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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 23 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 21

 

CAPÍTULO 21

 

 

 

Risai tomó un profundo respiro y apretó la joya con su palma.

—No tenía opción que ir a la provincia de Jou. Quince días después de haber dejado la provincia de Zui, llegué a la provincia de Jou. Varios días después de cruzar la frontera, un joven funcionario entró corriendo a nuestro campamento.

  

 

—Por favor, ayúdenme —dijo—. Van a matarme.

Todo su cuerpo temblaba y estaba en pésimas condiciones. No se veía como un funcionario gubernamental. Él estaba vistiendo las sucias y campestres vestimentas que usan los campesinos, lo que indica que se estaba haciendo pasar por refugiado para escapar de sus perseguidores.

—Soy un criado del Daiboku del Ministerio de Primavera. Fui asignado al Castillo de los Dos Gritos.

Él presentó su insignia. La insignia estaba decorada con una longitud de un lazo plateado del ancho de tres dedos. El color y la longitud diferenciaban el tipo de rango de la persona. La insignia que tomó de su destrozado bolsillo era realmente la del Nisei-shi del Daiboku del ministro de Primavera. Como su nombre sugería, Nisei-shi atendía en el Hakuchi en el Niseikyuu -Castillo de los Dos Gritos-.

—¿De qué se trata todo esto, Nisei-shi?

—Es el general. El General de la Guardia del Palacio. La Guardia del Palacio de la Derecha.

—Asen.

—Sí. El ex general de Jou. La noche del terrible desastre, él se mostró en el Castillo de los Dos Gritos acompañado por una falange de soldados. Preguntó si el castillo había sufrido algún daño y si alguno de nosotros estaba herido. Por cierto, nadie debe abrir las puertas del Castillo sin autorización del Daiboku. Pero la situación era como era, las puertas fueron abiertas y al general se le permitió entrar.

—¿Y entonces?

—Tan pronto como entró dentro de los muros del Castillo, el general de Jou -Asen- trató de matar al Hakuchi. Pero su espada pasó justo a través del Hakuchi sin tocarlo. Habiéndose dado cuenta de eso, les ordenó a mis colegas que trajeran un faisán, una de las aves usadas al final de los rituales bajo la jurisdicción del Palacio en tiempo conservadores. Rodeados por soldados y amenazados por sus espadas, mis colegas los guiaron al lugar y regresaron con un faisán. Entonces, Asen lo mató y cortó su pata. El pájaro fue disecado en un jarro y quemado en un hoyo. —Él cubrió su rostro con las manos.

»Llegaron a asesinar a todos los funcionarios. —Él apenas había logrado escapar, gracias al daño que causó el meishoku—. Yo siempre tuve un mal presentimiento desde que Asen llegó. Había habido rumores que decían que su Majestad era perseguido por alguno de los generales y se instaló en la provincia de Bun para escapar a un asesino persistente.

—¿Qué hay de esos rumores?

—Bueno, han estado rondando por mi mente. Por eso pensé que esos malos presentimientos no solo estaban en mi cabeza. Por eso me oculté en las sombras y me encogí tanto como pude y busqué una forma de salir de allí. Cuando las cosas se pusieron realmente inciertas, me metí en medio de los escombros. Encontré un hoyo y me deslicé al exterior.

Bajo la cubierta de los alrededores que cubren de oscuridad y desorden, este joven funcionario regresó a sus escondites. Guardias pronto fueron por él. Él era capaz de esconderse bajo el piso y evitar ser capturado. Pero a este momento escuchó a los guardias hablar de cómo los cuerpos no se sumaron correctamente y que uno a lo mejor hubiera escapado.

—Escapé del castillo oculto en un vagón que cargaba todos los cadáveres. Me hice el muerto y pasé las puertas. Logré arrastrarme lejos mientras el vagón era descargado en el cementerio del templo a las afueras de Kouki. Me dirigí hacia los territorios de la provincia de Zui primero, pero descubrieron el aire de los cuerpos que allí operaban y me imaginé que debía ponerme a distancia de Zui. Me mezclé con los refugiados y hui hacia acá. —Él agarró las manos de Risai como si se aferrara de su vida—. Por favor, ayúdeme. Asen de seguro me matará.

Risai asintió.

—No te preocupes. Me ocuparé de esto. —Le ordenó a un ayudante de campamento que le encontrara un lugar para descansar, asegurándose de no revelar su presencia, y de no hablarle de eso a nadie más.

Ella preparó dos comunicados. Uno se lo dio a un ayudante de campamento y lo envió a Kouki, con el pretexto de solicitar asesoramiento en someter un levantamiento. Lo que allí contenía era una carta secreta que debía ser entregada a la dirección, y que no debía caer en otras manos. El contenido del comunicado era para Haboku, en el Palacio Imperial.

