CAPÍTULO
2
Era el
tercer día. Las tres horas de clase ya habían terminado, y ya había terminado
de escribir en su libreta de entrenamiento. Estaba a punto de irse a casa
cuando estudiantes de la clase 2-6 llegaron en busca de Gotou. Dijeron que
cuando estaban organizando los tablones cuadriculares durante la preparación
del festival atlético, rompieron accidentalmente una ventana. Él corrió
rápidamente hacia la zona detrás del gimnasio donde los estudiantes estaban
ocupados trabajando y arreglando todo según las instrucciones de Gotou. Los
estudiantes que se habían quedado después de la escuela para hacer los
preparativos del festival se habían reunido poco a poco y ahora eran una
multitud. Si había estudiantes de su clase que se quedaban después de la
escuela, entonces Gotou también tenía que quedarse. Y si Gotou se quedaba, era
natural que Hirose tampoco se tendría que ir.
Mientras pensaba en esas cosas, Hirose
se puso en contacto con el cuerpo docente a cargo, y al pasear por el pasillo
de regreso al salón vio a alguien en el aula 2-6. Nadie había solicitado
quedarse en el aula después de la clase ese día, así que se asomó con aprensión
y descubrió que esa persona no era otra que Takasato.
Hirose no sabía que estaba haciendo ahí,
ni tampoco si estaba pensando en algo o simplemente mirando al vacío. Solo pudo
notar que estaba sentado en su propio asiento con las manos juntas y suavemente
colocadas sobre el escritorio, mirando en dirección a la ventana. Sintió que
solo estaba ahí.
—¿Qué pasa? ¿Todavía estás aquí?
—preguntó Hirose, de pie en la puerta del aula. Takasato giró la cabeza de
repente, y luego asintió en silencio.
—Sí.
—¿Trabajando sobre los preparativos?
—Hirose inconscientemente quería encontrar un tema del cual hablar con él, y
así como lo preguntó entró al salón.
Takasato miró directamente a Hirose.
—No.
Fue en ese momento que Hirose sintió algo a los pies de Takasato.
Se detuvo y siguió con los ojos la sombra que cruzó su visión. La velocidad de
la sombra era más rápida que sus ojos y se deslizó fuera de su campo de visión.
Esto ocurrió en un instante y Hirose no había visto bien en realidad, pero,
sintió como si hubiera visto un animal. Sorprendido, Hirose miró en dirección
donde el animal se lanzó, pero, por supuesto, no vio nada.
“¿Viste eso?”, quiso preguntar al regresar la vista hacia
Takasato. No había color en la mirada de este. Inmediatamente se sintió
incómodo y solo pudo cambiar su línea de visión hacia la esquina del salón. El
aire seco de verano se había instalado en el aula vacía.
Hirose sonrió y luego miró nuevamente a
Takasato, quien nuevamente lo estaba mirando.
—¿Te quedaste para ponerte al día con la
tarea?
—No.
—¿Entonces no te sientes bien? —preguntó
Hirose dejándose llevar, pero Takasato simplemente lo miró y sacudió la cabeza.
—No.
Las respuestas de Takasato siempre eran
así de cortas. Hirose miró a la cara que le devolvió la mirada. El rostro de
Takasato no tenía ninguna expresión, era pacífico como el de alguien que está
completamente despierto.
—Eres Takasato, ¿no? —Hirose volvió a
confirmar el nombre que ya mantenía firmemente en su mente. Takasato se limitó
a asentir.
—¿No participas en los clubs después de
la escuela?
—No.
—¿Por qué? —Hirose pensó en cómo sería
posible que Takasato respondieron un poco más, así que le preguntó eso.
Takasato inclinó ligeramente la cabeza y respondió con una voz tranquila más
allá de la de sus años.
—Porque no tengo interés en particular
de ningún club.
Aunque Takasato había dicho más, la
sensación incongruente que despedía aún no cambiaba. Takasato no le estaba
dando la espalda, pero tampoco parecía como si le diera la bienvenida.
Simplemente se debía a que Hirose le había hablado de que él con respeto
respondió. Era eso lo que parecía.
—¿Qué haces entonces? ¡Ah!, no te estoy interrogando. Solo soy
curioso.
Takasato inclinó un poco la cabeza y
respondió:
—Estoy mirando hacia afuera.
—¿Solo miras? ¿No estás pensando en
nada?
—No.
“Qué tipo raro”. Hirose no pensó que estuviera viendo nada interesante, pero aún
se asomaba por la ventana. Por el ángulo, Hirose solo podía ver la mitad del techo
del gimnasio en el que estuvo y el horizonte por encima de este, que parecía
una mesa de vidrio azul. Quizá lo único que Takasato estuviera viendo desde
donde estaba sentado fuera el cielo.
—Solo se ve el cielo.
—Sí.
Takasato también giró la cabeza hacia la
ventana. Por el ángulo de su mirada, parecía estar mirando el cielo. El tiempo
afuera estaba bueno, y aunque fuera septiembre uno aún no podía ver el día
oscurecerse. El fondo frío y azul del cielo se extendía sin fin.
—No veo por qué es tan interesante este
punto panorámico —era evidente por su tono de voz que estaba desconcertado,
pero particularmente Takasato no respondió. Las líneas de su boca simplemente
se curvaron y revelaron una leve sonrisa.
