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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 15 de mayo de 2023

Sueños de Prosperidad - Capítulo 18

 

CAPÍTULO 18

 

 

 

Después de que Eishuku se fuera, Shuka le preguntó a Seiki.

—¿Por qué le pediste eso?

Seiki encorvó los hombros como si estuviera igualmente confundido.

—Algo que se me ocurrió. No estoy muy seguro.

—Eso no me aclara nada, Seiki. Siéntate y explícamelo.

Seiki se sentó incómodamente en una silla como un niño desobediente a punto de recibir un regaño.

—Verás, si eran tan graves las heridas en el cuerpo del Taiho Junkou, entonces es lógico que lo mataran al mismo tiempo que al Taishi. Recuerdo que había una gran cantidad de sangre acumulada en un área. Probablemente, su mayoría perteneció al Taiho.

—Sí, eso tiene sentido. ¿Y?

—¿Por qué alguien, después de tal grado de violencia sobre el Taiho, no dejó el cuerpo allí? ¿Por qué se tomó la molestia de llevárselo solo a él? Un número de razones vienen a mi mente, pero tiene más sentido para mí si tenía el Kasho Kada con él y una rama fue cortada. De un modo u otro, el pedazo roto debió quedar en el cuerpo del señor Junkou. Por lo que fue necesario buscar más cuidadosamente en su cuerpo.

—Pero ¿por qué? Si la pieza faltante no podía ser recuperada, ¿por qué no simplemente desechar el cuerpo y el pedazo de rama?

—Sí, ¿por qué no? Así que la razón para ocultar el cuerpo del Taiho debe haber surgido por un deseo de mantenerlo oculto.

—¿Por qué…?

Seiki bajó su cabeza.

—Porque el Kasho Kada le pertenece a Sairin Taiho. Junkou se lo dio a Su Alteza Shishou. Entonces, Su Alteza sería quien lo tiene ahora.

—¡Oh!

—El día que me encontré con el señor Junkou, dijo que le había dado el Kasho Kada a Su Alteza. Por lo tanto, no sabía lo que había llegado a ser de él. Hasta ese día, no había visto el Kasho Kada otra vez. Entonces, ¿cuándo y cómo terminó de nuevo en posesión del señor Junkou?

—¿Te refieres a que esa noche Shishou lo llevaba con él cuando fue al Palacio de Oriente?

—Eso es lo que pienso, aunque no hay manera de confirmarlo. Su Alteza podría haber ordenado a un siervo que lo entregara. Aunque si de hecho Su Alteza llevó con él el Kasho Kada al Palacio Norte, creo que no habría querido ser descubierto. Porque él y solo él lo llevaría allí.

—Entonces, ¿fue realmente Shishou?

—Muy probablemente —contestó Seiki tristemente.

—¿Por qué haría tal cosa?

—¿Quién sabe? El enigma más intrigante es por qué no simplemente no encaró el asunto y asumió la responsabilidad.

—¿Qué? —dijo Shuka, levantando la cabeza.

—Quiero decir, el señor Shishou es el Rey. Suponiendo que mató al Taishi y al Taiho, ¿hay alguien en cualquier lugar que realmente lo podría poner en el banquillo por sus crímenes?

—Conociendo la meticulosidad de Shishou, no querría que se supiera que había sido capaz de rebajarse ante tal brutalidad, especialmente en un momento en que la Corte Imperial está en una situación tan desesperada.

—Aun así, ¿por qué la necesidad de cubrir sus huellas así? Considerando los rumores que circulaban acerca de que el señor Junkou estaba involucrado en actos de traición. Aunque eran acusaciones falsas, Su Alteza podría indicar que había agarrado al señor Junkou con las manos en la masa, en un acto de traición y lo había ejecutado por esa razón.

—Si la insurrección fuera visible, la gente y los ministros podrían empezar a dudar sobre cuan calificado está Shishou para ser el rey.

—Pero Su Alteza dijo que Junkou estaba conspirando y asesinó al Taishi. Y que tú y Eishuku fueron cómplices para ayudarlo a planear la rebelión. Y por eso era su intención enjuiciarnos por dicho crimen.

—Es cierto.

—No creo que fuera porque no podía decir que hubo una revuelta. Si estaba horrorizado por lo que había hecho y quería fingir que no sucedió, clamando traición sería más eficaz que ocultar el cuerpo.

»Al esconder el cuerpo implica que era consciente del delito. Luego afirmó que había sido el señor Junkou quien tuvo la culpa y no él -desviando la atención de sí mismo-.

Shuka asintió con la cabeza.

—Sí, eso tiene sentido. Pero ¿por qué?

