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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 15 de mayo de 2023

Sueños de Prosperidad - Regreso a la Montaña Capítulo 2

 

CAPÍTULO 2

 

 

 

La capital del reino austral de Sou se llamaba Ryuukou[1]. El Palacio Seikan[2], hogar de la dinastía de seiscientos años construida por el Rey de Sou, cubría los picos del Monte Ryuukou.

El punto central del Palacio Imperial era usualmente la residencia imperial, el Seishin. Pero en el caso de Sou el centro estaba un poco corrido del centro. En el centro del complejo del palacio estaba el Koukyuu, el “palacio de atrás”, y específicamente, las habitaciones Tenshou[3] en el Koukyuu.

Esto había ocurrido después de comenzada la dinastía y por los últimos seiscientos años no había cambiado.

Más que ocupar el pico de la montaña, el Palacio Seikan se veía como un atolón flotando en el Mar de Nubes. Muchos de los edificios ubicados más abajo que las islas sobresalían de cara a la superficie del mar. Los innumerables puentes suspendidos sobre el agua conectaban las terrazas.

El Seishin era una de estas islas, y el Koukyuu también. Al cruzar el puente desde el Seishin y pasar por la puerta de la torre se llegaba al pie de un pequeño pico. Llegar a las habitaciones Tenshou, el edificio principal en el Koukyuu requería atravesar un túnel y subir unas escaleras de piedra en la ladera del pico. Un camino corto para un largo acantilado.

Desde las habitaciones Tenshou se podía ver una bahía rodeada de acantilados. A izquierda y derecha los puentes colgantes llegaban más allá en el Koukyuu, al Palacio del Este y al Palacio del Norte.

Alrededor de la puesta del sol apareció la silueta de un kijuu sobre la calmada superficie del Mar de Nubes. Bañada por la luz de la luna menguante, la sombra voladora atravesó la bahía y se dirigió hacia las habitaciones Tenshou. Se posó en el balcón sobre el acantilado. Un balcón que describía varias curvas mientras descendía a la superficie del agua.

El kijuu estaba en la estrecha cornisa que sobresalía detrás de las ventanas. Se podía ver una mesa centrada perfectamente en el centro de un extenso corredor. La mesa estaba atestada de platos y cubiertos, dando a entender que la cena había concluido recientemente. Había cinco personas reunidas alrededor de la mesa bebiendo de sus tazas.

—Qué sorpresa encontrarlos a todos aquí —Rikou sonrió, entrando a la sala a través de la enorme ventana.

Todos los comensales se voltearon al mismo tiempo con sorpresa. Una mujer mayor y con algo de sobrepeso hizo una pausa y respiró profundamente.

—Parece que no recuerdas dónde está la puerta principal —la mujer era la Reina Meiki[4]. Desde el principio había vivido en el Palacio del Norte. No solo residía en el Koukyuu, sino que había arremangado su kimono con una cinta tasuki[5] y pelaba los duraznos que florecían en el pequeño pico. Algo que nadie vería en otro lugar más que en Sou—. Sin mencionar que no hay kijuu alrededor del Palacio Imperial. Te lo he dicho mil veces. ¿Todo te entra por un oído y te sale por el otro, mi joven hijo?

—No debo haberlo registrado —respondió Rikou con una sonrisa despreocupada—. Por mi avanzada edad, no lo ves.

Meiki suspiró de nuevo y sacudió la cabeza.

—Por lo menos esa cabeza hueca tuya recuerda que tienes una familia. ¿Dónde has estado todo este tiempo?

—Bueno… —dijo Rikou sonriendo. Tomó su lugar en la única silla vacía de la mesa—. Por aquí y por allá.

—Lo que significa que hiciste otra de tus circunnavegaciones. Dejas a las personas sin habla.

—Aunque tú, querida madre, no te quedas sin palabras.

—Puedes considerar esto como un regaño. Y trata de tenerlo en mente para la próxima vez.

—No puedo prometer que quede registrado.

—Madre… —dijo el Príncipe Eisei Ritatsu[6], el hermano mayor de Rikou, con un suspiro aún más grande—. Deja que los tontos hagan lo que los tontos hacen mejor. Cuando le prestas mucha atención se le sube a la cabeza.

