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El Niño Demoníaco

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viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 29

 

CAPÍTULO 29

 

 

 

Como prometió, el pronunciamiento de Gyokuyou llegó al día siguiente al mediodía.

—Que los reinos se unan para la búsqueda de Taiki no viola ninguno de los Preceptos del Cielo.

—¿Está todo bien, entonces?

—Sin embargo, nadie que no figure en el Registro de los Dioses o los Inmortales con el rango de conde o mayor podrá cruzar el Kyokai. Esta regla es inviolable.

—Como lo sospeché. Pero eso nos deja cortos. A pesar de que la regla esté definida en los Decretos Divinos, nada ahí nos prohíbe la creación de nuevos rangos. ¿Esto quizá sugiera que nuevos condes pueden ser nombrados para este fin?

—No lo hace. El rango igual o mayor al que es un conde están, incluso desde la perspectiva del Cielo, en la disposición de la naturaleza, y por lo tanto otorga derechos y privilegios. Aquellos que pueden ser nombrados lo serán, según a las reglas establecidas, los parientes cercanos al rey, el Chousai, y los miembros del Sankou. Todo el resto deben ser considerados como no aptos para ello.

Rokuta chasqueó la lengua.

—¿Qué tal pedir algunos sennin?

—He sido informada de que eso no es permisible. Los sennin del Monte Hou no pueden dejar este lugar sin mi permiso. En estas instancias, no puedo conceder el permiso. Enviarlos de aquí a China o Wa exigiría la apertura de la Puerta de Gogou y, por lo tanto, provocaría un gran número de shoku. El Kouka[1] crece actualmente en el Monte Hou. No podemos permitir la posibilidad de una propagación de shoku a través del Monte Hou y que elimine al Kouka. Los sennin deben proteger el Kouka, sobre todo.

—Oh. Sí, efectivamente. Un shoku.

—Este no es un Precepto Divino, pero es una solicitud que hago frente a usted. Deseo mantener los shoku al mínimo. Incluso si la Puerta de Gogou se abre del otro lado del Kyokai, no hay forma de adivinar cómo puede propagarse. Esa es la naturaleza del shoku. Por lo que les pido que actúen con la debida moderación.

—Lo haremos —dijo Rokuta, y Youko asintió.

Gyokuyou sonrió.

—Sin embargo, un reino no puede ser privado de su rey y sus señores provinciales. Según los Decretos Divinos, si no hay rey, entonces todos los señores provinciales están obligados a mantener el quórum. Incluso cundo hay un rey, de las ocho provincias aparte de la capital, al menos cuatro o más deben estar presentes para constituir el quórum. Deben entender que es uno de los Preceptos del Cielo. Permítanme explicarme. Incluso de forma temporal, no más de cuatro señores provinciales pueden dejar el reino al mismo tiempo.

Rokuta le dirigió una mirada molesta a Gyokuyou.

—Es la primera vez que oigo tal cosa. Si ese es el caso, entonces debería estar escrito.

Gyokuyou sonrió indiferentemente.

—Si tienes problema con eso, entonces, ve y díselo a Tentei.

—Eso es porque no hay invitados cuando se trata de Preceptos del Cielo. Bueno, bueno, ¿algo más?

—Incluso con el consentimiento de todos los reinos, invadir otro reino en virtud de las fuerzas armadas está prohibido. No hay excepciones. Sin el consentimiento del Rey de Tai, las tropas no se pueden enviar a Tai.

—Entendido. ¿Qué hay sobre enviar tropas para observar solamente?

—Los Preceptos establecen que una invasión está prohibida. Pero no significa que el desplazamiento de tropas a otro reino está prohibido en todos los casos. Por ejemplo, cuando un rey visita otro reino, un contingente de soldados lo acompañan como guardaespaldas. Ningún precepto prohíbe eso. Además, ninguno prohíbe el desplazamiento de un personal diplomático que consiste en nada más que oficiales militares. De hecho, este parece tomar lugar sobre una base más frecuente. El problema no es con la entrada de oficiales militares en otro reino, pero bajo qué pretexto y si esto puede ser considerado una invasión.

