CAPÍTULO
2
La capital del
reino austral de Sou se llamaba Ryuukou[1]. El
Palacio Seikan[2],
hogar de la dinastía de seiscientos años construida por el Rey de Sou, cubría
los picos del Monte Ryuukou.
El punto central del Palacio Imperial era usualmente la residencia
imperial, el Seishin. Pero en el caso de Sou el centro estaba un poco corrido
del centro. En el centro del complejo del palacio estaba el Koukyuu, el
“palacio de atrás”, y específicamente, las habitaciones Tenshou[3] en
el Koukyuu.
Esto había ocurrido después de comenzada la dinastía y por los últimos
seiscientos años no había cambiado.
Más que ocupar el pico de la montaña, el Palacio Seikan se veía como
un atolón flotando en el Mar de Nubes. Muchos de los edificios ubicados más
abajo que las islas sobresalían de cara a la superficie del mar. Los
innumerables puentes suspendidos sobre el agua conectaban las terrazas.
El Seishin era una de estas islas, y el Koukyuu también. Al cruzar el
puente desde el Seishin y pasar por la puerta de la torre se llegaba al pie de
un pequeño pico. Llegar a las habitaciones Tenshou, el edificio principal en el
Koukyuu requería atravesar un túnel y subir unas escaleras de piedra en la
ladera del pico. Un camino corto para un largo acantilado.
Desde las habitaciones Tenshou se podía ver una bahía rodeada de
acantilados. A izquierda y derecha los puentes colgantes llegaban más allá en
el Koukyuu, al Palacio del Este y al Palacio del Norte.
Alrededor de la puesta del sol apareció la silueta de un kijuu
sobre la calmada superficie del Mar de Nubes. Bañada por la luz de la luna
menguante, la sombra voladora atravesó la bahía y se dirigió hacia las
habitaciones Tenshou. Se posó en el balcón sobre el acantilado. Un balcón que
describía varias curvas mientras descendía a la superficie del agua.
El kijuu estaba en la estrecha cornisa que sobresalía detrás de
las ventanas. Se podía ver una mesa centrada perfectamente en el centro de un
extenso corredor. La mesa estaba atestada de platos y cubiertos, dando a
entender que la cena había concluido recientemente. Había cinco personas
reunidas alrededor de la mesa bebiendo de sus tazas.
—Qué sorpresa encontrarlos a todos aquí —Rikou sonrió, entrando a la
sala a través de la enorme ventana.
Todos los comensales se voltearon al mismo tiempo con sorpresa. Una
mujer mayor y con algo de sobrepeso hizo una pausa y respiró profundamente.
—Parece que no recuerdas dónde está la puerta principal —la mujer era
la Reina Meiki[4].
Desde el principio había vivido en el Palacio del Norte. No solo residía en el
Koukyuu, sino que había arremangado su kimono con una cinta tasuki[5] y pelaba los duraznos que florecían en el pequeño pico. Algo que nadie vería en
otro lugar más que en Sou—. Sin mencionar que no hay kijuu alrededor del
Palacio Imperial. Te lo he dicho mil veces. ¿Todo te entra por un oído y te
sale por el otro, mi joven hijo?
—No debo haberlo registrado —respondió Rikou con una sonrisa
despreocupada—. Por mi avanzada edad, no lo ves.
Meiki suspiró de nuevo y sacudió la cabeza.
—Por lo menos esa cabeza hueca tuya recuerda que tienes una familia.
¿Dónde has estado todo este tiempo?
—Bueno… —dijo Rikou sonriendo. Tomó su lugar en la única silla vacía
de la mesa—. Por aquí y por allá.
—Lo que significa que hiciste otra de tus circunnavegaciones. Dejas a
las personas sin habla.
—Aunque tú, querida madre, no te quedas sin palabras.
—Puedes considerar esto como un regaño. Y trata de tenerlo en mente
para la próxima vez.
—No puedo prometer que quede registrado.
—Madre… —dijo el Príncipe Eisei Ritatsu[6], el
hermano mayor de Rikou, con un suspiro aún más grande—. Deja que los tontos
hagan lo que los tontos hacen mejor. Cuando le prestas mucha atención se le
sube a la cabeza.
—No seas malo —dijo sonriendo la Princesa Bun, le hermana menor de
Rikou, Bun Koushu[7][8]—.
Nuestro querido hermano regresó a casa para escuchar los regaños de nuestra
querida madre. Es un niño de mamá.
