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El Niño Demoníaco

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miércoles, 22 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 12

 

CAPÍTULO 12

 

 

 

Risai fue despertada en medio de la noche por voces que susurraban delante y atrás.

—Estoy definitivamente hambrienta.

—Eso pensé. Hice té. Te está esperando.

—Gracias. ¿Lo tomamos juntas?

La frívola naturaleza de la conversación le hizo a Risai levantar su cabeza. La chica que la cuidaba en la cama le dio una mirada sorprendida. Otra chica se inclinó en la puerta y entró su cabeza en la habitación.

—Oh, perdona. ¿Te despertamos?

Risai sacudió la cabeza en un no.

—No te perdiste tu cena por mí, ¿verdad?

Suzu agitó su mano de lado a lado.

—Solo tomando la oportunidad cuando viene. Shoukei fue lo suficientemente buena para traerme una comida de media noche, así que está bien.

—Por favor, vaya y coma —dijo Risai—. Yo estoy bien.

La muchacha llamada Shoukei le sonrió a Suzu.

—Apresúrate y limpia tu plato. Yo estaré esperando aquí.

Suzu asintió y dejó la habitación. Como si tomara su lugar, Shoukei se sentó al lado de la cama.

—Me disculpo por haber hecho un alboroto por algo tan tonto. Mi nombre es Shoukei. Soy una dama de la corte como Suzu.

—Nada de eso. He sido una carga para todos ustedes. No necesita sentirse obligada a cuidarme.

Shoukei sonrió.

—No se preocupe por eso. Nos disculpamos por ser tan cortos de manos que no podamos cuidarla como debemos.

—Oh, no necesita ir a los extremos. Las damas de la corte se han comportado con una gracia extraordinaria. —Risai evitó la mirada—. La Reina de Kei también me ha tratado sincera y cordialmente.

—Ella tiende a dejar la seriedad de lado, y es honesta hasta el error. —Shoukei sonrió.

—Los ocupantes del Palacio Kinpa parecen terriblemente a gusto al lado de la Reina de Kei.

—Ese tipo de humor está en el aire, para estar segura. Supongo que encuentras la falta de solemnidad aquí.

—No, yo…

—He oído que el Rey de Tai es un espléndido monarca. Pero nadie sabe dónde está ahora. Esto sin duda pesa en su mente.

—Sí —Risai asintió.

—La gente de Tai debe estar sufriendo terriblemente. Por no hablar de la dureza de los inviernos en Tai.

—¿Estás familiarizada con Tai?

Shoukei sacudió la cabeza.

—Pero soy originaria de Hou. Los inviernos en Hou son igualmente duros. Si algo sale mal, te agobiará todo el invierno y pondrá en riesgo tu vida. Y he oído que los inviernos en Tai son incluso peores que en Hou.

—Supongo que lo son.

—El trono está vacío en Hou también. Sin embargo, la situación allá es diferente. El rey que murió en Hou devastó al reino… —Cuando hablaba una triste sonrisa se mostraba en ella—. Entonces el trono está vacío por el bien del pueblo, en algunos aspectos. Pero he oído que el Rey de Tau era muy querido entre su gente.

—Sí, perder un rey así…

—¿Hubo un golpe de Estado? Al principio de la dinastía, temerosos de perder todo lo que habían robado, los traidores y conspiradores era probable que solo se rindieran y entregaran sus ganancias gritando y pataleando.

—No sé si eso se aplica… —se dijo Risai a sí y Shoukei movió su cabeza a un lado—. Es definitivamente el caso de una nueva dinastía que comienza, aquellos que han tomado ventaja del puesto vacante para imponer sus propias reglas tiránicas sentirán el calor después que el nuevo rey se siente en el trono. Pero no creo que esta fuera la causa de la revuelta.

—¿Y entonces…?

—No lo sé —respondió Risai. Ella sabía que una rebelión no había estado muy lejos de las mentes de los burócratas, pero ella y sus colegas habían colocado suficientes vigilantes—. No sé por qué una cosa así debía pasar.

