Risai y Kaei crecieron juntas
después de eso. Risai no era una recién llegada como Kaei, y técnicamente no
era una subordinada de Gyousou. Ambas eran mujeres, pero una era un funcionario
civil y la otra una oficial militar. Tal vez siendo tan diferentes era la razón
por la que llevaban tan bien juntas.
Kaei
llevaba una expresión de preocupación en su rostro como siempre. Taiki se
dirigía a Ren y la caza de invierno había comenzado en serio, dejándola aún más
deprimida. Se sentía sumida en la incertidumbre.
Funcionarios
gubernamentales de todos tipos eran sentados en el banquillo para que
respondieran por todos sus pecados. Correspondía a Kaei evaluar los cargos y
dictar las sentencias. El grito de los burócratas ya se había levantado, que
las sentencias eran demasiado leves. Incluso cuando endurecía su corazón la
llamaban blanda a sus espaldas.
Con una
voz, aquellos quienes no sabían nada de estas personas o sus circunstancias
asediaban el ministerio. ¿Serían estos oficiales corruptos que habían hecho lo
que les placía mientras servían al rey anterior ignorados? ¿Se les permitiría
correr libres sin reproche? Las amargas críticas caían.
Las
agresiones se llevaban su mente y cuerpo.
—¿Por qué
estoy a cargo del Ministerio de Otoño? Risai, no puedo entender en qué estaban
pensando su Majestad. —Kaei se sentó en su oficina en el ministerio y lloró. La
rutina diaria de su trabajo no había hecho más que convertirlo en su segundo
hogar.
En una
pérdida de palabras consoladores, Risai salió del Palacio. Era de noche. El
mundo sobre el Mar de Nubes debe ser más cálido que el mundo de abajo, pero los
jardines eran suficientemente fríos que las heladas ya habían comenzado a caer.
Una ligera brisa soplaba. Risai llegó a pensar que había sangre en el aire. De
hecho, no debería haber ninguna razón por la cual hubiese tal olor en las
linderas del Palacio.
Los
funcionarios fueron arrestados y entregados al Ministerio de Otoño, y después
llevados a la horca. Dependiendo de las circunstancias, Risai y sus colegas
tenían la responsabilidad clandestina de disponer de los cuerpos. Por la
necesidad de actuar de manera encubierta, Risai empleaba el mínimo número de
subordinados. Ella llegó a ensuciarse las manos también. Ella había sido
reducida a excavadora de tumbas en ocasiones, y estaba segura de que el hedor
se filtraba en su piel.
Pero ella
podía vivir con ello. Como soldado, ella había sido herida hasta la muerte.
Pero Kaei…
Por alguna
razón u otra, Risai se encontró en el Palacio Interior. Marchando a la puerta
que llevaba al Seishin, se detuvo en sus pasos. Los seis generales de la Armada
Imperial tenían permiso de Gyousou para entrar al Seishin cuando quisieran.
Pero ¿qué es lo que ella le diría cuando estuvieran frente a frente? No tenía
ni idea. Finalmente se dio vuelta y se fue con el corazón triste.
Se sentó en
una esquina de un gazebo dentro de los jardines del Palacio Interior, demasiado
cansada para continuar.
Kaei
realmente está en mal estado. Risai encorvó sus hombros y suspiró. Detrás
de ella una voz dijo:
—Te ves
agotada.
Instintivamente
enderezó su postura. Mirando sobre su hombro, era de hecho Gyousou quien había
ido a ella.
—Bueno, ese
no es realmente el problema.
—¿Te
importa si me siento? —Risai asintió en silencio. Él le preguntó—: ¿No tienes
frío?
—Está algo
frío —su ánimo era como fragmentos de hielo. Comparado con cómo se sentía por
dentro, la helada cayendo en las mesas de piedra, difícilmente le afectaba.
—¿Has
llegado a conocer bastante bien a Kaei?
