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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Parte V Capítulo 31

 

PARTE V

CAPÍTULO 31

 

 

 

En su regreso del Monte Hou, Youko encontró a Shoukei esperándola en el Seishin.

—Youko, tienes un visitante inusual.

—¿Un visitante? —preguntó Youko.

Shoukei asintió, explicándole que poco después de que partió al Monte Hou, un enviado llegó a la capital en busca de una audiencia con la Reina de Kei.

—Su pasaporte llevaba el sello real de Han en el reverso, y pidió encontrarse contigo. Como no estabas presente, tomó hospedaje en las habitaciones de Gyouten. Nos dejó esta nota de introducción del Rey de Han.

Youko tomó la nota con una mirada perpleja. Han y Kei no habían tenido relaciones diplomáticas en el pasado. Este quizá se refería al asunto del que el Rey de En y Enki se habían estado comunicando.

Una débil fragancia y a la vista una hermosa caligrafía la saludaban al abrir la carta. La tinta fresca y el papel celeste impartían un sentido de gran refinamiento. Pero Youko tomó un profundo respiro y cambió su postura.

—¿Quieres que yo lo lea? —sugirió Shoukei suavemente.

—No. Déjame dar mi mejor esfuerzo.

Youko luchó contra la prosa. Según a lo establecido, comenzaba como una felicitación navideña. Entonces parecía ser una disculpa por la grosería de enviar un representante en lugar del Rey de Han. Informaba que además de la misma visita del Rey de En que había recibido y que no escatimaría esfuerzos, tenía una petición que hacer. Quería arreglar un encuentro con la general de Tai que residía en el palacio.

—Parece que está solicitando una reunión con Risai. ¿Está pidiendo enviar un sirviente a las habitaciones, o pidiendo reunirse con el enviado en las habitaciones?

Youko le mostró la carta a Shoukei. Shoukei la miró y parpadeó.

—No. Desea que la general sea enviada a las habitaciones. La reunión es solo por razones personales, por lo que no deberíamos intuir algo de vida o muerte en ello —Shoukei añadió una evidente sorpresa en su rostro—. ¡Eso debe significar que el Rey de Han está en las habitaciones en Gyouten!

—Increíble —murmuró Youko para sí—. Suena grosero de su parte para mí.

—Negocios como de costumbre. Pero dice que no involucra nada de vida o muerte, el encuentro con la general probablemente es de asunto privado.

—¿Cuál?

—La carta no dice. Solo intuyo, pero, implica que su visita tan pronto como sea concedida, desea que miremos para otro lado. La carta también pide que no le informemos la identidad del escritor. Concluye ahí.

—Así que eso dice, pero Risai difícilmente está en condiciones de pasar a las habitaciones en Gyouten.

—Entonces nuestra única opción es enviar un mensaje que explique la situación. Deberíamos discutirlo con el Taiho y el Chousai y ver qué resulta.

Youko asintió. Se arregló una rápida reunión con Keiki y Koukan. Las circunstancias se explicaron y la única opción era que el Rey de Han viniera al Palacio Kinpa. Shoukei fue enviada a las habitaciones con un comunicado privado en mano: Risai estaba todavía demasiado indispuesta para moverse, y mientras esperaban que ella se curara lo suficiente, la cuestión era, ¿podría el venir al Palacio Kinpa en cambio?

La composición de la carta, sin embargo, era causa de gran consternación.

—No puede ser una correspondencia salida de cualquier lugar —afirmó Shoukei firmemente, sosteniendo la carta del Rey de Han—. Miren esto. Debería ser obvio. Esta es una persona con gustos exquisitos. No podemos tratarlo como un plebeyo.

—Incluso si tuvieras razón, mi caligrafía apesta —Youko todavía no se había acostumbrado a escribir con pincel. Era muy consciente del bruto aspecto de sus caracteres.

—Por eso debe ser escrito con la máxima consideración. Escribir una carta en cualquier pedazo de papel que ronda y se verá como algo destinado a la basura, ¿no?

—¿Es tan importante?

—Lo es. Es por eso por lo que, si usas un papel demasiado pretencioso, vendrá del otro lado algo bastante indigno a cambio. Debe ser algo natural y de buen gusto. Voy a buscar algo, mientras practicas tu escritura con esto.

Youko suspiró y copió el esquema que Shoukei había preparado, y después de un buen número de intentos, finalmente hizo una versión en limpio en el papel que Shoukei había conseguido. Con la carta a mano, Shoukei se aventuró a la ciudad al atardecer. Cuando regresó en la noche, tenía una curiosa expresión en su rostro.

—¿Qué sucede?

—Ah, bueno. Mañana estarían visitando el palacio. Si venían como invitados de honor oficial, los protocolos demandaban mucho tiempo y molestia. Por lo que insistió en que esto se trata de una visita personal.

—Oh. Entonces ¿qué clase de persona es el Rey de Han?

