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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 23 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 19

 

CAPÍTULO 19

 

 

 

Risai y sus colegas estaban ansiosos de poner sus manos sobre las pruebas que corroboraran -o mejor, que refutaran- que la rebelión en la provincia de Bun era parte de una gran insurrección. Pero el resultado de su investigación tardaba en llegar.

Para ser más preciso, no tenían a nadie que tuviese fuertes lazos con la provincia de Bun. Y nadie parecía estar actuando fuera de lo normal. Dentro del Palacio Imperial, se alegaba que una figura sospechosa había sido vista, pero esos eran meros rumores, sostenidos por nada más que aire caliente.

Y entonces, el shoku se llevó todo.

Risai se abalanzó desde el Romon de Jinjuu Manor. El lugar estaba en ruinas. Risai corrió hacia las personas que se congregaban en los lugares libres de escombros de las puertas de las torres.

—Ah, Risai…

—Gashin. El Taiho…

—No lo sé. Vine a ver por mí mismo.

Continuaron en su charla. Una de las esquinas de Jinjuu Manor era una montaña de escombros. Viendo el edificio principal del complejo del palacio -el Seiden- no se había dañado, Risai sintió como un escalofrío le bajaba por la espalda.

Procediendo a través de los jardines, alguien los llamó. El Daiboku -el guardia personal de Taiki- se arrastraba desde un edificio caído. Seirai se aferró a su espada.

—Tantsui[1], el Taiho… —gritaron, mientras corrían hacia él.

—No tengo idea. Yo no estaba con él cuando esto sucedió. ¿Qué rayos está pasando?

La inexpresiva cara del hombre había cambiado. La cabeza estaba cubierta de polvo con pedazos de escombros. Estaba cubierto de pequeñas heridas. En su espalda, Seirai estaba en un estado similar, aunque no parecía estar sufriendo ninguna herida grave.

Desde algún lugar entre las ruinas oyeron a un caballo gritando de dolor.

—¿Por qué no estaba usted con él? —preguntó Risai, acercándose—. ¿Dónde lo vio por última vez?

Tansui sacudió la cabeza.

—Estaba en el Seiden. Seirai me llamó para el Seiden, por lo que lo dejé al cuidado de un súbdito.

Los ruidos de la tierra habían cesado en algún momento.

Dejó a Seirai a cuidado de los soldados y acompañó a Tansui y Risai al edificio. Los pensamientos de Risai se alborotaban mientras buscaba entre los escombros. No veía señales de Taiki por ningún lado, no en el Seiden y tampoco en los alrededores. La búsqueda continuó durante la noche y arrojaba resultados infructuosos.

Una paloma mensajera llegó desde la provincia de Bun forzándolos a suspender la búsqueda por el momento.

El mensaje llevó a los asuntos políticos más confusión.

El Palacio Imperial se había visto gravemente dañado por el meishoku y varios burócratas y ministros habían sido heridos o estaban perdidos. No era de extrañar, en las habitaciones y en otros lugares, había pocas muertes entre los ministros a causa de sus clases de sennin. Pero no quiere decir que no hubiera ninguno. Y las pérdidas entre las filas de doncellas y sirvientes -aquellos que no figuraban entre el Registro de Inmortales- eran sustanciales.

Por el número de burócratas heridos y la confusión general en la corte, el gobierno cesó. Nadie sabía qué hacer a continuación.

—¿Qué rayos le sucedió a su Majestad? —preguntó Risai.

Haboku respondió:

—Según la carta de Sougen, su Majestad desapareció en medio de la batalla. Lo buscaron, pero no lo encontraron. Eso es todo lo que saben hasta el momento. No tienen la menor idea de qué sucedió. Tienen instrucciones –o solo Sougen- de regresar a la capital por el momento, pero tan pronto como puedan, y teniendo en cuenta el tiempo que le toma al ave volar allí, serán diez días antes de que estén de vuelta.

—¿Cómo están las cosas en la provincia de Bun? —preguntó Ganchou.

Haboku sacudió la cabeza.

—Por todos los informes, la rebelión continúa activa. Parece que pelearon hasta dejarlo en un punto muerto.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Kaei.

Nadie tenía la respuesta a esa pregunta. Nadie sabía cuál era el mejor curso para seguir, y nadie tenía la autoridad de elegirlo. El Chousai se supone que rige en la ausencia del rey, salvo que Eichuu, el Chousai, había sido herido durante el meishoku y todavía era incapaz de levantarse o hablar. El principal asesor del rey, el Saiho, estaba perdido, y los sirvientes de la Corte Imperial quienes representaban los deseos del rey a su nombre ya no estaban allí.

—¿Qué se supone que hagamos en una situación así? ¿Quién guiará a los ministros?

—Según los precedentes —dijo Haboku—, el ministro del Cielo toma el lugar del Chousai como jefe del Rikkan.

Todos cayeron en silencio. Se había confirmado que para el momento del meishoku, el ministro de los Cielos, Gaihaku, había estado en las oficinas del Sankou adyacentes a Jinjuu Manor. El Sankou servía como consejero del rey y asesor del Saiho. Sus oficinas habían sido dañadas severamente y habían colapsado. Del Sankou y sus asistentes, dos de los seis estaban muertos y uno severamente herido. El paradero de los restantes cuatro -incluyendo a Gaihaku- seguía siendo desconocido.

—Teniendo las cosas llegadas a esto, después del ministro de los Cielos, creo que el trabajo cae en el ministro de la Tierra.

Cuando Haboku dijo eso, Senkaku, el ministro de la Tierra, sacudió la cabeza.

—Imposible. No estoy de ninguna manera a la altura.

Habiendo declinado el honor, nadie trató de alentar a Senkaku para que lo aceptase. Senkaku era un joven, manso sirviente civil. Habiendo sido llevado de la provincia de Zui para el cargo, no tenía conexiones previas con Gyousou o la Armada Imperial. Era honesto y directo, pero sin experiencia.

Además, en momentos críticos como este, la comprensión de asuntos militares era un requisito previo. Gyousou era un militar de la corte, y la mayoría de los ministros habían comandado bajo la autoridad de Gyousou. En ese sentido, el hecho recaía en la formación militar -incluso de los rangos más bajos- sería capaz de unificar a la Corte Imperial.

—¿Qué hay del señor Seirai? —dijo Senkaku.

Nadie secundó la sugerencia. Seirai también había sido herido y estaba descansando, pero sus heridas no parecían mortales. Seirai era famoso entre los funcionarios civiles por haber servido como uno de los comandantes del general Gyousou y su servidor personal. Eso lo hacía el más calificado para guiar a los ministros. Todo el mundo lo sabía, y, aun así, nadie optó por él.

—Hasta que su Majestad regrese, si nadie es capaz de unir a la Corte Imperial, Seirai sería el mejor. Pero ese no es el problema acá.

Todo el mundo asintió. El problema no era quién representaría a los ministros. Si eso fuera todo, Haboku o Seirai podrían hacerlo hábilmente. O Senkaku o incluso Risai. No es ahí donde radica el problema. El problema es que Tai actualmente no tenía rey.

No conocían la voluntad de Gyousou. Gyousou había muerto, la elección del próximo rey tomaría precedencia sobre todo lo demás.

Si el trono estaba vacante, hasta que el rey sea coronado, el Chousai tomaría su lugar. Pero el mal herido Eichuu no podía ocupar el puesto. El ministro de los Cielos estaba perdido. Y ninguno de los otros podía reunir un quórum de aficionado, tampoco provisionalmente. Incapaces de apelar a la costumbre o bien la razón divina, sería casi imposible para alguien unir la Corte Imperial. Nadie tenía la autoridad necesaria.

—En otras palabras —dijo Chou’un, del Ministerio de Otoño—, ¿deberíamos tener presente que no hay sustituto inmediato para el próximo Chousai? ¿Quién puede unir lo suficiente nuestros corazones y mentes, como Chousai, y crear un tribunal temporal?

—¡Retráctese! —dijo Ganchou con una furiosa voz—. ¡El señor Gyousou está perdido, eso es todo! También Sougen lo dijo. Nadie dijo que estuviera muerto. Confirmar su bienestar es primordial, sobre todo.