  

 

—Su Alteza bien puede probar el culto líder que es —dijo el obviamente impresionado compañero de viaje de Risai, un militar cercano a la provincia de Jou—. El Sankou también dice que nunca han visto una Corte Imperial organizada tan rápido. Todos están llenos de admiración.

—Eso parece.

—Aunque su reputación de ser muy duro general, la infantería parecía encantada con el nuevo rey. Y a la gente parecía tenerle gran consideración.

Risai sonrió y asintió. Con sus antecedentes militares, Gyousou certeramente era popular entre las tropas. Sobre todo, porque el Rey Kyou surgió de los servicios civiles y los servicios uniformados no le tenían gran respeto.

Asumiendo el trono, Gyousou tomó los tesoros acumulados del Rey Kyou y los distribuyó en los almacenes provinciales para fortificarlos contra el siguiente invierno. Solo con eso ganó el corazón de la gente. Los inviernos en Tai eran duros y cuando los alimentos y los combustibles escaseaban, sus vidas estaban en el límite. Las formas de derrochar del Rey Kyou habían vaciado las arcas de las tesorerías y los almacenes. Una alegría se levantó cuando las arcas volvieron a ellos.

— Tengo la sensación de que una nueva era está comenzando —dijo el ayudante de Risai con una sonrisa.

Risai compartía esos sentimientos. Ella escuchaba la alegría de la gente. Aventurándose en los centros de las ciudades se reveló que los ciudadanos tendían a pensar bien de Gyousou. Y no solo los plebeyos. Los ministros, entusiasmados por el Palacio Imperial, llevaban expresiones más entusiastas en sus rostros.

Pero un veloz carruaje hacía mucho ruido. Uniéndose a la Corte Imperial como general de la Guardia Provincial, no podía ayudar notando las extrañas sombras que asechaban aquí y allá en medio del frenesí. No fue hasta después del Festival del Solsticio de Invierno que ella entendió lo que había observado.

  

 

—En breve, estaré enviando al Taiho al reino de Ren[1] —dijo Gyousou a sus asesores—. El viaje de ida a Ren tomará alrededor de un mes. Durante ese tiempo deberíamos llevar a cabo la caza de invierno.

Al principio, Risai lo tomó literalmente. Como ningún hecho importante los esperaba a mediados de Año Nuevo, eso fue cuando se celebraría la expedición de caza. Aunque los asuntos de la Corte Imperial habían sido puestos en orden, esto le chocaba como un comportamiento de caballero.

Desde que un confuso aire circulaba a través de la habitación, ella no era la única que pensaba así. El General Asen[2] de la Guardia del Palacio de Derecha rompió el silencio. En una extraña voz baja preguntó:

—¿Y el juego?

—Tarado.

La abrupta respuesta sorprendió a Risai.

—Debemos hacer frente a esos funcionarios gubernamentales que corrompen a sus oficiales bajo la protección otorgada por el último rey. No podemos cerrar los ojos mientras estas bestias deambulan por nuestros alrededores. Si establecer la libertad, es así, probablemente harían caer el Estado, prenderán fuego en cualquier otro lugar. Son un montón de astutos y las fortunas personales que han amasado son indispensables para el futuro de Tai.

Risai se dio cuenta con horror de que estaban hablando de una purga política. La pequeña habitación se llenó de gemidos y suspiros que dieron rienda suelta a otros sentimientos.

—Una vez que el festival haya concluido, solo el Año Nuevo aguarda. Una misión diplomática se enviará a Ren. Con los enviados acompañados por el general que comanda las guardias del Palacio y de la provincia de Zui, creo que nuestras presas no sospecharán nada. Con lanzar una red lo suficientemente grande deberíamos atraparlos a todos.

—Y durante ese tiempo, ¿el Taiho estará en el extranjero? —preguntó Asen.

Gyousou asintió.

