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lunes, 15 de mayo de 2023

Sueños de Prosperidad - Capítulo 15

 

CAPÍTULO 15

 

 

 

De hecho, Shuka y Eishuku estaban agotados y le agradecieron a Bunki desde el fondo de sus corazones. En el estado de agotamiento de Shuka, el gesto realmente la había conmovido. Al mismo tiempo, era muy triste. La extraordinaria generosidad que el pueblo de Sou les mostraba -a completos extraños y extranjeros- le aguijoneó su conciencia.

Apenas veinte años.

—¿La Corte Imperial fracasó después de un tiempo tan corto? —se preguntó Shuka tristemente, mirando a los jardines desde la ventana de la sala principal de la mansión—. A Sou, le debe todo parecer una actuación vergonzosa.

Bunki llegó con una cesta de fruta. Respondió con una sonrisa perpleja.

—Nadie ha dicho eso. Una Corte Imperial es algo duro de manejar. Especialmente después de una revolución, cuanto más joven la corte, más difícil es.

—Probablemente, esté en lo cierto.

—Es generalmente el caso —declaró Bunki con una sonrisa tranquilizadora—. Pero ¿qué harán la señora Shuka y el señor Eishuku de ahora en adelante? Fueron muy importantes ministros de su gobierno. Su Alteza quisiera hacer uso de su experiencia en nombre de Sou.

—Bueno… —dijo Shuka.

Por un momento no pudo negar la alegría que llenaba su corazón.

No había lugar para ellos en Sai. Su carrera como ministro había terminado. No tenía ni idea de lo que haría después de eso. No podía sentirse sino intranquila. Al mismo tiempo, no había sido capaz de lograr lo que como ministro debía llevar a cabo y eso la llenaba de remordimientos. La oportunidad de empezar de nuevo como ministro en un reino rico como Sou era un salvavidas.

Pero Eishuku alzó su voz y dijo fríamente.

—Le damos gracias por la oferta, pero no estamos de acuerdo. Nuestro deber es con Sai. Es una vergüenza el que debamos depender de los recursos de su reino.

—Eishuku…

Eishuku sacudió la cabeza con firmeza.

—Shuka, simplemente no podemos. Si me disculpan…

—Pero… —Shuka levantó la voz—. Shishou nos dijo que no regresáramos.

—Aunque puede ser cierto, no significa que debemos confiar en la bondad de los extraños y poner a Sai detrás de nosotros. Ciertamente sabemos que, si volvemos a Sai, seremos calificados de traidores y castigados duramente por ello. La muerte de ninguna manera está en las cartas. Shishou nos dijo que huyéramos, y al menos así pudo perdonar nuestras vidas.

—Pero…

—Y, aunque no lo hiciera, nuestras vidas deberían tomarse en recompensa por nuestros pecados.

—¡No somos traidores!

—¿Podemos afirmar realmente que no lo somos? Aunque nuestro papel en la revolución nos recompensó con altas posiciones en el gobierno, fuimos incapaces de salvar a Shishou o salvar a la Corte Imperial. La gente sufrió ante nuestros ojos, las injusticias florecieron y fuimos desleales a Su Alteza. La calumnia de traición no es injustificada, ¿o sí? Si somos condenados a muerte bajo la acusación de traición, entonces que así sea.

—Eishuku…

—Si somos tan afortunados que Shishou perdone nuestras vidas, entonces hay mucho trabajo que hacer en su nombre. Volver al Camino es difícil, pero definitivamente no imposible. Debemos trabajar hacia ese fin. Si resulta ilusorio, y si vivimos lo suficiente, entonces después de la caída de Shishou, Sai necesitará el apoyo de las personas para evitar que las cosas se caigan a pedazos. Sostener un reino con un trono vacío es la única manera en la que podemos pagarle a la gente por las injusticias que sufrieron.

Shuka cayó en silencio.

—Shishou nos dijo que acompañáramos a la Taiho aquí y que luego regresáramos. Ese fue el Decreto Imperial. Lo que significa que estamos obligados a volver. ¿Qué opinas, Seiki? —Eishuku se volvió hacia Seiki, que estaba sentado tranquilamente en una esquina de la habitación.

Seiki suspiró suavemente.

—Tuve la sensación de que sería la conclusión a la que llegarías.

—Puedes permanecer aquí si lo deseas.

—No seas tonto. Si insistes en regresar a Sai, por supuesto que voy a acompañarte. Sin mí, no te levantarás a tiempo para tu ejecución.

Eishuku se echó a reír y miró a Shuka.

—Seguramente bromean —oyó decir a Bunki exclamar, pero asintió con la cabeza de todos modos.

Tenía razón. Habían destruido a Sai. Obsesionados por su propio idealismo, habían tomado esa realidad por sentado y estúpidamente sirvieron a ningún otro fin. Siendo ese el caso, no podían mantener sus propias y estimadas vidas y abandonar sus obligaciones mientras que las personas perecían.

Tenemos el deber de sacrificarnos en la búsqueda de la rectitud.

 

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