—Por favor, espere un minuto —dijo Kaei elevando la voz. La tensión y la ansiedad parecían haber dejado su pálido rostro—. ¿Qué hacemos en una situación así? ¿Cuál es la costumbre?

¿Situación como este? —dijeron las voces a su alrededor. Kaei asintió.

—No quise elevar tales posibilidades del mal agüero, pero por favor, ante pasen por este momento. Si, por ejemplo, su Majestad hubiera sido asesinado, ¿cómo deberíamos proceder?

Senkaku respondió:

—El Taiho elegiría al siguiente rey.

—Pero el Taiho está perdido también.

—Si el Taiho también muere, entonces el trono es declarado “vacante”. Según al precedente, el Chousai ocupa el lugar del rey y una corte temporal se establece. Si Eichuu está tan mal como para ocupar la posición, entonces es necesario nombrar a un nuevo Chousai.

—¿Y quién tomaría la decisión?

Senkaku no pudo responder a esa pregunta.

—¿No tienen el Taiho y el Rey la autoridad de elegir al Chousai? Si el rey está muerto, entonces el Taiho elige. Sin embargo, si ambos tanto el rey como el Taiho están muertos y no hay un Chousai en servicio… ¿ha ocurrido esto antes?

Haboku respondió amargamente.

—Hay un caso en el que el Rey y el Taiho mueren simultáneamente. Y el Chousai enfrenta el mismo destino al mismo tiempo. Pero en esos casos, otro asume el trono, matando al Rey, el Taiho, el Chousai y al ministro del Cielo en medio de una insurrección. Aparte de una situación como esa, nunca ha habido un accidente donde se requiera unir la Corte Imperial estando ausentes.

—El Chousai no murió —intervino Senkaku en voz alta—. Aunque sus heridas sean severas, sigue estando consciente. El Sello Imperial se confía al Chousai. El Chousai actual puede elegir al siguiente.

—La única persona capaz de otorgar el Sello Imperial al próximo Chousai es el Taiho, y solo si el Taiho lo ha tenido en su custodia. Como el Taiho no está presente, ¿cómo propone usted otorgar el Sello al siguiente Chousai?

—Si su Majestad ha muerto, el Sello se vuelve ineficaz. En ese caso, el pie del Hakuchi se utiliza. Con el pie del Hakuchi y siguiendo las reglas del Rikkan y de Sankou, el nuevo Chousai puede ser elegido.

—Aunque esto no determina la muerte de su Majestad. Primero debemos confirmar su bienestar, y poner al reino boca abajo buscando a su Majestad y al Taiho.

—Pero le pregunto, ¿quién es lo suficientemente competente para realizar una tarea que abarca todo el reino? Sin nadie que una a los ministros, ¿cree usted que podamos sondear el reino de un extremo a otro?

En el momento siguiente la asamblea cayó en confusión. Desde su lugar, Risai miraba con asombro. Preceden la muerte del rey. Preceden la muerte del Taiho. Sin embargo, nadie ha considerado la posibilidad de que ambos están perdidos, y sus paraderos desconocidos. Si uno de los dos sigue vivo, el precedente existe. Pero con ambos perdidos – y no necesariamente muertos- es una situación cuya vaguedad nadie sabe cómo tratar.

—En cualquier caso, incluso si la ley debe ser dejada de lado, el consentimiento de su Majestad…

En ese momento, un fuerte clamor se oyó:

—El Rey está muerto.

El salón cayó en un profundo silencio, suficiente para escuchar hasta el bólido de una mosca. Risai se volteó hacia el sonido de la voz. Asen se situó en la entrada de la asamblea. Con toda la conmoción nadie había notado su ausencia.

Los ojos de Asen recorrieron la habitación, y luego se detuvieron en su mano. Su mano sostenía el pie de un pájaro.

—Lamento suponer, pero creyendo que la confirmación del bienestar de su Majestad era la prioridad número uno, me tomé la libertad de visitar el Palacio Godou y el Castillo de los gritos.

El salón se llenó de quejidos mezclados. Asen dijo en una voz tranquila:

—El Hakuchi se ha caído de su percha. Según el precedente, le removí la pata y la traje aquí.


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