CAPÍTULO
14
Taiki y los demás
volvieron a Kouki un poco más de un mes después de salir de Tai. La capital
estaba enterrada debajo de un manto de nieve. Taiki miró hacia abajo a los
valles y montañas blancas por las que volaban en una formación irregular hacia
la Puerta Prohibida.
Tan pronto como desmontaron, los asistentes de la puerta salieron y
saludaron, su respiración se condensaba en pequeñas nubes. Llamaron a los
guardias a quienes se les entregaron los kijuu y se abrieron las puertas
en solemne quietud.
Taiki dijo:
—Ren realmente es diferente a Tai y no solo por el clima.
Seirai se echó a reír.
—Seguramente lo es.
—¿Estás aliviado, Seirai?
—Un poco.
Sonriendo, pasaron por la Puerta Prohibida y se dirigieron al Naiden.
Reportaron su llegada, cuando entraron al Naiden, los ministros ya estaban
sentados y el rey ocupaba el trono.
Taiki no pudo evitar sentir una tensión en la atmósfera cuando se
acercó al trono. Se postró y dijo:
—He regresado.
Gyousou asintió con la cabeza y le hizo señas para que Taiki se uniera
a él. Taiki se levantó y se paró al lado del trono. Extrañamente, se sentía
como si volviera al lugar donde pertenecía.
—¿Y cómo era Ren?
—Las flores realmente florecían allí.
—¿Florecían? —Gyousou sonrió—. Puedes informarme más tarde —Le dijo al
Chousai—, los detalles pueden limitarse a un informe escrito. Sé que todo el
mundo debe estar muy cansado. No hay necesidad de que se entretengan aquí.
—¡Sí! —contestaron con precisión militar.
Cuando el Chousai hubo terminado con sus deberes oficiales, felicitó a
Taiki. Sougen y los demás entregaron un simple reporte de su viaje. Era
simplemente una cuestión para pasar por las formalidades, Gyousou hizo bajar
las persianas de ratán con incrustaciones de perlas, indicando que se había
terminado la audiencia con el rey.
—Debes estar cansado. Deberíamos dejarlo por hoy. Te llevo a tu
habitación —dándole un suave codazo a Taiki, Gyousou dejó el Naiden.
—Estoy bien. No estoy cansado en absoluto. —
Había montaña de cosas de las que quería hablar—. Pero creo que tienes trabajo
que hacer.
Gyousou se rio entre dientes.
—Bien, con Kouri finalmente habiendo regresado a casa, no creo que a
alguien le importa si me tomo algo de tiempo.
Taiki sintió inmediatamente que su espíritu se elevaba.
—¿Qué clase de gente son el Rey de Ren y Ren Taiho?
—Son muy agradables.
Taiki se agarró de la manga de Gyousou y
caminaron a lo largo mientras daba los detalles tan rápidamente como podía.
Sobre cómo terminaron irrumpiendo en el Koukyuu, y cómo la granja de Seitaku
estaba justo en medio del Palacio Imperial, y cómo en la mañana Renrin fue a
despertarlo y airearon las habitaciones y cómo sacaron agua para lavarse y cómo
esto dejó a Tansui y a todos los demás perplejos.
—El Rey de Ren incluso me dejó ayudarlo cuando estaba trabajando en su
granja.
Gyousou lo interrumpió con un codazo en la espalda.
—Por aquí, Kouri.
—¿Eh? —dijo Taiki, mirando alrededor, estaba seguro de que ese era el
camino para regresar a la Jinjuu Manor, por lo que le dio a Gyousou una mirada
curiosa.
Gyousou sonrió.
—Por aquí.
—Umm, bien.
Gyousou giró por la senda del Seishin. Suponiendo que es hacia donde
se dirigían, Taiki no lo pensó dos veces.
Él parloteó sobre el Palacio Urou y cómo lucía Juurei y dónde se
detuvieron en Ryuu, Kyou y Han en el camino. Un mes que para Taiki fue una
eternidad. Explicando lo que había ocurrido, mientras tanto, le pareció una
manera de rellenar el tiempo que había desaparecido.
—Y entonces Seirai…
De repente, Taiki se detuvo. Gyousou había estado guiándolo y ahora se
encontraba en un entorno totalmente desconocido. Mirando a su alrededor, veía
el Seiden del Seishin. Al lado occidental del Seiden había algo que parecía ser
un edificio.
—¿Y entonces Seirai…? —dijo Gyousou.
Pasaron por el edificio y llegaron a un pequeño patio. Taiki se detuvo
y miró fijamente. Tansui estaba parada en la puerta, que según asumió Taiki
llevaba al ala principal del edificio. Pensó que cuando se habían separado en
la Puerta Prohibida, Tansui había regresado al Jinjuu Manor.
—¿Cuál es la demora? —preguntó Gyousou, dándole un empujón amistoso a
Taiki.
Taiki se apresuró al edificio y lanzó un grito de sorpresa,
encontrando allí toda una parafernalia de adornos, incluyendo al jefe de los
sirvientes.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó, volviéndose
a Gyousou. Antes de que se fuera para Ren, Taiki recordó que Seirai le había
prometido que ciertos aspectos de su vida verían una “mejora definitiva” a su
regreso—. ¿Quieres decir que me estoy mudando aquí?
—Suponiendo que no te hayas encariñado demasiado con la Jinjuu Manor.
