Entrada destacada

El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

martes, 16 de mayo de 2023

El Niño Demoníaco - Capítulo 2

 

CAPÍTULO 2

 

 

 

Era el tercer día. Las tres horas de clase ya habían terminado, y ya había terminado de escribir en su libreta de entrenamiento. Estaba a punto de irse a casa cuando estudiantes de la clase 2-6 llegaron en busca de Gotou. Dijeron que cuando estaban organizando los tablones cuadriculares durante la preparación del festival atlético, rompieron accidentalmente una ventana. Él corrió rápidamente hacia la zona detrás del gimnasio donde los estudiantes estaban ocupados trabajando y arreglando todo según las instrucciones de Gotou. Los estudiantes que se habían quedado después de la escuela para hacer los preparativos del festival se habían reunido poco a poco y ahora eran una multitud. Si había estudiantes de su clase que se quedaban después de la escuela, entonces Gotou también tenía que quedarse. Y si Gotou se quedaba, era natural que Hirose tampoco se tendría que ir.

Mientras pensaba en esas cosas, Hirose se puso en contacto con el cuerpo docente a cargo, y al pasear por el pasillo de regreso al salón vio a alguien en el aula 2-6. Nadie había solicitado quedarse en el aula después de la clase ese día, así que se asomó con aprensión y descubrió que esa persona no era otra que Takasato.

Hirose no sabía que estaba haciendo ahí, ni tampoco si estaba pensando en algo o simplemente mirando al vacío. Solo pudo notar que estaba sentado en su propio asiento con las manos juntas y suavemente colocadas sobre el escritorio, mirando en dirección a la ventana. Sintió que solo estaba ahí.

—¿Qué pasa? ¿Todavía estás aquí? —preguntó Hirose, de pie en la puerta del aula. Takasato giró la cabeza de repente, y luego asintió en silencio.

—Sí.

—¿Trabajando sobre los preparativos? —Hirose inconscientemente quería encontrar un tema del cual hablar con él, y así como lo preguntó entró al salón.

Takasato miró directamente a Hirose.

—No.

Fue en ese momento que Hirose sintió algo a los pies de Takasato. Se detuvo y siguió con los ojos la sombra que cruzó su visión. La velocidad de la sombra era más rápida que sus ojos y se deslizó fuera de su campo de visión. Esto ocurrió en un instante y Hirose no había visto bien en realidad, pero, sintió como si hubiera visto un animal. Sorprendido, Hirose miró en dirección donde el animal se lanzó, pero, por supuesto, no vio nada.

¿Viste eso?”, quiso preguntar al regresar la vista hacia Takasato. No había color en la mirada de este. Inmediatamente se sintió incómodo y solo pudo cambiar su línea de visión hacia la esquina del salón. El aire seco de verano se había instalado en el aula vacía.

Hirose sonrió y luego miró nuevamente a Takasato, quien nuevamente lo estaba mirando.

—¿Te quedaste para ponerte al día con la tarea?

—No.

—¿Entonces no te sientes bien? —preguntó Hirose dejándose llevar, pero Takasato simplemente lo miró y sacudió la cabeza.

—No.

Las respuestas de Takasato siempre eran así de cortas. Hirose miró a la cara que le devolvió la mirada. El rostro de Takasato no tenía ninguna expresión, era pacífico como el de alguien que está completamente despierto.

—Eres Takasato, ¿no? —Hirose volvió a confirmar el nombre que ya mantenía firmemente en su mente. Takasato se limitó a asentir.

—¿No participas en los clubs después de la escuela?

—No.

—¿Por qué? —Hirose pensó en cómo sería posible que Takasato respondieron un poco más, así que le preguntó eso. Takasato inclinó ligeramente la cabeza y respondió con una voz tranquila más allá de la de sus años.

—Porque no tengo interés en particular de ningún club.

Aunque Takasato había dicho más, la sensación incongruente que despedía aún no cambiaba. Takasato no le estaba dando la espalda, pero tampoco parecía como si le diera la bienvenida. Simplemente se debía a que Hirose le había hablado de que él con respeto respondió. Era eso lo que parecía.

—¿Qué haces entonces? ¡Ah!, no te estoy interrogando. Solo soy curioso.

Takasato inclinó un poco la cabeza y respondió:

—Estoy mirando hacia afuera.

—¿Solo miras? ¿No estás pensando en nada?

—No.

“Qué tipo raro”. Hirose no pensó que estuviera viendo nada interesante, pero aún se asomaba por la ventana. Por el ángulo, Hirose solo podía ver la mitad del techo del gimnasio en el que estuvo y el horizonte por encima de este, que parecía una mesa de vidrio azul. Quizá lo único que Takasato estuviera viendo desde donde estaba sentado fuera el cielo.

—Solo se ve el cielo.

—Sí.

Takasato también giró la cabeza hacia la ventana. Por el ángulo de su mirada, parecía estar mirando el cielo. El tiempo afuera estaba bueno, y aunque fuera septiembre uno aún no podía ver el día oscurecerse. El fondo frío y azul del cielo se extendía sin fin.

—No veo por qué es tan interesante este punto panorámico —era evidente por su tono de voz que estaba desconcertado, pero particularmente Takasato no respondió. Las líneas de su boca simplemente se curvaron y revelaron una leve sonrisa.

