CAPÍTULO
2
Aun vestido con
sus ropas de la corte, Gekkei se dirigió al anexo del palacio. Con un aire
inestable, tomó asiento al pie de la mesa y esperó a la misión diplomática
llegar.
El emisario fue escoltado por el subsecretario. Su vestido ministerial
era más bien simple y parecía ser un funcionario ordinario. Sin embargo, él se
identificó como General de la Guardia del Palacio.
—Esto no es una visita oficial. Estoy aquí a petición personal de la
Emperatriz de Kei[1].
—Con ese anuncio, el general rechazó la oferta de sentarse en la cabecera de la
mesa—. Mi nombre es Sei Shin[2] y
traigo correspondencia de Su Alteza para el Marqués de Kei.
El hombre le entregó la carta. Gekkei miró hacia adelante y hacia
atrás entre la carta y el General de Kei.
—Por favor, disculpe la pregunta, pero ¿está seguro de que yo soy el
destinatario?
Sei le dio una mirada perpleja.
—Me mandó a entregarle esto al Marqués de Kei.
—¿A mí personalmente? —presionó Gekkei—. ¿No es al Rey?
Sei respondió, con un tono escéptico en su voz.
—Nos enteramos de que este reino estaba siendo gobernado por el
Marqués de Kei. Así que uno sería lo mismo que el otro.
Gekkei suspiró suavemente.
—En ese caso, no puedo aceptarla. —Después de mandar al subsecretario
para que fuera a buscar a Shouyou, dijo—: por favor, siéntase como en su casa.
El Chousai estará con nosotros en un momento.
—Ah —dijo Sei, asintiendo, aunque la conversación sobre este punto
claramente lo había confundido.
—No soy nada más que el Señor Provincial de Kei. Seguramente el
general entiende que un marqués no es más que un marqués.
—Sí, bueno, eso es cierto —la mirada atribulada de Sei no disminuyó.
Gekkei pudo entender su confusión. Un reino privado de su rey
necesitaba alguien que lo condujera. Si un rey simplemente perdía el Mandato
Divino y abdicaba, era la práctica habitual que los ministros restantes
inauguraran un gobierno provisional y nombraran a un líder provisional. Si había
un Chousai, entonces como primer ministro asumiría el trono. Esto no sería solo
de nombre. El Chousai subiría a la tarima y regiría como el Rey. Aunque las
ceremonias de coronación generalmente se omiten, el Chousai en realidad
ocuparía el trono.
En cualquier caso, el trono real no era el nombre de una silla que un
rey pasaba a ocupar, sino que era la sede del poder de quien dirigía el Reino.
Si un rey no había perdido el Mandato Divino, su reemplazo era un usurpador.
Los reyes que aún no habían agotado el Mandato Divino previamente habían sido
derrocados por aquellos con su propia agenda para hacerse con el poder. Gekkei
y sus compañeros conspiradores podrían contarse entre ellos.
Y hubo casos ciertamente similares encontrados en otros lugares de
patriotas cometiendo actos de alta traición para quitar a un rey caprichoso y
sin ningún pensamiento de usurpación en sus mentes.
Siempre había sido el caso de que el
arquitecto en jefe de tales maquinaciones había elegido sentarse en el trono
vacante. Era la consecuencia lógica de la traición y el regicidio. Cualquier
persona que pudiera decidir por sí misma que el rey se había desviado del
Camino y merecía ser sustituido por sí mismo, pensaba en cometer traición.
—Entonces, lo tomaré —ofreció Sei tentativamente—, ya que el Marqués
no piensa quedarse como rey provisional.
Gekkei arqueó las cejas. Las palabras golpearon su corazón con una
fuerza que no esperaba.
—Esta no es razón para que haya un rey provisional. No existe ningún
tribunal provisional, como ve.
Ningún hombre se sentó en el trono como resultado de la revolución
para poder presumir del Mandato Divino. El rey con la bendición del Cielo había
sido reemplazado por uno que carecía de ello y así fue etiquetado como un
“usurpador”. La Corte de un usurpador era falsa.
—Odio decirlo, pero sería mejor llamar a esto una Corte Falsa. La
intención nunca fue la de sustituir al rey.
El general asintió con la cabeza. Comenzó a decir algo y luego
rápidamente lo pensó mejor.
—Bueno, si no le importa que lo diga, tenía buenos motivos para creer
que el actual Rey de Hou era el Marqués de Kei. Su Alteza estaba operando bajo
la presunción que así era. La carta que Su Alteza me confió está dirigida para
Su Alteza Real, el Marqués de Kei. No está dentro de mi autoridad entregársela
al Chousai en su lugar. La situación que describe no se nos había ocurrido.
Gekkei sonrió amargamente.
—Sí, supongo que sería natural pensar que le quité la vida al rey para
robarme su trono.
Sei cambió de puesto con un malestar obvio.
—Yo no iría tan lejos…
—Fomenté una rebelión y asesiné al Rey. Pero eso no significa que lo
hice con algún deseo de gobernar en su lugar. Soy plenamente consciente de la
gravedad de mis pecados, como sé que este indigno cuerpo mío no se puede
permitir contaminar el trono.
En ese momento, Shouyou corrió a la habitación. Gekkei continuó:
—Veo que el Chousai ha llegado. Si es todo, me disculpo… —Se inclinó y
salió, rozando a Shouyou cuando salía de la sala.

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