Alrededor de la cena, Youko fue
a ver a Risai e informarle que habían decidido buscar a Taiki.
—No sé
cuánta ayuda podemos esperar de otros reinos, o qué tipo de búsqueda podemos
montar para Taiki hasta que empecemos a sondear. Por el momento, es un pequeño
paso. Pero al menos nos estamos moviendo.
Risai no
podía encontrar las palabras para expresar su gratitud. Youko le había dado una
sonrisa y había apurado el parlamento. La balanza del tiempo que estaba
dedicando a Tai tendría que ser preparado por la quema del aceite de
medianoche.
—No sé cómo
agradecérselo —se dijo Risai a sí misma.
—Es genial,
¿verdad? —dijo una voz. Keikei entró en la sala para atender sus labores como
“mayordomo”—. Si pueden conseguir a los demás gobernantes de otros reinos,
seguro que lo vamos a encontrar.
—Sí. De
seguro —dijo Suzu.
Risai solo
podía asentir del asombro. Comparado a los seis años en los que había combatido
constantemente con desesperación, sin signos de redención a la vista, nuevas
perspectivas se abrían frente a sus ojos.
La
salvación de Tai había comenzado. Tal era el shock en su corazón que no pudo
dormir en toda la noche. Tirada en la cama, escuchando las palabras de Youko en
su mente, su alegría se volvió ansiedad a la mitad de la noche.
¿Y qué si
no podían encontrar a Taiki a pesar de sus esfuerzos? La mayor posibilidad de
que lo hicieran era profundamente tranquilizadora. Sin embargo, esos
sentimientos se convirtieron en desesperanza tan fácilmente y luego en miedo.
No era que ella dudase de Youko en lo más mínimo. Su vida, por mucho tiempo,
tomaba direcciones diferentes a las elegidas. Sus expectativas habían sido
defraudadas, sus esperanzas arruinadas. Y sabía que nada podría sugerir esta
vez.
¿Qué tan
probable era la feliz promesa del regreso ileso de Taiki? Incluso si lograba
ser encontrado, un sinfín de daño le podía suceder en el ínterin.
Una vez que
comenzó a pensar en ese sentido, sus preocupaciones hicieron al sueño
imposible.
Incapaz de
soportar el dolor que llevaba sobre su pecho, con gran esfuerzo, Risai luchaba
en la cama. Su condición había mejorado lo suficiente como para que Suzu no la
vigilara durante la noche, que se retiró a sus habitaciones. Suzu no estaría
allí para asistirla, pero tampoco estaría allí para castigarla por salir de la
cama.
Risai había
hecho su camino sola, usando las paredes y los muebles para soportar su infirme
cuerpo, y finalmente encontrando el camino a las puertas de la habitación. Ella
solo quería dejar entrar un poco de aire nocturno, pero exhausta se sentó en el
lugar. Ser recordada con la discapacidad del estado de su cuerpo la irritaba
sin fin.
Incluso
cuando Taiki fuera traído de regreso, ¿qué harían entonces? Usar el “sentido
real” de Taiki. Podrían lanzar una búsqueda de Gyousou. Pero para hacer eso,
debían regresar a Taiki a Tai. ¿Podía ella hacer algo así? ¿Con tal débil
constitución, y sin habilidad para blandir una espada? Sería incapaz de
defender a Taiki. Los youma y los bandidos rondaban en Tai. Quizá su
corazón no era más fuerte que su cuerpo. Quizá ella había huido de Tai y
buscado refugio dentro de los muros del Palacio Imperial de Kei, en busca de
alivio físico y mental. Lanzando una mirada atrás al lugar de donde venía, Tai
no era nada sino un lugar temible. No podía imaginar llevar a Taiki allá.
Risai se
sentó en medio del paseo y se inclinó contra la pared con un aire de
melancolía. Más allá de los aleros, la luz de la luna brillo sobre el patio.
Escuchó el solitario trino de una cigarra en la oscuridad.
No sabía
qué harían después del regreso de Taiki. No estaba segura si él regresaría, o
si ellos podrían salvar a Tai. Ella se aferraba a esas creencias sin motivo, en
cierto momento se acostumbró a endurecer su corazón contra el fracaso y la
decepción.
Era como si
el cielo y el infierno se hubieran alineado en contra de Tai. ¿Cuántos años
habían pasado desde que Gyousou había desaparecido? Se decía que la ceremonia
del Koushi[1] traía la razón y el orden al mundo. ¿Había Asen realizado el Koushi,
y podía haber una razón y orden en el mundo si el verdadero rey no había
realizado la ceremonia?
En
cualquier caso, el caos en Tai se había puesto en movimiento desde que el trono
estuvo vacío.
Varios
veranos después de la perdida de Gyousou, la búsqueda de Risai la llevó a la
provincia de Bun. Secretamente, con el fin de escapar de ser descubierta por
Asen, dependió de los intermediarios y buscó asilo de viejos y confiables
amigos, se dirigía a Tetsui. Gyousou previamente había desaparecido de un
campamento en Rin’u.
Rin’u había
sido originalmente la única ciudad de la provincia de Bun que era el hogar de
una fuente de gemas preciosas. La fuente más antigua estaba en el Monte Kan’you[2] y fuentes de varios tamaños manchaban el lugar y sus alrededores. “Compañía de
ciudades” se ubicaban ahí en la base de las minas. Aunque la mayoría de ellos
se desempeñaran en ello, ocasionalmente se podía oír actividad volcánica.
Incluso esas minas se secaron rápidamente. Risai no podía decir si ellos
también habían sido afectados por el giro de la amplia anarquía.
Encontró
algo de fundamento en el barrio de Rin’u. La gente de Tetsui probablemente
sabría más acerca del paradero de Gyousou. Ella aún albergaba la esperanza de
que pudieran estar escondiéndolo. Pero cuando llegó allá, encontró la ciudad
completamente quemada. Solo los escombros carbonizados quedaban. Tetsui había
sido abandonada. Ni siquiera quedaba un signo de vida humana. Solo el altar de
la ermita no había sido quemado, y encima de él, una ofrenda de flores blancas keihaku.
Los
ciudadanos de Tetsui que quedaban debieron haber venido aquí, bajo el amparo de
la oscuridad, a rezar por el regreso de Gyousou.
Junto a la
ermita, el marchito riboku, chamuscado por las llamas, estaba solo,
abatido y desamparado. La desolación impresionaba a Risai a tal punto, le
gustara o no, que Tai era un reino cuyo centro no se podía sostener. Caer a
pedazos era la única opción que quedaba.
Risai
también tuvo que mezclarse con las sombras de la noche, evadiendo el contacto
humano, y escondiéndose de la vista de los demás. Se deslizó a lo largo de las
calles, buscando a alguien que supiera donde estaba Gyousou, o Eishou o Gashin
o la localización de sus fuerzas. Se encontró con pocos resultados. Se enteró
de que había habido una batalla campal fuera de Rin’u entre rebeldes locales y
la Guardia Imperial, y subsecuentemente, la Guardia Imperial se quedó agotada e
incapaz de responder a los ataques de los rebeldes. Esa batalla probablemente
ocurrió para el momento en que Gyousou desapareció.
No sería
tan inusual par aun rey ser llevado al medio de la neblina de la guerra. Pero
no para un rey como Gyousou. Gyousou fue reconocido como espadachín. Nadie era
lo suficientemente imprudente como para enfrentarlo en una batalla justa.
Excepto porque estaba liderando el ejército de Asen. Gyousou había confiado en
Asen y los subalternos de Asen. Y en el apogeo de la batalla, debería haber uno
vigilándole la espalda. Podrían haberlo abrumado con mayores cantidades, o
haberlo capturado y encerrado. Pero ¿Gyousou confiaba tanto en Asen? Considerando
que había dividido las fuerzas de Asen, quizá dudaba de él desde el principio.
Pasó todo
el verano caminando por los campos y las ruinas. Y entonces, el verano terminó
y la nieve comenzó a caer. Tal vez sea por todo el hollín, que la nieve era de
color gris, y anunciaba peores tiempos. El invierno de ese año fue
particularmente duro. La nieve se apilaba en grandes surcos. Muchas de las
casas de esos alrededores, aunque fueron construidas para resistir, colapsaron
por el peso.
Al final
del frío, el nevoso invierno se volvió un seco verano. Raramente Tai tenía
veranos calurosos. El cultivo yacía bajo el abrasador sol. Y cuando el invierno
volvió…
Ella creía
que sería el siguiente año, cuando los youma comenzaron a aparecer cada
vez más y más seguidos. Para un reino sin rey, estaba apenas fuera de lo común.
Pero se multiplicaron prácticamente en frente de sus ojos. Los ancianos decían
que no había forma en que los youma aparecieran mientras el verdadero
rey reinara. La gente comenzó a decir con gran convicción que Gyousou estaba
muerto.
Risai
miraba el cielo nocturno por encima de los jardines. ¿Cómo le estará yendo a la
gente ahora? Ella estaba ahí, mientras Tai sufría todo tipo de privaciones. El
verano estaba llegando a su fin. Otro terrible invierno esperaba a aparecer.
Por
favor, sálvenos. Incluso ahora, no podía reprimir el deseo de llorar y
aferrarse a ella. Mientras más conocía a la Reina de Kei, y mientras más
conocía a la gente a su alrededor, más profunda y dolorosa era la naturaleza de
la pecaminosa acción que se infiltraba en su alma. Y aun sabiendo…
—Pero no
hay otra manera.
Alguien
debía levantarse y ponerle fin a la villanía de Asen. A falta de un líder con
poderes para someter a los youma y bendecir las tierras con abundancia
para aguantar al invierno, Tai no podría durar muchos años más. Este año, o el
siguiente, o el año después… apenas importaba ahora… cuando la nieve se
derritiera en la primavera revelaría los cuerpos congelados de los últimos
ciudadanos de Tai.
—¿Qué rayos
estás haciendo aquí? —preguntó una voz detrás de ella.
Risai miró
sobre su hombro. Un anciano estaba parado en la puerta del jardín.
—Nada
—respondió.
El anciano
era Enho, el Taishi. Esta era su casa solariega. Podría no ser nada fuera de lo
normal para él, pero desde que se mudó ahí, había dejado de verla con bastante
regularidad. El sequito de la Emperatriz era chico en número, pero era de buen
corazón. Siempre que pensaba en Youko en esa forma, tenía miedo de sí misma.
—¿Estás
bien? ¿Estando aquí arriba a estas horas?
—Más o
menos, supongo.
Enho se le
acercó lentamente y se sentó en los escalones que se dirigían a donde Risai
estaba sentada.
—Parece que
el Rey de En echará una mano en la búsqueda del Taiho de Tai.
—S…sí.
—Y, sin
embargo, pareces muy desalentada.
No lo
diga, pensó Risai, pero no pudo repetir eso para Enho.
—En efecto.
Nos estamos enfrentando no simplemente a la tarea de encontrarlo. Y suponiendo
que lo hiciéramos, una montaña de tareas tenemos por delante. Una vez que el
Taiho regrese, buscar al Rey de Tai será mucho más fácil. Sin embargo, será
necesario que el Taiho regrese a Tai, y eso representa un riesgo de volver a
perder al Taiho también.
—Sí
—asintió Risai.
—Con el fin
de realizar una búsqueda exitosa del Rey de Tai, será necesario un largo contingente.
Sin embargo, o que el montaje de tal número de soldados sería imposible. Y si
pueden de alguna forma encontrarlos, mientras la búsqueda del Rey está en
marcha, la gente continuará aguantando lo inaguantable.
—El
invierno se acerca. No quedan muchos meses antes de que caiga la primavera
nevada.
—Cuando lo
piensas de esa forma, Tai es un país difícil. No puedes sobrevivir al invierno
en un descampado.
—Es verdad.
Los inviernos en Kei deben ser más templados.
—Comparados
con Tai.
Risai
asintió desalentadoramente.
—Hay reinos
templados y otros que no lo son. Me he preguntado cuanto mejor sería Tai si
compartiera el mismo clima que Kei… si las personas se apiñaran juntas y
compartieran el calor de sus cuerpos, sería suficiente para que aguantaran el invierno.
¿Por qué debe haber reinos cálidos y fríos en este mundo?
—¿Por qué?
De hecho.
Risai miró
a la luna.
—¿Por qué
Tentei creó un reino como Tai? Sería suficiente si la gente solo dependiera del
calor de sus cuerpos para sobrevivir durante el invierno.
—Hacer esas
preguntas no cambia el hecho de lo que es.
—Pero…
—dijo Risai, mordiéndose el labio—. ¿No creó Tentei el mundo? Entonces, ¿por
qué creó un lugar como Tai? Con tan despiadados inviernos. Si fuera Tentei,
habría creado al menos reinos con climas más placenteros. Inviernos no tan
fríos. Veranos no tan secos. Un mundo así.
—Huh —fue
la única respuesta de Enho.
—Si la
gente estuviera hambrienta, entonces enviaría maná. Cuando un cruel impostor se
levantara, lo tiraría abajo. ¿Por qué no es el Cielo más así?
—Eso le
preocupa.
—Pero ¿por
qué? Se dice que la forma correcta de gobernar los reinos se los garantiza el
Cielo a los reyes de acuerdo con el Camino de la Compasión. Si es así,
entonces, ¿por qué sería un pecado enviar soldados a otro reino por compasión?
Fue el Cielo quien colocó al señor Gyousou en el trono. ¿No fue Tentei quien
hizo Rey a Gyousou y lo promovió al trono? Entonces ¿por qué el Cielo no lo
protege?
Enho no
respondió.
—¿Existe
Tentei realmente? Si existe, entonces ¿por qué no salva a Tai? ¿Por qué no
escucha las plegarias de la gente de Tai, incluso cuando se ahoga en su propia
sangre? ¿Está usted diciendo que las plegarias de alguna manera no son
suficientes? ¿O quizá que el Cielo quiere que Tai sea destruido?
—Señorita
Risai…
—Si Tentei
no existe, también está bien. Un Dios que no se digna a salvar sus propias
creaciones no tiene trabajo que hacer. Pero si no hay Dios, entonces ¿por qué
no pueden cruzar los soldados de un reino la frontera de otro? ¿Quién está
castigando ese pecado? Si alguien está haciendo esas sentencias, entonces ¿por
qué esa misma persona no le pasa sentencia a Asen?
Enho
cálidamente cubrió su fría y temblorosa mano con la suya.
—Entiendo
cómo te sientes. No debes permitir que tus sentimientos sobrepasen tu fuerza.
Risai tomó
un profundo respiro y lo dejó ir.
—Lo
lamento. Es que me puse algo nerviosa allá.
—Entiendo
de donde viene. Después de que todo fue dicho y hecho, nos queda vivir nuestras
vidas bajo la Providencia del Cielo. Mientras que sea cierto, estamos
condenados a este estado irracional, la lógica de la cual no podemos controlar.
—Sí.
—Sin
embargo, este es el mundo de hombres y mujeres. Pagamos las cuentas con el
Cielo. En cambio, encontramos una forma de vivir dentro de cualquier providencia
que se dicte. Ese es el fin al que la Reina de Kei está dedicando su corazón y
mente.
—Sí. Lo
lamento.
—No
necesitas preocuparte. Nadie dejará a Tai de lado.
Risai
asintió. La cruel luz de la luna brillaba sobre el mundo.

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