Youko miró a Gyokuyou irse. Le
dirigió a Rokuta una extraña mirada.
—¿Qué pasó
exactamente aquí?
—Exactamente
lo que parece. Este incidente realmente carece de precedentes. Nadie está
completamente seguro de cómo proceder. Por lo que va a hacer una conferencia.
Estoy
tan contenta, pero Youko se guardó esas palabras para sí. Se sentía tan
tonta, y todavía no sabía cómo expresar esos sentimientos.
—¿Qué clase
de persona es Genkun?
—Mayormente
lo que viste. Es la Señora del Monte Hou. Quien mantiene a los sennin a
raya.
—Entonces,
habiéndola conocido. ¿Qué pasa?
—Ella nos
dará una respuesta. Por eso vinimos aquí, ¿verdad?
—¿Por qué
sabría ella la respuesta?
—Ah
—suspiró Rokuta—. Por supuesto. Esa es una de las cosas que no sabes. —Fijó su
mirada en ella—. En este mundo, la Divina Providencia es fija e inalterable.
—Sí, lo sé,
pero…
—Sí, lo
sabes, pero realmente no lo sabes, ¿verdad? No es una de esas cosas. Este mundo
está definido por los límites de la Divina Providencia.
Youko le
respondió con una mirada desconcertada.
—La Divina
Providencia del Cielo es tomada como dada por el pueblo. O mejor, como la
absoluta naturaleza de la lógica se impone sobre ella. Y nadie puede cambiarla.
—Sigo sin…
—Youko estaba diciendo.
Rokuta
levantó la mano cortándola en medio de la oración.
—Bueno,
bueno. Déjame darte un ejemplo. Y lo haré simple. Justo ahora, se encuentra en
nuestro camino un pecado de naturaleza inmediata. Las fuerzas armadas de un
reino no pueden atravesar las fronteras de otro. Esto limita nuestros intentos
de salvar Tai. De hecho, hay en nuestro pasado el precedente de un Ejército
Imperial cruzando fronteras internacionales. Llamado el incidente de Jun Tei.
—Continuó:
»Jun Tei
envió a su Armada Imperial a Han. Como resultado, tanto Jun Tei como Sairin
fueron ejecutados casi inmediatamente. Ese día, no parecía haber nada en
absoluto mal con Jun Tei. Hizo su trabajo como de costumbre. Pero saliendo del
Palacio Exterior, agarró su corazón y cayó por las escaleras. Alarmados, los
ministros corrieron hacia él. Un pequeño río de sangre fluía fuera de él en los
adoquines. Trataron de ayudarlo, pero encontraron que su cuerpo se había
convertido en esponja, y cualquier presión solo sacaba más sangre. Pronto
expiró.
—No puedes
estar hablando en serio…
—Fue aún
peor para Sairin. Cuando los ministros volvieron corriendo al lugar para
informarle a Sairin de la calamidad que había caído sobre Jun Tei, solo
encontraron sus restos abandonados. Sus shirei la habían devorado
completamente.
Rokuta
frunció el ceño y cruzó sus brazos sobre la mesa.
—Estas
fueron definitivamente formas no convencionales de morir. Nadie nunca había
visto a un rey morir de esa forma. Nadie había visto a un shirei de un kirin
atacar de esa forma. Consumir al kirin es un privilegio para un shirei,
pero simplemente no se vuelven salvajes sin tener en cuenta las circunstancias.
El cuerpo de cada kirin, cuando da su último respiro por cualquier
razón, se coloca en un ataúd y nace en el Mausoleo Imperial que permanece en
ese estado. Si bien, la sala en donde se encuentra el ataúd está sellada.
Cuando el período de duelo termina, el ataúd es removido, pero durante ese
tiempo se había vaciado el contenido. Eso es demasiado para cómo trabaja.
Youko
levantó su mano a la base de su garganta. Oyendo el destino de un kirin
por un kirin le hizo doler el pecho.
—Algo muy
inusual había pasado. Además, Jun Tei no había cometido ningún pecado para tal
condena. Era un célebre rey que iba rápido por el Camino. Nadie objetó cuando
envió a la Armada Imperial a Han. Él seguramente no había enviado un ejército a
Han para atormentar a los ciudadanos. Era un rey cuya profunda compasión se
extendía a otros reinos. Movilizó las tropas con el fin de salvar al pueblo de
Han. Tenía el apoyo de los ministros y de sus súbditos. Nadie criticaba esta
acción. Sin embargo, todas las costumbres se fueron a la basura. Claramente, no
fueron muertes ordinarias, pero al principio nadie hacía la conexión entre sus
muertes y la movilización de la Armada Real.
—¿Enki y
Jun Tei…?
—Nunca
cruzamos caminos. Jun Tei gobernó mucho antes de nuestra era, aunque se dice
que él y el Rey de Sou se conocieron.
