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El Niño Demoníaco

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jueves, 9 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Parte I Capítulo 1

 

PARTE I

CAPÍTULO 1

 

 

 

Al comienzo del verano, en el tercer año de la emperatriz Youko, un par de alas blancas aparecieron en los cielos sobre Gyouten[1].

Gyouten era la capital del reino de Kei[2], este reino ocupaba la zona más oriental del continente. Ese día la ciudad dormía bajo un manto de aire seco. Al norte de la capital una enorme montaña se elevaba en el cielo como un gran pilar. La ciudad se extendía fuera de la ladera sur de la montaña, como las telas de un vestido.

La embaldosada ciudad -con techos de todos los colores-, sus caminos que llegaban de derecha a izquierda y de arriba abajo, eran bañadas por la luz del sol.

Los postigos de cada ventana abierta como velas buscando una brisa fresca. Pero el aire había reducido desde el mediodía. Las pertas y ventanas recibían solo la luz reflejada, el aire caliente y un ajetreado y bullicioso aire que incitaba a dormir.

Quizá tener un calor así de insoportable hacía que las aves no volaran, para escapar de los rayos del sol, para buscar las sombras de los árboles. Un perro estaba tirado descansando bajo la fina sombra de los aleros de una casa. Y un anciano descansaba al lado del apacible perro. Como el hombre dormía, el abanico se le cayó de sus manos. El animal logró levantar su hocico y lanzar una débil mirada a su amo.

En aquel momento, una sombra cayó del otro lado de la luz.

El perro se despertó expectante. Desde el este una nube cruzó el cielo de verano como un shoku invasor. El olor de la brisa húmeda alcanzó su hocico y escuchó el sonido de un trueno distante. La nube ahora cubría la totalidad de los cielos y en un corto plazo todo se sumió en la oscuridad.

La oscura sombra apreció en los cielos sobre Gyouten al mismo tiempo. Como si impulsada por el color de las nubes, apareció en el este, se dirigió a la montaña Ryou’un[3] a través de un amplio arco. Los habitantes de la ciudad esperaban la lluvia. Entre ellos uno miró arriba y reconoció lo que vio.

Las alas eran demasiado débiles, el plumaje cubría las blancas y estropeadas alas menos en la falda, algunas de las plumas estaban desgarradas y otras simplemente no estaban. Apenas podía mantenerse planeando en una dirección. Las alas rastrillaban el pesado y húmedo aire. Descendiendo como un ave herida cayó cerca de la montaña Ryou’un.

Las gotas de la lluvia empezaron a caer, como si apalearan la sombra en la tierra. De un momento a otro la lluvia comenzó a caer agresivamente contra las alas. Justo antes de desaparecer por la niebla, les pareció a los espectadores que el tramo superior de la montaña había respirado.

La figura fue tragada arriba, en las vetas de la lluvia torrencial.

  

 

Toshin[4] perdía el tiempo entre los enormes portones. Los portones estaban situados a medio camino de la montaña de Gyouten, en un acantilado justo por debajo del Mar de las Nubes. Las puertas protegidas fueron situadas dentro de una cueva, en una alcoba varias veces más grande que la altura de un hombre. En frente de la alcoba había una cornisa ancha. Esta era La Puerta Prohibida, el cual provenía un acceso directo a la Corte Imperial y a los niveles superiores del Palacio Kinpa[5] en las montañas de Gyouten sobre el Mar de Nubes.

Era pasado el mediodía. Junto con el regular cambio de guardia, Toshin tomó su posición frente a la puerta. Debajo de la cornisa, la ciudad de Gyouten se desplegaba, rielando en el aire caliente. No había brisas siquiera en aquella gran altura. El calor lo abrazaba como a un sauna.

Finalmente, las nubes comenzaron a reunirse en el cielo sobre su cabeza. Las nubes venían del este, avanzando al Mar de Nubes como si lamieran la base. Toshin oyó el sonido de un trueno distante. Una niebla llenaba los alrededores de aire. El enorme peso de las nubes parecía empujarlas hacia la Puerta Prohibida, borrando el sol.

Los pequeños rayos de luz ni siquiera llegaban hasta la obturación de la puerta. Toshin observó al comienzo de la cornisa volverse gris con la humedad. Junto con frío, la húmeda brisa un leve ruido parecía acercarse por la tierra donde él estaba parado.

Toshin suspiró indiferentemente.

—Parece ser la lluvia —le dijo a Gaishi[6] a su lado.

—Sí —Gaishi respondió profundamente mostrando sus dientes blancos—. Al menos hace al tiempo más fácil de lidiar. Las armaduras se hacen muy pesadas con este calor —dijo sarcásticamente.

Gaishi era el sargento a cargo entre los cinco hombres que cuidaban la Puerta Prohibida. Siendo el sargento era el más experimentado, el más habilidoso y el más indicado para hacerse cargo de la situación. Gaishi todavía no había comandado sobre todos ellos. No era un gran líder. Si así era como un sargento debía ser, o si simplemente era la forma de Gaishi de ser, Toshin realmente no sabía.