—No seas malo —dijo sonriendo la Princesa Bun, le hermana menor de Rikou, Bun Koushu[7][8]—. Nuestro querido hermano regresó a casa para escuchar los regaños de nuestra querida madre. Es un niño de mamá.

—Oye, oye.

—Pero Rikou, estás de tan buen humor ahora. Siempre es así. Deberías verte en un espejo.

—Mmm —dijo Rikou acariciando sus mejillas.

—En cualquier caso —intercedió una muchacha con cabellos dorados—, es bueno verte de regreso en una sola pieza.

El nombre de la chica era Sourin y el nombre que le otorgaron fue Shoushou[9].

Rikou dijo con un gesto exagerado.

—Como siempre, Shoushou es la única preocupada por mi bienestar.

—Eso es porque Shoushou es una kirin —dijo Bunki.

Ritatsu estuvo de acuerdo.

—Es su benevolencia la que habla.

—Shoushou estaría preocupada hasta por el peor villano del mundo —dijo Meiki, sumándose.

Rikou sonrió forzadamente y se recostó en la silla.

—Y entonces… —dijo alentadoramente la cabeza de la familia, el Rey Senshin de Sou. Dejó los cubiertos en la mesa, sirvió una taza de té y se la ofreció. En ningún lugar más que en Sou se había visto una escena así—. ¿Cómo le va al mundo? ¿Por aquí y por allá?

—Las cosas no se ven bien en Ryuu.

La taza de té de Senshin golpeó la mesa.

—Ryuu…

Ritatsu frunció el ceño. Bajó su pluma y apartó los papeles a un costado.

—¿Otra vez? La misma vieja rueda gira y gira.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó Senshin.

Rikou asintió.

—Por lo que he visto, así parece. Hay reportes de youma apareciendo en la costa de Ryuu frente al Kyokai. Parecen limitarse a las costas cercanas a Tai, por lo que muchos creen que son youma traídos por la marea. Pero a menos que la Voluntad Divina esté siendo socavada, nunca llegarían tan cerca. El Reino de En está poniendo guaridas en la frontera.

—Mh —gruñó Ritatsu—. Si un hombre astuto como ese está poniendo al ministro de Verano en acción, debe ser serio.

Bunki suspiró.

—El Rey de En también está en una mala posición. Tai está en muy malas condiciones, los youma vagan por ahí, y Kei no está exactamente estable. Y Ryuu por encima de eso.

—Y Kou también. Cruzando el Mar Azul se pueden ver refugiados yendo a En.

—¿Cómo lo está afrontando Kou?

—Mal, como siempre. Las rutas marítimas desde el Mar Rojo al Mar Azul están totalmente cerradas. Los youma han llegado al Portón de los Vientos. ¿Qué rayos hizo el Rey de Kou? El Hakuchi acaba de caer y sin embargo el lugar está atestado de youma. Y como resultado…

Ritatsu lanzó una mirada desagradable a los papeles que había dejado de lado.

—Las cosas se están agitando un poco, además, los refugiados se amontonan aquí. Es momento de que amarres ese espíritu libre tuyo y te hagas cargo de la ayuda a los refugiados.

—¿No es eso del departamento de Bunki?

—Tengo mis responsabilidades en el Refugio Hosui[10].

Sou tenía santuarios llamados Refugios Hosui distribuidos por el Reino para los refugiados y las personas sin hogar. Hace tiempo que Bunki ejercía como directora ejecutiva a Taisui[11].

A la hora de declarar posiciones especiales del reino sin definir expresamente ante la ley, siempre se hacía cargo alguien de la familia real. En lugar de simplemente nombrar a un ministro para la posición, la mejor forma de asegurar un buen resultado y tranquilizar al pueblo era poner a un Príncipe o Princesa a cargo, incluso si solo era un título honorífico.

A pesar de saber que Bunki estaba sirviendo como Taisui de forma nominal, tener a la Princesa como Directora Ejecutiva era tomado en términos generales como que el rey en persona tenía interés en que las cosas se hicieran bien. Eso quería decir que podían poner su confianza en el proyecto.

Aunque de hecho el rey no tenía nada que ver en esto. Bunki actuaba como Taisui con toda la autoridad del Rey de Sou. Ella se encargaba de reunir las opiniones de los burócratas y presentarles ante Senshin, y el Senshin tomaba las decisiones.

