CAPÍTULO 5
El día siguiente comenzó con una asamblea matutina para toda la
escuela. Allí, se anunció la muerte de Iwaki, y al mismo tiempo se anunció la
cancelación del festival de atletismo de la semana siguiente.
Después de la asamblea, continuaron las clases regulares, pero,
una y otra vez, reuniones más pequeñas fueron convocadas, varias clases fueron
temporalmente convertidas en sesiones de estudio. Hirose fue notificado de que
los maestros estudiantes no estaban obligados a asistir a las reuniones, por lo
que no tenía nada más que hacer que sentarse en el salón de química y mirar al
techo. Cuando fue a la sala de descanso de maestros, el tema de conversación
rondó sobre Iwaki. Ir allí solo hacía que Hirose sorteara pregunta tras
pregunta, y esto lo molestaba.
El estado de ánimo de los estudiantes era inestable como
asistiendo a algún tipo de monumento conmemorativo. Por la mañana, una gran
cantidad de personas quienes probablemente tuvieran algo que ver se reunieron
con los medios de comunicación en la puerta de la escuela. Había una muy
evidente diferencia entre las opiniones que sostenían los estudiantes y las de
los profesores, en relación con estas personas. La escuela hizo lo más que pudo
para mantener a estos estudiantes lejos de los hostigamientos de los medios;
para evitar que alguien dijera algo que no debía decir se apresuraron a
separarlos, pero varios de los estudiantes le permitieron deliberadamente al
enjambre de reporteros llegar a ellos, felices y sin descanso respondieron a
sus preguntas. Los estudiantes estaban como ahora, difundiendo continuamente una
inestable pero amistosa atmósfera ruidosa en la escuela.
Aunque esto era así, las clases cinco y seis de segundo año habían
decaído, y muchos de ellos estaban ausentes. Lo que los había desgastado no fue
la muerte de alguien de su clase, sino la realidad de que habían matado a un
compañero. Incluso cuando de que la policía fue después de la escuela a
interrogar acerca de lo ocurrido, varios estudiantes escaparon a la enfermería
u otros lugares para evitar ser vistos. Debido a la sangre que había manchado
sus medias, la mayoría de los estudiantes se sentían impotentemente
preocupados. No importaba cuanto se les insistiera, ninguno estaba dispuesto a
salir de sus escondites en ningún momento.
Hirose simplemente miraba distraído por la ventana. Había una
pequeña sombra sobre la arena blanca de los campos deportivos. Era un pequeño
montículo de arena hecho con un montón de arena nueva, en la cima del cual se
le habían puesto flores frescas.
Fue trágica la forma en la que se veía Iwaki cuando murió. Incluso
los paramédicos tuvieron un momento difícil al verlo directamente. Él había
oído a la madre de Iwaki, quien había llegado corriendo al hospital
preguntando: “¿Es en verdad mi hijo?”.
Al pensar en estas cosas el ánimo de Hirose cayó a un pozo. Justo
entonces oyó pasos nerviosos afuera. El líder del comité, Gotanda, entró
corriendo.
—¿Dónde está el señor Gotou? —preguntó mientras jadeaba. El
uniforme que llevaba estaba arrugado y sucio, como si se hubiera metido en
algún tipo de accidente, y su rostro mostraba que algo excepcionalmente inusual
había pasado.
—Está en una reunión. ¿Qué pasa?
—Por favor, deténgalo. Van a colgar a Takasato.
Hirose corrió tan rápido como pudo al aula 2-6. Cuando llegó al
segundo piso donde estaba el salón de clases, vio tan solo a unos pocos
estudiantes reunidos aquí y allá en el hall. Se abrió paso entre los
estudiantes y corrió al aula. Tan pronto como entró en la habitación, vio una
pared de alumnos frente a la ventana.
—¿Qué están haciendo?
Unos pocos se dieron vuelta para mirarlo, pero ninguno tenía
intenciones de dispersarse. No muy lejos de la pared de personas había unos
cuantos estudiantes apiñados con rostros pálidos. Unas pocas personas tenían
contusiones en la cara como si hubieran sido golpeados.
—¡Paren! —Hirose aferró los hombros del estudiante frente a él,
tratando de forzar a la gente a separarse, cuando fue atacado repentinamente
por la espalda.
—¡No se meta! —gruñó furiosamente un estudiante mientras lo miraba
fijamente. El aula estaba llena de una tensión que podría denominarse frenesí.
—Hey, ¡basta!
Hirose intentó apartar a los estudiantes de su alrededor, pero se
encontró con un sinnúmero de manos lanzando puños hacia él. Todos los alumnos
tenían rostros viciosos.
—¡Takasato! —Él estaba parado frente al muro de estudiantes.
Hirose vio a unos cuantos estudiantes empujando y tirando de él.
—Fuiste tú quien lo mataste, ¿no es así?
—¡Fuiste tú! ¿No?
Hirose sabía que estaban hablando de Iwaki. Quería gritar que no
fue así, pero alguien le había encestado un rodillazo en el pecho y dolía tanto
que no estaba en condiciones de decir nada.
—¡El maestro estudiante debería dejar de meterse en lo que no le
importa!
Las piernas de Hirose se debilitaron. Cuando estuvo sobre la
rodilla de uno, alguien lo pateó indiscriminadamente.
—¿Qué mierda eres, Takasato? ¿Eres realmente un humano?
No hubo respuesta, aunque podía ser que después de una ronda de
puñetazos y patadas de los que lo rodeaban, Hirose no pudiera escuchar nada.
—Iwaki dijo que no había tal cosa como la maldición, pero mira,
¡él está muerto!
A través de las piernas de la multitud, Hirose vio que Takasato ya
había sido empujado hasta la ventana. La agitación de los estudiantes había
llegado hasta el punto de la ebullición. Ese lugar estaba lleno de una
atmósfera verdaderamente peligrosa.
—¡Ustedes, deténganse! —Hirose se levantó y empujó con fuerza a
los estudiantes. Mientras lo hacía, seguí habiendo puños ocasionales que
volaban hacia él.
—¿Eres amigo del monstruo? No sirve de nada ayudarlo. Iwaki ya
está muerto.
—¿Saben ustedes lo que están haciendo?
—¡Yo lo sé! —cuando esto fue dicho, una patada llegó a él. Justo
cuando sintió un dolor corriendo por el rabillo del ojo, un líquido caliente comenzó
a fluir por su nariz. Hirose obligó desesperadamente a los estudiantes a
separarse de él, haciéndose camino hacia la primera fila. Ahora, sentía como si
el suelo se balanceara y no fuera capaz de levantarse de nuevo. Hirose apoyó su
frente débilmente en el suelo, y luego dos manos llegaron y lo agarraron por
los hombros. De esta manera Hirose quedó inmovilizado, aunque antes de que los
estudiantes hicieran eso ya estaba muy débil como para moverse.
Takasato vio a Hirose y parecía que quisiera correr hacia él, pero
fue bloqueado por los estudiantes que lo rodeaban.
—¡Discúlpate!
Alguien empujó a Takasato. Otro lo agarró del cuello.
—¡Discúlpate con Iwaki! ¡Es por tu culpa que nosotros estamos
involucrados!
—¡Arrodíllate y jura que nada de esto va a pasar de nuevo!
Alguien intentó empujar a Takasato con más fuerza para que se
inclinara. Alguien más se apoderó de su cabello, con ganas de empujar la cabeza
hacia abajo.
Sucedió entonces. Takasato, quien no se había resistido en lo
absoluto, gritó.
—¡No! —Con la fuerza del grito, se dio cuenta de la ira en
ebullición de la situación.
Takasato sacudió la mano que se estaba posesionando de él y torció
el cuerpo, lejos de aquellos que tan duramente estaban tratando de empujarlo,
permaneciendo cerca de la ventana. Lo que era extraño fue que Takasato, quien
se había liberado de quienes lo retenían y levantado, parecía haber sido muy
conmovido por algo.
—¿Por qué no? ¿Quieres decir que no vas a disculparte?
—¡Mataste a alguien! ¿No sientes nada?
Takasato abrió bien los ojos. La
sangre fluía de su rostro, pero gritó.
—¡No me empujen! ¡No puedo! —Sus palabras provocaron una ronda de
ataques verbales. Unos pocos se acercaron a Takasato y empezaron a empujarlo y
golpearlo de nuevo.
—Paren —la voz de Hirose estaba ronca, y al mismo tiempo, comenzó
a sentirse extremadamente mareado. Se liberó las manos que lo empujaban hacia
abajo y se dijo que sin importar qué, tenía que levantarse, pero ya había
perdido el balance.