Ese
comentario fue suficiente para hacer saltar a Risai de sus pies y salir
corriendo. Él probablemente tenía algunas amonestaciones que quería hacer
llegar a Kaei. Pero justo ahora Risai no quería oírlas.
—El hecho
es que ustedes son muy buenas amigas.
—S…sí.
—Hay algo
que me gustaría que le preguntes en nombre mío: si consideró tomar un año
sabático.
Los ojos de
Risai se abrieron en sorpresa.
—¿Está
hablando de despedir a Kaei?
Ella fijó
sus ojos en él y Gyousou sonrió irónicamente.
—Nada de
eso. No quiero decir que estoy insatisfecho con el trabajo que está haciendo,
pero parece que está asumiendo una gran carga.
—No creo
que Kaei lo considere una carga. Ella lo considera su trabajo.
De lo que
él estaba hablando -de despedir a Kaei como Daishikou- significaría quitarla de
la Corte Imperial. Esa sería una degradación para cualquier funcionario
público. Y así Risai basó su defensa.
—Ella está
trabajando tan duro como puede. Está siendo criticada por todos los cuarteles,
pero quizá Kaei nunca se ajustó bien con el Ministerio de Otoño desde el
principio.
—Quizá
—concordó Gyousou.
Risai
tembló a pesar de que no fuera por el frío. Era por su furia.
—Si
entiende tanto, su Majestad, entonces ¿por qué nombrarla ministro en primer
lugar?
—Te
refieres, que el Daishikou parece terriblemente blando con los criminales…
—Sí,
realmente. Lo que es el porqué del porque dije que ella no es la persona
correcta para el trabajo.
—Lo que es
la razón del porque ella es la persona correcta para ese trabajo.
Su
respuesta le quitó el aire de la boca y la dejó sin palabras.
—Como
alguien que es “suave con los criminales”, Kaei sirve como contrapeso a los
remolinos de locura a nuestro alrededor. Sin embargo, desde su perspectiva,
debe haber límites que ella debe soportar. Si las cosas se ponen más difíciles
de lo que ella pueda aguantar, estaría feliz de transferirla a otra posición. Están
el Ministerio de Primavera o de la Tierra. Hazle saber que se puede hacer un
arreglo de este u otro tipo.
Pero,
pensó Risai. Parece que Gyousou mismo entiende que su revolución está
tirando las cosas abajo.
—Juzgando y
sentenciando no es algo fácil de controlar. Como una piedra que cae de una
colina, solo toma velocidad. Por el momento, debe permitírsele rodar. Eso es
porque considero que el único ministro menos adecuado para la posición es el
más adecuado.
—Sí, lo
veo.
—Pero está
matando a Kaei. No deseo ver a un ministro capaz y prometedor roto por un peso
así. Si yo le recomendara que tomase una licencia personalmente, Kaei lo
tomaría como una degradación. Pero si tú la abordaras con el tema como amiga,
creo que tomaría la recomendación con el ánimo de la intención.
Risai por
una vez sintió un gran peso quitado de sus hombros. Tomó una respiración
profunda y luego la dejó ir.
—¿Sería
posible que usted procediera de un modo más leve y moderado? Kaei no es una
soldado. Ella lo siente como una responsabilidad poner todo en orden y avanzar
a un ritmo moderado. Creo que haciéndolo le quitaría algunas presiones de
encima.
—Excepto
por eso nuestras metas deben lograrse para cuando Kaei regrese. He sido
informado que Kouri llegó a Ren. Eso nos deja no más de una quincena para
trabajar.
—¿Puede ser
esto logrado en la ausencia del Taiho?
—Eso creo.
—Pero
después de que regrese a Tai, va a escuchar las cosas. Lo que ha estado sucediendo
-más allá de la simple purga- no puede reprimirse. Y cuando lo escuche, ¿no le
destrozaría el corazón? ¿No sería mejor informarle antes de que suceda?