—El Rey de
Sou…
—Parece que
poco después, Sai había estado disfrutando de un reinado de trescientos años
bajo un tonto monarca del sur.
Enki
revolvió su té y miró la taza.
—Nadie
entendió por qué Jun Tei tuvo que morir. Después de eso, un nuevo rey asumió al
trono. Fue entonces cuando se dieron cuenta que el Sello Imperial había
cambiado, y por eso concluyeron que Jun Tei había cometido un grave crimen. El kokushi
de Tai ya había cambiado antes, de Tai -que significaba “generación”- a Tai
-que significa “calma pacífica”-. Se dice que el hecho desencadenante es que un
rey se desvía del Camino. Su kirin posteriormente muerte, y con el
objetivo de prevenir al kirin que va a nacer, se invade al Monte Hou
sacrificando a las nyosen y prendiendo fuego al Sashinboku[1]. Hay
casos donde el kokushi cambió como resultado de crímenes cometidos por
el rey. Esta fue la primera vez que se entendió que Jun Tei fue llamado por
causa de enviar sus tropas a través de fronteras internacionales.
—Ese mal
crimen…
—Ese mal
crimen. Las fronteras no pueden traspasarse, incluso por las más humanitarias
razones. Por ninguna razón en absoluto. Solo entonces las implicaciones fueron
entendidas perfectamente.
—Espera un
minuto. ¿Quién exactamente estableció ese precepto? ¿Tentei?
—¿Quién
sabe? Todos sabemos que ese precepto existe. Lo único escrito en los Decretos
Divinos es que un reino no puede invadir otro bajo la fuerza de armas. Esta
frase fue, sin duda una transcripción del deseo del Cielo. Estos preceptos
existen en el mundo. Ve en contra de ellos, comete un pecado, y serás castigado
seguramente.
—Pero ¿quién
sabía que lo que Jun Tei estaba haciendo era un pecado? ¿Quién llevó acabo el
castigo? Debe haber alguien allá arriba, ¿verdad?
—No
necesariamente. Cuando un Rey y el Saiho se entronan, suben esas escaleras. Las
mismas que tú subiste. Y al hacerlo, reciben la Unción Divina. Lo que no sabían
fue escrito en sus mentes. O podríamos decir que la esencia de estos preceptos
fue introducida en sus cuerpos. Ir en contra de estos Preceptos del Cielo
parece que activaría previamente un castigo. Pensando en términos del mismo
cuerpo siendo condicionado por una respuesta correcta, como un ángel que se
alzara sobre el hombre de Jun Tei juzgando lo malo y lo bueno de sus acciones.
No hay necesidad para ninguna “persona” ser llevado ante su sentenciador.
—¿Qué hay
sobre el Sello Imperial?
—Puedes
pensar que el Sello impregna esas cualidades de la misma manera.
—Pero ¿no
termina con los mismos problemas? Si todo se llena con esas cualidades,
entonces ¿quién hace el imbuir?
—¿Quién, de
hecho? —Rokuta miró al techo—. Tenemos que decir que es Tentei quien imbuye.
Pero el hecho es que nadie conoce a nadie que lo haya conocido.
Youko
asintió.
—Yo
tampoco.
—Nadie sabe
si Tentei existe o no. Excepto que sus preceptos sin duda existen en este
mundo, cubriéndolo como una red. Si son transgredidos, se garantiza un castigo.
Además, las circunstancias no son tomadas en cuenta. El problema con Jun Tei no
era la pureza de sus intenciones, o lo bien o mal de sus acciones. Lo único que
importaba al final era si sus acciones habían tocado los Divinos Decretos. El
resto fue automático.
Youko
contempló el templo. Un mal presentimiento subió por su columna vertebral.
—Una prueba
de ellos es cuando te ayudamos. Simplemente examina nuestras acciones, entonces
se verá como que Shouryuu envió la Armada Imperial a través de la frontera. No
importa cómo lo veas, sería un pecado de inmediata naturaleza. Para estar
seguros, tú fuiste a En, pero no fuiste a En con el puro propósito de buscar
ayuda. No nos pediste ayuda para poder sacar a la impostora. Fuiste a En porque
no tenías ningún lugar al cual volver y necesitabas un refugio. Esos fueron
motivos suficientes para nosotros. Nosotros te persuadimos de la necesidad de
recuperar a Keiki de las garras de la impostora. Tú tomaste comando de la
Armada Imperial de En, pero solo de apariencia. Créeme, estábamos al tanto que
lo que estábamos haciendo no era lo que Jun Tei hizo. Pero los preceptos no
están balanceados en ciertas distinciones. Mientras la Reina de Kei estuviera
en En, mientras la ley se cumpliera, ningún castigo se cometería.