—Oye, oye.
—Pero Rikou, estás de tan buen humor ahora. Siempre es así. Deberías
verte en un espejo.
—Mmm —dijo Rikou acariciando sus mejillas.
—En cualquier caso —intercedió una muchacha con cabellos dorados—, es
bueno verte de regreso en una sola pieza.
El nombre de la chica era Sourin y el nombre que le otorgaron fue
Shoushou[9].
Rikou dijo con un gesto exagerado.
—Como siempre, Shoushou es la única preocupada
por mi bienestar.
—Eso es porque Shoushou es una kirin —dijo Bunki.
Ritatsu estuvo de acuerdo.
—Es su benevolencia la que habla.
—Shoushou estaría preocupada hasta por el peor villano del mundo —dijo
Meiki, sumándose.
Rikou sonrió forzadamente y se recostó en la silla.
—Y entonces… —dijo alentadoramente la cabeza de la familia, el Rey
Senshin de Sou. Dejó los cubiertos en la mesa, sirvió una taza de té y se la
ofreció. En ningún lugar más que en Sou se había visto una escena así—. ¿Cómo
le va al mundo? ¿Por aquí y por allá?
—Las cosas no se ven bien en Ryuu.
La taza de té de Senshin golpeó la mesa.
—Ryuu…
Ritatsu frunció el ceño. Bajó su pluma y apartó los papeles a un
costado.
—¿Otra vez? La misma vieja rueda gira y gira.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Senshin.
Rikou asintió.
—Por lo que he visto, así parece. Hay reportes de youma
apareciendo en la costa de Ryuu frente al Kyokai. Parecen limitarse a las
costas cercanas a Tai, por lo que muchos creen que son youma traídos por
la marea. Pero a menos que la Voluntad Divina esté siendo socavada, nunca
llegarían tan cerca. El Reino de En está poniendo guaridas en la frontera.
—Mh —gruñó Ritatsu—. Si un hombre astuto como ese está poniendo al
ministro de Verano en acción, debe ser serio.
Bunki suspiró.
—El Rey de En también está en una mala posición. Tai está en muy malas
condiciones, los youma vagan por ahí, y Kei no está exactamente estable.
Y Ryuu por encima de eso.
—Y Kou también. Cruzando el Mar Azul se pueden ver refugiados yendo a
En.
—¿Cómo lo está afrontando Kou?
—Mal, como siempre. Las rutas marítimas desde el Mar Rojo al Mar Azul
están totalmente cerradas. Los youma han llegado al Portón de los
Vientos. ¿Qué rayos hizo el Rey de Kou? El Hakuchi acaba de caer y sin embargo
el lugar está atestado de youma. Y como resultado…
Ritatsu lanzó una mirada desagradable a los papeles que había dejado
de lado.
—Las cosas se están agitando un poco, además, los refugiados se
amontonan aquí. Es momento de que amarres ese espíritu libre tuyo y te hagas
cargo de la ayuda a los refugiados.
—¿No es eso del departamento de Bunki?
—Tengo mis responsabilidades en el Refugio Hosui[10].
Sou tenía santuarios llamados Refugios Hosui distribuidos por el Reino
para los refugiados y las personas sin hogar. Hace tiempo que Bunki ejercía
como directora ejecutiva a Taisui[11].
A la hora de declarar posiciones especiales del reino sin definir
expresamente ante la ley, siempre se hacía cargo alguien de la familia real. En
lugar de simplemente nombrar a un ministro para la posición, la mejor forma de
asegurar un buen resultado y tranquilizar al pueblo era poner a un Príncipe o
Princesa a cargo, incluso si solo era un título honorífico.
A pesar de saber que Bunki estaba sirviendo como Taisui de forma
nominal, tener a la Princesa como Directora Ejecutiva era tomado en términos
generales como que el rey en persona tenía interés en que las cosas se hicieran
bien. Eso quería decir que podían poner su confianza en el proyecto.
Aunque de hecho el rey no tenía nada que ver en esto. Bunki actuaba
como Taisui con toda la autoridad del Rey de Sou. Ella se encargaba de reunir
las opiniones de los burócratas y presentarles ante Senshin, y el Senshin
tomaba las decisiones.
Pero Bunki no necesitaba su sí o no en cada decisión. Tenía pilas de
autorizaciones en blanco que llevaban su Sello Real. Y en cualquier caso podían
falsificar la letra del otro, un talento que habían refinado en los últimos
seiscientos años.
