LAS AVES DE HISHO
CAPÍTULO 1
La montaña parecida a un obelisco
atravesaba la tierra y el cielo, elevándose casi recta hacia arriba sin fin. La
cumbre empujaba a través de las nubes como un pincel de caligrafía de punta a
punta. La enorme masa de la montaña se parecía a un manojo de pinceles atados
con fuerza.
Bajo las nubes,
grupos de crestas escarpadas trazaban pequeñas ondulaciones contra el cielo
mientras descendían en espiral hacia las amplias laderas al pie de la montaña.
Allí, la ciudad de Gyouten, la capital del reino oriental de Kei se extendía a
lo largo de los escalones de la terraza.
En su totalidad
la montaña constituía el Palacio Imperial. La cumbre albergaba la Corte
Imperial y las habitaciones de la emperatriz y sus servidores más prestigiosos.
El pico de la
montaña y la ciudad de Gyouten estaban literalmente separados. Dejando a un
lado la distancia, un océano transparente separaba al uno del otro. Mirando
hacia arriba desde el suelo, este océano era invisible a simple vista. Las olas
que chocaban con la costa aparecían como un anillo de nubes blancas.
Bajo las nubes, el Palacio Administrativo se derramaba a través de la
multitud de crestas y promontorios. Las hileras de oficinas y residencias
pertenecientes a los burócratas de menor rango se aferraban como percebes a las
salientes de la gran ladera gris de la montaña.
Abarcando el
cuadrante sudoeste estaba el Ministerio de Verano.
Los techos
rectangulares dentados de distintas alturas se unían para formar un patio
cerrado que definían el ancho y amplio del enorme departamento.
En una esquina
estaba la oficina de Sekichou-shi.
Hisho fue
convocado a la oficina del recién designado Sekichou-shi en el séptimo año y
mes de Yosei[1],
según el calendario imperial de Kei.
Una de las
secretarias que iba de un lado a otro lo llevó a una oficina al otro extremo
del departamento. La oficina daba a un amplio balcón que sobresalía en el
vacío. Más allá de las barandillas talladas en piedra había un barranco sin
fondo.
En un rincón del
balcón había un viejo sauce. Las ramas del sauce rozaban las barandillas como
las largas trenzas de una mujer. En cuclillas en la barandilla debajo del sauce
había un ave.
Una garza, supuso Hisho.
Se posó allí
completamente inmóvil, como en una pose meditativa, su largo y esbelto cuello
se inclinaba hacia el barranco.
Hisho pensó: Me
pregunto qué está mirando.
El ave no parecía
estar dormida. Tal vez estaba mirando hacia el mundo de abajo. De pie allí
ociosamente, Hisho no participó en la vista del ave, que seguramente podría ver
las señales que se desarrollaban debajo de ellos: la ciudad de Gyouten estaba
cubierta por el calor sofocante y rodeada por el campo devastado.
No hay nada allí para ver, salvo la ruina y devastación.
Y, sin embargo,
por alguna razón, era la ruina y la devastación lo que precisamente parecía
interesarle al ave, incluso hasta el punto de afligirse ante esa vista.
Por extraño que
parezca, en ese momento Hisho pensó en una mujer. No es que ella se pareciera a
la garza. Ella también solía mirar hacia un barranco. Pero, sin una pizca de
tristeza en su rostro, sin perder una sola mirada para el mundo de abajo.
—¿De qué te sirve
mirar toda esa devastación? —ella sonrió y arrojó una pera al precipicio. No
tenía ningún interés en las ruinas o en el mundo de abajo—. No es necesario ver
cosas tan deprimentes —dijo con un movimiento de cabeza.
Entonces, ¿por
qué se ubicó ella en sus pensamientos junto con el ave? Mirando al ave,
pensando en esa pregunta, escuchó unos pasos rápidos detrás de él. Sorprendido
por su ensoñación, el ave salió volando.
Hisho se volvió
cuando un hombre delgado entró en la habitación. Aunque nunca se habían visto
antes, el hombre debía ser Suiryou, el nuevo Sekichou-shi. Con esa suposición
en mente, Hisho se arrodilló e hizo una reverencia.