Al mismo tiempo, ella envió un segundo comunicado por un ave mensajera a Sougen en la provincia de Bun.

Asen estaba detrás del golpe de Estado. Ella encubrió a Nisei-shi entre el campamento y solemnemente procedió a la provincia de Jou. Diez días después fueron interceptados por caballería alada adornada con la insignia identificada como las tropas bajo el mando de Asen. Llevaban un documento oficial que llevaba un sello rojo chillón.

—Ya sabemos que se ha estado comunicando y ha encubierto a Nisei-shi —dijo el capitán del escuadrón—. Y que con el objetivo de apoderarse de la pata del Hakuchi, entró al Castillo de los Dos Gritos y asesinó a los funcionarios oficiales. —A lo que agregó que ella también había asesinado a Gyousou y a Taiki—. El general Asen ordenó que regresara al Palacio Imperial. Será mejor para usted no hacer las cosas peor y no resistirse.

Ella, por supuesto, insistió en que no lo conocía, pero el capitán obviamente sabía que él estaba secretamente en algún lugar del campamento. El joven funcionario fue retirado de las filas y asesinado sin ninguna palabra.

—No interfiera —le advirtió el capitán, pero Risai no dudaba que tendría el mismo destino camino a Kouki.

La caballería aérea la cubrió como si fuera una blanda manta. Risai solo fue capaz de escapar porque se habían dignado a dejarla montar su kijuu, Hien. Con la ayuda de Hien, apenas fue capaz de salir. Risai tenía varios amigos y asociados en la provincia de Jou con lo que podría volver. Su inmortalidad jugó un papel importante también.

A partir de ese día, Risai estuvo al borde de la ley.

  

 

Risai quería llorar. No había peor calumnia que ser etiquetada de traidora en su propio reino. Su nombre se ensució más allá de la razón, pedía refugio donde pudiera encontrarlo y sobrevivía día a día.

Muchos de sus antiguos amigos le creyeron y simpatizaron con su situación. Pero otros la acusaron, preguntándole cómo pudo hacer tal atrocidad. Peor hubo algunos que intentaron entregarla. Y una porción de aquellos que fueron juzgados por darle refugio, y como parte de la “alta traición”, sus cadáveres fueron tirados al estiércol a la puerta del verdugo.

—Por un año… más de un año… No hice nada que no fuera correr y esconderme a diario. Mientras vivía como vagabunda, Asen estaba consolidando su poder y fortificando el Palacio Imperial. A la larga, se volvió claro para la gente que Asen era un usurpador, pero para ese momento, era demasiado tarde.

Al mismo tiempo, Eishou y Gashin desaparecieron de la provincia de Bun. Muchos de los subordinados de Gyousou se dispersaron por el reino y se ocultaron o fueron asesinados secretamente. Nadie sabía qué sucedía dentro del Palacio Imperial. Algunos hicieron y presentaron críticas a Asen, pero su destino iba a hacer ser golpeados o desaparecidos.

—Asen no iba a permitir la mínima crítica a su persona, o el mínimo respeto a su Majestad. En Tetsui, donde Asen conspiró por primera vez contra su Majestad, su ejército arrasaba todos los edificios y quemaba la ciudad hasta la tierra. Hizo desangrar la provincia de I[1] también. Rodeó el ducado del Condado de Saku de su Majestad, y la sitió a la misma. Oí que, en los inviernos posteriores, muchos de los habitantes de allí murieron.

Youko estaba horrorizada.

—¿Asen odiaba tanto al Rey de Tai?

—Aparentemente. Ni siquiera yo lo entiendo. Nunca he visto personalmente a nadie llevar tal animosidad tan lejos y a tal distancia. A pesar de que lo mantuvo oculto, su aversión debió ser profunda. Además, quemando la tierra, despoblando las ciudades y dejándolos a merced del invierno… esto no fue solo para los territorios relacionados con su Majestad. Las tierras de quienes se oponían a Asen o lo criticaban tenían el mismo destino.

—Espera un minuto. —Habiendo oído que ahora Risai se había quedado en silencio, Shouryuu, el Rey de En, elevó su voz—. Está destruyendo todo el reino. Se está robando los rebaños del reino solo para matarlos.

Risai asintió.

—Así me parece a mí también. Tendría sentido si Asen hubiera matado a su Majestad y usurpado el trono para reinar en su lugar. Sin embargo, así no parece que sea. Parece que Asen no tiene interés alguno en gobernar a Tai.

Risai no podía creer que se haya levantado hasta el saqueo, el cual provoca a Gyousou amargura. Tampoco ella creía que fuera opuesto a sus motivos. Según los rumores, una de las dos “joyas de la corona” se convirtió en rey y Asen, resentido, se convirtió en subordinado. Esta teoría la sorprendió de lo tan simple que era. Esa fue la razón de por qué nadie sospechó de Asen. Sus motivaciones no eran así de obvias.

