Risai entró a la habitación con
la cena.
—¿Cómo se
siente?
Taiki
estaba levantado mirando fuera de la ventana. Estaban en las habitaciones del
Taishi, donde Risai estaba viviendo.
—Estoy bien
—dijo, mirando sobre su hombro.
Aunque él tenía
una cara valiente afrontando las cosas, seguía viéndose un poco demacrado.
Risai sonrió, como si disipara sus dudas.
—Recientemente,
cuando estaba dormido, la Reina de Kei amablemente vino a verlo. Quería
disculparse por causar más contaminación a su ambiente.
—No fue su
culpa.
—No, no lo
fue —concordó Risai mientras se sentaba a la mesa—. La Reina de Kei se ocupa
ella misma de sus asuntos, y encima algo así ocurre. Realmente me hizo llegar
el duro trabajo que debe ser el hecho de ser Emperatriz.
—Verdad.
—Taiki permaneció mudo por un tiempo. Entonces dijo—: ¿Regresarás a Tai, Risai?
—¿Qué? —Al
principio, Risai no entendió qué estaba preguntando. Ella inclinó su cabeza
para verificar lo que había oído.
Taiki la
miró, una mirada con gran seriedad en sus ojos.
—No podemos
continuar imponiéndonos sobre Kei así.
Risai tomó
esas palabras con gran asombro. Cuando finalmente entendió lo que Taiki estaba
diciendo, sintió que su rostro palidecía.
—Solo un
momento, Taiho…
—No podemos
permitir convertirnos en las semillas de grandes calamidades de Kei. Hemos
puesto a prueba su paciencia y hemos intervenido sus vidas más que suficiente.
Después de esto, creo que debemos irnos a un lugar donde podamos valernos por
nosotros mismos.
—Pero,
Taiho, eso es insustentable. No solo su condición, sino… si disculpa mi
atrevimiento… su cuerno y sus shirei…
La
apresurada ansiedad dejó el rostro de Risai rojo. Sintió que era necesario
terminar con esa inclinación en el brote. Ella pensó vagamente en regresar a
Tai cuando se encontrara con él. Con Taiki a su lado, podían buscar a Gyousou
utilizando su “sentido real”. Pero Taiki había perdido su cuerno y su esencia
natural como kirin. Ya no tenía sus shirei. Y Tai permanecía
infestada de nidos de youma. Y ella había perdido su brazo bueno.
El
incidente con el Naisai la había obligado a enfrentar nuevamente la gravedad de
sus lesiones. Un grupo de rufianes armados habían entrado a la habitación y
amenazado la vida de Taiki y de la Reina de Kei, y apenas había podido mover un
dedo para ayudarlos. Ella fue superada con facilidad y derribada por hombres
que no se veían como que hubieran tenido entrenamiento militar en su vida.
Incluso
teniendo en cuenta el estado de su salud, era bastante inútil como oficial
militar. Si regresaban a Tai, ella sería incapaz de protegerlo. Aunque había
sido consciente de ello desde hace tiempo, no había llegado a entender qué tan
inútil era. Todas sus vagas nociones sobre el asunto se habían señalado
claramente en un punto de vista. Aún no se había recuperado de la conmoción.
—No podemos
hacerlo, Taiho. Entiendo cómo se siente, pero no puede regresar a Tai. Necesita
cuidarse mientras solicito ayuda entre los refugiados. Si podemos convocar un
pequeño número de seguidores…
Taiki
sacudió la cabeza.
—Es verdad
que soy impotente. Sin embargo, el hecho es que somos ciudadanos de Tai.
Risai
asintió como si se estuviera congelando.
—Tai es un
reino que incluso los dioses pasaron por alto. ¿No es verdad? Tai no tiene rey.
La buena voluntad de los otros reinos nunca alcanza los tobillos. Y el Cielo no
se dignará a conceder milagros. Es lo mismo que Tai no tenga kirin. Pero
Tai aún tiene sus súbditos, como tú y yo.
