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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de marzo de 2023

La Orilla en Crepúsculo, el Cielo al Amanecer - Capítulo 26

 

CAPÍTULO 26

 

 

 

Alrededor de la cena, Youko fue a ver a Risai e informarle que habían decidido buscar a Taiki.

—No sé cuánta ayuda podemos esperar de otros reinos, o qué tipo de búsqueda podemos montar para Taiki hasta que empecemos a sondear. Por el momento, es un pequeño paso. Pero al menos nos estamos moviendo.

Risai no podía encontrar las palabras para expresar su gratitud. Youko le había dado una sonrisa y había apurado el parlamento. La balanza del tiempo que estaba dedicando a Tai tendría que ser preparado por la quema del aceite de medianoche.

—No sé cómo agradecérselo —se dijo Risai a sí misma.

—Es genial, ¿verdad? —dijo una voz. Keikei entró en la sala para atender sus labores como “mayordomo”—. Si pueden conseguir a los demás gobernantes de otros reinos, seguro que lo vamos a encontrar.

—Sí. De seguro —dijo Suzu.

Risai solo podía asentir del asombro. Comparado a los seis años en los que había combatido constantemente con desesperación, sin signos de redención a la vista, nuevas perspectivas se abrían frente a sus ojos.

La salvación de Tai había comenzado. Tal era el shock en su corazón que no pudo dormir en toda la noche. Tirada en la cama, escuchando las palabras de Youko en su mente, su alegría se volvió ansiedad a la mitad de la noche.

¿Y qué si no podían encontrar a Taiki a pesar de sus esfuerzos? La mayor posibilidad de que lo hicieran era profundamente tranquilizadora. Sin embargo, esos sentimientos se convirtieron en desesperanza tan fácilmente y luego en miedo. No era que ella dudase de Youko en lo más mínimo. Su vida, por mucho tiempo, tomaba direcciones diferentes a las elegidas. Sus expectativas habían sido defraudadas, sus esperanzas arruinadas. Y sabía que nada podría sugerir esta vez.

¿Qué tan probable era la feliz promesa del regreso ileso de Taiki? Incluso si lograba ser encontrado, un sinfín de daño le podía suceder en el ínterin.

Una vez que comenzó a pensar en ese sentido, sus preocupaciones hicieron al sueño imposible.

Incapaz de soportar el dolor que llevaba sobre su pecho, con gran esfuerzo, Risai luchaba en la cama. Su condición había mejorado lo suficiente como para que Suzu no la vigilara durante la noche, que se retiró a sus habitaciones. Suzu no estaría allí para asistirla, pero tampoco estaría allí para castigarla por salir de la cama.

Risai había hecho su camino sola, usando las paredes y los muebles para soportar su infirme cuerpo, y finalmente encontrando el camino a las puertas de la habitación. Ella solo quería dejar entrar un poco de aire nocturno, pero exhausta se sentó en el lugar. Ser recordada con la discapacidad del estado de su cuerpo la irritaba sin fin.

Incluso cuando Taiki fuera traído de regreso, ¿qué harían entonces? Usar el “sentido real” de Taiki. Podrían lanzar una búsqueda de Gyousou. Pero para hacer eso, debían regresar a Taiki a Tai. ¿Podía ella hacer algo así? ¿Con tal débil constitución, y sin habilidad para blandir una espada? Sería incapaz de defender a Taiki. Los youma y los bandidos rondaban en Tai. Quizá su corazón no era más fuerte que su cuerpo. Quizá ella había huido de Tai y buscado refugio dentro de los muros del Palacio Imperial de Kei, en busca de alivio físico y mental. Lanzando una mirada atrás al lugar de donde venía, Tai no era nada sino un lugar temible. No podía imaginar llevar a Taiki allá.

Risai se sentó en medio del paseo y se inclinó contra la pared con un aire de melancolía. Más allá de los aleros, la luz de la luna brillo sobre el patio. Escuchó el solitario trino de una cigarra en la oscuridad.

No sabía qué harían después del regreso de Taiki. No estaba segura si él regresaría, o si ellos podrían salvar a Tai. Ella se aferraba a esas creencias sin motivo, en cierto momento se acostumbró a endurecer su corazón contra el fracaso y la decepción.

Era como si el cielo y el infierno se hubieran alineado en contra de Tai. ¿Cuántos años habían pasado desde que Gyousou había desaparecido? Se decía que la ceremonia del Koushi[1] traía la razón y el orden al mundo. ¿Había Asen realizado el Koushi, y podía haber una razón y orden en el mundo si el verdadero rey no había realizado la ceremonia?

En cualquier caso, el caos en Tai se había puesto en movimiento desde que el trono estuvo vacío.

Varios veranos después de la perdida de Gyousou, la búsqueda de Risai la llevó a la provincia de Bun. Secretamente, con el fin de escapar de ser descubierta por Asen, dependió de los intermediarios y buscó asilo de viejos y confiables amigos, se dirigía a Tetsui. Gyousou previamente había desaparecido de un campamento en Rin’u.

Rin’u había sido originalmente la única ciudad de la provincia de Bun que era el hogar de una fuente de gemas preciosas. La fuente más antigua estaba en el Monte Kan’you[2] y fuentes de varios tamaños manchaban el lugar y sus alrededores. “Compañía de ciudades” se ubicaban ahí en la base de las minas. Aunque la mayoría de ellos se desempeñaran en ello, ocasionalmente se podía oír actividad volcánica. Incluso esas minas se secaron rápidamente. Risai no podía decir si ellos también habían sido afectados por el giro de la amplia anarquía.

Encontró algo de fundamento en el barrio de Rin’u. La gente de Tetsui probablemente sabría más acerca del paradero de Gyousou. Ella aún albergaba la esperanza de que pudieran estar escondiéndolo. Pero cuando llegó allá, encontró la ciudad completamente quemada. Solo los escombros carbonizados quedaban. Tetsui había sido abandonada. Ni siquiera quedaba un signo de vida humana. Solo el altar de la ermita no había sido quemado, y encima de él, una ofrenda de flores blancas keihaku.

Los ciudadanos de Tetsui que quedaban debieron haber venido aquí, bajo el amparo de la oscuridad, a rezar por el regreso de Gyousou.

Junto a la ermita, el marchito riboku, chamuscado por las llamas, estaba solo, abatido y desamparado. La desolación impresionaba a Risai a tal punto, le gustara o no, que Tai era un reino cuyo centro no se podía sostener. Caer a pedazos era la única opción que quedaba.

Risai también tuvo que mezclarse con las sombras de la noche, evadiendo el contacto humano, y escondiéndose de la vista de los demás. Se deslizó a lo largo de las calles, buscando a alguien que supiera donde estaba Gyousou, o Eishou o Gashin o la localización de sus fuerzas. Se encontró con pocos resultados. Se enteró de que había habido una batalla campal fuera de Rin’u entre rebeldes locales y la Guardia Imperial, y subsecuentemente, la Guardia Imperial se quedó agotada e incapaz de responder a los ataques de los rebeldes. Esa batalla probablemente ocurrió para el momento en que Gyousou desapareció.

No sería tan inusual par aun rey ser llevado al medio de la neblina de la guerra. Pero no para un rey como Gyousou. Gyousou fue reconocido como espadachín. Nadie era lo suficientemente imprudente como para enfrentarlo en una batalla justa. Excepto porque estaba liderando el ejército de Asen. Gyousou había confiado en Asen y los subalternos de Asen. Y en el apogeo de la batalla, debería haber uno vigilándole la espalda. Podrían haberlo abrumado con mayores cantidades, o haberlo capturado y encerrado. Pero ¿Gyousou confiaba tanto en Asen? Considerando que había dividido las fuerzas de Asen, quizá dudaba de él desde el principio.

Pasó todo el verano caminando por los campos y las ruinas. Y entonces, el verano terminó y la nieve comenzó a caer. Tal vez sea por todo el hollín, que la nieve era de color gris, y anunciaba peores tiempos. El invierno de ese año fue particularmente duro. La nieve se apilaba en grandes surcos. Muchas de las casas de esos alrededores, aunque fueron construidas para resistir, colapsaron por el peso.

Al final del frío, el nevoso invierno se volvió un seco verano. Raramente Tai tenía veranos calurosos. El cultivo yacía bajo el abrasador sol. Y cuando el invierno volvió…

Ella creía que sería el siguiente año, cuando los youma comenzaron a aparecer cada vez más y más seguidos. Para un reino sin rey, estaba apenas fuera de lo común. Pero se multiplicaron prácticamente en frente de sus ojos. Los ancianos decían que no había forma en que los youma aparecieran mientras el verdadero rey reinara. La gente comenzó a decir con gran convicción que Gyousou estaba muerto.

Risai miraba el cielo nocturno por encima de los jardines. ¿Cómo le estará yendo a la gente ahora? Ella estaba ahí, mientras Tai sufría todo tipo de privaciones. El verano estaba llegando a su fin. Otro terrible invierno esperaba a aparecer.

Por favor, sálvenos. Incluso ahora, no podía reprimir el deseo de llorar y aferrarse a ella. Mientras más conocía a la Reina de Kei, y mientras más conocía a la gente a su alrededor, más profunda y dolorosa era la naturaleza de la pecaminosa acción que se infiltraba en su alma. Y aun sabiendo…

—Pero no hay otra manera.

Alguien debía levantarse y ponerle fin a la villanía de Asen. A falta de un líder con poderes para someter a los youma y bendecir las tierras con abundancia para aguantar al invierno, Tai no podría durar muchos años más. Este año, o el siguiente, o el año después… apenas importaba ahora… cuando la nieve se derritiera en la primavera revelaría los cuerpos congelados de los últimos ciudadanos de Tai.

—¿Qué rayos estás haciendo aquí? —preguntó una voz detrás de ella.

Risai miró sobre su hombro. Un anciano estaba parado en la puerta del jardín.

—Nada —respondió.

El anciano era Enho, el Taishi. Esta era su casa solariega. Podría no ser nada fuera de lo normal para él, pero desde que se mudó ahí, había dejado de verla con bastante regularidad. El sequito de la Emperatriz era chico en número, pero era de buen corazón. Siempre que pensaba en Youko en esa forma, tenía miedo de sí misma.

—¿Estás bien? ¿Estando aquí arriba a estas horas?

—Más o menos, supongo.

Enho se le acercó lentamente y se sentó en los escalones que se dirigían a donde Risai estaba sentada.

—Parece que el Rey de En echará una mano en la búsqueda del Taiho de Tai.

—S…sí.

—Y, sin embargo, pareces muy desalentada.

No lo diga, pensó Risai, pero no pudo repetir eso para Enho.

—En efecto. Nos estamos enfrentando no simplemente a la tarea de encontrarlo. Y suponiendo que lo hiciéramos, una montaña de tareas tenemos por delante. Una vez que el Taiho regrese, buscar al Rey de Tai será mucho más fácil. Sin embargo, será necesario que el Taiho regrese a Tai, y eso representa un riesgo de volver a perder al Taiho también.

—Sí —asintió Risai.

—Con el fin de realizar una búsqueda exitosa del Rey de Tai, será necesario un largo contingente. Sin embargo, o que el montaje de tal número de soldados sería imposible. Y si pueden de alguna forma encontrarlos, mientras la búsqueda del Rey está en marcha, la gente continuará aguantando lo inaguantable.

—El invierno se acerca. No quedan muchos meses antes de que caiga la primavera nevada.

—Cuando lo piensas de esa forma, Tai es un país difícil. No puedes sobrevivir al invierno en un descampado.

—Es verdad. Los inviernos en Kei deben ser más templados.

—Comparados con Tai.

Risai asintió desalentadoramente.

—Hay reinos templados y otros que no lo son. Me he preguntado cuanto mejor sería Tai si compartiera el mismo clima que Kei… si las personas se apiñaran juntas y compartieran el calor de sus cuerpos, sería suficiente para que aguantaran el invierno. ¿Por qué debe haber reinos cálidos y fríos en este mundo?

—¿Por qué? De hecho.

Risai miró a la luna.

—¿Por qué Tentei creó un reino como Tai? Sería suficiente si la gente solo dependiera del calor de sus cuerpos para sobrevivir durante el invierno.

—Hacer esas preguntas no cambia el hecho de lo que es.

—Pero… —dijo Risai, mordiéndose el labio—. ¿No creó Tentei el mundo? Entonces, ¿por qué creó un lugar como Tai? Con tan despiadados inviernos. Si fuera Tentei, habría creado al menos reinos con climas más placenteros. Inviernos no tan fríos. Veranos no tan secos. Un mundo así.

—Huh —fue la única respuesta de Enho.

—Si la gente estuviera hambrienta, entonces enviaría maná. Cuando un cruel impostor se levantara, lo tiraría abajo. ¿Por qué no es el Cielo más así?

—Eso le preocupa.

—Pero ¿por qué? Se dice que la forma correcta de gobernar los reinos se los garantiza el Cielo a los reyes de acuerdo con el Camino de la Compasión. Si es así, entonces, ¿por qué sería un pecado enviar soldados a otro reino por compasión? Fue el Cielo quien colocó al señor Gyousou en el trono. ¿No fue Tentei quien hizo Rey a Gyousou y lo promovió al trono? Entonces ¿por qué el Cielo no lo protege?

Enho no respondió.

—¿Existe Tentei realmente? Si existe, entonces ¿por qué no salva a Tai? ¿Por qué no escucha las plegarias de la gente de Tai, incluso cuando se ahoga en su propia sangre? ¿Está usted diciendo que las plegarias de alguna manera no son suficientes? ¿O quizá que el Cielo quiere que Tai sea destruido?

—Señorita Risai…

—Si Tentei no existe, también está bien. Un Dios que no se digna a salvar sus propias creaciones no tiene trabajo que hacer. Pero si no hay Dios, entonces ¿por qué no pueden cruzar los soldados de un reino la frontera de otro? ¿Quién está castigando ese pecado? Si alguien está haciendo esas sentencias, entonces ¿por qué esa misma persona no le pasa sentencia a Asen?

Enho cálidamente cubrió su fría y temblorosa mano con la suya.

—Entiendo cómo te sientes. No debes permitir que tus sentimientos sobrepasen tu fuerza.

Risai tomó un profundo respiro y lo dejó ir.

—Lo lamento. Es que me puse algo nerviosa allá.

—Entiendo de donde viene. Después de que todo fue dicho y hecho, nos queda vivir nuestras vidas bajo la Providencia del Cielo. Mientras que sea cierto, estamos condenados a este estado irracional, la lógica de la cual no podemos controlar.

—Sí.

—Sin embargo, este es el mundo de hombres y mujeres. Pagamos las cuentas con el Cielo. En cambio, encontramos una forma de vivir dentro de cualquier providencia que se dicte. Ese es el fin al que la Reina de Kei está dedicando su corazón y mente.

—Sí. Lo lamento.

—No necesitas preocuparte. Nadie dejará a Tai de lado.

Risai asintió. La cruel luz de la luna brillaba sobre el mundo.


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