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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 14

 

CAPÍTULO 14

 

 

 

Risai y Kaei crecieron juntas después de eso. Risai no era una recién llegada como Kaei, y técnicamente no era una subordinada de Gyousou. Ambas eran mujeres, pero una era un funcionario civil y la otra una oficial militar. Tal vez siendo tan diferentes era la razón por la que llevaban tan bien juntas.

Kaei llevaba una expresión de preocupación en su rostro como siempre. Taiki se dirigía a Ren y la caza de invierno había comenzado en serio, dejándola aún más deprimida. Se sentía sumida en la incertidumbre.

Funcionarios gubernamentales de todos tipos eran sentados en el banquillo para que respondieran por todos sus pecados. Correspondía a Kaei evaluar los cargos y dictar las sentencias. El grito de los burócratas ya se había levantado, que las sentencias eran demasiado leves. Incluso cuando endurecía su corazón la llamaban blanda a sus espaldas.

Con una voz, aquellos quienes no sabían nada de estas personas o sus circunstancias asediaban el ministerio. ¿Serían estos oficiales corruptos que habían hecho lo que les placía mientras servían al rey anterior ignorados? ¿Se les permitiría correr libres sin reproche? Las amargas críticas caían.

Las agresiones se llevaban su mente y cuerpo.

—¿Por qué estoy a cargo del Ministerio de Otoño? Risai, no puedo entender en qué estaban pensando su Majestad. —Kaei se sentó en su oficina en el ministerio y lloró. La rutina diaria de su trabajo no había hecho más que convertirlo en su segundo hogar.

En una pérdida de palabras consoladores, Risai salió del Palacio. Era de noche. El mundo sobre el Mar de Nubes debe ser más cálido que el mundo de abajo, pero los jardines eran suficientemente fríos que las heladas ya habían comenzado a caer. Una ligera brisa soplaba. Risai llegó a pensar que había sangre en el aire. De hecho, no debería haber ninguna razón por la cual hubiese tal olor en las linderas del Palacio.

Los funcionarios fueron arrestados y entregados al Ministerio de Otoño, y después llevados a la horca. Dependiendo de las circunstancias, Risai y sus colegas tenían la responsabilidad clandestina de disponer de los cuerpos. Por la necesidad de actuar de manera encubierta, Risai empleaba el mínimo número de subordinados. Ella llegó a ensuciarse las manos también. Ella había sido reducida a excavadora de tumbas en ocasiones, y estaba segura de que el hedor se filtraba en su piel.

Pero ella podía vivir con ello. Como soldado, ella había sido herida hasta la muerte. Pero Kaei…

Por alguna razón u otra, Risai se encontró en el Palacio Interior. Marchando a la puerta que llevaba al Seishin, se detuvo en sus pasos. Los seis generales de la Armada Imperial tenían permiso de Gyousou para entrar al Seishin cuando quisieran. Pero ¿qué es lo que ella le diría cuando estuvieran frente a frente? No tenía ni idea. Finalmente se dio vuelta y se fue con el corazón triste.

Se sentó en una esquina de un gazebo dentro de los jardines del Palacio Interior, demasiado cansada para continuar.

Kaei realmente está en mal estado. Risai encorvó sus hombros y suspiró. Detrás de ella una voz dijo:

—Te ves agotada.

Instintivamente enderezó su postura. Mirando sobre su hombro, era de hecho Gyousou quien había ido a ella.

—Bueno, ese no es realmente el problema.

—¿Te importa si me siento? —Risai asintió en silencio. Él le preguntó—: ¿No tienes frío?

—Está algo frío —su ánimo era como fragmentos de hielo. Comparado con cómo se sentía por dentro, la helada cayendo en las mesas de piedra, difícilmente le afectaba.

—¿Has llegado a conocer bastante bien a Kaei?

Ese comentario fue suficiente para hacer saltar a Risai de sus pies y salir corriendo. Él probablemente tenía algunas amonestaciones que quería hacer llegar a Kaei. Pero justo ahora Risai no quería oírlas.

—El hecho es que ustedes son muy buenas amigas.

—S…sí.

—Hay algo que me gustaría que le preguntes en nombre mío: si consideró tomar un año sabático.

Los ojos de Risai se abrieron en sorpresa.

—¿Está hablando de despedir a Kaei?

Ella fijó sus ojos en él y Gyousou sonrió irónicamente.

—Nada de eso. No quiero decir que estoy insatisfecho con el trabajo que está haciendo, pero parece que está asumiendo una gran carga.

—No creo que Kaei lo considere una carga. Ella lo considera su trabajo.

De lo que él estaba hablando -de despedir a Kaei como Daishikou- significaría quitarla de la Corte Imperial. Esa sería una degradación para cualquier funcionario público. Y así Risai basó su defensa.

—Ella está trabajando tan duro como puede. Está siendo criticada por todos los cuarteles, pero quizá Kaei nunca se ajustó bien con el Ministerio de Otoño desde el principio.

—Quizá —concordó Gyousou.

