En su habitación, Risai le dio
una larga mirada al cinturón. Seguimos conectados. Era verdad. O eso era
de lo que trataba de convencerse.
La única
mina que seguía trabajando cerca de Rin’u para ese momento era el Monte
Kan’you. Se decía que era la más antigua de la provincia de Bun. Por lo que
podía recordar, las fuentes de gemas se habían secado. La única mina producía
pequeñas gemas de bajo valor.
Gyousou
había desaparecido en las afueras de Rin’u, en el furor del combate. Y esta faja
fue encontrada en el Monte Kan’you. Eso podría decir que los enemigos de
Gyousou lo capturaron en el Monte Kan’you. Pero ¿qué pasó después de eso?
Aunque los detalles no eran totalmente claros, un pequeño rastro de migajas se
había dejado detrás, huellas de Gyousou que Risai podría seguir si volviera a
Tai.
Risai
respiró profundamente y cerró los puños. Los otros reinos dijeron que ayudarían
en la búsqueda de Taiki. Incluso si no produjera resultados, aún no había
agotado todas sus opciones.
Estaba tratando
de convencerse de esto cuando la calmada voz de Koshou se escuchó detrás:
—Risai ¿has
visto a Keikei?
Risai miró
sobre sus hombros.
—La Reina
de Kei estuvo de visita más temprano. Lo mandé a jugar. Dijo que iba a los
establos.
—Eso es
extraño. Le di un vistazo a los establos de camino aquí y no lo vi. No es de
quedarse mucho tiempo en un lugar.
Risai
sonrió.
—Es un niño
vivaz.
—Lleno de
vida y vigor, eso es seguro.
—Un buen
niño, también.
—Bueno, ya
sabes… —Koshou rio burlonamente, como si el elogio fuera para él—. Es un
trabajador entusiasta, y no para hasta obtener algo.
—¿No tiene
parientes cercanos?
—Su madre y
su padre murieron hace un tiempo y terminó en un orfanato. Tenía una hermana
mayor, pero fue asesinada.
—Eso es muy
triste…
—Una historia
triste, eso es seguro. Pero la forma en que lo toma demuestra que hay un gran
hombre dentro de su pequeño cuerpo.
—Él
realmente es un buen muchacho. Pero ¿es adecuado para el señorito Keikei
trabajar en un establo, Koshou? ¿No tiene escuela u otras cosas que hacer?
Además, aunque pueda tener un kijuu calmado, sigue siendo un kijuu.
Sé que estamos hablando de una oportunidad de una en un millón, pero…
—Ah, no te
preocupes por ello. Él pidió hacerlo él mismo después de todo —añadió Koshou
con una sonrisa—. No necesitas llamarlo “señorito” tampoco. Tan solo Keikei
está bien. Como él dijo, es un mayordomo.
—¿Ha sido
registrado en el Registro de Inmortales?
—Es
demasiado joven para eso. Youko quiere que mientras crezca se haga la idea de
qué quiere ser. Es un poco extraña la forma en la que te diriges a él.
Haciéndolo sonar como un pequeño príncipe o algo así.
—¿Lo hago?
—Nunca se le había ocurrido. Pero cuando lo pensó, así parecía—. Eso creo,
ahora que lo menciona.
—¿Se
refiere a que no era consciente de ello?
Risai
sacudió la cabeza. El sonido de alguien cantando en las habitaciones llegó a
sus oídos. La clara y brillante voz de una vivaz joven.
—Creo que
es Shoukei. La escribana real y la dama van y vienen alrededor de esta hora por
aquí.
—Eso es
verdad. Ambos yendo y viniendo y viviendo aquí.
Risai
parpadeó.
—¿Y cuál
sería la relación entre ustedes?
—Ninguna
—dijo Koshou, saludando con su mano—. Solo digamos que estoy pidiendo prestado
el lugar por el momento. Ninguna relación en absoluto.
—¿Y ninguna
relación con Youko o Keikei tampoco? —presionó Risai.
Koshou
respondió con una confundida sonrisa.
