CAPÍTULO
32
Cuando Youko llegó a las habitaciones del Taishi, Keikei estaba en el
patio principal guiando a Risai con la mano. Con algo de ayuda, la débil Risai
era ahora capaz de moverse por sus propios pies. El otro día fue capaz de
subirse al lomo de Hien, lo que no le dio poca satisfacción.
—¡Youko! —Keikei sonrió al verla—. Mira. Risai es
capaz de caminar ahora.
—Traten de no esforzarse de más.
—Estoy bien.
Youko asintió y, a continuación, explicó que Risai
tenía un invitado. Risai dirigió su mirada a quien había entrado después de
Youko. Tenía un rostro excéntrico, sin embargo, tenía el presentimiento de que
se habían conocido antes.
—Keikei, ¿podrías dejarnos a solas por un momento?
Keikei aceptó sin protesta.
—Voy a ir a ocuparme de Hien. Ayer Risai me enseñó
cómo cepillarlo.
—¿Ah, sí? —Youko sonrió mientras él salía. Y luego
giró hacia Risai—. Él viene de Han. Desea hablar contigo.
Youko puso su brazo alrededor de los hombros de
Risai. Mientras regresaban a la sala, Risai se convencía más y más de que la
había visto en algún lugar anteriormente.
—Pareces estar de buen ánimo —dijo, ofreciéndole un
asiento.
Risai asintió en gratitud.
—Lo siento, pero ¿lo conozco?
—He venido de Han. Hay algo a lo que me gustaría
que eches un vistazo.
Tomó un pequeño paquete de tela del bolsillo de su
elegante bordado kimono color azul hierro. Dando a conocer sobre la mesa una
sección de una faja de cuero. La faja estaba tachonada con negro y plata. La
imagen grabada de un caballo galopante daba elegancia al broche de metal.
Excepto que la faja por sí misma no era más larga que para dos manos. Estaba
rota en el medio, y lo peor, la desgarradura en su final estaba manchada con un
rojo oscuro.
La vista de esta impulsó a Risai a saltar sobre sus
pies, tanto como se lo permitían. Casi inmediatamente perdió el balance y cayó.
—Eso es…
—¿Risai?
—Oí que eras general de la Guardia Provincial de
Zui. ¿Reconoces este objeto?
—Sí —respondió Risai, con voz tensa—. ¿Cómo lo
consiguió?
—En Han. Fue encontrado entre un cargamento de
piedras preciosas provenientes de Tai.
—De Tai…
—¿Qué es? —preguntó Youko.
—Pertenece a su Majestad. Estoy segura. Esto es…
—Risai se detuvo a la mitad. La identidad del visitante desconocido llegó a su
mente. Lo había visto nada menos que en la coronación de Gyousou. Risai se
soltó de las manos de Youko y se hundió en el suelo de rodillas—. Me habían
dicho que era un regalo presentado por su Majestad en la coronación.
El Rey de Han asintió.
—No deseaba sobresaltarte, pero, obviamente te has
dado cuenta. Levántate y siéntate. Vas a lastimarte —le dirigió a Youko una
preocupada mirada—. Han no ha disfrutado en mucho tiempo de relaciones mutuas
con Tai. Aunque no me preocupa el Rey anterior.
—No le preocupa…
—El hombre tenía un gusto terrible. Simplemente no
podía tolerar a un hombre que tomaba tan alegre el oro y la armadura de plata
dorada. —Ni siquiera hizo esfuerzo para disimular la mueca en su rostro—.
Gyousou, en cambio, me pareció un buen hombre. Bruto, pero no aburrido. Y Taiki
es una ternura. Simplemente adoro el brillo platinado de su melena.
—Usted no dijo… —dijo Youko, mirándola con los ojos
bien abiertos.
El Rey de Han rio.
—Y así establecimos una relación de trabajo. Han no
tiene fuentes o minas de piedras preciosas. Sin embargo, me atrevo a decir que
ninguno de los doce reinos puede mejorarnos cuando se trata de nuestras
artesanías en metales preciosos y joyas. Tai nos suministra con materia prima.
Encontramos este objeto entre un embarque de mineral. —Levantó la faja.
»Como puedes ver, los gravados de filamentos de
caballos galopantes son claramente discernibles. Yo había encargado al mejor
grabador en el Ministerio de Invierno para que hiciera esto para la coronación
del Rey de Tai. Este es definitivamente uno de los objetos preparados como
obsequio de felicitación. La mano de obra requerida para producir plata
finamente pulida como esta solo puede encontrarse en el Ministerio de Invierno
de Han. La persona que encontró esto en el cargamento de Tai lo supuso de
antemano y lo envió al Ministerio, que me lo envió a mí.
La todavía arrodillada Risai la miró.
—Pero ¿de dónde vino el cargamento?
—La provincia de Bun. Junto con el mineral que
llegaba desde Rin’u. Escuché que era la única mina que seguía operando por el
momento.
—Sí —dijo Risai asintiendo—. Ese sería el caso.
El Rey de Han se giró hacia Youko.
—Las mejores gemas de Tai provienen de sus fuentes
de piedras preciosas. Arroyos de agua corren a través de las montañas. Las
semillas de estas gemas crecen en las aguas. Donde los arroyos emergen de la
roca, las gemas son depositadas en lechos de grava. Las piedras de esas fuentes
son minadas por su valor en gemas, pero no son clasificadas cuando salen de la
tierra. Los que no son clasificados suelos son eliminados, las marcas de minería
siguen marcados en ellos. Las piedras preciosas son clasificadas luego, y
entonces cortadas y pulidas por artesanos. Un artesano adquiere un montón de
piedras y encuentra la faja junta con el mineral en bruto.
—¿Han encontrado muchas cosas de este tipo?
—Para nada. La provincia de Bun es conocida como
una zona productora de gemas. Pero, debido a la falta de otras exportaciones,
la zona ha sido completamente minada. Las raras piedras que surgían fueron
entregadas al Rey Kyou. Han terminó recogiendo las heces. E incluso esos
disminuyeron en los últimos años. En particular, en los últimos años, incluso
las heces se han secado. Ningún cargamento llega. Este objeto llegó dos días
después del sospechoso suscripto que anunciaba la muerte del Rey de Tai. Los
cargamentos se detuvieron después de eso. Parece que cayó en nuestras manos en
el último minuto.
—Fue dañado… —observó Youko.
El Rey de Han asintió.
—El Ministro de Invierno concluyó que sufrió una
cortada por una herramienta filosa. Hay manchas de sangre en la superficie y en
el revés del cinto. Por lo que esa parece ser la causa.
—Alguien hirió al Rey de Tai…
—Y lo golpeó por detrás. Preocupados de que algún
tipo de calamidad haya ocurrido, nos comunicamos directamente con Tai a los
niveles más altos, pero el fénix no respondió. No hemos escuchado nada
del Ministerio de Estado, tampoco. Más recientemente, nos contactamos con En y
por primera vez tuvimos conocimiento de los pormenores.
El Rey de Han envolvió el cinturón en telas.
—Lo presento ante usted. Estaba aliviado al oír que
este corte no significa necesariamente que el Rey de Tai haya sido asesinado.
Llegó a mi poder a través de una extraña serie de eventos. Casi como si el Rey
de Tai deseara dejarlo como evidencia de su existencia para que se conozca,
¿quizá?
—Sí —respondió Risai, relativamente aceptando el
paquete de tela.
—A través de esta milagrosa conexión, el Rey de Tai
y sus subordinados siguen conectados. Debes mantener la esperanza.
—Gracias —dijo Risai, aunque sus palabras no
pudieron oírse por sus lágrimas.

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