—Incluso
sin un cuerno, el Taiho sigue siendo el kirin de Tai. Y mi esperanza. No
algo simplemente sacrificable. Si alguien debe regresar a Tai y buscar a
nuestro señor y gente, entonces es algo que yo voy a hacer. Esa era mi
verdadera intención después de todo. El Taiho debe ponerse a resguardo en un
lugar seguro. Le ruego que deje de lado las ideas peligrosas como regresar a
Tai.
Taiki no
era la única cosa que Risai había perdido. Otro temor se había apoderado de
ella. Después de la catástrofe en Kouki, Risai había sido enviada a la
provincia de Jou para sofocar la rebelión. En su camino, había tomado a
Nisei-shi bajo su protección. Sus testigos presentaron y revelaron la magnitud
de la traición de Asen.
Al mismo
tiempo, el incidente fue usado como pretexto para mancillar el honor de Risai.
Pero quizá incluso peor era que Asen de alguna manera supiera que había protegido
a Nisei-shi. Risai había enviado un comunicado secreto solo a Haboku y a
Sougen. Considerando su contexto, tampoco ninguno de ellos habría sin cuidado,
filtrado la información a un tercero. Por lo tanto, era como si los súbditos de
Gyousou hubieran sido privados de eso. Y ninguno de ellos le hubiera comunicado
a Asen.
Ella no
podía imaginar que alguno de los súbditos de Gyousou fuera un espía. Tendrían
que haberse encontrado a puertas cerradas y tomado todas las precauciones
posibles. Sin embargo, Asen fue informado, lo que significa que alguien dentro
del grupo hizo el informe.
Un lobo en
la propia casa de Gyousou estaba cuidando el gallinero.
Risai miró
dentro de los astutos ojos de Taiki. Ella no quería exponerlo a tan
desagradables hechos, pero eso solo duplicó el peligro en Tai. Sería necesario
establecer líneas de comunicación con los antiguos compañeros de Gyousou y unir
tropas. Y aun así, un traidor estaría al acecho en medio de ellos, alguien
conocido, que podría parecer en un momento como amigo íntimo. Risai no tendría
forma de protegerlo de tal persona. Todo lo que podía hacer era balbucear
incoherencias diciendo que mala idea era todo. Taiki le mostró una sonrisa
perpleja.
—No has
cambiado ni un poco, Risai.
Risai le
devolvió una mirada perpleja.
—Te
preocupas por mí y haces lo mejor para protegerme de lo que sea espantoso o
desagradable. Es la misma forma en la que desapareció Gyousou.
—Taiho…
—Yo estaba
realmente preocupado por el señor Gyousou. Pero nadie me daba una respuesta
directa. Bueno, lo que me dijiste puede que haya sido verdad. Pero sabía que
todos los adultos a mi alrededor estaban ocultando algo desagradable de mis
ojos. Así que tuve que recurrir a Asen para averiguar todo lo que no fuera miel
y azúcar.
Risai
detuvo su aliento.
—Asen me
dijo que el señor Gyousou estaba en peligro. Ese día, dijo que había sido
víctima de una emboscada y que estaba en una situación desesperada. Después de
decir eso había llegado a salvo a la provincia de Bun, y me encontré incapaz de
confiar más en ti. Creí en Asen cuando me dijo que un feroz ataque se había
llevado a cabo antes de que llegaran, y el resultado era incierto. Deseoso de
ayudarlo, envié a mis shirei a ayudar al señor Gyousou. Nunca dudé de
Asen ni por un segundo. De hecho, llegué a cuestionar la veracidad de cualquier
que me dijera algo que no fueran malas noticias.
Taiki
sonrió levemente.
—Realmente
era un niño, y muy difícil de complacer. Lo que sea que haya tratado de hacer
solo le causaba a Risai y a los demás más problemas, y ahora no es diferente.