—Sé que
esto sonará un poco raro para ti, pero comencé mi carrera como un rufián sin
conexión alguna con los ministros del gobierno.
—Yo creo
que la Reina de Kei se dirige a usted como un caballero pícaro.
—Nada tan
alejado como eso. Había un gobernador malvado, ¿sabe? Y nosotros teníamos un
montón de valientes y patrióticas almas juntas para darle a su trasero una dura
patada. Bajo circunstancias normales, el levantamiento de bandera de la
revolución nos haría hombres buscados. Pero no lo sabías, una de esas bravas
almas resultó ser Youko.
—¿La Reina
de Kei? ¿Una revolucionaria de su bando?
—Ese es un
secreto de Estado —sonrió Koshou—. Youko es una taika. No nació aquí,
¿lo sabías?
—Sí.
—Por eso es
por lo que no sabe nada acerca de este mundo. Por lo que dejó la ciudad y se
fue a estudiar con Enho, quien había sido el director de una famosa escuela
privada. Accidentalmente quedó atrapada dentro de nuestra pequeña revolución.
—Ya veo
—aunque desconocía los detalles, Risai asintió.
Koshou bajó
la mirada.
—No mucho
tiempo ha pasado desde su coronación. Estoy seguro de que hará todo lo posible
por ser una buena emperatriz, pero muchos de mis compañeros no están tan seguros.
Kei no ha tenido buenas experiencias con emperatrices. Además, ella es una taika.
Ni siquiera entiende buen nuestras costumbres. Todos la ven con desconfianza.
Por el momento, el gobierno ha sido reorganizado. Pero todavía hay traidores
entre ellos. Especialmente aquellos que guardan resentimientos por cómo han
sido tratados. Nadie sabe qué le tienen preparado a Youko.
Risai se
quedó un poco sorprendida. Así que por eso es por lo que siempre hay una nueva
Corte Imperial. Pero Youko la había sorprendido como emperatriz de Kei
recibiéndola con los brazos abiertos.
—Hay
conspiradores que intentan atacar a la Reina y a su séquito, antes de que algo
suceda. Los burócratas, sabemos, no tienes permitido entrar al sector privado
del Palacio Interior.
Risai
entendió perfectamente a dónde iba. Incluso cuando fue hospedada en el
conservatorio, vio muy poco ministros u oficiales. A pesar de que el
conservatorio estaba dentro del Seishin, la vida ahí era bastante tranquila.
Risai fue atendida por la dama de honor, Suzu, y ocasionalmente por la
escribana real, Shoukei. Aparte de ellas, no vio otros oficiales de menor
rango.
—Pensé que
eso se debía a que sospechaban de mí.
—No, ese no
es el caso. A pocas personas se les permite vivir en el Palacio Interior. No
queremos que los antiguos guardias merodeen a Youko. Solo aquellos en los que
confiamos por completo. Poco a poco traemos más gente a medida que las
conocemos y sabemos qué clase de personas son.
Risai se
asombró al principio, pero pensándolo nuevamente, encontró ese enfoque bastante
comprensible. Como la Reina de Kei había observado, Gyousou se había unido a la
Corte Provisional con mano firme antes de su coronación. Para empezar, Gyousou
no había necesitado reorganizar las cosas completamente en la Corte. Como uno
de los señores estatales, su popularidad fue duramente ganada y merecida. Pero
lo que había pasado en Tai no había pasado en otro lugar.
—Así que
Kei está en un grave estado.
—Un poco
más de paciencia es todo lo que necesitamos. Yo realmente así lo creo.
Risai
asintió. La Corte Imperial en Kei no había vuelto a tener una sólida base.
Risai entró literalmente a los empujones, esta insistente joven… aún trata de
unir la naciente Corte Imperial… aún en contra del Cielo. A esta hora tardía,
el reconocimiento de la verdadera gravedad de sus acciones comenzaba a
filtrarse en su alma. Había cometido una terrible indiscreción. La tenacidad
con la cual se apegó a su objetivo no era nada de lo que pudiera vanagloriarse.
