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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 36

 

CAPÍTULO 36

 

 

 

La estación pronto pasaría del verano al otoño. Pero dentro del Ransetsu, una pesada y agotada atmósfera teñía la habitación. Después de conducir numerosas búsquedas, el paradero de Taiki seguía siendo incierto. Todo lo que destacaba en medio de la niebla era el aura de Gouran. Inundando los menguantes rayos del kirin, dándoles ninguna pista de su ubicación. El mapa que llevaba Rokuta consigo era totalmente inservible, lugares eliminados y otros rellenados.

Shouryuu preguntó:

—¿No podemos determinar la ubicación de Taiki al ubicar a Gouran?

—No —respondieron todos los kirin.

Hanrin se encogió de hombros y dijo en voz baja.

—Si fuera tan simple, gran tontito, ya lo habríamos encontrado.

—Sabemos que está ahí. Sabemos por ese mal sentimiento que estamos todos consiguiente solo maldecir. Porque ese sentimiento se hace peor cada vez que nos acercamos, sabemos que nos estamos calentando. Pero eso es todo.

—Entonces, ¿por qué no puede dirigir la búsqueda en dirección en la que se calienta?

—Solo para darte una pista —dijo Hanrin mirando a Shouryuu—, pero seguro, si Gouran fuera algún poste atorado en la tierra, entonces encontrarlo sería como comer un pastel. Y todo más fácil sin la estática que se levanta de todos estos malditos shirei reacios y sus instintos limitados corriendo de un lado a otro. Pero Gouran está en movimiento. Su poder aumenta y disminuye. Probablemente su aura cambia cuando duerme y cuando está despierto. Por lo que incluso persiguiendo donde los poderes están concentrados, terminaremos perdiendo la marca. ¡Y no hay que decir si estuviéramos fuera de la milla o si Gouran simplemente decidió tomar una siesta!

Bastante inconsciente de sus acciones, Hanrin incluso zapateó con énfasis, su irritación expresaba toda su fatiga y frustraciones acumuladas.

—Hey, no te desquites conmigo.

—Si me hubiera desquitado contigo como tú —gritó Hanrin—. ¡Yo habría sido quien terminaría lastimada!

Se dio vuelta y salió precipitadamente de la Sala Ransetsu. Como Shouryuu esperó a que ella saliera, un abanico lo golpeó en un costado de la cabeza.

—Hey, hombre mono, deja a mi princesa.

Shouryuu hizo una mueca y tomó el abanico del Rey de Han que lo golpeó.

—Escucha, hijo de p…

—Los Taiho están dando su mejor esfuerzo. Y, sin embargo, no ha sido suficiente. ¿Quién más que nadie aquí tiene derecho a estar molesto por eso? Tú y yo somos meros observadores. Todas estas quisquillas no nos llevarán a nada.

Shouryuu se mantuvo silencioso como una piedra.

—En particular, Rietsu está bastante asustada de Gouran. Es una criatura mucho más sensible que ese pequeño babuino tuyo.

—Te refieres a que ella es tímida. No es como que Taiki estuviera por perder el control de sí.

—Como unicornio está bien acostumbrarse al peligro. No puede hacer nada en contra de su propia naturaleza que la hace retroceder ante tales peligros. Sus instintos naturales son mucho más fuertes que los de un kirin taika. No es algo que pueda controlar, así que mantén las críticas para ti.

El Rey de Han miró a Renrin y a Keiki.

—Ustedes dos también. No se exijan demasiado. Creo que es tiempo de dar por acabado. Cuando el día sigue así, el cuerpo tiende a agotarse. El Taiho de Kei, en particular, debe tomarse el tiempo para hacer las cosas de su apretada agenda aquí.

—De hecho —concordó Renrin con un suspiro.

Cuando miraron a Keiki para confirmar, él asintió y, con aparente renuencia, dejó la sala.

—Se veía bastante cansado —murmuró Shouryuu, viendo a Keiki irse.

El Rey de Han concordó.

—Es exhaustante, incluso usando el Gogoukanda. Bueno, estoy libre de tener que consolar a mi princesa y enviarla a la cama. —Con un susurro de los dobladillos de su túnica, el Rey de Han salió de la sala.

Solo Shouryuu y Renrin quedaban. Mirando a Renrin, quien no mostraba signos de querer salir, Shouryuu preguntó con intriga.

—¿No te vas a ir a la cama?

—No. Antes de retirarme, quiero intentarlo una vez más. No necesita preocuparse por mí.

—Tan molesto como el hombre puede ser, ese hombre de Han no está tan equivocado. Estás cargando con un peso mayor que todos nosotros. Necesitas cuidar de ti. Será mejor que descanses.

Cada vez que alguno de ellos utilizaba el Gogoukanda, Renrin tenía que estar ahí para supervisar las idas y vueltas. El kirin que la acompañase podría dejar a cada uno de los otros fuera, pero su presencia era necesaria en todo momento.

—No he llegado a mis límites aún.

—No te creo mucho.

Renrin rio suavemente.