—Esto no es algo en lo que quiera que sea testigo Kouri[3].

—Pero ¿no es probable que se entere tarde o temprano de esto?

—Voy a ver que no lo haga. Lo que acá se está mencionando no deberá ser mencionado a Kouri, o alguno otro que no esté participando directamente en esta campaña.

—Pero ¿hacer estas acusaciones en secreto? Esto…

Risai elevó su voz para objetar. Ella entendía que la varilla no se puede escatimar en lo que respecta a hacerle frente a estos caprichosos oficiales, pero ejecutarlos sin un juicio público era algo similar a un linchamiento.

—Por supuesto que debemos seguir las reglas de justicia en su totalidad. Pero no a la vista del público. Los departamentos de gobierno involucrados en estas campañas están seleccionando y organizando cuidadosamente a los fiscales. Todos los demás oficiales serán dejados completamente fuera del asunto. Todo debe ser ocultado para el regreso de Kouri. Él no debe notar ni una nueva cara ni aquí ni allá, y ni una ligera disminución de mano de obra.

¿No le estás mintiendo? Risai sintió preguntarlo, pero lo pensó, mejor. Considerando la benevolencia de la naturaleza de un kirin, es natural que no quiera un derramamiento de sangre, y su aborrecimiento a la injusticia, manteniéndolo en la penumbra será lo mejor. Exponer sangre a un kirin enfermaría al kirin. Estas acciones podían ser vistas como señales de compasión de Gyousou a Taiki.

Aun cuando ella tenía la obligación de dar su consentimiento, otra voz se oyó, la de Kaei, recientemente nombrada jefa del Ministerio de Otoño.

—¿Está seguro de que se trata de algo aceptable? Con todo el respeto, el Taiho lo sabrá tarde o temprano. Mejor que esconder cosas a sus espaldas, ¿Por qué no se lo comunica a él directamente?

—Mis órdenes siguen en pie —respondió Gyousou bruscamente, asegurando que tenía la última palabra del asunto.

Escuchando los detalles de la campaña, Risai sintió de nuevo algo como un frío viento en su espalda, un desconocimiento de sus temores vacíos de segundos pensamientos sobre tirar abajo esos planes maquiavélicos de una sola vez.

De hecho, originalmente, el sirviente favorito del Rey Kyou, Gyousou, había instalado a sus subordinados en toda la Corte Imperial. Él ya había firmado entendimientos de gente que hizo y que no hizo, que el problema eran los chicos y como deben ser disciplinados.

Desde que asumió el trono, Gyousou ya había elaborado sus planes, quién debía ser removido y a quién debía reemplazar. Había previsto, sin duda, lo que podía ocurrir cuando esos chacales serían llevados del talón. De hecho, esta “caza de invierno” era dirigida no solo para oficiales corruptos, sino que era parte de una estrategia para eliminar las aves ocultas y limpiar el lugar.

Observando la purga desplegarse, aquellos con traición y maldad enterrada en su corazón, aquellos quienes ingeniosamente escondieron sus viles actos de la vista de todos, sentirían el calor y el pánico correteando por dentro.

Este hombre, pensó Risai mirando a Gyousou. Este hombre hará en un año lo que le toma a un rey hacer en una década -incluso un siglo- de lograr.

Risai sentía un escalofrío a través de ella. Hasta ese punto, no había albergado dudas sobre Gyousou. Un general de gran renombre, Risai también admiraba su disposición y temperamento, y respetaba su grandeza.

Sin embargo, por primera vez sintió el susurro de un mal presagio en el aire.

Incluso si convencida de estos sentimientos surgían únicamente en reacción de la sustancia de la campaña de Gyousou, ella no dudaba de su poder o autoridad como Rey ni por un segundo. Ella simplemente podía preguntarse por qué una sombra oscura descendería a ella en medio de tal esplendor.

Por tiempo después, Kaei sorpresivamente se mostró en su residencia. Era de noche y una luz de nieve caía.


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