Risai tembló a pesar de que no fuera por el frío. Era por su furia.

—Si entiende tanto, su Majestad, entonces ¿por qué nombrarla ministro en primer lugar?

—Te refieres, que el Daishikou parece terriblemente blando con los criminales…

—Sí, realmente. Lo que es el porqué del porque dije que ella no es la persona correcta para el trabajo.

—Lo que es la razón del porque ella es la persona correcta para ese trabajo.

Su respuesta le quitó el aire de la boca y la dejó sin palabras.

—Como alguien que es “suave con los criminales”, Kaei sirve como contrapeso a los remolinos de locura a nuestro alrededor. Sin embargo, desde su perspectiva, debe haber límites que ella debe soportar. Si las cosas se ponen más difíciles de lo que ella pueda aguantar, estaría feliz de transferirla a otra posición. Están el Ministerio de Primavera o de la Tierra. Hazle saber que se puede hacer un arreglo de este u otro tipo.

Pero, pensó Risai. Parece que Gyousou mismo entiende que su revolución está tirando las cosas abajo.

—Juzgando y sentenciando no es algo fácil de controlar. Como una piedra que cae de una colina, solo toma velocidad. Por el momento, debe permitírsele rodar. Eso es porque considero que el único ministro menos adecuado para la posición es el más adecuado.

—Sí, lo veo.

—Pero está matando a Kaei. No deseo ver a un ministro capaz y prometedor roto por un peso así. Si yo le recomendara que tomase una licencia personalmente, Kaei lo tomaría como una degradación. Pero si tú la abordaras con el tema como amiga, creo que tomaría la recomendación con el ánimo de la intención.

Risai por una vez sintió un gran peso quitado de sus hombros. Tomó una respiración profunda y luego la dejó ir.

—¿Sería posible que usted procediera de un modo más leve y moderado? Kaei no es una soldado. Ella lo siente como una responsabilidad poner todo en orden y avanzar a un ritmo moderado. Creo que haciéndolo le quitaría algunas presiones de encima.

—Excepto por eso nuestras metas deben lograrse para cuando Kaei regrese. He sido informado que Kouri llegó a Ren. Eso nos deja no más de una quincena para trabajar.

—¿Puede ser esto logrado en la ausencia del Taiho?

—Eso creo.

—Pero después de que regrese a Tai, va a escuchar las cosas. Lo que ha estado sucediendo -más allá de la simple purga- no puede reprimirse. Y cuando lo escuche, ¿no le destrozaría el corazón? ¿No sería mejor informarle antes de que suceda?

—El kirin —hizo notar Gyousou con una leve sonrisa—, es llamado el producto de la voluntad de la gente. Lo que debe ser ocultado a la gente también debe ser ocultado al kirin.

—¿Realmente así lo cree? O quizá, ¿es el tipo de cosa que preferiría que el Taiho no viese u oyese? ¿Y cómo puede ser esto ocultado a los ojos de la gente? Si la verdad de la purga llega a la luz, seguramente se alarmarían. Pero aquellos que conspiraron para causar tanto dolor durante el reinado del Rey Kyou deben ser llevados ante la justicia. El pueblo quiere saber si sus opresores son castigados y qué está haciendo el Ministerio de Otoño con eso. Si estos gritos de re-satisfacción no pueden ser respondidos, no estarán satisfechos con lo que se haya hecho.

Una dinastía debe llegar a su fin en el momento en el que el rey muera. Pero eso no trae un final al sufrimiento de las personas. Para ellos, hubo una clara línea que marcara el fin de una dinastía y el principio de otra. Una dinastía débil incrementa su sufrimiento, y entonces la nueva Corte Imperial olvida que sigue los antiguos pecados de los burócratas.

Incluso con la coronación del nuevo rey, los primeros días seguramente estuvieron llenos de caos. El sufrimiento de la gente no terminó con la coronación. Ellos necesitaban alguna señal que les indicara el fin de la era maligna, algo que desviara las miradas del antiguo régimen. Algo que trajera ambas partes como una sola y que dijera que el sufrimiento de la gente había acabado y una nueva era amanecía en la cual las cosas se harían de nuevo.

—Ese podría ser el caso.

—Pero…

—Pero no deseo que Kouri vea nada de esto. Él sigue siendo pequeño y no puede soportar ver la sangre. Es un kirin después de todo.

—Si realmente está preocupado por los sentimientos del Taiho, ¿no debería estar considerando sus sentimientos cuando descubra lo que ha estado sucediendo en su ausencia? Cuando descubra después del hecho -cuando no puede cambiar nada- que fue enviado fuera del reino para asegurar que no pudiera cambiar nada, ¿cómo se sentiría entonces?

Le pareció a Risai que estaba olvidando su lugar y diciendo más de lo que debía, pero Gyousou asintió.

—Es lamentable. Sin embargo, esas son cosas que no puedo hacer.

Risai inclinó su cabeza.

—A veces, Kuori me muestra un rostro atemorizado. Para mí, estoy viendo en ello el rostro de ansiedad de la gente.