Vio que Takasato había sido empujado
hacia la ventana. Los ojos de Takasato estaban abiertos por el terror, pero no
se resistía en lo absoluto. Parecía como si estuviera tan aturdido que se le
había olvidado luchar.
“Esto no es bueno”, pensó Hirose. “Esto
no puede pasar”. No podía permitirles que todos se volvieran atacantes. Por
el bien de ellos, esto no era bueno.
…La venganza no era buena.
—¡Basta! —gritó Hirose, pero era demasiado tarde. El cuerpo ya
rendido de Takasato desapareció por la ventana. Hubo sonidos de aplausos por
todas partes.
Para el momento en que algunos profesores entraron corriendo allí,
Hirose ya se había hundido en una neblina, y era muy difícil para él mantener
una clara conciencia. Alguien lo agarró mientras él caminaba por el pasillo, y
varias veces cayó de rodillas, vomitó una vez. Después de caminar lo que
pareció un tiempo largo, finalmente cayó en la enfermería y se desmayó.
La siguiente vez que abrió los ojos, Hirose sintió que estaba en
la cama de la enfermería. Giró su cabeza gravemente lastimada, mientras se
acomodaba, vio a Totoki.
—¿Estás bien?
—¿…cómo está Takasato?
Totoki caminó hacia Hirose y se sentó en la esquina de la cama.
Hirose podía sentir sus oídos sonando con fuerza, como si caminara por un
túnel, y como si una niebla blanca cubriera sus ojos, por lo que no podía ver
claramente. Asimismo, no podía mover la boca por completo a voluntad.
—Se lo llevó una ambulancia. No creo que esté malherido. En
ciertos aspectos, tú eres quien está más gravemente lastimado.
Las palabras de Totoki fueron un alivio para Hirose. Parpadeó con
fuerza un par de veces antes de que su vista se aclarara un poco.
—¿Qué hora es?
—Es casi medio día. No pasó mucho tiempo desde que los otros
profesores entraron.
—¿…puedo tomar un vaso de agua?
Su boca estaba llena del sabor a sangre, era un poco amargo.
Después de hacer gárgaras con el agua que Totoki le dio, se sintió mucho mejor.
—Has atravesado algunas cosas bastante malas.
—¿Dónde están los estudiantes?
—Están siendo retenidos en el aula. Están siendo reprendidos.
—¿Y el señor Gotou?
—Fue a clase. De cualquier forma, es
mejor que descanses por un rato. Vomitaste, ¿no es cierto? ¿Aún te duele la
cabeza? ¿Alguna nausea?
—No… estoy bien —Hirose se levantó y sintió todo el cuerpo adolorido,
pero no estaba mareado en absoluto.
—Sería mejor que fueras al hospital.
—Iré después de que me encargue de algo —Hirose salió de la cama.
Se paró e inspeccionó su cuerpo. No había problema, ya se podía mover—. Gracias
por la ayuda.
—De verdad, deberías ir al hospital.
—Lo haré —Hirose hizo una reverencia con la cabeza y salió de la
enfermería.
Hirose encontró a Gotou mientras regresaba a clase.
—¿Oh? ¿Aún con vida, guapo?
Al
oír a Gotou decir eso, Hirose rio suavemente y miró abajo. Gotou sonrió con
ironía y le dio unas palmadas en el hombro.
—Qué lío.
—Es imperdonable. Yo estaba ahí.
—No sirve de nada que los heridos piensen mucho en eso. En
cualquier caso, deberías volver a casa, ve a un hospital. Es peligroso que
hayas sido golpeado en la cabeza y luego vomitado.
—Lo siento…
—No es tu culpa. Sabía desde hace algún tiempo que algo así iba a
pasar.
Hirose miró a Gotou, y Gotou esbozó una sonrisa.
—Es una revolución. Takasato difunde una política de terror. Sabía
que vendría el momento en que se levantarían.
—¿Qué hay de ellos?
—Ellos ahora están con el asistente
del director. De hecho, su hubiera una maldición o no, ¿cómo podrían
entenderlo? Pero antes de que lo sepamos, se convirtió en algo serio. Como lo
ven, esos chicos se estaban defendiendo legítimamente. Así que, la mayor culpa
recae sobre ellos, cuanto más lo hagan pasar como si fuera una burla inocente.
—…quizás.
—De todos modos, ve al hospital. No puedes ayudar a nadie en la
condición en la que estás.
Hirose asintió, inclinó la cabeza, y repentinamente preguntó:
—¿Sabes a qué hospital fue enviado Takasato?
—Escuché que fue a la Cruz Roja. No sé por qué fue enviado tan
lejos, ya que sus heridas no eran tan graves, ¿no? Después de todo solo cayó
del segundo piso. —Después de que Gotou dijera esto, sonrió con ironía—. Si vas
a la Cruz Roja, no solo vayas a visitarlo. Haz que te revisen, ¿de acuerdo?
Hirose asintió mientras continuaba por el pasillo.
Caminó hacia el salón de química para buscar su maletón. Cuando
abrió la puerta vio a unos pocos estudiantes dentro.
—¿…están todos acá?
—¿Señor Hirose, está bien? —el
primero en recibirlo fue Hashigami.
—Estoy bien. Los chismes siempre viajan rápido.
—Cuando algo así de grande pasa, todos se enterarán de ello.
¿Quiere algo de tomar?
—¿Qué tal un poco de agua? —Hirose se dejó caer deliberadamente
sobre una silla. Para el Hirose actual, regresar al área de trabajo podía ser
considerado un trabajo difícil.
El vaso de precipitado lleno de agua fue colocado frente a él.
Nozue observó el rostro de Hirose.
—Qué cara de miedo. ¿Está seguro de que está bien?
—Sí —respondió Hirose, notando que alguien había colocado un
paquete de crisantemo sobre la mesa—. ¿Quién trajo estos?
—Yo —dijo Nozue—. Siempre siento que Iwaki está aquí, así que me
los traje del aula.
—Ya veo… —Hirose tocó suavemente los crisantemos, y luego miró a
su alrededor. Sakata no estaba allí.
—¿Dónde está Sakata?
—Hashigami lo expulsó.
Hirose miró a Hashigami y arrugó la frente.
—Parecía que estaba feliz. Le dije que se fuera, ya que estamos en
medio de un velorio.
—Ya veo —Hirose asintió. Por eso es por lo que estos chicos
estaban reunidos aquí.
—Escuché
que el funeral de Iwaki tendría lugar hoy. Maestro Hirose, ¿va? —preguntó
Nozue. Hirose asintió.
Un rato más tarde, Hirose salió de la escuela. Le hizo señas a un
taxi y se fue al hospital. La recepción estaba cerrada, y Hirose usó esto como
una excusa para no registrarse. Preguntó sobre la habitación de Takasato. Este
había sido enviado a una habitación en el sexto piso. Cuando llegó a la puerta
Hirose la golpeó suavemente y la abrió. Solo una de las cortinas de la esquina
había sido corrida. Miró a su alrededor y asintió a los demás pacientes. Cuando
llegó a la esquina, corrió suavemente la cortina.
Sus ojos se abrieron completamente por la sorpresa e
inmediatamente corrió la cortina.
Takasato estaba profundamente dormido con la mano colgando a un
lado. Una mano blanca sostenía su mano.
“¿…entonces fue Takasato?”
De repente, una escena que había pasado antes regresó a él. Una
sombra de pie junto a la ventana del edificio.
De cerca, el brazo tenía una composición perfecta. Como si hubiera
sido tallado en mármol, era el suave brazo de una mujer hermosa. Por otra
parte, no podía ver ni rastro de la dueña del brazo que llegaba hasta debajo de
la cama.
Hirose se quedó en las nubes por un rato, y luego respiró hondo. Mientras
se inquietaba en despertar o no a Takasato, uno de los pacientes detrás suyo le
llevó una silla, pensando que Hirose se había agachado un poco buscando una.
—Gracias —Hirose asintió. Corrió las cortinas y se sentó junto a
la cama.
Entonces, pensó en el problema de Takasato.
Takasato despertó muy rápidamente. Quizás no estaba en lo más
profundo de sus sueños. Después de reconocer a Hirose, abrió más los ojos y se
levantó un poco.
—¿Estás bien, Takasato?
—Sí. Lo siento —Takasato bajó la cabeza un poco.
—No es culpa tuya. No creo nada de eso —cuando Hirose dijo esto,
pensó casualmente en ayer, cuando dijo lo mismo—. ¿Cómo están tus heridas?
