PARTE
VIII
CAPÍTULO
22
El corredor se
llenó con los gritos de dolor y lamentación. Viendo cómo su querido Shishou aún
era amado, Shuka sintió una dolorosa opresión en su pecho.
—Shishou… —ella oyó la voz tenue y estupefacta de Eishuku detrás de
ella.
—Shishou no huyó de sus propios errores —susurró Shuka—. Eligió hacer
las cosas bien.
Eishuku gimió débilmente. Pasó más allá de ella y dejó la Corte
Imperial. Como si siguieran su ejemplo, los demás ministros salieron también.
Pero a diferencia del resto de ministros que se dirigían hacia el gran complejo
de oficinas gubernamentales al este de la Corte Imperial -sin duda para
difundir las noticias de la muerte del rey- Eishuku solo dio vuelta hacia el sur.
—Nada puede ganarse al encontrar fallas en otros.
Shuka se dio vuelta hacia el sonido triste y la dolorosa voz de Seiki.
Sonrió con una sonrisa amarga y limpió su rostro con su manga.
—Justo el tipo de cosa que esperaría que el señor Shishou dijera.
—Me pregunto qué es lo que estaba tratando de decir exactamente.
—Dijo exactamente lo que dijo. Culpar a otros y derribarlos, no
logrará nada.
—Pero ¿qué quiso decir con eso? Yo lo critiqué y lo culpé…
Seiki meneó la cabeza.
—No. Creo que el señor Shishou se refería a sí mismo. Probablemente
quería que los ministros tomaran su propio destino como instrucción moral.
—¿Shishou? No entiendo. ¿Encontrar las faltas de quién?
—Del Rey Fu.
—¿Del Rey Fu?
—Estoy seguro de que es lo que quería decir. Recuerdo a mi madre
también decir algo al respecto. Fue un tiempo atrás, durante los días de Kouto.
Shishou había levantado la bandera de Kouto y el señor Eishuku se
apresuró a unirse a ellos. Yo quería hacerlo también. La insté a ir con
nosotros a Yuunei y tomar parte en la revolución. Fue cuando ella dijo algo muy
parecido a lo que dijo el señor Shishou.
—¿La señora Shinshi lo hizo?
—Dijo que encontrar fallas es fácil,
pero hacerlo no sirve de nada.

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