Ritatsu respiró hondo y exhaló.
—Los Refugios Hosui no serán suficientes. Los refugiados huyen con sus
necesidades más básicas. Para ellos llegar a la frontera agota prácticamente
todos sus recursos. Y ya que la mayoría solo quiere volver a casa, una vez que
las cosas se calmen en su reino natal, crean aldeas en las cercanías de las
Montañas Koushuu. Pero, de hecho, eso es tan bueno como que sean abandonados
allí.
—¿Hay alguien de los Refugios Hosui que se reúna con ellos?
—Sí, lo hay, pero simplemente no damos abasto.
Meiki asintió.
—Necesitamos organizar a los refugiados, tratarlos como a nuestros
invitados. Como mínimo incorporar estas aldeas de manera sistemática.
—Como están las cosas ahora —señaló Ritatsu—, eres el único que no
carga su propio peso. Es tiempo de que dejes de deambular y nos des una mano.
Rikou suspiró.
—Parece que no tengo opción.
—Comienza con ese deambular tuyo y voy a echarte a patadas de aquí.
Depende de ti.
—Cuando me involucro en algo, termino gastando dinero rápido y de
forma continua.
—Eso no es novedad para nadie.
—¿Consiguiendo y transportando suministros?
—Hemos decidido casi por completo que una vez que hayas agotado los
almacenes de emergencia en los distritos municipales, volveremos a los
esquemas.
—Bueno, vamos a darle una oportunidad.
—Prepara objetivos políticos firmes, aunque sea de forma aproximada.
Cuanto antes, mejor.
—Voy a encargarme de eso.
—Dios santo —dijo Senshin, exhalando notablemente—. ¿El Rey de En está
manejando las cosas él mismo hasta el final? Me quito el sombrero ante él.
—Eso es porque en En los ministros tienen talento e instinto —dijo
Ritatsu. Frunció el ceño—. Mientras que los nuestros pasan la mitad de sus días
durmiendo en los laureles.
—En cuanto a eso, incluso si una mala idea cruza por sus mentes, son
muy vagos para actuar al respecto. Todo se balancea al final del día —Meiki
sonrió con picardía y toda la familia rio.
—Bueno —Senshin sonrió—, cada uno a lo suyo. ¿Y cómo están los demás?
Rikou se encogió de hombros.
—Tai está en malas condiciones. Fui
a las cercanías para ver más de cerca, pero no hay nada que ver. El Kyokai está
infestado de youma.
Bunki preguntó con curiosidad.
—Pero el Hakuchi no ha muerto, ¿no es cierto? Parece que algo le pasó
al Rey de Tai.
—Y no tenemos la menor idea de qué. Al juntar
todas las piezas de chismes, la única conclusión es que un usurpador ha tomado
el trono.
—¿Aun estando el Rey de Tai vivo?
—Están sucediendo cosas extrañas sin duda. No hay rumores de que Taiki
haya enfermado por el shitsudou, tampoco de la muerte del rey. Esto
apunta a una rebelión interna. Pero una rebelión así no debería atraer tantos youma.
—Los dos casos parecen similares —sugirió Shoushou.
—¿Los dos parecen similares?
—Sí, Kou y Tai. El Rey de Kou murió poco después de que Kourin
sucumbiera ante el shitsudou. Eso por sí solo no es raro. Pero sucedió
tan rápido que es casi sin precedentes.
—De hecho —dijo Meiki, dividiendo los melocotones pelados en varios
platos—. Pero esperemos que nada raro esté pasando con los youma.
—¿Con los youma?
—Están sucediendo cosas raras, ¿no es cierto? O están sucediendo cosas
raras en Tai y Kou, o están sucediendo cosas raras con los youma que
hace que acudan allí. Realmente no lo podemos saber sin que se tranquilicen las
situaciones, de una forma u otra.
—No vayas por ahí, mamá —dijo Ritatsu secamente. Miró a Rikou—. Di
algo como eso y alguien seguramente se impacientará por ir a echar un vistazo.
Rikou, te pones ansioso con tan solo estar sentado.
—Porque he asumido una gran responsabilidad.
Nada más que eso.
—Y no lo olvides.
—No puedo prometerlo —respondió Rikou con una sonrisa pícara.
Senshin preguntó:
—Hay otro reino que me preocupa. ¿Cómo está Hou?
