CAPÍTULO
18
Después de que
Eishuku se fuera, Shuka le preguntó a Seiki.
—¿Por qué le pediste eso?
Seiki encorvó los hombros como si estuviera igualmente confundido.
—Algo que se me ocurrió. No estoy muy seguro.
—Eso no me aclara nada, Seiki. Siéntate y explícamelo.
Seiki se sentó incómodamente en una silla como un niño desobediente a
punto de recibir un regaño.
—Verás, si eran tan graves las heridas en el cuerpo del Taiho Junkou,
entonces es lógico que lo mataran al mismo tiempo que al Taishi. Recuerdo que
había una gran cantidad de sangre acumulada en un área. Probablemente, su
mayoría perteneció al Taiho.
—Sí, eso tiene sentido. ¿Y?
—¿Por qué alguien, después de tal grado de violencia sobre el Taiho,
no dejó el cuerpo allí? ¿Por qué se tomó la molestia de llevárselo solo a él?
Un número de razones vienen a mi mente, pero tiene más sentido para mí si tenía
el Kasho Kada con él y una rama fue cortada. De un modo u otro, el
pedazo roto debió quedar en el cuerpo del señor Junkou. Por lo que fue
necesario buscar más cuidadosamente en su cuerpo.
—Pero ¿por qué? Si la pieza faltante no podía ser recuperada, ¿por qué
no simplemente desechar el cuerpo y el pedazo de rama?
—Sí, ¿por qué no? Así que la razón para ocultar el cuerpo del Taiho
debe haber surgido por un deseo de mantenerlo oculto.
—¿Por qué…?
Seiki bajó su cabeza.
—Porque el Kasho Kada le pertenece a
Sairin Taiho. Junkou se lo dio a Su Alteza Shishou. Entonces, Su Alteza sería
quien lo tiene ahora.
—¡Oh!
—El día que me encontré con el señor Junkou, dijo que le había dado el
Kasho Kada a Su Alteza. Por lo tanto, no sabía lo que había llegado a
ser de él. Hasta ese día, no había visto el Kasho Kada otra vez.
Entonces, ¿cuándo y cómo terminó de nuevo en posesión del señor Junkou?
—¿Te refieres a que esa noche Shishou lo llevaba con él cuando fue al
Palacio de Oriente?
—Eso es lo que pienso, aunque no hay manera
de confirmarlo. Su Alteza podría haber ordenado a un siervo que lo entregara.
Aunque si de hecho Su Alteza llevó con él el Kasho Kada al Palacio
Norte, creo que no habría querido ser descubierto. Porque él y solo él lo
llevaría allí.
—Entonces, ¿fue realmente Shishou?
—Muy probablemente —contestó Seiki tristemente.
—¿Por qué haría tal cosa?
—¿Quién sabe? El enigma más intrigante es por qué no simplemente no
encaró el asunto y asumió la responsabilidad.
—¿Qué? —dijo Shuka, levantando la cabeza.
—Quiero decir, el señor Shishou es el Rey. Suponiendo que mató al
Taishi y al Taiho, ¿hay alguien en cualquier lugar que realmente lo podría
poner en el banquillo por sus crímenes?
—Conociendo la meticulosidad de Shishou, no querría que se supiera que
había sido capaz de rebajarse ante tal brutalidad, especialmente en un momento
en que la Corte Imperial está en una situación tan desesperada.
—Aun así, ¿por qué la necesidad de cubrir sus huellas así?
Considerando los rumores que circulaban acerca de que el señor Junkou estaba
involucrado en actos de traición. Aunque eran acusaciones falsas, Su Alteza
podría indicar que había agarrado al señor Junkou con las manos en la masa, en
un acto de traición y lo había ejecutado por esa razón.
—Si la insurrección fuera visible, la gente y los ministros podrían
empezar a dudar sobre cuan calificado está Shishou para ser el rey.