—Esa es una gran diferencia.

—En el caso de Tai, los asuntos son más delicados. La pregunta es qué exactamente se puede considerar una “invasión”. Por ejemplo, participar en acciones contrarias a la política natural del rey de ese reino. Este Jun Tei lo hizo. El Rey de Han[2] oprimía al pueblo. Aunque contrario al Camino, era la política del rey que correspondía a Han. Jun Tei trató de obstaculizar esta política. Así, pues su intervención fue interpretada como invasión. En el caso de un trono vacante, la política de la corte provisional domina. En resumen, la política de una corte provisional es la política nacional. Sin embargo…

—El Rey de Tai no está muerto. El trono no está realmente vacante.

—Sí. Pero incluso en el caso de una corte provisional guiada por un impostor, interfiriendo con las decisiones de la corte estaría constituyendo una invasión. Excepto que el verdadero rey siguiera en Tai. El impostor típicamente engaña la corte y afirma ser el verdadero rey. En el caso de Tai, el jefe de Estado no puede ser llamado impostor. No hay precedentes de ese tipo de situación, por lo que hay cierta incertidumbre de cómo debería ser llamado.

—Así que hay una cuestión en que la Corte Imperial de Asen debería de ser considerada así por el Cielo…

—Eso es a lo que se reduce. Solo esto no tiene procedente. Por lo tanto, no hay preceptos establecidos que lo regules. Ni siquiera yo podría decir cómo se desarrollarían. Pero deberían tener en cuenta que la política nacional es la política de la actual Corte Imperial.

—Eso complica las cosas.

—Las batallas de líneas no están permitidas. Ni siquiera un solo pie puede ser sustraído de un reino reconocido divinamente. La gente de Tai o el Rey de Tai no pueden permitir la ocupación de sus inviolables tierras por otro reino. No importa el razonamiento, deben entender que, tan pronto como se dibujan las líneas de batalla y las tropas son divididas, están tocando un pecado de naturaleza inmediata.

—Entiendo.

Enki planteó dos o tres preguntas más, pero, en cualquier caso, le parecía a Youko más un asunto de dibujar líneas brillantes alrededor de vagos preceptos. Se quedó con una sensación incómoda. Gyokuyou dilucidaba los Divinos Preceptos, tomando precedencias en consideración con sus respuestas. En cualquier caso, parecía que los preceptos abarcaban todo, y la legalidad de la interpretación abarcaba todo.

Youko se quedó con la impresión que Gyokuyou de alguna u otra forma pasó la noche anterior buscando interpretaciones y precedentes en relación con los preceptos. Pero ¿cuáles eran exactamente los preceptos?

Desde que fue traída a ese mundo, lo había aceptado más o menos como era. Un mundo donde seres mágicos llamados youma arrasaban con todo. Un mundo donde los sennin realizaban milagros. Un mundo lleno de lo extraño y lo fantástico. Lo aceptó de la misma manera en que un niño acepta los cuentos de hadas en su valor nominal. Excepto que ese mundo era algo aparte de los mundos idílicos del sueño.

¿Por qué los youma existían…? ¿Por qué los reyes vivían tanto…? ¿Por qué los niños nacían de árboles…? ¿Cómo era que el kirin hacía la elección de reyes…? Todo lo que había llegado a considerar “normal” probablemente debería haber sido todo un misterio para ella.

Ese era el tipo de extraña sensación con la que se quedó. No podía expresarlo en palabras, y se quedó con ella mientras salía del Palacio Houro. Escalando las blancas escaleras a la cima de la montaña, luchó para articular lo que sentía, pero se mantuvo en silencio.

—¿Entendiste lo que Genkun nos estaba diciendo? —preguntó Rokuta. Cuando Youko asintió él agregó—: Me voy a Sou a ponerlos al corriente. Era tiempo de que fuera a saludar, de cualquier modo. ¿Por qué no regresas y esperas la palabra de Shouryuu?

—Sí. Seguro.

—Nos vemos luego —dijo Rokuta con un saludo casual. Montó su suguu, voló hacia el sur y desapareció de su vista.


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