—No hay nada más de lo que cabría esperar. Se hunde lentamente bajo
las olas. Pero de una forma tan bien como se esperaría. Esa corte provisional
es realmente prometedora.
—¿Y el resto?
—El resto está bien. Shun tiene un camino un poco irregular, pero es
una dinastía joven con tan solo cuarenta años, por lo que deben estar
trabajando sus problemas. Aunque es difícil saber cómo resultarán las cosas,
tengo el presentimiento de que está yendo en una buena dirección. Han se
aproxima a un punto de inflexión. Pero como ya han estado en esta situación
procederán como antes.
—¿Qué hay de Kei? ¿Ya se ha establecido?
—Ah —dijo Rikou con una sonrisa—. Sí, Kei.
—¿Cómo es eso? —inquirió Bunki—. ¿Qué no tiene una emperatriz?
—La tiene. Kei y las emperatrices se llevan como el agua y el aceite.
Pero parece que por primera vez no les está yendo mal. El Edicto Imperial se
acaba de publicar. Abolió la postración.
—¿Qué? —exclamaron todos con una expresión
colectiva de sorpresa.
—¿Abolió la postración? ¿Qué significa eso exactamente?
Bunki dijo.
—Seguramente estás bromeando. ¿Todos reverenciando, estando de pie?
¿Cómo el kirin?
Rikou asintió.
—A eso se resume todo.
—¿Qué se supone que se puede lograr con eso?
—Bueno, nada práctico, de eso seguro. Sin embargo, creo que la
intención está clara. Es la primera monarca en decirle a sus súbditos “No se
postren ante mí”.
—Tienes razón en eso.
—Antes de que se emitiera el Edicto Imperial había problemas en una de
las provincias centrales de Kei. Supuestamente la Reina de Kei se involucró
directamente en el conflicto y pacificó la situación.
—¡Santo cielo! —Bunki se llevó la mano a la boca.
—También puso en su lugar a la banda que por décadas había guiado a la
Corte Imperial. Todos los ministros fueron reorganizados. Parece que esta chica
sabe cómo hacer las cosas. Bastante notable para una Emperatriz de Kei.
—Ciertamente.
—Desde el Edicto Imperial, las reformas han avanzado a un ritmo
respetable. Las leyes perjudiciales contra los hanjuu y los kaikyaku
fueron abolidas por decreto real. Lo crean o no, el general del Ejército de Kei
es un hanjuu.
—Eso es realmente impresionante.
—Era hora, puede que sea la reacción más apropiada.
—¿No crees que es impresionante que la Reina de Kei deba hacer tales
cambios a través de edictos reales? Nada como esto había sucedido en mucho
tiempo.
Rikou sonrió.
—Sí, el estatus quo se está agitando en Kei. Es una buena sensación.
Él aún albergaba algunas dudas sobre esta ráfaga de cambios en Kei, y
sobre la fortaleza de su nueva Emperatriz. Pero a medida que se acercó a la
capital, más animada estaba la gente. Era evidencia que la confianza y la esperanza
irradiaba de ella. La burocracia se había endurecido como piedra y, sin
embargo, sentía la energía que podía desplazarlos de sus sitios como una maza.
Kei superaría la marca de los diez años y en buena forma.
Ritatsu suspiró.
—Bueno, podemos estar todos agradecidos de
que Kei se esté asentando. Hay un malestar en el frente interno que me mantiene
despierto por las noches. Tal vez Kei nos presente un ejemplo digno de ser
seguido. No son pocos los lugares aquí que necesitan una mejora.
—¿Intentas decirme algo?
—Bueno, de acuerdo con tu propia culpabilidad, parece que te estás
volviendo un poco senil.
—Sí, sí —respondió Rikou con una mueca de desaprobación.
La sala se quedó en silencio cuando las personas sentadas alrededor de
la mesa se hundieron en una contemplación colectiva.
Senshin rompió el silencio.
—¿Cómo se está manteniendo Ryuu?
Rikou tuvo que pensarlo por un minuto.
—Es difícil decirlo. Supongo que una vez que las cosas lleguen al
punto crítico, se resolverá rápidamente de una forma u otra. La situación está
tan mal que los youma están apareciendo. La Voluntad del Cielo está
indecisa. Es muy probable que el shitsudou acabe con el Taiho en
cualquier momento.
—Tratándose de Ryuu no es necesario que nos involucremos, ¿verdad?