Takasato sacudió la cabeza.
—Nada grave. Solo algunos moretones y raspones por la caída.
Era solo el segundo piso, pero el
segundo de una escuela bastante alta. Además, el camino lateral estaba aún más
bajo que en otro momento, con un lugar debajo para dejar las bicicletas.
Takasato cayó justo en el declive de concreto hacia las bicicletas. Realmente
era algo difícil de creer que una caída de tres pisos dejara a alguien sano y
salvo.
—¿Por qué no te defendiste?
Takasato no había luchado en aquel entonces, y esto molestaba
mucho a Hirose. Takasato estaba a punto de decir algo, pero sacudió la cabeza,
diciendo indiferentemente:
—Estaba un poco sorprendido.
Hirose se puso de pie y le dio unas palmaditas en el hombro a
Takasato, quien estaba en silencio con la cabeza gacha.
—¿Vas a ser hospitalizado?
Takasato levantó la cabeza, parecía preocupado.
—No… el doctor dijo que podía ir a casa, pero…
—¿Pero?
Parecía como que a Takasato le costara hablar.
—Nadie ha venido a buscarme.
Hirose inclinó la cabeza, y le dijo que esperara un momento, luego
dejó la habitación.
Hirose fue a la enfermería y les dijo quien era, luego preguntó en
forma de investigar.
—¿No puede Takasato ir a casa todavía?
Una enfermera de mayor edad estaba perpleja y le dijo:
—Él aún es menor de edad, por lo que necesita que un tutor venga
por él.
—¿Y nadie vino?
—No. Los llamamos. Su madre respondió y dijo que entendía. Después
llamamos algunas veces más, pero nadie respondió el teléfono…
Hirose frunció el ceño.
—Qué preocupación. Necesitamos conseguir a un miembro de su
familia para que traiga la tarjeta de seguro para llenar estos formularios, y
para resolver los gastos médicos.
—Déjeme echarles un vistazo.
—¿De verdad? Estaríamos muy agradecidos si usted está dispuesto a
ayudar.
La enfermera suspiró encantada. Hirose tomó la factura que le dio
la enfermera y la puso en su bolsillo. Llamó a Gotou desde el vestíbulo y luego
dejó el hospital.
Hirose fue a su casa primero para cambiarse la ropa mancha de
sangre antes de ir a la casa de Takasato, ya que, aunque tuviera una chaqueta
con él, por sí misma no cubría toda la sangre.
La casa de Takasato se ubicaba en el
interior de la vieja ciudad, junto al mar. Era una residencia privada de una
era ya pasada. Había sido bien mantenida, pero todavía era difícil ocultar una
atmósfera oscura.
Aunque la puerta estaba bien cerrada, no tenía el cerrojo puesto,
así que Hirose la abrió él mismo. Una pasadera se extendía en el área cubierta
con grava. Caminó sobre las piedras hacia el vestíbulo de entrada prohibido y
tocó el timbre. En el interior alguien respondió inmediatamente. Un poco después,
Hirose dijo quién era, escuchó pisadas y la puerta de entrada del vestíbulo se
abrió.
La mujer que asomó la cabeza era una mujer de mediana edad. Se
podía ver que era la madre de Takasato a simple vista. Se quedó parada en la
entrada con apariencia de estar evaluando la situación con los ojos. Preguntó:
—¿Puedo preguntar qué negocios lo traen a usted?
Hirose se sintió desconfiado mientras
le explicaba qué había pasado.
—El hospital dice que ha pasado mucho
tiempo y que ningún tutor ha ido al hospital, así que él no tiene forma de ser
dado de alta y volver…
Ella apretó suavemente la mano contra la frente.
—Por favor, dígale que regrese por su cuenta.
Hirose estaba un poco sorprendido. Sin importar cuan bien trató de
decirlo, lo que ella decía no se asemejaba en lo absoluto a la actitud que una
madre debe tener hacia un hijo que acaba de caer por la ventana y es llevado
hacia el hospital en ambulancia.
Después de que ella lanzara estas palabras, se dio la vuelta,
alejándose de Hirose, como si fuera a cerrar la puerta. Hirose se apresuró a
detenerla.
—Discúlpeme, pero acerca de los honorarios…
—Ah —sus ojos se abrieron y luego invitó a regañadientes a Hirose
para que entrara al vestíbulo. Hirose pisó el sucio suelo de la habitación de
tres tatamis de ancho.
—¿Cuánto es?
Un poco arrojado, Hirose sacó la
factura y se la entregó. ¿Esta mujer lo consideraba como alguien que envió el
hospital a recolectar dinero?
—Creo que necesitaban su tarjeta de seguro.
—Iré a buscarla.
—Espere un minuto —Hirose llamó a la mujer que iba camino adentro
para que se detuviera—. No estoy aquí para presionar por el dinero. ¿Por qué no
fue al hospital?
Ella se giró hacia Hirose y lo miró, observándolo como si fuera su
enemigo.
—¡Si él quiere volver a casa, entonces que lo haga por sus propios
medios!
Al oírla gritar, Hirose se quedó
inmediatamente helado. Ella lo señaló.
—Si quiere que ese niño vuelva a casa, entonces, ¿por qué tan solo
no va a traerlo? Yo estoy demasiado ocupada —su tono le daba una sensación de que
no simpatizaba con él. Sería mejor decir que Hirose se sentía inseguro más que
enojado. Estaba sin palabras en cuanto al por qué ella estaba tan furiosa.
—Señora, Takasato fue herido, usted lo sabe.
—¿Y qué? —preguntó condescendientemente. De inmediato, una oleada
de descontento se levantó en Hirose. No pudo aguantarlo más tiempo y dijo
directamente lo que pensaba.
—¿No es usted su madre?
Ella lo miró.
—A mí… —ella zapateó—. A mi no me importa si ese niño vuelve o no.
Si él quiere volver, no voy a detenerlo, porque soy su madre.
“Cuando dicen que alguien se queda sin habla, probablemente se
refiera a cómo se sentía él ahora”, pensó Hirose.
Mientras Hirose se quedó paralizado por el shock, ella se dirigió rápidamente a
la casa y luego regresó a la entrada con la misma rapidez, sosteniendo un sobre
y su tarjeta de seguro.
—¿Por qué? —Hirose no podía evitar preguntar. Ella pisó el suelo
sucio del vestíbulo con los pies descalzos y trató de poner los objetos en la
mano de Hirose. Él, a su vez, corrió la mano.
—Él es diferente —ella lo miró—. Otra muerte, ¿no es así?
Hirose no comprendía lo que ella quería decir e inclinó la cabeza
en duda.
—Otro de sus compañeros de clase ha muerto, ¿no es así? Es debido
a ese niño.
Hirose respiró profundamente. Las manos de ella estaban cerradas
como puños, mientras temblaba como una niña insatisfecha.
—¿Cree que es la primera vez? Las personas nos han acusado de ser
asesinos —las lágrimas caían de sus ojos, y su tono de voz sonaba a un
insulto—. Tenemos que cerrar nuestras ventanas nuevamente y pasar el resto de
nuestros días escondidos en nuestra casa. Y es todo por culpa de ese niño.
—¡No es culpa de Takasato! —Hirose no
pudo callar. “Esto es demasiado”, pensó—. Incluso si el mundo entero lo
culpara. ¿Qué no son los padres quienes hacen su mejor esfuerzo para proteger a
sus hijos?
—Todo el mundo lo dice. Todos dicen que es culpa de ese niño. Toda
la gente de por aquí lo sabe, y todo el mundo habla de esa forma. Aunque no lo
dicen abiertamente, yo lo sé —ella lo dijo con determinación—. ¿Alguna vez
pensó en lo trágico que son las cosas para mí y mi marido por ese chico? Cuando
las personas no nos están dando la espalda fríamente, están hablando de
nosotros con desprecio. Nuestro niño también ha sufrido el acoso más de una vez.
La palabra niño atravesó el corazón de Hirose. Takasato
había dicho antes que tenía un hermano menor. Cuando ella habló de su niño,
ella probablemente estuviera hablando del hermano menor. Era muy obvio que ella
no estaba incluyendo a Takasato dentro de esa palabra.
—¿Entonces, como madre solo lo abandona?
—No lo sé.
—¿Cómo puede no saberlo? Él es su hijo, ¿no es verdad? ¿Alguna vez
ha pensado en lo mucho que esta actitud hiere a Takasato?
Ella rio.
