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domingo, 26 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 40

 

CAPÍTULO 40

 

 

 

Habiendo tomado algunos instantes para dormir, Risai y los otros dejaron el Palacio Kinpa a primera luz del día. No escatimaron tiempo merodeando alrededor de las montañas Ryou’un, tomaron su desayuno y se encaminaron a través del Mar de Nubes hacia el Monte Hou.

Para el momento en el que los picos de las Montañas Adamantinas rodeando el Mar Amarillo se vieron al tercer día después de haber dejado Gyouten -habiendo apenas dormido mientras tanto- se volvió claro que Risai estaba atrasando su viaje. Como estaban acostumbrados el uno al otro, cabalgar un kijuu al galope con solo un brazo resultó más difícil de lo que ella había previsto. Tampoco era Hien tan rápido como los suguu que Youko y Rokuta estaban montando.

Sin embargo, es igualmente cierto que de no ser por Hien, Risai nunca podría haber hecho el viaje en primer lugar. En momentos como ese, el sentimiento de pérdida al cual ella había resuelto pesaba fuertemente en su mente.

Youko y Rokuta silenciosamente la animaban, y en el cuarto día finalmente llegaron al Monte Hou. Al menos, se dijo a sí, al mismo tiempo que pensaba, fue más fácil de lo que había imaginado.

Había cruzado una vez el Mar Amarillo bajo el Mar de Nubes, a pie hacia el Monte Hou. Pensando en cuan ardua había sido esa experiencia, fue sorprendida por la diferencia. Volando sobre el Mar de Nubes hizo las cosas más sencillas. Pensando en el precio que el Cielo extrajo de la gente que iba al Shouzan, no pudo hacer nada más que saborear el amargo gusto en la boca.

Solo se profundizó cuando vio a la mujer parada en frente del templo palacio blanco. Según Youko, incluso sin ser informada, Gyokuyou sentía cuando algunos visitantes llegaban.

Después de que Enki puso a Gyokuyou al tanto de las circunstancias de su viaje, ella dio instrucciones para que se les dé un lugar para descansar y luego quedarse. Descendieron del Monte Hou a través de las puertas rojas de laca, y se les dio uso del palacio. Haciéndose como en casa sola con Youko, Risai repentinamente rompió en lágrimas.

—¿Risai? ¿Qué tienes? ¿Te sientes bien?

Risai sacudió la cabeza. No entendía por qué, pero no podía dejar de llorar.

—Genkun recordó quién soy yo.

—Ah —dijo Youko desconcertada. Cuando Enki le dijo a Gyokuyou que Risai era de Tai, ella inmediatamente conjeturó que Risai había estado entre los que habían hecho el Shouzan.

—Pero ¿cómo puede ser? ¡Nunca la conocí!

—Risai…

—Gyokuyou sabía que yo había estado aquí sin que nadie le dijera previamente. Sabía quién era sin habernos conocido. ¿Por qué?

Youko le dio una angustiada mirada mientras le acariciaba la espalda.

—Si puede verlo todo y anticipar todo, ¡entonces ella debe saber lo que está pasando en Tai también!

—Pero, Risai, Tai está bastante lejos.

Youko habló sin gran convicción. Risai sacudió la cabeza violentamente.

—Anteriormente crucé el Mar Amarillo en el Shouzan. ¿Entiende su Alteza cómo es un viaje así?

—No, no lo entiendo.

—Era una tierra estéril donde los youma son espesos como ladrones. La gente que va en bandas durante el Shouzan se instala en el Monte Hou donde mejor les parece. Muchos de mis compañeros de viaje perecieron en el camino. Sin caminos y sin lugares de descanso, solo podía ser llamado páramo. Hicimos el viaje arriesgando la vida y la integridad física, el acoso de los youma era más atemorizante con cada paso. Lo que tomó casi dos meses yo lo crucé en un solo día. Sobre el Mar de Nubes, es todo a lo que equivale.

Youko solo la miraba a los ojos y escuchaba lo que tenía que decir.

—La gente que hace el Shouzan viaja al Monte Hou con el objetivo de recibir la Misión del Cielo. ¿Por qué? ¿Por qué los kirin están aquí? Si conocer al kirin también importara, entonces ¿por qué no viajar sobre el Mar de Nubes? Entonces todos podrían conocer al kirin sin arriesgar sus vidas.

