—¿Qué piensan? —preguntó Youko
a los dos hombres que la acompañaban desde Ka-den.
Uno parecía
inexpresivo, inmerso en sus pensamientos. El otro respondió:
—No estoy
seguro de qué pensar. Por el momento, al menos, tenemos ciertos indicios de qué
condujo a la desaparición del Rey de Tai y el Taiho de Tai.
—No es a lo
que me refiero —dijo Youko con un poco de tristeza—. Esta mujer quiere que la
ayudemos a salvar Tai. ¿Qué piensan al respecto?
Koukan
levantó una ceja.
—La
señorita Risai parece estar solicitando medidas en su reino a su nombre. Pero
lo que Kei puede proveer en este estado se vuelve algo problemático.
Cuando
Koukan comenzó a hablar, Keiki se detuvo y se inclinó. Él había sido llamado a
las oficinas provinciales para atender unos asuntos. Koukan también debía
atender unos asuntos como Chousai y salir al Seishin.
Sus
escoltas no podían pasar todo su tiempo con Risai, pensaba Youko mientras se
dirigía al Palacio Interior. Kei era un reino en movimiento y ella tenía sus
propios problemas.
Como dijo
Koukan. Es fácil pedir ayuda, pero cuando la realidad golpea en tu cabeza, ¿qué
se puede hacer? Habían pasado dos años desde su coronación. Aún era inexperta,
una emperatriz taika analfabeta, una extraña en una tierra extraña que
dejaba la mayoría de los asuntos a Koukan y a Keiki. Con el tiempo libre, por
las tareas que no asumía, estudiaba bajo la tutela de sus tutores.
Así eran
las cosas ahora. No había nada del Tesoro Imperial o de la Corte Imperial para
apoyar a otros reinos.
Con estos
pensamientos en su mente, se dirigió al ala oeste del Palacio Interior, vio a
un hombre en armadura caminando hacia ella en la columnata.
—Oh,
Kantai.
Reconociéndola,
Kantai se detuvo y se inclinó. Él era el General de la Guardia del Palacio.
—Justo el
hombre que buscaba —dijo Youko.
Kantai dio
un paso atrás.
—Si su
Alteza está buscando un socio de esgrima, debo declinar. Tan solo vine para
darles a sus criados un ejercicio de verdad. Me temo que cualquier intento de
golpear a un pequeño hombre para desahogarse a este punto, me dejaría noqueado[1].
Youko
sonrió.
—No hay
problema, no hay problema. ¿Por qué no te sientas y te relajas?
—Sí —dijo
Kantai con una reverencia, y acompañándola a la biblioteca en el Palacio
Interior. Durante el día allí era donde Youko se relajaba cuando no estaba
realizando labores oficiales.
—Esta es
una dinastía de chusmas —se dijo Youko a sí misma mientras se preparaba una
taza de té. Kantai bebió un poco y Youko sonrió ligeramente. Lo que sea que se
pudiera hacer por Tai, era energía que ella iba a gastar en nombre de Kei.
Antes de
dominar el negocio del gobierno, esta monarca debía aprender cómo leer y
escribir. A eso se le sumaba los asuntos del Estado. Una buena mitad de sus
sirvientes se habían autodenominado “caballeros de la calle” ignorantes de la
ley y de las reglas básicas de la guerra. Que casi debían haber aprendido todo
desde cero. Y no había demasiados maestros. La responsabilidad había caído
directamente sobre el General de la Guardia del Palacio de la Izquierda.
—Ahora
estás entrenando a los jóvenes sirvientes, ¿verdad? Lamento agregarte más
tareas a tu tiempo, Kantai.
—Para nada.
Es lo mismo para mí. Sin guerras que pelear tengo todo el tiempo del mundo en
mis manos.
Youko rio.
Ambos sabían que eso no era cierto. Cuando llegó a este mundo lo primero que le
sorprendió fue el número de ejércitos. Pero una vez que se puso al corriente de
los hechos entendió las razones. No había nada que ella pudiera llamar “fuerzas
policíacas” allí. Actuando bajo la dirección del ministro de Otoño, el ejército
hace patrullas y hace cumplir la ley. No solo eso, sino las obras públicas
también cayeron bajo la jurisdicción del ejército.
Proyectos
que no requerían el reclutamiento de civiles eran dirigidos por el gobierno, y
el trabajo era hecho por el ejército y encadenaban a las pandillas
preparándoles las sentencias a los criminales. Cargados con la defensa del
Palacio Imperial, las ciudades y la protección de los aristócratas, siempre
tenían mucho para hacer, incluso sin guerras.