Por alguna
razón Hirose se sentía incómodo, pero no estaba dispuesto a darse la vuelta y
escapar, por lo que le hizo a Takasato preguntas sin sentido. ¿En qué
competencia iba a participar durante el festival? ¿Le gustaba el ejercicio? ¿Le
gustaba la escuela? ¿En qué materia le iba mejor? ¿Quién fue su profesor tutor
en primer año? ¿A qué escuela primaria había ido? ¿Quiénes eran los miembros de
su familia?
Takasato miró a Hirose a los ojos y
respondió a cada pregunta con claridad. No se había decidido a participar en
las competencias, no le gustaba ni disgustaba hacer ejercicio, no le parecía
que la escuela fuera particularmente aburrida, no destacaba en ninguna materia,
etc. Siempre le respondía de la manera más corta y simple.
No añadía nada que no se le hubiera
preguntado, y no le hacía preguntas personales a Hirose. Cada vez que se le
preguntaba algo, él respondía, pero si no se le preguntaba, no decía nada.
Aunque no parecía que Hirose lo molestase, tampoco estaba buscando activamente
un tema de conversación.
—Esto podría ser un poco brusco, pero
creo que eres un poco raro. ¿Alguien te lo dijo antes?
Hirose sabía que esta pregunta era un
poco grosera, pero no podía dejar de preguntar. Como resultado, recibió un
breve y simple “sí” de Takasato, que no llevaba consigo ni una pizca de
emoción.
—Eso es lo que pensé —sonrió Hirose.
Takasato esbozó una ligera sonrisa también. Su expresión era como la sonrisa
falsa que los adultos utilizan para ser corteses. Takasato no le daba una
impresión grosera, así que los hacía sentir incómodos, pero aún no había forma de
librarse de esa sensación de inquietud. En cuanto a su actitud y voz, que eran
muy tranquilos, sería mejor decir que daba la impresión de la experiencia, que
decir que llevaba con ellas la madurez de sus años. Además, estas sensaciones
no encajaban bien con su aspecto juvenil actual. Esta inconsciencia estaba en
cada uno de sus movimientos y en todo lo que dijo, y esto desconcertaba a
Hirose.
Hirose comprendía personalmente la
calidad de lo extraño de lo que Gotou le había hablado. Tal vez sería mejor
decir que Takasato era extraño más que llamarlo raro. No había
nada en él que hiciera a los demás infelices, así que parecía que tener una
extraña cualidad era la única forma apropiada de describirlo. Hirose no
sabía decir en qué estaba pensando Takasato, pero podía decir que él no tenía
ningún pensamiento distorsionado en la cabeza.
—¿Te estoy molestando? Por favor,
discúlpame.
Hirose dijo esto, y ese rostro sonriente
contestó:
—No, en absoluto.
—Takasato es realmente raro —dijo Hirose
cuando estaba en el salón de química durante el almuerzo del día siguiente.
Gotou había salido a almorzar.
Había
cuatro estudiantes junto a él. Pensó que, no importaba si era el pasado o el
presente, siempre iba a haber aquellos que hicieran del salón su base. Ya sea
porque consideraban que había mucho o muy poco de algo, sus paraderos no iban a
ser encontrados en el aula. Excepto cuando Hirose estudiaba en la escuela,
todos los estudiantes que se reunían en el salón de química no tenían comparación.
Comparado a los que estuvieron antes, los estudiantes que ahora lo rodeaban al
almorzar, daban la impresión de que no eran muy buenos.
—Somos conscientes de que Takasato es
realmente raro —el estudiante que dijo esto con un tono de asombro mientras giraba
la cabeza hacia arriba, se llama Tsuiki. Al igual que Takasato, estaba en la
clase 2-6, y parecía que no fue sino hasta este año que entró en el salón de
química.
—Lo sé. Hablé con él ayer.
No había otro lugar tan bueno para
almorzar que ese salón. No solo la iluminación natural era buena, sino que el
aire acondicionado también estaba en verano. Gotou también invitaría
generosamente a todos a tomar el té. Solo que lo servía en el almuerzo.
—A primera vista, parece un tipo
realmente bueno, ¿no? —dijo Tsuiki algo sarcástico.
—¿Estás diciendo que no es realmente
bueno?
—Bueno, tal vez —esto fue dicho con el
más mínimo gesto de insatisfacción. ¿O había otra forma de verlo? Un estudiante
llamado Iwaki lo miró.
—¿Qué?
—Nada.
Por la negación de Tsuiki, Iwaki se veía
obviamente decepcionado. Él también era un estudiante de segundo año. Estaba en
la clase 2-5, pero tomó sus clases electivas con la clase 2-6.
—¿Qué? ¿Odias a Takasato?
—No es nada.
—¿Qué es?
¡Tan solo dilo! —Iwaki se negó a dejarlo salir del tema, y Tsuiki se giró en un
intento de no responder a la pregunta. El de primer año, Nozue, y el de tercer
año, Hashigami, miraron con gran interés.
—¿Es solo porque es una persona triste?
Que la primera impresión es mala. ¿O hizo algo en secreto? —preguntó Iwaki.
Tsuiki espetó:
—De todas formas, es raro.
Su tono de voz era extrañamente ansioso,
y todos tenían dudas en sus rostros.
