Risai fue despertada en medio
de la noche por voces que susurraban delante y atrás.
—Estoy
definitivamente hambrienta.
—Eso pensé.
Hice té. Te está esperando.
—Gracias.
¿Lo tomamos juntas?
La frívola
naturaleza de la conversación le hizo a Risai levantar su cabeza. La chica que
la cuidaba en la cama le dio una mirada sorprendida. Otra chica se inclinó en
la puerta y entró su cabeza en la habitación.
—Oh,
perdona. ¿Te despertamos?
Risai
sacudió la cabeza en un no.
—No te
perdiste tu cena por mí, ¿verdad?
Suzu agitó
su mano de lado a lado.
—Solo
tomando la oportunidad cuando viene. Shoukei fue lo suficientemente buena para
traerme una comida de media noche, así que está bien.
—Por favor,
vaya y coma —dijo Risai—. Yo estoy bien.
La muchacha
llamada Shoukei le sonrió a Suzu.
—Apresúrate
y limpia tu plato. Yo estaré esperando aquí.
Suzu
asintió y dejó la habitación. Como si tomara su lugar, Shoukei se sentó al lado
de la cama.
—Me
disculpo por haber hecho un alboroto por algo tan tonto. Mi nombre es Shoukei.
Soy una dama de la corte como Suzu.
—Nada de
eso. He sido una carga para todos ustedes. No necesita sentirse obligada a
cuidarme.
Shoukei
sonrió.
—No se
preocupe por eso. Nos disculpamos por ser tan cortos de manos que no podamos
cuidarla como debemos.
—Oh, no
necesita ir a los extremos. Las damas de la corte se han comportado con una
gracia extraordinaria. —Risai evitó la mirada—. La Reina de Kei también me ha
tratado sincera y cordialmente.
—Ella
tiende a dejar la seriedad de lado, y es honesta hasta el error. —Shoukei
sonrió.
—Los
ocupantes del Palacio Kinpa parecen terriblemente a gusto al lado de la Reina
de Kei.
—Ese tipo
de humor está en el aire, para estar segura. Supongo que encuentras la falta de
solemnidad aquí.
—No, yo…
—He oído
que el Rey de Tai es un espléndido monarca. Pero nadie sabe dónde está ahora.
Esto sin duda pesa en su mente.
—Sí —Risai
asintió.
—La gente
de Tai debe estar sufriendo terriblemente. Por no hablar de la dureza de los
inviernos en Tai.
—¿Estás
familiarizada con Tai?
Shoukei
sacudió la cabeza.
—Pero soy
originaria de Hou. Los inviernos en Hou son igualmente duros. Si algo sale mal,
te agobiará todo el invierno y pondrá en riesgo tu vida. Y he oído que los
inviernos en Tai son incluso peores que en Hou.
—Supongo
que lo son.
—El trono
está vacío en Hou también. Sin embargo, la situación allá es diferente. El rey
que murió en Hou devastó al reino… —Cuando hablaba una triste sonrisa se
mostraba en ella—. Entonces el trono está vacío por el bien del pueblo, en
algunos aspectos. Pero he oído que el Rey de Tau era muy querido entre su
gente.
—Sí, perder
un rey así…
—¿Hubo un
golpe de Estado? Al principio de la dinastía, temerosos de perder todo lo que
habían robado, los traidores y conspiradores era probable que solo se rindieran
y entregaran sus ganancias gritando y pataleando.
—No sé si
eso se aplica… —se dijo Risai a sí y Shoukei movió su cabeza a un lado—. Es
definitivamente el caso de una nueva dinastía que comienza, aquellos que han
tomado ventaja del puesto vacante para imponer sus propias reglas tiránicas
sentirán el calor después que el nuevo rey se siente en el trono. Pero no creo
que esta fuera la causa de la revuelta.
—¿Y
entonces…?
—No lo sé
—respondió Risai. Ella sabía que una rebelión no había estado muy lejos de las
mentes de los burócratas, pero ella y sus colegas habían colocado suficientes
vigilantes—. No sé por qué una cosa así debía pasar.