La Reina de
Kei tenía tantas cargas. Kei no tenía nada que hacer por un reino como Tai. Y
aun así, mientras tenía al reino con una mano, esta joven emperatriz había
abrazado a Risai con el otro. Incluso había prometido hacer todo lo que
estuviese en su poder por Risai, como si no se pudiese esperar nada menos de
ella.
No
deberías esperar nada más que esto.
Dijeron que
buscarían a Taiki. Y eso era suficiente. Incluso si Taiki no fuera hallado,
haber venido a Kei no habría sido en vano.
—Eso es el
por qué —continuó Koshou, al parecer avergonzado de tener que admitir—,
mantenemos a la gente alrededor de Youko al mínimo. Además de Suzu, la otra
muchacha que te ha atendido es Shoukei, quien ha sido nombrada escribana real.
Los jóvenes funcionarios son todos viejos amigos, o han sido escogidos entre personas
de absoluta confianza por el General de la Guardia del Palacio. Esa es la razón
por la que todos estamos encerrados en el Palacio. Tengo un lugar propio, pero
difícilmente paso algún tiempo allí estos días.
—¿Y por eso
se está quedando aquí?
—A esto es
a lo que se reduce. ¿Sabes? Tengo un hermano menor.
—¿Uno de
verdad?
—Sí. Justo
ahora, está asistiendo a la Academia Provincial de la provincia de Ei. Está
durmiendo en los dormitorios.
—Debe ser
muy prometedor.
—Sí, lo es
—dijo Koshou con una gran sonrisa—. Estaba realmente encantado de que él
pudiera ir, pero después de que fue aceptado, para ser honesto, las cosas se
pusieron un poco solitarias. Es la única familia que tengo. Suzu es una buena
amiga, pero ella merece algo mejor que estar con un grupo de muchachos tercos.
Por lo que Youko me pidió cuidar de Enho y Keikei.
—Ah, eso
convertiría a esto en el lugar del Taishi.
—Eso sería.
Me refiero, yo cuidando de Enho difícilmente significa mover al Taishi dentro
del plano del Daiboku. De cualquier manera, Enho está prácticamente pegado a
Youko desde la mañana hasta la noche. Ella es un poco insegura cuando se trata
del funcionamiento del gobierno y todavía tiene mucho que estudiar. Por lo que
Enho me prestó estas habitaciones y me da rienda suelta para cuidar todo aquí.
Koshou rio
tímidamente.
—Crecí como
un pobre niño posadero. Por lo que un sujeto como yo no llegará lejos si no
puede preguntarle a la gente cuales son las buenas costumbres y las que no lo
son. Incluso tuve que hacerle tener en cuenta sus peniques. El niño siempre ha
tenido una buena cabeza sobre sus hombros. Así que tomé la oportunidad de
encargarme de Enho. Excepto que sin el toque de una mujer las cosas parecían un
molino abandonado. Finalmente, Suzu y Shoukei vinieron. Lo que ves aquí es
mayormente gracias a ellas.
—Ellas
mantienen las cosas en movimiento con una alegre sonrisa.
—Eso hacen
—Koshou concordó con una risa—. Youko tiene buen ojo para la gente. Creo que
ella entiende a un gran sujeto como yo haciéndolo Daiboku, si no, todavía sería
un triste saco de arena por cuenta propia. Es difícil para mí resolver las
cosas cuando no hay gente a mi alrededor. Sin mencionar que el palacio es mucho
más de lo que puedo imaginar. No habría durado mucho tiempo metido en mi propia
habitación yo solo. Gracias a la agitación aquí, me las arreglo para mantenerme
en lo mío.
—Y para
empeorar las cosas, yo llegué a los empujones.
—Youko nos
pidió que mantuviéramos las cosas en calma, así que lo lamento por el ruido y
la conmoción. Y estoy feliz de que no te hayas ofendido por nuestra falta de
decoro a lo largo del camino.
—Oh, no es
nada —Risai sonrió. Estaba feliz también de haber sido confiada a alguien digno
de confianza—. La Reina de Kei parece tener todo para ser una gran emperatriz.