El Rey de Han ha reinado por trescientos años, la dinastía más larga después del país austral de Sou y el nororiental reino de En.

Shoukei miró al techo, con una expresión algo perpleja en su rostro.

—Un individuo de completo refinamiento. Por lo que puedo decir.

—Huh —respondió Youko.

Shoukei respondió con una ingeniosa sonrisa.

—Lo entenderás cuando lo conozcas.

  

 

Al día siguiente, como había prometido, la palabra vino desde el Ministerio de Estado que los visitantes habían llegado. Youko se estaba ocupando de los asuntos que se habían amontonado durante su visita al Monte Hou. Con un mínimo de formalidad, se fue al Palacio Exterior.

Una de las mansiones adjuntas al Palacio Exterior fue reservada para acoger a los huéspedes. Entrando en la sala, Youko vio a dos personas que la esperaban. Una era una alta y majestuosa dama que parecía estar en sus últimos veinte. La otra era una joven quizá en los dieciséis o diecisiete. Echando un vistazo a la mujer, cuyo rostro no mostraba características particularmente únicas, Youko tomó una pausa. Le parecía familiar.

Se parecía a una chica que Youko conocía. Por supuesto, no podían ser la misma persona. La chica que Youko conocía estaba muerta. Sin embargo, la similitud en sus apariencias le hizo doler el corazón.

La chica curioseó. Regresándole la mirada curiosa de Youko, dijo de forma cortés:

—Gracias por disculpar nuestra abrupta llegada y honrarnos con su presencia. Estamos verdadera y profundamente agradecidos de presentarnos como los más humildes sirvientes del Reino de Han.

Con eso, la chica miró a la mujer que estaba detrás. Youko dirigió su atención también a ella. ¿Ella era, de hecho, la Reina de Han? Con un aire de serenidad y formalidad, la mujer asintió. Youko se encontró sorprendida. No había nada presuntuoso en ella. A simple vista, aunque modestamente vestida, era una mujer notablemente atractiva. Mirando de cerca, vestía un kimono floreado y joyas sin una gota de pretensión, que eran espléndidos accesorios.

Y, sin embargo, el esbelto y bien proporcionado marco le pareció a Youko como nada sino el de un hombre. Y todavía una perfecta vestimenta para la ocasión. Por supuesto. Justo como Shoukei lo había mencionado. Un individuo de completo refinamiento. Youko estaba nerviosa de en donde colocar su mirada.

La chica le sonrió.

—Al Rey de Han le gustaría intercambiar algunas palabras con usted.

Youko asintió, teniendo presente que deseaban la habitación vacía. Se dio vuelta hacia el secretario.

—Dígale al ministro de Protocolo que les muestre a nuestras honorables invitadas…

La muchacha sacudió la cabeza.

—Lo siento, pero siempre que sea posible, preferiríamos evitar tales circunstancias. No hay necesidad de molestar a los ministros.

—Pero…

—Si no le importa. De lo contrario, temo que el Rey de Han se moleste conmigo.

—Bueno, entonces. Dada su palabra, les doy la bienvenida como mis invitadas personales. Por aquí, por favor.

El secretario levantó una agravada voz de protesta, pero Youko lo silenció con la mirada. A medida que guiaba a la chica desde el Palacio Exterior, se podía oír al ministro de Protocolo murmurando en tonos altos, que Han debía ser una tierra repleta de maleducados.

—Me temo que la educación de mis secretarios no es todo lo que debería ser —se disculpó Youko.

La muchacha sonrió.

—Solo porque su Majestad apenas le ha hecho saber sobre su Majestad.

Había algo acerca de ella que Youko no podía estar segura. El hecho en sí era que no quería llamar mucho la atención, y, sin embargo, poseía cierto brillo magnético. Uno de los aspectos de la amiga de Youko, que fue enterrada en una esquina de la provincia de Ei, no fue compartido.

—¿Pasa algo?

—No, es que me recuerda a alguien que solía conocer.

—Entiendo —la chica sonrió.

La otra “enviada” no dijo nada, pero seguía de cerca, y se expresaba con su rostro sin decir nada. No solo tenía un sentido extrañamente discreto, sino que sus movimientos fluían con una notable gracia. Debe ser la Reina de Han, Youko confundida, mientras las acompañaba.

Caminando por el Palacio Interior, se cruzaron con Keiki, que se dirigía al Palacio Exterior prácticamente corriendo.

—Oh, Keiki. Ella es…

Se detuvo en medio de la frase por Keiki, que muy inusual de él, jadeaba.

—Su Majestad, ella es…

—Una sirviente del Rey de Han —interrumpió la muchacha con una sonrisa.

Youko miró como con evidente nerviosismo Keiki también.

—El Taiho de Han, ¿supongo?

—¿Qué? —soltó Youko.

La chica llevó el dedo a sus labios.

—Shh.