—¿Alguna vez se hiere ese niño? Nunca lo he visto mostrar ningún
sentimiento de compasión.
—¿Quién es para decidir? Tal vez él no lo muestra.
—Sí, no lo sé. No tengo forma de saber qué tipo de sentimientos
tiene ese niño en su corazón, o qué es lo que pasa dentro de su cabeza —ella
rio de nuevo y muy notablemente llevaba consigo un tono burlón—. Él no siente
nada, y no piensa en nada, porque ese niño ni siquiera es humano.
—¿Cómo puede decir eso?
Ella se burló. Hirose pensó que nunca
había visto una sonrisa tan fea.
—Ese niño es un sustituto. Cuando desapareció fue changeling.
“Changeling”. Cuando escuchó
lo que ella dijo, Hirose comenzó a buscar en su memoria. Estaba seguro de que
había visto esa palabra en su libro de texto de inglés de la universidad. Era
una historia popular trasmitida en Irlanda. La leyenda decía que los espíritus
nativos se robarían los bebés de los humanos bellos y dejarían en su lugar al
horrible niño de un espíritu de cientos de años.
Hirose sintió como si presenciara con sus propios ojos una
relación madre e hijo destrozada. No quería decir nada más.
—Desde que era pequeño ha sido un niño raro. Pero antes de que
desapareciera, era de verdad un niño bueno. Nosotros ya hemos dejado que ese
sustituto permanezca en nuestra casa, proveyéndole de una habitación y comida,
incluso permitiéndoles que vaya a la escuela. ¡Realmente esperaba que nuestro
comportamiento consiguiese su admiración! —Después de decir esto, ocultó el
rostro entre las manos. El sonido de su voz que se filtró entre los dedos le
dio un escalofrío a Hirose—. ¿Por qué, cuando llegue a casa, no le pego con un
atizador ardiente…?
A los espíritus no les gusta el fuego y odian el metal. Se decía
que todo lo que había que hacer era atravesar la garganta del sustituto con el
atizador al rojo vivo, y volvería a ser el niño original.
Hirose se quedó sin palabras, cuando ella levantó abruptamente la
cabeza y lo miró.
—Por favor, no le diga lo que le he dicho a usted.
Hirose abrió bien los ojos, y por un tiempo no supo qué decir. De
repente, ella se encogió por el miedo.
—Por favor, no diga nada. Se lo ruego.
Era un miedo a Takasato. Hirose solo entendió esto, y podía decir
que esta casa estaba llena de ese tipo de atmósfera.
…tan distante.
Hirose no pudo evitar sentir una opresión en su corazón. La distancia
entre Takasato y el mundo a su alrededor era tan extensa. Después de la
escuela, Takasato permanecía en el aula. Hirose pensó, él no se estaba quedando
en la escuela porque le gustase o quisiera. Era porque no tenía hogar al cual
regresar.
—No diré nada —murmuró Hirose.
Ella le entregó el sobre a Hirose. Esta vez, Hirose lo aceptó en
silencio.
—Takasato… —comenzó Hirose. Sintió que tenía que decirlo—. ¿Sería
mejor si él no volviese a casa por ahora?
Ella lo miró con sospecha.
—Hasta que se asiente, yo me encargaré de él. ¿Está bien?
Ella asintió, se veía claramente aliviada. Tan pronto como aceptó,
le dio la espalda a Hirose y regresó a la casa.
Hirose se quedó en la habitación del
piso sucio, y se quedó ahí sin una palabra, bajando la cabeza por un momento.
Sintió ganas de llorar.
Después de que Hirose volviera al hospital, pagó la factura, y
entonces fue a la habitación de Takasato. Las cortinas de la cama del hospital
de Takasato aún estaban corridas, y Hirose tomó suavemente el extremo de una y
miró, Takasato estaba simplemente sentado en la cama mirando la cortina.
—¿Es divertido observar la cortina? —Hirose preguntó en broma.
Takasato sonrió.
—Los gorriones proyectan su sombra sobre ella.
—¿Ah, sí?
La imagen de un árbol de afuera se replicaba en las cortinas
frente a la ventana. No podía ver la sombra de las aves, pero sí la de las
ramas y hojas balanceándose de manera constante por el viento. Justo cuando
Hirose estaba a punto de preguntar dónde estaban los gorriones, una de las
ramas se movió repentinamente. Una sombra extremadamente débil se sacudió,
saltó, y por esa sombra uno se podía dar cuenta de que algo había allí. Al
parecer, las siluetas de algo distinto a las hojas volaban de lado a lado de
las ramas. Con esas ramas en movimiento como si las moviera el viento, se
podían ver pequeños pájaros posados en la parte superior. Era como si estuviera
viendo la sombra de la imagen.
Había sombras de gorriones como esperaba. Después
de que Hirose las vio, miró a Takasato. Takasato miró a Hirose como buscando su
aprobación.
—Es espectacular —dijo Hirose. Takasato sonrió y miró la cortina.
—Hay tres.
Hirose miró y buscó, pero no sabía cuál sombra había visto antes.
Sonrió secamente y tomó a Takasato.
—¡Vayámonos! Ya pagué tu factura.
La expresión del rostro de Takasato se atenuó.
—Lo siento.
—Te dije antes que no te preocuparas.
Aunque Takasato vestía su uniforme, su camisa era fina, y se veía
arruinada. No estaba claro si era debido al ataque o a la caída, pero la camisa
estaba rota en varias partes, e incluso tenía algunas manchas de sangre
dispersas.
—Ponte esto —dijo Hirose cuando le pasó a Takasato la chaqueta que
llevaba. Takasato se levantó y aceptó la chaqueta, luego inclinó la cabeza
profundamente en forma de gratitud.
Después de haberse detenido en la enfermería para decir adiós,
dejaron el hospital y se dirigieron a la estación de subterráneo más cercana.
Takasato saludó a Hirose con una inclinación nuevamente como para irse.
—¿A dónde vas? —preguntó Hirose, mientras ponía las monedas en la
máquina para comprar dos boletos con el mismo destino.
—Me voy a casa —dijo Takasato suavemente, Hirose no pudo evitar
suspirar.
Anteriormente había sido enviado al hospital en una ambulancia,
así que por supuesto no había llevado su mochila consigo. Es decir, que no
tenía ningún dinero con él, por lo que probablemente fuera a caminar hasta su
casa. Incluso si tomaba el subterráneo hasta la estación más cercana a su casa
le tomaría media hora para llegar, pero para Takasato esto no era un gran
problema.
Hirose le entregó el boleto a Takasato.
—Ven a mi casa. Es un poco más pequeña, pero yo soy el único que
vive ahí. No tienes que preocuparte por ser una molestia.
Takasato miró a Hirose asombrado, entonces una tenebrosa sombra pasó
por encima de su rostro mientras probablemente habría adivinado lo que había
pasado. Bajó la cabeza y dijo:
—No puedo.
Hirose no tomó esta reacción a pecho y gentilmente hizo que
Takasato se irguiera.
—Solo tengo un futón, pero probablemente no lo necesite con este
clima. Aunque, puede que me levante con dolores y molestias.
—Maestro…
—¿Por qué no hablamos de eso luego?
—dijo Hirose tranquilamente. Takasato asintió de mala gana y nuevamente hizo
una reverencia.
—Realmente lo lamento mucho.
—No es necesario que te disculpes conmigo.
Hirose no le dijo nada, pero Takasato pareció entenderlo todo y
miró a Hirose con dolor. ¿Cuántas veces la disputa madre e hijo había pasado
con anterioridad? Cuando pensaba en ello, Hirose sentía una especia de tristeza
en su corazón.
Hirose vivía en las afueras de la ciudad. Era en el segundo piso
de un complejo de viejos departamentos con ventanas que daban frente a la presa
de la desembocadura de un río. La altura de la presa estaba más allá del techo,
por lo tanto, la vista era terrible. Era un área residencial muy densa, así que
incluso estando junto al mar, se sentía como el viento dejaba de soplar,
haciendo difícil soportar los extremadamente calurosos los veranos. Los únicos
méritos eran que el alquiler era barato y que estaba junto a la universidad.
—No hay mucho aquí —dijo Hirose mientras entraba, y Takasato
parecía estar viendo algo fuera de lo usual mientras miraba a su alrededor en
la habitación. La primera habitación era una cocina de tres tatamis de
ancho. Más allá había una habitación al estilo japonés de seis tatamis
de ancho, y junto al área más baja de la puerta, había un cuarto de baño.
