INTERLUDIO
CAPÍTULO
7
Sanshi tomó un respiro profundo. La sucia y dorada soledad la rodeaba.
Estaba en un estrecho sinfín “lugar”.
Lo hice a tiempo.
Ella se había agotado por no haber tomado ningún
descanso. Ella quería aguantar. Una vaga punzada de malestar la atravesó. Ella
dejó que el aire saliera de sus pulmones, casi asustada por su profunda
sensación de alivio.
De repente, una voz hizo eco de algún lugar fuera
de la oscuridad ámbar, devolviéndola en sí.
—Esto es…
El sorpresivo tono de voz la hizo apoderarse de sus
sentidos.
—…una celda.
—Gouran.
¿Él la había acompañado? ¿En medio de toda la
confusión?
—¿Una celda? —Sanshi estaba a punto de retarlo, en
medio del sobresalto, se dio cuenta ella también. Ellos estaban dentro de los
familiares confines de la sombra de Taiki.
En verdad, Sanshi no tenía idea de dónde estaban.
Ni siquiera de dónde descendía la sucia y dorada oscuridad. Sin tierra y sin
cielo, sin principio ni final.
Sanshi y el otro mágico ser no dormían al igual que
los animales o personas. Por lo que no había forma de imaginar tal analogía,
pero “el dormir” era para ellos como un sueño despierto. Ella entendió
vagamente que se encontraba en “algún lugar”. Pero no qué tipo de lugar o su
localización. Si la sucia niebla azafrán caía sobre ellos o si los débiles
rayos de luz dorada se irradiaban a su alrededor.
Ni siquiera una pequeña distinción.
Dondequiera que estuvieran era angosto y confinado.
Estaba bastante claro. Y algo firme y fuerte parecía estar conteniéndolo ahí. Y
no era simplemente porque, comparado con su fuerza normal, el color “dorado” de
la luz estaba terriblemente débil.
Estaban definitivamente encerrados en alguna clase
de celda.
—Esto es… —ella dijo, pero no sintió aire pasando a
través de su garganta. Solo el pensamiento. Tal vez solo la intención de
hablar.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Gouran. Pero
igualmente pudo haber sido nada más que el presentimiento de su voz. La
confusión la envolvía.
—Un depósito…
Su intuición le dijo que era Taiki. Lo que los
rodeaba le dio la total impresión de que era Taiki. Probando su hipótesis,
Sanshi intentó empujando su ingenio más allá de los confines. Normalmente
debería entrar en contacto con los lazos psíquicos de Taiki. Pero una viscosa
barrera la bloqueó.
—¡No podemos escapar de la sombra!
No, no era posible. Concentrándose con todas sus
fuerzas de alguna forma sería capaz de romper estas barreras. Pero sintió que
el esfuerzo la dejó agotada. Esto tomaría una extraordinaria cantidad de
energía y no poco de dolor.
Y todavía Sanshi no había posesionado de sus
intentos por inspeccionar sus alrededores.
La débil luz. El débil ki de Taiki. Su
brillante fuente, oculta para ellos, la terriblemente delgada corriente
psíquica cayó sobre ellos como si fuera un fuerte aguacero.
—Estamos encerrados en…
La voz de Gouran envió un escalofrío a la espalda
de Sanshi. El kirin era un ser especial. La energía requerida por estos
seres mágicos para vencer los límites entre humanos y bestias fue otorgada por
el Cielo. El hilo de la energía espiritual influenciándolos era realmente
delgado.
Los shirei vivían de esa energía. Y, por lo
tanto, sus esfuerzos eran en vano.
La apertura a través de la cual la energía era fina
también. Más importante que el débil flujo psíquico en Taiki era que él no
podía sacarlos de ahí. Ya no tenía su cuerno.
Se estaban consumiendo. La mayoría de la energía de
Taiki la consumían Sanshi y Gouran, el resto era para Taiki. Ni siquiera la
energía suficiente les llegaba como para mantener sus vidas.
Aunque sus enemigos estaban cerca.
Algunos enemigos lo atacaron. La repentina
transformación en kirin. Y el shoku levantándose por su grito.
Taiki no había sabido cómo crear un shoku. El poder dado al kirin
proviene del Cielo, pero Taiki no comprendía los poderes de los kirin
muy bien. El shoku que produjo fue puramente instintivo. La grave herida
que se había hecho en el cuerno debe estar relacionada. Algo tan terrible pudo
haber pasado mientras Sanshi y Gouran estaban viajando hacia Gyousou, de todos
los tiempos, fue sin duda parte de este tortuoso complot.
