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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 11

 

CAPÍTULO 11

 

 

 

—¿Qué piensan? —preguntó Youko a los dos hombres que la acompañaban desde Ka-den.

Uno parecía inexpresivo, inmerso en sus pensamientos. El otro respondió:

—No estoy seguro de qué pensar. Por el momento, al menos, tenemos ciertos indicios de qué condujo a la desaparición del Rey de Tai y el Taiho de Tai.

—No es a lo que me refiero —dijo Youko con un poco de tristeza—. Esta mujer quiere que la ayudemos a salvar Tai. ¿Qué piensan al respecto?

Koukan levantó una ceja.

—La señorita Risai parece estar solicitando medidas en su reino a su nombre. Pero lo que Kei puede proveer en este estado se vuelve algo problemático.

Cuando Koukan comenzó a hablar, Keiki se detuvo y se inclinó. Él había sido llamado a las oficinas provinciales para atender unos asuntos. Koukan también debía atender unos asuntos como Chousai y salir al Seishin.

Sus escoltas no podían pasar todo su tiempo con Risai, pensaba Youko mientras se dirigía al Palacio Interior. Kei era un reino en movimiento y ella tenía sus propios problemas.

Como dijo Koukan. Es fácil pedir ayuda, pero cuando la realidad golpea en tu cabeza, ¿qué se puede hacer? Habían pasado dos años desde su coronación. Aún era inexperta, una emperatriz taika analfabeta, una extraña en una tierra extraña que dejaba la mayoría de los asuntos a Koukan y a Keiki. Con el tiempo libre, por las tareas que no asumía, estudiaba bajo la tutela de sus tutores.

Así eran las cosas ahora. No había nada del Tesoro Imperial o de la Corte Imperial para apoyar a otros reinos.

Con estos pensamientos en su mente, se dirigió al ala oeste del Palacio Interior, vio a un hombre en armadura caminando hacia ella en la columnata.

—Oh, Kantai.

Reconociéndola, Kantai se detuvo y se inclinó. Él era el General de la Guardia del Palacio.

—Justo el hombre que buscaba —dijo Youko.

Kantai dio un paso atrás.

—Si su Alteza está buscando un socio de esgrima, debo declinar. Tan solo vine para darles a sus criados un ejercicio de verdad. Me temo que cualquier intento de golpear a un pequeño hombre para desahogarse a este punto, me dejaría noqueado[1].

Youko sonrió.

—No hay problema, no hay problema. ¿Por qué no te sientas y te relajas?

—Sí —dijo Kantai con una reverencia, y acompañándola a la biblioteca en el Palacio Interior. Durante el día allí era donde Youko se relajaba cuando no estaba realizando labores oficiales.

—Esta es una dinastía de chusmas —se dijo Youko a sí misma mientras se preparaba una taza de té. Kantai bebió un poco y Youko sonrió ligeramente. Lo que sea que se pudiera hacer por Tai, era energía que ella iba a gastar en nombre de Kei.

Antes de dominar el negocio del gobierno, esta monarca debía aprender cómo leer y escribir. A eso se le sumaba los asuntos del Estado. Una buena mitad de sus sirvientes se habían autodenominado “caballeros de la calle” ignorantes de la ley y de las reglas básicas de la guerra. Que casi debían haber aprendido todo desde cero. Y no había demasiados maestros. La responsabilidad había caído directamente sobre el General de la Guardia del Palacio de la Izquierda.

—Ahora estás entrenando a los jóvenes sirvientes, ¿verdad? Lamento agregarte más tareas a tu tiempo, Kantai.

—Para nada. Es lo mismo para mí. Sin guerras que pelear tengo todo el tiempo del mundo en mis manos.

Youko rio. Ambos sabían que eso no era cierto. Cuando llegó a este mundo lo primero que le sorprendió fue el número de ejércitos. Pero una vez que se puso al corriente de los hechos entendió las razones. No había nada que ella pudiera llamar “fuerzas policíacas” allí. Actuando bajo la dirección del ministro de Otoño, el ejército hace patrullas y hace cumplir la ley. No solo eso, sino las obras públicas también cayeron bajo la jurisdicción del ejército.

Proyectos que no requerían el reclutamiento de civiles eran dirigidos por el gobierno, y el trabajo era hecho por el ejército y encadenaban a las pandillas preparándoles las sentencias a los criminales. Cargados con la defensa del Palacio Imperial, las ciudades y la protección de los aristócratas, siempre tenían mucho para hacer, incluso sin guerras.

