Entrada destacada

El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 35

 

CAPÍTULO 35

 

 

 

Estaban a mitad del verano cuando Youko le avisó a Risai que la búsqueda de Taiki había comenzado. Los enervados sentimientos acompañaban el calor opresivo robado incluso en el Palacio Interior. Dormir se hizo demasiado difícil, y su impaciencia crecía mientras esperaba buenas noticias, molestaba su descanso aún más.

—No hay necesidad de preocuparse —le aseguró Rokuta alegremente al comienzo—. Lo vamos a encontrar de inmediato.

Pero su expresión pronto se nubló. No había señales de Taiki en Wa donde Rokuta lo encontró la última vez. Extendieron la búsqueda, pero nada apareció.

Incapaz de dormir, Risai salió de la cama y caminó hacia el Palacio de invitados. Un gran jardín rodeaba el palacio. Los cuartos de invitados estaban ubicados en Seikou Manor[1]. Seikou Manor estaba conectada a una biblioteca llamada Sala Ransetsu[2]. La Sala Ransetsu se había convertido en el cuartel general para la búsqueda de Taiki.

Deteniéndose en varias ocasiones cada día se había convertido en una especia de compulsión para ella. Y a pesar de que sus visitar eran siempre una decepción, nunca saciaba su increíble sed por el momento.

Esa noche también se dirigió a la Sala Ransetsu en busca de agua espiritual. Rokuta estaba allí exhausto y desparramado en una silla.

—En Taiho —dijo.

—Yo —respondió con una sonrisa. Su rostro tenía un aspecto agotado.

—¿No lo han encontrado?

—Ah —dijo Rokuta en una tenue voz. Como si la sintiera perderse en su inutilidad, agregó un tono de alegría en su voz—. Bueno, sabes, como suelen ser este tipo de cosas. Algo pasará tarde o temprano.

—Sí —fue lo único en que Risai pudo pensar. No había nada en que pudiese ayudar. Lo mejor y lo más brillante en el reino que podía hacer era cuidar de su cuerpo y sus necesidades, y a su vez lo único que podía hacer era mirar. Para ella, encontrar un error con el lento ritmo en que se desenvolvía estaba más allá de lo atrevido.

—¿Estás de ánimo para un té? Estaba deseando uno para mí.

Risai sonrió. Encendió el pequeño hibachi[3] sobre el escritorio, llenando la olla de hierro con agua y colocándola en el hibachi.

—Quizá no está en Wa.

Risai se congeló por un minuto.

—¿Entonces en China?

—Es difícil de decir. Pero el Rey de Han tenía razón. El problema radica en por qué Taiki no regresó por propia voluntad.

—¿Y las circunstancias que podrían evitar su regreso?

—Es fácil de decir, pero difícil de describir. ¿Qué piensas?

—No tengo forma de saberlo, pero…

—Taiki causó un meishoku. Keiki insiste en que Taiki no sabía cómo causar un meishoku. Asumiendo que así ocurrió, algo debe haberlo provocado, algo meramente instintivo. Puedo empatizar con ello. Más que ir allí, creo que fue más como que Taiki cayó por un acantilado. Cayó de un acantilado de Este Lugar y terminó en Aquel Lugar.

—¿Qué significa?

—Significa que entre la entrada y la salida de la Puerta Gogou es un camino que lleva a ningún y cualquier parte. Piénsalo como la Puerta Prohibida y las Cinco Puertas. No es como si pudieras estar parada en la puerta y frente a ti estuviera el otro mundo y detrás este mundo. Es más como si hubiera un túnel entre la entrada y la salida.

—Ah —dijo Risai asintiendo. Un sendero encantado. Como las escaleras encantadas que cruzan el Palacio Imperial.

—Sabemos que Taiki no está en Este Lugar y que entró a la puerta. Pero no hay forma de saber si Taiki salió de la puerta y si está en Aquel Lugar.