Por el contrario, Risai sintió que Asen estaba actuando fuera del odio de Tai. Asen no era inconsciente de que estaba destruyendo el reino que gobernaba y que enviaba a la gente a su extinción. Consecuentemente, se puso más allá del alcance de nadie.

—Cuando hubo una rebelión, Asen no intentó un enfoque estratégico, enviando tropas para suprimirla, o mirar atentamente a la oposición y esperar algo por aparecer, o algo así. Él habría enviado su tropa entera allí. Sin una palabra de advertencia, quemó y saqueó las aldeas y sacrificó a los habitantes. Ni siquiera se molestó en perseguir a los que trataban de escapar. Si esto sucede una vez más, simplemente haría lo mismo de nuevo.

—Pero no hay forma que un reino así pueda continuar existiendo.

—Así se podría pensar, pero…

Ella no entendía cómo las cosas habían llegado a ese estado. Mientras se manejaba de esa manera, no mostraba signos de perder seguidores. Ella no creía que fueran seguidores simplemente por miedo.

Marcada como traidora y constantemente en la marcha, regresó a Tai por la búsqueda de Gyousou. Durante ese tiempo, intentó agrupar a cualquiera que tuviera dudas sobre Asen o estuviera inclinado en su contra y montar una rebelión. Pero, sospechosamente, tales esfuerzos siempre se derrumbaban en el último minuto. Tenía que haber traidores entre ellos que sabotearan la causa.

Aquellos que llevaban sus críticas a Asen y elevaban sus voces contra su naturaleza inhumana el día anterior en el que se convertían en sus ardientes seguidores. La misma tendencia se observó entre los nobles.

—Un día, los señores provinciales tenían nuestro apoyo, y al día siguiente, nos estaban vendiendo a Asen. Para mantener sus posiciones, cedieron ante Asen como si sus columnas vertebrales hubieran sido arrancadas de sus cuerpos. Apartaron sus ojos de cómo la soberanía de sus tierras era violada y sus súbditos asesinados.

Era enfermizo. Eso era lo que se decía de boca en boca. Y ciertamente parecía una plaga. Aquellos infectados perdieron la voluntad de oponerse a Asen. No importaba las atrocidades que fueran cometidas frente a sus ojos, no sentían ni siquiera un poco de compasión.

—Suena como lavado de cerebro —murmuró Youko para sí. Usando una técnica así, las fuerzas conquistadoras barrieron con Tai. En cualquier caso, parecía que nada podía parar a los traidores.

—La gente de Tai no tiene los medios para salvarse —jadeó Risai.

Youko rápidamente agarró su mano.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió firmemente, pero su voz fue interrumpida por respiraciones forzadas. Oscuras sombras rodearon sus ojos cerrados.

—Está bien. Esto será todo por hoy. Necesitas descansar.

Risai agarró la mano de Youko, poniendo remarcable fuerza en sus delgados dedos.

—Por favor. Salve a Tai.

Youko apretó la mano a su vez.

—Entiendo.

Koshou se había retirado por corto tiempo. Llamado por Koukan, regresó. Después de decirles que se apresuraran, Youko dejó la habitación con una evidente reticencia.

Miró los rostros de Shouryuu y de Koukan.

—No puedo abandonarlos. No lo haré.

—Youko —dijo Shouryuu en una reprensión baja.

—Ya la escuchaste, ¿verdad? ¿Cómo se supone que mire a otro lado? ¿Qué buen gobernante se mantiene al margen y deja que estas cosas ocurran?

—Youko, ese no es el problema.

—¿No se dice que el Cielo gobierna el Mundo Inferior según el Camino que toma? ¿Cómo puede fundir Tai y dejar las cosas como están? Tú dijiste que el Cielo no lo permitiría, pero ¿es eso cierto? ¿Dónde está el Cielo de cualquier forma? ¿Quién es la persona que dice que es lo que se permite o no?

Tentei, el Señor Dios del Cielo, residía en el Cielo y gobernaba las acciones de la Divina Providencia. Tentei nombraba al gobernante de cada reino. Pero incluso en medio de la ceremonia, Youko no lo había visto u oído. Se decía que Él existía, se creía que Él existía, y se aceptaba que el mundo existía de acuerdo con su palabra, y todavía no ha habido ni una sola persona que hubiera visto a Tentei.

—Si mi trabajo como emperatriz es sentarme en el trono de acá y proteger Kei y ver a Tai caer en desgracia haciendo nada, entonces pueden tomar el trono y quedárselo.

Con tal declaración, Youko corrió hasta agotarse hacia los jardines.


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