando Youko hizo esa pregunta, el Naisai vaciló un poco—. Si es esto de lo que se trata, entonces, pónganle fin, supongo. Yo me resistiría si tuviera medios para hacerlo, pero viendo que dejé mi espada en las habitaciones. Creo que eso me deja a su merced.

—¡Deje de actuar como un inteligente burro!

Youko no podía dejar de mantener una rara sonrisa en los labios.

—No me importa mucho cómo acaben las cosas, pero me gustaría evitar cualquier daño adicional a los precedentes Tai Taiho y a la general Ryuu. Si encuentra su presencia como una ofensa para Kei, entonces repatriándolos sería suficiente. Tai necesita a su pueblo tanto como Kei. Usted puede atreverse a disminuir el sufrimiento en nuestro propio reino, pero no tiene derecho de imponer su voluntad en los subordinados de otros reinos. Así que le pediré que no agregue más sufrimiento al pueblo de Tai.

El Naisai miró fríamente a Youko y a Taiki.

—En medio del caos en Tai, abandonaron su reino y buscaron refugio en Kei. No puedo ver como una gran pérdida perder a un Taiho y un general así.

—¿No es esa la sentencia que decide solo el pueblo de Tai? Si se sienten como usted, entonces estoy segura de que emitirán esa sentencia con sus propias manos. Entonces, ¿tengo su palabra de que no pondrán una mano sobre ellos de ese modo?

—No puedo hacer ese tipo de promesas, pero haré el esfuerzo.

—Por lo menos salgamos de aquí. No derramemos ni una gota de sangre en presencia del kirin.

—Espera… —dijo la voz detrás de ella.

Youko sacudió y se liberó de la mano que agarraba su brazo.

—Si no son parte de tus planes, entonces podemos continuar en donde lo dejamos.

Uno de los guardias de líneas inferiores bateó la mano para alcanzarla. Youko fue escoltada en compañía del Naisai. Puesta contra la pared por media docena de otros hombres, Risai dirigió su pálida cara hacia ella mientras salía de la habitación.

Si ella pudiera, Youko deseaba profundamente que Taiki y Risai entendieran que nada de eso era su culpa, que nada de eso debería pesar en sus mentes.

Ese pensamiento apenas había cruzado por su mente cuando fue tirada a un lado. Su mente no había reaccionado ante la sorpresa cuando un grito estalló detrás de ella. Se levantó del suelo y giró haciendo un trompo. Con un ruido sordo de plomo, un brazo sosteniendo una espada cayó a sus pies.

Alguien gritó. Un hombre avanzaba hacia Risai, giró y apuntó su espada a Youko. Antes de que la punta hiciera contacto, una pata de bestia rasgó el pecho del hombre. Las filosas y sangrientas garras se retiraron y el hombre cayó.

No había nadie detrás del hombre excepto Taiki, parado, congelado en el lugar aparentemente bastante lejos.

—¡Por lo menos da batalla!

Youko miró sobre su hombro para ver a Keiki con la cara blanca corriendo hacia ella. Un número de cuerpos yacía en el suelo de la habitación. Otros estaban corriendo y gritando a pesar de la sangre, tratando de escapar.

—Verdaderamente, apareciste en el momento adecuado —dijo Youko, con una sonrisa sombría.

—En Taiho dejó a algunos de sus shirei. ¿Por qué no hizo más para resistir?

—Hey, no estaba armada.

—¡Incluso sin una espada pudo haber hecho algo! Por favor, deje de decir que puede hacerlo sin Jouyuu.

—De acuerdo. De cualquier forma, gracias por venir a rescatarme.

Keiki le dirigió una mirada como la que un padre le da a un niño rebelde.

—Siempre que un shirei la acompañe el tiempo suficiente, terminarán inevitablemente cubiertos de sangre.

Youko sonrió.

—Lo siento. —Se dirigió a Risai y Taiki—. Mis disculpas. Les he causado una gran cantidad de molestias.

—No, nada de eso. ¿Se encuentra bien? —Risai se apresuró a su lado.

—Parece que he resultado ilesa. Más importante, tenemos que llevar a Risai y a Taiki a otras habitaciones. Keiki, tú también deberías salir. No es bueno para tu salud.

Youko se puso de pie. Miró hacia abajo a uno de los hombres tirados en el suelo. El Naisai fue uno de los primeros en irse. Sus dos secuaces tampoco respiraban. Otros tres habían sufrido profundas heridas, pero seguían vivos.

No estaba tan despreocupada por ir por su muerte. Pero seguramente era cierto que estaba cansada para preocuparse en ese momento. No podía molestarse en defenderse o mantenerse de pie. Sí, ella debió haberlos confrontado, a esos intrusos y defender su reputación. Pero no tenía la confianza o la presunción como para contradecirlos.

Una vez creyó haber estado destinada a ser emperatriz. Últimamente, sin embargo, tenía dificultades para ver el funcionamiento de la Divina Providencia en términos milagrosos. No que ella objetara a alguien que percibiera las cosas de esa manera. Si la carga se había hecho más ligera, entonces ¿por qué no? Esa era su sensación ahora.

—Están rodeando al resto de ellos —Rokuta los vendaba mientras salían del edificio.

Detrás de ellos, más soldados llegaron corriendo, estallando una gran conmoción. Ella podía oír las demás maldiciones de los soldados restantes siendo arrastrados.


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