Por alguna razón Hirose se sentía incómodo, pero no estaba dispuesto a darse la vuelta y escapar, por lo que le hizo a Takasato preguntas sin sentido. ¿En qué competencia iba a participar durante el festival? ¿Le gustaba el ejercicio? ¿Le gustaba la escuela? ¿En qué materia le iba mejor? ¿Quién fue su profesor tutor en primer año? ¿A qué escuela primaria había ido? ¿Quiénes eran los miembros de su familia?

Takasato miró a Hirose a los ojos y respondió a cada pregunta con claridad. No se había decidido a participar en las competencias, no le gustaba ni disgustaba hacer ejercicio, no le parecía que la escuela fuera particularmente aburrida, no destacaba en ninguna materia, etc. Siempre le respondía de la manera más corta y simple.

No añadía nada que no se le hubiera preguntado, y no le hacía preguntas personales a Hirose. Cada vez que se le preguntaba algo, él respondía, pero si no se le preguntaba, no decía nada. Aunque no parecía que Hirose lo molestase, tampoco estaba buscando activamente un tema de conversación.

—Esto podría ser un poco brusco, pero creo que eres un poco raro. ¿Alguien te lo dijo antes?

Hirose sabía que esta pregunta era un poco grosera, pero no podía dejar de preguntar. Como resultado, recibió un breve y simple “sí” de Takasato, que no llevaba consigo ni una pizca de emoción.

—Eso es lo que pensé —sonrió Hirose. Takasato esbozó una ligera sonrisa también. Su expresión era como la sonrisa falsa que los adultos utilizan para ser corteses. Takasato no le daba una impresión grosera, así que los hacía sentir incómodos, pero aún no había forma de librarse de esa sensación de inquietud. En cuanto a su actitud y voz, que eran muy tranquilos, sería mejor decir que daba la impresión de la experiencia, que decir que llevaba con ellas la madurez de sus años. Además, estas sensaciones no encajaban bien con su aspecto juvenil actual. Esta inconsciencia estaba en cada uno de sus movimientos y en todo lo que dijo, y esto desconcertaba a Hirose.

Hirose comprendía personalmente la calidad de lo extraño de lo que Gotou le había hablado. Tal vez sería mejor decir que Takasato era extraño más que llamarlo raro. No había nada en él que hiciera a los demás infelices, así que parecía que tener una extraña cualidad era la única forma apropiada de describirlo. Hirose no sabía decir en qué estaba pensando Takasato, pero podía decir que él no tenía ningún pensamiento distorsionado en la cabeza.

—¿Te estoy molestando? Por favor, discúlpame.

Hirose dijo esto, y ese rostro sonriente contestó:

—No, en absoluto.

  

 

—Takasato es realmente raro —dijo Hirose cuando estaba en el salón de química durante el almuerzo del día siguiente. Gotou había salido a almorzar.

Había cuatro estudiantes junto a él. Pensó que, no importaba si era el pasado o el presente, siempre iba a haber aquellos que hicieran del salón su base. Ya sea porque consideraban que había mucho o muy poco de algo, sus paraderos no iban a ser encontrados en el aula. Excepto cuando Hirose estudiaba en la escuela, todos los estudiantes que se reunían en el salón de química no tenían comparación. Comparado a los que estuvieron antes, los estudiantes que ahora lo rodeaban al almorzar, daban la impresión de que no eran muy buenos.

—Somos conscientes de que Takasato es realmente raro —el estudiante que dijo esto con un tono de asombro mientras giraba la cabeza hacia arriba, se llama Tsuiki. Al igual que Takasato, estaba en la clase 2-6, y parecía que no fue sino hasta este año que entró en el salón de química.

—Lo sé. Hablé con él ayer.

No había otro lugar tan bueno para almorzar que ese salón. No solo la iluminación natural era buena, sino que el aire acondicionado también estaba en verano. Gotou también invitaría generosamente a todos a tomar el té. Solo que lo servía en el almuerzo.

—A primera vista, parece un tipo realmente bueno, ¿no? —dijo Tsuiki algo sarcástico.

—¿Estás diciendo que no es realmente bueno?

—Bueno, tal vez —esto fue dicho con el más mínimo gesto de insatisfacción. ¿O había otra forma de verlo? Un estudiante llamado Iwaki lo miró.

—¿Qué?

—Nada.

Por la negación de Tsuiki, Iwaki se veía obviamente decepcionado. Él también era un estudiante de segundo año. Estaba en la clase 2-5, pero tomó sus clases electivas con la clase 2-6.

—¿Qué? ¿Odias a Takasato?

—No es nada.

—¿Qué es? ¡Tan solo dilo! —Iwaki se negó a dejarlo salir del tema, y Tsuiki se giró en un intento de no responder a la pregunta. El de primer año, Nozue, y el de tercer año, Hashigami, miraron con gran interés.

—¿Es solo porque es una persona triste? Que la primera impresión es mala. ¿O hizo algo en secreto? —preguntó Iwaki.

Tsuiki espetó:

—De todas formas, es raro.

Su tono de voz era extrañamente ansioso, y todos tenían dudas en sus rostros.

