CAPÍTULO 31
En su regreso del Monte Hou,
Youko encontró a Shoukei esperándola en el Seishin.
—Youko,
tienes un visitante inusual.
—¿Un
visitante? —preguntó Youko.
Shoukei
asintió, explicándole que poco después de que partió al Monte Hou, un enviado
llegó a la capital en busca de una audiencia con la Reina de Kei.
—Su
pasaporte llevaba el sello real de Han en el reverso, y pidió encontrarse
contigo. Como no estabas presente, tomó hospedaje en las habitaciones de
Gyouten. Nos dejó esta nota de introducción del Rey de Han.
Youko tomó
la nota con una mirada perpleja. Han y Kei no habían tenido relaciones
diplomáticas en el pasado. Este quizá se refería al asunto del que el Rey de En
y Enki se habían estado comunicando.
Una débil
fragancia y a la vista una hermosa caligrafía la saludaban al abrir la carta.
La tinta fresca y el papel celeste impartían un sentido de gran refinamiento.
Pero Youko tomó un profundo respiro y cambió su postura.
—¿Quieres
que yo lo lea? —sugirió Shoukei suavemente.
—No. Déjame
dar mi mejor esfuerzo.
Youko luchó
contra la prosa. Según a lo establecido, comenzaba como una felicitación
navideña. Entonces parecía ser una disculpa por la grosería de enviar un
representante en lugar del Rey de Han. Informaba que además de la misma visita
del Rey de En que había recibido y que no escatimaría esfuerzos, tenía una
petición que hacer. Quería arreglar un encuentro con la general de Tai que
residía en el palacio.
—Parece que
está solicitando una reunión con Risai. ¿Está pidiendo enviar un sirviente a
las habitaciones, o pidiendo reunirse con el enviado en las habitaciones?
Youko le
mostró la carta a Shoukei. Shoukei la miró y parpadeó.
—No. Desea
que la general sea enviada a las habitaciones. La reunión es solo por razones
personales, por lo que no deberíamos intuir algo de vida o muerte en ello
—Shoukei añadió una evidente sorpresa en su rostro—. ¡Eso debe significar que
el Rey de Han está en las habitaciones en Gyouten!
—Increíble
—murmuró Youko para sí—. Suena grosero de su parte para mí.
—Negocios
como de costumbre. Pero dice que no involucra nada de vida o muerte, el
encuentro con la general probablemente es de asunto privado.
—¿Cuál?
—La carta
no dice. Solo intuyo, pero, implica que su visita tan pronto como sea
concedida, desea que miremos para otro lado. La carta también pide que no le
informemos la identidad del escritor. Concluye ahí.
—Así que
eso dice, pero Risai difícilmente está en condiciones de pasar a las
habitaciones en Gyouten.
—Entonces
nuestra única opción es enviar un mensaje que explique la situación. Deberíamos
discutirlo con el Taiho y el Chousai y ver qué resulta.
Youko
asintió. Se arregló una rápida reunión con Keiki y Koukan. Las circunstancias
se explicaron y la única opción era que el Rey de Han viniera al Palacio Kinpa.
Shoukei fue enviada a las habitaciones con un comunicado privado en mano: Risai
estaba todavía demasiado indispuesta para moverse, y mientras esperaban que
ella se curara lo suficiente, la cuestión era, ¿podría el venir al Palacio
Kinpa en cambio?
La
composición de la carta, sin embargo, era causa de gran consternación.
—No puede
ser una correspondencia salida de cualquier lugar —afirmó Shoukei firmemente,
sosteniendo la carta del Rey de Han—. Miren esto. Debería ser obvio. Esta es
una persona con gustos exquisitos. No podemos tratarlo como un plebeyo.
—Incluso si
tuvieras razón, mi caligrafía apesta —Youko todavía no se había acostumbrado a
escribir con pincel. Era muy consciente del bruto aspecto de sus caracteres.
—Por eso
debe ser escrito con la máxima consideración. Escribir una carta en cualquier
pedazo de papel que ronda y se verá como algo destinado a la basura, ¿no?
—¿Es tan
importante?
—Lo es. Es
por eso por lo que, si usas un papel demasiado pretencioso, vendrá del otro
lado algo bastante indigno a cambio. Debe ser algo natural y de buen gusto. Voy
a buscar algo, mientras practicas tu escritura con esto.
Youko
suspiró y copió el esquema que Shoukei había preparado, y después de un buen
número de intentos, finalmente hizo una versión en limpio en el papel que
Shoukei había conseguido. Con la carta a mano, Shoukei se aventuró a la ciudad
al atardecer. Cuando regresó en la noche, tenía una curiosa expresión en su
rostro.
—¿Qué
sucede?
—Ah, bueno.
Mañana estarían visitando el palacio. Si venían como invitados de honor
oficial, los protocolos demandaban mucho tiempo y molestia. Por lo que insistió
en que esto se trata de una visita personal.
—Oh.
Entonces ¿qué clase de persona es el Rey de Han?
El Rey de
Han ha reinado por trescientos años, la dinastía más larga después del país
austral de Sou y el nororiental reino de En.