—¿Cómo que es raro? —Hashigami siguió
preguntando, y Tsuiki miraba cada vez más abajo mientras murmuraba en tono
resulto.
—Es porque ese tipo es un tanto
diferente de las otras personas.
Hirose oyó algo en la voz que lo hizo
pensar. Inclinó la cabeza y preguntó:
—¿Takasato es desagradable?
Al oír esto, Tsuiki pareció un poco
angustiado.
—Yo no creo que a nadie le agrade
—después de decir esto miró a Hirose—. Es mejor no tener nada que ver con él.
—¿Por qué?
Tsuiki no respondió.
—¿Tiene algún problema?
—…en cualquier caso, es diferente.
Iwaki dejó escapar un suspiro exagerado.
—Él no habla mucho. ¿El bullying continúa
en curso estos días? —preguntó Iwaki irónicamente. Al oír esto Tsuiki bajó la
mirada nuevamente. Después de que él se quedara sin palabras por un momento,
habló en una voz magníficamente baja.
—No le digan a nadie que les dije esto
—advirtió a quienes estaban a su alrededor—. Takasato experimentó kamikakushi[1].
En ese momento, Hirose, que estaba
ensimismado, pensó: “¿Con qué caracteres se escribe Kamikakushi?”.
Después de pensarlo un rato, finalmente los halló, secuestro misterioso,
y no pudo evitar dejar de abrir la boca ampliamente.
—¿El secuestro misterioso? ¿Quieres
decir que un día simplemente desapareció?
Tsuiki asintió.
—Creo que pasó cuando Takasato estaba en
la escuela primaria. Realmente, un día solo desapareció, y luego regresó
repentinamente un año después. Qué fue o qué hizo durante ese tiempo,
absolutamente nadie lo sabe.
—¿Qué es lo que Takasato dice sobre
esto?
—Él no parece recordar nada al respecto.
—¿En serio?
Hashigami se inclinó hacia delante con
curiosidad.
—¿Estás seguro de que no fue tan solo un
secuestro? ¿Fue realmente secuestrado misteriosamente?
—Supongo. Es por eso por lo que Takasato
tuvo que hacer un año escolar otra vez.
—Eso es ridículo —dijo Hashigami—. ¿Y
qué? Es solo un rumor.
Tsuiki miró a Hashigami.
—¡Es verdad! Porque esta historia la
sabe todo el mundo. De cualquier forma, es por eso por lo que Takasato es tan
raro.
Hirose estaba realmente perplejo. Esta
área se había estado desarrollando rápidamente en pocos años, pero había oído
que Tsuiki y Takasato habían estado viviendo aquí antes de que el suceso
inicial comenzara. La llamada historia que la sabe todo el mundo, no
representa una historia que la sepa todo el mundo en la escuela, sino una
historia local conocida. Tiene sentido en este punto, pero hablar de un secuestro
misterioso…
—Eso es
absurdo —las palabras de Iwaki terminaron la conversación, pero la frase, secuestrado
misteriosamente, se metió en la mente de Hirose. Esencialmente, Hirose no
tenía interés en el misticismo o lo paranormal, pero no significaba que lo
rechazase del todo. Sin mencionar que cuando se trataba de Takasato, era muy
difícil para él tratar este tema como habladurías al igual que Iwaki lo había
hecho.
La quinta hora, la que seguía, era la de
clase extracurricular obligatoria. Hirose y Gotou, que regresaban del almuerzo,
se dirigieron a la sala de arte, donde la mayoría de los estudiantes ya habían
llegado.
Aunque era
llamado club de carácter obligatorio, en realidad no era tan diferente de un
club de arte. Después de que Yoneda, el profesor de arte se metiera
automáticamente en su rol, los estudiantes abandonaban el salón en parejas de
dos y tres. Hirose por su propia experiencia sabía que, aunque los estudiantes
llevaran el cuaderno bajo el brazo, se iban a la biblioteca o a alguna aula
vacía para estudiar, o a cualquier otro lugar para divertirse. Los profesores
les daban sus consentimientos tácitamente para ese tipo de cosas, los clubes
culturales eran habitualmente a los que la mayoría del alumnado se inscribía.
Por supuesto, entre los estudiantes estaban aquellos a los que sí les gustaba
pintar y permanecían en el aula. Estos comenzaron su trabajo mientras Yoneda y
Gotou conversaban vagamente a un lado.
Takasato fue uno de los estudiantes que
se quedó. Abrió su caballete, lo dispuso en una esquina del salón y luego tomó
un lienzo del armario comunal.
“¿Va a hacer una pintura al óleo?”. Adivinó Hirose con curiosidad. Quizá fuera
porque la atmósfera a su alrededor estaba asociada a las acuarelas. Utilizando
movimientos que le revelaron cierta familiaridad, Takasato tomó una caja de
pinturas del armario y la abrió. Hirose caminó hacia él en silencio.
Después de dirigirse a un lugar donde
pudiera ver la pintura, saludó a Takasato. Al oír la voz de Hirose, Takasato
miró atrás, y después de reconocer que era Hirose asintió con un pequeño gesto.
Su rostro estaba igual que el día anterior, mostrando una expresión sonriente.
Hirose levantó la mano y saludó, y luego observó por un rato como pintaba
Takasato.
Esa pintura era una que realmente dejaba
una profunda impresión en la gente. Por un largo rato fue así como Hirose
observó a Takasato y a la pintura.