—Pero Su Alteza dijo que Junkou estaba conspirando y asesinó al
Taishi. Y que tú y Eishuku fueron cómplices para ayudarlo a planear la
rebelión. Y por eso era su intención enjuiciarnos por dicho crimen.
—Es cierto.
—No creo que fuera porque no podía decir que hubo una revuelta. Si
estaba horrorizado por lo que había hecho y quería fingir que no sucedió,
clamando traición sería más eficaz que ocultar el cuerpo.
»Al esconder el cuerpo implica que era consciente del delito. Luego
afirmó que había sido el señor Junkou quien tuvo la culpa y no él -desviando la
atención de sí mismo-.
Shuka asintió con la cabeza.
—Sí, eso tiene sentido. Pero ¿por qué?
—No lo sé. Salvo que el Kasho Kada realmente me preocupa. Su
Alteza dejó el cuerpo del Taishi donde cayó, pero ocultó el Kasho Kada.
Parece que estaba más preocupado por eso que por el delito de asesinato. ¿Por
qué Su Alteza lo llevó consigo al Palacio de Oriente en primer lugar? Y no solo
llevó el Kasho Kada.
Shuka parpadeó.
—¿No solo se lo llevó?
—Por supuesto. Su Alteza llevó el Kasho Kada y una espada al
Palacio de Oriente. Es costumbre que en el Roshin y en el Enshin aparte de los
guardias de la puerta y los encargados de la seguridad, nadie puede llevar una
espada. Su Alteza también porta una espada en el Seishin. En cambio, en la
Jinjuu Manor y en el Palacio de Oriente, ni los guardias ni Su Alteza pueden
llevar espadas.
Shuka lo miraba atónita.
—Su Alteza debió haber llevado consigo una
espada del Palacio de Oriente. Eso significa que tenía la intención de hacerle
daño al Taishi y al Taiho desde el principio. Shishou dejó el Palacio de Oriente
con el Kasho Kada y una espada en sus manos. Eso no significa
necesariamente que tuviera intensión de asesinar a alguien. Pero sin duda
revelaba cierto grado de hostilidad. Llevando una espada cuando va a algún
sitio indica miedo o ira. Pero no tenía nada que temer.
»Un viejo flaco y un joven desgarbado eran los únicos ocupantes de la
Mansión Choumei esa noche. Ni siquiera ellos portaban una espada, por lo que no
planteaban una amenaza para Shishou, ni para nadie.
—Shishou debió haber estado molesto por algo. Consumido por su ira,
agarró su espada y el Kasho Kada y se dirigió hacia el Palacio de
Oriente.
—También lo creo. El problema es, ¿por qué el Kasho Kada lo
había enojado tanto? ¿Cuál es la conexión?
—Shishou debió estar enojado con Junkou. Había tomado lo que le
perteneció a la Taiho y lo había humillado.
—¿No fue eso lo que dijo cuando el señor Junkou le ofreció el Kasho
Kada? ¿Habría seguido molesto con él desde entonces?
Después de pensarlo por un momento, Shuka de repente tuvo una idea.
—¿Qué tal si Shishou utilizó el Kasho Kada? Se dio cuenta que
su imagen de un Sai ideal sería un reino que nunca podría lograrse. Por lo
tanto…
Seiki suspiró.
—Es probable, pero difícil de decir. No sabemos las razones, pero de
alguna manera está conectado con el Kasho Kada. Y todo comenzó con el
señor Junkou entregándoselo a Shishou.
—Sí, eso fue —dijo Shuka, presionando su mano contra su pecho—. En
este caso, la culpa recaería en Eishuku.
—¿En el señor Eishuku? ¿Por qué?
—Porque fue él quien se lo recomendó originalmente.
La sorpresa fue evidente en la cara de Seiki.
—¿Eishuku lo recomendó?
—Creo que sí. Una vez me topé con Junkou y Eishuku hablando de eso. En
ese momento, Junkou quería darle a Shishou algunos consejos y le preocupaba que
no tuviera nada que ofrecer. Temía que Shishou despidiera a su inútil
hermanito. Fue entonces cuando Eishuku hizo la sugerencia.
