Entrada destacada

El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 15 de mayo de 2023

Sueños de Prosperidad - Esplendor de Invierno Capítulo 13

 

CAPÍTULO 13

 

 

 

Taiki tenía programado permanecer allí durante tres días. A él y a su séquito les dieron una recepción oficial e hicieron su aparición oficial en la corte. Pero fueron tratados como invitados personales.

Les permitieron usar un ala del Palacio de huéspedes. Allí y dentro de los principales jardines del Seishin, el personal ministerial a los alrededores se limitaba al número mínimo de asistentes y cuidadores. Sin mencionar que Seitaku ventosamente les dio rienda suelta de las viviendas imperiales, al parecer, sin pensarlo dos veces.

—Simplemente no puede ser una buena idea, dejar su guardia abajo todo el tiempo —reflexionó Sougen, que estaba teniendo un tiempo difícil para entender lo que estaba viendo.

Los adultos en general parecían incómodos con este actuar des complicado. Taiki, por otra parte, estaba pasándolo genial. El no tener que seguir todas esas cosas sobre la ceremonia y el protocolo. Y aun cuando tenía sentido, no estaba acostumbrado a eso y constantemente tenía que caminar como pisando huevos para no meter la pata.

Pero no era así en el Palacio Urou.

—Tal vez se sientan cómodos bajando la guardia, porque el palacio es tan seguro —respondió irónicamente Asen.

Seirai suspiró.

—Seguro o despreocupado. La gente de Ren parece muy generosa en todo caso.

—¿No es algo bueno? —preguntó Taiki.

Los hombros de Seirai cedieron un poco.

—No estoy diciendo que es malo. Solo que es difícil enseñar a un perro viejo como yo nuevos trucos. He pasado a través de las filas como un militar. Soy un experto en seguir las reglas al pie de la letra. Cuando se trata de lo contrario…

Sougen y Asen asintieron con la cabeza, concordando con él.

—Es como que realmente no sabemos dónde estamos parados, así que no podemos pararnos erguidos. El Taiho no debería tener miedo de disfrutar de sí mismo. Este lugar parece encajar con su personalidad.

—No es que no me guste el Palacio Hakkei.

—Lo sé. Y no es que no me guste el Palacio Urou. Es decir, estos dos últimos días, he visto a Tansui perdido por lo menos tres veces en sí mismo.

—Eso es cierto —sonrió Taiki.

—Y ayer, Tansui estaba incómodo cuando Ren Taiho nos trajo el desayuno y nos hizo té.

—No hablaría mal de eso, pero que es algo que casi nunca lo he visto.

Taiki soltó una risita. Tansui estaba de pie junto a la puerta, fingiendo que él no estaba oyendo nada, como siempre hacía. Aun así, se veía un poco abatido.

—Bueno, voy a salir por un rato —dijo Taiki.

Dejó el gran edificio, y Tansui lo siguió sin decir una palabra. Taiki se dirigió hacia el complejo del palacio norte. Cuando Seitaku no estaba ocupado con sus asuntos, podía encontrarse generalmente en su granja. Cuando Taiki llegó al campo, efectivamente, Seitaku estaba con su traje de campesino.

—¡Un buen día para ti!

Su sonrisa sincera y forma de actuar siempre encantaba a Taiki. Teniendo un minuto de tiempo libre durante sus funciones oficiales y ceremoniales, era allí donde iría Seitaku. Taiki había estado “ayudándolo” desde el principio. No mucho realmente, trabajaba como deambulando y consiguiendo cosas para Seitaku cuando él se lo pedía.

Taiki no tenía experiencia haciendo algún tipo de trabajo de granja. No estaba seguro de si siquiera estuviera “ayudando” en primer lugar. Así las cosas y siguiendo las indicaciones de Seitaku, no era muy diferente de lo que hacía en Tai.

—Me debo estar poniendo en su camino —dijo, recogiendo un montón de ramas con las que se tropezó y había derribado.

—Para nada —le aseguró Seitaku con una sonrisa.

Taiki tenía la impresión de que este rey nunca dejaba de sonreír.

—Sé que soy un dolor en el cuello, pero tenemos que irnos mañana, esperaba que pudiera encontrarse conmigo otro día.

—No eres un dolor en el cuello en lo más mínimo. Cuando yo era niño, trabajé junto a la gente del pueblo y aprendí las cosas de la misma manera que lo haces ahora —añadió con una sonrisa brillante—. Ah, pero supongo que aprender cómo ser agricultor no te hará mucho bien. Y yo estoy aquí corriendo en círculos.

