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domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 46

 

CAPÍTULO 46

 

 

 

—¿Taiki?

—Sí —dijo, asintiendo.

Al sentarse cerca de él, parecía bastante demacrado. Sin embargo, logró colocarse en una posición media para sentarse, aguantando el dolor.

—¿Usted es la Reina de Kei?

—Mi nombre es Youko Nakajima.

Una sonrisa se filtró en sus labios.

—Mi apellido es Takasato.

Youko tomó un largo respiro. Fue sorprendida por una inesperada sensación que la dejó nerviosa.

—Se siente muy extraño, encontrarse a alguien de la misma edad en un lugar como este.

—También yo. Usted ha hecho mucho por mí. Estoy muy agradecido.

—No hay nada de lo que debas agradecerme —dijo Youko a regañadientes, mirando hacia abajo—. No hemos hecho nada por lo que deberías elogiarnos. Tai continúa estando en la misma mala situación de antes.

—Estoy agradecido de que fuera a traerme.

—Sí, podemos estar de acuerdo en eso.

Youko se quedó sin palabras. Había planeado hablar tantas cosas cuando se reunieran. Su vieja ciudad natal. De esto y aquello. Pero cuando Taiki estuvo frente a ella, no supo qué decir.

Su antigua “ciudad natal” era un lugar al que nunca podrían regresar. Se habían convertido para Youko en un lugar completamente ajeno. Sin embargo, referirse a algunos tontos temas y con esa profundidad era una sensación de pérdida. El sentimiento de ser embargado por añoranza y nostalgia, que la conversación se desviaría en la dirección equivocada le asustaba.

Había tenido la sensación de que hasta que todos sus amigos y familiares la siguieran esperando, estuvieran muerto y se hubieran ido, no podría hablar de los viejos tiempos simplemente como “los viejos tiempos”.

—No creo que las cosas hayan cambiado mucho allá.

Ellos deberían estar bien, toda la gente que una vez conoció.

—No, en lo absoluto. Cuanto más cambien, más permanecen iguales.

—De hecho —Y todo lo mejor que puedo hacer. Youko suspiró y sonrió—. Actualmente estamos discutiendo qué se puede hacer por Tai. Naturalmente estamos haciendo lo que podemos por los refugiados, y tratamos de ayudar con los medios a los que aún están en el país. Lo mejor sería ir allá y ayudar, pero esa no es una posibilidad ahora.

—Le estoy muy agradecido.

—No, no hemos hecho nada realmente por Tai, nada que haría una diferencia. Kei aún es pobre. Tenemos muchos refugiados propios, y difícilmente podemos ir en su ayuda. —Agregó con una sonrisa—. Aun así, tu regreso es muy alentador. De hecho, te he estado esperando. Así que mejórate lo más rápido posible.

—¿Me estuvo esperando?

—Sí. Digo muchas cosas, pero a la mayoría de la gente parece entrarle por un oído y salir por el otro. Por ejemplo, con el fin de ayudar a los refugiados de Tai, deberíamos abrir una embajada o algo parecido… ese tipo de cosas. Todos mis ministros, el Rey de En y Enki creyeron que estaba loca.

—¿Una embajada? —dijo Taiki con una mirada sorprendida.

—Ah, sí —respondió Youko encogiéndose de hombros—. Suena una propuesta bastante razonable para mí. Debería haber una organización que hablara en nombre de los refugiados. Innumerables refugiados han llegado a las costas de Kei y En, y su disposición es dejada a las condiciones y circunstancias. Pero creo que sería una buena idea si pudieran negociar con el gobierno… expresando lo que necesitan o qué clase de expectativas tienen. Después de todo, creo que los refugiados sabrían cuáles son las necesidades de los refugiados mejor que nadie. En última instancia, para prepararse contra el momento en el que un reino caiga en desorden y comiencen a llegar los refugiados, creo que todos podrían dormir mejor si cada reino tuviera una embajada en cada uno de los otros reinos. Pero estos conceptos suenan extraños y nadie puede entender a lo que me refiero.

Youko suspiró y levantó la cabeza. Taiki la miró por un rato.

—Bastante raro, ¿no? —dijo ella.

—Para nada. Creo que la Reina de Kei es una emperatriz impresionante.

—Bueno, “impresionante” no sería la palabra que yo usaría. Y ¿podrías dejar el tema de “Reina de Kei”? Considerando que somos dos chicos normales de Japón, suena gracioso.

Taiki sonrió.

—Así que, ¿qué edad tienes, Nakajima-san?

Pero siendo llamada así le sonó un poco raro también.

—Un año más que tú, creo. Contar los años aquí no significan nada. —Una idea le cruzó por la mente. Dijo, elevando la voz—: ¿Qué tal si te llamo Takasato-kun?

—Me parece bien. Estuve aquí una vez cuando era un niño, así que, que me llamen Taiki no se siente raro.

—Ya veo. Yo solo estuve aquí por tres años. Supongo que eso me convierte en la recién llegada comparada contigo.

—El hecho es que, yo solo he estado en total un año aquí. —La profundidad de su voz contenía más dolor que nostalgia.

—Bueno, probablemente termines siendo la persona a la que le pida ayuda. De cualquier modo, no tenía intereses políticos ni de organización social cuando estaba en la escuela secundaria. Como resultado, todo lo que tengo son vagas ideas.

—Yo realmente no creo que sea muy diferente a ti. Estoy igualmente sin idea de nada. Solo estuve aquí un año, y la mitad lo pasé en el Monte Hou. No viví en Tai por mucho tiempo. Sin mencionar que era un niño y no entendía muy bien cómo funcionaba el mundo. Me la pasaba en las nubes.

—A partir de ahora, entonces, si tienes un consejo para mí, será bienvenido. Por el momento, me gustaría que fueras el representante de los refugiados de Tai.

—Sí —dijo, asintiendo.

Una fuerte conmoción estalló repentinamente en la habitación contigua.

—¿Qué sucede? —Youko escuchó a Risai gritar.

Youko se levantó de la silla mientras la puerta de la habitación era forzada a abrirse.


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