—¿Taiki?
—Sí —dijo,
asintiendo.
Al sentarse
cerca de él, parecía bastante demacrado. Sin embargo, logró colocarse en una
posición media para sentarse, aguantando el dolor.
—¿Usted es
la Reina de Kei?
—Mi nombre
es Youko Nakajima.
Una sonrisa
se filtró en sus labios.
—Mi
apellido es Takasato.
Youko tomó
un largo respiro. Fue sorprendida por una inesperada sensación que la dejó
nerviosa.
—Se siente
muy extraño, encontrarse a alguien de la misma edad en un lugar como este.
—También
yo. Usted ha hecho mucho por mí. Estoy muy agradecido.
—No hay
nada de lo que debas agradecerme —dijo Youko a regañadientes, mirando hacia
abajo—. No hemos hecho nada por lo que deberías elogiarnos. Tai continúa
estando en la misma mala situación de antes.
—Estoy
agradecido de que fuera a traerme.
—Sí,
podemos estar de acuerdo en eso.
Youko se
quedó sin palabras. Había planeado hablar tantas cosas cuando se reunieran. Su
vieja ciudad natal. De esto y aquello. Pero cuando Taiki estuvo frente a ella,
no supo qué decir.
Su antigua
“ciudad natal” era un lugar al que nunca podrían regresar. Se habían convertido
para Youko en un lugar completamente ajeno. Sin embargo, referirse a algunos
tontos temas y con esa profundidad era una sensación de pérdida. El sentimiento
de ser embargado por añoranza y nostalgia, que la conversación se desviaría en
la dirección equivocada le asustaba.
Había
tenido la sensación de que hasta que todos sus amigos y familiares la siguieran
esperando, estuvieran muerto y se hubieran ido, no podría hablar de los viejos
tiempos simplemente como “los viejos tiempos”.
—No creo
que las cosas hayan cambiado mucho allá.
Ellos
deberían estar bien, toda la gente que una vez conoció.
—No, en lo
absoluto. Cuanto más cambien, más permanecen iguales.
—De hecho —Y
todo lo mejor que puedo hacer. Youko suspiró y sonrió—. Actualmente estamos
discutiendo qué se puede hacer por Tai. Naturalmente estamos haciendo lo que
podemos por los refugiados, y tratamos de ayudar con los medios a los que aún
están en el país. Lo mejor sería ir allá y ayudar, pero esa no es una
posibilidad ahora.
—Le estoy
muy agradecido.
—No, no
hemos hecho nada realmente por Tai, nada que haría una diferencia. Kei aún es
pobre. Tenemos muchos refugiados propios, y difícilmente podemos ir en su
ayuda. —Agregó con una sonrisa—. Aun así, tu regreso es muy alentador. De
hecho, te he estado esperando. Así que mejórate lo más rápido posible.
—¿Me estuvo
esperando?
—Sí. Digo
muchas cosas, pero a la mayoría de la gente parece entrarle por un oído y salir
por el otro. Por ejemplo, con el fin de ayudar a los refugiados de Tai,
deberíamos abrir una embajada o algo parecido… ese tipo de cosas. Todos mis
ministros, el Rey de En y Enki creyeron que estaba loca.
—¿Una
embajada? —dijo Taiki con una mirada sorprendida.
—Ah, sí
—respondió Youko encogiéndose de hombros—. Suena una propuesta bastante
razonable para mí. Debería haber una organización que hablara en nombre de los
refugiados. Innumerables refugiados han llegado a las costas de Kei y En, y su
disposición es dejada a las condiciones y circunstancias. Pero creo que sería
una buena idea si pudieran negociar con el gobierno… expresando lo que
necesitan o qué clase de expectativas tienen. Después de todo, creo que los
refugiados sabrían cuáles son las necesidades de los refugiados mejor que
nadie. En última instancia, para prepararse contra el momento en el que un
reino caiga en desorden y comiencen a llegar los refugiados, creo que todos
podrían dormir mejor si cada reino tuviera una embajada en cada uno de los
otros reinos. Pero estos conceptos suenan extraños y nadie puede entender a lo
que me refiero.
Youko
suspiró y levantó la cabeza. Taiki la miró por un rato.
—Bastante
raro, ¿no? —dijo ella.
—Para nada.
Creo que la Reina de Kei es una emperatriz impresionante.
—Bueno,
“impresionante” no sería la palabra que yo usaría. Y ¿podrías dejar el tema de
“Reina de Kei”? Considerando que somos dos chicos normales de Japón, suena
gracioso.
Taiki
sonrió.
—Así que,
¿qué edad tienes, Nakajima-san?
Pero siendo
llamada así le sonó un poco raro también.
—Un año más
que tú, creo. Contar los años aquí no significan nada. —Una idea le cruzó por
la mente. Dijo, elevando la voz—: ¿Qué tal si te llamo Takasato-kun?
—Me parece
bien. Estuve aquí una vez cuando era un niño, así que, que me llamen Taiki no
se siente raro.
—Ya veo. Yo
solo estuve aquí por tres años. Supongo que eso me convierte en la recién
llegada comparada contigo.
—El hecho
es que, yo solo he estado en total un año aquí. —La profundidad de su voz
contenía más dolor que nostalgia.
—Bueno,
probablemente termines siendo la persona a la que le pida ayuda. De cualquier
modo, no tenía intereses políticos ni de organización social cuando estaba en
la escuela secundaria. Como resultado, todo lo que tengo son vagas ideas.
—Yo
realmente no creo que sea muy diferente a ti. Estoy igualmente sin idea de
nada. Solo estuve aquí un año, y la mitad lo pasé en el Monte Hou. No viví en
Tai por mucho tiempo. Sin mencionar que era un niño y no entendía muy bien cómo
funcionaba el mundo. Me la pasaba en las nubes.
—A partir
de ahora, entonces, si tienes un consejo para mí, será bienvenido. Por el
momento, me gustaría que fueras el representante de los refugiados de Tai.
—Sí —dijo,
asintiendo.
Una fuerte
conmoción estalló repentinamente en la habitación contigua.
—¿Qué
sucede? —Youko escuchó a Risai gritar.
Youko se
levantó de la silla mientras la puerta de la habitación era forzada a abrirse.


No hay comentarios:
Publicar un comentario