Como prometió, el
pronunciamiento de Gyokuyou llegó al día siguiente al mediodía.
—Que los
reinos se unan para la búsqueda de Taiki no viola ninguno de los Preceptos del
Cielo.
—¿Está todo
bien, entonces?
—Sin
embargo, nadie que no figure en el Registro de los Dioses o los Inmortales con
el rango de conde o mayor podrá cruzar el Kyokai. Esta regla es inviolable.
—Como lo
sospeché. Pero eso nos deja cortos. A pesar de que la regla esté definida en
los Decretos Divinos, nada ahí nos prohíbe la creación de nuevos rangos. ¿Esto
quizá sugiera que nuevos condes pueden ser nombrados para este fin?
—No lo
hace. El rango igual o mayor al que es un conde están, incluso desde la
perspectiva del Cielo, en la disposición de la naturaleza, y por lo tanto
otorga derechos y privilegios. Aquellos que pueden ser nombrados lo serán,
según a las reglas establecidas, los parientes cercanos al rey, el Chousai, y
los miembros del Sankou. Todo el resto deben ser considerados como no aptos
para ello.
Rokuta chasqueó
la lengua.
—¿Qué tal
pedir algunos sennin?
—He sido
informada de que eso no es permisible. Los sennin del Monte Hou no
pueden dejar este lugar sin mi permiso. En estas instancias, no puedo conceder
el permiso. Enviarlos de aquí a China o Wa exigiría la apertura de la Puerta de
Gogou y, por lo tanto, provocaría un gran número de shoku. El Kouka[1] crece actualmente en el Monte Hou. No podemos permitir la posibilidad de una
propagación de shoku a través del Monte Hou y que elimine al Kouka. Los sennin
deben proteger el Kouka, sobre todo.
—Oh. Sí,
efectivamente. Un shoku.
—Este no es
un Precepto Divino, pero es una solicitud que hago frente a usted. Deseo
mantener los shoku al mínimo. Incluso si la Puerta de Gogou se abre del
otro lado del Kyokai, no hay forma de adivinar cómo puede propagarse. Esa es la
naturaleza del shoku. Por lo que les pido que actúen con la debida
moderación.
—Lo haremos
—dijo Rokuta, y Youko asintió.
Gyokuyou
sonrió.
—Sin
embargo, un reino no puede ser privado de su rey y sus señores provinciales.
Según los Decretos Divinos, si no hay rey, entonces todos los señores
provinciales están obligados a mantener el quórum. Incluso cundo hay un rey, de
las ocho provincias aparte de la capital, al menos cuatro o más deben estar
presentes para constituir el quórum. Deben entender que es uno de los Preceptos
del Cielo. Permítanme explicarme. Incluso de forma temporal, no más de cuatro
señores provinciales pueden dejar el reino al mismo tiempo.
Rokuta le
dirigió una mirada molesta a Gyokuyou.
—Es la
primera vez que oigo tal cosa. Si ese es el caso, entonces debería estar
escrito.
Gyokuyou
sonrió indiferentemente.
—Si tienes
problema con eso, entonces, ve y díselo a Tentei.
—Eso es
porque no hay invitados cuando se trata de Preceptos del Cielo. Bueno, bueno,
¿algo más?
—Incluso
con el consentimiento de todos los reinos, invadir otro reino en virtud de las
fuerzas armadas está prohibido. No hay excepciones. Sin el consentimiento del
Rey de Tai, las tropas no se pueden enviar a Tai.
—Entendido.
¿Qué hay sobre enviar tropas para observar solamente?
—Los
Preceptos establecen que una invasión está prohibida. Pero no significa que el
desplazamiento de tropas a otro reino está prohibido en todos los casos. Por
ejemplo, cuando un rey visita otro reino, un contingente de soldados lo
acompañan como guardaespaldas. Ningún precepto prohíbe eso. Además, ninguno
prohíbe el desplazamiento de un personal diplomático que consiste en nada más
que oficiales militares. De hecho, este parece tomar lugar sobre una base más
frecuente. El problema no es con la entrada de oficiales militares en otro
reino, pero bajo qué pretexto y si esto puede ser considerado una invasión.
—Esa es una
gran diferencia.
