CAPÍTULO
18
Esa noche, Risai estaba en camino a las oficinas de gobierno provincial
cuando Taiki salió corriendo desde el arboreto cercano. Inclinándose como
cuando baja de la galería, gritó y corrió hacia Risai. Normalmente, el niño se
le acercaba, con su voz brillante y risa angelical. Este día, sin embargo, la
expresión del niño decía que había sido perseguido por algo.
—Risai, te he estado buscando —dijo, agarrando la
mano de Risai, casi aferrándose a ella—. ¿Es cierto que el señor Gyousou está
en un montón de problemas?
—¿Un montón de problemas?
—El señor Gyousou se fue porque gente mala está
complotando contra él. Están asechando en la provincia de Bun para atacarlo.
—Tonterías —dijo Risai con una sonrisa forzada—.
¿Quién te está poniendo tales ideas en la cabeza? El señor Gyousou ha ido a la
provincia de Bun para calmar las aguas.
Taiki se separó de ella. Su rostro se endureció.
—Eso es lo que dijo Seirai también.
—Bueno, parece lógico, ¿no te parece? No hay nada
de qué preocuparse.
Taiki sacudió la cabeza.
—Tú y Seirai están diciendo mentiras. No quieren
que me preocupe porque soy un niño.
Desconcertada, Risai se arrodilló y miró a Taiki a
los ojos.
—No estoy diciendo mentiras. ¿Por qué no te diría
la verdad?
—Nadie me dice de lo que hablan en el Rikkan. Pero
Rousan me dijo.
Risai frunció el ceño. Ella sabía que Kaei había
convocado el Rikkan para discutir el mismo tema que Risai había llevado con sus
colegas. Ella podía asumir que habían debatido si decirle a Taiki o no. El
permiso de Taiki era necesario para movilizar la Guardia Provincia. Por el
momento, como Ministro en Jefe de la provincia de Zui, Seirai servía como
regente en la materia de Taiki. Llegar al fondo de rumores tan nebulosos era un
ejercicio de adivinación. A este punto, ella podía suponer que habían llegado a
la decisión de que no era necesario informar a Taiki y preocuparlo
innecesariamente.
Esa Rousan, ministro de Invierno, ¿le había
estado diciendo tales cosas…?
—Cuando le pregunté a Seirai dijo que no había nada
de qué preocuparse. Es solo una rebelión menor, y aunque el señor Gyousou está
yendo allá, no es para luchar contra, sino para recuperar a la gente. No hay
peligro y no tengo razón para preocuparme. Todo va a estar bien. Es justo lo
que dijo Rousan.
Risai se paró y le pidió al triste Taiho regresar
al jardín. Dijo en voz baja:
—No hay nada que podría venir aquí. Si los
ministros ven al Taiho así, tendrán una idea equivocada.
—Pero…
Risai sonrió.
—El Saiho no debería comportarse de esa manera preocupando
a los ministros innecesariamente, ¿debería? Lo llevaré de regreso a sus
aposentos.
Tomó la mano del desanimado Taiki y se encaminó
hacia Seishin. Ella continuó su conversación con toda la voz alegre que pudo
reunir. Ella articulaba sus propias ansiedades sobre la manera en que Gyousou
aparentemente había abandonado el Palacio Imperial; las especulaciones de la
gente que fue echada; y entre los rumores, que todo era parte para atraer a
Gyousou a la provincia de Bun.
Pero eso también no eran más que rumores. Si los
rumores como esos podían sembrar el pánico entre los ministros, quién sabía qué
daños podían ocurrir. El Rikkan y los generales se reunieron para saber cómo
enfrentar tal amenaza.
—Esa rebelión ocurre de hecho. Por lo que no puedo
decir que no hay riesgo en el viaje de su Majestad hacia la provincia de Bun.
Pero Eishou va delante de él, y Sougen está con él. Además de eso, la fuerza
del señor Gyousou como general, y que te preocupes mucho puede parecer
descortés.
—Pero ellos dijeron que Eishou estaba teniendo un
mal rato. ¿No le pidió al señor Gyousou que fuera a asistirlo?