—…puede que sea un poco descortés
preguntar algo como esto… —Hirose no sabía muy bien cómo decirlo, pero sabía
que no era posible para él no preguntarlo—. ¿Qué es?
En el
lienzo, parecía que los colores habían sido dispuestos sin un orden en lo más
mínimo, eran colores puros. Parecía como si pudiera ver algunas débiles
figuras, pero fue justo cuando se concentró en su mirada para tratar de ver una
forma concreta que sintió nuevamente que los esquemas eran demasiado oscuros, y
no fue capaz de ver nada realmente. El uso de colores es muy complejo. La
mayoría de los colores que usaba Takasato eran claros, pero él sentía que eran
extremadamente opacos. Era difícil para él decir que eran colores bonitos.
Independientemente de si eran los colores o la combinación de los mimos,
tampoco se podría describir como lindo, y además parecía que no había una composición
de colores de la cual hablar.
—¿Es algún tipo de vista? —preguntó
Hirose muy confuso, haciendo que Takasato abriera un poco más los ojos.
—Sí —dijo suavemente y forzó una
sonrisa. Casi parecía como si fuera una verdadera.
—¿Dónde está? —Hirose preguntó de manera
interesada, pero Takasato sacudió la cabeza.
—No me acuerdo.
—No te
acuerdas, ¿pero aún puedes pintarla? —preguntó retóricamente, aún con duda.
Takasato mostró un rostro concentrado al asentir.
—Sí.
—¿Por qué?
—Estaba
pensando, si lograra pintarla, ¿sería capaz de recordarla?
—Ya veo —respondió Hirose. Estaba
sorprendido con este extraño tipo de persona. Takasato dejó a Hirose con varias
dudas en su interior. Pronto recordó las palabras de Tsuiki: él experimentó kamikakushi,
y un año más tarde no recordaba nada.
Giró para ver a Takasato. Realmente
quería preguntarle: “¿es la vista de cuándo
desapareciste?”. Inmediatamente se obligó a mantener la boca cerrada, y se deshizo
de esa idea. Sin tomarlo en consideración, definitivamente no podía preguntar
algo así tan desenvueltamente. No podía creer ciegamente en lo que Tsuiki había
dicho, y también sentía que, si eso debía creerse, entonces menos aún podía
tomar ese asunto con rudeza.
—Qué chico peculiar —murmuró Hirose para
sí.
Si
realmente había sido sometido a algo así, entonces Takasato realmente no
recordaba lo que le sucedió dentro de ese lapso, pero esperaba ser capaz de
recordarlo. Debe ser muy incómodo para una persona perder parte de su memoria.
A pesar de ellos, Takasato aún era positivo, deseoso de recordar. Este hecho
desconcertaba a Hirose.
Las personas son extremadamente
sensibles al experimentar cosas. El tono de Tsuiki fue la típica expresión del
hecho. Takasato había sufrido aquello previamente, por lo que se hizo un poco
extraño. Era un poco diferente a los otros (por lo que no era capaz de crear
una buena sensación en los demás).
Incluso si una persona esconde deliberadamente sus gustos, sus
pensamientos todavía se transmiten a las otras personas. Hirose no pensaba que
Takasato fuera capaz de prestar atención a esto. ¿Takasato no querrá acabar con
esta desaparición? ¿Nunca pensó en sacarla de sus experiencias pasadas?
¿Nunca pensó en olvidar lo que le sucedió? …o bien, ¿había habido alguna vez
algo así como aquello después de todo?
Durante el
club, Takasato pintaba silenciosamente en su lienzo. A menudo se detenía al
pensar en lo pintado, y luego utilizaba un cuchillo para raspar algunos
colores. Lo único que Hirose podía entender (cuando los recordaba) era que lo
que pintaba era muy importante para él.
En el quinto día, el quinto período de
un viernes era un salón largo. Naturalmente el tema estaba estrictamente ligado
al festival de atletismo que se celebraría la semana siguiente. Después de que
varias advertencias se les fueran comunicadas, todo lo que quedaba por hacer
era permanecer a un lado y ver cómo el representante de la clase organizaba los
preparativos de trabajo.
Los alumnos conversaron sobre temas
dispares, mientras la reunión tomaba lugar. Era solo porque el profesor no
estaba parado en el podio que la clase estaba más ruidosa de lo normal. Casi
todos tuvieron que los eventos de competencia y la distribución del trabajo,
pero todo el proceso no era muy diferente de una vaga conversación.
Hirose
miró a su alrededor, a toda la clase, mientras esta estaba de pie dándole la
espalda. Takasato no se había unido a la charla. Había sido completamente
aislado por la atmósfera de la clase, casi como si el aire a su alrededor
hubiera sido separado. Nadie trató de hablar con él, y él tampoco buscaba
hablar con las otras personas. Simplemente se sentó y observó cómo los demás
debatían. La actitud que mostraba la gente a su alrededor era como si él no
estuviera allí.
La colaboración ya parecía haber
terminado, y las competencias en las cuales todos los estudiantes estaban
formando parte estaban claramente establecidas. El líder del comité, Gotanda,
contó los nombres de los competidores en el pizarrón para volver a confirmar,
de repente dijo:
—¿Eh? Nos falta una persona.
Hirose se
dio cuenta de que el nombre que faltaba era Takasato, pero no dijo nada.
