Risai dejó de hablar. Las cinco
personas en la habitación dejaron salir una colectiva exclamación de sorpresa.
—Eso
significa... —dijo Youko, y Risai asintió.
—La caída
del Hakuchi de su percha significa que el rey está muerto. Todos perdimos las
esperanzas. Ninguno tenía razones para sospechar de la palabra de Asen.
Él una vez
había sido el hermano de armas de Gyousou. Una vez fueron conocidos como las
dos joyas de la corona. Se decía que su amistad abarcaba sus vidas
profesionales y personales. Tras el fallecimiento del Rey Kyou, Gyousou trató a
Asen como un hermano, y los subordinados de Gyousou le tenían todo el respeto.
Asen también parecía tener su confianza y buena disposición en Taiki.
Desde
debajo de la superficie de aguas inalteradas, todavía Asen hizo su aparición de
repente.
La asamblea cayó en silencio.
El shock dejó a todos mudos. Así que le quedó a Asen romper ese duro silencio.
—En
cualquier caso, las víctimas del desastre deben ser atendidas también. Un área
debe reservarse para tratar a los oficiales y sirvientes heridos. Creo que los
servicios médicos deben ser convocados a la Corte Exterior lo más rápido
posible.
Senkaku
asintió, y rápidamente levantó la cabeza.
—Ahora que
lo mencionas, ¿qué hay de Kouki?
—La ciudad
parece ilesa —respondió Asen.
Él había
despachado sus tropas a la ciudad para ayudar a los residentes y confirmaron
que no había sido dañada. El shoku había ocurrido sobre el Mar de Nubes,
lo que había protegido al mundo de sus efectos. En cualquier caso, se preparó
un rescripto dando órdenes de que se creara una enfermería y tratar a los
ministros y sirvientes heridos, a los cuales se les aplicó el pie del Hakuchi.
En ese
momento, se le ocurrió a alguien que el Sello Imperial -del cual la impresión
había desaparecido- debió haber sido tomado en custodia. Asen ya había mandado
a uno de sus subordinados a hacerlo. Pero el Seishin no había escapado al daño
y el Sello Imperial parecía perdido entre los escombros. Se decía que una
búsqueda desenfrenada comenzaría.
Mientras
los ministros corrían de aquí para allá, Asen solo aprovechaba el día y hacía
lo que debía hacerse.
Esa fue la
parte de la historia que fue contada.
Después de
la muerte del Rey, la pata del Hakuchi se convirtió en el Sello Imperial. Alguien
tenía que hacerse cargo de ella. De hecho, ese debería ser el Saiho, pero
todavía seguía perdido. El Sankou llevaba la carga de la ausencia del Taiho,
pero habían perecido, junto con sus súbditos. El Chousai dormía gravemente
herido.
Sin
necesidad de decirlo, el Palacio Imperial estaba en absoluto caos, y trataba
con el caos que requería innumerables órdenes y rescriptos. La pata del Hakuchi
era necesaria para todas. Alguien debía tener la custodia del Sello y hacer
nota de los documentos.
Solo parece
natural entregar esa responsabilidad al hombre que cuidaba la pata del Hakuchi.
Asen. Nadie planteó objeción alguna. Teniendo en cuenta sus estados de ánimo,
un general que hacía lo que debía hacerse. En ese momento de crisis, era mejor
contar con un militar de mando comandante que un burócrata político. Esta Corte
Imperial había evolucionado a un tribunal marcial, en primer lugar, y estaba
dispuesto a adoptar las directivas de los oficiales militares.
Por otra
parte, Asen una vez había sido calificado junto a Gyousou en términos de
talento y muchos esperaban que él fuera el siguiente rey. Después de haber
ascendido al trono, Gyousou le había dado todo el respeto y lo trató
amigablemente. Este tipo de cosas estaban en las cabezas de los otros.
Gyousou había
forjado su destino con la espada, y ninguno de los funcionarios ordinarios
estaba allí para él. El personal militar que permanecía en la capital consistía
en Ganchou, Ganshin y Risai. Ganchou y Ganshin habían trabajado desde sus
rangos, y eran mal vistos para encargarse de las complejidades de la
administración pública. Y Risai era una mera soldado provincial.
Asen
conocía los detalles de la política, habiendo servido bajo Gyousou como un
general de la Guardia del Palacio. Pensando un poco, parecía correcto que
siguiera los pasos de Gyousou. Por lo que, por el momento, las cosas se le
confiaban a Asen.