—El hecho es que, el sueño se me escapa cada vez que pienso en que Taiki fue llevado al otro mundo. Estoy plagada de preguntas como ¿qué rayos pasó allá, y qué deberíamos hacer a continuación? Es todo lo que mi mente puede pensar. Mi cabeza sabe que él debería haber crecido para este momento, y, sin embargo, era tan pequeño, un niño. Cosas así.

—¿Has conocido a Taiki anteriormente?

—Sí. Solo en dos ocasiones. La primera vez fue cuando regresó al Monte Hou. Y fue porque le permití a Sanshi el uso del Gogoukanda. La segunda vez fue justo antes de que esos extraños eventos comenzaran a ocurrir en Tai. Él viajó a Ren para expresar oficialmente su gratitud por nuestra ayuda en el Monte Hou.

Ella no podía olvidar la forma en que se apareció en aquel momento. Pensando en los lamentables eventos que acontecieron, los momentos en que se divirtieron juntos hasta su renuente partida, se volvió más doloroso. Aunque era poco probable que Ren gozara a la visita de un reino tan distante, nunca había imaginado una separación de tal magnitud.

—El Rey de Ren está bastante preocupado también. Taiki y el Rey de Tai estando tan separados es como un mal viento que no trae ningún bien.

—¿Un mal viento?

—Taiki parecía ser extremadamente apegado al Rey de Tai. Taiki deseaba desde el fondo de su corazón servir a su rey y que estuviera orgulloso de él. El Rey de Ren dice que de la misma forma en que mi ausencia en el Palacio Imperial le deja un vacío, él está seguro de que Taiki nunca pudo encontrar un lugar que pueda llamar hogar sin el Rey de Tai en vida. Y creo lo mismo se podría decir de mí. Pero dejando eso de lado, se atribuye que un mal viento sopla cuando un kirin es separado de su señor.

—Ah, sí, ese tipo de cosas…

—Nosotros no podemos prosperar sin un rey a nuestro lado.

Estando separado del rey significaba ser dividido en cuerpo y alma. Se dice que los kirin existen por el bien del reino y su gente. Pero esa no era toda la verdad. O a eso había llegado Renrin a creer.

—El rey existe en nombre del reino y del pueblo. Nosotros existimos por el rey —Renrin tomó su cabeza y la enterró entre sus manos—. ¿Qué tipo de criaturas son estos reyes…?

Una cálida mano le acarició el hombro.

—¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?

Renrin levantó la cabeza.

—¿Puedo pedirle que mantenga vigilado el mapa?

—Hecho.

Renrin sonrió y regresó al Kokinsai. Y por enésima vez en ese día se hundió completamente dentro del anillo de luz creado por la cola de una serpiente de plata.

Ella emergió en medio de una austera ciudad adornada ni por verdes campos ni por montañas. Colindaba con el océano, aunque la orilla estaba sellada con concreto. Le parecía un lugar totalmente desagradable.

La ciudad en sí misma era como una enorme caverna. La pregunta de por qué alguien viviría ahí, sin duda, se le ocurrió porque no era uno de los residentes de la ciudad. Con un bajo espíritu, continuó con su búsqueda desde donde la dejó la última vez. Su anhelo instintivo de evadir la confiable guía, que era el aura de Gouran, era solo su propia cobardía la que hablaba.

Mirando sobre las vacías calles a la luz de la luna, eligió el camino en el cual sintió la última inclinación a proceder.

Gouran probablemente estaba despierto. Su aura era mucho más fuerte que antes, que cuando ella perdió su rastro y abandonó por el momento. Aunque la naturaleza del aura era fácilmente captada, era la parte que la hacía temblar. Inconscientemente trataba de desviarse del camino. Se presionó, se forzó contra la corriente.

Finalmente, enfrentando la fuente de su miedo y aversión, su resistencia llegó a su límite y cayó de rodillas. Juuko tímidamente surgió.

—Taiho. Lady Renrin.

—Estoy bien —sonrió. Bajó una mano para ayudarse.

Y ahí lo encontró.

Un brillante filamento de oro, como hilo de telaraña. Débil y delgado, al borde de evaporarse en el aire. Pero ella sabía lo que el fugaz rayo representaba. Era Taiki. Su resplandor oscuro mostraba su mal estado. Las probabilidades eran muchos contra cualquier obstáculo a través de los rastros persistentes.

Renrin levantó los ojos. No podía ver ningún otro brillante hilo en las calles sinuosas entre los altos edificios. Solo esta incandescente brasa, dejada atrás como una huella en la arena o una mancha de sangre en la tierra.

—¿Encontró algo?

La inmensidad del tiempo y espacio separaban al Taiki que ella una vez había conocido en Ren y esta tenue brillante chispa.

—No hay ninguna duda. Esta aquí.

Tan poca vida persistía en este lento fuego que no podía decir cuándo había sido dejado ahí. El hilo por sí mismo fue desgarrado y podía seguir más. Solo confirmaba lo que ya sabían: que estaba en algún lugar de esa ciudad. Sin embargo, habiendo al menos descubriéndolo fue para Renrin más que suficiente recompensa por su trabajo duro.

—Espéranos. Te encontraremos.

Lo tocó ligeramente con la punta de sus dedos. Como si abrumada por la presencia de su propia aura, la luz parpadeó.


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