Estaban a mitad del verano
cuando Youko le avisó a Risai que la búsqueda de Taiki había comenzado. Los
enervados sentimientos acompañaban el calor opresivo robado incluso en el
Palacio Interior. Dormir se hizo demasiado difícil, y su impaciencia crecía
mientras esperaba buenas noticias, molestaba su descanso aún más.
—No hay
necesidad de preocuparse —le aseguró Rokuta alegremente al comienzo—. Lo vamos
a encontrar de inmediato.
Pero su
expresión pronto se nubló. No había señales de Taiki en Wa donde Rokuta lo
encontró la última vez. Extendieron la búsqueda, pero nada apareció.
Incapaz de
dormir, Risai salió de la cama y caminó hacia el Palacio de invitados. Un gran
jardín rodeaba el palacio. Los cuartos de invitados estaban ubicados en Seikou
Manor[1]. Seikou Manor estaba conectada a una biblioteca llamada Sala Ransetsu[2]. La
Sala Ransetsu se había convertido en el cuartel general para la búsqueda de
Taiki.
Deteniéndose
en varias ocasiones cada día se había convertido en una especia de compulsión
para ella. Y a pesar de que sus visitar eran siempre una decepción, nunca
saciaba su increíble sed por el momento.
Esa noche
también se dirigió a la Sala Ransetsu en busca de agua espiritual. Rokuta
estaba allí exhausto y desparramado en una silla.
—En Taiho
—dijo.
—Yo
—respondió con una sonrisa. Su rostro tenía un aspecto agotado.
—¿No lo han
encontrado?
—Ah —dijo
Rokuta en una tenue voz. Como si la sintiera perderse en su inutilidad, agregó
un tono de alegría en su voz—. Bueno, sabes, como suelen ser este tipo de
cosas. Algo pasará tarde o temprano.
—Sí —fue lo
único en que Risai pudo pensar. No había nada en que pudiese ayudar. Lo mejor y
lo más brillante en el reino que podía hacer era cuidar de su cuerpo y sus
necesidades, y a su vez lo único que podía hacer era mirar. Para ella,
encontrar un error con el lento ritmo en que se desenvolvía estaba más allá de
lo atrevido.
—¿Estás de
ánimo para un té? Estaba deseando uno para mí.
Risai
sonrió. Encendió el pequeño hibachi[3] sobre el escritorio, llenando la
olla de hierro con agua y colocándola en el hibachi.
—Quizá no
está en Wa.
Risai se
congeló por un minuto.
—¿Entonces
en China?
—Es difícil
de decir. Pero el Rey de Han tenía razón. El problema radica en por qué Taiki
no regresó por propia voluntad.
—¿Y las
circunstancias que podrían evitar su regreso?
—Es fácil
de decir, pero difícil de describir. ¿Qué piensas?
—No tengo
forma de saberlo, pero…
—Taiki
causó un meishoku. Keiki insiste en que Taiki no sabía cómo causar un meishoku.
Asumiendo que así ocurrió, algo debe haberlo provocado, algo meramente
instintivo. Puedo empatizar con ello. Más que ir allí, creo que fue más como
que Taiki cayó por un acantilado. Cayó de un acantilado de Este Lugar y
terminó en Aquel Lugar.
—¿Qué
significa?
—Significa
que entre la entrada y la salida de la Puerta Gogou es un camino que lleva a
ningún y cualquier parte. Piénsalo como la Puerta Prohibida y las Cinco
Puertas. No es como si pudieras estar parada en la puerta y frente a ti
estuviera el otro mundo y detrás este mundo. Es más como si hubiera un túnel
entre la entrada y la salida.
—Ah —dijo
Risai asintiendo. Un sendero encantado. Como las escaleras encantadas que
cruzan el Palacio Imperial.
—Sabemos
que Taiki no está en Este Lugar y que entró a la puerta. Pero no hay
forma de saber si Taiki salió de la puerta y si está en Aquel Lugar.