La mirada sorprendida en el rostro de Risai
respondió su pregunta.
—Sí, la rebelión resultó más intensa de lo
esperado, y es cierto que Eishou lo encontró difícil de manejar, pero no pidió
ayuda. Su Majestad y Sougen fueron allá para unirse a la gente y las tropas
para traer la paz a la provincia de Bun lo más rápido posible.
—¿En serio?
Risai sonrió y asintió. Taiki parecía que daba un
aliviado suspiro, remplazando la preocupación de su rostro. Esperando levantar
sus espíritus, Risai tartamudeó para hablar de otra cosa, pero Taiki no estaba
prestando mucha atención, y en ese momento el Seishi y Seiden aparecieron, ella
se había quedado sin palabras. Sentía que él no había decidido completamente si
confiar o no en lo que ella le había dicho.
—Parece que no está listo para creerme —sonrió
suavemente.
Taiki la miro con el rostro confundido.
—No lo sé. No sé qué se supone que deba pensar.
—Mientras hablaba, su cabeza bajaba, tenía una dura expresión en su rostro—.
Soy un niño, por lo que todos me tratan diferente. No me deja ver algunas cosas
o no me hablan de ciertas cosas. Y cuando tratan de hacerlo, todos saben que es
difícil para mí entender y piensan que no tienen que estar preocupándome por
cosas que no entiendo, entonces no dicen nada. Dado que pasa todo el tiempo no
puedo saber si me están mintiendo o no.
—Taiho…
—Me refiero que si lo que dice Rousan es cierto, y
si los rumores de los que hablan los sirvientes son ciertos, aun así, tú me vas
a decir algo diferente. Tú, Seirai y el resto.
Taiki dejó salir un tenso suspiro y continuó.
—Es porque soy un niño y no hay nada que pueda
hacer al respecto. También estoy preocupado por el señor Gyousou. Se fue a un
lugar peligroso y lejano. No quiero que se lastime o que su vida esté en
peligro. Si algo terrible pasara, quisiera poder ayudarlo. Sé que todos piensan
que no puedo hacer nada. Aun así, quiero dar lo mejor de mí y a lo mejor pueda
averiguar algo…
Risai sintió el dolor en su corazón. Taiki de hecho
todavía era pequeño. Eso decía porque todos evitaban causarle a este niño de
puro corazón cualquier dolor o sufrimiento. Todo esto se hacía con las mejores
intenciones, pero desde el punto de vista de Taiki, era simplemente aislado a
causa de su edad y pequeña estatura. Risai se preguntaba qué haría Gyousou en
su lugar.
—Ese seguramente no es el caso, Taiki —dijo Risai.
Taiki soltó su mano y corrió hacia la puerta.
Mirándolo irse, soltó un profundo suspiro, y giró sobre sus talones, ahora se
dirigía al Ministerio de Invierno.
Rousan todavía estaba en el ministerio. Risai le informó a su
secretaria que deseaba verla. Después de una corta espera, Risai fue invitada a
su oficina. Ran parecía enterrada hasta el cuello de correspondencia
oficial y papeleo.
Rousan miró desde el volumen que estaba sosteniendo
y dijo, gesticulando con la mano.
—Encuentra un lugar para tomar asiento.
Ella se veía como una chica de dieciséis o por ahí,
difícilmente como alguien con su posición como cabeza del Rikkan. Pero sus
estudios eran vastos y profundos. Como el Daishikuu del Ministerio de
Invierno no había nadie más capaz. Se decía que Rousan era una verdadera
erudita.
Su carrera incluía al Shousi[1], Genshi[2] y Gishi[3]. Estos
departamentos manufacturaban materiales para el reino, hacían amuletos de la
suerte y exploraban nuevas tecnologías. Empleaban un gran número de artesanos,
y Rousan podía hablarle a cualquiera con tal fluidez de la jerga de su comercio
y hacerlos entender.
—¿Por qué le dijo esas cosas al Taiho?
Rousan sacudió la cabeza. ¡Ah! Eso… la
expresión de su cara decía.
—Porque creía que alguien debía hacérselo saber.