—No lo sé. Salvo que el Kasho Kada realmente me preocupa. Su Alteza dejó el cuerpo del Taishi donde cayó, pero ocultó el Kasho Kada. Parece que estaba más preocupado por eso que por el delito de asesinato. ¿Por qué Su Alteza lo llevó consigo al Palacio de Oriente en primer lugar? Y no solo llevó el Kasho Kada.

Shuka parpadeó.

—¿No solo se lo llevó?

—Por supuesto. Su Alteza llevó el Kasho Kada y una espada al Palacio de Oriente. Es costumbre que en el Roshin y en el Enshin aparte de los guardias de la puerta y los encargados de la seguridad, nadie puede llevar una espada. Su Alteza también porta una espada en el Seishin. En cambio, en la Jinjuu Manor y en el Palacio de Oriente, ni los guardias ni Su Alteza pueden llevar espadas.

Shuka lo miraba atónita.

—Su Alteza debió haber llevado consigo una espada del Palacio de Oriente. Eso significa que tenía la intención de hacerle daño al Taishi y al Taiho desde el principio. Shishou dejó el Palacio de Oriente con el Kasho Kada y una espada en sus manos. Eso no significa necesariamente que tuviera intensión de asesinar a alguien. Pero sin duda revelaba cierto grado de hostilidad. Llevando una espada cuando va a algún sitio indica miedo o ira. Pero no tenía nada que temer.

»Un viejo flaco y un joven desgarbado eran los únicos ocupantes de la Mansión Choumei esa noche. Ni siquiera ellos portaban una espada, por lo que no planteaban una amenaza para Shishou, ni para nadie.

—Shishou debió haber estado molesto por algo. Consumido por su ira, agarró su espada y el Kasho Kada y se dirigió hacia el Palacio de Oriente.

—También lo creo. El problema es, ¿por qué el Kasho Kada lo había enojado tanto? ¿Cuál es la conexión?

—Shishou debió estar enojado con Junkou. Había tomado lo que le perteneció a la Taiho y lo había humillado.

—¿No fue eso lo que dijo cuando el señor Junkou le ofreció el Kasho Kada? ¿Habría seguido molesto con él desde entonces?

Después de pensarlo por un momento, Shuka de repente tuvo una idea.

—¿Qué tal si Shishou utilizó el Kasho Kada? Se dio cuenta que su imagen de un Sai ideal sería un reino que nunca podría lograrse. Por lo tanto…

Seiki suspiró.

—Es probable, pero difícil de decir. No sabemos las razones, pero de alguna manera está conectado con el Kasho Kada. Y todo comenzó con el señor Junkou entregándoselo a Shishou.

—Sí, eso fue —dijo Shuka, presionando su mano contra su pecho—. En este caso, la culpa recaería en Eishuku.

—¿En el señor Eishuku? ¿Por qué?

—Porque fue él quien se lo recomendó originalmente.

La sorpresa fue evidente en la cara de Seiki.

—¿Eishuku lo recomendó?

—Creo que sí. Una vez me topé con Junkou y Eishuku hablando de eso. En ese momento, Junkou quería darle a Shishou algunos consejos y le preocupaba que no tuviera nada que ofrecer. Temía que Shishou despidiera a su inútil hermanito. Fue entonces cuando Eishuku hizo la sugerencia.

Shuka estaba pasando por la sombra de una glorieta del jardín y no había escuchado toda la conversación. Así que, todo lo que oyó fue a Eishuku sugiriendo que ofrecerle a Shishou el Kasho Kada podría resultar útil, y manteniendo esto solo entre ellos, Junkou podría tomar todo el crédito.

—¡Oh, mi…! —la cara de Seiki se endureció.

Shuka frunció el ceño.

——¿Por qué dices eso?

—¡Oh, no, no es nada! Yo solo estoy un poco sorprendido.

—Esa mirada en tu cara no fue nada. ¿Qué sucede, Seiki?

Seiki parecía haber atado todos los cabos sueltos. Miró alrededor de la habitación varias veces como si buscara una salida y luego se giró hacia Shuka.

—Suéltalo, Seiki. El tiempo es esencial aquí.

—Bueno, verás, el señor Junkou lo negó firmemente.

—¿Negar qué?

Seiki respiró profundamente y exhaló.

—Cuando me lo encontré, surgió el tema de Su Alteza usando el Kasho Kada para confirmar lo correcto de su visión para Sai y de ahí su convicción sobre la materia. El señor Junkou me hizo saber en términos muy claros que tal cosa no era posible. Todo eso me dejó con una sensación extraña.

—¿Por qué?

—Porque el señor Junkou siempre había tenido en cuenta los comentarios de su hermano mayor. Si Shishou decía que el negro era blanco, entonces es lo que era. Siempre se consideró inferior a su hermano. Al escuchar a ese mismo hombre hablar con tan poca reserva era inusual.

—Puede ser que hayas acertado sobre algo.