—No es nada como eso. Creo que es muy divertido ayudarlo en esto.

Estaba diciendo la verdad. Esta era la primera vez que había visto la agricultura de cerca, por lo que le pareció muy interesante. Se sentía bien en la cálida brisa. Ver a Seitaku tan enérgico con el trabajo le dio una buena sensación.

Más que nada, disfrutaba de la actitud tolerante de Seitaku, por lo que era divertido estar cerca de él. Taiki no entendía la lógica de este mundo o el razonamiento de los adultos. Solo que estar alrededor de adultos todo el tiempo era el trabajo más estresante que podría imaginar.

Taiki dijo abatido:

—Pero yo pensaba que, si me metía en el camino de alguien, tendría siempre que ir a algún otro lugar…

Seitaku había inclinado su cabeza hacia el lado.

—¿Sucedió algo?

—¿Si sucedió algo? —Taiki se hizo eco.

—Sí, te pedí que me ayudaras, crees también que estabas en el camino. Así que, ¿por qué harías tal pregunta?

—Porque… realmente no puedo hacer nada.

—Estás recogiendo todo lo que podas, ¿no? Ayudas a buscar el agua, cargaste toda esa paja…

—Todo lo que hice fue llevarla.

—Solo eso constituye la ayuda, ¿no? Cuando hablas así, me hace pensar que no te ves como si fueras muy útil.

Seitaku lo miró con sus claros y cálidos ojos. Taiki asintió con la cabeza.

—No quiero pensar que así sea, pero me temo que es cierto.

—¿Por qué lo crees?

—Porque soy totalmente inútil. No solo en la agricultura. En todo. El señor Gyousou dice que es porque soy pequeño, pero le puedo decir que soy una decepción para todo el mundo.

—¿De veras? —preguntó Seitaku.

Taiki asintió con la cabeza. Seitaku le dio unas palmaditas en la espalda.

—¿Por qué no tomamos un descanso? —dijo, señalando hacia un montón de heno.

—No, nosotros podemos seguir trabajando.

—Bueno, estoy exhausto. ¿Qué tal un poco de té? —Seitaku dirigió su voz a la zona que bordeaba el campo de arroz adyacente donde Tansui se había retirado a observar desde una distancia cómoda—. Hey, señor guardaespaldas, ¿te gustaría un té también?

Tansui agitó su mano, declinando la oferta.

—No es un oficio que quisiera tener, sentado así todo el tiempo —dijo Seitaku, sacando una tetera de barro grande—. Solía pensar que sería difícil ser un guardaespaldas porque era peligroso. Pero en momentos como este, cuando no hay peligro, no podría ser tan malo.

—Sí —Taiki se echó a reír. Pero la sonrisa se desvaneció rápidamente. Mirando la taza de té que Seitaku le pasó, dijo—: Así que hay una diferencia entre su trabajo y su deber…

—Eso es correcto.

—Cuando escuché eso, pensé que debía ser verdad. El deber del kirin es escoger al rey. He hecho mi deber. Sería bueno si apenas hice mi trabajo lo mejor sería saber cómo. Excepto por ser el Saiho, como Señor Provincial, soy demasiado pequeño para realmente hacer algo.

—Siempre he pensado que el deber de un kirin era actuar con compasión.

—¿No era elegir al rey?

—Elegir al rey es un aspecto de eso, ¿no? ¿Elegir al gobernante que mejor servirá a la gente?

—Así que me queda todavía un trabajo que debo hacer.

—Yo diría que sí.

—Entonces, ¿cuál es el trabajo de un kirin?

—El trabajo de Taiki es crecer —Seitaku sonrió—. Ese es el trabajo de cada niño, ¿no? —Arrancó un kashou rojo de una rama baja que colgaba y lo colocó en la palma de Taiki—. Tienes mucho en tu mente. Y eso es también parte de tu trabajo. Como comer y dormir, llorar y reír.

Taiki miraba la roja y brillante fruta en su mano.

—Pero ¿es eso suficiente? La gente de Tai está en mal estado. Tai es muy frío en el invierno. Muchas personas sufren en medio de toda esa nieve. A pesar de ser el Saiho y el Señor Provincial, no hay nada que pueda darles. Solo creciendo no tengo nada que ofrecer…

Seitaku lo interrumpió:

—No soy ningún gran líder de hombres. Solo soy un simple campesino que apenas puede hacer cara o cruz con la política y el gobierno. Renrin tiene un talento para ese tipo de cosas, así que se lo dejo a ella. Cuidar de los cultivos y el ganado es lo mejor que puedo hacer.

