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domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 42

 

CAPÍTULO 42

 

 

 

Las noticias que Risai había estado esperando ansiosamente por fin llegaron el día que regresaron del Monte Hou. Renrin entró apresuradamente, tiró el Koseisan y gritó:

—¡Risai, él está ahí!

Risai se congeló en un shock. Escuchar sus más esperadas noticias despertó más miedo que alegría, arraigando su cuerpo al lugar.

—El shirei encontró a Taiki. Gouran y Sanshi están definitivamente con él.

Risai presionó su brazo contra su pecho y gimió de alivio.

—¿Cómo está?

—Parece no haber sido herido. Cuando llegué ahí, él ya se había ido. Pero fui capaz de seguir el rastro. Reside en ese edificio. Dejé a un shirei para que vigilara, por lo que no le perderemos el rastro de nuevo.

Risai miraba hacia los cielos. Extrañamente, sentía que las expresiones de agradecimiento emanaban dentro de ella. Realmente, si el Cielo existía, entonces debía ser imperfecto. El Cielo debe tener errores. Pero esos también pueden ser modificados. Un Cielo que nunca yerra nunca se puede corregir.

Hanrin preguntó:

—¿Qué hacemos ahora? ¿Va a ir Shouryuu a verlo?

Un rey no era un ser mágico por naturaleza, y no podía pasar por el Gogoukanda. Incluso llamado Dios, mantenía la esencia de un hombre.

—No importa qué camino elijamos, Taiki vendrá. Se tendrá que abrir la puerta Gogou.

—Eso producirá un largo shoku.

—Desafortunadamente es inevitable —Shouryuu murmuró mayormente para sí.

—Usaremos tantos shirei como podamos para limitar los daños colaterales en la mayor medida posible. No sé qué logrará, sin embargo. De cualquier forma, le hemos preguntado al Rey de Sou, y los tres reinos nos estarán enviando sus shirei. Vamos a multiplicar sus fuerzas tanto como sea posible y haremos todo lo que podamos.

Hanrin asintió.

—¿Y entonces? —preguntó el Rey de Han.

Shouryuu dijo brevemente.

—Mañana.

  

 

El lugar donde la puerta sería abierta fue cuidadosamente investigado. Mientras más alcanzara el Kyokai, mejor sería. Tan lejos de tierra firme como fuera posible. Pero incluso la distancia no garantizaba que los malos efectos del shoku puedan evitarse. Tal era la naturaleza de la bestia.

Rokuta dijo:

—En casos como este, deberíamos cerrar nuestros ojos y confiar en el destino. —Llamó a sus shirei. Los kijuu no podía cruzar el Kyokai. El shirei estaría con Shouryuu—. Rikaku[1], te lo encargo.

Acompañado por Hankyo, quien había tomado de Keiki, los dos youma más rápidos viajarían medio día dejando la mayor cantidad de distancia entre ellos y la tierra. Los shirei los seguirían, viajando invisiblemente a través de los arroyos psíquicos.

Rokuta los vio desde el balcón de las habitaciones Seikou. Dejó salir un largo suspiro. Se separó de Youko y Risai en el Monte Hou y regresó directamente a En. Había colocado la documentación en orden como le había instruido Gyokuyou. Con el Sello Imperial en mano, regresaría a Kei esa mañana. Y ahora todas las bases ya se habían establecido.

—Buen trabajo.

Estaba descansando su pera contra la baranda. Se dio vuelta para encontrar que Youko estaba detrás suyo.

—No había trabajado tan duro por bastante tiempo. ¿Estás bien, Youko? ¿Tomando tiempo lejos de tus funciones oficiales?

—De cualquier modo, no estoy de buen humor como para trabajar hoy. Koukan me dijo que estaba ahí en cuerpo y no en espíritu y me sacó de ahí.

—¿No me digas?

—Bueno, le hice lo mismo a Keiki antes.

Rokuta rio.

—Pero, por supuesto. Keiki realmente tiene un punto débil por el niño. Lo lleva como a su hermano pequeño. Realmente lo lleva bajo su manto protector.

Esa noticia tomó a Youko por sorpresa.

—Eso es un poco raro, ¿no?

De forma inusual —dijo Rokuta y ambos rieron.

Eso fue cerca del momento en que Hanrin entró nerviosamente. Rokuta se dirigió a ella casualmente, pero por la mirada en su rostro sabía que algo malo había pasado.

—¿Qué sucede?

—Renrin fue a revisar su condición. Dice que Taiki no nos recuerda para nada.

—Increíble —murmuró Rokuta, corriendo hacia la sala Ransetsu.

Renrin y Keiki miraban a su ingenio finalizar. Risai se quedó parada como una vara.

—Renrin…

—En Taiho, Taiki está…

—¿Te reuniste con él? ¿Qué quieres decir con que no nos recuerda?

Renrin sacudió su cabeza. Su rostro estaba pálido.

—¿Taiki está en tan mal estado?

—Definitivamente lo está. Pero está a salvo. Por lo que me refiero a que sigue vivo. Pero no recuerda nada de este mundo. O qué clase de ser es. Qué son los shirei o qué le pasa a él.

—Maldición —se le escapó a Enki—. Su cuerno. ¿Sigue teniendo su cuerno?

—Esto debe ser porque no tiene un cuerno. ¿Qué deberíamos hacer ahora, En Taiho?

—Vamos a hacer todo lo que se tiene que hacer.

Recuerde o no, no lo podían dejar ahí. En ese estado actual, ninguno sabía cuánto tiempo más duraría. Para empeorar, sus shirei seguían estando con él, y ellos estaban casi fuera de control. Si lo abandonaban, tarde o temprano todos los demonios se soltarían. Nadie podía imaginar qué podría hacer un toutetsu si ya no estaba vinculado.

—¿Se le trasmitió alguna palabra a Shouryuu?

—Yo lo haré —dijo Hanrin—. Los shirei restantes deben alcanzarlo rápidamente.

—Bien —se dijo Enki a sí mismo—. En cualquier caso, Taiki debe regresar a este mundo. Quizá no tome cariño a la idea al principio, pero si se requiere la fuerza, la debemos usar. Después de eso… ¿quién sabe? Quizá, una vez que su cuerno sane, todo vuelva a él.

Enki se dirigió a Risai.

—¿Estás de acuerdo con eso? ¿Tienes alguna objeción?

—Estoy de acuerdo —dijo Risai, su rostro estaba pálido y bajo.[2]


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