—No tengo ningún motivo para seguir esta especulación, pero tengo que preguntarme si tal vez el señor Junkou utilizó el Kasho Kada.

Shuka abrió la boca para responder, pero no podía pensar en qué decir. Era posible. Deprimido en su incapacidad de ofrecer algún consejo constructivo, había obtenido el Kasho Kada de Sairin y luego antes de entregárselo a Shishou, lo había utilizado. Era muy posible. Si podía determinar qué clase de lugar era esa utopía, podría contribuir más y ser un consejero más productivo.

El Kasho Kada estaba reservado para el gobernante del reino. Pero como el hermano del rey, Junkou debía estar calificado.

—¿Por lo que Junkou tuvo una visión de este Shangri-La[1] y se dio cuenta que este Sai y el de Shishou miraban en sentidos opuestos?

—Así lo creo. Eso explicaría por qué fue tan vehemente en sus negaciones. Si es así, las cosas toman un giro aún más extraño.

—¿Un giro extraño?

—Sí. Si el señor Junkou tuvo una visión del Shangri-La y se dio cuenta de que ese y Sai no eran el mismo lugar, entonces, ¿cómo podría el señor Shishou también utilizar el Kasho Kada y estar tan convencido? En ese caso, tal vez, ¿Su Alteza nunca realmente utilizó el Kasho Kada?

—Eso es…

—El señor Shishou estaba realmente al final de su ingenio. Visitó el Palacio de Oriente todos los días para consultar con el Taishi y su madre. Debió haber sabido que estaba sentado en un trono que estaba a punto de romperé. Si no arreglaba las cosas y pronto, su mundo iba a desarmarse. Además, teniendo el Tesoro Imperial, ¿sería posible para él no usarlo?

—Imagino que sería difícil.

—¿No lo haría? Pero suponiendo que usó el Kasho Kada, se sintió terriblemente desanimado por los resultados o abruptamente puso al revés el gobierno, ya sea que parezca el resultado más probable. Excepto que no lo hizo tampoco. Estaba sumamente convencido de la rectitud de su curso. De acuerdo con los recuerdos del señor Junkou sobre esos eventos, eso fue en el momento en que le presentó el Kasho Kada.

—¿El señor Shishou usó el Kasho Kada? ¿Y así ganó confianza? No es posible.

—No, no lo es. ¿Pero Sairin no dijo repetidamente que el Reino de Sai en esos sueños no debía confundirse con el verdadero Sai? ¿Qué la utopía mostrada por el Kasho Kada y el Sai que conocemos son mundos aparte?

Shuka asintió. Era intensamente doloroso y angustiante imaginar cuan profundos podrían ser esos malentendidos.

—¿Pero al menos sería posible alguna vez?

Shuka volvió su cara hacia él.

—¿Puede haber dudas de que el señor Shishou fue el destinatario de la Divina Providencia en el momento de su coronación? ¿Si había dirigido en la dirección equivocada desde el principio de la Corte Imperia, podría decir que ha protegido y preservado el trono? ¿Podría decir que incluso recibió el Mandato del Cielo en primer lugar?

—No puedo imaginar que la situación fuera tan mala como eso. Ciertamente, hemos tenido nuestra parte en los errores. Al mismo tiempo, hemos tenido nuestros éxitos, aunque tal vez en menor medida. Pero eso solo puede ser lo que yo deseo y me esté dando palmaditas en la espalda.

—Por supuesto. Es razonable. Pero algo ha cambiado. El Kasho Kada cambió algo. Se dice que el Kasho Kada revela en sueños una visión de la utopía. Quizá es que nuestras hipótesis originales han sido equivocadas.

—No entiendo tu punto.

—Qué pasa si… ¿qué pasa si el Kasho Kada le muestra una visión diferente a cada persona que lo usa?

La boca de Shuka se abrió por la sorpresa, pero ella no podía pensar qué decir.

—Eso lo explicaría todo. La Taiho utilizó el Kasho Kada. Pero la visión que vio era única para ella. No tendría nada que ver con los objetivos que el señor Shishou había trazado. El señor Junkou entonces lo utilizó y vio algo que no había visto la Taiho, algo muy diferente de lo que era Sai.

—Increíble. ¿Y luego Shishou lo utilizó? ¿Y vio su propia y única utopía? La cual coincidía con sus propias visiones del futuro y así reforzó sus convicciones.

Seiki asintió con la cabeza.

—No creo que la utopía mostrada por el Kasho Kada sea un verdadero Shangri-La. No estás viendo lo que el reino debe ser. La utopía que Shishou vio fue su visión de un reino ideal. La utopía que la Taiho vio era su visión de un reino ideal. Lo que refleja el idealismo de un kirin, sería un reino impregnado de benevolencia, donde no se encuentra ni una partícula de malicia u odio. No hay manera que un lugar así pueda tener nada en común con el verdadero Sai. Eso es lo que creo que está sucediendo. El Kasho Kada no apunta en la dirección correcta. Encarna los ideales y te los muestra a través de un sueño.