—¿Incluso cuando es el rey?

—Supongo que sí —rio Seitaku—. Es por eso por lo que construí esta granja. Es la única forma que sé de hacerme útil. Haber arado en los jardines reales y pensando en el tiempo y el esfuerzo toma mantener todas las cosas a flote; pensaba que debo hacer mi parte para sufragar los gastos públicos. Por lo menos, sería más barato y fácil que comprar en las tiendas de Juurei.

—Así es como está pagando su pensión.

—Exactamente —respondió Seitaku con un guiño sincero—. No se puede vivir sin alguien pagando por su mantenimiento. Soy un agricultor, como puedes ver.

»Ese deber se me fue dado por el reino. Pero no hay manera en la que sería capaz de pagar los salarios de los oficiales y funcionarios, o pagar las túnicas ceremoniales de seda, o vino y cenas para los invitados de honor. Es por ello por lo que Renrin incluso me dice que no puedo limitarme a lo que solo puedo pagar con mi propio trabajo. Parece que el reino podría perder prestigio en el proceso.

—Eso tiene sentido.

—Resulta que yo no soy tan útil tampoco. Pero si hay un Tentei, entonces él seguramente habría previsto mis deficiencias.

Taiki miraba a Seitaku, sorprendido por esta declaración.

—Si un campesino como yo va a ser el rey, entonces es porque debo de tener lo que el Cielo tenía en mente todo el tiempo. Así que no hacer nada debe ser lo que estaba destinado a hacer. Atender un reino es muy parecido a atender mis cultivos.

—Atender un reino…

—Un árbol crecerá bien si se deja de acuerdo con sus propios recursos. Y tal vez un reino haga lo mismo. El árbol sabe lo que es mejor para el árbol. Todo lo que puedo hacer es echarle una mano. Si las hojas se marchitan, por ejemplo, lo tomo como una señal para añadir agua. Creo que un reino es lo mismo. En otras palabras, es el tipo de agricultura que el Cielo estaba buscando, y por eso el Cielo eligió a un granjero.

—¿Y Ren Taiho? Cuando está haciéndose útil de esta manera, ¿cómo lo ayuda ella?

—En nada —Seitaku respondió con una sonrisa—. Renrin no es un agricultor. Ella no sabe la diferencia entre una hierba y una flor, o cuando aplicar agua y cuando no.

—¿Así que no hay nada que ella pueda hacer?

—Apenas —Seitaku dijo brillantemente—. Ella puede deleitarse cuando llega la cosecha.

—¿Eso es todo? —dijo Taiki, desesperanzado.

—No es ninguna cosa pequeña. Cuando hace frío afuera y estoy cansado y trabajando en los campos es lo último que quiero hacer, cuando pienso que la cosecha se va a echar a perder y en la decepción de Renrin, yo mismo me levanto y pongo manos a la obra. —Seitaku miraba el huerto—. Estoy parado observando el Reino. Observando los indicios de un mal tiempo. Observando los pozos que se secan. Es el deber de un guardián. El Taiho me observa de la misma manera. Asegurándose de que estoy haciendo mi deber. Observando los signos de podredumbre oculta. Teniendo ojos para ver más allá.

Estar de pie observando, Taiki les dio vueltas a esas palabras en su mente.

—Podría hacer lo mismo. Solo así.

—No es solo eso. Eres como tu guardaespaldas de allí. Estar ahí de pie no es una pequeña responsabilidad.

Tiene razón, pensó Taiki, dándole furtivamente una ojeada a Tansui.

En momentos como ese, Tansui se paraba desde una distancia segura y mantenía sus ojos bien abiertos.

—Quedarte de pie, manteniendo alerta tu mente, es un logro muy impresionante, ¿no crees?

—Sí —Taiki asintió con la cabeza—. ¿Cree que el señor Gyousou estaría feliz conmigo solo estando ahí de pie y observando?

—Por supuesto —respondió Seitaku, agradablemente—. No entiendo del gobierno o de lo que hace un kirin, pero cuando se trata de ser un rey y ser un granjero, lo entiendo. Creo que el Rey de Tai pondrá mucha fe en lo que veas con tus propios ojos.

Me pregunto si será cierto, se dijo Taiki a sí mismo.

Tenía dificultad en creer que Gyousou nunca pondría tal fe en un niño como él.

    —Si yo soy el vigilante de este reino, entonces Renrin es la que me vigila. Quizá es la verdadera vocación del kirin.


No hay comentarios:

Publicar un comentario