—Pero ¿no
lo encuentras raro?
—Es raro.
Una laguna jurídica con la que un abogado de bajo rendimiento saldría. Los
Divinos Decretos definitivamente prohibían invadir otro reino bajo la fuerza.
Pero nada dice que un gobernante legítimo no puede pedir prestado las fuerzas
del reino vecino. Al mismo tiempo, si era algo que la Reina de Kei deseaba… si la
Reina de Kei estaba a la vanguardia… entonces seguramente no podía ser llamado
invasión. Sin embargo, por increíble que sea, esto pudo ser considerado.
—Es
increíble.
—No es
bueno debatir qué está “bien” y qué está “mal”. Este mundo debe ser aceptado
como es. Explicar cómo son las cosas puede agravar nuestras instalaciones. A
decir verdad, no eres la primera en hacer uso de nuestras fuerzas armadas de
esa manera. Llamó nuestra atención que los Preceptos del Cielo operaran de una
manera tan dogmática, y concluimos qué, con un rey apropiado en la silla, no
actuaríamos en contra de las leyes. Aun así, fuimos bastantes cuidadosos al
poner en práctica nuestra acción. Teníamos nuestras propias dudas sobre el
“astuto Dios”, por así decirlo.
—¿Lanzaron
una piedra y esperaron a ver qué sucedía?
—No seas
tonta —rio Rokuta—. No íbamos a tomar un riesgo así. Como lo estamos haciendo
ahora, vinimos con Genkun por un consejo.
—Con
Genkun…
—Sí. La
Señora del Monte Hou dirige el espectáculo. Pero se me ocurrió el hecho de que
ella sabe de los sennin de los que está a cargo. Ella no nació aquí,
pero fue traída aquí. Entonces, ¿quién crees que nombra a los sennin
para ser sennin en primer lugar?
—Bueno,
debe ser Genkun, ¿o no? ¿No sería la Reina de los emperadores?
—Estás en
lo correcto. Los sennin del Monte Hou se llaman Sennin del Aire.
Los gobernantes de los reinos no los nombran a ellos, y no sirven a ningún
reino o emperador. Además, los sennin del Monte Hou no se encuentran
dentro de los reinos. Viven en un mundo al margen de cualquier jefe de Estado.
Están registrados por separado en el Registro de Inmortales y sirven bajo
Genkun.
—¿No
significa eso que hay trece reinos? La posición de Genkun parece la de una
emperatriz.
—Sí, así
parece. Excepto que este no es un reino. Con ciudadanos distinguidos, no
obstante, no hay súbditos. Además, no hay kirin que reine aquí. No se
puede decir realmente que Genkun reina el Monte Hou. Nada podría llamarse
“gobierno” en el Monte Hou.
—Entonces
¿qué es exactamente este lugar?
—Una parte
del Cielo. Estoy casi seguro de que eso es lo que es.
—Cielo…
—Es lo
único que tiene sentido para mí. El Palacio Houro existe solo para el kirin.
El kirin nace aquí y es enviado al mundo. Y el kirin existe para
crear nuevos reinos. Además, alguien que no estuviera vinculado a ningún reino,
cuya autoridad existe independientemente por su propio derecho, debe pertenecer
al Cielo.
—Pero ¿para
Genkun?
—No puedo
decirlo realmente —dijo Rokuta con un suspiro—. Puedes preguntárselo
directamente si ella es una de los que nombran a los sennin. Pero ella
no es el tipo de ser que te daría una respuesta inequívoca. Si no es ella,
entonces eso significa que hay alguien más allá de ella con el poder de
designar a los sennin. Ese podría ser Oufujin[2]. O alguien más. De
cualquier manera, ese sería la última persona a quien Genkun serviría. En otras
palabras, hay una organización llamada Cielo. En un extremo de la organización
se ubican los sennin, y Genkun está a cargo de ellos.
—Una
organización llamada Cielo…
—Creo que
hay un mundo de dioses. Según las leyendas, Tentei reside en Gyokkei[3], donde
reina sobre otros dioses y mantiene el mundo en forma. Si realmente hay un
Gyokkei, no me sorprendería. Mi información es limitada, sin embargo, no he
conocido a alguien que tenga el nombre de un Dios. Mientras he oído los mitos y
los cuentos que dicen, parece que a los dioses no les importa quedarse con
nosotros. No hay forma de buscar uno y pedirle una entrevista. —Rokuta tomó una
pausa y dijo:
»Sin
embargo, aquí solo están los dioses en constante contacto con el mundo mortal.
Genkun definitivamente tiene la habilidad de averiguar las intenciones del
Cielo. No sé cómo lo hace, pero, en cualquier caso, es nuestro contacto. La
única persona que puede mirar a través de las paredes del Cielo es Genkun.

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