—Esto no es
mucho, pero considera esta pequeña recompensa —dijo Youko sosteniendo la taza
de té.
Kantai
sonrió y aceptó amablemente.
—Parece ser
sin alcohol, pero gracias igualmente.
Ambos
rieron. Youko le preguntó:
—¿Qué sabes
sobre el Rey de Tai? Parece ser famoso en algunos lugares.
—Ah —dijo
Kantai, asintiendo—. No estoy familiarizado con el hombre. Pero según lo que
oí, solía ser el general Saku.
—¿Y sobre
Risai? Ella era originalmente una general de la Guardia Provincial de Jou.
—Lamentablemente
mi educación no llega tan lejos. Pero, ahora que lo menciona, el kijuu
que ella montó aquí está sanando rápidamente.
—¿En serio?
Es bueno oírlo.
—No conozco
a la general Ryuu, pero mirando a su kijuu sentí que era una persona
excelente. El kijuu muestra una notable lealtad a su ama y parece estar
muy bien entrenado. Se llama romper al animal, pero naturalmente esto implica
cuidarlo como si fuera un niño, siendo todo lo que implica la palabra maestro.
De otra manera, ninguna criatura puede ser verdaderamente rota.
—De
acuerdo.
—Nunca oí
su nombre antes. El nombre de un general ordinario no suele traspasar las
fronteras del reino. El general Saku es una rara excepción. Creo que a eso se
reduce.
—La rara
excepción. Y todo lo más impresionante.
—Ah —dijo
Kantai con una expresión de complicidad—. Comparándose con el general Saku,
¿eh?
—No es que
me haría ningún bien. Él parece mucho más que una figura heroica.
—Bueno, si
fuera una figura tan heroica, entonces Tai no sería tan caótica como el estado
en el que está.
—No seas
malo. Una calamidad parece haber ocurrido, pero nadie está al tanto de los
detalles. Es muy temprano para determinar las consecuencias a sus pies.
Kantai
inclinó su cabeza ligeramente preguntando con un poco más de seriedad.
—¿Y cuál
calamidad?
—Algún tipo
de golpe de Estado. Un usurpador ha surgido y el Rey de Tau y el Taiho están
perdidos. Es todo lo que sabemos hasta el momento. Para el resto tendremos que
esperar hasta que Risai se recupere.
—Ya veo
—dijo Kantai, y pareció hundirse en sus pensamientos.
Youko hizo
lo mismo. Ella no sabía ninguno de los detalles, excepto que Risai había venido
a Kei para rogar por ayuda. Ella arriesgó su vida para hacer el pedido. Excepto
eso, el atolondrado trabajo de la Corte Imperial de Kei no estaba en
condiciones de ayudarla.
—En un
análisis final —dijo Kantai—, una reputación es algo otorgado por otros.
—¿Mmm?
—dijo Youko, dando un vistazo sobre los hombros a Kantai.
—Es el tipo
de cosa que la gente te otorga después de los hechos, cuando pueden ver los
resultados. Un general que gana una victoria comandada -incluso por accidente-
será llamado invencible. Y si ese es un general invencible, entonces será
recibido de formas similares a santos. Así como están aquellos que, a pesar de su
incompetencia, logran fortuitamente mantener la derrota a raya.
—¿Estás
diciendo que el Rey de Tai es demasiado bueno para ser real?
—Yo no iría
tan lejos. Estoy diciendo que, si colocara a sus colegas en el barro y tomara
la gloria usted misma, convertirse en una invencible no sería tan difícil de
lograr. Tan lejos como la fama va, todo el mundo ama al luchador invencible. Y
una vez que el mundo se pone en torno que se tiene una ininterrumpida racha
ganadora, la suposición que es un general superior, un buen caballero, y un
hombre de gran carácter, lo toma en vida propia.
—Sí.
Supongo que sí.
—Pero una
reputación solo revela el producto final del proceso. Refiriéndose al general
Saku -el Rey de Tai- como un hombre de estatura heroica solo nos dice que está
de pie en la corte de opiniones públicas ahora. No cómo llegó ahí. Por la misma
razón, a este punto en el tiempo, habiendo dejado a Tai caer en caos, no parece
el modo ejemplar. En cualquier caso, la comparación de uno mismo con los demás
es algo inútil. Siempre terminará comparando que el público piensa de los demás
con eso que sabe de usted misma.
—Ya veo
—dijo Youko con una sonrisa cansada.
—Incluso
sin comparación, llamaría a su Majestad una buena Emperatriz.
—¿Eh?
Kantai dijo
un poco mimosamente.
—Es una
buena Emperatriz quien reclama su legítimo lugar en el trono sin perderse en
él, y entonces contratar a un hanjuu[2] como yo, como si fuera poco. Eso es
lo que yo digo.
Youko rio.
—Dime,
Kantai. ¿Qué pasaría si fueras a Tai y eliminaras al usurpador?
—Seguramente,
usted está bromeando —dijo Kantai, agitando su mano como si evadiera la
sugerencia.
—Seguramente
mi propia Guardia de Palacio está hecha de cosas más severas que estas.
—Ese no es
el problema. En primer lugar, Kei no posee los recursos necesarios para
alimentar las tropas de tal manera. Movilizar un ejército es una tarea
importante. Una sola división consiste en doce mil quinientos soldados. Y eso
solo contando la infantería. En términos de fuerzas combatientes, los
comandantes de un regimiento, caballos, y kijuu deben alistarse también.
¿Puede comenzar a imaginar la lógica de alimentar y aprovisionar un gran
conjunto así?
—Sí,
realmente. Alimentar y aprovisionar… —rápidamente llegó al total de trece mil.
Pensando en término del lugar de su nacimiento, en el mínimo, una taza de arroz
por comida, tres comidas, de trece mil a treinta y nueve mil tazas de arroz por
día—. Tienes razón. Es más, de lo que podía imaginar. Incluso en términos de
hamburguesas, treinta y nueve mil hamburguesas por día…
—¿Qué?
—Oh, nada
—dijo Youko con una sonrisa.
—Esa es la
razón de por qué el ministro de Verano en cada región debe prever la logística
del ejército. Si el caos se desata en una cierta área, cuando las tropas están
fuera, son proporcionados por los suministros en general. Pero en otros reinos,
y en medio de la rebelión, la lógica se vuelve más incierta. Básicamente, usted
debería tener que cargar todo lo que necesitara con usted. A parte de la
cuestión del transporte, ¿podría colocar tantos suministros juntos en un
momento dado?
—No parece
posible para Kei.
—Incluso
agotando los almacenes internos del reino, ni siquiera el mínimo de provisiones
podrían reunirse. Sin mencionar que Kei no tiene suficientes barcos para
transportarlos. ¿Cómo podría llevarlos a Tai en primer lugar?
—Ya veo.
—Desde el
principio llevar soldados a otro reino sería imposible. En primer lugar, ¿no
prohíben los Cielos invadir otro reino?
—No sería
una invasión. Nosotros, de otra manera, no tendríamos intensiones de ocupar
tierras extranjeras.
Kantai inclinó
su cabeza.
—Supongo.
Usted debería tener un punto ahí.
—Y, además,
si es cierto, entonces ¿qué sería de mí? Yo pedí a la Armada Imperial de En
para derrocar a la usurpadora y hacerme camino a Gyouten.
—Eso es
cierto.
—Simplemente
encontrando al Rey de Tai y a Taiki sería suficiente.
—¿Y sus
ubicaciones actuales?
—Nadie
tiene la menor idea. ¿Qué piensas? ¿Cómo una búsqueda usando un escuadrón de kijuu
por el aire podría llevar a cabo el trabajo?
Kantai
inclinó su cabeza un poco más.
—Veinticinco
pegasos difícilmente harían algo significativo. Al menos necesitarías
alas. Con un centenar podrías intentar una búsqueda sistemática.
—Un grupo
de alas…
Eso no era
imposible. Pero los ministros difícilmente lo aprobarían. En ese tiempo los
recursos internos de Kei estaban tan escasos, se preguntarían si ella había
perdido la cabeza. Youko puso sus codos sobre las rodillas y descansó su cabeza
sobre sus manos y pensó acerco de ella.
—Obviamente
tener un rey ocupando el trono realmente importa mucho —murmuró.
Una
expresión firme llegó al rostro de Kantai.
—Eso es
completamente correcto. Dejando de lado el tipo de hombre que es el Rey de Tai,
tanto tiempo como esté perdido, la gente de Tai estará en una mala situación.
Además, los inviernos en Tai son duros. Si me perdona la expresión, él estaría
mejor muerto.
—¿Mejor
muerto?
—Si el rey
muere, entonces el siguiente monarca será elegido para reemplazarlo. En ese
caso, la gente puede anticipar el fin de sus sufrimientos. Incluso en el caso
de un rey incompetente, el Cielo finalmente le arrebataría el trono. Se
volvería simplemente el hecho de esperarlo. Un trono sin ocupar por un rey que
no está muerto podría decirse que es el peor de todas las malas situaciones.

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