—Esto no es mucho, pero considera esta pequeña recompensa —dijo Youko sosteniendo la taza de té.

Kantai sonrió y aceptó amablemente.

—Parece ser sin alcohol, pero gracias igualmente.

Ambos rieron. Youko le preguntó:

—¿Qué sabes sobre el Rey de Tai? Parece ser famoso en algunos lugares.

—Ah —dijo Kantai, asintiendo—. No estoy familiarizado con el hombre. Pero según lo que oí, solía ser el general Saku.

—¿Y sobre Risai? Ella era originalmente una general de la Guardia Provincial de Jou.

—Lamentablemente mi educación no llega tan lejos. Pero, ahora que lo menciona, el kijuu que ella montó aquí está sanando rápidamente.

—¿En serio? Es bueno oírlo.

—No conozco a la general Ryuu, pero mirando a su kijuu sentí que era una persona excelente. El kijuu muestra una notable lealtad a su ama y parece estar muy bien entrenado. Se llama romper al animal, pero naturalmente esto implica cuidarlo como si fuera un niño, siendo todo lo que implica la palabra maestro. De otra manera, ninguna criatura puede ser verdaderamente rota.

—De acuerdo.

—Nunca oí su nombre antes. El nombre de un general ordinario no suele traspasar las fronteras del reino. El general Saku es una rara excepción. Creo que a eso se reduce.

—La rara excepción. Y todo lo más impresionante.

—Ah —dijo Kantai con una expresión de complicidad—. Comparándose con el general Saku, ¿eh?

—No es que me haría ningún bien. Él parece mucho más que una figura heroica.

—Bueno, si fuera una figura tan heroica, entonces Tai no sería tan caótica como el estado en el que está.

—No seas malo. Una calamidad parece haber ocurrido, pero nadie está al tanto de los detalles. Es muy temprano para determinar las consecuencias a sus pies.

Kantai inclinó su cabeza ligeramente preguntando con un poco más de seriedad.

—¿Y cuál calamidad?

—Algún tipo de golpe de Estado. Un usurpador ha surgido y el Rey de Tau y el Taiho están perdidos. Es todo lo que sabemos hasta el momento. Para el resto tendremos que esperar hasta que Risai se recupere.

—Ya veo —dijo Kantai, y pareció hundirse en sus pensamientos.

Youko hizo lo mismo. Ella no sabía ninguno de los detalles, excepto que Risai había venido a Kei para rogar por ayuda. Ella arriesgó su vida para hacer el pedido. Excepto eso, el atolondrado trabajo de la Corte Imperial de Kei no estaba en condiciones de ayudarla.

—En un análisis final —dijo Kantai—, una reputación es algo otorgado por otros.

—¿Mmm? —dijo Youko, dando un vistazo sobre los hombros a Kantai.

—Es el tipo de cosa que la gente te otorga después de los hechos, cuando pueden ver los resultados. Un general que gana una victoria comandada -incluso por accidente- será llamado invencible. Y si ese es un general invencible, entonces será recibido de formas similares a santos. Así como están aquellos que, a pesar de su incompetencia, logran fortuitamente mantener la derrota a raya.

—¿Estás diciendo que el Rey de Tai es demasiado bueno para ser real?

—Yo no iría tan lejos. Estoy diciendo que, si colocara a sus colegas en el barro y tomara la gloria usted misma, convertirse en una invencible no sería tan difícil de lograr. Tan lejos como la fama va, todo el mundo ama al luchador invencible. Y una vez que el mundo se pone en torno que se tiene una ininterrumpida racha ganadora, la suposición que es un general superior, un buen caballero, y un hombre de gran carácter, lo toma en vida propia.

—Sí. Supongo que sí.

—Pero una reputación solo revela el producto final del proceso. Refiriéndose al general Saku -el Rey de Tai- como un hombre de estatura heroica solo nos dice que está de pie en la corte de opiniones públicas ahora. No cómo llegó ahí. Por la misma razón, a este punto en el tiempo, habiendo dejado a Tai caer en caos, no parece el modo ejemplar. En cualquier caso, la comparación de uno mismo con los demás es algo inútil. Siempre terminará comparando que el público piensa de los demás con eso que sabe de usted misma.

—Ya veo —dijo Youko con una sonrisa cansada.

—Incluso sin comparación, llamaría a su Majestad una buena Emperatriz.

—¿Eh?