Taiki no pudo evitar el hecho de que su rostro se había iluminado con
deleite. Estaría en el Seiden con Gyousou. Tan cerca. El Palacio Imperial era
tan grande que él normalmente no podía decirle dos palabras a Gyousou sin tomar
una larga caminata. Siempre encontró esa tarea desagradable.
—Pero ahora va a ser un largo camino hasta las oficinas provinciales
en la Koutoku Manor.
—Eso está bien para mí. No será un problema si me apuro.
—Incluso apresurándote, todavía no podrías llegar a tiempo.
—Entonces, puedo correr.
—Eso sería una molestia terrible, día tras día.
—Está bien. Además, va a ser bueno para mi salud. Soy un chico en
crecimiento, después de todo. De esta forma podré crecer aún más rápido.
Además…
Gyousou sonrió.
—Todavía no te gusta montar en un palanquín.
Taiki respondió con un pequeño asentimiento de cabeza. Solo no podía
acostumbrarse a usar esas cosas. Sentía que él debía estar constantemente
disculpándose con la gente que lo lleva sobre sus hombros. Nunca podría
relajarse en uno.
—En cualquier caso, te convertirás en alumno de Tansui.
—¿De Tansui?
—Hay un potro esperándote, también. Tansui es tu instructor.
—¿De veras? —Taiki saltó hacia arriba y hacia abajo—. ¿Te refieres a
que voy a montar a caballo?
—Eso es correcto. Ya dominarás el montar en un kijuu, pero un kijuu
volando alrededor del Palacio Interno va contra las reglas. Y eres un poco
pequeño para cabalgar un kijuu por ti mismo. Supongo que podrías viajar
en un palanquín tirado por un caballo, como lo hiciste en tu viaje, pero eso
parece un poco tonto ahora, ¿no?
Taiki estaba demasiado encantado por esas palabras.
—Hiciste un buen trabajo aguantando todo ese viaje.
—No fue tan malo. De verdad. Y hubo muchas cosas divertidas que hacer.
¿Está realmente bien que me recompense así?
Por supuesto, dijo la sonrisa
de Gyousou.
Se dirigió hasta el segundo piso. Había una habitación cálida,
luminosa con puertas con paneles de cristal. La extensión completa de los
jardines era visible desde la sala.
—Todo esto no es solo para ti. Yo también quisiera tenerte más cerca.
Los ojos de Taiki se abrieron completamente. En ese momento, no podía
alejar la sensación de que él se había impuesto a sí mismo a Gyousou. Había
estado tan solo que Gyousou había llegado a ese extremo para demostrar que se
preocupaba por él.
—Pero… —no quería parecer ingrato, y, sin embargo, Gyousou había
pensado en lo necesario para expresar su preocupación con un peso tan grande en
su mente.
Estaba buscando las palabras adecuadas para expresar cómo se sentía,
cuando Gyousou sonrió irónicamente.
—No soy de los que dejan que las cosas funcionen solas —Gyousou
encontró una silla y se la acercó a Taiki, quien se sentó tranquilamente en
ella. Gyousou dijo—: Hay quienes prefieren golpear cuando el hierro está
caliente. No necesariamente está mal. Pero cabalgar en un reino perdido nunca
ha sido un punto fuerte. Así que creo que es mejor verte más seguido.
—¿A mí?
—Como la primera vez que viniste al Palacio Hakkei y no podías pasar
cinco minutos sin querer saber lo que era que estaba haciendo -alguien con
quien hablar regularmente-. Un poco de lastre para mantenerme en equilibrio.
Alguien que tome la tetera del fuego cuando esté hirviendo. De lo contrario, es
probable que despida a todos los ministros de derecha a izquierda y siga
adelante yo solo.
Taiki miró a Gyousou, incapaz de esconder la expresión en su rostro
estupefacto.
—¿Qué?
Taiki meneó la cabeza.
—En cualquier caso, vamos a descansar y relajarnos mientras me pones
al tanto de todas tus aventuras. Gashin dice que he estado tan al borde
últimamente, que da miedo estar cerca de mí y soy bastante inaccesible.
—¿Gashin de la Guardia Provincial de Zui?
Anteriormente, él había sido uno de los generales de Gyousou. Ahora
comandaba a la Guardia Provincial de Zui de la Derecha.
—Me dijo que estar a mi alrededor era como pasar el tiempo con un
tigre hambriento.
Gyousou sonrió irónicamente y Taiki sonrió a pesar de sí mismo. De
alguna manera u otra, tenía la sensación de que ese era exactamente el caso.
Debía vigilar a Gyousou, y era su trabajo el asegurarse de que el tigre
consiguiera alimento.
—Entonces, voy a hacer mi mejor esfuerzo para asegurarme de que el
estómago del señor Gyousou siempre esté lleno.
—Te lo agradecería —rio Gyousou. De repente, levantó su mano—. Ah,
mira qué más trajiste de Ren…
—¿Eh?
—Primavera.
Taiki miró a donde señalaba Gyousou. Había un gran árbol de ciruelo
que se cernía sobre la barandilla justo fuera de la ventana. Dos pequeñas
flores blancas estaban floreciendo en la rama más cercana a ellos.
El largo invierno de Tai finalmente
estaba llegando a su fin.

No hay comentarios:
Publicar un comentario