INTERLUDIO
CAPÍTULO
37
La oscuridad estaba comenzando a herrumbrarse, como si se manchara por
el color marrón rojizo de la sangre seca. Sanshi también fue envuelta por las
sucias naranjas corroídas impurezas. Al mismo tiempo, sintió su impaciencia y
frustración creciendo.
Este es mi Taiki.
Algo crecía en él como un veneno. En algún momento
del tiempo, la masa acumulada comenzó a devorar su fuerza vital. Se volvía más
delgada día a día. A ese ritmo seguramente moriría. Todo se perdería.
¿Deberíamos matarlos? Dijo la chirriante voz
desde la herrumbrosa oscuridad.
—Detente. Por el momento, estas personas se están
haciendo cargo de Taiki, son necesarios para él.
—Él es su cautivo.
—No pueden ser asesinados mientras él sea su
cautivo.
—Pero el veneno aumenta.
—Lo sé —dijo Sanshi, sus manos destrozaban su
pecho. Su piel pálida estaba cubierta con numerosas heridas de las cuales
escurrían gotas de sangre.
Ellos morirían. Serían asesinados.
Aparte de ese destino, su impaciencia limitaba su
conciencia cada vez más. Para ese momento, Sanshi había estado viendo a todos
los habitantes como sus enemigos. Sus carceleros vivían con Taiki en la
prisión. Ellos rodeaban la prisión. Observaban a Taiki, intentando infringirle
daño en cada oportunidad.
Y si buscaban venganza, la oscuridad y la corrosión
solo aumentaban, dañando su fuerza vital, y contaminando a Sanshi. Pero ahora,
Sanshi no podía distinguir más entre lo que pasaba allá y lo que pasaba acá.
Todo lo que sabía era que sus enemigos estaban
cerca. Quien quiera que sea, había intentado asesinar a Gyousou, robar el trono
y robar la vida de Taiki también.
Eso era algo que ella no podía permitir en lo
absoluto.
Mirando atrás en lo que había ocurrido, todo había
surgido a partir de sutiles malentendidos de parte de Sanshi mientras tropezaba
con diferencias entre acá y allá. Sanshi no podía comprender que
el mundo que rodeaba a Taiki era diferente del suyo en sus propias bases.
Por cada devolución llevada en defensa de Taiki
surgía un nuevo tormento, que en poco tiempo atraía una nueva hostilidad y
desprecio. Las persecuciones aumentaron, al igual que sus venganzas. La
intensidad de las retribuciones provocaba más retribuciones. Y así creció el
círculo, autoalimentándose.
Taiki se había convertido en una amenaza para este
mundo, un objeto de aversión. Sanshi no podía entender eso. La sangre teñida
que fluía por su venganza, y todo su rencor, ennegrecía la sombra de Taiki, y
daba más rienda suelta a Sanshi… y especialmente a… la naturaleza youma
de Gouran. Y en proporción inversa disminuía sus razones y sentidos.
Un total desastre surgía frente a sus ojos.

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