CAPÍTULO
42
Las noticias que Risai había estado esperando ansiosamente por fin
llegaron el día que regresaron del Monte Hou. Renrin entró apresuradamente,
tiró el Koseisan y gritó:
—¡Risai, él está ahí!
Risai se congeló en un shock. Escuchar sus más
esperadas noticias despertó más miedo que alegría, arraigando su cuerpo al
lugar.
—El shirei encontró a Taiki. Gouran y Sanshi
están definitivamente con él.
Risai presionó su brazo contra su pecho y gimió de
alivio.
—¿Cómo está?
—Parece no haber sido herido. Cuando llegué ahí, él
ya se había ido. Pero fui capaz de seguir el rastro. Reside en ese edificio.
Dejé a un shirei para que vigilara, por lo que no le perderemos el
rastro de nuevo.
Risai miraba hacia los cielos. Extrañamente, sentía
que las expresiones de agradecimiento emanaban dentro de ella. Realmente, si el
Cielo existía, entonces debía ser imperfecto. El Cielo debe tener errores. Pero
esos también pueden ser modificados. Un Cielo que nunca yerra nunca se puede
corregir.
Hanrin preguntó:
—¿Qué hacemos ahora? ¿Va a ir Shouryuu a verlo?
Un rey no era un ser mágico por naturaleza, y no
podía pasar por el Gogoukanda. Incluso llamado Dios, mantenía la esencia
de un hombre.
—No importa qué camino elijamos, Taiki vendrá. Se
tendrá que abrir la puerta Gogou.
—Eso producirá un largo shoku.
—Desafortunadamente es inevitable —Shouryuu murmuró
mayormente para sí.
—Usaremos tantos shirei como podamos para
limitar los daños colaterales en la mayor medida posible. No sé qué logrará,
sin embargo. De cualquier forma, le hemos preguntado al Rey de Sou, y los tres
reinos nos estarán enviando sus shirei. Vamos a multiplicar sus fuerzas
tanto como sea posible y haremos todo lo que podamos.
Hanrin asintió.
—¿Y entonces? —preguntó el Rey de Han.
Shouryuu dijo brevemente.
—Mañana.
El lugar donde la puerta sería abierta fue cuidadosamente investigado.
Mientras más alcanzara el Kyokai, mejor sería. Tan lejos de tierra firme como
fuera posible. Pero incluso la distancia no garantizaba que los malos efectos
del shoku puedan evitarse. Tal era la naturaleza de la bestia.
Rokuta dijo:
—En casos como este, deberíamos cerrar nuestros
ojos y confiar en el destino. —Llamó a sus shirei. Los kijuu no
podía cruzar el Kyokai. El shirei estaría con Shouryuu—. Rikaku[1], te lo
encargo.
Acompañado por Hankyo, quien había tomado de Keiki,
los dos youma más rápidos viajarían medio día dejando la mayor cantidad
de distancia entre ellos y la tierra. Los shirei los seguirían, viajando
invisiblemente a través de los arroyos psíquicos.
Rokuta los vio desde el balcón de las habitaciones
Seikou. Dejó salir un largo suspiro. Se separó de Youko y Risai en el Monte Hou
y regresó directamente a En. Había colocado la documentación en orden como le
había instruido Gyokuyou. Con el Sello Imperial en mano, regresaría a Kei esa
mañana. Y ahora todas las bases ya se habían establecido.
—Buen trabajo.
Estaba descansando su pera contra la baranda. Se
dio vuelta para encontrar que Youko estaba detrás suyo.
—No había trabajado tan duro por bastante tiempo.
¿Estás bien, Youko? ¿Tomando tiempo lejos de tus funciones oficiales?
—De cualquier modo, no estoy de buen humor como
para trabajar hoy. Koukan me dijo que estaba ahí en cuerpo y no en espíritu y
me sacó de ahí.
—¿No me digas?
—Bueno, le hice lo mismo a Keiki antes.
Rokuta rio.
—Pero, por supuesto. Keiki realmente tiene un punto
débil por el niño. Lo lleva como a su hermano pequeño. Realmente lo lleva bajo
su manto protector.
Esa noticia tomó a Youko por sorpresa.
—Eso es un poco raro, ¿no?
—De forma inusual —dijo Rokuta y ambos rieron.
Eso fue cerca del momento en que Hanrin entró
nerviosamente. Rokuta se dirigió a ella casualmente, pero por la mirada en su
rostro sabía que algo malo había pasado.
—¿Qué sucede?
—Renrin fue a revisar su condición. Dice que Taiki
no nos recuerda para nada.
—Increíble —murmuró Rokuta, corriendo hacia la sala
Ransetsu.
Renrin y Keiki miraban a su ingenio finalizar.
Risai se quedó parada como una vara.
—Renrin…
—En Taiho, Taiki está…
—¿Te reuniste con él? ¿Qué quieres decir con que no
nos recuerda?
Renrin sacudió su cabeza. Su rostro estaba pálido.
—¿Taiki está en tan mal estado?
—Definitivamente lo está. Pero está a salvo. Por lo
que me refiero a que sigue vivo. Pero no recuerda nada de este mundo. O qué
clase de ser es. Qué son los shirei o qué le pasa a él.
—Maldición —se le escapó a Enki—. Su cuerno. ¿Sigue
teniendo su cuerno?
—Esto debe ser porque no tiene un cuerno. ¿Qué
deberíamos hacer ahora, En Taiho?
—Vamos a hacer todo lo que se tiene que hacer.
Recuerde o no, no lo podían dejar ahí. En ese
estado actual, ninguno sabía cuánto tiempo más duraría. Para empeorar, sus shirei
seguían estando con él, y ellos estaban casi fuera de control. Si lo
abandonaban, tarde o temprano todos los demonios se soltarían. Nadie podía
imaginar qué podría hacer un toutetsu si ya no estaba vinculado.
—¿Se le trasmitió alguna palabra a Shouryuu?
—Yo lo haré —dijo Hanrin—. Los shirei
restantes deben alcanzarlo rápidamente.
—Bien —se dijo Enki a sí mismo—. En cualquier caso,
Taiki debe regresar a este mundo. Quizá no tome cariño a la idea al principio,
pero si se requiere la fuerza, la debemos usar. Después de eso… ¿quién sabe?
Quizá, una vez que su cuerno sane, todo vuelva a él.
Enki se dirigió a Risai.
—¿Estás de acuerdo con eso? ¿Tienes alguna
objeción?
—Estoy de acuerdo —dijo Risai, su rostro estaba
pálido y bajo.[2]

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