—¿Cómo que es raro? —Hashigami siguió preguntando, y Tsuiki miraba cada vez más abajo mientras murmuraba en tono resulto.

—Es porque ese tipo es un tanto diferente de las otras personas.

Hirose oyó algo en la voz que lo hizo pensar. Inclinó la cabeza y preguntó:

—¿Takasato es desagradable?

Al oír esto, Tsuiki pareció un poco angustiado.

—Yo no creo que a nadie le agrade —después de decir esto miró a Hirose—. Es mejor no tener nada que ver con él.

—¿Por qué?

Tsuiki no respondió.

—¿Tiene algún problema?

—…en cualquier caso, es diferente.

Iwaki dejó escapar un suspiro exagerado.

—Él no habla mucho. ¿El bullying continúa en curso estos días? —preguntó Iwaki irónicamente. Al oír esto Tsuiki bajó la mirada nuevamente. Después de que él se quedara sin palabras por un momento, habló en una voz magníficamente baja.

—No le digan a nadie que les dije esto —advirtió a quienes estaban a su alrededor—. Takasato experimentó kamikakushi[1].

En ese momento, Hirose, que estaba ensimismado, pensó: “¿Con qué caracteres se escribe Kamikakushi?”. Después de pensarlo un rato, finalmente los halló, secuestro misterioso, y no pudo evitar dejar de abrir la boca ampliamente.

—¿El secuestro misterioso? ¿Quieres decir que un día simplemente desapareció?

Tsuiki asintió.

—Creo que pasó cuando Takasato estaba en la escuela primaria. Realmente, un día solo desapareció, y luego regresó repentinamente un año después. Qué fue o qué hizo durante ese tiempo, absolutamente nadie lo sabe.

—¿Qué es lo que Takasato dice sobre esto?

—Él no parece recordar nada al respecto.

—¿En serio?

Hashigami se inclinó hacia delante con curiosidad.

—¿Estás seguro de que no fue tan solo un secuestro? ¿Fue realmente secuestrado misteriosamente?

—Supongo. Es por eso por lo que Takasato tuvo que hacer un año escolar otra vez.

—Eso es ridículo —dijo Hashigami—. ¿Y qué? Es solo un rumor.

Tsuiki miró a Hashigami.

—¡Es verdad! Porque esta historia la sabe todo el mundo. De cualquier forma, es por eso por lo que Takasato es tan raro.

Hirose estaba realmente perplejo. Esta área se había estado desarrollando rápidamente en pocos años, pero había oído que Tsuiki y Takasato habían estado viviendo aquí antes de que el suceso inicial comenzara. La llamada historia que la sabe todo el mundo, no representa una historia que la sepa todo el mundo en la escuela, sino una historia local conocida. Tiene sentido en este punto, pero hablar de un secuestro misterioso

—Eso es absurdo —las palabras de Iwaki terminaron la conversación, pero la frase, secuestrado misteriosamente, se metió en la mente de Hirose. Esencialmente, Hirose no tenía interés en el misticismo o lo paranormal, pero no significaba que lo rechazase del todo. Sin mencionar que cuando se trataba de Takasato, era muy difícil para él tratar este tema como habladurías al igual que Iwaki lo había hecho.

  

 

La quinta hora, la que seguía, era la de clase extracurricular obligatoria. Hirose y Gotou, que regresaban del almuerzo, se dirigieron a la sala de arte, donde la mayoría de los estudiantes ya habían llegado.

Aunque era llamado club de carácter obligatorio, en realidad no era tan diferente de un club de arte. Después de que Yoneda, el profesor de arte se metiera automáticamente en su rol, los estudiantes abandonaban el salón en parejas de dos y tres. Hirose por su propia experiencia sabía que, aunque los estudiantes llevaran el cuaderno bajo el brazo, se iban a la biblioteca o a alguna aula vacía para estudiar, o a cualquier otro lugar para divertirse. Los profesores les daban sus consentimientos tácitamente para ese tipo de cosas, los clubes culturales eran habitualmente a los que la mayoría del alumnado se inscribía. Por supuesto, entre los estudiantes estaban aquellos a los que sí les gustaba pintar y permanecían en el aula. Estos comenzaron su trabajo mientras Yoneda y Gotou conversaban vagamente a un lado.

Takasato fue uno de los estudiantes que se quedó. Abrió su caballete, lo dispuso en una esquina del salón y luego tomó un lienzo del armario comunal.

¿Va a hacer una pintura al óleo?. Adivinó Hirose con curiosidad. Quizá fuera porque la atmósfera a su alrededor estaba asociada a las acuarelas. Utilizando movimientos que le revelaron cierta familiaridad, Takasato tomó una caja de pinturas del armario y la abrió. Hirose caminó hacia él en silencio.

Después de dirigirse a un lugar donde pudiera ver la pintura, saludó a Takasato. Al oír la voz de Hirose, Takasato miró atrás, y después de reconocer que era Hirose asintió con un pequeño gesto. Su rostro estaba igual que el día anterior, mostrando una expresión sonriente. Hirose levantó la mano y saludó, y luego observó por un rato como pintaba Takasato.