—Me contenta
oír a un general de otro reino decir algo así. Y yo también lo espero. A
diferencia de personas como tú y yo, la Emperatriz y el kirin
simplemente no pueden dejar de hacer algo cuando las cosas se ponen difíciles.
—Muy cierto
—concordó Risai con un guiño. La Emperatriz podría también mejorar y seguir en
el Camino, o caminar por la plancha de destrucción. Sin desvíos permitidos.
—El Rey de
Tai es un espléndido tipo también, o eso escuché. Kantai, de la Guardia del
Palacio, dijo eso. Él es nuestro General de la Armada de Izquierda. Dice que el
Rey de Tai fue alguien incluso antes de ser rey. Es conocido incluso entre
oficiales de otros reinos.
—Sí, yo
también lo creo así.
—Por
supuesto, espero que regresen a salvo, el Rey de Tai y el Taiho de Tai. El Taiho
primero, supongo.
Risai
asintió de nuevo. Al menos debían encontrar a Taiki. De lo contrario, no habría
esperanza alguna para salvar Tai. La habitación cayó en silencio. Escuchó
pasos. Keikei había vuelto. Lanzó la puerta y se abalanzó a la luz del sol,
entró en la habitación con una brillante sonrisa cargando una flor.
—Algunos
dientes de león volaban en los jardines en el patio norte —dijo sosteniendo el
tallo de la flor.
Risai le
dio un vistazo a la flor y luego a Keikei.
—¿Qué edad
tienes, señorito Keikei?
Keikei rio
y dijo:
—Acabo de
cumplir once.
—Ya veo, ya
veo.
La tímida
sonrisa de Keikei se distorsionaba en su visión. Extendió su mano y encontró la
pequeña y cálida mano, la fuerza de su preocupación se condujo por sus dedos.
—¿Estás feliz?
—¿Yo? Um,
bueno, seguro…
—Ya veo.
Risai,
llamó la despreocupada voz, buscándola afuera, corriendo hacia ella con gran
entusiasmo, su rostro radiante. Y si Hien estuviera ahí, pediría caricias…
—El Taiho
era de tu edad.
Por
favor, Dios, trae a Taiki a casa, Risai rezó ese día por primera vez. Era
doloroso ver sus expectativas traicionadas. Deseando algo desde el fondo de su
corazón solo profundizó la desesperación cuando esos deseos se esfumaron. Rezar
era la esperanza. Por eso no pudo rezar hasta ese día.
Risai había
visto a la diversa gente de Tai visitar el santuario. Viéndolos caminar
solemnemente al santuario en medio de una tormenta de nieve. Sin decir nada, ya
que la más mínima queja podría llegar a los oídos de Asen, se acercaban al
santuario y colocaban una flor keihaku encima de ella. Expresaron su
agradecimiento por cualquier bendición que quedara, y oraban por la seguridad
de quien les había dado esa flor.
Mientras se lamentaba que la gente de Tai no
pudiera hacer nada más que eso, Risai nunca había visitado el santuario. No
había sido capaz. Habría sido lo mimo desde que la búsqueda de Taiki había
comenzado. Más que la expectativa de que lo fueran a encontrar era el miedo que
no lo hicieran. E incluso si lo hacían, ¿qué pasaría entonces? El regreso de
Taiki no garantizaba nada.
Entonces,
¿qué significaba todo esto? Significaba que Taiki era una vela sobre el
agua.
Un viejo
ermitaño que Risai conoció a través de algunos conocidos le ofreció refugio. Le
dijo que desistiera. “No hay ningún rey aquí”.
Garyou, el pueblo originario de
Gyousou en los valles montañosos de la provincia de I en Tai, había quedado
reducido a cenizas. Risai se había ido a la provincia de I en busca de Gyousou
con la esperanza de que se escondiera en su tierra natal. Todo lo que encontró
fueron ruinas envueltas en niebla.
—Todo lo
que necesitas es quitarte un peso de encima.
—Estoy
bien.