—¡Oh! Te he hecho
esperar. Gracias por venir —el hombre extendió su mano ampliamente en un gesto
de bienvenida. Parecía tener más de cincuenta años. Una amplia sonrisa llenó su
delgada cara gris—. Eres el Ra-shi, ¿cierto? ¿Hisho es tu nombre? No, no,
suficiente con las formalidades. Levántate. Por aquí. —Señaló un escritorio
cercano, se sentó e instó a Hisho a hacer lo mismo.
Esto es bastante extraño, pensó Hisho.
Las dos sillas se
separaban por el escritorio y estaban destinadas para el director y un invitado
de honor. Hisho obviamente no era un invitado de honor.
—Por favor, por
favor. Siéntate. Quería verte de inmediato, luego esto y aquello surgió y,
antes de darme cuenta, se pasó el tiempo. Iba a pasar por tu casa, pero no pude
encontrar espacio en mi agenda. Es por eso por lo que te llamé aquí. Así que me
alegro de que pudieras hacerlo sin pensarlo.
Suiryou estaba
siendo cortés hasta el extremo. En el organigrama, el Ra-shi respondía al
Sekichou-shi. Era natural que Hisho se presentara si era convocado. No estaba
en condiciones de negarse. No debería haber ninguna necesidad de estar
agradeciendo o disculparse por estar allí.
—Sigue. Toma
asiento. Por aquí…
Suiryou se volvió
hacia una secretaria que estaba detrás de él y la llamó. Con una jarra y un
vaso, la secretaria se acercó y puso los artículos en la mesa. Ser tratado con
guantes de seda -como lo estaban haciendo ahora- era bastante inusual para
Hisho.
Inclinándose hacia adelante, Suiryou una vez más lo instó a sentarse y
empujó un vaso de vino hacia él.
—Has sido el
Ra-shi por un tiempo bastante largo. Desde el reinado del Emperador Li, según
me han dicho. ¿Es eso cierto?
Hisho respondió
con un sentimiento.
—No me digas
—murmuró Suiryou. Le dio a Hisho una mirada larga—. Te ves más joven que yo.
Supongo que eres mucho más viejo. Verás, el año pasado me convertí en
funcionario del gobierno y entré en el Registro de Inmortales. Todo el mundo
sabe que dejas de envejecer una vez que estás registrado, pero es difícil
acostumbrarse a hacerlo. Entonces, ¿qué edad tienes realmente?
—Francamente, no
me acuerdo.
Esa era la
verdad. Hisho había sido promovido a su puesto y listado en el Registro de
Inmortales durante el reinado del Emperador Li. Lo mejor que pudo recordar es
que eso sucedió diez años después de la coronación del emperador. Desde su
promoción pasaron más de un centenar de años.
—Lo suficiente
como para olvidar cuánto tiempo, ¿eh? Todo un logro. Es por eso por lo que eres
conocido como el Ra-shi entre los Ra-shi. He escuchado las historias, ¿sabes?
Después del Rito de Tiro con Arco cuando la Emperatriz Yo fue coronada, ella
personalmente te agradeció.
Hisho se permitió
una leve sonrisa. Lo mejor que podía decir cuando se trataba de rumores era que
no se alineaban exactamente con la realidad.
Aparentemente,
malinterpretando esa sonrisa, Suiryou juntó sus manos.
—Ya veo, ya veo
—dijo, con una gran sonrisa—. Bueno, es hora de volver a poner en práctica esas
habilidades —se inclinó aún más cerca y dijo en un susurro furtivo—: Muy
pronto, vamos a ver la ascensión de una nueva emperatriz.
Esta vez, Hisho
lo miró directamente a los ojos. Suiryou asintió.
—Se dice que la
impostora ya ha sido destituida.
—Entonces ella
era una impostora.
El Reino de Kei
en el que vivían y servían no tenía soberano. La emperatriz anterior apenas
había sido coronada antes de abdicar. Su hermana, Joei, tomó el trono en su
lugar. Se rumoreaba que era una impostora.
En
cualquier caso, el gobernante del reino era elegido por el Saiho, que también
era el primer ministro. La verdadera naturaleza del Saiho era la de un kirin,
el unicornio sagrado. Al prestar atención a la Divina Procedencia, el Saiho
elegía a la persona a quien el Cielo deseaba.
No importaba
quién fuera la persona, nadie asumía el trono sin la aprobación del kirin.
