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viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Parte VI Capítulo 38

 

PARTE VI

CAPÍTULO 38

 

 

 

Renrin corrió hacía la sala Ransetsu.

—Lo encontré —gritó.

Keiki y Rokuta saltaron. Durmiendo en el regazo de su amo, Hanrin levantó su cabeza también.

—El aura de Taiki. Y no fue dejada hace mucho tiempo.

—¿Dónde?

Rokuta atropellaba sus pasos mientras sus piernas podían. Juntos regresaron al Kokinsai. Keiki los siguió detrás. Hanrin se despegó de la sala como un tiro.

Al final del corredor sinuoso, una pálida luz que se derramaba desde la desembocadura del Kokinsai. La cola de una serpiente plateada enroscada alrededor del brazo de Renrin seguía iluminando la ronda del círculo de luz. Tomando su mano, Keiki pasó a través del resplandor. Llegando al final, se amplió en una oscura e inorgánica cavidad.

La estéril caverna que era esa habitación era un cuadrado perfecto, como una estructura. Treinta o cuarenta escritorios monótonos de aspecto aséptico estaban dispuestos en filas. Un desagradable aire como el que se encuentra alrededor de viejas ruinas colgándose de las prisiones y habitaciones.

Observando todo esto, Keiki recordó algo.

—Esta es una escuela, ¿tal vez?

Keiki había visto habitaciones como estas anteriormente, cuando había viajado a Wa a encontrar a Youko.

—¿Una sala de clase? —preguntó Rokuta.

Como siempre, Keiki se sintió disconforme con la presencia de Rokuta. Su brillante pelo de oro lo marcaba claramente como kirin. Pero el chico que estaba parado allí simplemente no se parecía en nada a Enki.

—Apuesto a que es la escuela de Taiki —murmuró Rokuta, dando un vistazo al lugar.

Seguida después de Rokuta, apareció Renrin, y el tenue brillo en las esquinas de la sala parpadearon.

—En Taiho, Kei Taiho, es por aquí.

Renrin se movió rápidamente entre los escritorios y señaló un punto en el piso.

—Aquí. El shirei lo encontró.

Detrás de ella, las siluetas de sus compañeros se hicieron medio transparentes en el aire, ahora y después perdían su contorno humano y revelaban las bestias interiores.

Renrin se dirigió hacia las parpadeantes sombras y señaló una profunda mancha violeta en el suelo. Un hilo de luz brillaba ahí, como si se aferrara desesperadamente a la vida, continuaba en puntos y guiones.

—¿Es esta el aura de un kirin?

—Eso creo. Sin embargo… —dijo Keiki. Sus palabras parecían perderse en las sombras.

—Continúa en esa dirección.

Con un ligero escalofrío, Renrin continuó a lo largo de la pared del aula. Siluetas merodeaban el vacío y oscuro pasillo como varios fantasmas. En el piso, bajo los pies del merodeador shirei estaban dispersos los delgados restos de luz, como un rastro de migajas de pan dejados por el kirin perdido.

—Termina aquí, pero es definitivamente Taiki. Además, creo que este rastro fue dejado en los últimos días.

Keiki frunció las cejas y asintió firmemente.

—Estás sin duda en lo cierto, sin embargo…

Rokuta continuó desde donde se quedó la voz de Keiki.

—Para un kirin, un signo de mal augurio.

—Está contaminado —dijo la pequeña criatura perro, apareciendo a sus pies. Bajó su hocico al suelo y olió el tenue brillo—. Huelo a sangre. Causa de preocupación.

—¿Eso crees, Juuko?

—Estoy seguro. La maldición de sangre y acumulación de envenenamientos impuros. Algo ha ocurrido que enferma a Taiki. Algo bastante malo. —Giró su hocico nuevamente hacia el suelo y gruñó inquietantemente—. Esta es el aura de su nyokai. Tiene el olor de la muerte sobre ella.