Y así ambos estuvieron de acuerdo. Shuka pudo ver cómo esto tenía sentido.

—Pero entonces, ¿cuál sería el propósito de dicho Tesoro Imperial?

—Creo que serviría para el siguiente propósito: la mayoría de la gente realmente no sabe lo que realmente quieren o desean.

—¡Oh, tonterías! —dijo Shuka con una sonrisa triste.

Seiki estrechó los ojos.

—¿No has estado confundida sobre algo? ¿Insegura de qué camino tomar?

—Pues…

—Por ejemplo, volviste de Sou a Sai. Sin embargo, la Princesa Bun te ofreció una posición en el gobierno de Sou, que sin duda te encantó. ¿No sentiste un fuerte impulso de quedarte en Sou? Pero en cambio, volviste a Sai. ¿Por qué fue eso?

—Porque Eishuku persuasivamente argumentó que debía hacerlo. Sí, la idea de quedarme en Sou cruzó por mi mente. Pero como dijo Eishuku, compartimos parte de la responsabilidad de llevar a Sai a su estado actual. Hemos levantado la bandera de la justicia. Dejamos la culpa a los pies del Rey Fu. Hemos construido la nueva Corte Imperial junto a Shishou. ¿Cómo podríamos echar todo eso a un lado ahora?

—Así que, ¿te dices a ti misma que no podrías echar todo a un lado, o no deberías?

Una mirada confusa vino a la cara de Shuka. No parecía que hubiera alguna diferencia.

—Si dices que estuve en una encrucijada, probablemente estaría de acuerdo. No quiero abandonar nuestra causa justa. No debo abandonarla.

—Al decir que no debes, ¿no te niegas a contemplar cualquier otro curso de acción? Porque de hecho albergas dudas al respecto, ¿te sientes obligada a descartar esas dudas de tu mente?

—Eso no es todo. No quiero ser algún tipo de patriota caprichosa. Si lo hiciera, viviría para lamentarlo. Me odiaría a mí misma. No quiero convertirme en una persona como esa.

—¿Significa que realmente lo has pensado?

Shuka no sabía cómo responder. Se sentía mancillada. Quería huir de sí misma.

Seiki sonrió.

—Por favor, no me mires así. Esto no es algo de lo que avergonzarse. No serías humana si no consideraras seriamente abandonar este barco y volver a empezar todo en Sou. Por supuesto que tendrías que pensarlo cuidadosamente. No ha nada admirable sobre la persona que se ciñe a un solo camino cada vez sin un segundo pensamiento. Aquellos que sienten las tentaciones del pecado y deciden distanciarse de ellas son mucho más admirables en mi estimación.

—Supongo que sí.

—No hay necesidad de suponer. Pero creo que la gente siempre dudará de sus verdaderos motivos. Deseamos lo que creemos que no debemos hacer. Nos preocupa que haya algo malo con solo incluso quererlo. Toda esa preocupación es desagradable y no queremos sentirnos desagradables, así que prácticamente desde el principio nos preguntamos su lo que queremos es lo que realmente queremos. En lo profundo de nuestros corazones nuestro sentido de convicción se tambalea. Las personas son cosas complicadas. Y todos esos pensamientos que compiten entre sí solo enturbian la imagen. Así que los cubrimos y los sellamos firmemente y abogamos a nuestros deseos verdaderos.

—Probablemente estés en lo correcto.

—Si es así, entonces el Kasho Kada podría ser una gran ayuda. Desentrañaría toda la confusión y los enredos, mostrándonos el mundo que realmente deseamos pondría esas dudas de lado. Eso es lo que pienso que es el Kasho Kada. Examina a través de nuestros ideales y elimina las impurezas.

Shuka asintió. Seiki sonrió. Pero entonces su rostro se ensombreció.

—El problema es si el señor Eishuku es consciente de la verdadera naturaleza del Kasho Kada.

—No lo creo. Cree que su propósito siempre ha sido el de mostrar objetivamente la forma en la que el reino debería ser.

—Quizá sea mejor así —Seiki miraba a lo lejos—. Si hubiera entendido cómo realmente debía ser utilizado, entonces la recomendación al señor Junkou habría sido un terrible error.

—Un terrible error —murmuró Shuka, llegando a la misma conclusión y la sensación la hizo palidecer.

      Presentándole el Kasho Kada a Shishou hubiera sido como empujarlo al precipicio hacia el que ya se dirigía. Inconsciente de que no presentaba una imagen del Shangri-La, sino que solo aclaraba los ideales de un soñador. Eso lo habría convencido más de lo correcto de sus objetivos desalineados y habría perdido la última y mejor oportunidad para corregir su Camino.


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