—El kirin
—hizo notar Gyousou con una leve sonrisa—, es llamado el producto de la
voluntad de la gente. Lo que debe ser ocultado a la gente también debe ser
ocultado al kirin.
—¿Realmente
así lo cree? O quizá, ¿es el tipo de cosa que preferiría que el Taiho no viese
u oyese? ¿Y cómo puede ser esto ocultado a los ojos de la gente? Si la verdad
de la purga llega a la luz, seguramente se alarmarían. Pero aquellos que
conspiraron para causar tanto dolor durante el reinado del Rey Kyou deben ser
llevados ante la justicia. El pueblo quiere saber si sus opresores son
castigados y qué está haciendo el Ministerio de Otoño con eso. Si estos gritos
de re-satisfacción no pueden ser respondidos, no estarán satisfechos con lo que
se haya hecho.
Una
dinastía debe llegar a su fin en el momento en el que el rey muera. Pero eso no
trae un final al sufrimiento de las personas. Para ellos, hubo una clara línea
que marcara el fin de una dinastía y el principio de otra. Una dinastía débil
incrementa su sufrimiento, y entonces la nueva Corte Imperial olvida que sigue
los antiguos pecados de los burócratas.
Incluso con
la coronación del nuevo rey, los primeros días seguramente estuvieron llenos de
caos. El sufrimiento de la gente no terminó con la coronación. Ellos
necesitaban alguna señal que les indicara el fin de la era maligna, algo que
desviara las miradas del antiguo régimen. Algo que trajera ambas partes como
una sola y que dijera que el sufrimiento de la gente había acabado y una nueva
era amanecía en la cual las cosas se harían de nuevo.
—Ese podría
ser el caso.
—Pero…
—Pero no
deseo que Kouri vea nada de esto. Él sigue siendo pequeño y no puede soportar
ver la sangre. Es un kirin después de todo.
—Si
realmente está preocupado por los sentimientos del Taiho, ¿no debería estar
considerando sus sentimientos cuando descubra lo que ha estado sucediendo en su
ausencia? Cuando descubra después del hecho -cuando no puede cambiar nada- que
fue enviado fuera del reino para asegurar que no pudiera cambiar nada, ¿cómo se
sentiría entonces?
Le pareció
a Risai que estaba olvidando su lugar y diciendo más de lo que debía, pero
Gyousou asintió.
—Es
lamentable. Sin embargo, esas son cosas que no puedo hacer.
Risai
inclinó su cabeza.
—A veces,
Kuori me muestra un rostro atemorizado. Para mí, estoy viendo en ello el rostro
de ansiedad de la gente.
Asustada,
Risai miró a Gyousou.
—El kirin
es la encarnación de la voluntad del pueblo… A veces me pregunto si eso no es
lo que estoy viendo. El miedo de la guerra y del derramamiento de sangre, ¿no
está eso en la naturaleza de la gente también? El difunto rey surgió de la
administración pública. Como consecuencia, sus últimos días no terminaron en
atrocidades. En vez de eso, el reino murió en un largo deterioro. Tomando un
rey de las fuerzas armadas es el mayor efecto para reavivar la fe de la gente,
pero al mismo tiempo apenas calma sus temores. Cuando un rey militar es
decidido, sus caídas son las más desastrosas. Ese es el miedo que creo ver
reflejado en los ojos de Kouri.
Esta
persona, pensó Risai, y luego olvidó el resto de lo que quería decir. No
sabía cómo expresar lo que sentía en ese preciso momento. Algo extraordinario.
Algo lejos de lo común. Ella tenía que preocuparse si él estaba mirando a ese
entrañable niño con los mismos ojos.
—Esta vez,
no es algo que quiera que vea Kouri. Y siendo ese el caso, debe alejarse de los
ojos de la gente también. Kouri existe para tomar medidas de ese tipo de cosas.