Alguien o algunos se habían asegurado de que Sanshi
y Gouran no estuvieran al lado de Taiki. Y entonces, tomar ventaja de su
ausencia para atacarlos. Si el kirin moría, igual el rey.
Esto es una insurrección, murmuró Sanshi
para sí misma. Pero ¿por quién?
En medio de la niebla del shoku, Sanshi
estaba segura de haber percibido una solitaria y duradera sombra. Pero no había
sido capaz de distinguir su identidad.
Ese debió de ser el agresor. O quizá el líder de la
rebelión. Así como dicen los rumores, atrajeron a Gyousou a la provincia de
Bun, y Taiki fue engañado para que enviase a Sanshi y Gouran con Gyousou. Como
resultado, no estuvieron ahí para protegerlo. Tomando ventaja de los hechos,
Taiki fue atacado. Pero el enemigo no mató a Taiki. Si solo por un pelo, los
asesinos hubieran fallado, los enemigos podrían estar montando un ataque
incluso ahora. Y, sin embargo, ahí seguían atrapados.
—¿Qué debemos hacer? —llegaba la voz de Gouran
desde la oscuridad de la niebla azafrán.
—Debemos dormir.
El sueño consume menos energía psíquica. No el
sueño de las bestias, lo que lo dejaría indefenso. Ellos descansarían sus
cuerpos mientras dejaban sus mentes alertas para detectar cualquier ataque.
—Recuerda vigilar. Nuestros enemigos llegarán
pronto.
En un aturdimiento, guiado por las cortinas funerarias blancas y
negras, se acercó a la casa. La multitud de gente vestida de negro llegó por el
portón principal hasta al genkon. El olor a inciensos y crisantemos
colgados sobre ellos. Entonces, varios de ellos lo notaron. Con un grito de
sorpresa los adultos corrieron hacia él. A través de las multitudes pudo ver a
un hombre y a una mujer vestidos de negro.
Detrás de la solloza familia había una foto en
crisantemos de una anciana. Al final entendió la naturaleza del edificio en el
que el altar estaba ubicado.
Esta es su casa.
“¿Dónde has estado todo este tiempo?”.
“¡Un año entero ha pasado!”.
Hablando como si fuera una sola voz, los sonidos de
la multitud parecía mojarlo como una ola. Él temió que fuera a inundarse.
Fuerte garras lo arrastraron a la orilla. Las manos de una mujer arrodillada
llorando frente a él se clavaban en sus brazos.
—¿Mamá?
Él parpadeó. En ese momento no pudo entender por
qué su madre lloraba así. ¿Qué hacía toda esa gente ahí? ¿Qué estaban gritando
todos? ¿Para qué eran esas cortinas blancas y negras? ¿Por qué la foto de su
abuela estaba expuesta así?
Con curiosidad inclinó su cabeza a un lado. Una
mujer del barrio le preguntó.
—¿Qué has estado haciendo hasta ahora?
—¿Hasta ahora? —repitió con eco.
Una avalancha de recuerdos cruzó sus pensamientos,
desapareciendo frente a su mente pudo fijarse en ellos, dejando atrás un
espacio vacío. Una cortina de nieve blanca bailaba en el fon del hoyo. Grandes
y pesados copos de nieve caían en un patio.
Él había estado de pie en ese patio. Su abuela lo
había retado y enviado afuera. Y…
—¿Qué estoy haciendo en este lugar? —preguntó a los
adultos que lo rodeaban. Al mismo tiempo, una pesada tapa se cerró dentro de
él. Todo sobre que era una bestia y no un humano, junto con su cuerno fue
sellado herméticamente dentro de él.
—¿A qué te refieres con este lugar? —La mujer
sacudió sus hombros—. ¿No te acuerdas? Has estado perdido por un año. Tu madre
y tu padre se han preocupado hasta la muerte.
—¿Yo he…?
Pero él había estado en el patio hace pocos
minutos. Levantó su brazo para apuntar el camino y sintió sus cabellos que
habían crecido. Tomó un mechón de su cabello con desconcierto.
—Definitivamente —dijeron los ancianos de pie junto
a él, secándose los ojos.
—Tu abuela te llamó. Al final ella parecía apenas
haberte dado un vistazo.
Con eso, la anciana se dio media vuelta hacia las
otras personas.
—Bueno, démosle a la familia algo de tiempo a solas
por ahora. Dejémosle decir un último adiós antes de la procesión fúnebre.
—De acuerdo —acordaron las otras voces, y fue
escoltado a la casa con su madre que seguía llorando.
Su tiempo aquí, en este lugar, nuevamente comenzaba
a avanzar. Al mismo tiempo que empezó la larga ausencia de Taiki, el “otro” y
ahora la parte olvidada de él.

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