Esa pintura era una que realmente dejaba una profunda impresión en la gente. Por un largo rato fue así como Hirose observó a Takasato y a la pintura.

—…puede que sea un poco descortés preguntar algo como esto… —Hirose no sabía muy bien cómo decirlo, pero sabía que no era posible para él no preguntarlo—. ¿Qué es?

En el lienzo, parecía que los colores habían sido dispuestos sin un orden en lo más mínimo, eran colores puros. Parecía como si pudiera ver algunas débiles figuras, pero fue justo cuando se concentró en su mirada para tratar de ver una forma concreta que sintió nuevamente que los esquemas eran demasiado oscuros, y no fue capaz de ver nada realmente. El uso de colores es muy complejo. La mayoría de los colores que usaba Takasato eran claros, pero él sentía que eran extremadamente opacos. Era difícil para él decir que eran colores bonitos. Independientemente de si eran los colores o la combinación de los mimos, tampoco se podría describir como lindo, y además parecía que no había una composición de colores de la cual hablar.

—¿Es algún tipo de vista? —preguntó Hirose muy confuso, haciendo que Takasato abriera un poco más los ojos.

—Sí —dijo suavemente y forzó una sonrisa. Casi parecía como si fuera una verdadera.

—¿Dónde está? —Hirose preguntó de manera interesada, pero Takasato sacudió la cabeza.

—No me acuerdo.

—No te acuerdas, ¿pero aún puedes pintarla? —preguntó retóricamente, aún con duda. Takasato mostró un rostro concentrado al asentir.

—Sí.

—¿Por qué?

—Estaba pensando, si lograra pintarla, ¿sería capaz de recordarla?

—Ya veo —respondió Hirose. Estaba sorprendido con este extraño tipo de persona. Takasato dejó a Hirose con varias dudas en su interior. Pronto recordó las palabras de Tsuiki: él experimentó kamikakushi, y un año más tarde no recordaba nada.

Giró para ver a Takasato. Realmente quería preguntarle: ¿es la vista de cuándo desapareciste?”. Inmediatamente se obligó a mantener la boca cerrada, y se deshizo de esa idea. Sin tomarlo en consideración, definitivamente no podía preguntar algo así tan desenvueltamente. No podía creer ciegamente en lo que Tsuiki había dicho, y también sentía que, si eso debía creerse, entonces menos aún podía tomar ese asunto con rudeza.

—Qué chico peculiar —murmuró Hirose para sí.

Si realmente había sido sometido a algo así, entonces Takasato realmente no recordaba lo que le sucedió dentro de ese lapso, pero esperaba ser capaz de recordarlo. Debe ser muy incómodo para una persona perder parte de su memoria. A pesar de ellos, Takasato aún era positivo, deseoso de recordar. Este hecho desconcertaba a Hirose.

Las personas son extremadamente sensibles al experimentar cosas. El tono de Tsuiki fue la típica expresión del hecho. Takasato había sufrido aquello previamente, por lo que se hizo un poco extraño. Era un poco diferente a los otros (por lo que no era capaz de crear una buena sensación en los demás).

Incluso si una persona esconde deliberadamente sus gustos, sus pensamientos todavía se transmiten a las otras personas. Hirose no pensaba que Takasato fuera capaz de prestar atención a esto. ¿Takasato no querrá acabar con esta desaparición? ¿Nunca pensó en sacarla de sus experiencias pasadas? ¿Nunca pensó en olvidar lo que le sucedió? …o bien, ¿había habido alguna vez algo así como aquello después de todo?

  

 

Durante el club, Takasato pintaba silenciosamente en su lienzo. A menudo se detenía al pensar en lo pintado, y luego utilizaba un cuchillo para raspar algunos colores. Lo único que Hirose podía entender (cuando los recordaba) era que lo que pintaba era muy importante para él.

  

 

En el quinto día, el quinto período de un viernes era un salón largo. Naturalmente el tema estaba estrictamente ligado al festival de atletismo que se celebraría la semana siguiente. Después de que varias advertencias se les fueran comunicadas, todo lo que quedaba por hacer era permanecer a un lado y ver cómo el representante de la clase organizaba los preparativos de trabajo.

Los alumnos conversaron sobre temas dispares, mientras la reunión tomaba lugar. Era solo porque el profesor no estaba parado en el podio que la clase estaba más ruidosa de lo normal. Casi todos tuvieron que los eventos de competencia y la distribución del trabajo, pero todo el proceso no era muy diferente de una vaga conversación.

Hirose miró a su alrededor, a toda la clase, mientras esta estaba de pie dándole la espalda. Takasato no se había unido a la charla. Había sido completamente aislado por la atmósfera de la clase, casi como si el aire a su alrededor hubiera sido separado. Nadie trató de hablar con él, y él tampoco buscaba hablar con las otras personas. Simplemente se sentó y observó cómo los demás debatían. La actitud que mostraba la gente a su alrededor era como si él no estuviera allí.

La colaboración ya parecía haber terminado, y las competencias en las cuales todos los estudiantes estaban formando parte estaban claramente establecidas. El líder del comité, Gotanda, contó los nombres de los competidores en el pizarrón para volver a confirmar, de repente dijo:

—¿Eh? Nos falta una persona.

