CAPÍTULO
27
—Yo[1] —dijo Rokuta, paseándose en el Seishin. Diez días pasaron desde que
él y Shouryuu regresaron a En.
—Otra visita de la nada —No parece que tuvieras
problemas para encontrar el camino aquí, no necesitó agregar.
Rokuta rio.
—Bueno, he estado aquí antes. De cualquier forma,
mi cabello habla por mí la mayoría de las veces. Nadie tiene que preguntar
quién soy. Excepto por aquellos que no parecen haberme reconocido, aquel hombre
tuyo en el frente de la puerta. ¿Gashin era? Apreciaría que se lo dijeras por
mí.
Youko suspiró.
—Tienes el hábito de aparecer sin mucho aviso.
—Hey, lo considero una virtud. Hablando de eso,
necesitar empacar y lista para salir. Rápido y fácil.
—¿Lista para salir?
—Claro. He estado haciendo diplomacia. Kyou, Han,
Sai, Ren y Sou están camino. Incluyendo a En y Kei, eso son siete reinos. Hou y
Kou actualmente tienen los tronos vacíos, por lo que no los incluí. Y Ryuu y
Shun no respondieron favorablemente.
Youko se levantó de la silla.
—Cinco reinos más.
—De cualquier modo, haremos lo más que podamos con
la ayuda que conseguimos y mandaremos una búsqueda en partes a China y Wa. Sou
está en buenas relaciones con Kyou y Sai. Ellos se encargarían de China.
Nosotros, junto con Han y Ren, nos encargaremos de Wa. Estamos arreglando con
el Taiho de Han y el de Ren a que vayan a En. En lo que al rol de Kei
concierne, no pensé conveniente colocar más cargas en el tesoro nacional de
Kei. Espero que no te moleste.
—No hay problema. En está perfectamente equipado
para el trabajo.
—De acuerdo, entonces —rio Rokuta—. A pesar de ser
tan poco rango, podemos contar con un funcionario de agosto de Ren entre
nosotros. Está actualmente organizando su calendario, pero considerando la
larga distancia para llegar, es probable que se retrase un poco. Por el
momento, hay un lugar donde tenemos que ir.
—¿Ir? ¿A dónde?
—Monte Hou —respondió Rokuta.
—¿Monte Hou?
El Monte Hou estaba situado en el Mar Amarillo en
el centro del mundo, el lugar sagrado donde los kirin nacían. Youko solo
había estado allí una vez. Poco después de haber ascendido al trono, viajó allí
para recibir su Mandato del Cielo.
—¿Qué se supone que vamos a hacer en el Monte Hou?
—preguntó Youko en voz alta.
—Vamos allí para encontrarnos con la Señora.
—¿La Señora? ¿Te refieres a Hekika Genkun?
Hekika Genkun era al Señora de los Sennin
que vivían en el Monte Hou. Youko nunca la había conocido.
—Sí. De cualquier modo, lo que vamos a hacer nunca
se ha hecho antes. Tenemos mucho que aprender. Shouryuu me dijo que te llevara
a ti sola, viendo que fuiste tú quien soñaba con este plan. Estaremos volando
allí por kijuu, por lo que empaca liviano. Mientras más pronto mejor.
Quiero estar de regreso antes de que los invitados comiencen a llegar.
Youko rápidamente estuvo lista, y dejó el resto en manos de Koukan.
Pidió prestado un shirei de Keiki. Estaba todo listo para salir por la
Puerta Prohibida, pero Rokuta se rio de la idea.
—No hay forma de decir cuánto nos llevaría si
tomáramos esa ruta. Es mucho más rápido volando sobre el Mar de Nubes.
Youko parpadeó en sorpresa. Típicamente de las
Montañas Ryou’un, el pico del Monte Hou se proyectaba sobre el Mar de Nubes.
Sin embargo, excepto por el desatento shirei, ella parecía recordar que
el pico de la montaña estaba desocupado. No había nadie viviendo allí.
—Bueno, lo entenderás cuando lo veas por ti misma.
Con eso, Youko se trepó a Hankyo[2] y salieron.
Después de un día y una noche montando al kijuu, somnolientamente se
despertó con la vista de las Montañas Adamantinas elevándose del mar en la luz
de la madrugada como una isla atolón. El día se acercaba al atardecer cuando
reconoció el contorno de las Gouzan -Las Cinco Montañas-.
El Monte Hou era la punta más oriental de Gouzan.
Un magnífico palacio templo blanco se ubicaba en la sima. Ya que se apearon
frente a la puerta, Youko reconoció la figura de una persona allí. La hermosa
mujer miró a la asombrada Youko en el kijuu.
—¿Ves? —rio Rokuta.
Pero, por supuesto. Lo verás una vez que
lleguemos allí, él debería haber dicho. Youko nunca había visto a Hekika
Genkun ante, pero por la elegancia y la apariencia de la persona que los
esperaba, concluyó que era ella.
—Estoy, como siempre, encantado de que puedas
arreglar una cita aquí —Rokuta dijo tan pronto como descendió.