Takasato tampoco dijo nada en particular. El alumno que estaba sentado al
frente le susurró a Gotanda algo en el oído, y la mirada de este se volvió
nerviosa mientras lo veía.
—Takasato, ¿hay algún evento en el que
te gustaría participar? —la voz de Gotanda era nerviosa. Takasato ofreció un
breve y simple “no”. Gotanda vacilante dirigió su mirada de Takasato a la
pizarra—. Todo lo que queda son los doscientos metros llanos. ¿Está bien?
Takasato asintió con la cabeza sin una
expresión en el rostro. Gotanda se relajó con un suspiro de alivio.
Hirose observó desarrollarse todo
mientras trataba de observar la atmósfera de la clase. Takasato estaba aislado,
y todos los estudiantes pasaban por alto su presencia. Lo que le pareció
realmente extraño fue que no pudo sentir ningún rencor aquí. Parecía como si
nadie lo excluyera porque tuviera alguna mala intención. Ellos solo evitaban
mirar a Takasato. Esta fue la impresión que le daba a Hirose.
Después,
los estudiantes dejaron las aulas para trabajar en lo que se les había asignado.
Según el convenio, el festival de atletismo dividía desde los de primer y
tercer año para hacer una competencia en tres equipos. Los cursos cinco y seis
de cada año, que comúnmente eran llamados el Ejército Azul, fueron combinados
en un solo equipo. El quinto período de un viernes era un gran salón para todo
el alumnado, por lo que los de primer y tercer año comenzaron a frecuentar el
salón de clase.
Gotou bostezó mientras regresaba al
laboratorio de química, a pesar de que Hirose permanecía en el aula. Miraba
inadvertidamente cómo los estudiantes hablaban y trabajaban.
—Maestro Hirose, si está libre, ¿podría
ayudarnos? —después de haber sido llamado de esa forma, Hirose sonrió.
—¿Qué sería lo mejor que puedo hacer?
—Ayudar a
cortar esto —el estudiante le alcanzó diarios. Parecía que se estaban
preparando para hacer papel mache. Takasato se sentó no muy lejos, y también
estaba cortando sumisamente con tijeras.
—¿Ah? Señor Hirose, ¿también ha sido
contratado?
Al oír esto, Hirose levantó la mirada y vio al de tercer año,
Hashigami, que se estaba dando una vuelta por ahí.
—¿Qué no es esto lo que hacen los
profesores practicantes?
—El entrenamiento es muy duro después de
todo. ¿…hay alguien aquí a cargo del equipo de animadores? —preguntó Hashigami
mientras miraba a la gente que quedaba en el aula. Uno levantó la mano y
Hashigami comenzó a pasar algo de información sobre la coordinación acerca de
cómo tenía que quedarse después de clase para discutir los arreglos para el
equipo de animadores.
—Takasato, ahora, haz esto —justo en ese
momento, alguien le alcanzó un trazo de tela azul a Takasato, que entonces
estaba clasificando el papel que había cortado.
Takasato asintió con la cabeza y tomó el pedazo de tela. Hashigami
lo miró.
—¿Así que tú eres Takasato?
—Sí —independientemente de si se trataba
de un profesor o un practicante, no había ningún cambio en la actitud de
Takasato. Esos ojos sin expresión simplemente le devolvieron la mirada a
Hashigami.
—Ah,
¿sí? —respondió Hashigami con mucho interés, y luego preguntó—. Oí que fuiste raptado
misteriosamente cuando eras pequeño.
Es imposible describir el cambio que
sufrió el aula después de haber dicho eso. Hirose sintió como si una sensación
de nerviosismo tan espesa levantara la atención de los estudiantes presentes.
En un instante, todos regresaron a sus trabajos pretendiendo que nada había
pasado en lo absoluto, pero todos parecían estar desesperados por desviar la
mirada de algo incómodo.
—¿Es eso verdad? —preguntó Hashigami con
un tono de leve curiosidad. Takasato solo asintió en silencio.
—¿No fue solo un secuestro? He oído que
no recuerdas nada en lo absoluto. ¿Es eso cierto?
—Sí —respondió claramente Takasato. No
parecía que estuviese especialmente incómodo.
—Así que fue una bien conocida pérdida
de la memoria, ¿eh? Increíble…
Entonces, por primera vez, Takasato
frunció el ceño. Aunque no parecía que estuviese infeliz por algo, uno apenas
podía sentir que no le gustaba discutir ese tema.
—¿Estás seguro de que no fuiste
secuestrado por un OVNI? Se oye de muchos casos similares últimamente. Esos
espeluznantes extraterrestres experimentando en los cuerpos de los humanos, y
luego de limpiar tu cerebro te regresan.
Takasato abrió la boca para hablar. Esta
fue la primera vez que Hirose lo vio hablar sin que se lo preguntaran.
—¿De quién lo oíste?
Hashigami levantó el mentón y sin ninguna vacilación miró a
Tsuiki. “Tonto cruel”, pensó Hirose para sí. Entonces, oyó el violento
choque de una silla al caer, y su expresión se congeló. Volvió a mirar de donde
provenía el ruido y simplemente vio que la expresión de Tsuiki había cambiado y
que ahora estaba de pie.
—¡No fui yo!
Lo que sorprendió a los demás fue el
pánico en la cara de Tsuiki.