Deberíamos contar con En y Kyou para eso.
—El Reino de En parece tener las cosas bajo control, no creo que
tengamos que preocuparnos.
—Pero ¿no están aceptando ya refugiados de Tai, Kei y Kou? La
situación está mejorando en Kei, pero no está listo para continuar por su
cuenta. Tai está hecho un completo desastre y En se está llevando todo el peso.
Súmale los refugiados en el norte de Kou que van directo a En como primera
alternativa. No se arriesgarán a cruzar un territorio infestado de youma
para llegar a Sou. Pero apoyar a Kou y además de eso apoyar a Ryuu cuando las
cosas se están descontrolando es pedir mucho. Supongo que ofrecer ayuda sería
una grosería de parte nuestra.
—Bueno, yo no iría tan lejos —sonrió Rikou—. En lugar de eso sería mejor
pensar maneras de aceptar más refugiados de Kou. Estaríamos quitándole un peso
a Kei, viendo que Kei apenas tiene las fuerzas necesarias para mantenerse de
pie.
Senshin gruñó en señal de acuerdo.
—El problema es cómo hacer que los refugiados vengan a Sou.
—Podríamos transportarlos por mar —sugirió Ritatsu, haciendo una
anotación. Escribiendo con una mano y levantó la otra agregando—. Ir desde el
Mar Rojo al Mar Azul es problemático. Por el momento podemos maximizar el
número de barcos en los puertos del Mar Rojo y después usar el Kyokai para
mandar barcos que recojan refugiados que se dirijan al norte por la costa de
Kou.
—No hay buenos puertos en el Kyokai, ¿o sí?
Esperando esa pregunta, Rikou asintió.
—Solo hay dos puertos suficientemente grandes para grandes buques.
Pero varios capaces de aceptar embarcaciones de pesca.
—Entonces que sean barcos chicos. De esa forma podrán desembarcar en
los puertos pesqueros. De cualquier forma, no podríamos conseguir suficientes
buques de los puertos a tiempo. No tenemos suficientes barcos ahora, así que
tendremos que construir más. Las embarcaciones de pesca no son buenos ferris,
pero combinados en una flota podríamos incrementar de forma drástica el número
de rutas.
—Hmm, no lo había pensado —agregó Meiki—. Hagámoslo. Si construyéramos
muchos barcos grandes eventualmente nos quedaríamos sin formas de usarlos. Al
menos las embarcaciones de pesca pueden ser vendidos a pescadores una vez que
ya no las usemos. Viajar por el Kyokai y recoger refugiados del norte de Kou
aliviará la presión sobre Kei.
—De acuerdo. El resto del problema le queda a Kyou —dijo Ritatsu
mirando a Rikou.
—Pasé por Kyou de camino a casa. Les dije que las nubes de tormenta se
estaban formando.
—¿Cómo es la situación logística en Kyou?
—Han dispuesto tiendas de emergencia para hacer frente a la situación
de Hou. En caso de emergencia pueden desplazarse para los refugiados de Ryuu.
Al contrario de lo que se espera, Ryuu parece estar aguantando. Pero si las
cosas cambian para mal y no se resuelven pronto, la situación podría volverse
extrema.
Bunki suspiró.
—Kyou no puede hacerse cargo de Hou y Ryuu por sí solo. En particular,
Hou tiene dependencia geográfica de Kyou. ¿Kyou tiene buenas relaciones con
Han?
—No lo creo.
—Entonces sería bueno pensar en cómo brindarle ayuda a Kyou. Al menos
para asegurar un mínimo de reservas de comida.
—Eso no funcionaría, Bunki —sonrió Meiki—. Piensa en el tiempo, el
esfuerzo y el dinero requeridos para transportarlo. En lugar de proveer
alimentos de nuestros almacenes, sería más eficiente aumentar el Tesoro
Imperial de Kyou directamente. Además, si traemos refugiados de Kou deberemos
revisar nuestras reservas de comida. Por encima de eso si intentamos comprar
arroz en el mercado abierto para poder enviarlo a Kyou, los precios subirán
hasta las nubes.
—Probablemente tengas razón en eso.
—Lo mejor sería advertir a la Reina de Kyou que monitoree el precio
del grano. Y de la madera. Es una de las mayores exportaciones en Kyou, Hou y
Ryuu, ¿no es cierto? Si uno de esos reinos comienza a caer, los precios se
dispararán. El grano y la madera, si aflojamos los suministros aquí para que
los excedentes fluyan al norte sería la estrategia más eficiente.
