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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 28

 

CAPÍTULO 28

 

 

 

Youko miró a Gyokuyou irse. Le dirigió a Rokuta una extraña mirada.

—¿Qué pasó exactamente aquí?

—Exactamente lo que parece. Este incidente realmente carece de precedentes. Nadie está completamente seguro de cómo proceder. Por lo que va a hacer una conferencia.

Estoy tan contenta, pero Youko se guardó esas palabras para sí. Se sentía tan tonta, y todavía no sabía cómo expresar esos sentimientos.

—¿Qué clase de persona es Genkun?

—Mayormente lo que viste. Es la Señora del Monte Hou. Quien mantiene a los sennin a raya.

—Entonces, habiéndola conocido. ¿Qué pasa?

—Ella nos dará una respuesta. Por eso vinimos aquí, ¿verdad?

—¿Por qué sabría ella la respuesta?

—Ah —suspiró Rokuta—. Por supuesto. Esa es una de las cosas que no sabes. —Fijó su mirada en ella—. En este mundo, la Divina Providencia es fija e inalterable.

—Sí, lo sé, pero…

—Sí, lo sabes, pero realmente no lo sabes, ¿verdad? No es una de esas cosas. Este mundo está definido por los límites de la Divina Providencia.

Youko le respondió con una mirada desconcertada.

—La Divina Providencia del Cielo es tomada como dada por el pueblo. O mejor, como la absoluta naturaleza de la lógica se impone sobre ella. Y nadie puede cambiarla.

—Sigo sin… —Youko estaba diciendo.

Rokuta levantó la mano cortándola en medio de la oración.

—Bueno, bueno. Déjame darte un ejemplo. Y lo haré simple. Justo ahora, se encuentra en nuestro camino un pecado de naturaleza inmediata. Las fuerzas armadas de un reino no pueden atravesar las fronteras de otro. Esto limita nuestros intentos de salvar Tai. De hecho, hay en nuestro pasado el precedente de un Ejército Imperial cruzando fronteras internacionales. Llamado el incidente de Jun Tei. —Continuó:

»Jun Tei envió a su Armada Imperial a Han. Como resultado, tanto Jun Tei como Sairin fueron ejecutados casi inmediatamente. Ese día, no parecía haber nada en absoluto mal con Jun Tei. Hizo su trabajo como de costumbre. Pero saliendo del Palacio Exterior, agarró su corazón y cayó por las escaleras. Alarmados, los ministros corrieron hacia él. Un pequeño río de sangre fluía fuera de él en los adoquines. Trataron de ayudarlo, pero encontraron que su cuerpo se había convertido en esponja, y cualquier presión solo sacaba más sangre. Pronto expiró.

—No puedes estar hablando en serio…

—Fue aún peor para Sairin. Cuando los ministros volvieron corriendo al lugar para informarle a Sairin de la calamidad que había caído sobre Jun Tei, solo encontraron sus restos abandonados. Sus shirei la habían devorado completamente.

Rokuta frunció el ceño y cruzó sus brazos sobre la mesa.

—Estas fueron definitivamente formas no convencionales de morir. Nadie nunca había visto a un rey morir de esa forma. Nadie había visto a un shirei de un kirin atacar de esa forma. Consumir al kirin es un privilegio para un shirei, pero simplemente no se vuelven salvajes sin tener en cuenta las circunstancias. El cuerpo de cada kirin, cuando da su último respiro por cualquier razón, se coloca en un ataúd y nace en el Mausoleo Imperial que permanece en ese estado. Si bien, la sala en donde se encuentra el ataúd está sellada. Cuando el período de duelo termina, el ataúd es removido, pero durante ese tiempo se había vaciado el contenido. Eso es demasiado para cómo trabaja.

Youko levantó su mano a la base de su garganta. Oyendo el destino de un kirin por un kirin le hizo doler el pecho.

—Algo muy inusual había pasado. Además, Jun Tei no había cometido ningún pecado para tal condena. Era un célebre rey que iba rápido por el Camino. Nadie objetó cuando envió a la Armada Imperial a Han. Él seguramente no había enviado un ejército a Han para atormentar a los ciudadanos. Era un rey cuya profunda compasión se extendía a otros reinos. Movilizó las tropas con el fin de salvar al pueblo de Han. Tenía el apoyo de los ministros y de sus súbditos. Nadie criticaba esta acción. Sin embargo, todas las costumbres se fueron a la basura. Claramente, no fueron muertes ordinarias, pero al principio nadie hacía la conexión entre sus muertes y la movilización de la Armada Real.

—¿Enki y Jun Tei…?

—Nunca cruzamos caminos. Jun Tei gobernó mucho antes de nuestra era, aunque se dice que él y el Rey de Sou se conocieron.

—El Rey de Sou…

—Parece que poco después, Sai había estado disfrutando de un reinado de trescientos años bajo un tonto monarca del sur.

Enki revolvió su té y miró la taza.

—Nadie entendió por qué Jun Tei tuvo que morir. Después de eso, un nuevo rey asumió al trono. Fue entonces cuando se dieron cuenta que el Sello Imperial había cambiado, y por eso concluyeron que Jun Tei había cometido un grave crimen. El kokushi de Tai ya había cambiado antes, de Tai -que significaba “generación”- a Tai -que significa “calma pacífica”-. Se dice que el hecho desencadenante es que un rey se desvía del Camino. Su kirin posteriormente muerte, y con el objetivo de prevenir al kirin que va a nacer, se invade al Monte Hou sacrificando a las nyosen y prendiendo fuego al Sashinboku[1]. Hay casos donde el kokushi cambió como resultado de crímenes cometidos por el rey. Esta fue la primera vez que se entendió que Jun Tei fue llamado por causa de enviar sus tropas a través de fronteras internacionales.

—Ese mal crimen…

—Ese mal crimen. Las fronteras no pueden traspasarse, incluso por las más humanitarias razones. Por ninguna razón en absoluto. Solo entonces las implicaciones fueron entendidas perfectamente.

—Espera un minuto. ¿Quién exactamente estableció ese precepto? ¿Tentei?

—¿Quién sabe? Todos sabemos que ese precepto existe. Lo único escrito en los Decretos Divinos es que un reino no puede invadir otro bajo la fuerza de armas. Esta frase fue, sin duda una transcripción del deseo del Cielo. Estos preceptos existen en el mundo. Ve en contra de ellos, comete un pecado, y serás castigado seguramente.

—Pero ¿quién sabía que lo que Jun Tei estaba haciendo era un pecado? ¿Quién llevó acabo el castigo? Debe haber alguien allá arriba, ¿verdad?

—No necesariamente. Cuando un Rey y el Saiho se entronan, suben esas escaleras. Las mismas que tú subiste. Y al hacerlo, reciben la Unción Divina. Lo que no sabían fue escrito en sus mentes. O podríamos decir que la esencia de estos preceptos fue introducida en sus cuerpos. Ir en contra de estos Preceptos del Cielo parece que activaría previamente un castigo. Pensando en términos del mismo cuerpo siendo condicionado por una respuesta correcta, como un ángel que se alzara sobre el hombre de Jun Tei juzgando lo malo y lo bueno de sus acciones. No hay necesidad para ninguna “persona” ser llevado ante su sentenciador.

—¿Qué hay sobre el Sello Imperial?

—Puedes pensar que el Sello impregna esas cualidades de la misma manera.

—Pero ¿no termina con los mismos problemas? Si todo se llena con esas cualidades, entonces ¿quién hace el imbuir?

—¿Quién, de hecho? —Rokuta miró al techo—. Tenemos que decir que es Tentei quien imbuye. Pero el hecho es que nadie conoce a nadie que lo haya conocido.

Youko asintió.

—Yo tampoco.

—Nadie sabe si Tentei existe o no. Excepto que sus preceptos sin duda existen en este mundo, cubriéndolo como una red. Si son transgredidos, se garantiza un castigo. Además, las circunstancias no son tomadas en cuenta. El problema con Jun Tei no era la pureza de sus intenciones, o lo bien o mal de sus acciones. Lo único que importaba al final era si sus acciones habían tocado los Divinos Decretos. El resto fue automático.

Youko contempló el templo. Un mal presentimiento subió por su columna vertebral.

—Una prueba de ellos es cuando te ayudamos. Simplemente examina nuestras acciones, entonces se verá como que Shouryuu envió la Armada Imperial a través de la frontera. No importa cómo lo veas, sería un pecado de inmediata naturaleza. Para estar seguros, tú fuiste a En, pero no fuiste a En con el puro propósito de buscar ayuda. No nos pediste ayuda para poder sacar a la impostora. Fuiste a En porque no tenías ningún lugar al cual volver y necesitabas un refugio. Esos fueron motivos suficientes para nosotros. Nosotros te persuadimos de la necesidad de recuperar a Keiki de las garras de la impostora. Tú tomaste comando de la Armada Imperial de En, pero solo de apariencia. Créeme, estábamos al tanto que lo que estábamos haciendo no era lo que Jun Tei hizo. Pero los preceptos no están balanceados en ciertas distinciones. Mientras la Reina de Kei estuviera en En, mientras la ley se cumpliera, ningún castigo se cometería.