—¿Eso significaría…? —dijo Risai, dándose vuelta para verlo de frente—. ¿Eso significaría que está atrapado dentro de la puerta?

—Es difícil de decir. Es posible que Taiki nunca haya llegado allí. Viajé a Aquel Lugar usando el Gogoukanda provisto por Renrin, pero mientras atraviesas tuve que sostenerme de la mano de Renrin. Aunque sería mejor decir que me mantenía en la cola del Gogoukanda[4]. Hay dos extremos que van a dos direcciones, y con la orientación de Renrin solo tenía que seguir una. Si no lo hubiera hecho acabaría dando vueltas. Porque una vez que entras, no puedes darte la vuelta y volver.

—¿Entonces estás diciendo que Taiki se dio vuelta así?

—No lo sé realmente. Comparar el Gogoukanda a un meishoku sería completamente inapropiado. Simplemente me pregunto si Taiki llegó al otro lado. Aparte de eso, no hay razón por la cual preocuparse demasiado. Taiki se fue como taika, nació allá y creció como un chico normal. Él tiene padres allá y una casa. Creo que lo encontré en la casa de sus padres la última vez. Desafortunadamente, no puedo recordar dónde era. Recuero el vecindario en general. Wa es un lugar muy grande, pero recuerdo en qué ciudad estaba. Porque se desencadenó el shoku y voló instintivamente, seguramente volvió a su ciudad natal. Pero no encontré pruebas de que él estuviera allí.

—Probablemente porque no era donde estaba. ¿Algún otro lugar, quizá?

—También pensé eso. Pasé por el mismo lugar casa por casa comenzando por el centro de la ciudad, y trabajando de norte a sur. Pero no pude encontrar ni huella de él. Bueno, fue algo bastante improvisado una vez más.

Por su tono de voz pareció que añadió la última parte para el beneficio de Risai.

—La próxima vez, tomaré un enfoque más cuidadoso. Como ir con la gente y preguntar sobre extrañas cosas que puedan haber ocurrido hace seis años. Tomará tiempo, sin embargo.

—Sí.

—Durante ese tiempo, sería bueno que alguien lo encontrara en China. De cualquier modo, no podemos seguir imponiendo a Hanrin y a Renrin por siempre. Sin mencionar a Keiki. Kei aún necesita mucho trabajo. Tarde o temprano tendremos que resignarnos a la realidad del momento, y la búsqueda, sin duda, acabará en un segundo plano. Cuando ese momento llegue, quiero que lo entiendas.

—No, para nada. Sé que en estas cosas no tienen remedio —dijo Risai, luchando por evitar traicionar demasiado sus emociones.

No puedes pedirles más, se dijo a sí misma. A pesar de haber sido privada de un brazo, estaba recuperando la salud. Ella sabía que algo calamitoso le había pasado a Gyousou en la Montaña Kan’you en las afueras de Rin’u. Independientemente de cómo resultara la búsqueda de Taiki, ella podía regresar a Tai y reanudar la búsqueda de Gyousou. Su viaje a Kei no había sido en vano. Su vínculo con Gyousou aún existía.

—Incluso en ese caso, no estamos hablando de dejar a Tai a un lado. Prometimos hacer lo que pudiéramos para los refugiados de Tai y para aquellos que permanecen en Tai.

—Gracias —murmuró Risai.

En ese momento, una luz se encendió en el cuarto oscuro. Mirando sobre su hombro, vio un brillante umbral más profundo en la Sala Ransetsu. Se puso de pie. El umbral llegaba a un corto pasillo. Por el pasillo y en torno a una esquina llegó a un pequeño edificio llamado Kokinsai[5]. La luz brillaba desde el centro del Kokinsai. Se veía como la luz de la luna brillando a través de una ventana. Pero no había ninguna ventana en el Kokinsai. Y había luna nueva esa noche. Una serie de manchas de luz blanca que brillaban sobre el piso, pero no había ninguna otra fuente de luz. Eso era de esperarse. La luz no venía de arriba, sino de abajo.