En consenso
general era que la Corte Imperial había organizado una corte provisional
inaugurada una vez que las cosas se habían calmado.
Sin nadie
que lo dijera de forma explícita, la pata del Hakuchi fue dada a Asen para su
custodia. Las montañas de papeleo que tenían que ser tratadas fueron entregadas
a Asen, quien en su momento se instaló en el Palacio Interior con el objetivo
de resolver todo. Nadie intuyó que podría haber algo, al menos pequeño, de malo
en esto.
Gashin fue
enviado a continuar la búsqueda y traer orden en la provincia de Bun. A su vez,
perdió su comando temporario de oficial, las tropas de Asen fueron llamadas a
la capital. Y quizá, sintiendo que algo iba mal en el Palacio Imperial, el caos
estalló en la provincia de Jou, hogar de Risai, forzándola a viajar allí con
una debida prisa.
Kaei fue a visitarla tarde una
noche, dos días antes de las que planeaba su salida.
—Entonces,
¿has sido movilizada?
—Soy la
mejor persona para atender las cosas en la provincia de Jou, estando
familiarizada con el territorio y todo.
—Sí
—concordó Kaei, aunque miraba preocupadamente como ella solía. Parecía más
triste de lo normal. Ella miraba fuertemente la cara de Risai, como si fuera
una despedida definitiva.
—No te
preocupes. Conozco la provincia de Jou como la palma de mi mano. Tengo muchos
amigos y asociados en el Ejército Provincial de Jou. La revuelta ahí no es nada
comparada a la de la provincia de Bun. No debería tomar mucho tiempo tapar los
parches. ¡Volveré en poco tiempo!
—Ciertamente
así espero. Te esperaré a que regreses a casa, cuanto antes mejor —Kaei sonrió
levemente. Estaba al borde de las lágrimas—. Uh, Risai, vamos a salir de esto,
¿de acuerdo?
—¿Qué es
eso?
—Su
Majestad y el Taiho no están más con nosotros. Y todavía el reino sigue
corriendo en una nueva era. Estoy asustada.
—¿Otra vez?
—bromeó Risai.
Kaei
respondió con una tensa sonrisa.
—Supongo
que siempre estoy asustada por algo.
Risai rio.
—Eso es
seguro.
—Pero,
Risai, no estoy más asustada de lo que estaba antes. Su Majestad era como un
caballo desbocado. Y siendo el jinete encarnado en la parte posterior de ese
caballo era verdaderamente inquietante. Incluso ahora el reino está defraudándome.
¿Cuáles son aquellos de nosotros que se están ensillando?
—¿Eh? —dijo
Risai, levantando la voz a la cara agitada de Kaei.
—No importa
que tan impaciente o sobre confiadas fueran sus acciones, su Majestad era el
verdadero e innegable Rey de Tai. Fue elegido por el Taiho, recibió la Misión
del Cielo, y ascendió al trono. Podría ser un indisciplinado semental, pero es
definitivamente el semental de Cielo. Pero ¿y ahora?
Por varios
minutos Risai solo la miró. Kaei evitaba su mirada.
—Nos hemos
acostumbrado a una corte provisional. Una corte provisional que fue establecida
desde la muerte del Rey Kyou hasta la coronación de su Majestad. Por lo que no
lo encuentro en sí mismo incómodo. Pero me estoy asustando cada vez más día a
día. Pero ¿qué está tramando? Instalándose en el Palacio Interior, ¿usando la
pata del Hakuchi como sello imperial?
—¿Te
refieres a Asen?
—Este no es
verdaderamente el Decreto del Cielo. El bienestar del Taiho no ha sido
comprobado. Si el Taiho estuviera aquí, o si incluso estuviera muerto, el
estado actual de las cosas no sería tan inusual. Sin embargo, ¿está el Taiho
realmente muerto?
—Pero,
Kaei…
—El meishoku
se llevó al Taiho al otro mundo. Si simplemente se hubiera ido, podría volver.
Eso probablemente significa que no puede regresar incluso si lo quisiera. Sin
embargo, mientras el Taiho esté vivo en algún lugar, no puede haber cortes
provisionales —Kaei frunció el ceño—. Si Asen es un impostor, entonces esta es
una corte impostora.
—¡Kaei!
—Los ojos de Risai dieron vueltas por la habitación. Pero estas eran las
habitaciones de Risai, nadie más estaba allí.
—Risai,
¿recuerdas los rumores que circulaban después de que su Majestad salió a la
provincia de Bun?
