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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 13

 

CAPÍTULO 13

 

 

 

—Parece nieve —dijo Kaei con un arco.

Risai la acompañó hasta la sala de su residencia.

—Sí, verdaderamente se ha puesto frío. —Le mostró a Kaei una silla cerca del brasero—. Estoy honrada de que viniera hasta acá a pesar del mal clima.

—Oh, nada de eso —Kaei sacudió la cabeza—. Yo soy quien debería disculparse por una visita con tan poca anticipación. Hay algo que me gustaría discutir en detalles con usted. Llegué a esta decisión en la emoción del momento e impertinentemente envié una nota, por lo que me complace que accediera fácilmente.

—Oh, es un privilegio —dijo Risai con una sonrisa.

Le ofreció comida y bebida, pero Kaei parecía inmersa en sus pensamientos. Una impresión desalentadora puso blanco su rostro. Por encima de todo, parecía helada hasta la médula.

Kaei parecía estar en los cuarenta. En términos de su porte y edad actual, ella era superior que Risai. Sin embargo, la Kaei que se sentó en frente de ella parecía una niña perdida. Esto no pegaba como una visita hecha en nombre de la buena vecindad.

—Perdone por preguntarlo. Pero ¿cuál es el propósito de su visita?

Como si se despertara de sus sueños, Kaei miró a Risai.

—Ah, no, no tenía un motivo en particular. Simplemente quería hablar de algunas cosas contigo.

Eso fue lo que dijo, excepto que por los últimos minutos no parecía hacerlo. Quizá, consciente de ello, Kaei comenzó con un disgustado movimiento de cabeza.

—Nada de eso podría excusar por robarte el tiempo y por interrumpirte así.

Risai inclinó su cabeza a un lado.

—Por favor, no piense que me apresuro en preguntar, pero ¿hay algo que la esté preocupando, señorita Kaei?

Kaei levantó firmemente la cabeza, casi como si Risai se hubiera golpeado en el pecho. Una expresión de angustia emocional -al borde de las lágrimas- contorsionaba su cara.

—Por favor, discúlpeme si dije algo que la molestara. Me temo que mis modales son menos refinados de lo que deberían ser.

—Para nada —dijo Kaei, moviendo su cabeza—. Después de todo. Yo soy quien la impuso. A decir verdad, pensé mucho lo que tenía que decir a una persona con quien apenas he hablado y de repente decido visitar. Que haya ido directo al punto me alivia mucho.

Una ligera sonrisa llegó a su cara. Corrió sus dedos a lo largo del borde de la copa con un aire de incertidumbre. A diferencia de un oficial militar como Risai, sus uñas -pulidas- se deslizaron a lo largo del borde de la gruesa porcelana. Y quizá temblorosamente.

—¿Tiene frío? Podría agregar más leña al fuego.

—No, no tengo frío… —Aparentemente notó el temblor de sus dedos y apretó la mano con la otra—. No tengo frío. Por el contrario, señorita Risai, estoy asustada.

—¿Asustada?

Kaei asintió y miró directamente a Risai. Le pareció a Risai que ella estaba fuera de juicio.

—Con la coronación de su Alteza, el Palacio Imperial se ha convertido en un torbellino de actividad. Realmente me pregunto qué clase de monarca es. Nunca había oído de una Corte Imperial ser reordenada en tal paz.

Risai no se atrevió a concordar con ella, pero esperó a que ella llegara al punto. Esto era lo que se susurraba en toda la Corte Imperial. Pero desde el ligero temblor de su voz, estaba claro que Kaei no percibía esta como una razón de alegría.

Kaei soltó todo.

—¿Es lo mejor para él avanzar tan rápido en su agenda?

—¿Tan rápido?

—Siempre es necesario reformar y reorganizar la Corte Imperial. Y para desterrar a los criminales y los corruptos. Pero ¿debe el proceso ser acelerado así? ¿Por qué no puede proceder más despacio, tomarse el tiempo para examinar el paisaje y ver los resultados, y dejar a los cambios penetrar de una forma más relajada?

—¿Cree que él sea impaciente?