—El Gogoukanda —dijo Risai, adentrándose en la habitación. El anillo de luz poco a poco se amplió hasta que la figura de un humano salió inadvertida. Una persona al principio, seguido de otra persona. Al mismo tiempo las dos emergieron, la luz se desvanecía como si se retirara en la distancia y se apagó.

—Ah, Risai —dijo Hanrin. Levantó la voz y dijo, corriendo por el pasillo en la biblioteca—. ¡Rokuta! ¡Algo extraño está en marcha!

—¿Extraño? —Rokuta se estaba inclinando cansado en su silla. Rápidamente se levantó.

Hanrin asintió.

—Los shirei están diciendo que no se acercarán más. Están temblando.

—¿Qué?

—¡Dicen que no hay manera de que se acerquen más de lo que ya están!

—No entiendo ni una palabra de lo que estás diciendo. Renrin, ¿qué sucede?

—Lo que ella dijo —Renrin entró en la habitación con la misma cara de preocupación que ella—. No tiene sentido para mí tampoco. Los shirei hablaron. Algo malo viene. Eso es lo que siguen diciendo.

—¿Malo?

—Sí. Hanrin quería volver a la ciudad natal de Taiki para dar otra revisada. Pero el shirei dijo que un Gran Mal se escondía, y no quería dar un paso más.

—¿A qué te refieres con eso? ¿No estuvieron allí antes?

—Eso es cierto. Según los shirei, estaba allí antes, pero era solo un susurro. ¿Juuko[6]? ¿Podrías explicarlo?

—Sí —respondió una voz seca.

Detrás de la falda de Renrin, apareció un perrito sin cola. La bestia se reducía a un ojo azul. A lo largo, con el pelo colgando como las cejas de un anciano, se formó una expresión de perplejidad.

—Como dije, hay algo malo sucediendo allí.

—¿Cómo qué?

—No lo sé. Excepto que no me voy a levantar a acercarme y ser amistoso con eso.

—Eso es inútil. ¿Dijeron que estaba ahí antes?

—Sí —Juuko parecía irse de sus pensamientos—. Así es como lo recuerdo. Antes, capté una visión fugaz, tan fugaz que apenas la registré. La dejé fuera de mi mente. Pero la otra noche no había nada de fugaz al respecto. El susurro se había convertido en un torbellino. Algo terrible. Lo lamento, pero no estoy llegando a ningún lado con esto. Taiho o no Taiho.

—¿Qué significa “terrible”? ¿Es el tipo de impresión que se sentía afuera?

—No es eso. Algo desastroso. Algo impuro. Algo peligroso. Aunque esta criatura parezca venir en un diminuto empaque, es cualquier cosa menos diminuta. Estamos manteniendo distancia.

—¿Diminuto? —preguntó Rokuta dudosamente.

Risai saltó abruptamente.

—Espera un minuto. Lamento la interrupción, pero ¿qué hay si estuvieron sintiendo el aura de un poderoso youma? ¿Tendría el mismo tipo de reacción?

Juuko prácticamente saltó para atrás.

—¡Sí! ¡Es eso! Y no un youma ordinario. El tipo de youma que ninguno de nosotros podría imaginar acercársele. Escoltando a nuestro Taiho allá…

Risai levantó la voz y dijo -al mismo tiempo que Rokuta murmuraba para sí-:

—Gouran.

—¿Quién?

Risai corrió hacia Juuko, se arrodilló en frente de él y se inclinó más diciendo.

—¿Dónde? ¿Dónde fue? Ese era el shirei de Taiki. No lo dudaría ni por un segundo.

—Pero eso tiene el aura de una criatura que nunca podría convertirse en un shirei.

—Taiki tiene un toutetsu como uno de sus shirei, ¿no?