—¿Eso
significaría…? —dijo Risai, dándose vuelta para verlo de frente—. ¿Eso
significaría que está atrapado dentro de la puerta?
—Es difícil
de decir. Es posible que Taiki nunca haya llegado allí. Viajé a Aquel Lugar
usando el Gogoukanda provisto por Renrin, pero mientras atraviesas tuve
que sostenerme de la mano de Renrin. Aunque sería mejor decir que me mantenía
en la cola del Gogoukanda[4]. Hay dos extremos que van a dos direcciones, y
con la orientación de Renrin solo tenía que seguir una. Si no lo hubiera hecho
acabaría dando vueltas. Porque una vez que entras, no puedes darte la vuelta y
volver.
—¿Entonces
estás diciendo que Taiki se dio vuelta así?
—No lo sé
realmente. Comparar el Gogoukanda a un meishoku sería
completamente inapropiado. Simplemente me pregunto si Taiki llegó al otro lado.
Aparte de eso, no hay razón por la cual preocuparse demasiado. Taiki se fue
como taika, nació allá y creció como un chico normal. Él tiene padres
allá y una casa. Creo que lo encontré en la casa de sus padres la última vez.
Desafortunadamente, no puedo recordar dónde era. Recuero el vecindario en
general. Wa es un lugar muy grande, pero recuerdo en qué ciudad estaba. Porque
se desencadenó el shoku y voló instintivamente, seguramente volvió a su
ciudad natal. Pero no encontré pruebas de que él estuviera allí.
—Probablemente
porque no era donde estaba. ¿Algún otro lugar, quizá?
—También
pensé eso. Pasé por el mismo lugar casa por casa comenzando por el centro de la
ciudad, y trabajando de norte a sur. Pero no pude encontrar ni huella de él.
Bueno, fue algo bastante improvisado una vez más.
Por su tono
de voz pareció que añadió la última parte para el beneficio de Risai.
—La próxima
vez, tomaré un enfoque más cuidadoso. Como ir con la gente y preguntar sobre
extrañas cosas que puedan haber ocurrido hace seis años. Tomará tiempo, sin
embargo.
—Sí.
—Durante
ese tiempo, sería bueno que alguien lo encontrara en China. De cualquier modo,
no podemos seguir imponiendo a Hanrin y a Renrin por siempre. Sin mencionar a
Keiki. Kei aún necesita mucho trabajo. Tarde o temprano tendremos que
resignarnos a la realidad del momento, y la búsqueda, sin duda, acabará en un
segundo plano. Cuando ese momento llegue, quiero que lo entiendas.
—No, para
nada. Sé que en estas cosas no tienen remedio —dijo Risai, luchando por evitar
traicionar demasiado sus emociones.
No
puedes pedirles más, se dijo a sí misma. A pesar de haber sido privada de
un brazo, estaba recuperando la salud. Ella sabía que algo calamitoso le había
pasado a Gyousou en la Montaña Kan’you en las afueras de Rin’u.
Independientemente de cómo resultara la búsqueda de Taiki, ella podía regresar
a Tai y reanudar la búsqueda de Gyousou. Su viaje a Kei no había sido en vano.
Su vínculo con Gyousou aún existía.
—Incluso en
ese caso, no estamos hablando de dejar a Tai a un lado. Prometimos hacer lo que
pudiéramos para los refugiados de Tai y para aquellos que permanecen en Tai.
—Gracias
—murmuró Risai.
En ese
momento, una luz se encendió en el cuarto oscuro. Mirando sobre su hombro, vio
un brillante umbral más profundo en la Sala Ransetsu. Se puso de pie. El umbral
llegaba a un corto pasillo. Por el pasillo y en torno a una esquina llegó a un
pequeño edificio llamado Kokinsai[5]. La luz brillaba desde el centro del Kokinsai.
Se veía como la luz de la luna brillando a través de una ventana. Pero no había
ninguna ventana en el Kokinsai. Y había luna nueva esa noche. Una serie de
manchas de luz blanca que brillaban sobre el piso, pero no había ninguna otra
fuente de luz. Eso era de esperarse. La luz no venía de arriba, sino de abajo.