Ese olor era evidente para Renrin, Keiki y Rokuta. Un inquieto e inmundo olor que inundaba lo que debería ser los claros y brillantes tonos del aura de un kirin. Algo realmente le había pasado a Taiki. No estaba completamente claro de qué. Pero una cosa estaba clara. El hedor del combate estaba en esa habitación.

—Gouran ha adquirido el carácter de youma. El aura de Sanshi está siendo desgarrada. Y algo malo le está pasando al ambiente de Taiki.

Keiki asintió en un blanco asombro para la observación de Rokuta. El aura de sangre y violencia. Taiki fue capturado por ese vórtice, su naturaleza como kirin fue despojada. Y no sería más mantenida.

—Si no nos apuramos, todo se perderá. Taiki está muy enfermo. Y más que la enfermedad de Taiki, debemos considerar el decaimiento de los shirei. Aunque Gouran y Sanshi no parecen haber perdido sus poderes, si no cambian pronto, no podremos enviar a Taiki a este encornado remolino.

Keiki deslizó sus dedos contra la restante luz.

—Sus poderes de juzgar deben estar afectados. Si depositamos este estupor proveniente de él como resultado de que un shirei se enferme, eso probablemente constituiría la causa principal de las impurezas.

—Probablemente estés en lo correcto. Cualquier y todas las provocaciones terminan en derramamiento de sangre. El tigre persiguiendo su cola en la eternidad.

Y perdiendo el agarre de su naturaleza esencial, Taiki perderá el control de sus shirei también.

—¿Entendemos que así es como resultan ser las cosas? —imploró Renrin, enfrentando la oscuridad a su alrededor. Desde aquí y allá las muchas y rastreras sombras respondieron con solo un cruel silencio. Renrin llevó sus manos a la cara.

—Estamos definitivamente acercándonos, y aun así…

—Sigamos mirando —dijo Rokuta—. Deberíamos ser capaces de encontrar donde se interrumpe este hilo.

Se metió dentro de la oscura caverna, donde ningún rayo de luz podía verse. Renrin y Keiki lo siguieron. Vacantes aulas enfrentaban el corredor. Una escalera como un eje hundido en la tierra. Dentro de la inhabitada tranquilidad y la fuertemente atada espiral de negrura, vagaron de un lado a otro, buscando las líneas de la luz. Alrededor del edificio similarmente asquerosas las grotescas formas de los shirei, buscando por la evidencia perdida.

—No puedo encontrar nada en ningún lugar —dijo la desanimada Renrin.

Buscaron dentro y fuera del edificio. Renrin regresó a la sala de clase donde los filamentos brillantes aparecieron por primera vez y tristemente los estudió. Los rastros seguían brillando tenuemente, desechando el extraño aroma. No parecían haber sido dejados hoy o ayer, pero la falta de nuevas pistas sugería que Taiki no debía estar ahí en absoluto.

—En Taiho, Kei Taiho, ¿qué deberíamos hacer?

—No sabemos a dónde se fue —Rokuta dejó salir un profundo respiro.

Keiki le dijo fríamente a Rokuta:

—No es tiempo para desesperarse. No hay necesidad de eso tampoco. Hemos comprobado que estuvo aquí en el pasado. Esto no constituye más motivos para rendirse. Si estuvo aquí antes, seguramente aparecerá aquí de nuevo. En cualquier caso, deberíamos expandir nuestros esfuerzos de búsqueda con esta ubicación como lugar.

Renrin asintió. Llamó:

—Hanshi[1]. —Con un sonido como una cinta separándose del vidrio, una oscura sombra se separó del piso y se paró—. Hiciste un buen trabajo encontrando esto. Me gustaría que te quedaras atrás y vigilaras.

La sombra levantó su cabeza como una cobra y movió su cuerpo como si asintiera. Entonces, tan rápido como fue deslizándose, se reincorporó a la sombra a sus pies.


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