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jueves, 23 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Interludio Capítulo 23

 

INTERLUDIO

CAPÍTULO 23

 

 

 

Las impurezas se acumulaban. El muchacho no era consciente en lo más mínimo. Para estar seguro, solo la bestia que presionaba dentro estaba lastimada, y no dentro del escudo “humano”. Y, por supuesto, nadie más tenía la menor idea que esto estaba pasando. Sus atenciones estaban puestas en la cantidad de extraños accidentes que parecían ocurrir a donde fuera que él fuera.

—Esta es la segunda vez que mi hijo se lastima jugando con él —la mujer cacheteó a su madre—. Ahora tiene una fractura en la cabeza. ¡Mantenlo lejos de mi hijo!

Su madre la miró irse y largó un suspiro.

—Se cayó por sí mismo —gritó su hermano—. Él nos estaba persiguiendo, agitando un palo, tropezó con sus propios pies y cayó en la zanja.

—¿Con que así es? —dijo su madre mayormente para sí.

—Él está siempre jugando con cosas como esas. Ocultando nuestras cosas, empujándonos, esperándonos en el camino a casa y tirándonos cosas. Se merece lo que le pasó.

—Oh, no digas cosas así.

—¿Por qué? Él es el matón. Se lo merece, ¿verdad?

—Dije, no más —afirmó rotundamente su madre.

El objeto de su regaño apuntaba a su hermano y su madre.

—Es su culpa. Algo le pasó cuando se fue. Es diferente ahora. Todos hablan de cómo los ahuyenta. Y yo soy el único que paga por eso.

El muchacho agarraba su cabeza porque era cierto.

Al comienzo, la gente a su alrededor había sido alegre y simpática, celebrando su regreso con grandes muestras de afecto. Cuando eso acabó, solo extrañas miradas quedaron. A lo largo, creció acostumbrándose a eso, entumecido. Luego vino un cortés aislamiento. Su hermano también quedó atrapado en ello.

—No tiene nada que ver conmigo, pero también me abuchean, me empujan y me lanzan cosas.

El hermano menor parecía estar al borde de las lágrimas. Levantó un juguete y se lo lanzó.

—¡Detente en este mismo instante!

—¿Por qué siempre estás de su lado? —gritó, mientras continuaba lanzando lo que pudiera agarrar con su mano. Agotadas sus municiones, agarró a su hermano mayor.

O más bien, trató de agarrarlo. Antes de que pudiera hacerlo, un tablón de madera se cayó sobre su cabeza. Un trozo de la estantería inferior al dintel de la sala abruptamente se cayó sobre él. La tabla no era muy pesada, y él logró evitar un golpe directo. Su hermano menor se distanció, y entonces, se dio cuenta de la calamidad que casi lo golpea, interrumpido por fuertes gemidos. Su madre gritó también, corrió y lo abrazó contra su pecho. Llegando a la conclusión que no había sufrido ninguna herida grave, miró al mayor de sus hijos, sus ojos estaban llenos de confusión entre miedo y preocupación.

  

 

Sanshi rio maliciosamente.

—Sanshi —regañó la voz de Gouran. Sanshi pretendía indiferencia.

—Ese es un pequeño niño malo. No podemos permitir que le haga más daño a Taiki.

Sanshi solo velaba por él. No tenía opción sino de tolerar que lo alimentaran con alimentos impuros. No entendía ese mundo muy bien. Pero había entendido en su confusión, en el estado semiconsciente en el que estaba Taiki necesitaba alguien que cuidara su espalda mientras estaba en detención. Sus carceleros eran pocos, y le proveían la mínima seguridad y lo básico para vivir. Además, por lo que Sanshi podía ver, sus carceleros no estaban al tanto que lo estaban envenenando.

—Los agentes del enemigo podrían estar en cualquier lado.

Sus carceleros estaban siendo astutamente manipulados. Pero ¿quiénes eran ellos? No detectaba el deseo en ellos de dañar a Taiki. Ni parecían odiarlo o comportarse con hostilidad hacia él. Deteniendo a Taiki así, y conspirando para cometer regicidio, probablemente surgió de la animosidad hacia Gyousou.

Estrictamente hablando, Taiki no era el enemigo. En ese caso, las persecuciones y los irrazonables carceleros podían ser pasados por alto. Sin embargo, cuando se trataba de otros…

—Solo una advertencia. A pesar de tenerlo cautivo, Taiki todavía es un kirin.

Ella solo había alargado la mano oculta. Algo más podría minar la energía psíquica de Taiki. Por lo tanto, una advertencia debía ser suficiente.

—Me estoy comprometiendo lo más posible.

Lo que Sanshi realmente quería hacer era tomar a Taiki y volar. Aparte del Rey, no había nadie más en la tierra tan importante como el Taiho. Nada bueno podía venir de dejar que esos campesinos se aprovecharan de él, forzándolo a vivir en esos humildes alrededores, abusando por el curso del lenguaje, sin mencionar los intentos de golpearlo.

La tensión en su cuerpo y mente hacía difícil soportar tanta humillación en el comportamiento de Taiki al cual se ve sometido. Si sus carceleros fueran quienes le levantaran la mano, se suponía que ella pretendería no hacer nada. Sin importar cuán irrespetuoso, cuán abusivo fuera su comportamiento, ella tenía que apretar los dientes y dejarlo pasar. Lo mismo con la comida contaminada con la que lo alimentaban.

—No puedo soportarlo… Entonces, ¿por qué Taiki tiene que soportarlo también? ¿Por qué el Rey de Tai no viene a rescatarlo? —murmuró Sanshi para sí.

Desde las doradas sombras de la oscuridad, escuchó a Gouran responder en un tono similar.

—Si él vive…

—Tonterías.

—Pero él fue llevado a la provincia de Bun.

Sanshi presionó sus manos contra su pecho. O así sería en el mundo real. Si eso era cierto… si por casualidad los rebeldes habían tomado a Gyousou… si él ya estaba muerto…

¿Entonces quién vendría a salvar a Taiki? ¿Qué harían ellos si ese estado de cosas simplemente continuaba así? Mientras esas cosas se le ocurrían, Sanshi sintió verdadero temor por primera vez.

Aunque en pequeñas cantidades, los venenos se acumulaban. Oscureciendo el dorado brillo que lo probaba. Si esto se prolongaba por muchos años, ¿qué sería de Taiki?


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