—El Gogoukanda
—dijo Risai, adentrándose en la habitación. El anillo de luz poco a poco se
amplió hasta que la figura de un humano salió inadvertida. Una persona al
principio, seguido de otra persona. Al mismo tiempo las dos emergieron, la luz
se desvanecía como si se retirara en la distancia y se apagó.
—Ah, Risai
—dijo Hanrin. Levantó la voz y dijo, corriendo por el pasillo en la
biblioteca—. ¡Rokuta! ¡Algo extraño está en marcha!
—¿Extraño?
—Rokuta se estaba inclinando cansado en su silla. Rápidamente se levantó.
Hanrin
asintió.
—Los shirei
están diciendo que no se acercarán más. Están temblando.
—¿Qué?
—¡Dicen que
no hay manera de que se acerquen más de lo que ya están!
—No
entiendo ni una palabra de lo que estás diciendo. Renrin, ¿qué sucede?
—Lo que
ella dijo —Renrin entró en la habitación con la misma cara de preocupación que
ella—. No tiene sentido para mí tampoco. Los shirei hablaron. Algo
malo viene. Eso es lo que siguen diciendo.
—¿Malo?
—Sí. Hanrin
quería volver a la ciudad natal de Taiki para dar otra revisada. Pero el shirei
dijo que un Gran Mal se escondía, y no quería dar un paso más.
—¿A qué te
refieres con eso? ¿No estuvieron allí antes?
—Eso es
cierto. Según los shirei, estaba allí antes, pero era solo un susurro.
¿Juuko[6]? ¿Podrías explicarlo?
—Sí
—respondió una voz seca.
Detrás de
la falda de Renrin, apareció un perrito sin cola. La bestia se reducía a un ojo
azul. A lo largo, con el pelo colgando como las cejas de un anciano, se formó
una expresión de perplejidad.
—Como dije,
hay algo malo sucediendo allí.
—¿Cómo qué?
—No lo sé.
Excepto que no me voy a levantar a acercarme y ser amistoso con eso.
—Eso es
inútil. ¿Dijeron que estaba ahí antes?
—Sí —Juuko
parecía irse de sus pensamientos—. Así es como lo recuerdo. Antes, capté una
visión fugaz, tan fugaz que apenas la registré. La dejé fuera de mi mente. Pero
la otra noche no había nada de fugaz al respecto. El susurro se había
convertido en un torbellino. Algo terrible. Lo lamento, pero no estoy llegando
a ningún lado con esto. Taiho o no Taiho.
—¿Qué
significa “terrible”? ¿Es el tipo de impresión que se sentía afuera?
—No es eso.
Algo desastroso. Algo impuro. Algo peligroso. Aunque esta criatura parezca
venir en un diminuto empaque, es cualquier cosa menos diminuta. Estamos
manteniendo distancia.
—¿Diminuto?
—preguntó Rokuta dudosamente.
Risai saltó
abruptamente.
—Espera un
minuto. Lamento la interrupción, pero ¿qué hay si estuvieron sintiendo el aura
de un poderoso youma? ¿Tendría el mismo tipo de reacción?
Juuko
prácticamente saltó para atrás.
—¡Sí! ¡Es
eso! Y no un youma ordinario. El tipo de youma que ninguno de
nosotros podría imaginar acercársele. Escoltando a nuestro Taiho allá…
Risai
levantó la voz y dijo -al mismo tiempo que Rokuta murmuraba para sí-:
—Gouran.
—¿Quién?
Risai
corrió hacia Juuko, se arrodilló en frente de él y se inclinó más diciendo.
—¿Dónde?
¿Dónde fue? Ese era el shirei de Taiki. No lo dudaría ni por un segundo.
—Pero eso
tiene el aura de una criatura que nunca podría convertirse en un shirei.
—Taiki
tiene un toutetsu como uno de sus shirei, ¿no?
Juuko levantó
las orejas. Incluso su pelaje se paró.
—Toutetsu.