—Su Alteza bien puede probar el
culto líder que es —dijo el obviamente impresionado compañero de viaje de
Risai, un militar cercano a la provincia de Jou—. El Sankou también dice que
nunca han visto una Corte Imperial organizada tan rápido. Todos están llenos de
admiración.
—Eso
parece.
—Aunque su
reputación de ser muy duro general, la infantería parecía encantada con el
nuevo rey. Y a la gente parecía tenerle gran consideración.
Risai sonrió y asintió. Con sus antecedentes militares, Gyousou certeramente era popular entre las tropas. Sobre todo, porque el Rey Kyou surgió de los servicios civiles y los servicios uniformados no le tenían gran respeto.
Asumiendo el trono, Gyousou tomó los tesoros acumulados del Rey Kyou y los distribuyó en los almacenes provinciales para fortificarlos contra el siguiente invierno. Solo con eso ganó el corazón de la gente. Los inviernos en Tai eran duros y cuando los alimentos y los combustibles escaseaban, sus vidas estaban en el límite. Las formas de derrochar del Rey Kyou habían vaciado las arcas de las tesorerías y los almacenes. Una alegría se levantó cuando las arcas volvieron a ellos.
— Tengo la
sensación de que una nueva era está comenzando —dijo el ayudante de Risai con
una sonrisa.
Risai
compartía esos sentimientos. Ella escuchaba la alegría de la gente.
Aventurándose en los centros de las ciudades se reveló que los ciudadanos
tendían a pensar bien de Gyousou. Y no solo los plebeyos. Los ministros,
entusiasmados por el Palacio Imperial, llevaban expresiones más entusiastas en
sus rostros.
Pero un
veloz carruaje hacía mucho ruido. Uniéndose a la Corte Imperial como general de
la Guardia Provincial, no podía ayudar notando las extrañas sombras que
asechaban aquí y allá en medio del frenesí. No fue hasta después del Festival
del Solsticio de Invierno que ella entendió lo que había observado.
—En breve, estaré enviando al
Taiho al reino de Ren[1] —dijo Gyousou a sus asesores—. El viaje de ida a Ren
tomará alrededor de un mes. Durante ese tiempo deberíamos llevar a cabo la caza
de invierno.
Al
principio, Risai lo tomó literalmente. Como ningún hecho importante los
esperaba a mediados de Año Nuevo, eso fue cuando se celebraría la expedición de
caza. Aunque los asuntos de la Corte Imperial habían sido puestos en orden,
esto le chocaba como un comportamiento de caballero.
Desde que
un confuso aire circulaba a través de la habitación, ella no era la única que
pensaba así. El General Asen[2] de la Guardia del Palacio de Derecha rompió el
silencio. En una extraña voz baja preguntó:
—¿Y el
juego?
—Tarado.
La abrupta
respuesta sorprendió a Risai.
—Debemos
hacer frente a esos funcionarios gubernamentales que corrompen a sus oficiales
bajo la protección otorgada por el último rey. No podemos cerrar los ojos
mientras estas bestias deambulan por nuestros alrededores. Si establecer la
libertad, es así, probablemente harían caer el Estado, prenderán fuego en
cualquier otro lugar. Son un montón de astutos y las fortunas personales que
han amasado son indispensables para el futuro de Tai.
Risai se
dio cuenta con horror de que estaban hablando de una purga política. La pequeña
habitación se llenó de gemidos y suspiros que dieron rienda suelta a otros
sentimientos.
—Una vez
que el festival haya concluido, solo el Año Nuevo aguarda. Una misión
diplomática se enviará a Ren. Con los enviados acompañados por el general que
comanda las guardias del Palacio y de la provincia de Zui, creo que nuestras
presas no sospecharán nada. Con lanzar una red lo suficientemente grande
deberíamos atraparlos a todos.
—Y durante
ese tiempo, ¿el Taiho estará en el extranjero? —preguntó Asen.
Gyousou asintió.
—Esto no es
algo en lo que quiera que sea testigo Kouri[3].