—No puedo evitar sentirme ansiosa. No me refiero criticando a su Alteza. Lejos de ello. Pero por mí, lo que estoy haciendo siento que me aterroriza. No puedo evitar sentir que algo se nos está escapando de las manos, y que estamos olvidando algo que no podemos permitirnos. Si todo puede ser transformado con tal entusiasmo es una pregunta que no deja mi mente.

Risai asintió. Ella no creía que esas preocupaciones fueran razonables en lo más mínimo.

Kaei originalmente había sido ministra en jefe de la provincia de Ran. Risai había escuchado que su reputación era de una sabia e inteligente ministro. Las pocas veces que tuvieron la oportunidad de conocerse, Risai se había ido con la impresión de que ella era una persona compasiva con un profundo respeto por la civilización, un carácter prudente, y con una buena y atenta naturaleza.

Que Gyousou la haya seleccionado como una de los seis ministros del Rikkan era solo sentido común. Y, sin embargo, la cuestión no había llegado a los oídos de Risai: ¿Y el Daishikou? El ministro de Otoño era responsable por consolidar y hacer cumplir los estatutos civiles y penales, para mantener el orden público. Al mismo tiempo, el Ministerio de Otoño manejaba la diplomacia exterior. Pero también se susurraban dudas acerca de que su naturaleza emocional no estaba saludable con la misión del Ministerio de Otoño.

El Ministerio de Otoño era frío, un cruel ministerio que requería la recaudación de sanciones y castigos, y emitiendo órdenes y decretos con absoluta imparcialidad. Se decía que las malas hierbas se congelaban en las heladas de otoño y se marchitaban bajo los rayos de verano.

Para ser sincera, Risai no sentía nada como una intensa mano de hierro del Daishikou de la mujer sentada en frente de ella, viéndose tan frágil como un niño perdido.

—Yo siempre he estado en el cargo del Ministerio de la Educación. Vine acá para dar lo mejor de mí por el bienestar de la gente. No me he acostumbrado a juzgar y sentenciarlos. Sé que no es simplemente un problema de acostumbrarse a nuevo rol. Si fuera solo por mi trabajo, podría llevarlo a cabo lo suficientemente bien. Pero no puedo creer que no fui designada por el Ministerio por nadie consciente de cuán apta soy por el puesto.

Y todavía, murmuró para sí. Ella bajó sus ojos. Una vez más sus dedos temblorosos localizaron el borde del vaso.

—Después de esto, voy a tener que juzgar una gran cantidad de funcionarios oficiales. Y tengo que hacerlo en poco tiempo y sin vacilar. Esto me asusta. Incluso en el caso de criminales, ¿puede una expedición así actuar bien…?

Risai sonrió.

—Por favor. Beba su vino. Caliéntese.

Ella miró con atención a Kaei cuando asintió y levantó la copa a sus labios.

—Señorita Kaei —continuó Risai—, creo que es perfectamente natural que usted deba albergar esas aprensiones. Para ser sincera, la Corte Imperial está cambiando a un ritmo que haría exaltar a cualquiera. La persecución de los infractores es una parte indispensable de la Corte Imperial, pero no puedo pensar en otro ejemplo donde esa lucha pudiera concluir de un solo golpe. Pienso que su Majestad es un admirable individuo con una sorprendente voluntad.

Risai hizo una risa irónica y Kaei respondió con una sonrisa por su cuenta.

—Nosotros, los soldados, creemos en tomar ventaja cuando la oportunidad se presenta. Cuando el día de las decisiones llega, tenemos que aprovechar el día. En estos momentos llevamos adelante la causa sin dudar. Esa es la forma en la que los soldados piensan. Durante una guerra, no hay mucho tiempo para una cuidadosa deliberación. Sobrevivir lo más posible es muy importante y la decisión de tomar la vida podría irse de las manos. Eso es lo que puedo comparar con las decisiones que su Majestad está tomando. Entiendo que estamos pasando por un momento crítico, y debemos actuar. —Con eso, Risai sonrió.

»Pero me pregunto si podría ser tan determinada, verdaderamente tengo mis dudas. La vida es demasiado confusa por naturaleza. Arrastrar cosas afuera no hace nada más que barro. Se trata de un defecto de personas como yo.