Cualquier emperador o emperatriz a quienes el Cielo no le sonriera debía ser
considerado un impostor.
Solo el kirin
podía declarar si Joei era una impostora o la verdadera. Excepto que el Saiho
no había aparecido para decirlo de una forma u otra.
Antes de su
abdicación, la salud de la Emperatriz Yo había fallado. Después de su muerte,
el kirin viajó al Monte Hou, el reino de su nacimiento. Antes de que
pudiera regresar, Joei había reclamado el trono y había intentado ocupar el
Palacio Imperial.
Como no había
manera de determinar si ella era la nueva emperatriz, los ministros convocaron
un quórum para debatir el asunto. Al final, rechazaron su entrada.
El hecho era que
Hisho no tenía manera de determinar la verdad de la situación por sí mismo.
Aunque era un ministro imperial, su puesto lo colocaba lejos de los centros del
poder. Un ministro como Hisho era de poca importancia para la administración
del gobierno, en cualquier caso.
Los deberes del
Ra-shi tenían poco que ver con la política. Aunque su oficina estaba
formalmente vinculada al Ministerio de Verano, que era responsable de los
asuntos militares, su cartera giraba en torno al Rito del Tiro con Arco, que no
tenía nada que ver con el ejército o librar guerras.
Con motivo de los
festivales religiosos y visitas oficiales de invitados de honor, hacía las
ceremonias que celebraban las técnicas y habilidades de arquería.
Específicamente, bajo la dirección del Sekichou-shi, su trabajo consistía en
crear las urracas[2] de
porcelana como objetivos en el Rito.
Tal era su rango
y sus deberes que ningún asunto grave concerniente al reino alguna vez llegó a
sus oídos. Ese era asunto de los que estaban más arriba en el Palacio Imperial,
quienes literalmente vivían sobre las nubes. La suma total de su conocimiento
se reducía a susurros y rumores.
Se decía que, si el Cielo le sonreía a una emperatriz que luego era
elegida por el kirin, muchos presagios auspiciosos deberían manifestarse
en todo el Palacio Imperial. Y, sin embargo, ninguno había ocurrido. Entonces
Joei debía ser una impostora.
La gente sobre
las nubes llegó a la misma conclusión y selló las puertas. Enfurecida, Joei
estableció campamentos armados en las provincias del norte de Kei. Pronto
surgió el grito de que los ministros trataban al Palacio Imperial como su
dominio personal y se negaban a permitirle el ingreso a la emperatriz.
—Y luego llegó la
noticia de que ella tenía el Taiho con ella.
Imposible como
parecía, circulaban rumores de que Joei tenía al Taiho en su camarilla. El
Palacio Imperial cayó en el miedo y la confusión. Si Joei fuera la verdadera y
legítima soberana, el ministro que le cerró las puertas tendría que responder
por ello cuando fuera coronada formalmente.
Los ministros que
ya estaban en la valla huyeron del palacio y desertaron a la facción de Joei.
El Sekichou-shi antes de Suiryou lo hizo y nunca se lo volvió a ver.
—Así es como
sucedió. Cuando se corrió la voz, las provincias cayeron como dominó bajo el
dominio de Joei. Pero aún no había sofocado las sospechas de que era una
impostora y todos estaban cometiendo un gran error.
»Al confiar en el
Cielo y mantenernos firmes, nuestros esfuerzos se verían recompensados al
final; eso es lo que creímos firmemente.
Sin embargo,
Suiryou dijo que lo decía en serio, no había forma de saber cuánto había
cubierto sus apuestas también.
A pesar de los
rumores de que Joei era una impostora y los rumores de que la verdadera
emperatriz había surgido y se había involucrado en la batalla, los ministros
que permanecían atrincherados dentro del palacio tenían que estar siempre al
tanto de su peligroso estado si Joei tenía derecho a reclamar el trono.
—Una emperatriz,
para empezar —la boca de Suiryou formó una delgada línea.
—Una emperatriz,
¿otra ves?
—De nuevo
—respondió Suiryou con desprecio desenmascarado.
¿Alguien no lo vio venir?
El reino tenía un
mal historial con las emperatrices.
Ahora eran tres
dinastías seguidas, el reinado incompetente de emperatrices continuaba.
—Bueno,
emperatriz o no, ella es a quien el Cielo le ha sonreído. Nuestra nueva
emperatriz llegará pronto al Palacio Imperial junto con el Saiho. La coronación
seguirá poco después. Tendrás que comenzar los preparativos para la Ceremonia
del Tiro con Arco con la debida rapidez.
La Ceremonia de
Tiro con Arco era uno de los festivales religiosos anuales más importantes del
reino, con el Rito del Tiro con Arco como evento principal. El Rito giraba en
torno al disparo ritual de una flecha a un objetivo de porcelana que se
asemejaba a un ave[3].
Una versión
frívola promulgada durante los banquetes llamados Disparando a la Golondrina
era una competencia simple que entretenía a los invitados contando los éxitos y
errores.
La Ceremonia del
Tiro con Arco tomaba lugar a una escala mayor y con un objetivo completamente
diferente. Los éxitos y los errores se interpretaban como precursores de la
buena o la mala fortuna, por lo que no se podía dar una segunda oportunidad
deportiva. El arquero debía ser muy hábil y el objetivo fácil de golpear.
No solo eso, los
objetivos de porcelana deberían ser obras de arte por sí mismas, exquisitamente
diseñadas para volar con gracia en el aire, producir un sonido agradable cuando
eran golpeados por una flecha y estallar en el suelo con un estallido de
belleza. Los sonidos hechos cuando se rompían tocaban una melodía.
Hisho había hecho
estos “objetivos de tiro cantantes” en el pasado. Trabajar en la mecánica de
tirar con precisión las aves de porcelana al aire requería una pequeña montaña
de objetivos de tiro. Reclutó a los mejores arqueros. Cuando los objetivos eran
lanzados y apuntados uno tras otro, los sonidos de la cerámica que se rompía
formaban una melodía.
Para igualar el
rendimiento de un concierto compuesto por músicos de la corte, una vez arregló
una fila de trescientos tiradores. Las aves multicolores danzaban por el aire
sobre el patio. Y cuando eran alcanzadas por las flechas, se rompían como
flores florecientes. Con una madera como campanas o campanillas, de
instrumentos hechos de diamantes y piedra, una canción de lujo sonaba fuerte.
Con tal énfasis
en el sonido, había poco que atrajera el sentido del olfato. Para compensar la
falta de fragancia, Hisho preparó seis mil tazones de naranja amarga china y
los colocó alrededor del patio.
Pero eso fue hace
mucho tiempo.
—Otro Rito de
Tiro con Arco para pasar a los libros de historia, ¿eh? —Suiryou miró a Hisho
como un perro ansioso por lamer la cara de su amo—. Estoy seguro de que no
puedes esperar para mostrarles lo que puedes hacer.
—Bueno, yo
supongo que sí.
—No hay necesidad de ser tan autocrítico frente a mí. Estamos hablando
del Rito Inaugural con motivo de la asunción de la nueva emperatriz. Un
espectáculo espléndido seguramente la hará feliz. Una emperatriz feliz
significa un Ministerio de Verano feliz. No solo palabras amables. Seguramente
habrá otras recompensas. Todo el mundo en el Ministerio te estará
agradecido y te tendrá en mayor estima.
Hisho logró no
reírse a carcajadas.
Entonces, eso es a lo que se reduce.
Si la nueva
emperatriz le daba algunas palabras amables -como Suiryou imaginó que la
Emperatriz Yo había hecho—, un brillante futuro le esperaba a todos los que
participaran en el Rito. Eso explicaba la recepción real que le estaba dando.
—Con tales
expectativas en mente, ¿supongo que hay un plan para ganar su aprobación?
Suiryou frunció
el ceño. Su boca se cerró en una delgada línea. Con una mirada inquisitiva,
hizo eco:
—¿Un plan?
—Bueno, ¿cuál
podría ser el mejor tipo de objetivos de tiro para hacer? Todavía no he
recibido ninguna orientación sobre el asunto. Aunque, en realidad, son hechos
por el Ministerio de Invierno.
De acuerdo con el
organigrama, Sekichou-shi planeaba y producía el Rito del Tiro con Arco.