—Para este punto, todo es más que rumores e
insinuaciones. Decirles tales cosas…
—¿Te refieres a que debo ir a llenarle la cabeza
con tonterías y causarle preocupaciones innecesarias? Sin embargo, todavía está
el hecho de que podría haber una conspiración contra el señor Gyousou
llevándose a cabo.
—Esa es solo una posibilidad.
—Lo que lo hace posible. Si es verdad, es un grave
problema. No creo que sea mejor para el Taiho quedarse en la oscuridad.
—Pero… —Risai iba a responder.
Rousan frunció el ceño y cerró el libro. Dobló una
pierna sobre la silla y apoyó el mentón en su mano.
—Si me preguntas, todos están tratando al kirin
como a un niño. Yo entiendo este impulso de cuidarlo, pero cuando se trata de
los asuntos del reino, hay límites. Pretendamos que no se trata solo de una
rebelión en una lejana provincia, sino de una insurrección que se lleva a cabo.
¿Cómo podría el Saiho del reino no estar informado? El Saiho tiene sus deberes
como Saiho. Además, la edad es el punto. Si la Guardia Provincial debe ser
movilizada, él tiene primero que autorizarla.
—Eso es cierto, pero…
—Entonces no venga a entrometerse con esa cara de
miedo en el rostro. Soy quien está actuando lógicamente. Todo el mundo está
dejando que sus emociones se lleven lo mejor de ellos.
Risai estaba sin palabras. No podía responder a lo
que Rousan le había dicho.
—Pero ahora que estamos hablando del tema, si algo
le pasó a su Majestad, ¿cómo procederíamos? El Taiho puede ser chico y sus
facultades limitadas, pero no es impotente. Este curso de acciones solo
empeorará las cosas. ¿Cómo es sentir lástima por el Taiho y cubrir todo que no
tenga ninguna diferencia que decirle y dejar todo por sentado? Si su Majestad
está en peligro, y el Taiho puede hacer algo para salvarlo, deberíamos tomar
todas las medidas para permitírselo. Negarle esa oportunidad es algo cruel.
Risai no podía hacer otra cosa que no fuera
recordar a Taiki desanimado.
—Es cierto.
Un pequeño gesto de satisfacción llegó a los labios
de Rousan.
—Lo entendió rápidamente. Eso es bueno saberlo.
Risai sonrió irónicamente a su vez.
—¿Señorita Rousan, usted cree que es un intento de
asesinato?
Rousan sacó las rodillas de su pecho.
—Desearía saberlo —dijo dando un suspiro—. E
incluso si lo supiéramos, probablemente no podríamos llegar a tiempo. La
provincia de Bun está lo suficientemente lejos de aquí, que nos llevaría
bastantes días utilizando las bestias voladoras. Ha llegado la hora de la
verdad, no queremos terminar contando con las joyas de la corona para
salvarnos. Sin embargo, los únicos que pueden estar sobre ellos son los jefes
del Estado: el Rey y el kirin. Bajo la presión de la necesidad, los shirei
del Taiho serían los más rápidos, probables y confiables candidatos.
Risai iba a comenzar. Rousan la miró burlonamente,
bajando sus cejas.
—Si me lo preguntas, ustedes no están conscientes
en la medida en la que está tratando al Taiho como a un niño incompetente. Es
entorno a algo, ¿no? ¿El toutetsu[4]?
—Sí… lo es…
El kirin comandaba un youma conocido
como shirei. Taiki tenía la desgracia de haber nacido en Wa. Por
consecuencia, tenía solo dos shirei, un lamentable bajo número. Uno era
el guardia nyokai[5] que se dedicó a él y realmente no califica.
Técnicamente hablando, tenía solamente un shirei: el toutetsu. Un
poderoso youma, más legendario que real.
—El monstruo de todos los monstruos. Ese es el toutetsu.
Mírese, llamando al kirin que puede convocar un monstruo así un niño.
Me hace preguntar quiénes son realmente los niños. —Rousan cerró sus ojos y
miró al espacio—. No sería exagerado decir que el único monstruo superior al toutetsu
es el querido y el pequeño kirin.


No hay comentarios:
Publicar un comentario