Shuka estaba pasando por la sombra de una glorieta del jardín y no
había escuchado toda la conversación. Así que, todo lo que oyó fue a Eishuku
sugiriendo que ofrecerle a Shishou el Kasho Kada podría resultar útil, y
manteniendo esto solo entre ellos, Junkou podría tomar todo el crédito.
—¡Oh, mi…! —la cara de Seiki se endureció.
Shuka frunció el ceño.
——¿Por qué dices eso?
—¡Oh, no, no es nada! Yo solo estoy un poco sorprendido.
—Esa mirada en tu cara no fue nada. ¿Qué sucede, Seiki?
Seiki parecía haber atado todos los cabos sueltos. Miró alrededor de
la habitación varias veces como si buscara una salida y luego se giró hacia
Shuka.
—Suéltalo, Seiki. El tiempo es esencial aquí.
—Bueno, verás, el señor Junkou lo negó firmemente.
—¿Negar qué?
Seiki respiró profundamente y exhaló.
—Cuando me lo encontré, surgió el tema de Su Alteza usando el Kasho
Kada para confirmar lo correcto de su visión para Sai y de ahí su
convicción sobre la materia. El señor Junkou me hizo saber en términos muy
claros que tal cosa no era posible. Todo eso me dejó con una sensación extraña.
—¿Por qué?
—Porque el señor Junkou siempre había tenido en cuenta los comentarios
de su hermano mayor. Si Shishou decía que el negro era blanco, entonces es lo
que era. Siempre se consideró inferior a su hermano. Al escuchar a ese mismo
hombre hablar con tan poca reserva era inusual.
—Puede ser que hayas acertado sobre algo.
—No tengo ningún motivo para seguir esta
especulación, pero tengo que preguntarme si tal vez el señor Junkou utilizó el Kasho
Kada.
Shuka abrió la boca para responder, pero no podía pensar en qué decir.
Era posible. Deprimido en su incapacidad de ofrecer algún consejo constructivo,
había obtenido el Kasho Kada de Sairin y luego antes de entregárselo a
Shishou, lo había utilizado. Era muy posible. Si podía determinar qué clase de
lugar era esa utopía, podría contribuir más y ser un consejero más productivo.
El Kasho Kada estaba reservado para el gobernante del reino.
Pero como el hermano del rey, Junkou debía estar calificado.
—¿Por lo que Junkou tuvo una visión de este Shangri-La[1] y se dio cuenta que este Sai y el de Shishou miraban en sentidos
opuestos?
—Así lo creo. Eso explicaría por qué fue tan vehemente en sus
negaciones. Si es así, las cosas toman un giro aún más extraño.
—¿Un giro extraño?
—Sí. Si el señor Junkou tuvo una visión del Shangri-La y se dio
cuenta de que ese y Sai no eran el mismo lugar, entonces, ¿cómo podría el señor
Shishou también utilizar el Kasho Kada y estar tan convencido? En ese
caso, tal vez, ¿Su Alteza nunca realmente utilizó el Kasho Kada?
—Eso es…
—El señor Shishou estaba realmente al final de su ingenio. Visitó el
Palacio de Oriente todos los días para consultar con el Taishi y su madre.
Debió haber sabido que estaba sentado en un trono que estaba a punto de
romperé. Si no arreglaba las cosas y pronto, su mundo iba a desarmarse. Además,
teniendo el Tesoro Imperial, ¿sería posible para él no usarlo?
—Imagino que sería difícil.
—¿No lo haría? Pero suponiendo que usó el Kasho Kada, se sintió
terriblemente desanimado por los resultados o abruptamente puso al revés el
gobierno, ya sea que parezca el resultado más probable. Excepto que no lo hizo
tampoco. Estaba sumamente convencido de la rectitud de su curso. De acuerdo con
los recuerdos del señor Junkou sobre esos eventos, eso fue en el momento en que
le presentó el Kasho Kada.