Juuko levantó las orejas. Incluso su pelaje se paró.

Toutetsu. ¡Debes estar bromeando!

Risai se aferró a la manga de Renrin con su única mano.

—¡Ren Taiho, Taiki está definitivamente allí!

Estaba al borde del colapso. Suaves brazos la tomaron y la levantaron.

—Entendemos. Tenga la seguridad de que lo traeremos de vuelta con nosotros.

—¡No se puede! —Juuko brincaba de arriba abajo en furia—. ¡Ese no es un shirei! ¡Es un youma!

—No me quedaré parada por tal timidez, Juuko. Si realmente es un youma, entonces debe haber una razón por la cual tal poderoso youma esté en el otro mundo. Lo más probable, en compañía de Taiki. Debemos determinar si Taiki está ahí o no. Si encuentras la noción desagradable, entonces iré por mí misma.

—De acuerdo, de acuerdo —murmuró Juuko, moviendo la cabeza.

—Renrin… —dijo Rokuta, yendo hacia el pasillo—. Envíame. Voy a echar un vistazo. ¿Qué hay de ti, Sis?

Los ojos de Hanrin dieron vuelta alrededor de la sala.

—Sí. Por supuesto. Estaré justo contigo. Pero…

Renrin arrancó la pieza de delicada tela de su temblorosa mano.

—¿Puedo usar esta también?

—Um, sí.

—Si no le importa, entonces. En el ínterin ¿por qué no les informa a los otros qué sucede?

—¡Lo haré!

  

 

Youko y Keiki se apresuraron en ir al Kokinsai tan pronto como les llegó la palabra de Hanrin, justo mientras dos figuras emergían del pozo de luz.

—Enki ¿lo encontraste?

—No lo sé —respondió Rokuta. La fatiga de los últimos días se había evaporado de sus rasgos. Volvió dando zancadas a la biblioteca, donde encontraron al Rey de En y el Rey de Han, esperando.

—¿Qué hay de Taiki? —preguntaron ambos al mismo tiempo.

—No lo sé. No lo vi.

—¿No lo viste? ¿A qué te refieres?

—Estoy seguro de que eso era Gouran. El shirei de Taiki. Excepto que yo no lo llamaría shirei. Entiendo lo que tienen los shirei de espectro. Eso es definitivamente un youma. Y terriblemente escalofriante y poderoso.

Renrin entró en la biblioteca a ese punto, su cara estaba pálida.

—Eso es lo que llamaría un Gran Mal. Ponte cerca de él y estarás más claro que el día. Tengo el conocimiento de la ubicación. Es una gran ciudad, pero Gouran está ahí. No puedo detectar el aura de un kirin.

—Riesgos, no obstante, echamos un vistazo y no detectamos vestigio. Creo que el Rey de Han está en lo correcto.

—¿Lo estoy?

Rokuta asintió. Aún parecía que su cabello estaba erizado.

—No había ningún “kirin”. Creo que Taiki está ahí. Pero no hay forma que pueda llamarse kirin.

—Entonces, ¿en qué forma? —preguntó Youko.

Rokuta y Renrin intercambiaron miradas.

—Difícil de decir. Aunque si Gouran está ahí, entonces Taiki debe estar ahí también. Gouran no podría haber regresado a su forma de youma. Aún le sirve a Taiki como su shirei. Sin embargo, ni siquiera un atisbo de aura de kirin existe. Incluso si Taiki quisiera regresar, no podría. No tengo otra opción sino concluir que perdió su ki. De otra manera, incluso en el otro mundo, no habría causa alguna para que su aura se muriera.

—¿Alguna vez ocurrió tal cosa?

—No sabría decir. Solo podemos contemplar lo que es posible. Nuestro único recurso a este punto es conducir una búsqueda casa por casa. Encontrarlo y traerlo a casa. No podemos preocuparnos por los métodos. Gouran es mucho más una amenaza allá que si estuviera aquí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario