Risai y sus colegas estaban
ansiosos de poner sus manos sobre las pruebas que corroboraran -o mejor, que
refutaran- que la rebelión en la provincia de Bun era parte de una gran
insurrección. Pero el resultado de su investigación tardaba en llegar.
Para ser
más preciso, no tenían a nadie que tuviese fuertes lazos con la provincia de
Bun. Y nadie parecía estar actuando fuera de lo normal. Dentro del Palacio
Imperial, se alegaba que una figura sospechosa había sido vista, pero esos eran
meros rumores, sostenidos por nada más que aire caliente.
Y entonces,
el shoku se llevó todo.
Risai se
abalanzó desde el Romon de Jinjuu Manor. El lugar estaba en ruinas. Risai
corrió hacia las personas que se congregaban en los lugares libres de escombros
de las puertas de las torres.
—Ah, Risai…
—Gashin. El
Taiho…
—No lo sé.
Vine a ver por mí mismo.
Continuaron
en su charla. Una de las esquinas de Jinjuu Manor era una montaña de escombros.
Viendo el edificio principal del complejo del palacio -el Seiden- no se había
dañado, Risai sintió como un escalofrío le bajaba por la espalda.
Procediendo
a través de los jardines, alguien los llamó. El Daiboku -el guardia personal de
Taiki- se arrastraba desde un edificio caído. Seirai se aferró a su espada.
—Tantsui[1],
el Taiho… —gritaron, mientras corrían hacia él.
—No tengo
idea. Yo no estaba con él cuando esto sucedió. ¿Qué rayos está pasando?
La
inexpresiva cara del hombre había cambiado. La cabeza estaba cubierta de polvo
con pedazos de escombros. Estaba cubierto de pequeñas heridas. En su espalda,
Seirai estaba en un estado similar, aunque no parecía estar sufriendo ninguna
herida grave.
Desde algún
lugar entre las ruinas oyeron a un caballo gritando de dolor.
—¿Por qué
no estaba usted con él? —preguntó Risai, acercándose—. ¿Dónde lo vio por última
vez?
Tansui
sacudió la cabeza.
—Estaba en
el Seiden. Seirai me llamó para el Seiden, por lo que lo dejé al cuidado de un
súbdito.
Los ruidos
de la tierra habían cesado en algún momento.
Dejó a Seirai
a cuidado de los soldados y acompañó a Tansui y Risai al edificio. Los
pensamientos de Risai se alborotaban mientras buscaba entre los escombros. No
veía señales de Taiki por ningún lado, no en el Seiden y tampoco en los
alrededores. La búsqueda continuó durante la noche y arrojaba resultados
infructuosos.
Una paloma
mensajera llegó desde la provincia de Bun forzándolos a suspender la búsqueda
por el momento.
El mensaje
llevó a los asuntos políticos más confusión.
El Palacio
Imperial se había visto gravemente dañado por el meishoku y varios
burócratas y ministros habían sido heridos o estaban perdidos. No era de
extrañar, en las habitaciones y en otros lugares, había pocas muertes entre los
ministros a causa de sus clases de sennin. Pero no quiere decir que no
hubiera ninguno. Y las pérdidas entre las filas de doncellas y sirvientes
-aquellos que no figuraban entre el Registro de Inmortales- eran sustanciales.
Por el
número de burócratas heridos y la confusión general en la corte, el gobierno
cesó. Nadie sabía qué hacer a continuación.
—¿Qué rayos
le sucedió a su Majestad? —preguntó Risai.
Haboku
respondió:
—Según la
carta de Sougen, su Majestad desapareció en medio de la batalla. Lo buscaron,
pero no lo encontraron. Eso es todo lo que saben hasta el momento. No tienen la
menor idea de qué sucedió. Tienen instrucciones –o solo Sougen- de regresar a
la capital por el momento, pero tan pronto como puedan, y teniendo en cuenta el
tiempo que le toma al ave volar allí, serán diez días antes de que estén de vuelta.
—¿Cómo
están las cosas en la provincia de Bun? —preguntó Ganchou.
Haboku
sacudió la cabeza.
—Por todos
los informes, la rebelión continúa activa. Parece que pelearon hasta dejarlo en
un punto muerto.
—Entonces,
¿qué hacemos ahora? —preguntó Kaei.
Nadie tenía
la respuesta a esa pregunta. Nadie sabía cuál era el mejor curso para seguir, y
nadie tenía la autoridad de elegirlo. El Chousai se supone que rige en la
ausencia del rey, salvo que Eichuu, el Chousai, había sido herido durante el meishoku
y todavía era incapaz de levantarse o hablar. El principal asesor del rey, el
Saiho, estaba perdido, y los sirvientes de la Corte Imperial quienes
representaban los deseos del rey a su nombre ya no estaban allí.
—¿Qué se
supone que hagamos en una situación así? ¿Quién guiará a los ministros?
—Según los
precedentes —dijo Haboku—, el ministro del Cielo toma el lugar del Chousai como
jefe del Rikkan.
Todos
cayeron en silencio. Se había confirmado que para el momento del meishoku,
el ministro de los Cielos, Gaihaku, había estado en las oficinas del Sankou
adyacentes a Jinjuu Manor. El Sankou servía como consejero del rey y asesor del
Saiho. Sus oficinas habían sido dañadas severamente y habían colapsado. Del
Sankou y sus asistentes, dos de los seis estaban muertos y uno severamente
herido. El paradero de los restantes cuatro -incluyendo a Gaihaku- seguía
siendo desconocido.
—Teniendo
las cosas llegadas a esto, después del ministro de los Cielos, creo que el
trabajo cae en el ministro de la Tierra.
Cuando
Haboku dijo eso, Senkaku, el ministro de la Tierra, sacudió la cabeza.
—Imposible.
No estoy de ninguna manera a la altura.
Habiendo
declinado el honor, nadie trató de alentar a Senkaku para que lo aceptase.
Senkaku era un joven, manso sirviente civil. Habiendo sido llevado de la
provincia de Zui para el cargo, no tenía conexiones previas con Gyousou o la
Armada Imperial. Era honesto y directo, pero sin experiencia.
Además, en
momentos críticos como este, la comprensión de asuntos militares era un
requisito previo. Gyousou era un militar de la corte, y la mayoría de los
ministros habían comandado bajo la autoridad de Gyousou. En ese sentido, el
hecho recaía en la formación militar -incluso de los rangos más bajos- sería
capaz de unificar a la Corte Imperial.
—¿Qué hay
del señor Seirai? —dijo Senkaku.
Nadie
secundó la sugerencia. Seirai también había sido herido y estaba descansando,
pero sus heridas no parecían mortales. Seirai era famoso entre los funcionarios
civiles por haber servido como uno de los comandantes del general Gyousou y su
servidor personal. Eso lo hacía el más calificado para guiar a los ministros.
Todo el mundo lo sabía, y, aun así, nadie optó por él.
—Hasta que
su Majestad regrese, si nadie es capaz de unir a la Corte Imperial, Seirai
sería el mejor. Pero ese no es el problema acá.
Todo el
mundo asintió. El problema no era quién representaría a los ministros. Si eso
fuera todo, Haboku o Seirai podrían hacerlo hábilmente. O Senkaku o incluso
Risai. No es ahí donde radica el problema. El problema es que Tai actualmente
no tenía rey.
No conocían
la voluntad de Gyousou. Gyousou había muerto, la elección del próximo rey
tomaría precedencia sobre todo lo demás.
Si el trono
estaba vacante, hasta que el rey sea coronado, el Chousai tomaría su lugar.
Pero el mal herido Eichuu no podía ocupar el puesto. El ministro de los Cielos
estaba perdido. Y ninguno de los otros podía reunir un quórum de aficionado,
tampoco provisionalmente. Incapaces de apelar a la costumbre o bien la razón
divina, sería casi imposible para alguien unir la Corte Imperial. Nadie tenía
la autoridad necesaria.
—En otras
palabras —dijo Chou’un, del Ministerio de Otoño—, ¿deberíamos tener presente
que no hay sustituto inmediato para el próximo Chousai? ¿Quién puede unir lo
suficiente nuestros corazones y mentes, como Chousai, y crear un tribunal
temporal?
—¡Retráctese!
—dijo Ganchou con una furiosa voz—. ¡El señor Gyousou está perdido, eso es
todo! También Sougen lo dijo. Nadie dijo que estuviera muerto. Confirmar su
bienestar es primordial, sobre todo.
—Por favor,
espere un minuto —dijo Kaei elevando la voz. La tensión y la ansiedad parecían
haber dejado su pálido rostro—. ¿Qué hacemos en una situación así? ¿Cuál es la
costumbre?
—¿Situación
como este? —dijeron las voces a su alrededor. Kaei asintió.
—No quise
elevar tales posibilidades del mal agüero, pero por favor, ante pasen por este
momento. Si, por ejemplo, su Majestad hubiera sido asesinado, ¿cómo deberíamos
proceder?
Senkaku
respondió:
—El Taiho
elegiría al siguiente rey.
—Pero el
Taiho está perdido también.
—Si el
Taiho también muere, entonces el trono es declarado “vacante”. Según al
precedente, el Chousai ocupa el lugar del rey y una corte temporal se
establece. Si Eichuu está tan mal como para ocupar la posición, entonces es
necesario nombrar a un nuevo Chousai.
—¿Y quién
tomaría la decisión?
Senkaku no
pudo responder a esa pregunta.
—¿No tienen
el Taiho y el Rey la autoridad de elegir al Chousai? Si el rey está muerto,
entonces el Taiho elige. Sin embargo, si ambos tanto el rey como el Taiho están
muertos y no hay un Chousai en servicio… ¿ha ocurrido esto antes?
Haboku
respondió amargamente.
—Hay un
caso en el que el Rey y el Taiho mueren simultáneamente. Y el Chousai enfrenta
el mismo destino al mismo tiempo. Pero en esos casos, otro asume el trono,
matando al Rey, el Taiho, el Chousai y al ministro del Cielo en medio de una
insurrección. Aparte de una situación como esa, nunca ha habido un accidente
donde se requiera unir la Corte Imperial estando ausentes.
—El Chousai
no murió —intervino Senkaku en voz alta—. Aunque sus heridas sean severas,
sigue estando consciente. El Sello Imperial se confía al Chousai. El Chousai
actual puede elegir al siguiente.
—La única
persona capaz de otorgar el Sello Imperial al próximo Chousai es el Taiho, y
solo si el Taiho lo ha tenido en su custodia. Como el Taiho no está presente,
¿cómo propone usted otorgar el Sello al siguiente Chousai?
—Si su
Majestad ha muerto, el Sello se vuelve ineficaz. En ese caso, el pie del
Hakuchi se utiliza. Con el pie del Hakuchi y siguiendo las reglas del Rikkan y
de Sankou, el nuevo Chousai puede ser elegido.
—Aunque
esto no determina la muerte de su Majestad. Primero debemos confirmar su
bienestar, y poner al reino boca abajo buscando a su Majestad y al Taiho.
—Pero le
pregunto, ¿quién es lo suficientemente competente para realizar una tarea que
abarca todo el reino? Sin nadie que una a los ministros, ¿cree usted que
podamos sondear el reino de un extremo a otro?
En el
momento siguiente la asamblea cayó en confusión. Desde su lugar, Risai miraba
con asombro. Preceden la muerte del rey. Preceden la muerte del Taiho. Sin
embargo, nadie ha considerado la posibilidad de que ambos están perdidos, y sus
paraderos desconocidos. Si uno de los dos sigue vivo, el precedente existe. Pero
con ambos perdidos – y no necesariamente muertos- es una situación cuya
vaguedad nadie sabe cómo tratar.
—En
cualquier caso, incluso si la ley debe ser dejada de lado, el consentimiento de
su Majestad…
En ese
momento, un fuerte clamor se oyó:
—El Rey está
muerto.
El salón
cayó en un profundo silencio, suficiente para escuchar hasta el bólido de una
mosca. Risai se volteó hacia el sonido de la voz. Asen se situó en la entrada
de la asamblea. Con toda la conmoción nadie había notado su ausencia.
Los ojos de
Asen recorrieron la habitación, y luego se detuvieron en su mano. Su mano
sostenía el pie de un pájaro.
—Lamento
suponer, pero creyendo que la confirmación del bienestar de su Majestad era la
prioridad número uno, me tomé la libertad de visitar el Palacio Godou y el
Castillo de los gritos.
El salón se
llenó de quejidos mezclados. Asen dijo en una voz tranquila:
—El Hakuchi
se ha caído de su percha. Según el precedente, le removí la pata y la traje
aquí.

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