Toshin se había unido al ejército hace un año cuando la nueva emperatriz fue coronada. Después de un año de entrenamiento, fue asignado a la armada de la izquierda. Había servido en esa posición oficial por medio año. No había trabajado bajo la orden de otro que no fuera Gaishi.

Una sección de veinticinco soldados protegiendo la Puerta Prohibida. Una sección consistía en cinco grupos. Muchos de los otros sargentos y el capitán en cargo eran tan agradables como Gaishi. Al menos según los rumores que había escuchado, que difícilmente era el caso con los otros capitanes.

—La provincia de Ei[7] es calurosa. La provincia de Baku[8] tiene mejor clima.

—¿Es usted de la provincia de Baku, sargento? —preguntó Toshin.

Gaishi asintió.

—Nacido y reclutado. Estaba en la guardia de la provincia de Baku antes de la coronación de la actual emperatriz.

—Wow —dijo Toshin. Él estaba consciente de la única distinción otorgada a los soldados de la provincia de Baku. De hecho, la cabeza de la guardia de la Puerta Prohibida, general de la armada de la izquierda, había sido elegida entre los dirigentes de la guardia de la provincia de Baku.

—Entonces, ¿conoce al general Sei…? —comenzó a decir Toshin.

De repente una silueta voló a través de la cortina gris colgando del borde de la cornisa. Toshin apenas tuvo tiempo de gritar ya que la pesada niebla lo tiró contra la pared de roca y colisionó al lado de la Puerta Prohibida. Con gritos ahogados, pateó una cara de la roca y resbaló cayendo a la cornisa.

—Qué demonios —dijo Gaishi con voz tensa.

La bestia se tumbó en la tierra, sus alas golpeando dos, tres veces, como si convulsionara. Lamentablemente intentó y colapsó. Una figura humana solitaria se derrumbó boca arriba.

Gaishi alistó su lanza. Toshin siguió el ejemplo ya que corrió a donde ambos habían caído. Solo la emperatriz, el Saiho y aquellos a los que la reina les había dado permisos oficiales podían pasar la Puerta Prohibida. El pegaso que había caído frente a ellos no era uno de esos.

La puerta llevaba al corazón del palacio, no era la clase de lugar donde la gente simplemente tomaba el camino sin consentimiento, a pesar de las circunstancias.

Justo como Toshin, sus compañeros soldados corrieron hasta la bestia, cuyo cuello aún estaba caliente, y se prepararon para la batalla. Toshin dejó caer un gran peso de ansiedad crecer en su estómago cuando corría. Una falange de soldados disparó desde los cuarteles a ambos lados de la Puerta Prohibida, levantando una pared de lanzas alrededor de la bestia y su jinete.

Toshin finalmente les dio una buena mirada a ambos abriendo bien sus ojos.

La bestia parecía un enorme perro plateado de cabeza negra. La mancha de hollín que cubría su abrigo estaba borrada por manchas de rojo oscuro. El pelaje oscuro de la cabeza fue limpiamente desgarrado o faltaba en algunos puntos. El blanco sucio de sus plumas de las alas y las plumas de vuelo fueron trituradas y perdidas.

Caído a un lado, golpeó débilmente el suelo con sus alas, pero sin fuerza suficiente para llamarlo aleteo de alas. Al lado de este, protegida por las alas, yacía la figura humana en un estado desastroso no muy diferente al de su animal de monta: heridos, sucio y agotados.

Desconcertado, Toshin miró a Gaishi. Parado al frente, su lanza lista, Gaishi enfrentó a la bestia y su jinete con ojos sobresaltados. El rumor de la confusión corrió a través de la multitud. Gaishi levantó su mano para calmar la conmoción de los soldados a su alrededor. Bajó su lanza y le preguntó al jinete.

—¿Se encuentra usted bien?

Al oír su voz, el jinete levantó su cabeza. Ahí fue cuando Toshin finalmente se dio cuenta que el jinete era una mujer. Ella era alta, poseía una fuerte resistencia, y vestía una armadura ligera. O al menos, lo que quedaba de su armadura. No solo por la suciedad y la decoloración, pero al igual que la bestia que montaba, también le faltaban algunas cosas.

—¿Puede entenderme? ¿Cómo hizo para llegar acá?

La mujer gimió e intentó sentarse. Al hacer el esfuerzo, Toshin se dio cuenta que sus brazos estaban lastimados con profundas heridas. Gaishi tomó su lanza, inseguro.

—No se mueva. Lo lamento, pero no debe moverse. Esta es la Puerta Prohibida. La gente sin permiso no puede acercarse.

Con un gemido, la mujer intentó levantarse. Esta vez no estaba impedida.

—Discúlpeme por causarles una conmoción —murmuró, su pecho se levantaba y caía con cada respiro. Logró arrodillarse—. Mi nombre es Ryuu[9]. Ocupo el rango de general del reino de Tai.

—¿El reino de Tai? —Gaishi escuchó su eco con ojos abiertos.

Con suplicante mirada en sus ojos, se arrodilló frente al sargento.

—Sé que con gran ofensa y pido más de lo que merezco. ¡Pero debo compartir ciertas palabras con la emperatriz del reino oriental de Kei!


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