Kantai dijo un poco mimosamente.

—Es una buena Emperatriz quien reclama su legítimo lugar en el trono sin perderse en él, y entonces contratar a un hanjuu[2] como yo, como si fuera poco. Eso es lo que yo digo.

Youko rio.

—Dime, Kantai. ¿Qué pasaría si fueras a Tai y eliminaras al usurpador?

—Seguramente, usted está bromeando —dijo Kantai, agitando su mano como si evadiera la sugerencia.

—Seguramente mi propia Guardia de Palacio está hecha de cosas más severas que estas.

—Ese no es el problema. En primer lugar, Kei no posee los recursos necesarios para alimentar las tropas de tal manera. Movilizar un ejército es una tarea importante. Una sola división consiste en doce mil quinientos soldados. Y eso solo contando la infantería. En términos de fuerzas combatientes, los comandantes de un regimiento, caballos, y kijuu deben alistarse también. ¿Puede comenzar a imaginar la lógica de alimentar y aprovisionar un gran conjunto así?

—Sí, realmente. Alimentar y aprovisionar… —rápidamente llegó al total de trece mil. Pensando en término del lugar de su nacimiento, en el mínimo, una taza de arroz por comida, tres comidas, de trece mil a treinta y nueve mil tazas de arroz por día—. Tienes razón. Es más, de lo que podía imaginar. Incluso en términos de hamburguesas, treinta y nueve mil hamburguesas por día…

—¿Qué?

—Oh, nada —dijo Youko con una sonrisa.

—Esa es la razón de por qué el ministro de Verano en cada región debe prever la logística del ejército. Si el caos se desata en una cierta área, cuando las tropas están fuera, son proporcionados por los suministros en general. Pero en otros reinos, y en medio de la rebelión, la lógica se vuelve más incierta. Básicamente, usted debería tener que cargar todo lo que necesitara con usted. A parte de la cuestión del transporte, ¿podría colocar tantos suministros juntos en un momento dado?

—No parece posible para Kei.

—Incluso agotando los almacenes internos del reino, ni siquiera el mínimo de provisiones podrían reunirse. Sin mencionar que Kei no tiene suficientes barcos para transportarlos. ¿Cómo podría llevarlos a Tai en primer lugar?

—Ya veo.

—Desde el principio llevar soldados a otro reino sería imposible. En primer lugar, ¿no prohíben los Cielos invadir otro reino?

—No sería una invasión. Nosotros, de otra manera, no tendríamos intensiones de ocupar tierras extranjeras.

Kantai inclinó su cabeza.

—Supongo. Usted debería tener un punto ahí.

—Y, además, si es cierto, entonces ¿qué sería de mí? Yo pedí a la Armada Imperial de En para derrocar a la usurpadora y hacerme camino a Gyouten.

—Eso es cierto.

—Simplemente encontrando al Rey de Tai y a Taiki sería suficiente.

—¿Y sus ubicaciones actuales?

—Nadie tiene la menor idea. ¿Qué piensas? ¿Cómo una búsqueda usando un escuadrón de kijuu por el aire podría llevar a cabo el trabajo?

Kantai inclinó su cabeza un poco más.

—Veinticinco pegasos difícilmente harían algo significativo. Al menos necesitarías alas. Con un centenar podrías intentar una búsqueda sistemática.

—Un grupo de alas…

Eso no era imposible. Pero los ministros difícilmente lo aprobarían. En ese tiempo los recursos internos de Kei estaban tan escasos, se preguntarían si ella había perdido la cabeza. Youko puso sus codos sobre las rodillas y descansó su cabeza sobre sus manos y pensó acerco de ella.

—Obviamente tener un rey ocupando el trono realmente importa mucho —murmuró.

Una expresión firme llegó al rostro de Kantai.

—Eso es completamente correcto. Dejando de lado el tipo de hombre que es el Rey de Tai, tanto tiempo como esté perdido, la gente de Tai estará en una mala situación. Además, los inviernos en Tai son duros. Si me perdona la expresión, él estaría mejor muerto.

—¿Mejor muerto?

—Si el rey muere, entonces el siguiente monarca será elegido para reemplazarlo. En ese caso, la gente puede anticipar el fin de sus sufrimientos. Incluso en el caso de un rey incompetente, el Cielo finalmente le arrebataría el trono. Se volvería simplemente el hecho de esperarlo. Un trono sin ocupar por un rey que no está muerto podría decirse que es el peor de todas las malas situaciones.


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