—Pero ¿no lo encuentras raro?

—Es raro. Una laguna jurídica con la que un abogado de bajo rendimiento saldría. Los Divinos Decretos definitivamente prohibían invadir otro reino bajo la fuerza. Pero nada dice que un gobernante legítimo no puede pedir prestado las fuerzas del reino vecino. Al mismo tiempo, si era algo que la Reina de Kei deseaba… si la Reina de Kei estaba a la vanguardia… entonces seguramente no podía ser llamado invasión. Sin embargo, por increíble que sea, esto pudo ser considerado.

—Es increíble.

—No es bueno debatir qué está “bien” y qué está “mal”. Este mundo debe ser aceptado como es. Explicar cómo son las cosas puede agravar nuestras instalaciones. A decir verdad, no eres la primera en hacer uso de nuestras fuerzas armadas de esa manera. Llamó nuestra atención que los Preceptos del Cielo operaran de una manera tan dogmática, y concluimos qué, con un rey apropiado en la silla, no actuaríamos en contra de las leyes. Aun así, fuimos bastantes cuidadosos al poner en práctica nuestra acción. Teníamos nuestras propias dudas sobre el “astuto Dios”, por así decirlo.

—¿Lanzaron una piedra y esperaron a ver qué sucedía?

—No seas tonta —rio Rokuta—. No íbamos a tomar un riesgo así. Como lo estamos haciendo ahora, vinimos con Genkun por un consejo.

—Con Genkun…

—Sí. La Señora del Monte Hou dirige el espectáculo. Pero se me ocurrió el hecho de que ella sabe de los sennin de los que está a cargo. Ella no nació aquí, pero fue traída aquí. Entonces, ¿quién crees que nombra a los sennin para ser sennin en primer lugar?

—Bueno, debe ser Genkun, ¿o no? ¿No sería la Reina de los emperadores?

—Estás en lo correcto. Los sennin del Monte Hou se llaman Sennin del Aire. Los gobernantes de los reinos no los nombran a ellos, y no sirven a ningún reino o emperador. Además, los sennin del Monte Hou no se encuentran dentro de los reinos. Viven en un mundo al margen de cualquier jefe de Estado. Están registrados por separado en el Registro de Inmortales y sirven bajo Genkun.

—¿No significa eso que hay trece reinos? La posición de Genkun parece la de una emperatriz.

—Sí, así parece. Excepto que este no es un reino. Con ciudadanos distinguidos, no obstante, no hay súbditos. Además, no hay kirin que reine aquí. No se puede decir realmente que Genkun reina el Monte Hou. Nada podría llamarse “gobierno” en el Monte Hou.

—Entonces ¿qué es exactamente este lugar?

—Una parte del Cielo. Estoy casi seguro de que eso es lo que es.

—Cielo…

—Es lo único que tiene sentido para mí. El Palacio Houro existe solo para el kirin. El kirin nace aquí y es enviado al mundo. Y el kirin existe para crear nuevos reinos. Además, alguien que no estuviera vinculado a ningún reino, cuya autoridad existe independientemente por su propio derecho, debe pertenecer al Cielo.

—Pero ¿para Genkun?

—No puedo decirlo realmente —dijo Rokuta con un suspiro—. Puedes preguntárselo directamente si ella es una de los que nombran a los sennin. Pero ella no es el tipo de ser que te daría una respuesta inequívoca. Si no es ella, entonces eso significa que hay alguien más allá de ella con el poder de designar a los sennin. Ese podría ser Oufujin[2]. O alguien más. De cualquier manera, ese sería la última persona a quien Genkun serviría. En otras palabras, hay una organización llamada Cielo. En un extremo de la organización se ubican los sennin, y Genkun está a cargo de ellos.

—Una organización llamada Cielo…

—Creo que hay un mundo de dioses. Según las leyendas, Tentei reside en Gyokkei[3], donde reina sobre otros dioses y mantiene el mundo en forma. Si realmente hay un Gyokkei, no me sorprendería. Mi información es limitada, sin embargo, no he conocido a alguien que tenga el nombre de un Dios. Mientras he oído los mitos y los cuentos que dicen, parece que a los dioses no les importa quedarse con nosotros. No hay forma de buscar uno y pedirle una entrevista. —Rokuta tomó una pausa y dijo:

»Sin embargo, aquí solo están los dioses en constante contacto con el mundo mortal. Genkun definitivamente tiene la habilidad de averiguar las intenciones del Cielo. No sé cómo lo hace, pero, en cualquier caso, es nuestro contacto. La única persona que puede mirar a través de las paredes del Cielo es Genkun.


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