En una cólera, Youko se dirigió
al interior del Palacio Kinpa. Por un momento, caminó sin rumbo. Pasando a
través de un grupo aislado de edificios, encontró un lugar pacífico con vistas
al Mar de Nubes.
Los
edificios del Palacio Kinpa cubrían las ondulantes colinas en la parte superior
de las montañas. Cortando a través del patio del castillo y pasando a través de
un túnel de rocas, llegó a un pequeño valle situado entre algunos afloramientos
de piedras.
El valle
terminaba en la proyección dentro del Mar de Nubes. Era un pequeño pedazo de
tierra, decorada solamente por pocas glorietas. Además de flores que adornaban
los tallos del césped de verano, no había mucho que ver.
Youko
suspiró para sí. Los árboles que se posaban en la cima de las paredes rocosas
dejaban caer sus sombras sobre ella. Nada más había ahí, pero el olor de lo
verde y el aroma de sal del océano y la vista del Mar de Nubes se expandían
frente a ella.
—Nunca supe
que había un lugar como este… —se dijo Youko en voz alta, sentándose en el
pasto.
Escuchó el
grito de un ave y el rugido del océano. Nunca imaginó que podría haber un lugar
como ese en el Palacio Kinpa. No tenía uso para la mayoría de la extensa
arquitectura del Palacio Imperial y no se había molestado en encontrar que
había.
Youko
descansó su pera en las manos.
—No es tan
malo. —No tenía ni idea de dónde se encontraba. Y realmente ni idea de cómo
encontrar el camino de regreso.
No era
simplemente el Palacio Imperial. Había un pequeño lugar en este mundo que no
había sido tocado. Las paredes y los pilares estaban suavemente decorados con
colores y dibujos. Pocos lugares habían sido como la naturaleza los hizo.
Parques y jardines no eran la excepción, con pérgolas y piedras colocadas en
todos los lugares posibles.
No había
nada que hacer acá sino mirar el Mar de Nubes. Este lugar había sido pasado por
alto por todos los gobernantes anteriores. Las glorietas tenían aspecto de
abandono. Toda la pintura se había ido. Pero su aspecto engendró sentimiento de
alivio. Le ocurrió nuevamente que era una extraña en una tierra extraña.
Después de
haber puesto su corazón y mente en ser la emperatriz, que apenas pensaba en su
tierra natal. Ahora y cuando las memorias regresaban a su mente, se sentían
como las imágenes de un sueño. Ya sea que los hubiera olvidado o almacenado en
una caja, escuchar de Taiki le perturbaba la mente. Una larga y latente
nostalgia. No lo llamaba nostalgia, pero cuando pensaba que nunca regresaría,
sentía una dolorosa sensación de pérdida.
Un kirin
de su época, de su mismo vecindario. ¿Qué estaría haciendo ahora? Que hubiera
sido un shoku debía significar que había regresado a ese mundo de
ensueño. Pero ¿por qué él no podía regresar de nuevo?
Mientras se
desconcertaba, escuchó pisadas. Mirando sobre su hombro vio al jefe de sus
súbditos.
—Me
encontraste demasiado pronto, Keiki.
—Yo sé
dónde su Majestad se encuentra todo el tiempo. Koukan la estaba buscando.
—Oh.
—El Rey de
En parecía disgustado.
—Sin duda.
—¿Podría
sentarme?
—Adelante.
¿Qué piensas, Keiki?
—¿Sobre
qué?
—Tú eres
una criatura benevolente. ¿Crees que deberíamos dejar a Tai a un lado?
Sentándose
a su lado, Keiki miró al Mar de Nubes por un largo rato antes de hablar.
—La gente
de Tai se encuentra en una lamentable situación.
Youko
asintió.
—Escuchamos
que el caos está en Tai, pero es peor de lo que podríamos haber imaginado.
—Sin lugar
a duda. Si el trono verdaderamente estaba vacante, no hubiera tomado más de
seis años en arreglarse. Normalmente, es raro que estas terribles condiciones
persistan más de seis años. El caos que precedió el Rey de Tai cuando asumía el
trono no era fuera de lo ordinario.
—¿Alguna
vez has ido a Kouki?
—Sí.
Incluso poco después de la coronación, el desorden era relativamente menor. Así
es probablemente como la corte provisional se debió haber llevado a cargo.
—Mmm
—murmuró Youko. Miró a Keiki—. Entonces, ¿qué clase de persona es Taiki?
—Es
bastante pequeño.
—Cuenta
—dijo Youko con una sonrisa—. Tus claras explicaciones son totalmente opacas.
—¿Es así,
entonces?
Youko rio.
—Bueno, fue
siete años atrás. Por lo que puedo decir, probablemente habrá cambiado desde
entonces.
—Sí
—respondió Keiki.
—Si fueras
expulsado del reino, Keiki, ¿qué harías?
—Volvería.
—¿Y en qué
condiciones serías capaz de volver?