Shoukei
miró al techo, con una expresión algo perpleja en su rostro.
—Un
individuo de completo refinamiento. Por lo que puedo decir.
—Huh
—respondió Youko.
Shoukei
respondió con una ingeniosa sonrisa.
—Lo
entenderás cuando lo conozcas.
Al día siguiente, como había
prometido, la palabra vino desde el Ministerio de Estado que los visitantes
habían llegado. Youko se estaba ocupando de los asuntos que se habían
amontonado durante su visita al Monte Hou. Con un mínimo de formalidad, se fue
al Palacio Exterior.
Una de las
mansiones adjuntas al Palacio Exterior fue reservada para acoger a los
huéspedes. Entrando en la sala, Youko vio a dos personas que la esperaban. Una
era una alta y majestuosa dama que parecía estar en sus últimos veinte. La otra
era una joven quizá en los dieciséis o diecisiete. Echando un vistazo a la
mujer, cuyo rostro no mostraba características particularmente únicas, Youko
tomó una pausa. Le parecía familiar.
Se parecía
a una chica que Youko conocía. Por supuesto, no podían ser la misma persona. La
chica que Youko conocía estaba muerta. Sin embargo, la similitud en sus
apariencias le hizo doler el corazón.
La chica
curioseó. Regresándole la mirada curiosa de Youko, dijo de forma cortés:
—Gracias
por disculpar nuestra abrupta llegada y honrarnos con su presencia. Estamos
verdadera y profundamente agradecidos de presentarnos como los más humildes
sirvientes del Reino de Han.
Con eso, la
chica miró a la mujer que estaba detrás. Youko dirigió su atención también a
ella. ¿Ella era, de hecho, la Reina de Han? Con un aire de serenidad y
formalidad, la mujer asintió. Youko se encontró sorprendida. No había nada
presuntuoso en ella. A simple vista, aunque modestamente vestida, era una mujer
notablemente atractiva. Mirando de cerca, vestía un kimono floreado y joyas sin
una gota de pretensión, que eran espléndidos accesorios.
Y, sin
embargo, el esbelto y bien proporcionado marco le pareció a Youko como nada sino
el de un hombre. Y todavía una perfecta vestimenta para la ocasión. Por
supuesto. Justo como Shoukei lo había mencionado. Un individuo de
completo refinamiento. Youko estaba nerviosa de en donde colocar su mirada.
La chica le
sonrió.
—Al Rey de
Han le gustaría intercambiar algunas palabras con usted.
Youko
asintió, teniendo presente que deseaban la habitación vacía. Se dio vuelta
hacia el secretario.
—Dígale al
ministro de Protocolo que les muestre a nuestras honorables invitadas…
La muchacha
sacudió la cabeza.
—Lo siento,
pero siempre que sea posible, preferiríamos evitar tales circunstancias. No hay
necesidad de molestar a los ministros.
—Pero…
—Si no le
importa. De lo contrario, temo que el Rey de Han se moleste conmigo.
—Bueno,
entonces. Dada su palabra, les doy la bienvenida como mis invitadas personales.
Por aquí, por favor.
El
secretario levantó una agravada voz de protesta, pero Youko lo silenció con la
mirada. A medida que guiaba a la chica desde el Palacio Exterior, se podía oír
al ministro de Protocolo murmurando en tonos altos, que Han debía ser una
tierra repleta de maleducados.
—Me temo
que la educación de mis secretarios no es todo lo que debería ser —se disculpó
Youko.
La muchacha
sonrió.
—Solo
porque su Majestad apenas le ha hecho saber sobre su Majestad.
Había algo
acerca de ella que Youko no podía estar segura. El hecho en sí era que no
quería llamar mucho la atención, y, sin embargo, poseía cierto brillo
magnético. Uno de los aspectos de la amiga de Youko, que fue enterrada en una
esquina de la provincia de Ei, no fue compartido.
—¿Pasa
algo?
—No, es que
me recuerda a alguien que solía conocer.
—Entiendo
—la chica sonrió.
La otra
“enviada” no dijo nada, pero seguía de cerca, y se expresaba con su rostro sin
decir nada. No solo tenía un sentido extrañamente discreto, sino que sus
movimientos fluían con una notable gracia. Debe ser la Reina de Han,
Youko confundida, mientras las acompañaba.
Caminando
por el Palacio Interior, se cruzaron con Keiki, que se dirigía al Palacio
Exterior prácticamente corriendo.
—Oh, Keiki.
Ella es…
Se detuvo
en medio de la frase por Keiki, que muy inusual de él, jadeaba.
—Su
Majestad, ella es…
—Una
sirviente del Rey de Han —interrumpió la muchacha con una sonrisa.
Youko miró
como con evidente nerviosismo Keiki también.
—El Taiho
de Han, ¿supongo?
—¿Qué?
—soltó Youko.
La chica
llevó el dedo a sus labios.
—Shh.
