CAPÍTULO 15
Le tomó un tiempo a Taiki
entender exactamente lo que le había sucedido. Poniéndolo en términos
sencillos, había sido como El Viaje de Chihiro. Regañado por su abuela y
enviado al patio, repentinamente desapareció del lugar donde estaba parado.
Él no podía
recordar el momento en el que desapareció. Como si dormitando por un sueño,
después de un vago intervalo en un espacio vacante, había vuelto a su hogar.
Más de un año había pasado en ese intervalo, pero él no sentía el paso el
tiempo. Por lo que encontraba imposible de explicar lo que no existía.
La policía
y un doctor fueron llamados. Subsecuentemente fue enviado de un lugar a otro
con psicólogos infantiles. Los adultos parecían decididos a descubrir el tiempo
perdido, pero no podía recordar nada.
No importaba
cuánto lo intentara, nada ocurría. Entre el patio nevado y el frente de la casa
en el día del funeral de su abuela, una nebulosa sensación de paso había tenido
lugar, pero los dos eventos le parecían como dos eslabones de una misma cadena.
Los cambios
que había ocurrido en el mundo, no a él. Su abuela había muerto. Su hermano de
repente era mayor y su compañero, en vez de estar un año detrás. Los niños que
antes eran sus compañeros estaban todos un año por adelante.
Pero nadie
más notó este cambio en el universo. Él era el único fuera de ritmo. Por lo que
una gran diferencia nació entre él y los demás, algo bastante básico que había
dado lugar a discrepancias manteniéndolo fuera de sincronía con los otros.
Por
supuesto, no tenía ni idea, pero -desconocido para él también- comenzó a perderse.
Él no se dio cuenta que por cada día que pasaba ahí, otro día era
perdido. No solo eso, no era consciente que la “bestia” impregnaba su alma, que
definitivamente era, estaba siendo dañada día a día.
El shoku
y las exigentes demandas para la recuperación agotaban su fuerza vital. Y había
incluso estado curando lo que su cuerpo requería. Después de que varios meses y
años pasaron, su cuerno probablemente perdió la habilidad de recuperarse,
incluso en su entorno apropiado.
—¿Qué
sucede? —le preguntó su padre—. ¿No tienes hambre?
Su padre
vio cómo su hijo dejó de mover los palitos. Sentados a la mesa, su hijo miraba
la cena con desconcierto. Como si para intervenir, su madre lo acarició en la
cabeza y dijo:
—Ahora que
lo mencionas, a él nunca le gustó la carne. Me olvidé completamente. Lo siento.
—Deberías
dejar de mimarlo —dijo su padre fríamente—. Tu madre prepara la comida que cree
que es mejor para ti. Hay pequeños chicos como tú hambrientos en África, lo
sabes. Ser un comedor selectivo es el doble de malo. Debes comer una dieta
balanceada.
—Mucho te
ha pasado. Debes estar exhausto —su madre colocó sus brazos alrededor de sus
hombros y seriamente trató de enterrar sus diferencias—. Esta grasosa comida es
realmente picante. Está bien. Puedes dejarlo en el plato.
—No, no es
así —dijo su padre en una voz más fría—. No puedes ir por ahí tratándolo como
si fuera especial. Él tendrá mucho más que comida con la cual lidiar. No puede
contar con que la gente sienta lástima de él. Después de esto, estaremos oyendo
todo tipo de chistes del barrio. Mejor será que se endurezca antes que sea
demasiado tarde.
—Pero…
—empezó a decir su madre.
Su padre la
ignoró y se giró hacia su hijo.
—¿Entiendes?
—S-sí. Lo
siento —asintió, tomó los palitos y siguió con la comida.
Por
supuesto, no sabía que haciendo eso retrasaba aún más su recuperación.
Los hombros de Sanshi se
sacudían en medio de su letargo. Todavía medio dormida, levantaba la cabeza
ligeramente. Envuelta por la dorada oscuridad, el leve olor a sangre la
arrastraba a su pasado.
¿Qué es
esto?, se quejó perpleja y despierta en una esquina de su conciencia. Este
desagradable rastro de extranjeros. Esto que llama a los sentimientos de
inquietud. Sanshi levantó momentáneamente su cabeza, tratando de ver más allá
de la dura cáscara, pero se rindió por la frustración.
Supongo
que no fue nada.
Debe haber
sido solo su imaginación. Se estaba preocupando demasiado. Una gran emergencia
raramente venía de la nada. O eso era lo que trataba de convencerse.
Sanshi
entendió que, en un momento de crisis, Taiki había instintivamente provocado un
shoku. Sintiendo a sus atacantes, llamó al shoku e hizo su
escape. Pasó a través del portal, y al otro lado del portal estaba el mundo
extraño. El mismo mundo extraño al que Taiki había sido llevado cuando estaba
dentro del fruto dorado.
Cuando una
inesperada amenaza se presentó, su subconsciente, en extremo, tomó la
decisión correcta. Taiki instintivamente huyó al mundo que una vez había sido
habitado por gente que conocía. La madre cuyo vientre había pedido prestado y
su esposo. Y su hijo. Entre los cuales él podía ser llamado su hermano
“sustituto”, él estaba más allá del alcance de sus asaltantes. Taiki había
elegido un lugar donde su seguridad estaría garantizada.