Pero Bunki no necesitaba su sí o no en cada decisión. Tenía pilas de autorizaciones en blanco que llevaban su Sello Real. Y en cualquier caso podían falsificar la letra del otro, un talento que habían refinado en los últimos seiscientos años.

Ritatsu respiró hondo y exhaló.

—Los Refugios Hosui no serán suficientes. Los refugiados huyen con sus necesidades más básicas. Para ellos llegar a la frontera agota prácticamente todos sus recursos. Y ya que la mayoría solo quiere volver a casa, una vez que las cosas se calmen en su reino natal, crean aldeas en las cercanías de las Montañas Koushuu. Pero, de hecho, eso es tan bueno como que sean abandonados allí.

—¿Hay alguien de los Refugios Hosui que se reúna con ellos?

—Sí, lo hay, pero simplemente no damos abasto.

Meiki asintió.

—Necesitamos organizar a los refugiados, tratarlos como a nuestros invitados. Como mínimo incorporar estas aldeas de manera sistemática.

—Como están las cosas ahora —señaló Ritatsu—, eres el único que no carga su propio peso. Es tiempo de que dejes de deambular y nos des una mano.

Rikou suspiró.

—Parece que no tengo opción.

—Comienza con ese deambular tuyo y voy a echarte a patadas de aquí. Depende de ti.

—Cuando me involucro en algo, termino gastando dinero rápido y de forma continua.

—Eso no es novedad para nadie.

—¿Consiguiendo y transportando suministros?

—Hemos decidido casi por completo que una vez que hayas agotado los almacenes de emergencia en los distritos municipales, volveremos a los esquemas.

—Bueno, vamos a darle una oportunidad.

—Prepara objetivos políticos firmes, aunque sea de forma aproximada. Cuanto antes, mejor.

—Voy a encargarme de eso.

—Dios santo —dijo Senshin, exhalando notablemente—. ¿El Rey de En está manejando las cosas él mismo hasta el final? Me quito el sombrero ante él.

—Eso es porque en En los ministros tienen talento e instinto —dijo Ritatsu. Frunció el ceño—. Mientras que los nuestros pasan la mitad de sus días durmiendo en los laureles.

—En cuanto a eso, incluso si una mala idea cruza por sus mentes, son muy vagos para actuar al respecto. Todo se balancea al final del día —Meiki sonrió con picardía y toda la familia rio.

—Bueno —Senshin sonrió—, cada uno a lo suyo. ¿Y cómo están los demás?

Rikou se encogió de hombros.

Tai está en malas condiciones. Fui a las cercanías para ver más de cerca, pero no hay nada que ver. El Kyokai está infestado de youma.

Bunki preguntó con curiosidad.

—Pero el Hakuchi no ha muerto, ¿no es cierto? Parece que algo le pasó al Rey de Tai.

—Y no tenemos la menor idea de qué. Al juntar todas las piezas de chismes, la única conclusión es que un usurpador ha tomado el trono.

—¿Aun estando el Rey de Tai vivo?

—Están sucediendo cosas extrañas sin duda. No hay rumores de que Taiki haya enfermado por el shitsudou, tampoco de la muerte del rey. Esto apunta a una rebelión interna. Pero una rebelión así no debería atraer tantos youma.

—Los dos casos parecen similares —sugirió Shoushou.

—¿Los dos parecen similares?

—Sí, Kou y Tai. El Rey de Kou murió poco después de que Kourin sucumbiera ante el shitsudou. Eso por sí solo no es raro. Pero sucedió tan rápido que es casi sin precedentes.

—De hecho —dijo Meiki, dividiendo los melocotones pelados en varios platos—. Pero esperemos que nada raro esté pasando con los youma.

—¿Con los youma?

—Están sucediendo cosas raras, ¿no es cierto? O están sucediendo cosas raras en Tai y Kou, o están sucediendo cosas raras con los youma que hace que acudan allí. Realmente no lo podemos saber sin que se tranquilicen las situaciones, de una forma u otra.

—No vayas por ahí, mamá —dijo Ritatsu secamente. Miró a Rikou—. Di algo como eso y alguien seguramente se impacientará por ir a echar un vistazo. Rikou, te pones ansioso con tan solo estar sentado.

—Porque he asumido una gran responsabilidad. Nada más que eso.

—Y no lo olvides.

—No puedo prometerlo —respondió Rikou con una sonrisa pícara.