La mujer rio y respondió en voz alta:
—Debería ser yo quien dijera eso. Quizá el Taiho y
sus siempre inesperadas visitas permanecieran igual hasta el fin de los
tiempos.
—No puedo cambiar quien soy. Traje a alguien
conmigo que quisiera que conociera, Genkun.
Casi como en la señal de Rokuta, la mirada de la
mujer se posó sobre Youko.
—Esta debe ser la Reina de Kei, entonces.
Youko dijo en voz leve.
—¿Sabe quién soy?
—Bueno, yo soy la Señora del Monte Hou —respondió
Gyokuyou con una alegre sonrisa.
—Una vez que nos hallamos presentado, hay cosas de
las que tenemos que hablar pronto. Y si pudiéramos cerrar los ojos un poco por
el largo camino, sería apreciable también.
Gyokuyou sonrió y llevó a Rokuta hacia el palacio
templo. Más allá de la arcada de la puerta, había un amplio patio pavimentado
con piedra blanca. No había ni una sola pared o glorieta, solo una pequeña
ermita roja en una esquina. Enfrentaba al Seiden, pero Gyokuyou no se dirigía
en esa dirección. En cambio, se puso frente al shrine. Con su abanico,
golpeó una sola vez las puertas en el shrine y las abrió. La última vez
que Youko estuvo allí, las puertas se abrían a una escalera de cristal. Pero
ahora las escaleras se dirigían abajo y eran blancas.
Rokuta le devolvió la mirada con una irónica
sonrisa.
—Hey, no te preocupes. Ella es como un ser
sobrenatural por sí misma.
Gyokuyou rio alegremente e incitó a los dos. La
entrada parecía llevar hasta los mismos fines de la Puerta Prohibida. Las
escaleras blancas continuaron por una relativa corta distancia, llevándolos a
una estructura de un blanco similar. Al pisar el suelo y mirar atrás, las
brillantes puertas no estaban en ningún lugar. En cambio, había una pared
blanca. Los otros lados del edificio octogonal estaban abiertos al mundo,
revelando la cadena de piedras desnudas cubiertas con verde liquen.
—Por aquí.
Gyokuyou los guio a un palacio cercano. Cuando
entraron al espacioso edificio, situado dentro de un afloramiento de rocas sin
forma, té y una ligera comida los estaban esperando. La Señora dijo que reside
en el Palacio Houro[3] donde nada puede ser visto.
—Me disculpo por nuestros otros residentes por el
momento. ¿Es esto de su agrado?
Rokuta rio.
—Yo siempre estoy impresionado por su generosa
hospitalidad. Voy a plantearle esta pregunta directamente. ¿Son conscientes
ustedes en el Monte Hou de la situación de Tai?
—Como hemos recibidos reiteradamente solicitudes de
información desde En por la existencia de un nuevo Taika, solo podemos
concluir que la disposición de Tai sigue en cuestión.
—¿Alguna otra cosa?
—El trono del Rey de Tai parece estar vacío.
—En su totalidad. Un impostor se sienta en el trono
de Tai. El Rey de Tai y Taiki no están en ningún lugar donde se los pueda
encontrar. El Rey de Tai parece no haber dejado Tai, por lo que su destino no
está bajo nuestro control. Por eso decidimos buscar solo a Taiki. Parece muy
probable que Taiki haya sido llevado al otro mundo por el meishoku.
Gyokuyou no dijo nada, mientras llenaba las tazas
con agua caliente.
—Pero es demasiado encargarnos solo nosotros.
Estamos pidiéndoles a otros reinos su ayuda. Esperamos encontrar a Taiki y
regresarlo a este mundo. Pero simplemente llevarlo a Tai no sería un final para
estas cosas. Tai debe sentar almacenes y prepararse para el invierno próximo.
Taiki va a necesitar aliados y partidarios con el fin de escapar al ojo del
impostor y reanudar la búsqueda del Rey de Tai.
—No hay procedentes para los reinos más allá de sus
propios intereses para hacer frente a un problema juntos.
—¿Usted cree que esto ofenda a la Divina
Providencia?
—Es difícil de decir. No veo nada de malo en buscar
a Taiki y regresarlo a este mundo. Soy consciente de lo que pasará a continuación.
Probablemente ofenda a la Divina Providencia. —Gyokuyou remplazó la cubierta de
la taza y se la ofreció a Rokuta—. Además, que Taiki no haya regresado desde
que se fue me dice que es incapaz por el momento. No sabemos en qué condiciones
se encuentra. Si las circunstancias, y las razones para ello, no pueden ser
dirigidas, entonces la dificultad de remover estos obstáculos permanece.
—Realmente. ¿Y qué nos aconseja?
—Hmm… —Gyokuyou se quedó en silencio. Un largo rato
después asintió—. De cualquier modo, es un lamentable estado para que Taiki
recuerde. Permítanme analizarlo.
—Si no le importa —dijo Rokuta.
Gyokuyou se paró.
—Tomen algo y háganse de su hogar en alguno de los
palacios. Los veré mañana al mediodía.

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