—¿No se siente ansiosa, señorita Risai?

Risai dudó un poco su respuesta, pero pensó que era mejor responder antes de que Kaei tuviera sus propias dudas.

—No puedo decir que no existe nada de lo que esté ansiosa. Estoy casi sin palabras con la gran maravillosa determinación del momento. Pero sin duda, tengo fe en la decisión de su Alteza. Esta convicción solo me convence de que la purga de los corruptos es solo un golpe en la correcta línea de acción. Tan rápido como la Corte Imperial esté en orden, más rápido podremos hacer el bien por la gente.

—Sí, entiendo eso —dijo Kaei asintiendo—. Sin embargo, esa sensación de convicción… No puedo verme tomando posesión de esa inquebrantable creencia. Por lo cual no significa falta de fe en su Alteza…

—Señorita Kaei, ¿usted y su Majestad alguna vez han peleado hombro a hombro antes?

—No. No ha habido conexiones personales entre nosotros de ninguna manera. Solo las mismas historias y rumores que todo el mundo oye —se sonrió—. Esa fue la razón de que estuviera tan sorprendida cuando me aceptaron como ministro de Otoño. ¡Ni siquiera creí que supiera que yo existía!

—Ese es el tipo de hombre que es su Majestad.

—Señorita Risa, ¿usted ha sido uno de sus subordinados antes?

Risai había conocido a Gyousou en el Monte Hou. Ella había partido al Shouzan al igual que él. Ahí fue cuando conoció al legendario general Saku. Aquellos que entraron al Mar Amarillo para ir al Shouzan formaron apropiados grupos y viajaron a través del Mar Amarillo más o menos como grupos unidos.

Gyousou no se unió a ninguno de esos grupos. Él entró al Mar Amarillo acompañado solo por sus hombres, y partió al Monte Hou a su manera.

—Por lo que solo lo vi hasta que llegó al Monte Hou.

—Ya veo. ¿Acaso separarse de las otras partes e ir en curso a un viaje no es peligroso?

—En circunstancias normales, sí, es bastante peligroso. Pero no para su Majestad, ¿no lo diría usted? Posteriormente escuché que en la región del Rey Kyou, por al menos tres años, Gyousou retiró su nombre del Registro de Inmortales y se tomó un año sabático de la Guardia del Palacio. Durante ese tiempo, entró al Mar Amarillo. Hay cazadores que se ganan la vida capturando kijuu en el Mar Amarillo, y él se volvió un aprendiz.

Risai sonrió.

—Ese es el tipo de hombre que su Majestad es. Pase lo que pase, él iba a capturar y domar un kijuu a su manera. Se decía que no se unió a los grupos durante el Shouzan porque quería ir a cazar. Cuando me enteré de que Gyousou entró al Mar Amarillo al mismo tiempo que nosotros, supe que estaba destinada a ser lo mejor un espectador en el viaje.

Risai sonrió tristemente. Kaei presionó sus labios cerrando más la boca.

—Lo lamento. No quería entrometerme.

—En absoluto. Nunca fui su subordinada. Sin embargo, pude compartir maravillosos momentos con el señor Gyousou y el Taiho en el Monte Hou. Esa conexión debe haber sido lo que lo llevó a darme una segunda mirada.

Un general de la Guardia del Palacio y una general de la Guardia Provincial -había una gran diferencia de estatus entre ellos-, pero esta no era un subordinado del primero. Por lo que se relacionaron como colegas. Poco después de su coronación, Gyousou la mandó a llamar desde Kouki y la presentó a sus subordinados. Muchos de ellos habían hecho el Shouzan con ella, por lo que eran rostros familiares. Después de su nombramiento como general de la Guardia Provincial de Sui, encontró de lo más natural relacionarse con los subordinados del rey.

—Hablando de esto ahora, me quedé con curiosidad, curiosidad sobre si estoy actuando como una subordinada del rey.

—¿Es eso…? —dijo Kaei con un leve suspiro—. La cosa es, me resulta difícil descarar lo que mis propios instintos me están diciendo. O mejor, no se enoje, señorita Risai, como una subordinada o seguidora. Usted eligió seguir a su Majestad desde el principio, antes de ser obligada, siento que es alguien aparte.