¡Debes estar bromeando!
Risai se
aferró a la manga de Renrin con su única mano.
—¡Ren
Taiho, Taiki está definitivamente allí!
Estaba al
borde del colapso. Suaves brazos la tomaron y la levantaron.
—Entendemos.
Tenga la seguridad de que lo traeremos de vuelta con nosotros.
—¡No se
puede! —Juuko brincaba de arriba abajo en furia—. ¡Ese no es un shirei!
¡Es un youma!
—No me
quedaré parada por tal timidez, Juuko. Si realmente es un youma,
entonces debe haber una razón por la cual tal poderoso youma esté en el
otro mundo. Lo más probable, en compañía de Taiki. Debemos determinar si Taiki
está ahí o no. Si encuentras la noción desagradable, entonces iré por mí misma.
—De
acuerdo, de acuerdo —murmuró Juuko, moviendo la cabeza.
—Renrin…
—dijo Rokuta, yendo hacia el pasillo—. Envíame. Voy a echar un vistazo. ¿Qué
hay de ti, Sis?
Los ojos de
Hanrin dieron vuelta alrededor de la sala.
—Sí. Por
supuesto. Estaré justo contigo. Pero…
Renrin
arrancó la pieza de delicada tela de su temblorosa mano.
—¿Puedo
usar esta también?
—Um, sí.
—Si no le
importa, entonces. En el ínterin ¿por qué no les informa a los otros qué
sucede?
—¡Lo haré!
Youko y Keiki se apresuraron en
ir al Kokinsai tan pronto como les llegó la palabra de Hanrin, justo mientras
dos figuras emergían del pozo de luz.
—Enki ¿lo
encontraste?
—No lo sé
—respondió Rokuta. La fatiga de los últimos días se había evaporado de sus
rasgos. Volvió dando zancadas a la biblioteca, donde encontraron al Rey de En y
el Rey de Han, esperando.
—¿Qué hay
de Taiki? —preguntaron ambos al mismo tiempo.
—No lo sé.
No lo vi.
—¿No lo
viste? ¿A qué te refieres?
—Estoy
seguro de que eso era Gouran. El shirei de Taiki. Excepto que yo
no lo llamaría shirei. Entiendo lo que tienen los shirei de
espectro. Eso es definitivamente un youma. Y terriblemente
escalofriante y poderoso.
Renrin
entró en la biblioteca a ese punto, su cara estaba pálida.
—Eso es lo
que llamaría un Gran Mal. Ponte cerca de él y estarás más claro que el día.
Tengo el conocimiento de la ubicación. Es una gran ciudad, pero Gouran está
ahí. No puedo detectar el aura de un kirin.
—Riesgos,
no obstante, echamos un vistazo y no detectamos vestigio. Creo que el Rey de
Han está en lo correcto.
—¿Lo estoy?
Rokuta
asintió. Aún parecía que su cabello estaba erizado.
—No había
ningún “kirin”. Creo que Taiki está ahí. Pero no hay forma que pueda
llamarse kirin.
—Entonces,
¿en qué forma? —preguntó Youko.
Rokuta y
Renrin intercambiaron miradas.
—Difícil de
decir. Aunque si Gouran está ahí, entonces Taiki debe estar ahí también. Gouran
no podría haber regresado a su forma de youma. Aún le sirve a Taiki como
su shirei. Sin embargo, ni siquiera un atisbo de aura de kirin
existe. Incluso si Taiki quisiera regresar, no podría. No tengo otra opción
sino concluir que perdió su ki. De otra manera, incluso en el otro
mundo, no habría causa alguna para que su aura se muriera.
—¿Alguna
vez ocurrió tal cosa?
—No sabría
decir. Solo podemos contemplar lo que es posible. Nuestro único recurso a este
punto es conducir una búsqueda casa por casa. Encontrarlo y traerlo a casa. No
podemos preocuparnos por los métodos. Gouran es mucho más una amenaza allá que
si estuviera aquí.


No hay comentarios:
Publicar un comentario