—Realmente
no lo puedo imaginar. Taiki es bastan joven, pero entiende la carga que se ha
colocado sobre él. Por supuesto, las encuentra desalentadoras. Pero no importa
qué calamidades lo puedan separar de Tai, él haría todo lo posible por volver.
No puedo imaginar las circunstancias, de lo contrario sería verdad.
—Supongo
que no es posible que el Rey de Tai esté con él allí.
Keiki
reflexionó.
—No lo creo
—respondió.
—¿Por qué
no? Si crees que volvería si quisiera, entonces quizá la única posibilidad es
que no quiera. Quizá está escondido con el Rey de Tai.
—Si el Rey
de Tai estuviera con Taiki, entonces no tendría necesidad de ocultarse. Este no
es su caso en el que el Rey de Tai pierda la fe de sus súbditos y huyan del
reino. Con el kirin a su lado, ningún ejército lo pararía en su camino
al Palacio Imperial.
—Sí,
supongo.
Youko se
perdió por un momento en sus pensamientos. Keiki soltó lo que pensaba:
—No creo
que esto envuelva algo sencillo.
—¿Por qué?
—Porque un meishoku
fue reportado. Un meishoku es un shoku traído por el grito de un kirin.
—Un grito…
Viajando de
un lado a otro entre Este Lugar y Aquel Lugar requiere la
utilización de la Puerta de Gogou[1]. Al acceder a los poderes sobrenaturales de
la luna, una puerta puede ser abierta en la sombra de la luna. Pero no todos
podían hacerlo. Los mágicos dones necesarios para abrir la puerta o las
habilidades equivalentes eran necesarias. Aquellos calificados incluían los
rangos más altos en montaña de sennin, kirin y sus designados youma.
Sin
embargo, la Puerta Gogou naturalmente no podía ser abierta en medio del día.
Era también dicho que no podía ser abierta en medio del Mar Amarillo o sobre el
Mar de Nubes.
—Un meishoku
no se apoya en el poder de la luna. Los poderes de un kirin solo crean
un pliegue en el tiempo y el espacio. Eso solo hace el asunto más grave. A
pesar de que ocurra a una baja escala, no obstante, es un shoku. Si
hubiera ocurrido en medio de una ciudad, una gran cantidad de daños se hubiera
provocado. El kirin no querría causarlo. Consecuentemente, raramente se
hace. Nunca lo he visto hacerse.
—Huh.
—Por otra
parte, dudo que Taiki sepa como traer un meishoku.
—¿Puede un kirin
no saber sobre estas cosas?
—En el caso
de Taiki, él es un taika, nacido en Wa y crecido allí hasta los diez
años. Como resultado, no comprende bien los asuntos de un kirin.
Youko
inclinó su cabeza confundida a un lado.
—No estoy
seguro de cómo expresarlo. Usando palabras que expresan la naturaleza de la
bestia es bastante difícil. Nunca he provocado un meishoku, pero creo
que he tratado. No puedo concretamente regresar la memoria, pero tengo la
sensación de cómo puede ser un meishoku. Eso es un meishoku,
pero eso es una cosa terrible, y no debo traerlo excepto bajo
circunstancias extremas. Esa es la esencia principal que siento.
—Wow.
—Hay muchas
otras cosas de naturaleza similar. En nuestra juventud, tomamos la forma de una
bestia. Aprendemos cómo tomar forma humana. Aprendemos cómo hacer transición,
pero no podemos recordar cuando o bajo qué clase de circunstancias lo hicimos.
Si presiona, solo puedo decir de algún modo en algún momento.
—Supongo
que es como cuando un niño humano aprende a caminar y hablar.
—También lo
creo. Muchos poderes de kirin y habilidades llegan a nosotros cuando
solo somos bestias. El meishoku es un ejemplo de ello. No podría decir
cuándo ese conocimiento vino a mí. Solo que cuando vino, lo reconocía como lo
que era. Estoy seguro de que traté cuando era bastante joven, ver qué pasaría.
Es un sentimiento como cuando un día te das cuenta de que tienes piernas y
corres tan rápido como puedes para ver qué pueden hacer esas piernas. Pero
Taiki es un taika. Él vivió por diez años en Wa antes de volver, y
creció toda su vida con forma humana.
—¿No estuvo
en ningún momento como bestia?
—No, no lo
hizo. Un kirin sin memoria de sí como bestia perderá muchos de los
poderes que debería tener como kirin. Cuando lo conocía en el Monte Hou,
no podía transformarse y no había domado ningún youma como shirei.
Y tampoco yo creía que él supiera traer un meishoku. Creo que algo
ocurrió que lo hizo instintivamente. Algo muy malo. Algo muy terrible para su
persona. Mientras esté sepultado en el vórtice, Taiki no puede volver.
—Ya veo
—dijo Youko. Recordó a su madre por un minuto—. Sin embargo, ¿no deberíamos
salvar Tai, Keiki?
Keiki le
regresó la mirada, y a continuación evitó sus ojos.
—Por favor,
no me haga esa pregunta, no pienso contestar.

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