—Taiho, no
diga cosas así…
—Pero,
Risai, yo ya no soy un niño. Hablando respecto a mis habilidades, era mucho más
capaz entonces. Puede decirse que soy inútil ahora. Sin embargo, no soy tan
inmaduro que podría ser contenido por lamentar mi indefenso estado y garantizar
la seguridad del estado en el que estaban las cosas.
—Taiho…
—Alguien
debe salvar a Tai. Si no somo nosotros, los ciudadanos de Tai, entonces,
¿quién?
—Pero…
entonces… volvamos al Monte Hou y hablemos nuevamente con Genkun, para ver si
hay algo que pueda salvar a Tai.
—¿Y qué
debería preguntar? ¿Crees que lo hará en nuestro nombre?
Risai no
supo cómo responder.
—¿Y puede
el Cielo involucrarse tanto? Solo aquellos bajo su cuidado personal y
protección pueden descansar en paz sabiendo que la ayuda vendrá. ¿En qué
momento se volvió el pueblo de Tai propiedad del Cielo?
—Pero,
Taiki…
—Aprendí
algo de los pasos a seguir al pedir la asistencia a Kei. Si no lo hubiera hecho
así, definitivamente no habría podido volver. No soy tan ingenuo como para
creer que nada está más allá de nuestro poder de lograr. Puede que esté más
allá del poder de un kirin sin cuerno y de una general sin brazo para
salvar a Tai en su estado actual. Pero, Risai…
Taiki tomó
la mano restante de Risai.
—Esto no es
algo a lo que estábamos destinados a través de la voluntad de nuestras propias
fuerzas. Si, incapaz de sacar Tai de la grieta, podemos concluir que no hay
nada que podamos hacer jamás y entonces no haremos nada, perderemos el derecho
de llamarnos ciudadanos de Tai.
Por
supuesto, pensó Risai, mirándolo.
Nunca había
entendido por qué tenía tantas ganas de salvar Tai. Al mismo tiempo, no podía
recordar que tan rápido había perdido ese sentimiento cuando Taiki estuvo justo
en frente de ella. En lo que a ella respecta, si Taiki estaba a salvo… si ella
podía garantizar su seguridad… entonces era lo mismo que mantener a Tai segura.
Incluso si
esa seguridad venía de residir en Kei y ella misma no contribuyera al mismo…
mientras Taiki estuviera a salvo, entonces Tai estaría a salvo dentro de ella.
Proteger a Tai se había convertido para ella lo mismo que preservar algo que le
perteneciera, su patria. Y si ella no podía y esta era destruida, entonces como
extensión de Tai, sería su culpa.
Pero
mientras pudiera mantener a Taiki a salvo, Tai nunca estaría perdida para ella.
—Somos
ciudadanos de Tai. Si buscamos a otros ciudadanos de Tai, entonces hay tareas y
responsabilidades que llevar a cabo como su gente. Si lo dejamos de lado,
entonces Tai estará perdida para nosotros.
Perder ese
lugar en el que estaban conectados no era diferente que perderse a sí mismos.
Risai había
perdido su posición real, sus amigos y conocidos. Kaei se había vuelto un
recuerdo lejano. Aparte de su conexión con un llamado Tai, no tenía nada. Tenía
que salvarlo o se perdería a sí misma.
Ahora que
tenía a Taiki, y mientras lo mantuviera, Tai permanecería vivo dentro de ella.
Ahí, en Kei, sabía dónde estaba parada. La idea de irse era aterradora. Pero
para Tai, su gente, Gyousou, todos los prisioneros dentro de sus fronteras y
todos aquellos que perdieron sus vidas ahí, permanecer aquí no era nada más que
una traición.
No tenían
otra opción sino dejar su refugio y regresar a Tai.
Ella miró
su mano, su visión se nubló por las lágrimas. La mano que la sostenía era
indistinguiblemente suya.
—Realmente,
ha crecido.

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