Youko la miró nuevamente con otros ojos. Su largo cabello era negro y brillante. Youko nunca había visto un kirin como ella. Una oportuna sonrisa llegó a los labios de la persona alta que las seguía desde atrás.

—Y ¿dónde nos lleva? —la chica preguntó en su despreocupada forma.

Youko señaló al jardín cerrado del Palacio Interior. El amplio jardín llegaba a atravesar el Palacio Interior hasta la biblioteca, frente al Palacio de Visitas. Las arboledas y pabellones salpicaban los jardines como los escondites entre las cabañas y los montículos.

Youko las llevó a una de las moradas y retiró al secretario. El lugar había sido asegurado, la muchacha tomó el cuello de su túnica. Con un movimiento que parecían que se sacaba una camisa, removió un tocado hasta ahora invisible, revelando el brillo de lus transparente, su pelo dorado.

Se dio vuelta hacia la anonadada Youko y dijo:

—Lamento haberla sorprendido. Permítame saludarla de una manera más adecuada. Soy Hanrin.

No se parecía en lo más mínimo a la chica que ella había conocido. Hanrin era, por cierto, la criatura más bella que Youko había visto. Cubrió su brazo con la tela que había sacado de su cabeza, una especie de tejido delicado como gasa.

—Oh —dijo—. Esto es un koseisan[1]. Como mi verdadera apariencia suele poner a los ministros nerviosos, lo tomé prestado de su Majestad. Usted parece haber sido algo sorprendida. ¿Me parezco a alguien familiar a usted?

—Ah, sí.

—¿Alguien importante para la Reina de Kei? —la sonrisa de Hanrin parecía una flor floreciente—. Es uno de los atributos del koseisan. Aquellos que miran ven un reflejo de lo que su corazón desea. Yo no percibo eso cuando me veo al espejo, y aparentemente tampoco el Taiho.

—Por eso detecté el aura del kirin —Keiki suspiró y se inclinó—. De cualquier modo, permítame aprovechar esta oportunidad para darle la bienvenida. Creo que esta es la primera vez que nos encontramos formalmente.

—De hecho —respondió con un guiño—. También estoy encantada de conocerte. —Ella se abalanzó completa, aunque ágilmente, a la silla más cercana—. Y ahora ¿cómo me debería dirigir a la Reina de Kei?

—Bueno, mi primer nombre es Youko, y…

—Bien. Entonces, la llamaré Youko. Por la antigüedad que tengo, no puedo llamar Reina de Kei a una o a la otra. ¿Qué hay de ti, Keiki? ¿Hay algún sobrenombre que prefieras?

—No, señora.

—Oh, eso es muy malo. Estos días me llamo a mí misma Rietsu[2]. Por supuesto, su Majestad puede tener en cuenta que en cualquier día puede llamarme de otra manera, por lo que no lo considere un nombre fijo, ¿sabe?

Y le dirigió la mirada a la persona que estaba a su lado. Pero, por supuesto, pensó Youko. Keiki solo suspiró.

—Yo soy el Rey de Han, Go Ranshou —dijo el compañero de Hanrin con una desconcertada sonrisa.

Youko volvió en sí y asintió. Apresuradamente le ofreció una silla.

—Lo lamento. Por favor, tome asiento. No pretendía ser grosera.

—Nada de eso —sonrió.

Hanrin rio, su voz era como una campana.

—No te preocupes, nosotros establecimos las bases para esta reunión, por lo que no hay necesidad de seguir el protocolo. Puedes dejar las disculpas para mí —inclinó la cabeza a un costado y dijo—. Me complace que no tomaras esto de la forma equivocada, Youko. Su Majestad realmente desea conocer a la general de Tai. Una visita formal tomaría mucho tiempo para arreglarse e inevitablemente pondría a la Corte Imperial patas arriba. Por ello adoptamos este subterfugio.

—Eso está bien por mí. ¿Era Risai a quienes deseaban conocer, entonces? —dijo Youko, desviando su atención hacia el Rey de Han-

Asintió.

—Según los rumores que salen de En, esta debería ser la general de la Guardia Provincial de Zui. Aunque aún se está recuperando, ¿podría asumir que una reunión no estaría fuera de las posibilidades?

—No debería ser un problema. No está en condiciones de viajar. Pero lo peor de sus heridas ya ha pasado. Ahora está esforzándose en recuperar la fuerza en sus piernas y brazo.

—Apreciaría que no le dijera quién la está visitando. No quiero asustarla. Simplemente diga que un visitante de Han quisiera hablarle.

Youko asintió.

—Iré a buscarla.

—Hey, viendo que se supone que eres tú quien está arreglando una audiencia como una privada, tendría más sentido si fueras a verla. Puedes mostrarle el camino, ¿verdad, Youko?

—Seguro —dijo Youko haciendo un ademán al Rey de Han.

Encorvándose en la silla, Hanrin tomó fuertemente la túnica de Keiki y descaradamente saludó con un adiós.


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