Hirose se dio cuenta de que el nombre que faltaba era Takasato, pero no dijo nada. Takasato tampoco dijo nada en particular. El alumno que estaba sentado al frente le susurró a Gotanda algo en el oído, y la mirada de este se volvió nerviosa mientras lo veía.

—Takasato, ¿hay algún evento en el que te gustaría participar? —la voz de Gotanda era nerviosa. Takasato ofreció un breve y simple “no”. Gotanda vacilante dirigió su mirada de Takasato a la pizarra—. Todo lo que queda son los doscientos metros llanos. ¿Está bien?

Takasato asintió con la cabeza sin una expresión en el rostro. Gotanda se relajó con un suspiro de alivio.

Hirose observó desarrollarse todo mientras trataba de observar la atmósfera de la clase. Takasato estaba aislado, y todos los estudiantes pasaban por alto su presencia. Lo que le pareció realmente extraño fue que no pudo sentir ningún rencor aquí. Parecía como si nadie lo excluyera porque tuviera alguna mala intención. Ellos solo evitaban mirar a Takasato. Esta fue la impresión que le daba a Hirose.

 

 

 

Después, los estudiantes dejaron las aulas para trabajar en lo que se les había asignado. Según el convenio, el festival de atletismo dividía desde los de primer y tercer año para hacer una competencia en tres equipos. Los cursos cinco y seis de cada año, que comúnmente eran llamados el Ejército Azul, fueron combinados en un solo equipo. El quinto período de un viernes era un gran salón para todo el alumnado, por lo que los de primer y tercer año comenzaron a frecuentar el salón de clase.

Gotou bostezó mientras regresaba al laboratorio de química, a pesar de que Hirose permanecía en el aula. Miraba inadvertidamente cómo los estudiantes hablaban y trabajaban.

—Maestro Hirose, si está libre, ¿podría ayudarnos? —después de haber sido llamado de esa forma, Hirose sonrió.

—¿Qué sería lo mejor que puedo hacer?

—Ayudar a cortar esto —el estudiante le alcanzó diarios. Parecía que se estaban preparando para hacer papel mache. Takasato se sentó no muy lejos, y también estaba cortando sumisamente con tijeras.

—¿Ah? Señor Hirose, ¿también ha sido contratado?

Al oír esto, Hirose levantó la mirada y vio al de tercer año, Hashigami, que se estaba dando una vuelta por ahí.

—¿Qué no es esto lo que hacen los profesores practicantes?

—El entrenamiento es muy duro después de todo. ¿…hay alguien aquí a cargo del equipo de animadores? —preguntó Hashigami mientras miraba a la gente que quedaba en el aula. Uno levantó la mano y Hashigami comenzó a pasar algo de información sobre la coordinación acerca de cómo tenía que quedarse después de clase para discutir los arreglos para el equipo de animadores.

—Takasato, ahora, haz esto —justo en ese momento, alguien le alcanzó un trazo de tela azul a Takasato, que entonces estaba clasificando el papel que había cortado.

Takasato asintió con la cabeza y tomó el pedazo de tela. Hashigami lo miró.

—¿Así que tú eres Takasato?

—Sí —independientemente de si se trataba de un profesor o un practicante, no había ningún cambio en la actitud de Takasato. Esos ojos sin expresión simplemente le devolvieron la mirada a Hashigami.

Ah, ¿sí? —respondió Hashigami con mucho interés, y luego preguntó—. Oí que fuiste raptado misteriosamente cuando eras pequeño.

Es imposible describir el cambio que sufrió el aula después de haber dicho eso. Hirose sintió como si una sensación de nerviosismo tan espesa levantara la atención de los estudiantes presentes. En un instante, todos regresaron a sus trabajos pretendiendo que nada había pasado en lo absoluto, pero todos parecían estar desesperados por desviar la mirada de algo incómodo.

—¿Es eso verdad? —preguntó Hashigami con un tono de leve curiosidad. Takasato solo asintió en silencio.

—¿No fue solo un secuestro? He oído que no recuerdas nada en lo absoluto. ¿Es eso cierto?

—Sí —respondió claramente Takasato. No parecía que estuviese especialmente incómodo.

—Así que fue una bien conocida pérdida de la memoria, ¿eh? Increíble…

Entonces, por primera vez, Takasato frunció el ceño. Aunque no parecía que estuviese infeliz por algo, uno apenas podía sentir que no le gustaba discutir ese tema.

—¿Estás seguro de que no fuiste secuestrado por un OVNI? Se oye de muchos casos similares últimamente. Esos espeluznantes extraterrestres experimentando en los cuerpos de los humanos, y luego de limpiar tu cerebro te regresan.

Takasato abrió la boca para hablar. Esta fue la primera vez que Hirose lo vio hablar sin que se lo preguntaran.

—¿De quién lo oíste?

Hashigami levantó el mentón y sin ninguna vacilación miró a Tsuiki. “Tonto cruel”, pensó Hirose para sí. Entonces, oyó el violento choque de una silla al caer, y su expresión se congeló. Volvió a mirar de donde provenía el ruido y simplemente vio que la expresión de Tsuiki había cambiado y que ahora estaba de pie.

—¡No fui yo!

Lo que sorprendió a los demás fue el pánico en la cara de Tsuiki.

—¡Por favor, créeme! ¡Yo no lo dije! —negó Tsuiki fervientemente.

Hashigami rio.

—Si no fuiste tú, ¿quién lo dijo?

—¡Yo no! ¡Yo no dije nada!

Takasato miró hacia abajo. Su frente estaba un poco arrugada, pero nadie estaba seguro de lo que ese sentimiento expresaba.

—No fui yo, Takasato.

Un sorprendido Hashigami siguió a Tsuiki con la mirada mientras este salía del aula.

—¿Qué le pasa?

Hirose también estaba estupefacto. ¿Por qué Tsuiki habría estado tan nervioso que toda su expresión había cambiado? En ese momento, Hirose descubrió algo más, que todos los estudiantes presentes tenían una extraña expresión en el rostro.

Todos parecían estar nerviosos, y además todos hacían lo más que podían por tratar de esconder ese nerviosismo. Todos pretendían no haber notado el inusual comportamiento de Tsuiki. Hirose pensó que todos tenían el tipo de respuesta que tiene la gente cuando son testigos de la escena de un borracho en el tren.

Hirose miró a Takasato. Su rostro estaba blanco nuevamente. No parecía ser el tipo de persona que era secretamente violenta. Hirose no lo consideraba el tipo de persona que infundiera temor en los otros.

—Creo que este Tsuiki está resultando ser aún más raro —murmuró Hashigami para sí. Sin embargo, ningún estudiante dio respuesta alguna.

  

 

Después de que la escuela terminase, el clamor en el terreno de la escuela no se había calmado. Uno de los equipos estaba parado bajo la ventana del laboratorio de química, trabajando duro en un cartel, y en algún lugar, el quipo de animadores del Ejército Rojo estaba practicando. La clase 2-6 también se había registrado para permanecer después del horario escolar. Gotou pintaba alegremente, así que Hirose era libre de enterrar su cabeza en el entrenamiento diario.

Fue justo cuando Gotanda del comité estudiantil entró agitadamente.

—Maestro, alguien está herido.

—¿Herido? ¿Quién?

—Tsuiki.

Hirose dejó caer repentinamente la pluma de la mano.

—¿Tsuiki? ¿Qué pasó? ¿Hubo alguna pelea? —preguntó Hirose con aprensión, sin olvidar aquella extraña escena.

Inesperadamente, Gotanda sacudió la cabeza.

—Cuando estábamos haciendo la valla, su pierna fue herida extrañamente con una sierra.

—Oh… ya veo —curiosamente, Hirose dejó escapar un suspiro de alivio.

—¿En serio? —preguntó Gotou, y Gotanda se encogió de hombros. No parecía haber ningún problema serio.

—Cuando lo llevamos a la enfermería estaba sangrando un poco.

—Iré a ver cómo se encuentra —dijo Hirose poniéndose de pie. Gotou asintió.

  

 

Cuando Hirose y Gotanda llegaron a la enfermería, Tsuiki ya se había ido a casa.

—¿Se fue a casa?

“Si se pudo ir por su cuenta, eso significa que no era nada grave, ¿verdad?”. Hirose sintió como una carga se iba de sus hombros, pero al mismo tiempo le resultaba difícil relajarse. El profesor enfermero, Totoki, sonreía con ironía.

—Yo no sé por qué, pero se lo veía muy decidido a irse a casa.

El profesor enfermero de cuando Hirose estudiaba en la escuela ya había alcanzado la edad y se retiró. Totoki era uno de los pocos profesores que Hirose no había visto antes.

—En realidad su lesión no era tan grave como para que necesitase puntos, pero le dije que sería mejor si fuera al hospital por una consulta.

—Entiendo…

Hirose levantó la mano y saludó a Gotanda, quien asintió sin entender y salió de la enfermería. Hirose luego miró a Totoki e hizo una leve inclinación.

—Lamento la molestia.

—Para nada —después de decir esto, Totoki, que tenía una edad cercana a la de Hirose, sonrió.

—¿Le gustaría un té? ¿Cómo le va en el entrenamiento?

—Es un poco más fácil de lo que pensé que sería.

Junto al gesto de Totoki, Hirose se sentó en la silla contigua. Totoki preparó una taza de té de cebada.

—¿Maestro Hirose, qué materia enseña?

—Química.

—Ah, entonces su maestro supervisor debe ser Gotou, ¿no?

—Sí.

—¿No es duro? Oí que le encarga todos sus estudiantes al maestro practicante.

—Sí, lo hace —sonrió Hirose mientras tomaba la taza de té—. ¿Maestro Totoki, también se está quedando en horas después de la escuela?

—Cuando se hace hora del festival de atletismo o de la cultura siempre tengo que esperar que el último estudiante se vaya a casa para poder irme. Ya que alguien podría necesitarme en cualquier momento.

Totoki se rio suavemente y se sentó.

—Los niños de ahora son un poco torpes. Justo ahora que… —Mientras Totoki decía esto miraba la libreta—. ¿Tsuiki? Dijo que había apoyado firmemente la tabla sobre su pierna y el corte se hizo con cuidado.

—¿Usó su pierna?

—Usó su rodilla para mantener la tabla, como resultado, se cortó la canilla. Seguro que es un poco torpe por apoyar así la tabla, pero el que cortaba tampoco era muy bueno.

Hirose miró nuevamente a Totoki.

—¿No se dañó él mismo?

—No. Había otros ayudando con la sierra.

—¿Sabe el nombre de los otros alumnos que usaban la sierra? —preguntó Hirose. Totoki miró incierto la libreta.

—Probablemente fuera el estudiante que vino acá después de él. Veamos, Seta.

Hirose no pudo evitar soltar un suspiro de alivio.

—¿Qué pasa?

Al escuchar a Totoki preguntar eso, Hirose sacudió la cabeza. Totoki inclinó la cabeza con duda y dijo:

—Bueno, la situación no está tan mal. El de tercer año que vino antes de ellos casualmente tuvo un clavo incrustado en la mano.

—¿El de tercer año? —Hirose tuvo un mal presentimiento. Totoki asintió.

—De alguna manera se había clavado un clavo de doce centímetros en la palma, hasta la cabeza del clavo, y lo había hecho él mismo. Realmente me pregunto cómo estaría usando el martillo como para hacer eso.

—Él…

Totoki asintió.

—Lo envié al hospital inmediatamente, ya que además estaba usando un clavo viejo que alguien había traído. Este tipo de cosas son las que más me dan miedo.

—Oh, no, no estaba preguntando eso —Incluso Hirose pensó que su manera de pensar era un tanto extraña, pero sin importar qué, quería averiguar el nombre del estudiante—. ¿Cuál es el nombre del chico?

Totoki abrió bien los ojos y pasó las hojas de su libreta por tercera vez.

—Tercer año, clase cinco, Hashigami.

  

 

En su camino de regreso al laboratorio, Hirose no sabía cómo mostrar su estado de ánimo en lo absoluto.

Tsuiki y Hashigami. Parecía que había otro significado para esto. Si bien entendía que probablemente no habría ningún significado en particular para el hecho. Le parecía haber visto señales extrañas una tras otra. Hashigami, los estudiantes nerviosos, Tsuiki que se hundió rápidamente… y Takasato.

Desde el área de la oficina principal que albergaba la enfermería, podía ir directamente de regreso a la sección de clases especiales. Lentamente ascendió por las escaleras principales al tercer piso. Un descanso fue diseñado entre los tramos de escaleras cuando estas doblaban, después de los cuales uno podía seguir subiendo. La pared respectiva al descanso estaba completamente ocupada por una ventana que iba desde el piso hasta el techo. Del otro lado de la ventana podía ver los colores del crepúsculo cubriendo el edificio de la escuela. Estaba frente a las aulas bien dispuestas de la sección de clases, con el amplio césped de por medio.

El vidrio que formaba una línea horizontal era la ventana del pasillo. La mayoría de los interiores del edificio junto a las ventas estaban iluminados con luces. Cuando Hirose acercó la cabeza al vidrio del descanso pudo ver claramente el interior de la sección de clases. Los estudiantes iban y venían por el pasillo iluminado. Incluso podía, a través de las puertas abiertas, ver las siluetas de aquellos que trabajaban dentro de las aulas.

Hirose se olvidó de la agitación que acaba de tener, y sin pensarlo, sonrió. El entusiasmo de los estudiantes que surgía por el festival siempre era como el trabajar de los ratones, y había algo en ello que lo hizo sonreír. Hirose estaba mirando a los alumnos cuando, repentinamente algo llamó su atención. Su línea de visión se detuvo en un estudiante, que estaba parado frente a la ventana a un extremo del edificio de la escuela.

En medio de todo el bullicioso ir y venir, solo había una persona que no se movía. Estaba parado en la ventana del segundo piso y parecía estar mirando el césped.

Hirose no pudo evitar parpadear un poco y luego cerrar los ojos por un segundo. Después abrió ampliamente los ojos y miró hacia la segunda planta del otro lado. Levantó la mano y limpió el vidrio, y luego observó más de cerca.

La distancia entre las dos secciones no era la suficiente como para que viera el rostro del estudiante claramente, pero Hirose podía ver que había un par de brazos descansando sobre sus hombros. Eran brazos desnudos. Los uniformes actuales de los estudiantes eran de maga corta, por lo que era normal ver el codo de un estudiante. Sin embargo, esos brazos estaban expuestos por detrás. Por un momento, Hirose pensó que el estudiante le daba la espalda a alguien, pero no podía ver el resto de la persona más allá de los hombros. Simplemente había dos brazos que descansaban suavemente sobre sus hombros.

Hirose pensó que estaba viendo algo que no podía existir. ¿Por qué no podía ver la cabeza o los hombros del dueño de aquellos brazos? El brazo superior parecía descansar completamente sobre el hombro del estudiante y, sin embargo, Hirose no podía distinguir ningún tipo de figura detrás. La postura del estudiante con los brazos sobre sus hombros no parecía que estuviera cargando ningún peso. Casi parecía que esos brazos crecían de su cuello y colgaban frente a su pecho. Unos pocos estudiantes cruzaron detrás de él rápidamente, aunque ninguno de ellos notó nada anormal.

Cuando Hirose miraba una y otra vez al estudiante y los brazos, este giró inesperadamente a un lado. Solo giró la cabeza, y desde donde veía surgieron dos estudiantes.

Hirose no pudo evitar suspirar de alivio. Debe haber sido solo una broma. Tomó los brazos falsos que habría utilizado en el concurso de disfraces (el más famoso de la escuela) y los estaba colgando frente al pecho como broma. Y cuando la gente lo miraba, lo llamaban. Eso debió haber sido.

El alumno de la ventana dijo algo, y luego giró dejando la espalda frente a la ventana. Le tomó un tiempo extremadamente corto girar, parecía como si esos brazos llegaban hasta su espalda y desaparecían. Todo el proceso se veía como un par de serpientes que se deslizaban hacia atrás. Por supuesto, ninguna figura podía distinguirse en la parte posterior del estudiante que daba a la ventana.

  

 

Hirose se distrajo por un tiempo. Apoyó la frente sobre el vidrio e imaginó lo que acaba de ver.

“Fue por la distancia”, dijo Hirose para sí mismo. “Sí, fue debido a la distancia y a la iluminación de fondo”.

Ahora, en medio de los preparativos para el festival, dentro de la escuela había cualquier tipo de cosas. Había figuras de papel maché, disfraces y cosas del equipo de animadores que uno no podría imaginar su uso con tan solo un vistazo.

Debió haber sido a causa de las anormales circunstancias que lo hicieron ver las cosas de la forma en que las vio.

Eso fue lo que Hirose se dijo, luego suspiró. El aire caliente había hecho que la frente se le empapara de sudor. Se forzó a sí mismo a no pensar más en ello y aprovechó la oportunidad para voltearse. La imagen de lo que había pasado se situó en un profundo rincón de su mente.

 


 


 


En lo profundo de la noche, un hombre corría a su casa. El aire de la noche chocaba suavemente contra su piel sudorosa, lo que lo hacía sudar más.

Había bebido un poco. El hombre entró caminando a la calle apegado a su instinto, aunque, por el contrario, no había forma de que sus instintos se apegaran muy bien en este barrio de edificios iguales. Más de una vez había tocado el timbre de alguna otra persona.

Con su memoria, algunos sentidos aún permanecían en él y, por lo tanto, a menudo se detenía a levantar la cabeza y mirar arriba. Con los edificios, todos con el mismo diseño exterior, perfectamente alineados, parecían enormes lápidas. Hizo verificaciones frecuentemente. Los números de las construcciones colgaban en una gran cerámica a un costado de la planta más alta de los doce edificios históricos frente a la escalera de emergencias.

“Lo he hecho muchas veces, ¿por qué lo sigo haciendo mal?”, pensó.

Al mismo tiempo recordó: makuragaeshi.

De regreso en su ciudad natal, había una leyenda acerca del makuragaeshi. Se dice que hay un demonio llamado makuragaeshi, que sale durante la noche y mueve la almohada de una persona profundamente dormida a un lugar diferente. Cada vez que él iba a casa de su abuela en el campo, el makuragaeshi aparecía. Cuando se levantaba a la mañana, su almohada siempre aparecía a sus pies. Aunque, cuando se quedaba inmóvil después de abrir los ojos, sentía como la posición de su futón era diferente. Ahora, cuando pensaba en ello, quizás era probable que la postura al dormir no fuera muy buena, pero él aún no podía olvidar esa misteriosa sensación, la inquietud al despertarse en una vieja habitación de tatami[2] de la vieja casa de campo. Después de pensarlo detenidamente, el futón no se había movido la noche anterior, sin embargo, le quedaban algunos pensamientos que no era capaz de explicar.

Sonrió al detenerse. Se quedó mirando el edificio frente a él. Había confirmado que estaba en el edificio al cual se suponía debería haber regresado.

Asintió con la cabeza de manera arbitraria y miró arriba una vez más. No había otras figuras en el camino en el cual se suponía que los autos no podían manejar. Sus pasos hicieron eco en el espacio abierto. Parecía que los grandes edificios estaban a punto de caérsele encima. Giró la cabeza y miró a su alrededor, sintiéndose ligeramente mareado.

Sacudió la cabeza y se dio cuenta de que había una luz blanca en la parte superior del edifico al que estaba mirando.

Brillaba débilmente. Había un tenue círculo brillante en el borde del techo. El hombre parpadeó varias veces y luego lo miró fijamente. Vio algo salir de la luz.

La mandíbula del hombre cayó por la sorpresa. Era como si algún animal hubiese trepado hasta la luz. No sabía exactamente lo que era, pero sabía que era una enorme bestia de cuatro patas. Era muy grande para ser un perro. El cuerpo de la bestia de cuatro patas se hacía más oscuro y no había forma de que lo identificara, aunque vio que estaba emitiendo un pequeño resplandor por la espalda.

¿Qué demonios es eso?, se preguntó, pero antes de que pudiera pensar más en ello, la bestia de cuatro patas saltó hacia el aire. Pasó por encima de su cabeza tan rápido como si hubiera estado nadando en el agua y se deslizó a través de los doce edificios históricos.

Incluso después de que su silueta desapareciera, él aún permanecía atónito, mirando en la misma dirección.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario