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El Niño Demoníaco

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domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 39

 

CAPÍTULO 39

 

 

 

El resplandor fugaz llenó el Kokinsai y parpadeó. Rokuta emergió primero, guiando el camino. Miró detenidamente los rostros del grupo de personas reunidas que los esperaban y se inclinó.

—Es Taiki. Estamos seguros. Pero está enfermo y su condición es seria.

—¿Qué tan enfermo? —preguntó Risai, su voz era rasposa ya que forzó la pregunta desde su garganta.

—No sabemos realmente. Probablemente las impurezas estén en su ambiente. Su cuerpo está siendo comprometido por la composición de su sangre. La situación en este sentido es muy grave. Esa es probablemente la razón de que el aura de Taiki esté tan débil.

—¿Eso significa que aún no perdió su naturaleza de kirin?

—No —dijo Rokuta, evitando su mirada—. Taiki ya no puede llamarse un kirin. La mejor forma de verlo es que ha perdido la mayor parte de sus poderes. Y el veneno le está ganando. Los shirei están comportándose salvajemente. Ni siquiera puede controlarlos.

—¿Es tan malo? Pero Taiki…

—Su aura fue interrumpida. No pudimos seguirlo. Pero debería estar ahí. Lo encontraremos lo más rápido posible y lo traeremos a casa.

Risai miró a Renrin y a Keiki mientras salían de la luz fantasmal. Sus rostros estaban llenos de angustia. Sus rostros estaban claramente diciéndole que, a menos de que Taiki fuera encontrado y regresado rápidamente, las cosas se pondrían muy tristes en realidad.

—¿No hay… no hay algo que podamos hacer? —gritó.

Renrin la abrazó, disculpándose.

—Como están las cosas ahora, estamos cortos de manos. —Ella levantó la cabeza—. Además, cuando lo encontremos, ¿cómo deberíamos traerlo?

—¿Cómo?

Renrin asintió y miró al resto en busca de ayuda.

—Si Taiki perdió su naturaleza de kirin, ¿no significaría eso que se convirtió en un mero humano, un japonés? ¿Hay alguna forma de traer a una persona aquí?

Escuchándola desde la esquina de la sala, Youko comenzó. Definitivamente había oído decir que ningún humano podía venir a este mundo a propósito.

—Si se convirtió en un humano normal, entonces no podrá cruzar el Gogoukanda. E incluso si pudiera, están esos dos gigantes shirei con los que tendremos que lidiar. Un shoku podría ser activado, forzándonos a pasarlo, pero…

Rokuta giró su cabeza a un lado, como si contemplara.

—No lo sabremos hasta que lo intentemos. Excepto que Taiki apareciera ahora en este mundo como un extraño y estaría, como consecuencia, rechazándolo. Además, tratando de forzarlo a atravesar podría causar un gran daño aquí y allá.

—Yo… —comenzó a decir Youko—. Cuando pacté con Keiki, no era aún una emperatriz debidamente reconocida. Keiki fue capaz de traerme aquí. Por lo que a mí me parece que incluso si Taiki perdió su naturaleza de kirin, él debería de poder también. Después de todo, ambos comenzamos como taika.

—Youko era en mayor parte la emperatriz. Pero Taiki no es ahora mayormente un kirin. No hay forma de decir qué pasará, o cómo lo tomará el Cielo. —El Rey de Han continuó con su tono particular de voz—. Si no lo traemos de regreso, Tai continuará ahogándose. Entonces, ¿lo traemos con la posible causa de que provoque gran destrucción, o terminamos rápidamente con su miseria y esperamos a que nazca un nuevo kirin?

—No hables de cosas tan absurdas.

—Si ese pensamiento es tan repugnante para usted, entonces debería aceptar las terribles consecuencias que de otra manera ocurrirían.

—Yo sé… —Rokuta había comenzado a decir cuando Hanrin lo interrumpió con una temblorosa voz.

—Si Taiki fuera una persona ordinaria, podría ser designado sennin, ¿verdad?

—¿Un sennin?

—Un sennin puede cruzar el Kyokai, ¿no? A parte de eso, el inevitable daño causado por el shoku se mantendría al mínimo.

—Entiendo —murmuró Rokuta—. Pero ¿cómo amplías este nombramiento?

—Un rey puede viajar a través del Kyokai. Eso por sí solo causaría como resultado un shoku de un tamaño significativo. Pero sería preferible que forzar a una persona normal el cruzar el Kyokai.

—Imprudente, pero no sin lógica.

—De hecho —asintió Rokuta. Giró hacia su señor—. ¿Qué hay de ti? ¿Te gustaría hacer el viaje?

Shouryuu inclinó la espalda contra la pared y juntó los brazos.

—Está bien por mí —dijo mirando la ornamental celosía de la ventana—. Mi reunión familiar de quinientos años, supongo. —La luz del sol atravesaba la celosía jugando con las sombras en su cara. Cerró un poco los ojos, cambió su postura y dijo cruzando la habitación—. Youko… no, Keiki. Estamos sin Sou. Un buen momento para arreglar relaciones. Quisiera que vinieras.

—¿A Sou? —dijo Keiki, confundido.

—Tenemos que propagar la noticia de que Taiki fue encontrado en Wa y abogar por más shirei. Rokuta, irás al Monte Hou. Llévate a Youko contigo. Reporten lo que ha sucedido hasta ahora.

Youko entendió que iban a pedir nuevas instrucciones de Genkun sobre el asunto. Risai, sin embargo, miraba con preocupación a Shouryuu.

—¿Por qué el Monte Hou?

—Para arreglar una visita con Genkun. La condición de Taiki y la de los shirei están bastante fuera de lo común. No hay forma de decir qué pasará si nos vemos obligados a hacerlo cruzar por esa distancia entre Este Lugar y Aquel Lugar. Si cruzar a través del Kyokai está permitido, en primer lugar. Si podemos ir allá y traerlo con nosotros. Ninguna de estas preguntas puede ser considerada resuelta. Realmente necesitamos la opinión de Genkun.

Shouryuu obviamente no había calmado la preocupación de Risai.

—Pero ¿qué tiene que ver un shoku y Genkun?

—Nada que ver con un shoku específicamente. El Cielo tiene sus razones y preceptos. Solo el Cielo puede determinar la buena o la mala acción. Pero el Cielo no toca directamente nuestras vidas. La única persona que puede llegar a través de esa ventana es Genkun. Agradezco el buen trabajo que Ren Taiho llevó hasta ahora, y si ella continuara…

—¡Espere un minuto! —Risai elevó la voz—. ¿Usted quiere decir que para determinar la Voluntad del Cielo tenemos que hacerlo a través de Genkun?

—Esa sería la cuestión de la misma.

—Pero… pero… ¿hay un Cielo?

Shouryuu asintió.

Risai sintió como si alguna criatura estuviera asechándola desde atrás.

—¿Hay un Cielo? Pero… entonces ¿por qué el Cielo abandonó a Tai?

—Risai.

—Si hay un Cielo, si hay una Voluntad Divina, si los dioses existen, entonces ¿por qué no vino la ayuda a Tai más rápido, antes de que todo esto pasara? La gente de Tai envió sus oraciones al Cielo mientras se asfixiaban con sus propias lágrimas y sangre.

Aterrorizados de ser vistos por Asen, envueltos en la oscuridad, se pararon frente a la ermita en la noche que continuaba. Prohibido incluso mencionar el nombre del rey, colocaron en su lugar una flor keihaku en el altar. Sobrevivir a la destrucción y a los crudos inviernos se volvió más difícil con el pasar de los años. En medio de la pobreza tan grave que solo una fruta podía hacer la diferencia entre morir o vivir, una escasa ofrenda y un palillo de incienso tenían que llevar el infinito peso de sus plegarias.

—Incapaces de hacer nada por sí mismos, el pueblo visitó los santuarios. Y, aun así, el Cielo no hizo nada para ayudarlos, yo le pedí a la Reina de Kei teniendo el pecado en mi corazón. Si el Cielo y sus Dioses nos mostraran un mero rayo de esperanza, no habría cruzado el mar y no habría perdido mi brazo en el proceso.

—Y que tú lo digas no cambia nada.

—Pero… —comenzó a decir Risai. Enfrentó a Shouryuu y fríamente dijo—: Envíeme a mí también.

—No tenemos tiempo que perder. Necesitas recuperar tu salud.

—Estoy curada lo suficiente —disparó Risai.

—¿Puedes cabalgar un kijuu con un solo brazo?

—Si es Hien, sí, puedo montar.

—¿Es esta criatura un kijuu?

—Hien es un pegaso tenba[1].

—Un tenba ciertamente no es lento. Pero ¿puedes volar todo el camino hacia el Monte Hou? Este será un viaje sin paradas.

—Es lo mismo para mí.

—En ese caso… —le dijo Shouryuu a Risai—. Ve si eso es lo que deseas. Este asunto le concierne a Tai y solo a Tai. Ve y toma la Voluntad de los Cielos con tus propias manos.


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