La confianza de la gente todavía no ha llegado a esa etapa…
Sí,
Risai asintió. Al mismo tiempo, ella no podía evitar sentir si, Gyousou no
es uno de nosotros. Taiki le parecía más que un pequeño niño. Y una vez que
había ejercido la máxima responsabilidad eligiendo a un rey… un inservible e
impotente niño. Pero así no era como Gyousou lo veía. Taiki continuaba teniendo
un gran e importante rol que cumplir, y no como su adorable perrito faldero. Pero
por supuesto que así fue como las cosas fueron. Pero Taiki no era un chico sino
un kirin. No importaba cuántas veces se le había explicado, era la
primera vez que ella lo entendía por sí misma.
—Tan lejos
como respectan estos eventos. Kouri se mantendrá en la oscuridad. Y al igual la
gente. Actuando con la debida rapidez, y manteniéndose en las sombras lo más
posible, el conocimiento de lo que ha ocurrido se mantendrá lejos de él.
—Entiendo.
Risai
cedió. Gyousou asintió y se levantó. Risai lo vio irse y luego volvió con Kaei.
Por razones completamente diferentes a las anteriores, Kaei se quebró y lloró.
Finalmente parecía haber bajado la guardia. Después de haber llorado por un
rato, Kaei sonrió como un cielo de verano limpio después de la tormenta.
—Risai,
entiendo cuando dices que su Majestad es un tipo de persona diferente a
nosotros. Siento que incluso puedo encontrar una forma de estar de acuerdo.
—Siento que
mi fe ha sido confirmada también —acordó Risai con una humilde sonrisa.
Kaei
parecía estar tomando las cosas más tranquilas después de eso. Las diferencias
de temperamento entre Kaei y los subordinados de Gyousou parecía estar en
equilibrio, y ella pareció ser vista como parte del séquito de Gyousou.
Desde ese
momento, Risai pensó ver cambios similares aquí y allá. Empezó a oír dudosas
voces en público al mismo tiempo en el que Kaei había expresado sus
preocupaciones: aquellos quienes, como Kaei, no estaban acostumbrados a los
métodos de Gyousou; en lo que los rápidos cambios producen gran ansiedad.
Parecían haber más de los que Risai había imaginado.
Sin
embargo, el volumen de esas voces disminuyó. Poco a poco, la Corte Imperial se
convirtió en su propósito. O así era como a ella le pareció.
Y Risai
encontró este temor. No podía colocar sus preocupaciones en palabras. Si se
forzaba a hablar de sus sentimientos, ella probablemente diría que estaba
preocupada de algo que se lograba tan bien, podía terminar tan mal. El producto
final de cualquier manera sería el mismo, las únicas diferencias eran las
direcciones en las que viajaban. De la misma manera un feroz rey se abría a las
calamidades, ¿no era Gyousou abriendo la puerta a los desastres?
En
cualquier caso, la Corte Imperial estaba de pie y mostró un frente unificado.
Dudando sobre las reglas militares de Gyousou, la ansiedad por la velocidad de
las reformas, y temores sobre las resoluciones de sus acciones parecían
desvanecerse. Los problemáticos burócratas y ministros fueron tratados antes
del regreso de Taiki.
Con el
desagrado fuera de este gran mal, todos creían que las cosas no comenzarían a
avanzar. Ellos mantenían sus ojos abiertos, haciendo preparaciones y buscando
signos de avance. Diferencias de temperamentos, y la discordia entre aquellos
que se llamaban subordinados y los que no, se revolvieron también.
No debería
de haber problemas después de esto. Sin embargo, Risai sintió que faltaba algo
-algo que no había visto- que debía tener. Alguna otra semilla de destrucción
estaba escondida en las profundidades de la sombra en el fondo de allí.
No podía
aclarar sus sentimientos. Y, de hecho, se acercaba la primavera por debajo de
las plácidas olas.

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