—¿Realmente lo cree?

—Sí. Esa es la razón por la que pensé en usted. Los otros hubieran temblado al expresar sus dudas. Sentí que, si les hablaba de mis dudas, las rechazarían ahí mismo. Usted me pareció alguien diferente al resto. Quizá porque usted es una mujer como yo.

—Me alegro de que lo pensara así —respondió Risai. Las dudas de Kaei no eran para nada irrazonables. Los servidores de Gyousou habían servido a su sombra por mucho tiempo. Entendían su temperamento y la forma en la que pensaba. Profundos lazos de confianza se habían formado. Estos lazos eran tan profundos que a veces ella se sentía una forastera. Y si esto era cierto para Risai, más lo sería para Kaei. Era natural para Kaei sentirse extranjera en una tierra extraña, apoderada por sentimientos de aislamiento y alienación.

—Mi sentido de aprehensión bien puede surgir por consecuencia de la soledad e inseguridad —admitió Kaei con una humilde sonrisa—. Cuando su Majestad opina sobre algún asunto, todo el mundo, empezando por usted, señorita Risai, parecen entenderlo inmediatamente, como si entendieran el significado y la intención con una sola palabra. Así me parece a mí. Soy la única que no entiende el panorama que se presenta para el resto de ustedes. Todos los demás han optado por tomar la información en grandes proyectos, purificando su esencia, y avanzando mientras yo estoy todavía mirando mi entorno, asustada hasta la muerte. Me siento como una niña perdida al lado de la ruta.

—No creo que todos entendamos automáticamente cada punto que su Majestad desea.

—¿De verdad cree que ese es el caso?

—Lo más probable. Hay muchas cosas que su Majestad plantea que no entiendo. Pero si ese es el camino que decidió tomar, entonces lo considero lo suficientemente bueno para mí por el momento.

—Así que es capaz de confiar en su palabra y continuar. —Había un toque de tristeza en su voz, acompañada por los ecos de débiles dudas.

—No exactamente. No pretendo dar a entender que confío ciegamente. Me temo que no me he explicado claramente, pero su Majestad y yo somos diferentes.

—¿Diferentes?

—La primera vez que nos encontramos, pensé: Esto es a lo que se refieren por perteneces a diferentes mundos. Me refiero, simplemente miramos el mundo con diferentes ojos. El suyo es un mundo que gente como yo no puede entender realmente.

Kaei se sumergió en sus pensamientos por un minuto. Entonces, levantó su cabeza rápidamente.

—Sabía que el reinado del Rey Kyou no duraría mucho. Y todavía no puedo llevar mis pensamientos más allá del mundo que veo frente a mí. Algo así, ¿verdad?

—Sí, así. Odio admitirlo, pero me encuentro en el mismo lugar. Sabía que el Rey Kyou no reinaría por muchos años. Tai caería en desgracia. Forajidos y bandoleros guiarían al reino a una tiranía. Podía verlo en el futuro. Pero mi mente no llegaba más allá de ese punto. Y peor, no podía entender qué era eso que debía pensar.

—Entiendo.

—Observando a su Majestad en acción, pensé: Sí, eso es. El barco del Estado fue mal enlistado y puesto en el agua. Siendo ese el caso, los soldados debían estar listos para enviar las bombas. Cultivar ese tipo de mano de obra e instalar donde debe tomaría su tiempo. Me he dado cuenta de que, dando luto al reino caído, debes prepararte para levantarte. Pero en ese momento, esos pensamientos no pasaron por mi mente. Tal lasitud me sorprende incluso ahora. Pude oír las campanas del peaje, pero no podía imaginar que alguna vez tocaran por mí.

Kaei asintió.

—Pero eran aparentes para su Majestad.

—Eso es lo que yo creo. Esa es la diferencia entre nosotros. Mi mente no pudo llegar tan lejos. Mis pensamientos eran insuficientes. Pero no estoy diciendo lo que realmente quiero. Me hubiera gustado creer que, dada la oportunidad, habría llegado a las mismas conclusiones. Sin embargo, era una oportunidad que simplemente no estaba preparada a aprovechar.