Hirose no tenía el hábito de coleccionar cosas, y por eso las
habitaciones se veían extremadamente espaciosas y limpias. Siempre había sido
el tipo de persona que se perturbaba con el abarrotado desorden, por lo que
hacía las cosas más simples como podían ser. Ya que tenía un armario no necesitaba
un tocador. En la habitación de seis tatamis de ancho, tenía un kotatsu[1] que funcionaba como mesa, una estantería de libros y una cómoda de tres
secciones que funcionaba como stand para el televisor. Eso era todo su
mobiliario.
—¿No es triste? —preguntó Hirose con una sonrisa irónica.
Takasato sacudió la cabeza y preguntó:
—¿Puedo mirar por la ventana?
Hirose asintió y Takasato fue a la ventana. Había un pequeño
balcón y justo frente a éste pasaba la calle pavimentada que estaba sobre la
presa. La calle estaba a más altura que la ventana, por lo que, aun mirando
desde el balcón, uno no podía ver mucho más que lo que se ve estando horizontal
sobre el concreto. Debido a que la calle estaba un poco más alejada de la
habitación, tenían mucha luz, pero aun así no había mucha circulación de aire.
Takasato corrió la cortina y miró por la ventana, luego se giró y
miró la estantería de libros. A Hirose le gustaba leer, pero no le gustaba
llenar la habitación con libros, así que en general utilizaba la biblioteca.
Después de que terminaba de leer los libros que había comprado, se deshacía de
ellos inmediatamente, por lo que las únicas cosas que tenía la estantería de
libros eran libros de texto y algunos álbumes de fotos.
Takasato miró la estantería como si nunca antes hubiese visto una.
Hirose sonrió mientras lo miraba.
—¿Es raro?
Takasato asintió.
—Esta es la primera vez que estoy en la casa de otra persona.
Que solitario. Ni siquiera tenía un amigo a quien visitar.
—Tengo que regresar a la escuela. Haz lo que quieras. En el camino
de regreso pasaré por tu casa, ¿necesitas algo?
Takasato inclinó la cabeza y simplemente dijo.
—Sí, hay libros de texto.
Hirose asintió con la cabeza y le entregó a Takasato una llave. Le
dio una explicación aproximada de las cosas de su casa y se fue. No sabía por
qué, pero al dejar la habitación, Takasato preguntó:
—¿Está bien si miro tus libros?
Por alguna razón, esto dejó una profunda sensación en él.
—¿Cómo están tus heridas? —preguntó Gotou tan pronto como Hirose
entró en el salón de química.
—Siento haberlo preocupado. Están bien ahora —Hirose dijo riendo—.
Temí que por un tiempo mi cuerpo entero estuviese hinchado.
La escuela estaba en silencio. Ya
eran horas después del fin de la escuela, y debió haber sido implacable el
clamor con los preparativos para el festival de atletismo que se suponía
tendría lugar el día siguiente.
—¿Y Takasato?
—Según la enfermera, no debería ser nada serio. En su mayoría son
algunos rasguños y moretones.
—Ya veo —Gotou asintió con la cabeza y vertió un poco de café en
el vaso de Hirose.
—¿Qué pasó con esos estudiantes? —preguntó Hirose. Gotou puso los
pies sobre la mesa y miró al techo.
—Aún nos estamos rompiendo las cabezas para encargarnos de ellos.
Hubo una reunión hace poco, y decidimos no castigarlos ahora. Bueno, si los
disciplinamos a todos, entonces a partir de mañana estaríamos todos cerrando
clases por asientos vacíos.
—Supongo que sí.
—La administración de la escuela decidió primero, manejar esto como
un accidente por el momento, ya que incluso Takasato dijo que se cayó por
error.
Hirose miró a Gotou.
—¿Él dijo eso?
—¿No escuchaste?
—¿No?
Gotou suspiró.
—Los estudiantes que lo empujaron también mantienen que Takasato
saltó por su cuenta. Los pocos testigos que estaban parados en el pasillo
observando dijeron que Takasato fue empujado, pero antes de que Takasato fuera
llevado por la ambulancia, dijo que se tropezó, y por eso se cayó de la
ventana.
—¿Es eso así…?
Gotou dio otro suspiro.
—No es un mal chico… no lo es, pero parece tener un montón de
problemas —Gotou parecía estar diciendo eso para sí mismo, por lo que Hirose no
respondió—. Por lo tanto, su situación también va a ser considerada un
accidente.
Hirose miró a Gotou, Gotou arrugó la frente.
—Agitado por la muerte de su compañero, un grupo de estudiantes se
puso histérico y trató de colgar a un joven. El joven, sintiendo que su vida
corría peligro, trató de escapar y como resultado cayó accidentalmente por la
ventana. También un maestro estudiante, que estaba tratando de interceder, cayó
en medio de los empujones y empujando a los estudiantes se lastimó.
Al decir esto, Gotou señaló a Hirose. Hirose asintió con ironía.
—Entiendo.
—Lo siento.
Hirose solo pudo sonreír con sequedad, y luego dijo:
—Señor Gotou, Takasato se alojará en mi casa por un tiempo.
Una vez que Gotou oyó esto, quitó
los pies de la mesa de un golpe.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Creo que es mejor por ahora que no regrese a casa. Ya se lo hice
saber a su madre.
Anonadado, Gotou abrió la boca, y Hirose le explicó todo lo que
pasó. Gotou parecía mudo.
—…en serio. ¿Por qué tomaste esa decisión por tu cuenta?
—Lo siento.
Gotou frunció el ceño.
—Oh, bueno. En cualquier caso, deberías guardártelo solo para ti
antes de que el período de entrenamiento termine para ti. —Hirose asintió.
Gotou suspiró con seriedad—. Además, permíteme hacer la siguiente visita a la
casa.
—¿No me cree?
—No es eso. Yo no he hecho una visita a la casa de Takasato
—Hirose miró a Gotou, y Gotou sonrió con ironía—. Estuve ahí una vez, pero
nadie estaba en la casa. Después, llamé un par de veces, pero seguían diciendo
que estaban ocupados, una y otra vez. Incluso dijeron que nos confiaban a su
hijo para que lo manejáramos como quisiéramos. Fue muy parecido al primer año,
y como ha sido hasta ahora. Nunca le hicimos una visita a la casa.
Esta vez fue Hirose quien suspiró.
—En este momento su profesor tutor, el maestro Ikuta, ha estado
saltando como loco.
Hirose rio suavemente. Ikuta era un profesor de inglés y también
era entrenador del equipo de football. Era un hombre de temperamento
fogoso.
—Cuando no pudo descubrir a su madre, fue al trabajo del padre a
buscarlo. Se sorprendió al encontrar al padre diciendo que ese tipo de asuntos
son la responsabilidad de la madre. Estaba perdido.
—Esa es una posibilidad nada desdeñable —asintió Hirose.
—Dijo que nunca, jamás llaman a Takasato por su nombre.
Takasato de repente recordó que la madre siempre estaba llamándolo
ese niño, pero nunca lo mencionaban por su nombre.
—Creo que Ikuta consideró varias veces el llevarse a Takasato a su
casa. Pero, era difícil para la mayoría de la gente no pensar más en ello.
Ikuta tuvo dos hijos vivaces en su hogar, y Takasato traía rumores negativos,
por lo que tenía mucho que considerar.
Hirose asintió. Gotou sonrió incómodo.
—…No es que no haya pensado en llevármelo a casa. Cualquier
persona no podría dejar de pensar de esta manera después de hablar con su
madre. Pero, en mi casa, tenemos una mujer con mal genio que solo abre la boca
para decir cosas desagradables —Gotou suspiró—. Ikuta se preocupa por Takasato.
De hecho, fue por el pedido de Ikuta que Takasato fue puesto en mi clase.
—¿Usted puede hacer eso? —preguntó Hirose dubitativo.
Gotou sonrió irónicamente al decir:
—Siempre hay una manera… aunque, no fui de mucha ayuda.
Gotou suspiró de nuevo. Hirose pensó que suspirar era todo lo que
Gotou podía hacer ese día.
—Tenía la esperanza de que podría ayudarlo de alguna manera. Pero
entonces, inclusa Ikuta murió…
Hirose no pudo evitar ponerse de pie.
—¿Qué dijo?
—¿No lo sabías? —preguntó Gotou dubitativo. Hirose solo pudo mover
la cabeza—. Sucedió en el día de la ceremonia de clausura, después del término
del tercer trimestre escolar. Ese día, Ikuta vino y me dijo: “Por favor,
cuide a Takasato”, porque dijo que ese día había terminado gritándole a
Takasato. No sé qué es lo que hizo o lo que dijo. Solo sé que ese día en su
camino a casa, ese mismo día, se había estrellado contra el cordón de la
vereda. Oí que en la escena no había rastros de que el freno hubiera sido
utilizado. Es posible que se hubiera quedado dormido al volante.