—¡Por favor, créeme! ¡Yo no lo dije!
—negó Tsuiki fervientemente.
Hashigami rio.
—Si no fuiste tú, ¿quién lo dijo?
—¡Yo no! ¡Yo no dije nada!
Takasato miró hacia abajo. Su frente
estaba un poco arrugada, pero nadie estaba seguro de lo que ese sentimiento
expresaba.
—No fui yo, Takasato.
Un sorprendido Hashigami siguió a Tsuiki
con la mirada mientras este salía del aula.
—¿Qué le pasa?
Hirose también estaba estupefacto. ¿Por
qué Tsuiki habría estado tan nervioso que toda su expresión había cambiado? En
ese momento, Hirose descubrió algo más, que todos los estudiantes presentes
tenían una extraña expresión en el rostro.
Todos parecían estar nerviosos, y además
todos hacían lo más que podían por tratar de esconder ese nerviosismo. Todos
pretendían no haber notado el inusual comportamiento de Tsuiki. Hirose pensó
que todos tenían el tipo de respuesta que tiene la gente cuando son testigos de
la escena de un borracho en el tren.
Hirose
miró a Takasato. Su rostro estaba blanco nuevamente. No parecía ser el tipo de
persona que era secretamente violenta. Hirose no lo consideraba el tipo de
persona que infundiera temor en los otros.
—Creo que este Tsuiki está
resultando ser aún más raro —murmuró Hashigami para sí. Sin embargo, ningún
estudiante dio respuesta alguna.
Después de que la escuela terminase,
el clamor en el terreno de la escuela no se había calmado. Uno de los equipos
estaba parado bajo la ventana del laboratorio de química, trabajando duro en un
cartel, y en algún lugar, el quipo de animadores del Ejército Rojo estaba
practicando. La clase 2-6 también se había registrado para permanecer después
del horario escolar. Gotou pintaba alegremente, así que Hirose era libre de
enterrar su cabeza en el entrenamiento diario.
Fue justo cuando Gotanda del comité
estudiantil entró agitadamente.
—Maestro, alguien está herido.
—¿Herido? ¿Quién?
—Tsuiki.
Hirose dejó caer repentinamente la pluma
de la mano.
—¿Tsuiki? ¿Qué pasó? ¿Hubo alguna pelea?
—preguntó Hirose con aprensión, sin olvidar aquella extraña escena.
Inesperadamente, Gotanda sacudió la
cabeza.
—Cuando estábamos haciendo la valla, su
pierna fue herida extrañamente con una sierra.
—Oh… ya veo —curiosamente, Hirose
dejó escapar un suspiro de alivio.
—¿En serio? —preguntó Gotou, y Gotanda
se encogió de hombros. No parecía haber ningún problema serio.
—Cuando lo llevamos a la enfermería
estaba sangrando un poco.
—Iré a ver cómo se encuentra —dijo
Hirose poniéndose de pie. Gotou asintió.
Cuando Hirose y Gotanda llegaron a la
enfermería, Tsuiki ya se había ido a casa.
—¿Se fue a casa?
“Si se pudo ir por su cuenta, eso
significa que no era nada grave, ¿verdad?”. Hirose
sintió como una carga se iba de sus hombros, pero al mismo tiempo le resultaba
difícil relajarse. El profesor enfermero, Totoki, sonreía con ironía.
—Yo no sé por qué, pero se lo veía muy
decidido a irse a casa.
El profesor enfermero de cuando Hirose
estudiaba en la escuela ya había alcanzado la edad y se retiró. Totoki era uno
de los pocos profesores que Hirose no había visto antes.
—En
realidad su lesión no era tan grave como para que necesitase puntos, pero le
dije que sería mejor si fuera al hospital por una consulta.
—Entiendo…
Hirose levantó la mano y saludó a
Gotanda, quien asintió sin entender y salió de la enfermería. Hirose luego miró
a Totoki e hizo una leve inclinación.
—Lamento la molestia.
—Para nada —después de decir esto,
Totoki, que tenía una edad cercana a la de Hirose, sonrió.
—¿Le gustaría un té? ¿Cómo le va en el
entrenamiento?
—Es un poco más fácil de lo que pensé
que sería.
Junto al gesto de Totoki, Hirose se sentó en la silla contigua.
Totoki preparó una taza de té de cebada.
—¿Maestro Hirose, qué materia enseña?
—Química.
—Ah, entonces su maestro supervisor debe
ser Gotou, ¿no?
—Sí.
—¿No es duro? Oí que le encarga todos
sus estudiantes al maestro practicante.
—Sí, lo
hace —sonrió Hirose mientras tomaba la taza de té—. ¿Maestro Totoki, también se
está quedando en horas después de la escuela?
—Cuando se
hace hora del festival de atletismo o de la cultura siempre tengo que esperar
que el último estudiante se vaya a casa para poder irme. Ya que alguien podría
necesitarme en cualquier momento.
Totoki se rio suavemente y se sentó.
—Los niños
de ahora son un poco torpes. Justo ahora que… —Mientras Totoki decía esto
miraba la libreta—. ¿Tsuiki? Dijo que había apoyado firmemente la tabla sobre
su pierna y el corte se hizo con cuidado.
—¿Usó su pierna?