—¿El señor Shishou usó el Kasho Kada? ¿Y así ganó confianza? No
es posible.
—No, no lo es. ¿Pero Sairin no dijo repetidamente que el Reino de Sai
en esos sueños no debía confundirse con el verdadero Sai? ¿Qué la utopía
mostrada por el Kasho Kada y el Sai que conocemos son mundos aparte?
Shuka asintió. Era intensamente doloroso y angustiante imaginar cuan
profundos podrían ser esos malentendidos.
—¿Pero al menos sería posible alguna vez?
Shuka volvió su cara hacia él.
—¿Puede haber dudas de que el señor Shishou fue el destinatario de la
Divina Providencia en el momento de su coronación? ¿Si había dirigido en la
dirección equivocada desde el principio de la Corte Imperia, podría decir que
ha protegido y preservado el trono? ¿Podría decir que incluso recibió el
Mandato del Cielo en primer lugar?
—No puedo imaginar que la situación fuera tan mala como eso.
Ciertamente, hemos tenido nuestra parte en los errores. Al mismo tiempo, hemos
tenido nuestros éxitos, aunque tal vez en menor medida. Pero eso solo puede ser
lo que yo deseo y me esté dando palmaditas en la espalda.
—Por supuesto. Es razonable. Pero algo ha cambiado. El Kasho Kada
cambió algo. Se dice que el Kasho Kada revela en sueños una visión de la
utopía. Quizá es que nuestras hipótesis originales han sido equivocadas.
—No entiendo tu punto.
—Qué pasa si… ¿qué pasa si el Kasho Kada le muestra una visión
diferente a cada persona que lo usa?
La boca de Shuka se abrió por la sorpresa, pero ella no podía pensar
qué decir.
—Eso lo explicaría todo. La Taiho utilizó el Kasho Kada. Pero
la visión que vio era única para ella. No tendría nada que ver con los
objetivos que el señor Shishou había trazado. El señor Junkou entonces lo
utilizó y vio algo que no había visto la Taiho, algo muy diferente de lo que
era Sai.
—Increíble. ¿Y luego Shishou lo utilizó? ¿Y vio su propia y única
utopía? La cual coincidía con sus propias visiones del futuro y así
reforzó sus convicciones.
Seiki asintió con la cabeza.
—No creo que la utopía mostrada por el Kasho
Kada sea un verdadero Shangri-La. No estás viendo lo que el reino debe
ser. La utopía que Shishou vio fue su visión de un reino ideal. La utopía
que la Taiho vio era su visión de un reino ideal. Lo que refleja el idealismo
de un kirin, sería un reino impregnado de benevolencia, donde no se
encuentra ni una partícula de malicia u odio. No hay manera que un lugar así
pueda tener nada en común con el verdadero Sai. Eso es lo que creo que está
sucediendo. El Kasho Kada no apunta en la dirección correcta. Encarna
los ideales y te los muestra a través de un sueño.
Y así ambos estuvieron de acuerdo. Shuka pudo ver cómo esto tenía
sentido.
—Pero entonces, ¿cuál sería el propósito de dicho Tesoro Imperial?
—Creo que serviría para el siguiente propósito: la mayoría de la gente
realmente no sabe lo que realmente quieren o desean.
—¡Oh, tonterías! —dijo Shuka con una sonrisa triste.
Seiki estrechó los ojos.
—¿No has estado confundida sobre algo? ¿Insegura de qué camino tomar?
—Pues…
—Por ejemplo, volviste de Sou a Sai. Sin embargo, la Princesa Bun te
ofreció una posición en el gobierno de Sou, que sin duda te encantó. ¿No
sentiste un fuerte impulso de quedarte en Sou? Pero en cambio, volviste a Sai.
¿Por qué fue eso?