—En el caso
de Tai, los asuntos son más delicados. La pregunta es qué exactamente se puede
considerar una “invasión”. Por ejemplo, participar en acciones contrarias a la
política natural del rey de ese reino. Este Jun Tei lo hizo. El Rey de Han[2] oprimía al pueblo. Aunque contrario al Camino, era la política del rey que
correspondía a Han. Jun Tei trató de obstaculizar esta política. Así, pues su
intervención fue interpretada como invasión. En el caso de un trono vacante, la
política de la corte provisional domina. En resumen, la política de una corte
provisional es la política nacional. Sin embargo…
—El Rey de
Tai no está muerto. El trono no está realmente vacante.
—Sí. Pero
incluso en el caso de una corte provisional guiada por un impostor,
interfiriendo con las decisiones de la corte estaría constituyendo una
invasión. Excepto que el verdadero rey siguiera en Tai. El impostor típicamente
engaña la corte y afirma ser el verdadero rey. En el caso de Tai, el jefe de
Estado no puede ser llamado impostor. No hay precedentes de ese tipo de
situación, por lo que hay cierta incertidumbre de cómo debería ser llamado.
—Así que
hay una cuestión en que la Corte Imperial de Asen debería de ser considerada
así por el Cielo…
—Eso es a
lo que se reduce. Solo esto no tiene procedente. Por lo tanto, no hay preceptos
establecidos que lo regules. Ni siquiera yo podría decir cómo se
desarrollarían. Pero deberían tener en cuenta que la política nacional es la
política de la actual Corte Imperial.
—Eso
complica las cosas.
—Las
batallas de líneas no están permitidas. Ni siquiera un solo pie puede ser sustraído
de un reino reconocido divinamente. La gente de Tai o el Rey de Tai no pueden
permitir la ocupación de sus inviolables tierras por otro reino. No importa el
razonamiento, deben entender que, tan pronto como se dibujan las líneas de
batalla y las tropas son divididas, están tocando un pecado de naturaleza
inmediata.
—Entiendo.
Enki
planteó dos o tres preguntas más, pero, en cualquier caso, le parecía a Youko
más un asunto de dibujar líneas brillantes alrededor de vagos preceptos. Se
quedó con una sensación incómoda. Gyokuyou dilucidaba los Divinos Preceptos,
tomando precedencias en consideración con sus respuestas. En cualquier caso,
parecía que los preceptos abarcaban todo, y la legalidad de la interpretación
abarcaba todo.
Youko se
quedó con la impresión que Gyokuyou de alguna u otra forma pasó la noche
anterior buscando interpretaciones y precedentes en relación con los preceptos.
Pero ¿cuáles eran exactamente los preceptos?
Desde que
fue traída a ese mundo, lo había aceptado más o menos como era. Un mundo donde
seres mágicos llamados youma arrasaban con todo. Un mundo donde los sennin
realizaban milagros. Un mundo lleno de lo extraño y lo fantástico. Lo aceptó de
la misma manera en que un niño acepta los cuentos de hadas en su valor nominal.
Excepto que ese mundo era algo aparte de los mundos idílicos del sueño.
¿Por qué
los youma existían…? ¿Por qué los reyes vivían tanto…? ¿Por qué los
niños nacían de árboles…? ¿Cómo era que el kirin hacía la elección de
reyes…? Todo lo que había llegado a considerar “normal” probablemente debería
haber sido todo un misterio para ella.
Ese era el
tipo de extraña sensación con la que se quedó. No podía expresarlo en palabras,
y se quedó con ella mientras salía del Palacio Houro. Escalando las blancas
escaleras a la cima de la montaña, luchó para articular lo que sentía, pero se
mantuvo en silencio.
—¿Entendiste
lo que Genkun nos estaba diciendo? —preguntó Rokuta. Cuando Youko asintió él
agregó—: Me voy a Sou a ponerlos al corriente. Era tiempo de que fuera a
saludar, de cualquier modo. ¿Por qué no regresas y esperas la palabra de
Shouryuu?
—Sí.
Seguro.
—Nos vemos
luego —dijo Rokuta con un saludo casual. Montó su suguu, voló hacia el
sur y desapareció de su vista.

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