—Pero… —empezó a decir Bunki.
Senshin la interrumpió.
—Lo que tu madre dice es cierto. Mandar el alimento directamente no
será bueno. Las personas se toman ese tipo de cosas personalmente. Sienten que
se les arrebata su capacidad de tomar decisiones propias. En cuanto a los
refugiados es que perseveren y no pierdan las esperanzas. Eso es lo que podemos
ofrecer.
—Ah… cierto…
—Tenemos el deber de ayudar cuanto podamos. Pero una vez que se
recuperen, también es nuestro deber dejarlos ir. Creo que asistir a Kyou a
través de su Tesoro Imperial para que pueda ayudar directamente a los
refugiados es buena idea. Pero Kyou debería ser quien coordine la ayuda. Un
país vecino asistiéndolo tranquilizará a los ciudadanos de Ryuu, quienes en un
futuro sientan una obligación. Eso sería igual si Sou proveyera la ayuda, pero
siendo Kyou, estarán en mejor posición para devolver el favor, geográficamente
hablando. Lo que sea que hiciera Sou probablemente nunca sería devuelto. Una
deuda que no puede ser devuelta no es diferente a una limosna. Acostumbrar a
los refugiados a tales relaciones romperá lo que más les importa.
Bunki asintió. Senshin sonrió y miró a Rikou.
—Lo mismo se aplica para ti. No me importa mucho qué saques del Tesoro
Imperial en beneficio de la gente de Kou, siempre y cuando recuerdes que se
puede errar con la caridad.
—Entiendo.
Senshin suspiró.
—Bueno, donde quiera que vayas te las arreglas para traer a casa
noticias del mundo. Eso es muy apreciado.
—No lo animes, padre —intercedió Ritatsu—. Cuando se trata de Rikou
sería mejor animar una auto reflexión antes que dejarlo regodearse en la
alabanza.
—No necesitas seguir jugando esa carta. Estoy comprometido con el
problema de los refugiados.
—Y te retendremos por ello. Cuenta con que tienes las manos en el
fuego.
—Me imagino.
—Y puedes empezar —dijo Ritatsu con el ceño fruncido—, por despejar tu
asiento y meter al establo ese kijuu. ¿Cuánto más lo harás esperar
afuera?
Sonriéndole a un disgustado Rikou, Shoushou se levantó.
—Yo lo…
—Está bien, Shoushou —la detuvo Meiki—. Las personas que hacen líos
deberían limpiarlos ellas mismas. Santo Cielo, ustedes ya no son niños.
A ese punto, todos estallaron de risa.
—Eso es cierto.
—Sí, ya era hora de que nuestro hermano se volviera un adulto.
—No hay nada de divertido en un niño de seiscientos años.
Sonriendo, Rikou asintió.
—Sí, sí.
Se levantó y fue hasta la ventana. Pasando por la ventana hacia la
cornisa, pensó para sí.
Son exactamente los mismo que eran cuando me fui.
Ellos siempre estarían allí, la luz brillando en la ventana y esos
rostros felices reunidos alrededor de la mesa en armonía. Regresar de su viaje
y encontrar esa escena esperándolo lo llenó de alivio. Para bien o para mal, no
se había cansado de la vida ociosa de la burguesía.
O tal vez había abandonado su casa y vagado por los Doce Reinos,
conociendo los peligros que le esperaban, porque se había aburrido de esa vida.
De hecho, cada vez que se iba lo hacía sin idea de a dónde ir o cuando
volvería. Sou, el Palacio Seikan y su familia eran lo más lejano en sus
pensamientos.
En el fondo, en lo más recóndito de su mente, contemplaba la idea de
irse y nunca volver a casa.
Pero siempre volvía. Al mismo tiempo, los otros reinos se volvían
fríos y desolados. Los reinos eran una cosa frágil. No importaba que tan firmes
parecieran los cimientos, la gente siempre estaba parada sobre la cuerda floja.
Ninguna dinastía duraba por siempre. De hecho, era demasiado evidente.
Aquí, pensó, y ahora, el mundo está bien.
Y estaría bien siempre y cuando estuvieran para apoyarse los unos en
los otros y cuidarse las espaldas.
Rikou miró sobre su hombro. Esta era
probablemente la razón por la que regresaba. Para asegurarse de que eso seguía
siendo así.

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