Senshin preguntó:

—Hay otro reino que me preocupa. ¿Cómo está Hou?

—No hay nada más de lo que cabría esperar. Se hunde lentamente bajo las olas. Pero de una forma tan bien como se esperaría. Esa corte provisional es realmente prometedora.

—¿Y el resto?

—El resto está bien. Shun tiene un camino un poco irregular, pero es una dinastía joven con tan solo cuarenta años, por lo que deben estar trabajando sus problemas. Aunque es difícil saber cómo resultarán las cosas, tengo el presentimiento de que está yendo en una buena dirección. Han se aproxima a un punto de inflexión. Pero como ya han estado en esta situación procederán como antes.

—¿Qué hay de Kei? ¿Ya se ha establecido?

—Ah —dijo Rikou con una sonrisa—. Sí, Kei.

—¿Cómo es eso? —inquirió Bunki—. ¿Qué no tiene una emperatriz?

—La tiene. Kei y las emperatrices se llevan como el agua y el aceite. Pero parece que por primera vez no les está yendo mal. El Edicto Imperial se acaba de publicar. Abolió la postración.

—¿Qué? —exclamaron todos con una expresión colectiva de sorpresa.

—¿Abolió la postración? ¿Qué significa eso exactamente?

Bunki dijo.

—Seguramente estás bromeando. ¿Todos reverenciando, estando de pie? ¿Cómo el kirin?

Rikou asintió.

—A eso se resume todo.

—¿Qué se supone que se puede lograr con eso?

—Bueno, nada práctico, de eso seguro. Sin embargo, creo que la intención está clara. Es la primera monarca en decirle a sus súbditos “No se postren ante mí”.

—Tienes razón en eso.

—Antes de que se emitiera el Edicto Imperial había problemas en una de las provincias centrales de Kei. Supuestamente la Reina de Kei se involucró directamente en el conflicto y pacificó la situación.

—¡Santo cielo! —Bunki se llevó la mano a la boca.

—También puso en su lugar a la banda que por décadas había guiado a la Corte Imperial. Todos los ministros fueron reorganizados. Parece que esta chica sabe cómo hacer las cosas. Bastante notable para una Emperatriz de Kei.

—Ciertamente.

—Desde el Edicto Imperial, las reformas han avanzado a un ritmo respetable. Las leyes perjudiciales contra los hanjuu y los kaikyaku fueron abolidas por decreto real. Lo crean o no, el general del Ejército de Kei es un hanjuu.

—Eso es realmente impresionante.

—Era hora, puede que sea la reacción más apropiada.

—¿No crees que es impresionante que la Reina de Kei deba hacer tales cambios a través de edictos reales? Nada como esto había sucedido en mucho tiempo.

Rikou sonrió.

—Sí, el estatus quo se está agitando en Kei. Es una buena sensación.

Él aún albergaba algunas dudas sobre esta ráfaga de cambios en Kei, y sobre la fortaleza de su nueva Emperatriz. Pero a medida que se acercó a la capital, más animada estaba la gente. Era evidencia que la confianza y la esperanza irradiaba de ella. La burocracia se había endurecido como piedra y, sin embargo, sentía la energía que podía desplazarlos de sus sitios como una maza.

Kei superaría la marca de los diez años y en buena forma.

Ritatsu suspiró.

—Bueno, podemos estar todos agradecidos de que Kei se esté asentando. Hay un malestar en el frente interno que me mantiene despierto por las noches. Tal vez Kei nos presente un ejemplo digno de ser seguido. No son pocos los lugares aquí que necesitan una mejora.

—¿Intentas decirme algo?

—Bueno, de acuerdo con tu propia culpabilidad, parece que te estás volviendo un poco senil.

—Sí, sí —respondió Rikou con una mueca de desaprobación.

La sala se quedó en silencio cuando las personas sentadas alrededor de la mesa se hundieron en una contemplación colectiva.

Senshin rompió el silencio.

—¿Cómo se está manteniendo Ryuu?

Rikou tuvo que pensarlo por un minuto.

—Es difícil decirlo. Supongo que una vez que las cosas lleguen al punto crítico, se resolverá rápidamente de una forma u otra. La situación está tan mal que los youma están apareciendo. La Voluntad del Cielo está indecisa. Es muy probable que el shitsudou acabe con el Taiho en cualquier momento.