Asustada, Risai miró a Gyousou.

—El kirin es la encarnación de la voluntad del pueblo… A veces me pregunto si eso no es lo que estoy viendo. El miedo de la guerra y del derramamiento de sangre, ¿no está eso en la naturaleza de la gente también? El difunto rey surgió de la administración pública. Como consecuencia, sus últimos días no terminaron en atrocidades. En vez de eso, el reino murió en un largo deterioro. Tomando un rey de las fuerzas armadas es el mayor efecto para reavivar la fe de la gente, pero al mismo tiempo apenas calma sus temores. Cuando un rey militar es decidido, sus caídas son las más desastrosas. Ese es el miedo que creo ver reflejado en los ojos de Kouri.

Esta persona, pensó Risai, y luego olvidó el resto de lo que quería decir. No sabía cómo expresar lo que sentía en ese preciso momento. Algo extraordinario. Algo lejos de lo común. Ella tenía que preocuparse si él estaba mirando a ese entrañable niño con los mismos ojos.

—Esta vez, no es algo que quiera que vea Kouri. Y siendo ese el caso, debe alejarse de los ojos de la gente también. Kouri existe para tomar medidas de ese tipo de cosas. La confianza de la gente todavía no ha llegado a esa etapa…

, Risai asintió. Al mismo tiempo, ella no podía evitar sentir si, Gyousou no es uno de nosotros. Taiki le parecía más que un pequeño niño. Y una vez que había ejercido la máxima responsabilidad eligiendo a un rey… un inservible e impotente niño. Pero así no era como Gyousou lo veía. Taiki continuaba teniendo un gran e importante rol que cumplir, y no como su adorable perrito faldero. Pero por supuesto que así fue como las cosas fueron. Pero Taiki no era un chico sino un kirin. No importaba cuántas veces se le había explicado, era la primera vez que ella lo entendía por sí misma.

—Tan lejos como respectan estos eventos. Kouri se mantendrá en la oscuridad. Y al igual la gente. Actuando con la debida rapidez, y manteniéndose en las sombras lo más posible, el conocimiento de lo que ha ocurrido se mantendrá lejos de él.

—Entiendo.

Risai cedió. Gyousou asintió y se levantó. Risai lo vio irse y luego volvió con Kaei. Por razones completamente diferentes a las anteriores, Kaei se quebró y lloró. Finalmente parecía haber bajado la guardia. Después de haber llorado por un rato, Kaei sonrió como un cielo de verano limpio después de la tormenta.

—Risai, entiendo cuando dices que su Majestad es un tipo de persona diferente a nosotros. Siento que incluso puedo encontrar una forma de estar de acuerdo.

—Siento que mi fe ha sido confirmada también —acordó Risai con una humilde sonrisa.

Kaei parecía estar tomando las cosas más tranquilas después de eso. Las diferencias de temperamento entre Kaei y los subordinados de Gyousou parecía estar en equilibrio, y ella pareció ser vista como parte del séquito de Gyousou.

Desde ese momento, Risai pensó ver cambios similares aquí y allá. Empezó a oír dudosas voces en público al mismo tiempo en el que Kaei había expresado sus preocupaciones: aquellos quienes, como Kaei, no estaban acostumbrados a los métodos de Gyousou; en lo que los rápidos cambios producen gran ansiedad. Parecían haber más de los que Risai había imaginado.

Sin embargo, el volumen de esas voces disminuyó. Poco a poco, la Corte Imperial se convirtió en su propósito. O así era como a ella le pareció.

Y Risai encontró este temor. No podía colocar sus preocupaciones en palabras. Si se forzaba a hablar de sus sentimientos, ella probablemente diría que estaba preocupada de algo que se lograba tan bien, podía terminar tan mal. El producto final de cualquier manera sería el mismo, las únicas diferencias eran las direcciones en las que viajaban. De la misma manera un feroz rey se abría a las calamidades, ¿no era Gyousou abriendo la puerta a los desastres?

En cualquier caso, la Corte Imperial estaba de pie y mostró un frente unificado. Dudando sobre las reglas militares de Gyousou, la ansiedad por la velocidad de las reformas, y temores sobre las resoluciones de sus acciones parecían desvanecerse. Los problemáticos burócratas y ministros fueron tratados antes del regreso de Taiki.

Con el desagrado fuera de este gran mal, todos creían que las cosas no comenzarían a avanzar. Ellos mantenían sus ojos abiertos, haciendo preparaciones y buscando signos de avance. Diferencias de temperamentos, y la discordia entre aquellos que se llamaban subordinados y los que no, se revolvieron también.

No debería de haber problemas después de esto. Sin embargo, Risai sintió que faltaba algo -algo que no había visto- que debía tener. Alguna otra semilla de destrucción estaba escondida en las profundidades de la sombra en el fondo de allí.

No podía aclarar sus sentimientos. Y, de hecho, se acercaba la primavera por debajo de las plácidas olas.


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