Hirose cerró los ojos.
—Probablemente alguien supiera que había dejado a Takasato, y por
eso durante el funeral, los estudiantes en su clase lo llamaron como el
resultado de una maldición.
Hirose suspiró profundamente.
Ikuta e Iwaki, ambos le habían hecho algo a Takasato sin mala
intención. O tal vez se podría decir que habían sido buenas intenciones, lo que
Takasato mismo tenía en claro. Sin embargo, ambos habían muerto. No tenía nada
que ver con lo que pensara Takasato. De hecho, lo habían hecho por el bien de
Takasato y no deberían haber muerto. Pero sí murieron, y como resultado, toda
la culpa recaía sobre Takasato.
Por eso, Takasato siempre estaba solo.
Gotou lanzó otro largo suspiro.
—…no es un mal chico. Realmente no es un niño malo, pero…
Hirose llamó a la casa de Takasato desde la escuela para avisar
que iría a recoger sus pertenencias, y luego salió de la escuela.
La tranquila escuela parecía estar envuelta en una atmósfera
nerviosa. La escuela seguiría el horario regular para mañana, pero se
necesitaría un tiempo relativamente largo antes de que el predio de la escuela
volviera a la normalidad.
Cuando llegó a la casa de Takasato, Hirose vio bolsos colocados
frente al vestíbulo de entrada: uno era una bolsa de papel y el otro era del
tamaño de un bolso de viaje. Hirose abrió la bolsa de papel y en su interior
había libros de texto, libretas y cosas así. Se mordió el labio y se decidió a
tocar el timbre. Tocó varias veces sucesivamente y esperó pacientemente, pero
no hubo respuesta desde el interior. Las habitaciones al lado del vestíbulo de
entrada estaban cerradas por completo. Hirose suspiró, tomó los bolsos y se
fue.
Para el momento en que Hirose regresó al departamento, el sol ya
estaba descendiendo lentamente, y el cielo sobre la presa teñía las finas nubes
de carmesí. Saludó al entrar por la puerta. A través de la puerta de vidrio
podía ver a Takasato sentado junto a la ventana mirando un libro.
Takasato levantó la mirada, y cuando vio a Hirose, cerró
inmediatamente el libro y se puso de pie. Después de disculparse, fue a buscar
los bolsos en las manos de Hirose.
—Te dije antes que no te preocupes.
—Lo siento.
—Deja
de pedir perdón —después de que Hirose dijera esto, Takasato sonrió suavemente.
Hirose se sorprendió. Aunque fuera una débil sonrisa, sintió como
que Takasato recientemente estuviera siendo más expresivo. Su madre había dicho
esas cosas, pero Hirose no pensaba que Takasato fuera carente de sentimientos o
que no pensara en nada. Era que tan solo no tenía a nadie a quien le pudiera
expresar sus sentimientos y pensamientos… había pasado lo mismo en la casa.
El crepúsculo llenaba toda la habitación. Hirose prendió las luces
cuando la ventana que había brillado tanto se volvió más oscura.
—No hay nada aquí. Debes haberte aburrido, ¿no? —dijo Hirose, pero
Takasato sacudió la cabeza. Hirose miró el libro que sostenía en sus manos y
descubrió que había estado mirando un álbum en el Macizo Guayanés.
—¿Lo estabas mirando? Muy bonito, ¿no?
Takasato asintió.
—Realmente me gustaría ir a verlo en persona —dijo Hirose mientras
cambiaba.
Takasato respondió.
—Sí.
—¿También te parece?
—Sí —asintió, y luego dijo—: Quiero ir al Monte Roraima.
—Ah, ¿te refieres al lugar con el Valle de los Cristales?
Takasato sonrió levemente.
—El lugar con el Laberinto de Rocas.
—¿El Laberinto de Rocas?
Hirose se agachó y se inclinó
delante de donde estaba sentado Takasato y miró las páginas del libro. Vio las
imágenes de las áreas que Takasato denominó Laberinto de Rocas que
habían sido fotografiadas desde arriba. La formación de las extrañas rocas y
grietas eran como un laberinto. Debido a la escala parecía pequeña, pero en
realidad, era un laberinto gigante del tamaño de decenas de Tokio Dome[2].
—…se
siente tan familiar… —murmuró Takasato en voz baja. Hirose se asomó para ver su
rostro.
—¿Estás hablando del laberinto?
Takasato asintió pasivamente.
—Las vistas del Macizo Guayanés daban esa sensación… Creo que
podría llamarse un déjà-vu[3].
—¿Te refieres a eso? ¿El lugar donde desapareciste
misteriosamente?
—No lo sé —Takasato sacudió la cabeza—. Sigo pensando en eso, pero
no puedo entenderlo.
Escuchando la voz de Takasato con incertidumbre, Hirose se forzó a
decir, con un tono optimista:
—No te desanimes. Llegará el día en que lo recuerdes.
Takasato quería sonreírle a Hirose, pero al final, no tuvo éxito
en mostrar una sonrisa en su rostro.
—Takasato, no voy a ayudarte a darle vueltas al asunto.
—Siento que tengo que recordarlo. Sigo pensando en que, si no lo
hago pronto, va a suceder algo que no puede recuperarse de…
Hirose arrugó la frente, sin saber qué decir.
—Siento como si hubiese olvidado una promesa extremadamente
importante, y es una promesa que nunca debe olvidarse.
Hirose colocó en silencio la camisa en una percha, y luego abrió
el armario y la guardó. Cuando estuvo a punto de cerrar el armario, descubrió a
Takasato mirando hacia esa dirección. Estaba mirando la parte inferior del
armario con una mirada asombrada-
Él utilizó la parte superior del armario para colgar la ropa, y
tenía estantes en la parte inferior para almacenar libros. Takasato miró la
estantería, como si nunca hubiera visto una antes. Ambos se miraron y Takasato
preguntó:
—¿Puedo echar un vistazo?
—Adelante —Hirose se apartó del camino de Takasato.
Había dos pequeñas estanterías en el lado izquierdo del armario.
Hirose las usaba para almacenar los libros de los que no podía deshacerse.
Había estado viviendo ahí desde que empezó la universidad, y aunque había sido
hace cuatro años, todavía quedaba un espacio vacío en el estante.
Takasato miró la estantería, pero no miraba las contratapas de los
libros. En cambio, señaló a su interior. Hirose miró donde él estaba señalando,
y colgado en la pared de atrás había una pintura.
—Ah… el señor Gotou pintó eso para mí —Montada en un marco
bastante suave, la acuarela a la vista, pintada con los apagados colores de un
embellecido estilo. En un campo lleno de florecientes flores blancas, había un
claro río agitando y salpicando, y a lo lejos había un puente casi
transparente.
Eso es algo que Gotou le había
pintado cuando él le contó la historia de ese mundo. Gotou había
utilizado un lápiz para esbozar una visión general y le preguntó a Hirose: “¿Es
este tipo de sentimiento?”. Hirose le había dicho que quería esa pintura,
así que Gotou le había agregado color ese día y creó esa pintura extremadamente
suave y multicolor.
—¿Por qué la cuelga ahí?
Hirose sonrió y señaló una lámpara de escritorio junto al estante
más bajo.
—Cuando dormimos, ¿no solemos poner los futones en línea recta?
—Hirose dobló el brazo de manera en que estuviera perpendicular al armario, y
luego señaló al armario—. Así que pongo mi almohada aquí, y puedo leer con tan
solo prender la lámpara. Se ve como el estudio de un haragán. No es una mala
idea, ¿no es verdad?
Después de que Hirose terminara de hablar,
Takasato sonrió y asintió.
—¿Qué te gustaría comer, Takasato? —preguntó Hirose mientras ponía
la camisa en el lavarropas en el balcón. Takasato ladeó la cabeza con asombro,
mientras Hirose señalaba la camisa que Takasato llevaba puesta, queriendo decir
que quería que Takasato se la quitara así la podría lavar con la suya.
—Cualquier cosa está bien.
—¿Te gusta algo en particular?
—No hay nada que no pueda comer.
—¡Genial! —Hirose giró el grifo del agua para el lavarropas y
luego vertió algo de jabón. Takasato se cambió a algo más cómodo y asomó la cabeza
por la ventana.