—Tratándose de Ryuu no es necesario que nos involucremos, ¿verdad? Deberíamos contar con En y Kyou para eso.

—El Reino de En parece tener las cosas bajo control, no creo que tengamos que preocuparnos.

—Pero ¿no están aceptando ya refugiados de Tai, Kei y Kou? La situación está mejorando en Kei, pero no está listo para continuar por su cuenta. Tai está hecho un completo desastre y En se está llevando todo el peso. Súmale los refugiados en el norte de Kou que van directo a En como primera alternativa. No se arriesgarán a cruzar un territorio infestado de youma para llegar a Sou. Pero apoyar a Kou y además de eso apoyar a Ryuu cuando las cosas se están descontrolando es pedir mucho. Supongo que ofrecer ayuda sería una grosería de parte nuestra.

—Bueno, yo no iría tan lejos —sonrió Rikou—. En lugar de eso sería mejor pensar maneras de aceptar más refugiados de Kou. Estaríamos quitándole un peso a Kei, viendo que Kei apenas tiene las fuerzas necesarias para mantenerse de pie.

Senshin gruñó en señal de acuerdo.

—El problema es cómo hacer que los refugiados vengan a Sou.

—Podríamos transportarlos por mar —sugirió Ritatsu, haciendo una anotación. Escribiendo con una mano y levantó la otra agregando—. Ir desde el Mar Rojo al Mar Azul es problemático. Por el momento podemos maximizar el número de barcos en los puertos del Mar Rojo y después usar el Kyokai para mandar barcos que recojan refugiados que se dirijan al norte por la costa de Kou.

—No hay buenos puertos en el Kyokai, ¿o sí?

Esperando esa pregunta, Rikou asintió.

—Solo hay dos puertos suficientemente grandes para grandes buques. Pero varios capaces de aceptar embarcaciones de pesca.

—Entonces que sean barcos chicos. De esa forma podrán desembarcar en los puertos pesqueros. De cualquier forma, no podríamos conseguir suficientes buques de los puertos a tiempo. No tenemos suficientes barcos ahora, así que tendremos que construir más. Las embarcaciones de pesca no son buenos ferris, pero combinados en una flota podríamos incrementar de forma drástica el número de rutas.

—Hmm, no lo había pensado —agregó Meiki—. Hagámoslo. Si construyéramos muchos barcos grandes eventualmente nos quedaríamos sin formas de usarlos. Al menos las embarcaciones de pesca pueden ser vendidos a pescadores una vez que ya no las usemos. Viajar por el Kyokai y recoger refugiados del norte de Kou aliviará la presión sobre Kei.

—De acuerdo. El resto del problema le queda a Kyou —dijo Ritatsu mirando a Rikou.

—Pasé por Kyou de camino a casa. Les dije que las nubes de tormenta se estaban formando.

—¿Cómo es la situación logística en Kyou?

—Han dispuesto tiendas de emergencia para hacer frente a la situación de Hou. En caso de emergencia pueden desplazarse para los refugiados de Ryuu. Al contrario de lo que se espera, Ryuu parece estar aguantando. Pero si las cosas cambian para mal y no se resuelven pronto, la situación podría volverse extrema.

Bunki suspiró.

—Kyou no puede hacerse cargo de Hou y Ryuu por sí solo. En particular, Hou tiene dependencia geográfica de Kyou. ¿Kyou tiene buenas relaciones con Han?

—No lo creo.

—Entonces sería bueno pensar en cómo brindarle ayuda a Kyou. Al menos para asegurar un mínimo de reservas de comida.

—Eso no funcionaría, Bunki —sonrió Meiki—. Piensa en el tiempo, el esfuerzo y el dinero requeridos para transportarlo. En lugar de proveer alimentos de nuestros almacenes, sería más eficiente aumentar el Tesoro Imperial de Kyou directamente. Además, si traemos refugiados de Kou deberemos revisar nuestras reservas de comida. Por encima de eso si intentamos comprar arroz en el mercado abierto para poder enviarlo a Kyou, los precios subirán hasta las nubes.

—Probablemente tengas razón en eso.

—Lo mejor sería advertir a la Reina de Kyou que monitoree el precio del grano. Y de la madera. Es una de las mayores exportaciones en Kyou, Hou y Ryuu, ¿no es cierto? Si uno de esos reinos comienza a caer, los precios se dispararán. El grano y la madera, si aflojamos los suministros aquí para que los excedentes fluyan al norte sería la estrategia más eficiente.