—Sí, ya veo.

—A causa de la necesidad de cruzar el Mar Amarillo, todos lo piensan dos veces antes de disponerse a hacerlo. Y una vez que se aventuraron a salir nuevamente, no es fácil. El viaje se convierte en una maratón. Aquí y allá puede ser un viaje de cuatro días. La gente podría hacer el Shouzan más fácilmente. ¿No lo cree?

—Sí, podría ser —concordó Youko.

—Se dice que el Cielo ve en los corazones de la gente y elige a la mejor persona para recibir la Misión del Cielo. Nunca se cruzó por mi mente cuestionar eso. Pero ¿existe realmente el Cielo? Esa es la primera pregunta que levantó dudas en mí. ¿Cómo trabaja exactamente? Genkun adivina nuestras llegadas y recuerda nuestros rostros de la gente que hizo el Shouzan, a quienes nunca conoció. Y con esos poderes milagrosos, el Cielo prevé quién debe ser el Rey. ¿Es así? ¿Pero no puede hacer eso el Cielo sin el Shouzan? ¿Por qué debemos arriesgar nuestras vidas cruzando el Mar Amarillo? ¿Para qué lo hacemos?

Youko levantó las cejas. Era realmente una paradoja.

—Si reunirse con el kirin y averiguando la Misión del Cielo era la única forma de elegir a un rey, el costo sería alto, pero considerando el bien de la gente, vale la pena el cambio. Si ese no es el caso, entonces ¿cuál es el sentido de todo esto? ¿Qué bien podría traer de aquellos que murieron en el Mar Amarillo?

¿Cómo se supone que sepa? Youko no podía evitar pensar para ella misma. No había que negar el punto al que había llegado ella. Si el Cielo podía discernir en los corazones de la gente de antemano y tomar a uno, entre aquellos, de buen corazón, no habría necesidad del Shouzan.

Si ese no era el caso… si solo a través de los ojos del kirin podría elegirse a la persona correcta para ser rey… entonces, ¿qué pasaba con los casos como el suyo? Sin saber nada sobre el otro mundo, una estudiante normal de secundaria había nacido como taika. Sin Embargo, el Mandato del Cielo había caído sobre sus hombros. Según Keiki, había percibido en ella “el Derecho Divino” a gobernar. Pero quizá las personas “reyes” fueron predestinadas de antemano y ese Derecho Divino no estaba presente.

—Para el Cielo que demanda irrazonablemente tan gran costo y entonces ofrecer a los elegidos sin asistencia… ¿ningún rey merece tal destino? Por supuesto, no se puede decir que ningún rey gobierna sin errores. Quizá el Cielo tiene alguna razón para darle la espalda. Pero entonces ¿por qué tolerar la existencia de Asen? Él provoca lluvia de muerte y destrucción sobre la gente. ¿Por qué no ayuda al verdadero rey y derriba al impostor?

—Risai…

—¿Qué somos… qué son los reyes y las emperatrices… para el Cielo?

El Jardín de los Dioses, pensó repentinamente Youko, al comienzo. Tal vez era eso de lo que todo se trataba. Tentei era el supervisor del reino en este mundo. Tentei se sentaba en su trono en el Cielo. Youko eligió el Rikkan. Al introducir los nombres de los ministros oficiales en el Registro de Inmortales, ella los elevó a la condición de divinos. Ella nombró a los sennin.

Sorprendida por el pensamiento, sintió a su mente dar vueltas. En cuyo caso, el llanto de Risai era el llanto de la gente. Youko había escuchado una vez un llanto similar en un pueblo de Kei.

—Risai, no sé cómo responder a tus preguntas. Pero hay una cosa que sí sé.

—¿Una cosa que sí sabe?

—Si hay un Cielo, no es infalible. Un Cielo que no existe no puede equivocarse. Pero un Cielo que sí, mayormente puede.

Una sorprendida y curiosa mirada se vio en el rostro de Risai.

—Si el Cielo no tiene existencia concreta, entonces no debería haber expectativa de que pudiese hacer algo para salvarnos. Pero si fuera hasta el Cielo solo para salvarnos, entonces sería, sin duda, un error.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Quiero decir, que solo nosotros podemos salvarnos, Risai.[1]

 

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