Youko la
miró nuevamente con otros ojos. Su largo cabello era negro y brillante. Youko
nunca había visto un kirin como ella. Una oportuna sonrisa llegó a los
labios de la persona alta que las seguía desde atrás.
—Y ¿dónde
nos lleva? —la chica preguntó en su despreocupada forma.
Youko
señaló al jardín cerrado del Palacio Interior. El amplio jardín llegaba a
atravesar el Palacio Interior hasta la biblioteca, frente al Palacio de
Visitas. Las arboledas y pabellones salpicaban los jardines como los escondites
entre las cabañas y los montículos.
Youko las
llevó a una de las moradas y retiró al secretario. El lugar había sido
asegurado, la muchacha tomó el cuello de su túnica. Con un movimiento que
parecían que se sacaba una camisa, removió un tocado hasta ahora invisible,
revelando el brillo de lus transparente, su pelo dorado.
Se dio
vuelta hacia la anonadada Youko y dijo:
—Lamento
haberla sorprendido. Permítame saludarla de una manera más adecuada. Soy
Hanrin.
No se
parecía en lo más mínimo a la chica que ella había conocido. Hanrin era, por
cierto, la criatura más bella que Youko había visto. Cubrió su brazo con la
tela que había sacado de su cabeza, una especie de tejido delicado como gasa.
—Oh —dijo—.
Esto es un koseisan[1]. Como mi verdadera apariencia suele poner a los
ministros nerviosos, lo tomé prestado de su Majestad. Usted parece haber sido
algo sorprendida. ¿Me parezco a alguien familiar a usted?
—Ah, sí.
—¿Alguien
importante para la Reina de Kei? —la sonrisa de Hanrin parecía una flor
floreciente—. Es uno de los atributos del koseisan. Aquellos que miran
ven un reflejo de lo que su corazón desea. Yo no percibo eso cuando me veo al
espejo, y aparentemente tampoco el Taiho.
—Por eso
detecté el aura del kirin —Keiki suspiró y se inclinó—. De cualquier
modo, permítame aprovechar esta oportunidad para darle la bienvenida. Creo que
esta es la primera vez que nos encontramos formalmente.
—De hecho
—respondió con un guiño—. También estoy encantada de conocerte. —Ella se
abalanzó completa, aunque ágilmente, a la silla más cercana—. Y ahora ¿cómo me
debería dirigir a la Reina de Kei?
—Bueno, mi
primer nombre es Youko, y…
—Bien.
Entonces, la llamaré Youko. Por la antigüedad que tengo, no puedo llamar Reina
de Kei a una o a la otra. ¿Qué hay de ti, Keiki? ¿Hay algún sobrenombre que
prefieras?
—No,
señora.
—Oh, eso es
muy malo. Estos días me llamo a mí misma Rietsu[2]. Por supuesto, su Majestad
puede tener en cuenta que en cualquier día puede llamarme de otra manera, por
lo que no lo considere un nombre fijo, ¿sabe?
Y le
dirigió la mirada a la persona que estaba a su lado. Pero, por supuesto,
pensó Youko. Keiki solo suspiró.
—Yo soy el
Rey de Han, Go Ranshou —dijo el compañero de Hanrin con una desconcertada
sonrisa.
Youko
volvió en sí y asintió. Apresuradamente le ofreció una silla.
—Lo
lamento. Por favor, tome asiento. No pretendía ser grosera.
—Nada de
eso —sonrió.
Hanrin rio,
su voz era como una campana.
—No te
preocupes, nosotros establecimos las bases para esta reunión, por lo que no hay
necesidad de seguir el protocolo. Puedes dejar las disculpas para mí —inclinó
la cabeza a un costado y dijo—. Me complace que no tomaras esto de la forma
equivocada, Youko. Su Majestad realmente desea conocer a la general de Tai. Una
visita formal tomaría mucho tiempo para arreglarse e inevitablemente pondría a
la Corte Imperial patas arriba. Por ello adoptamos este subterfugio.
—Eso está
bien por mí. ¿Era Risai a quienes deseaban conocer, entonces? —dijo Youko,
desviando su atención hacia el Rey de Han-
Asintió.
—Según los
rumores que salen de En, esta debería ser la general de la Guardia Provincial
de Zui. Aunque aún se está recuperando, ¿podría asumir que una reunión no estaría
fuera de las posibilidades?
—No debería
ser un problema. No está en condiciones de viajar. Pero lo peor de sus heridas
ya ha pasado. Ahora está esforzándose en recuperar la fuerza en sus piernas y
brazo.
—Apreciaría
que no le dijera quién la está visitando. No quiero asustarla. Simplemente diga
que un visitante de Han quisiera hablarle.
Youko
asintió.
—Iré a
buscarla.
—Hey,
viendo que se supone que eres tú quien está arreglando una audiencia como una
privada, tendría más sentido si tú fueras a verla. Puedes
mostrarle el camino, ¿verdad, Youko?
—Seguro
—dijo Youko haciendo un ademán al Rey de Han.
Encorvándose
en la silla, Hanrin tomó fuertemente la túnica de Keiki y descaradamente saludó
con un adiós.


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