—Pero… —empezó a decir Bunki.

Senshin la interrumpió.

—Lo que tu madre dice es cierto. Mandar el alimento directamente no será bueno. Las personas se toman ese tipo de cosas personalmente. Sienten que se les arrebata su capacidad de tomar decisiones propias. En cuanto a los refugiados es que perseveren y no pierdan las esperanzas. Eso es lo que podemos ofrecer.

—Ah… cierto…

—Tenemos el deber de ayudar cuanto podamos. Pero una vez que se recuperen, también es nuestro deber dejarlos ir. Creo que asistir a Kyou a través de su Tesoro Imperial para que pueda ayudar directamente a los refugiados es buena idea. Pero Kyou debería ser quien coordine la ayuda. Un país vecino asistiéndolo tranquilizará a los ciudadanos de Ryuu, quienes en un futuro sientan una obligación. Eso sería igual si Sou proveyera la ayuda, pero siendo Kyou, estarán en mejor posición para devolver el favor, geográficamente hablando. Lo que sea que hiciera Sou probablemente nunca sería devuelto. Una deuda que no puede ser devuelta no es diferente a una limosna. Acostumbrar a los refugiados a tales relaciones romperá lo que más les importa.

Bunki asintió. Senshin sonrió y miró a Rikou.

—Lo mismo se aplica para ti. No me importa mucho qué saques del Tesoro Imperial en beneficio de la gente de Kou, siempre y cuando recuerdes que se puede errar con la caridad.

—Entiendo.

Senshin suspiró.

—Bueno, donde quiera que vayas te las arreglas para traer a casa noticias del mundo. Eso es muy apreciado.

—No lo animes, padre —intercedió Ritatsu—. Cuando se trata de Rikou sería mejor animar una auto reflexión antes que dejarlo regodearse en la alabanza.

—No necesitas seguir jugando esa carta. Estoy comprometido con el problema de los refugiados.

—Y te retendremos por ello. Cuenta con que tienes las manos en el fuego.

—Me imagino.

—Y puedes empezar —dijo Ritatsu con el ceño fruncido—, por despejar tu asiento y meter al establo ese kijuu. ¿Cuánto más lo harás esperar afuera?

Sonriéndole a un disgustado Rikou, Shoushou se levantó.

—Yo lo…

—Está bien, Shoushou —la detuvo Meiki—. Las personas que hacen líos deberían limpiarlos ellas mismas. Santo Cielo, ustedes ya no son niños.

A ese punto, todos estallaron de risa.

—Eso es cierto.

—Sí, ya era hora de que nuestro hermano se volviera un adulto.

—No hay nada de divertido en un niño de seiscientos años.

Sonriendo, Rikou asintió.

—Sí, sí.

Se levantó y fue hasta la ventana. Pasando por la ventana hacia la cornisa, pensó para sí.

Son exactamente los mismo que eran cuando me fui.

Ellos siempre estarían allí, la luz brillando en la ventana y esos rostros felices reunidos alrededor de la mesa en armonía. Regresar de su viaje y encontrar esa escena esperándolo lo llenó de alivio. Para bien o para mal, no se había cansado de la vida ociosa de la burguesía.

O tal vez había abandonado su casa y vagado por los Doce Reinos, conociendo los peligros que le esperaban, porque se había aburrido de esa vida. De hecho, cada vez que se iba lo hacía sin idea de a dónde ir o cuando volvería. Sou, el Palacio Seikan y su familia eran lo más lejano en sus pensamientos.

En el fondo, en lo más recóndito de su mente, contemplaba la idea de irse y nunca volver a casa.

Pero siempre volvía. Al mismo tiempo, los otros reinos se volvían fríos y desolados. Los reinos eran una cosa frágil. No importaba que tan firmes parecieran los cimientos, la gente siempre estaba parada sobre la cuerda floja.

Ninguna dinastía duraba por siempre. De hecho, era demasiado evidente.

Aquí, pensó, y ahora, el mundo está bien.

Y estaría bien siempre y cuando estuvieran para apoyarse los unos en los otros y cuidarse las espaldas.

     Rikou miró sobre su hombro. Esta era probablemente la razón por la que regresaba. Para asegurarse de que eso seguía siendo así.



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