Habiéndole dado toda la debida consideración, él le informaba al Ra-shi y le
hacía hacer los preparativos. El Ra-shi entonces le encargaba al Ra-jin para
que hiciera el trabajo real. Los Ra-jin eran los ingenieros supervisores y
maestros ceramistas adscritos al Ministerio de Invierno.
—Escuché que
manejaste todo, desde la planificación hasta la ejecución.
—¡Oh!, no me
dignaría a hacer tal información.
—Yo sí. Me han
dicho que el último Sekichou-shi no sabía la diferencia entre Disparando a
la Golondrina y el Rito del Tiro con Arco.
No estaba equivocado. Y no solo en lo último. Aparte del primer
Sekichou-shi al que Hisho servía, sus superiores no habían tenido contacto
hasta el punto de permanecer completamente desinformados. Con este “Ra-shi
entre los Ra-shi” haciendo todo por sí mismo, todo lo que sus jefes tenían que
hacer era sentarse y disfrutar de las ventajas del puesto.
Un trabajo poco
glamuroso, pero poco exigente; sin duda, así es como era dirigido también por
Suiryou.
Hubo burócratas
que subieron desde abajo, construyendo un registro de buen trabajo. Y había
burócratas que, disfrutando del patrocinio de altos funcionarios, comenzaron en
la cima y se establecieron cómodamente en un peldaño inferior en la escala de
la carrera.
Suiryou
definitivamente pertenecía a la última categoría.
—Si el
Sekichou-shi se siente fuera de su zona de confort, no tendría más remedio que
echarle una mano. No puedo decir que nunca haya sucedido antes.
La abierta
muestra de desprecio de Hisho despertó una breve mirada de disgusto en el
rostro de Suiryou. La sonrisa superficial regresó pronto.
—No he estado en
el trabajo tanto tiempo, ¿sabes? Por supuesto que entiendo el alcance de mis
responsabilidades y he estado aprendiendo los pormenores lo más rápido que
puedo. Aun así, apenas hay tiempo para las próximas ceremonias. Me disculpo por
ponerte en un aprieto y por no tener mi habitual tacto. Esta vez, verás, sería
mejor dejarlo en tus capaces manos.
—Ciertamente,
tengo toda la intención de ayudar de todas las formas que pueda. Y, sin
embargo, he estado en este trabajo durante mucho tiempo y me he quedado corto
de ideas últimamente. A decir verdad, he estado pensando en pedir una
transferencia o un permiso de ausencia.
—Bueno, ah, no…
—murmuró el aturdido Suiryou. Golpeó sus rodillas y se inclinó hacia delante—.
¿Qué pasa con el mismo tipo de objetivo de tiro que te ganó los elogios de la
Emperatriz Yo? Maquíllalo un poco, agrega un poco más de brillos y destellos.
Eso provocó una
sonrisa irónica de Hisho.
—Seguramente
bromea.
Suiryou estaba
obsesionado con el precedente que imaginaba había sido establecido por esa ave
de porcelana en particular. Pero si la nueva emperatriz compartía con ellos el
mismo “elogio” que la Emperatriz Yo, Suiryou podría verse despedido del puesto
que acababa de adquirir.
Por suerte para
Hisho, su jefe no conocía toda la historia.
—¿Por qué lo
dices? Haz un montón más de ellos, cambiales el color…
Hisho sacudió la
cabeza enfáticamente.
—Los alfareros
del Ministerio de Invierno que hicieron esos objetivos de tiro ya no están
allí.
—Solo diles que
hagan lo que hicieron antes. Deben tener las imágenes y los planos.
—Incluso si
todavía tienen las imágenes y los planos, no tengo confianza en que puedan
hacer el trabajo. Más que cualquier otra cosa, el tiempo es esencial.
Basado en eventos
pasados, el Rito del Tiro con Arco se llevaba a cabo aproximadamente un mes
después de que el nuevo soberano aceptara el Mandato del Cielo en el Monte Hou
y fuera formalmente investido.
—Bueno, el trabajo del Ra-shi es
mostrarles el camino y asegurarse de que hagan bien el trabajo —el descontento
de Suiryou por fin comenzó a mostrarse—. ¡No voy a tolerar que un Rito a medias
se le rinda a una emperatriz que acaba de ascender al trono! El ave de
porcelana que hagas la dejará encantada. ¡Nada más que eso!


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