Donde
esperaba que nada saliera mal.
Los
enemigos de Taiki difícilmente lo perseguirían. Sanshi sabía en el centro de su
ser lo difícil que sería encontrar a Taiki, habiéndolo perdido cuando estaba en
el huevo. Incluso descubriendo su ubicación tomaría un tiempo, y si Sanshi se
preocupaba por los ataques externos, entonces debería estar bien.
Cayó de
nuevo en el sueño, diciéndose que todo estaba bien. Después de que un lapso
indeterminado de tiempo había pasado, se despertó nuevamente por una extraña
sensación. Esto pasó repetidamente, a medida que Sanshi no podía hacer caso
omiso de esos desagradables ataques en sus sentidos.
¿Qué
sucede?, se preguntó, levantando su cabeza. Ella rondaba en el atardecer
azafrán, tratando de averiguar el origen de las molestias.
—Es veneno…
—dijo la voz de Gouran de algún lugar de la oscuridad.
Sanshi
entendió finalmente. No era veneno, pero se le había servido comida tan
contaminada que parecía veneno.
—¿Por qué?
—se preguntó. No podían ser sus padres sustitutos, ¿o sí? Taiki eligió venir
acá porque estaría a salvo. Pero parece que lo están lastimando aún más. Si
esto no puede parar -Sanshi se quebró- autoimponiéndose la prohibición estaba a
punto de saltar fuera del cascarón.
Resonando
de desconocidos lugares, una voz comprobaba sus acciones.
—¿Estás
diciendo que lo están reteniendo en contra de su voluntad? ¿Esos son sus
carceleros?
Las
palabras de Gouran golpearon a Sanshi como la única explicación.
—No parece
posible. ¿Cómo pudieron nuestros enemigos prever todo esto?
Sabiendo
que Taiki escaparía aquí, ¿tenían a alguien que se adelantó sustituyendo a sus
padres? ¿Era una cosa así posible?
—Todavía no
entiendo qué es lo que lo está dañando a tal extremo.
—Pero se le
está sirviendo comida envenenada.
—No percibo
enemigos. Quizá son intimidados por los poderes de Taiki y tratan de tenerlo
bajo control.
—Eso parece
probable —concordó Gouran desde las profundidades de la oscuridad—. Si es así,
siempre que sean suaves carceleros su vida no parecerá estar en peligro.
—Si se
resiste, seguramente lo entregarán a los enemigos.
Quizá,
murmuró Gouran.
Sanshi se
encontraba en una pérdida total. ¿Deberían continuar es ese estado de
continuidad o intentar aplastar a sus carceleros y liberar a Taiki? Pero
haciendo eso debilitaría enormemente las fuerzas vitales de Taiki. Y, además,
él no tenía el cuerno y los lazos psíquicos estaban bastante débiles.
Probablemente lo mejor sería permanecer allí, conservar la energía y prepararse
para un eventual ataque.
Incluso si
escapaba de sus carceleros, Taiki no tenía ningún lugar al cual ir, y Sanshi no
tenía la menor idea de dónde en ese lugar podría encontrarse. Por supuesto, no
podían regresar a Tai en un estado tan peligroso. El único lugar seguro en el
mundo era el centro, el Monte Hou. Pero ni Taiki ni Sanshi ni Gouran eran
capaces de desencadenar otro shoku.
Incluso si
pudieran, el esfuerzo por lo menos comería la fugaz fuerza vital de Taiki. Más
allá de la habilidad de regresar era la falta de un destino al cual regresar.
Si atacaban dos o tres veces mientras buscaban un lugar para refugiarse, Sanshi
no sabía si podía aguantar. Y si aguantaban, sus exhaustas fuerzas vitales,
sería inevitable que dañarían el cuerpo de Taiki.
Mientras
Taiki fuera prisionero, con “compasión”, las cosas no concluirían en un nuevo
asalto. Si el veneno no era suficiente para matarlo, quizá deberían dejarlo
pasar.
—Taiki
todavía necesita un santuario en este mundo —dijo la voz de Gouran, como si
fuera de lejos—. Algo que no sea el refugio de una prisión o el asilo provisto
por los carceleros sería mejor. Tu presenciaste toda la conmoción del otro día.
Sanshi
asintió. La gente rodeaba a Taiki. Debilitándolo física y mentalmente. En el
nombre de la “investigación”, dando vueltas de tuerca con instrumentos de
aspecto sospechoso. Tan lejos como pudiese estar de estar personas llamadas
“policías” o “doctores”, probablemente podría aguantar siendo cautivo. Aun así,
otra cosa diferente de este tipo de “santuario” sería preferible.
—Preservémonos
lo mejor que podamos, siempre y cuando el enemigo no haga un movimiento.
Descansar,
pero estar en guardia. Su furtiva voz se perdió, y sintió que Gouran cayó
en un sueño.

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