—No necesito más esto. Tengo un
uniforme de repuesto en mi bolso.
—Ya veo —dijo Hirose mientras indicaba el tacho de basura en el
balcón. En realidad, una vez que la camisa se mancha de sangre, no es tarea
fácil lavarla, por no mencionar el hecho de que la camisa estaba rasgada en
varios lugares. Con las habilidades domésticas de Hirose, sintió que no había
forma de que pudiera regresar la camisa a su estado original, por lo que se
sintió aliviado al oír las palabras de Takasato. Takasato destapó el tacho de
la basura y luego miró a Hirose con desconcierto.
Hirose lo encontró peculiar y cuando miró dentro del tacho de la
basura, vio su propia camisa que había sido arrojada ahí durante el día… había
sido manchada por su sangrado de nariz, por lo que no tenía ganas de volverla a
usar.
—Qué curioso —dijo Hirose en voz baja. Takasato bajó la cabeza en
forma de disculpa.
En lo profundo de la noche, el sonido del mar podía oírse desde la
habitación de Hirose. A Hirose le gustaba oír estos sonidos. Esa noche, también
podía escuchar los débiles ruidos de la respiración que parecía acompañar el
auge y la caída de las olas.
La lámpara ya se había apagado. El brillo de la luna que se
reflejaba en la presa inundaba la totalidad de la habitación a oscuras. Hirose
giró la cabeza y vio el rostro dormido de Takasato. Había previsto que Takasato
usara la cama de invierno, le dio una manta para tomar su lugar en el futón de
verano. Si él no había estado en la casa de nadie, entonces esa era la primera
vez que dormía fuera de casa… además de la excursión.
Para ser honesto, esta era la
primera vez que Hirose dejaba que alguien se quedara en su casa. Nunca le había
gustado tener a otra persona en su dormitorio. Sin embargo, esto no era algo
que pudiera sacar y decir directamente, así que no era como si parado en la
puerta espantara a los visitantes, pero una vez alguien entró, y sintió un gran
malestar. Si alguien quisiera darle a esto un nombre, probablemente sería fobia
a los visitantes. Tenía una ansiedad irracional donde le preocupaba que alguien
se quedara por un largo tiempo, o no se fuera una vez adentro. Por un lado,
tenía miedo de que se quedaran, y por el otro temía que todo fuera un lío. Pero
si le preguntaran cuál era exactamente el problema, incluso Hirose mismo no lo
tendría en claro.
Así que, sin importar qué, nunca dejaba que otras personas se
quedaran. Aunque si permitía que entraran, definitivamente no estaría bien con
ellos si se quedaban. Era incluso lo mismo con su padre y su madre. Los dejaba
entrar, pero definitivamente no los dejaba pasar la noche. Sería mejor decir
que no podía hacer frente a ese tipo de temor y malestar, más que decir que no
le gustaba, pero puesto que era así, Hirose a menudo era tachado de raro.
Desde que tenía memoria, a Hirose no le gustaba vivir un período
de tiempo largo con otras personas, sin importar cuanto se conocieran, por
ejemplo: sus padres o un amante. Al pasar el tiempo, comenzaría a sentirse
incómodo. No era que no le gustara la otra persona, pero una vez que se
sintiera así, él realmente necesitaría encontrar algún momento y lugar donde
pudiera estar solo. Cuando estaba en la casa de otro y comenzaba a sentirse
impaciente, él simplemente necesitaba salir y regresar a su propia casa, pero
cuando alguien más estaba en su casa, él no podía exigir muy bien que se fueran
a sus casas por cuenta propia. ¿Qué era exactamente lo que le pasaba? Incluso a
Hirose le extrañaba eso.
Por lo tanto, era absolutamente impresionante que hubiera invitado
a alguien a quedarse con él. Hirose no pudo evitar sacar una sonrisa irónica.
También tenía muy en claro el hecho de que esta estancia sería por un tiempo
largo.
Hirose se dio la vuelta… él conocía la razón.
Hirose no le tenía miedo a Takasato. Takasato no daba lugar a la
inquietud de Hirose, y él no convertiría todo en un lío. Si alguien
quisiera cambiarlo para sonar más sentimental, entonces era porque Takasato era
su compatriota. Ni Takasato ni Hirose eran personas de acá. Al menos,
ese era el sentimiento de Hirose, por lo que sabía que Takasato no convertiría
todo en un lío.
“¿Qué era todo exactamente?”,
pensó Hirose. “¿Tenía mucho que ver con la fantasía de perder su tierra
nativa?”.
Después de casi quedarse dormido, Hirose se despertó otra vez.
Mantuvo en línea los pensamientos que tuvo cuando estaba medio dormido, que
todavía había mucho que pensar, que todavía había mucho que considerar, y aún
no quería dormirse.
Cuando estuvo a punto de dormirse pensando en eso, sintió repentinamente
que había alguien respirando cerca. “¿Quién era?”, pensó Hirose, un poco
sorprendido, pero de inmediato recordó que Takasato dormía a su lado. “Por
supuesto, Takasato está durmiendo aquí”. Después, estaba encaminándose al
sueño nuevamente cuando oyó los pasos de alguien. Esta vez se despertó
completamente.
¿Se había levantado Takasato? ¿No podía conciliar el sueño porque
no estaba acostumbrado? Hirose quería darse vuelta y mirar, pero descubrió que
no podía mover el cuerpo. No podía ni siquiera mover sus pies ni manos, incluso
respirar se volvió difícil. Cada respiro tomaba mucho tiempo para llevarse a
cabo.
Frrp, el sonido de los pies cercanos
arrastrándose. Escucho el sonido de los pies arrastrándose sobre el tatami.
Hizo su mejor esfuerzo para girar y ver desde dónde provenía el ruido, pero
incluso cambiar su línea de visión era utilizar una tremenda fuerza. Aun
yaciendo en el piso boca arriba, incapaz de moverse, Hirose no podía ver los
pasos que escuchaba. Trató de mirar a su alrededor, pero aún realizar esta
acción lo hacía transpirar. “¿Era esto como se sentía la tan llamada
parálisis de sueño?”. Hirose finalmente pensó en eso.
Frrp, el sonido de los pies. El
sonido de pies estaba extremadamente distante. Incluso usando toda la fuerza
que podía utilizar en un movimiento de giro, no había manera de que pudiera
girar la cabeza ni siquiera un poco. Frrp, el sonido de los pies
nuevamente con la sensación de tener a alguien respirando cerca. Podía sentir
la presencia de alguien en la periferia de su campo de visión, el que no podía
cambiar sin importar cuanto lo intentara. Si solo pudiera girar la cabeza un
solo centímetro, entonces podría saber quién era.
Frrp, frrp, frrp… El sonido de algo
deslizándose a lo largo del tatami. Y luego, en un instante todos los
sonidos se detuvieron. El ambiente regresó a la quietud.
Hirose seguía persistiendo en hallar la fuente del sonido. La
transpiración de su frente se deslizó a su sien. Se apoderó de todas sus
fuerzas para mover el cuello. “Tan solo un poco más. Solo necesito un poco
más”.
Utilizó la fuerza de todo su cuerpo, casi asfixiándose, mientras
la línea de visión finalmente se movía con gran dificultad hacia el área de
donde provenía la respiración. Aun así, solo pudo ver la parte superior de la
ventana a través de la cual brillaba la luz de la luna. En la esquina de su
campo de visión, pudo ver la figura de una persona dormida a su lado.
“¿Había sido Takasato? ¿Era Takasato que se había levantado y
luego acostado?”. Justo cuando pensaba en eso, en
la esquina de su vista, vio algo moverse. Él sabía que eran dedos blancos.
Los dedos blancos se movían en la periferia de su visión, tratando
de tocar el rostro durmiente de Takasato. La mano se abrió paso junto a Hirose,
ya que iba a acariciar a Takasato. El brazo blanco apareció en su totalidad
mientras abrazaba suavemente el cuello de Takasato. Hirose contuvo el aliento
al girar la cabeza. Finalmente pudo ver a simple vista la imagen.
El brazo blanco que abrazaba el cuello de Takasato estaba lleno de
marcas, y se notaba de inmediato que era el brazo de una mujer. Se extendía
desde el otro lado de Takasato. Esa área no era muy baja, y parecía que alguien
estaba durmiendo en ese espacio que él no veía, pero Hirose sabía que ese no
era el caso.
Justo
entonces, un rostro apareció del otro lado del perfil de Takasato cuando Hirose
estaba viendo.