—Usó su rodilla para mantener la tabla,
como resultado, se cortó la canilla. Seguro que es un poco torpe por apoyar así
la tabla, pero el que cortaba tampoco era muy bueno.
Hirose miró nuevamente a Totoki.
—¿No se dañó él mismo?
—No. Había otros ayudando con la sierra.
—¿Sabe el nombre de los otros alumnos
que usaban la sierra? —preguntó Hirose. Totoki miró incierto la libreta.
—Probablemente fuera el estudiante que
vino acá después de él. Veamos, Seta.
Hirose no pudo evitar soltar un suspiro
de alivio.
—¿Qué pasa?
Al escuchar a Totoki preguntar eso, Hirose sacudió la cabeza.
Totoki inclinó la cabeza con duda y dijo:
—Bueno, la situación no está tan mal. El
de tercer año que vino antes de ellos casualmente tuvo un clavo incrustado en
la mano.
—¿El de tercer año? —Hirose tuvo un
mal presentimiento. Totoki asintió.
—De alguna manera se había clavado un
clavo de doce centímetros en la palma, hasta la cabeza del clavo, y lo había
hecho él mismo. Realmente me pregunto cómo estaría usando el martillo como para
hacer eso.
—Él…
Totoki asintió.
—Lo envié al hospital inmediatamente, ya
que además estaba usando un clavo viejo que alguien había traído. Este tipo de
cosas son las que más me dan miedo.
—Oh, no, no
estaba preguntando eso —Incluso Hirose pensó que su manera de pensar era un
tanto extraña, pero sin importar qué, quería averiguar el nombre del
estudiante—. ¿Cuál es el nombre del chico?
Totoki
abrió bien los ojos y pasó las hojas de su libreta por tercera vez.
—Tercer año, clase cinco, Hashigami.
En su camino de regreso al laboratorio,
Hirose no sabía cómo mostrar su estado de ánimo en lo absoluto.
Tsuiki y Hashigami. Parecía que había
otro significado para esto. Si bien entendía que probablemente no habría ningún
significado en particular para el hecho. Le parecía haber visto señales
extrañas una tras otra. Hashigami, los estudiantes nerviosos, Tsuiki que se
hundió rápidamente… y Takasato.
Desde el área de la oficina principal
que albergaba la enfermería, podía ir directamente de regreso a la sección de
clases especiales. Lentamente ascendió por las escaleras principales al tercer
piso. Un descanso fue diseñado entre los tramos de escaleras cuando estas
doblaban, después de los cuales uno podía seguir subiendo. La pared respectiva
al descanso estaba completamente ocupada por una ventana que iba desde el piso
hasta el techo. Del otro lado de la ventana podía ver los colores del
crepúsculo cubriendo el edificio de la escuela. Estaba frente a las aulas bien
dispuestas de la sección de clases, con el amplio césped de por medio.
El vidrio que formaba una línea
horizontal era la ventana del pasillo. La mayoría de los interiores del
edificio junto a las ventas estaban iluminados con luces. Cuando Hirose acercó
la cabeza al vidrio del descanso pudo ver claramente el interior de la sección
de clases. Los estudiantes iban y venían por el pasillo iluminado. Incluso
podía, a través de las puertas abiertas, ver las siluetas de aquellos que
trabajaban dentro de las aulas.
Hirose se olvidó de la agitación que
acaba de tener, y sin pensarlo, sonrió. El entusiasmo de los estudiantes que
surgía por el festival siempre era como el trabajar de los ratones, y había
algo en ello que lo hizo sonreír. Hirose estaba mirando a los alumnos cuando,
repentinamente algo llamó su atención. Su línea de visión se detuvo en un estudiante,
que estaba parado frente a la ventana a un extremo del edificio de la escuela.
En medio de todo el bullicioso ir y
venir, solo había una persona que no se movía. Estaba parado en la ventana del
segundo piso y parecía estar mirando el césped.
Hirose no pudo evitar parpadear un poco
y luego cerrar los ojos por un segundo. Después abrió ampliamente los ojos y
miró hacia la segunda planta del otro lado. Levantó la mano y limpió el vidrio,
y luego observó más de cerca.
La distancia entre las dos secciones no
era la suficiente como para que viera el rostro del estudiante claramente, pero
Hirose podía ver que había un par de brazos descansando sobre sus hombros. Eran
brazos desnudos. Los uniformes actuales de los estudiantes eran de maga corta,
por lo que era normal ver el codo de un estudiante. Sin embargo, esos brazos
estaban expuestos por detrás. Por un momento, Hirose pensó que el estudiante le
daba la espalda a alguien, pero no podía ver el resto de la persona más allá de
los hombros. Simplemente había dos brazos que descansaban suavemente sobre sus
hombros.
Hirose pensó que estaba viendo algo que
no podía existir. ¿Por qué no podía ver la cabeza o los hombros del dueño de
aquellos brazos? El brazo superior parecía descansar completamente sobre el
hombro del estudiante y, sin embargo, Hirose no podía distinguir ningún tipo de
figura detrás. La postura del estudiante con los brazos sobre sus hombros no
parecía que estuviera cargando ningún peso. Casi parecía que esos brazos
crecían de su cuello y colgaban frente a su pecho. Unos pocos estudiantes
cruzaron detrás de él rápidamente, aunque ninguno de ellos notó nada anormal.