Risai asintió para sí y continuó.

—Eso es lo que trato de recordar cuando no puedo ver por mí misma el objetivo que su Majestad se fijó. Confío en que su Majestad puede ver lo que yo no. Si siento claras dudas u obvias faltas, por supuesto objetaré. Pero yo no tengo esas dudas o faltas. Eso es lo que viene a mi mente en esos momentos en los que no entiendo. Eso es lo que me permite condonar sus acciones. Y cuando veo los resultados, estoy segura de que todo será más claro y que veré el fin del principio.

—Ya veo —dijo Kaei sin gran seguridad, una vez más, mirando a Risai con ansiedad en los ojos—. ¿Cree que el Taiho también concuerda?

Ahora ella estaba tan cerca, pensó Risai.

—Eso es…

—Solo sé que, si cuando los dichos de los problemas llegan a los oídos del Taiho, lo herirá profundamente. ¿No es de todas formas el proceder de enviar al Taiho a un país extranjero una táctica de mano dura? ¿Qué si el Taiho sabía que se haría una purga mientras él se encontraba en el extranjero? No es solo la existencia de una purga lo que le causa dolor. ¿No sería el hecho de que no puede hacer nada, que no podía apelar por la compasión o la clemencia, lo que deja las profundas cicatrices?

Risai cayó en silencio. Pensando en el punto de vista de Taiki, la sensación que vino a ella era que él se culpaba a sí mismo por fallar al hacer nada. Y al mismo tiempo, si él se daba cuenta que fue enviado al extranjero para evitar que hiciera algo, eso le dolería aún más.

—Mientras no me digne a leer la mente del Taiho, puedo ver cómo la decisión de su Majestad ha hecho parecer como un abandonamiento de parte del Taiho. No puedo pensar que sea cierto de todo lo que su Majestad está tratando de hacer.

—Señorita Kaei.

Kaei sonrió tristemente.

—Bueno, parece que todo lo que hice fue quejarme. Esa es la forma en la que veo las cosas. Su Majestad tomará solo a sus servidores que confíen en él incondicionalmente y lanzando sus reformas a máxima velocidad. La misma forma en la que los sentimientos del Taiho se dejen aparte, por lo que muchas cosas también. O eso me parece a mí.

¿Qué otras cosas se dejarían de lado?, quería preguntar Risai, pero tuvo el presentimiento de que Kaei no respondería a esa pregunta.

Quizá Kaei estaba perturbada solo por la rapidez del curso de la paz. Esto no quería decir que ella podía proveer evidencias físicas para apoyar sus sentimientos. Sus ansiedades sobre Gyousou eran realmente su sentido de pánico al subirse a los rápidos que él había creado. Muchos se sentían igual. A nadie le gusta los cambios rápidos. No, ni mucho menos. Hubo mucha gente que abrazó instintivamente sus temores. Y los que temblaron ante la falta de decisión de Gyousou para resolver los problemas. Y los que se opusieron simplemente por el hecho de oponerse.

Chirriantes ruedas en busca de grasa.

La oposición a su Majestad bajo normales circunstancias estaba relacionada a la re-satisfacción con la forma en la que eran tratados, dudando acerca de la competencia en el gobierno, o haber nacido fuera de algunos desacuerdos con la personalidad del rey.

Que todavía Kaei mostrara preocupaciones sobre la forma en la que era tratada no significaba que cuestionara la capacidad de Gyousou. Sus preocupaciones le sonaban más a Risai como desacuerdos con la personalidad de Gyousou, pero eso no era probablemente la totalidad de estos. La raíz del problema radicaba en el miedo irracional de Kaei a los cambios rápidos.

Una brillante luz brilló en la oscuridad. No era la culpa de Gyousou, y nadie le echaba la culpa a él directamente. Si no, habría sido fácil de entender. Fácil de leer. Esos problemas habrían tendido a avanzar. Risai no sabía a dónde y en qué forma esos sentimientos se escondían. Esta opacidad era lo que encontraba atemorizante, pensó Risai, mientras se despedía de Kaei.


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