Hirose lo miró directamente y vio que era el de una mujer. Ella
había revelado la parte superior de su rostro para ver a Hirose. Hirose quería
gritar, pero eso produjo calambres en su estómago, siendo incapaz de hacer
sonido alguno. No tenía forma de cerrar los ojos y no podía girar la cabeza.
Debido a que la habitación estaba a oscuras, no fue capaz de distinguir la
mayoría de los rasgos faciales de la mujer, pero esos ojos redondos bien
abiertos miraban a Hirose.
De pronto, Hirose sintió oír una voz.
“¿Es usted enemigo del rey?”.
Antes de que pudiera reaccionar a lo que ella dijo, con un
silbido, el rostro apareció ante los ojos de Hirose. La fuerza rugía de sus
grandes ojos redondos, parecían estar queriendo penetrar los suyos, y él podía
percibir el olor del mal. Hirose giró en silencio, y como si todo su cuerpo
convulsionara, las restricciones fueron liberadas de su cuerpo y este saltó. Al
mismo tiempo, el brazo y la cabeza se echaron hacia atrás más rápido de lo que
los ojos de Hirose pudieron seguir.
Como se inclinó hacia adelante para alcanzarlo, el brazo y la
cabeza parecieron estar a punto de ser absorbidos por el tatami. El
brazo que se mostraba hasta el codo y la cabeza de la mujer que mostraba solo
la porción superior del rostro de la mujer… y aquellos ojos redondos… se hicieron
más delgados hasta ¡paf!, desaparecer. Ella desapareció
como si se hubiera dejado caer en el tatami.
Hirose estaba aterrorizado mientras jadeaba. La transpiración caía
continuamente hasta el mentón y goteaba sobre el tatami. Esa presencia
ya no estaba ahí. Todo lo que quedaba era el frío tatami y Takasato
profundamente dormido.
Un Hirose sorprendido permaneció mirando en dirección a lo
sucedido. Pensó en lo que acababa de ver. Era una mujer. Parecía tener cabellos
largos y ojos como un pez o reptil, esos ojos redondos. Despedía un fuerte olor
a agua de mar. Sintió como si fuera su respiración más que olor. Él no había
visto su nariz, o quizás no tenía una. Tampoco había visto el resto de ella, ni
sus labios, cuello u hombros. Fue de esa manera que se hundió en el tatami.
Hirose cubrió su rostro con las manos y secó la transpiración que
seguía goteando. Miró a Takasato, quien aún dormía y parecía no haber sido
afectado por lo ocurrido en absoluto.
Hirose se abrazó con los brazos. Su transpiración pronto se volvió
fría, y los escalofríos penetraron su cuerpo. La piel de gallina de sus brazos
ya había desaparecido.
Hirose acomodó el futón de verano, se acostó y se lo puso sobre la
cabeza. Cerró los ojos y no pensó en nada. Con todo su corazón, quería
conciliar el sueño.
Un chico en su camino de regreso a
casa después de la escuela se encuentra con una mujer en el camino del
crepúsculo. Ella tenía un rostro lleno de preocupación. El chico la saludó
amablemente y ella preguntó:
—¿Conoces el ki?
—No —respondió el chico, y luego la mujer
desapareció sin hacer ruido.
Un hombre vio a una mujer en medio de su trabajo como repartidor.
Detuvo el auto para preguntar por direcciones, sin saber siquiera que la mujer
le había hecho una pregunta.
—¿Conoces el ki?
—Mi memoria no es de lo mejor —respondió el hombre. La mujer
desapareció, con un zumbido, entre las grietas de un muro cercano.
Un taxista estaba levantando a una joven mujer en medio de la
noche. Puso en marcha el contador, comenzó a manejar el auto, preguntándole a
la mujer a dónde quería ir. La mujer le preguntó:
—¿Conoces a Taiki?
—No conozco ese lugar. ¿Es el nombre
de alguna tienda? —preguntó el conductor, meneando la cabeza. El hombre,
perplejo, quería saber a dónde iba la mujer, y le preguntó varias veces, pero
la mujer no dijo mucho más. No habían pasado ni cinco minutos cuando ella dejó
de responder. El conductor se dio la vuelta, pero la mujer ya había
desaparecido.
Cuando una mujer esperaba en la plataforma al último tren, una
mujer joven se le acercó y se puso a conversar.
—¿Conoces a Taiki? —preguntó.
—Tengo una amiga con ese nombre —le respondió.
La otra mujer se veía extremadamente feliz y preguntó:
—¿Dónde reside esta amiga?
La mujer le dio la dirección de su amiga a la joven, quien hizo
una profunda reverencia y luego saltó de la plataforma haciendo como si fuera a
cruzar las vías. La mujer lanzó un grito de pánico para que la otra se
detuviera antes de que el último tren entrara en la estación. Después de que el
tren pasara por encima de la mujer más joven puso los frenos de emergencia,
pero ella ya había desaparecido sin dejar rastro, sin rastros de que el
accidente hubiera sucedido.
Una mujer estaba en su dormitorio a punto de dormir cuando vio la
silueta de un animal extraño en la esquina. Era del tamaño de un perro y solo
tenía un ojo. Ella no sabía de dónde había venido esa bestia, pero una vez que
entró en su habitación caminó junto a su almohada. La mujer gritó de horror y
se levantó, ya que una joven estaba parada junto a la cama. La joven parecía
preocupada mientras le acariciaba el rostro, en silencio, dijo:
—Es diferente —antes de desaparecer.
Mientras se desvanecía, la otra mujer pudo oír una voz junta a su
oído decir:
—¿Conoces el ki?
La mujer se dio vuelta. Era como si la bestia hablase. Sumamente
asustada, ella meneó la cabeza diciendo:
—No sé.
La bestia agachó la cabeza y se zambulló en el
suelo, desapareciendo.
Tarde en la noche, un grupo de hombres iban conduciendo a toda
velocidad por el camino. Al ver a una mujer en las afueras de la ciudad,
detuvieron el coche y entablaron una conversación.
—¿Necesitas que te llevemos? —le preguntaron.
La mujer asintió con la cabeza, luego se metió en el auto y les
preguntó.
—¿Conocen el ki?
Estaba claro que los hombres no habían oído un nombre así antes,
mientras intercambiaban miradas de un entendimiento tácito, respondieron:
—Lo conocemos.
—¿Dónde está él? —preguntó la mujer.
—Te llevaremos con él —respondieron,
y dirigieron el auto hacia el mar.
Cuando llegaron allí, la mujer preguntó de nuevo:
—¿Dónde está el ki?
Los hombres no respondieron cuando
empezaron a poner sus manos sobre el cuerpo de la mujer. Entonces la cabeza de
un perro se materializó fuera del asiento trasero, y tenía un solo ojo. El
perro mordió a los hombres y luego desapareció junto a la mujer. De los tres
hombres, dos de ellos resultaron heridos. A uno, no tenía nada más allá de su muñeca.
Buscaron por todo el auto, pero no pudieron encontrar su mano.
Durante el día, un niño estaba jugando en el parque, en el momento
en que no había nadie más allí. Mientras cavaba en la arena, un perro sacó la
cabeza de debajo de la arena y este tenía un solo ojo. El niño estaba tan
asustado que no podía moverse. El perro salió completamente de la arena y
siguiéndolo, una bestia aún más grande. El niño nunca había visto algo
parecido. Ambos animales hablaron en voz alta antes de desaparecer en medio del
aire. Un pequeño hoyo quedó en el fondo del cajón de arena.
Una mujer apareció en el extremo derecho de una habitación del
cuarto piso de un complejo de departamentos. Salió de la pared y le preguntó a
un adolescente que estaba sentado frente a su escritorio.
—¿Conoces el ki?
El adolescente estaba aterrorizado y
no pudo decir nada. La mujer pareció triste cuando desapareció en la pared de
la que acababa de salir.
Después de un rato, la mujer apareció en la segunda a última
habitación en el extremo derecho de la cuarta planta. El niño de la habitación,
que acababa de cumplir tres años, abrió los ojos ampliamente. Los dos se
miraron, pero la mujer no dijo nada y desapareció en la pared opuesta. Cuando
lo hizo, el niño comenzó a llorar como si hubiera sido quemado.
Después de un rato algo más tarde, la mujer apareció en la tercera
a última habitación del extremo derecho. Una anciana frente a su altar budista
se asustó y echó sus cuentas budistas encima. En ese momento, un perro apareció
como una ráfaga y le mordió la pierna. La mujer desapareció, pero la profunda
mordida se mantuvo en la pierna de la anciana.

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