—Porque Eishuku persuasivamente argumentó que debía hacerlo. Sí, la
idea de quedarme en Sou cruzó por mi mente. Pero como dijo Eishuku, compartimos
parte de la responsabilidad de llevar a Sai a su estado actual. Hemos levantado
la bandera de la justicia. Dejamos la culpa a los pies del Rey Fu. Hemos
construido la nueva Corte Imperial junto a Shishou. ¿Cómo podríamos echar todo
eso a un lado ahora?
—Así que, ¿te dices a ti misma que no podrías echar todo a un
lado, o no deberías?
Una mirada confusa vino a la cara de Shuka. No parecía que hubiera alguna
diferencia.
—Si dices que estuve en una encrucijada, probablemente estaría de
acuerdo. No quiero abandonar nuestra causa justa. No debo abandonarla.
—Al decir que no debes, ¿no te niegas a contemplar cualquier
otro curso de acción? Porque de hecho albergas dudas al respecto, ¿te
sientes obligada a descartar esas dudas de tu mente?
—Eso no es todo. No quiero ser algún tipo de patriota caprichosa. Si
lo hiciera, viviría para lamentarlo. Me odiaría a mí misma. No quiero
convertirme en una persona como esa.
—¿Significa que realmente lo has pensado?
Shuka no sabía cómo responder. Se sentía mancillada. Quería huir de sí
misma.
Seiki sonrió.
—Por favor, no me mires así. Esto no es algo de lo que avergonzarse.
No serías humana si no consideraras seriamente abandonar este barco y volver a
empezar todo en Sou. Por supuesto que tendrías que pensarlo cuidadosamente. No
ha nada admirable sobre la persona que se ciñe a un solo camino cada vez sin un
segundo pensamiento. Aquellos que sienten las tentaciones del pecado y deciden
distanciarse de ellas son mucho más admirables en mi estimación.
—Supongo que sí.
—No hay necesidad de suponer. Pero creo que la gente siempre dudará de
sus verdaderos motivos. Deseamos lo que creemos que no debemos hacer. Nos
preocupa que haya algo malo con solo incluso quererlo. Toda esa preocupación es
desagradable y no queremos sentirnos desagradables, así que prácticamente desde
el principio nos preguntamos su lo que queremos es lo que realmente queremos.
En lo profundo de nuestros corazones nuestro sentido de convicción se tambalea.
Las personas son cosas complicadas. Y todos esos pensamientos que compiten
entre sí solo enturbian la imagen. Así que los cubrimos y los sellamos
firmemente y abogamos a nuestros deseos verdaderos.
—Probablemente estés en lo correcto.
—Si es así, entonces el Kasho Kada podría ser una gran ayuda.
Desentrañaría toda la confusión y los enredos, mostrándonos el mundo que
realmente deseamos pondría esas dudas de lado. Eso es lo que pienso que es el Kasho
Kada. Examina a través de nuestros ideales y elimina las impurezas.
Shuka asintió. Seiki sonrió. Pero entonces su rostro se ensombreció.
—El problema es si el señor Eishuku es consciente de la verdadera
naturaleza del Kasho Kada.
—No lo creo. Cree que su propósito siempre ha sido el de mostrar
objetivamente la forma en la que el reino debería ser.
—Quizá sea mejor así —Seiki miraba a lo lejos—. Si hubiera entendido
cómo realmente debía ser utilizado, entonces la recomendación al señor Junkou
habría sido un terrible error.
—Un terrible error —murmuró Shuka, llegando a la misma conclusión y la
sensación la hizo palidecer.
Presentándole el Kasho Kada a
Shishou hubiera sido como empujarlo al precipicio hacia el que ya se dirigía.
Inconsciente de que no presentaba una imagen del Shangri-La, sino que
solo aclaraba los ideales de un soñador. Eso lo habría convencido más de lo
correcto de sus objetivos desalineados y habría perdido la última y mejor
oportunidad para corregir su Camino.

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