Cuando Hirose miraba una y otra vez al
estudiante y los brazos, este giró inesperadamente a un lado. Solo giró la
cabeza, y desde donde veía surgieron dos estudiantes.
Hirose no pudo evitar suspirar de
alivio. Debe haber sido solo una broma. Tomó los brazos falsos que habría
utilizado en el concurso de disfraces (el más famoso de la escuela) y los
estaba colgando frente al pecho como broma. Y cuando la gente lo miraba, lo
llamaban. Eso debió haber sido.
El alumno de la ventana dijo algo, y
luego giró dejando la espalda frente a la ventana. Le tomó un tiempo
extremadamente corto girar, parecía como si esos brazos llegaban hasta su
espalda y desaparecían. Todo el proceso se veía como un par de serpientes que
se deslizaban hacia atrás. Por supuesto, ninguna figura podía distinguirse en
la parte posterior del estudiante que daba a la ventana.
Hirose se distrajo por un tiempo. Apoyó
la frente sobre el vidrio e imaginó lo que acaba de ver.
“Fue por la distancia”, dijo Hirose para sí mismo. “Sí, fue debido a la distancia y a
la iluminación de fondo”.
Ahora, en
medio de los preparativos para el festival, dentro de la escuela había
cualquier tipo de cosas. Había figuras de papel maché, disfraces y cosas del
equipo de animadores que uno no podría imaginar su uso con tan solo un vistazo.
Debió haber sido a causa de las
anormales circunstancias que lo hicieron ver las cosas de la forma en que las
vio.
Eso fue lo
que Hirose se dijo, luego suspiró. El aire caliente había hecho que la frente
se le empapara de sudor. Se forzó a sí mismo a no pensar más en ello y
aprovechó la oportunidad para voltearse. La imagen de lo que había pasado se
situó en un profundo rincón de su mente.
En lo profundo de la noche, un hombre
corría a su casa. El aire de la noche chocaba suavemente contra su piel
sudorosa, lo que lo hacía sudar más.
Había bebido un poco. El hombre entró
caminando a la calle apegado a su instinto, aunque, por el contrario, no había
forma de que sus instintos se apegaran muy bien en este barrio de edificios
iguales. Más de una vez había tocado el timbre de alguna otra persona.
Con su memoria, algunos sentidos aún
permanecían en él y, por lo tanto, a menudo se detenía a levantar la cabeza y
mirar arriba. Con los edificios, todos con el mismo diseño exterior,
perfectamente alineados, parecían enormes lápidas. Hizo verificaciones
frecuentemente. Los números de las construcciones colgaban en una gran cerámica
a un costado de la planta más alta de los doce edificios históricos frente a la
escalera de emergencias.
“Lo he hecho muchas veces, ¿por qué
lo sigo haciendo mal?”,
pensó.
Al mismo tiempo recordó: makuragaeshi.
De regreso en su ciudad natal, había una
leyenda acerca del makuragaeshi. Se dice que hay un demonio llamado makuragaeshi,
que sale durante la noche y mueve la almohada de una persona profundamente
dormida a un lugar diferente. Cada vez que él iba a casa de su abuela en el
campo, el makuragaeshi aparecía. Cuando se levantaba a la mañana, su
almohada siempre aparecía a sus pies. Aunque, cuando se quedaba inmóvil después
de abrir los ojos, sentía como la posición de su futón era diferente. Ahora,
cuando pensaba en ello, quizás era probable que la postura al dormir no fuera
muy buena, pero él aún no podía olvidar esa misteriosa sensación, la inquietud
al despertarse en una vieja habitación de tatami[2] de la vieja casa de campo. Después de pensarlo detenidamente, el futón no se
había movido la noche anterior, sin embargo, le quedaban algunos pensamientos
que no era capaz de explicar.
Sonrió al
detenerse. Se quedó mirando el edificio frente a él. Había confirmado que
estaba en el edificio al cual se suponía debería haber regresado.
Asintió con la cabeza de manera
arbitraria y miró arriba una vez más. No había otras figuras en el camino en el
cual se suponía que los autos no podían manejar. Sus pasos hicieron eco en el
espacio abierto. Parecía que los grandes edificios estaban a punto de caérsele
encima. Giró la cabeza y miró a su alrededor, sintiéndose ligeramente mareado.
Sacudió la cabeza y se dio cuenta de que
había una luz blanca en la parte superior del edifico al que estaba mirando.
Brillaba débilmente. Había un tenue
círculo brillante en el borde del techo. El hombre parpadeó varias veces y
luego lo miró fijamente. Vio algo salir de la luz.
La mandíbula del hombre cayó por la
sorpresa. Era como si algún animal hubiese trepado hasta la luz. No sabía
exactamente lo que era, pero sabía que era una enorme bestia de cuatro patas.
Era muy grande para ser un perro. El cuerpo de la bestia de cuatro patas se
hacía más oscuro y no había forma de que lo identificara, aunque vio que estaba
emitiendo un pequeño resplandor por la espalda.
“¿Qué demonios es eso?”, se preguntó, pero
antes de que pudiera pensar más en ello, la bestia de cuatro patas saltó hacia
el aire. Pasó por encima de su cabeza tan rápido como si hubiera estado nadando
en el agua y se deslizó a través de los doce edificios históricos.
Incluso después de que su silueta
desapareciera, él aún permanecía atónito, mirando en la misma dirección.

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