—Pero ¿no
es probable que se entere tarde o temprano de esto?
—Voy a ver
que no lo haga. Lo que acá se está mencionando no deberá ser mencionado a
Kouri, o alguno otro que no esté participando directamente en esta campaña.
—Pero
¿hacer estas acusaciones en secreto? Esto…
Risai elevó
su voz para objetar. Ella entendía que la varilla no se puede escatimar en lo
que respecta a hacerle frente a estos caprichosos oficiales, pero ejecutarlos
sin un juicio público era algo similar a un linchamiento.
—Por
supuesto que debemos seguir las reglas de justicia en su totalidad. Pero no a
la vista del público. Los departamentos de gobierno involucrados en estas
campañas están seleccionando y organizando cuidadosamente a los fiscales. Todos
los demás oficiales serán dejados completamente fuera del asunto. Todo debe ser
ocultado para el regreso de Kouri. Él no debe notar ni una nueva cara ni aquí
ni allá, y ni una ligera disminución de mano de obra.
¿No le
estás mintiendo? Risai sintió preguntarlo, pero lo pensó, mejor.
Considerando la benevolencia de la naturaleza de un kirin, es natural
que no quiera un derramamiento de sangre, y su aborrecimiento a la injusticia,
manteniéndolo en la penumbra será lo mejor. Exponer sangre a un kirin
enfermaría al kirin. Estas acciones podían ser vistas como señales de
compasión de Gyousou a Taiki.
Aun cuando
ella tenía la obligación de dar su consentimiento, otra voz se oyó, la de Kaei,
recientemente nombrada jefa del Ministerio de Otoño.
—¿Está
seguro de que se trata de algo aceptable? Con todo el respeto, el Taiho lo
sabrá tarde o temprano. Mejor que esconder cosas a sus espaldas, ¿Por qué no se
lo comunica a él directamente?
—Mis
órdenes siguen en pie —respondió Gyousou bruscamente, asegurando que tenía la
última palabra del asunto.
Escuchando
los detalles de la campaña, Risai sintió de nuevo algo como un frío viento en
su espalda, un desconocimiento de sus temores vacíos de segundos pensamientos
sobre tirar abajo esos planes maquiavélicos de una sola vez.
De hecho,
originalmente, el sirviente favorito del Rey Kyou, Gyousou, había instalado a
sus subordinados en toda la Corte Imperial. Él ya había firmado entendimientos
de gente que hizo y que no hizo, que el problema eran los chicos y como deben
ser disciplinados.
Desde que
asumió el trono, Gyousou ya había elaborado sus planes, quién debía ser
removido y a quién debía reemplazar. Había previsto, sin duda, lo que podía
ocurrir cuando esos chacales serían llevados del talón. De hecho, esta “caza de
invierno” era dirigida no solo para oficiales corruptos, sino que era parte de
una estrategia para eliminar las aves ocultas y limpiar el lugar.
Observando
la purga desplegarse, aquellos con traición y maldad enterrada en su corazón,
aquellos quienes ingeniosamente escondieron sus viles actos de la vista de
todos, sentirían el calor y el pánico correteando por dentro.
Este
hombre, pensó Risai mirando a Gyousou. Este hombre hará en un año lo que
le toma a un rey hacer en una década -incluso un siglo- de lograr.
Risai
sentía un escalofrío a través de ella. Hasta ese punto, no había albergado
dudas sobre Gyousou. Un general de gran renombre, Risai también admiraba su
disposición y temperamento, y respetaba su grandeza.
Sin embargo,
por primera vez sintió el susurro de un mal presagio en el aire.
Incluso si
convencida de estos sentimientos surgían únicamente en reacción de la sustancia
de la campaña de Gyousou, ella no dudaba de su poder o autoridad como Rey ni
por un segundo. Ella simplemente podía preguntarse por qué una sombra oscura
descendería a ella en medio de tal esplendor.
Por tiempo
después, Kaei sorpresivamente se mostró en su residencia. Era de noche y una
luz de nieve caía.


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