—¿Qué la
esperanza de otro Tetsui en la provincia de Bun era algo lejano?
—Sí, pero
ese no era el único. En ese momento, había otro rumor que atrajo mi atención
—¿Otro
rumor?
—Al mismo
tiempo que el rumor sobre el complot contra su Majestad, había otro rumor de
que su Majestad lo había planeado desde hace tiempo, ¿verdad? Se fue a la
provincia de Bun con el objetivo de poner a prueba la fortaleza de aquellos a
los que había dejado atrás en la capital. Los restantes generales eran Ganchou,
Ganshin y tú. Y Asen. Tal vez, yendo tan lejos como para dividir las fuerzas de
Asen era la forma de su Majestad de entorpecer su poder de batalla.
—Eso es una
locura.
—A este
punto, no puedo hacer otra cosa que no sea pensar que puede ser verdad. La
partida de su Majestad hacia la provincia de Bun puede que sea algo de lo que
no tenía opción, más allá de la situación en la que estaba Tetsui. En cualquier
caso, él incluso se atrevió a dividir el ejército de Asen, ¿verdad? Quizá su
Majestad estaba perdiendo un tiro del arco de Asen.
—Pero
cuando el señor Gyousou previamente envió al Taiho a Ren, envió a Asen con él
como protector. Si él tenía alguna duda sobre él, ¿habría hecho algo como eso?
—Pero
Sougen estaba con él también. Sougen, Seirai y el Daiboku del Taiho, Tansui,
estaban acompañándolo. Contando con sus subordinados, el Taiho tenía ocho
súbditos con él. Incluso si su Majestad sospechaba que Asen no era bueno, no
había mucho que pudiese hacer. Y porque Asen fue con él, él no participó de la
cacería de invierno. En resumen, nunca fue informado de los detalles del plan.
Es posible que su Majestad lo asignara a una misión para mantenerlo en la
sombra.
Risai no
respondió. No aceptaba todo lo que Kaei le estaba diciendo. No creía, pero
había elementos que encontró convincentes. Una insurrección había estallado en
la provincia de Bun. Tetsui había quedado atrapada en el caos. La manera en la
que el Gyousou fue inducido a ir allí, y la manera en la que Taiki fue enviado
a Ren para mantener los detalles de la purga lejos de él -y que Asen lo
acompañó como protector- los dos incidentes tenían un aroma familiar.
Ella casi
no podía decir que había algo diferente en la forma en la que ambos se habían
desarrollado naturalmente. Todo era “normal” dentro del ojo del huracán. Todo
se veía como se suponía que debía. Pero, a su vez, ella podía ver al lobo
vestido de oveja. O al menos eso es lo que pensó que debía ver.
Era como si
la ligera sensación de incomodidad podía jugar con su imaginación, pero de
alguna manera no podía evitar ignorar. Y había algo que una vez escuchó: como,
en tácticas, Gyousou y Asen se parecían tanto el uno al otro.
Quizá…
Risai inconscientemente tomó un respiro. No lo había visto tampoco. Nadie había
notado que debajo de la superficie, dos fuerzas unidas habían estado probando
los puntos débiles del otro, atrapados en una feroz competencia. Pero ¿no
habían visto las olas yendo de aquí para allá jugando sobre la superficie?
La mayoría
de las personas lo habían pasado por alto, pero otros lo habían notado. En ese
momento Kaei había sentido ese sentimiento de anomia, y al mismo tiempo, Risai
sentía algo en el viento. Acá y allá un gran número de gente agarró un ligero
olorcito de algo extraño, solo exagerado por los enredantes rumores no mostraba
ninguna señal de apaciguamiento.
Risai
tembló ligeramente. Dos días, en adelante, a la primera hora del día estaría
dejando Kouki para ir a la provincia de Jou. Una revuelta había estallado en la
provincia de Jou. Cuando consideró a los generales que quedarían atrás, sintió
que ir a la provincia de Jou era lo que había que hacer. Pero todavía…
—Risai, si
todo esto prueba que son temores infundados, está bien conmigo. No, es solo mi
cobarde naturaleza dando lugar a estas injustas sospechas —Kaei agarró su mano
y dijo—. Vuelve sana y salva. Y ríete de mí por ser una chica tan tonta.
Risai
asintió.
El día
después del siguiente, Risai dejó Kouki a la primera hora de la mañana, su
corazón se aferró en la oscuridad.
Esa fue la
última vez que vio Kouki.

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