—Un reino
sin rey va a la quiebra y termina en ruinas. Todo el mundo lo sabe. Pero no
sabemos si el rey está muerto. Si los rituales reales no se realizan, ¿cae el
reino entonces? ¿O la presencia del rey protege al reino?
—La era ha
comenzado durante la cual Tai no tendrá ningún rey. Lo has estado buscando todo
este tiempo y en vano. ¿No has hecho lo suficiente ya?
Risai
reaccionó con sorpresa.
—¿Me está
diciendo que abandone al rey?
El anciano
sacudió la cabeza. Profundas líneas corrían por su sabio y degradado rostro.
—Solo estoy
diciendo que deberías considerar tu propio bienestar. Tú también eres
uno de los subordinados del rey, uno de los que debemos rescatar.
—Yo…
—Si vas a
hablar sobre la felicidad de la gente de Tai, ¿no deberías incluirte dentro de
ella? Si tienes la intención de soportar el dolor de todos sobre tus hombros,
nadie terminará siendo feliz.
Risai
asintió desalentadamente.
—Y, sin
embargo, sigue siendo la única persona que puede salvar este reino…
Con una
triste mirada, el anciano se levantó y dejó la habitación, dejando sola a su
nieta. Ella le dirigió a Risai una triste y melancólica mirada.
—¿Tú
también me crees una tonta también por deambular tras el rey?
La niña
sacudió la cabeza.
—No lo sé.
Nunca he conocido al rey. No entiendo la política. El rey es alguien que vive
sobre las nubes. Incluso Taiki está lejos, lejos de nuestras estaciones. Pero
el humo…
—¿Qué es
eso?
—Mirando
abajo desde las puertas, puedes ver la totalidad de la provincia de I y todo el
humo que cuelga del cielo por encima de ella.
—Ah —dijo
Risai.
Asen no
podía tolerar la existencia de nada conectado con Gyousou. O alguien con quien
Gyousou hubiera gobernado. O alguien que alguna vez hubiera encontrado errores
en Asen. Cualquier burgo que no estaba de acuerdo con su fantasía había sido
arrancado de raíz y quemado. Aquellos que le dieran espalda estaban dispersos o
fueron expulsados de sus provincias.
—¿Es verdad
que los reinos del sur gozan de tiempo primaveral todo el año? ¿Qué nunca nieva
en Sou? He oído que los arroyos nunca se congelan. Que el sol brilla
cálidamente todo el invierno. Y cuando las nubes de tormenta parten, el cielo
es azul como siempre…
Risai
asintió. Nunca había ido más al sur que el Mar Amarillo. Pero el sol brilló tan
profundamente allá, y el cielo era más profundo y azul.
—Desde la
primavera nevada hasta la última, ¿cuántos días estaría el cielo claro? Se
podría contar con los dedos de una mano. Y también el humo…
Risai
entendió lo que la niña le estaba diciendo. Instintivamente tomó su mano.
—Y a los
claros pocos días también se oscureció por el humo. Los incendios quemaron las
tierras y derritieron la nieve y los congelados escombros. ¿Cuánto tiempo debe
esperar el pueblo de Tai la primavera? Parece que el Palacio Imperial es el
único punto azul en una tierra cubierta por bajas y gruesas nubes. Incluso esos
cielos azules se están volviendo grises. El humo que cubre Tai como mantas de
nieve también a Kouki. A este reino no le quedan días despejados.
La niña
miró a Risai, sus ojos estaban llenos de tristeza.
—Kouki aún
debe habitar bajo cielos despejados. En Kouki debe haber una chispa de
primavera, ese rayo de luz que nunca se congela en el invierno.
La chica que había hablado de
forma tan resuelta ya no estaba en este mundo. Había sido ejecutada junto con
su abuelo por el crimen de dar refugio a Risai. Pero en el momento y después
que la habían incitado a irse, conocían el destino que les esperaba.
Risai se
prometió a sí mima que nunca olvidaría esas palabras.
Por
favor, salve a su Majestad y al Taiho.

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